Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 928, tiempo total: 0.016 segundos rss2

Que sí, te quiero

Apenas conocía de qué forma sucedían las cosas
Intentaba concentrarme sobre cómo todo cogía cuerpo a través de lo que veía
Las preguntas del pasado, las respuestas del futuro, la desmedida sincronía
Reconocí cada pasaje de mi memoria hecho contracorriente, y lancé el ancla sobre tierra firme para resolverlo
Encontré en medio de la multitud y su locura, el lugar más alto, donde el cielo se vuelve un manto y la ciudad duerme tranquila.
Pero las mariposas que me acompañaban volaron a nuestra ventana compartida, atraparon el último rayo del atardecer y encendieron tu cara y tu sonrisa.
Fue cuando despedí al miedo, o deje que me lo quitaras de encima
Me sentí afortunado, me entregué una y otra vez y una y otra vez entendía qué era aquello de la vida
¿Esto puede ser malo? Me hubiese preguntado, pero en serio, que ciegos estamos.
Guardé las palabras para después, me fundí en el lila sobre mis ojos, y en los colores de tu piel que ya sólo podía ver mi piel.
Abrí el lugar que dejaste en mi corazón
Y lo limpiamos un rato
Me sacudí la tristeza
Y me sacudí los problemas que no eran míos.
Me dormí una vez más en medio del humo, de ti y mi embriaguez; y desperté para decirte que siempre hemos estado bien cuidados
Me reí contigo, supe que aquí, o donde fuera, te vería igual de lindo.
Quise decirte que era mejor dejar los recuerdos para gente que no pudo vivirlos
Y que varias buenas historias hicimos.
Agradecerte los buenos deseos, reconocer que te voy a pensar muy bien
Y si te hiciste como quién no quiere la cosa, la pregunta de si te quiero, déjame decirte como quien siempre quiso la cosa que sí, te quiero.
leer más   

etiquetas: versolibre, reseña, poesia, amor, ciudad
1
sin comentarios 2 lecturas versolibre karma: 8

Retazos

El roce ansiado de tu voz en mi oído que ya no volveré a escuchar, sobre nuestra ventana mi cabeza descansa mirando anochecer. Quiebra la noche si no te veo, susurra la noche en un velo de nostalgia, cierro los ojos y al despertar una sonrisa que me ilumina ¿Eres tú quien me mira? ¿Quien en triste ausencia me hiela mi alma y quema por dentro? Siento el peso de tu mirada. Miro al cielo. Es un sueño.
Vivo momentos que no llegan. Rezo silencios que gritan tu nombre y ensordecen mi alma.
Te miro, dentro muy dentro de mi y ahí te veo. Tu sombrero de ala ancha, un velo que cubre tu cara, mirando al suelo. Tan solo tus ojos verdes rasgan el cielo, corrompen el negro. Negro amanecer, negro cielo, negro futuro, negro vestido y negro tu pelo.
No existe distancia que separe mis pensamientos de tu cuerpo, detengo futuros si retengo pasados en mis recuerdos. El tiempo se detiene en cada suspiro, en cada momento, con cada susurro de almas y besos. Rozando mi pecho tus dedos, rozando mi alma silencios, besos que erizan mi piel.
Caricias que apenas me tocan y me hacen vibrar. Ruego en silencio volverte a mirar. Volverte a ver ese es mi deseo, noto tu presencia en este cuarto, en esta noche que se vuelve eterna, extiendo la mano, apenas te siento te quiero tocar. Tan solo la distancia, el tiempo, el olvido, tengo miedo a ese olvido que poco a poco llega, no quiero olvidarte, es la distancia en mi memoria la que nos separa, nos separa pero alejarnos no puede.
2
sin comentarios 11 lecturas prosapoetica karma: 12

Jardín de Locos (Trilogía Luz en la Selva )

La selva
que flanquea
que atrapa
que me traga a cada paso
que muele mis rodillas
y mis miedos

el camino
que divide esa selva
que me lleva consigo
su canto
crujir de piedras
su aliento de polvo
su voz: melodía de aves

el Silencio
el ocaso
y la brisa
suspiro de árboles
gritos del alma

la noche
nubarrones
sobre plano obscuro
estrellas se asoman
admiración de mortales

el Dolor
corta mis pies
surca el pecho
el ardor me inunda

y ese temor a lo sagrado
a lo que va más allá
a lo poderoso
a ese Edén:
jardín de los Sueños
Jardín de Guerreros...
Jardín de Locos...
*******************************

2017
Transmisor d Sinestesias©
leer más   
10
5comentarios 58 lecturas versolibre karma: 96

No sé si quisiera ser tú

No sé si quisiera ser tú



No sé si quisiera ser tú, tú ya eres perra vieja y sabes de que pata cojea cada uno con solo verle caminar.
Solo tú sabes que olas van a romper.
Te miro a los ojos y veo acuíferos, ni me imagino cuantos marineros han muerto en ellos al encallar su barco.
Tu experiencia sentimental y sexual está por encima de la media, tengo miedo de no cumplir el listón.
Pues tú ya has visto a muchos fallar y follar y ya sabes que quieres y que no.
Con el tiempo has aprendido a no pasar ni una, pues detrás de un error de pareja está la deficiencia de una persona.
No sé si quiera ser tú, ver que todo el mundo que se acerca a ti te acaba decepcionando,
y que los errores que cometió el de ayer los comete el de mañana, que lo que ayer era un "no pasa nada"
hoy es un "vete de aquí"
A veces confundes ser sincera con decir las cosas sin tacto, no sé si quisiera ser tú.
Las decepciones nos vuelven exigentes y por ende solitarios.
Que si, que ya sé que no es obligatorio estar con alguien pero sé que aún que seas poco permisiva
aún esperas que alguien exista para ti,

y es contradictorio porque nadie más que tú sabe que nadie es para nadie.
Siempre dices que lo mejor está por venir, como dos amantes que sincronizan su orgasmo y ya es-tán pensando en dormir abrazados.

Pero por alguna razón eso nunca llega, y reafirmas tu postura de lo mierdas que son los hombres.

Tal vez tenga que ser como tú, y no vivir con la ilusión de un niño en su último día de colegio.
Si no con la aceptación de que puedo suspender la asignatura.

Y aceptándolo, dolerá menos.

Debería ser como tú.

LGR
leer más   
4
sin comentarios 70 lecturas prosapoetica karma: 54

Decirte adiós es el mayor de todos mis miedos

En tu ausencia

-y yo
no lo sabía-,

si todos mis sentidos hablasen

seguro
que gritarían.
14
4comentarios 79 lecturas versolibre karma: 107

Lencería de ciudades dolientes

Hoy he soñado
que estaba soñando
y que había soñado
con seres diminutos,
con arcos sin triunfo
y manos llenas de pan.

Al despertar
he mandado cartas al abandono
devolviendo héroes
anillados a palomas anónimas.
..
Remuevo mis diarios
y encuentro peones
luchando a voces sin red,
enajenados por el ansia de enemistad
cuando la hermandad ya no suma.

Hay un lugar
bajo la luz del mundo
donde los gallos dejan de cacarear
mientras degustan
"Sopa de suburbio".

Ayer deshabité mis miedos
y bajé a los infiernos
en un intento vano
de limar los barrotes de su prisión.

La lencería de ciudades dolientes,
las avenidas desacompasadas
atracaron mi razón,
tiré las metáforas
para que no me coartaran...

Y entonces,
escupí,
golpeé,
lancé blasfemias,
manché con mi sangre
y me mancharon también.

Hoy he soñado
que estaba soñando
y que había soñado
con seres diminutos,
con arcos sin triunfo
y manos llenas de pan.
leer más   
9
2comentarios 59 lecturas versolibre karma: 95

Diario de la Judía (La Perra de Belsen)

Yo estaba apoyada en una esquina de la verja, desde donde veía cómo una fila mujeres se dirigían a lo que llamaban “módulo de recepción” y que estaba situado junto a las vías del tren, separada por una dársena. Descendían de los vagones por cientos y formaban esas largas filas que desde allí podía observar. Iban la mayoría llorando y como yo eran judías. También había gitanas y de otros países, españolas, checas, polacas... Todas tenía algo en común, que eran diferentes, no eran arias, ni rubias, ni esbeltas, ni pertenecían a lo que en esos momentos se consideraba una raza en pleno auge, la raza aria la denominaban.
Todas iban vestidas con ropas normales, pero cuando salían por la puerta de atrás de aquel hangar, ya no se podían distinguir unas de otra, las habían rapado y vestido con aquel pijama de rayas.
Así era todos los días, por lo menos los que yo llevaba aquí y que no sabía cuantos me quedaban por vivir.
Sólo me hacía una pregunta: ¿dónde estaban sus hijos? En ese momento no tenía ni la más mínima idea de la suerte de los mismos.
Mis pensamientos viendo esa escena desde un lugar aparentemente seguro, por el momento, pues allí no había nada cierto, se desviaron de momento. Alguien me agarró del brazo sin que me hubiera percatado de que se acercaba a mí con anterioridad, y me giró el cuerpo. Era Aquel soldado que se había fijado en mí, acompañado por una niña, cosa que me extrañó. Una niña de unos 16 o 17 años, rubia, preciosa, no había visto una niña tan linda como aquella desde hacía mucho tiempo. Aunque su mirada me daba miedo, evidentemente era alemana, seguramente nazi, entre otras cosas porque el soldado me dijo que estaba allí porque quería ser enfermera del régimen. Creo que me dijo que se llamaba Irma, el apellido no lo recuerdo bien, algo así como Grose o Grese. Bueno aquel detalle no tenía importancia. Detrás del soldado y la niña estaban otras cinco residentes del campo como yo, supongo que esperando a que iniciáramos la marcha hacia donde querían que fuésemos.
Nos llevaron a una pequeña cabaña al final de los diferentes hangares que estaban perimetrados por las verjas de pinchos. Por el camino observé que la niña no paraba de mirar a las mujeres que íbamos dejando atrás, según nos acercábamos a la cabaña. No lograba comprender el motivo por el que le llamaban tanto la atención, aunque pensé que como quería ser enfermera, se estaba fijando en las múltiples heridas o síntomas de enfermedad de las mujeres que observaba.
Nos paramos a las puertas de la cabaña, nos dijeron que esperáramos fuera y que nos irían, llamando. A tenor de la información que tenía, suponía que la niña nos quería observar el estado de salud, pero nada más lejos de esa intención. Empezaron a nombrarnos una a una.
Llamaron a la primera y al cabo de unos quince minutos a la segunda, pero la primera aún no había salido de la cabaña. Empecé a inquietarme. Llamaron a la tercera y ninguna de las dos anteriores habían salido. Hasta que me di cuenta que salía por una puerta trasera, desnudas y juraría que llevaban los pechos ensangrentados. Miré hacia atrás y teníamos a cuatro soldados con sus armas reglamentarias, por lo que mi idea de salir para atrás quedó echada por tierra.
Estaba aterrada, aunque sabía que de un momento a otro algo muy malo me podría ocurrir, sólo de pensar que quedábamos dos y como media me quedaba una media hora para entrar en aquella horrorosa cabaña. Pero algo debió ocurrir que, de pronto, salieron el soldado y la niña por la puerta y pararon la supuesta consulta.
Quedé aliviada, por el momento, pues nos dejaron marchar a lo que estábamos haciendo anteriormente. Pero antes de irme de allí, la niña pasó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. ¡Nos veremos hermosura!, fue lo que me dijo y marchó rápidamente hacia la dársena.
Fdo.: Alfonso J Paredes Aly Parca
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
FOTOGRAFÍA RECOPILADA DE ITERNET
5
3comentarios 41 lecturas relato karma: 73

El último secreto

Basta con abrir el cajón de tus recuerdos
para darte cuenta del desorden
que ocasiona tú pasado en una culpa
que se apega para bien morir.

Yo no seré uno más de tu colección de culpas,
vives como si solo estuviéramos aquí
para consumirlo todo
hasta dejar simplemente de existir.

La familia para ti siempre fue un teatro de sombras
verdades y mentiras
relatos de una infancia carbonizada
por unas cuantas imágenes que no se olvidan.

Tal vez necesitarás millones de años
para convencerte que ese enojo
te llevará a convertirte
en eso que tanto te molesta.

¿Yo quién soy para juzgarte?
nunca seremos pensamientos exentos
ante la mirada inquisidora de aquel que quiere
aprovecharse de tu locura.

Nada me cuesta amanecer honrando a la vida
he visto cómo el cáncer llega con el crepúsculo
de los asuntos pendientes
que solo hacen amanecer en las tinieblas.

Solo me preocupo por vivir y dejarte vivir
maltratando a nuestros miedos
hasta conseguir envenenarlos
con la esperanza suficiente para poder partir.

El milagro de la vida amanece
sin la oscuridad de una noche
que se siente cómoda en las tinieblas
ahí es donde entro con un salvavidas que no sé usar.

Nadie me entreno para soportar
el terrorismo de tu mirada
que renuncia a seguir luchando
porque restas a todos chantajeando voluntades.

Yo sobreviví a los mismísimos dolores
que te corrompen sin ninguna prisa aparente
yo te enseñaré calladamente
que el último secreto es amar para vivir.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
17/11/2018.
16
14comentarios 229 lecturas versolibre karma: 106

Las cosas que siempre fueron gratis

A veces los delirios se transforman
en pedazos que ya nadie recuerda
se vuelven recuerdos de una vida vieja
donde el vestigio del pasado
nos deja un desenlace intraducible
de unas últimas palabras
que balbucean irreverentes la última esperanza
para no morir de un eterno tedio.

Dicen que el polvo que navega frente a mis ojos
fue alguna vez tu piel
vivió de sus propias historias,
hasta que la realidad finalmente la abrumó
con un cansancio casi inerte por el frío
que bajó las defensas que alguna vez amurallaron mis sueños
jamás pude volver a dormir con esperanza y no tener que soportar
ese mañana en el que se sueña con ser mejor.

A veces la ansiedad aprisiona a los desvelos
con tantas ganas para no despertar jamás
que pintamos un cuadro lleno de ilusiones por lograr
las cosas cambian sólo porque tienen que cambiar,
nadie dejará de sujetar tu cuello amoratado
simplemente por una débil piedad
tienes que huir antes que las marcas
no se puedan borrar en realidad.

A veces las sombras dejan caer su suave velo
y nos muestran quienes realmente nos creemos,
tenemos miedo de olvidar nuestros sueños
por descuidar nuestro desvelo
desalineando nuestro cuerpo pensando que con eso
distraemos al cuidador de las poesías
a el amante de los versos
pero eso simplemente no sucede porque la prosa no tiene dueño.

A veces, solo a veces no es siempre
y rogamos olvidar todas las ofensas que se acumularón
como craneos en el caos del invierno
queremos quedarnos solo con lo que es bueno y saborear lo bien que se siente
intentarlo de nuevo aunque esas sean nuestras últimas palabras escritas
de una mirada que disimula no poder ya leer
nos hemos quedado sin el tiempo para comprar las cosas que siempre fueron gratis.



Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
16/11/2017.
19
21comentarios 303 lecturas versolibre karma: 102

Ángeles en el Averno

A mis 84 años, todavía recuerdo a aquel soldado alemán que salvó la vida a mi madre y a mis hermanas. Yo era tan solo un crio de doce años, pero en mi memoria parece que ocurriera ayer. Vivíamos de lo que nos daba la tierra en una pequeña granja al norte de Odesa, en una comunidad rural, y a pesar de nuestras raíces judías, antes de la invasión alemana nadie parecía percatarse de ello. Un día vimos acercarse a los soldados alemanes hacia nuestra granja, pero en ese instante no sentí miedo. Mi padre nos escondió en una especie de cripta secreta excavada en el granero, la cual a través de un túnel conducía a los bosques adyacentes a la granja. Esa fue la última vez que vi a mi padre con vida. Junto a mi madre y mis dos hermanas menores, nos acurrucamos intentando no hacer ningún ruido. Escuchamos algunos tiros, uno de ellos sería el que mataría a mi padre. Unos gritos y unos pasos inundaron el granero. Eran soldados alemanes que vociferaban en su gutural idioma. De repente, los pasos se detuvieron y alguien abrió la trampilla que conducía a la cripta. Nunca olvidaré esa mirada azul y esa cara tiznada.

- Al anochecer coged todo lo que podáis y esconderos en el bosque. Siento lo de su marido - se dirigió el soldado alemán a mi madre en un ruso muy simple.

Luego, lanzó una tableta de chocolate al suelo, hizo un gesto para que no hiciéramos ruido, cerró la trampilla y desapareció. Algo gritó a sus compañeros. Minutos más tarde, un ruido de motores desapareció en la lejanía. Tal y como había dicho ese joven soldado, esperamos a que anocheciera. Al salir al exterior vimos el cuerpo sin vida de mi padre, pero mi madre, haciendo honor a la fuerza de las mujeres ucranianas, nos alentó rápidamente a que cogiéramos toda la ropa de abrigo y la comida que encontráramos entre los escombros de lo que había sido nuestro hogar. No había tiempo para llorar a nuestro padre. Después de recuperar lo que pudimos, nos adentramos en el bosque con los demás supervivientes. Allí, vivimos como pudimos hasta el final de la guerra. Gracias a ese joven soldado alemán nunca perdí la esperanza, ya que, hasta en la más absoluta oscuridad puede brillar la luz más pura.
4
2comentarios 36 lecturas relato karma: 67

Dama de rostro marmóreo

Vive acristalada
en amor vetada.
Deambula entre espíritus
deslucidos en sentidos.
Porosa decrepitud fosfórica
de seres envilecidos
que atrapan su alma.

Dama de rostro marmóreo
de luz embaucada.
Luctuosa imagen grácil
al olvido encomendada.

En el pináculo sus sueños vagan.
Ojos añejos en miedo
agnósticos al cambio
mendigan clemencia.
Respuesta: ausencia.

¡El alquimista no puede ayudarla!
Ella debe trazar el bosquejo
que le exima del perverso lienzo.


Marisa Béjar.
leer más   
10
4comentarios 82 lecturas versolibre karma: 84

Pensamientos

Esta noche se llena con tu ausencia
se acerca tu voz
y susurra a mi oído

todo se pasa, todo se muda

hoy, ahora, este segundo que esta pasando es lo único verdadero en tu vida
el futuro es solamente una apuesta,
se construye; mitad por tus decisiones y acciones en este segundo,
mitad por la providencia.

Todo cuanto te aterra hoy, dejará de aterrarte mañana
y quizás sobrevengan nuevos terrores
o quizás no vuelvas a sentir miedo en tu vida,
o quizás
la muerte te sorprenda durmiendo
y te duermas con ella para siempre.

Quizás coronen con laureles tus sienes
y te pierdas en vos, finalmente.

Quizás la providencia ponga en tu camino el antiguo alimento de los héroes
la desdicha, la humillación, el fracaso
y aún así, estancado en el más hondo desasosiego,
jamás serás vos el héroe
siempre será otro

tan solo quizás
puedas comprender el sentimiento humano en todo lo creado

Inteligencia
Esfuerzo
y la Providencia
nada más.
leer más   
1
1comentarios 36 lecturas prosapoetica karma: 20

Tantas preguntas y la respuesta eres tú.

Los secretos de nuestra existencia la gran mayoría del tiempo se van evaporando a lo largo de la historia, muchos de nuestros sueños no pasan más allá de debajo de la almohada, quizá encontremos muchas preguntas, muchos porqués que nos tengamos que llevar con nosotros hasta el último día, y posiblemente lleven consigo la frustración de no haber conseguido las respuestas suficientes a sus dudas. Pero ¿realmente todo debe tener una respuesta? Y ¿realmente estaremos satisfechos luego de saberlas? ¡Oh, cariño! Esos ojos tuyos tan oscuros y profundos como el mar al que temo sumergirme, me habla de tantas preguntas, de tantas dudas… sigues mis brazadas hasta el punto del horizonte, donde consideramos que terminan estas olas, pero sabemos que ese no es el fin, y también sabemos: tu y yo, que este no es el fin de las especulaciones que nos llevan a dejar las profundidades de tu mirada, para salir a flote por una bocanada de aire, porque sí, es trágicamente poco el oxigeno que el mundo me permite luego de callar tus labios con los míos. No lo resisto señor mío, mis oídos se aturden cuando escucho tus miedos hacia mí ¿Qué no ves que estoy desnuda? He desarmado cada articulación de mi frágil cuerpo, y sí… se que mi cuerpo no es relevancia, pero estoy desvaneciendo la arena que rodea mi océano, o mi alma. ¿Son las dudas las que están presentes o es mi voz la que no grita que te quiere?

Porque te quiero, te quiero consumir hasta la última mirada de tus ojos cafés, oscuros y fuertes; te quiero desbordar en lagrimas provocadas por haber reído toda una vida por lo mínimo; te quiero arrancar la piel y dejar al descubierto tu ser; te quiero hacer mío en el vapor de un té que compartamos antes de cerrar los ojos, pero queriendo que no los cierres sino es para soñar, para creer, para nacer de nuevo; quiero que te quieras por encima de mí, y que tu amor nunca esté por debajo de la estrella más lejana. Quiero, quiero, quiero… tantas cosas, que, sólo podría decir: que te quiero a ti, pero te quiero libre como las aves que vuelan sobre nosotros, las que no se van, las que siguen sobre el mar, las que no temen hundirse. Seamos así, disfrutemos de las aguas salinas y cristalinas que salpican nuestro rostro, sabiendo que bajo las aguas fuertes habrán amenazas, pero si hablamos de lo nuestro: no hace falta darle respuesta a las preguntas que sólo quieren limitar nuestro rumbo, cuando el mar bravezca visitamos la luna, cuando la luna no sea tan acogedora vamos a la orilla de una playa, y cuando no exista nada: Sólo vamos, tu y yo.
3
1comentarios 46 lecturas prosapoetica karma: 46

Qué esperas...

Ya sé que dices que soy una intensa
que me rompo casi sin tocarme
y me recompongo saliendo ilesa
de lo que me hace derrumbarme...
pero qué esperas de alguien que le gusta levantarse escuchando a Izal mientras abre la ventana y se despejan todos los miedos de la noche anterior.
Pero qué esperas de alguien que le gusta hacer trayectos largos en el tren consigo misma.
Pero qué esperas de alguien que no comprende que el amor bueno es el que te hace daño.
Pero qué esperas de alguien que quiere querer tan fuerte que no haga falta decirlo en voz alta porque se siente más un susurro que un grito.
Pero qué esperas de alguien que se pinta los labios y luego se lava los dientes .
Pero qué esperas de alguien que es despistada hasta decir basta.
Pero qué esperas de alguien que tira todas las mañanas el vaso de leche porque es demasiado pronto para ponerse las gafas y ver con claridad todas las cosas que a veces están a oscuras.
Pero qué esperas de alguien que lee y escribe poesía cada vez que la vida le da un respiro.
Pero qué esperas de alguien que lee el horóscopo semana si , semana también.
Pero qué esperas de alguien a quien le gusta el chocolate con galletas de chocolate.
Pero qué esperas de alguien que sigue buscándose en la estación donde se perdió una vez y aún no se encuentra ni se encontrará.- Ya no eres la misma, amor.- me digo.
Pero qué esperas de alguien que no quiere sumar besos sino multiplicarlos y elevarlos hasta ese techo que ninguno podemos tocar , cielo.
Pero qué esperas de alguien que piensa que nada tiene que hacer la poesía si no han visto sus labios.
Pero qué esperas de alguien que quiere llenarse de deseos hasta las pestañas.
Pero qué esperas.
Dime qué es lo que esperas.
5
1comentarios 26 lecturas prosapoetica karma: 49

¿De qué sirve huir?

La tarde despuntaba como una triste alegoría del alba. En su claridad todavía potente un niño paseaba, explorando el pisar del suelo, el crujir de las ramas y el revoloteo de las aves. Caminó y caminó hasta que el camino se encontró frente a un espejo en el que se hundía y se perdía. La tarde era clara, no parecía que la noche aguardaba, siempre escondida, siempre tan poderosa. El niño jugaba con los brillos y relámpagos de aquel espejo que reflejaba más de lo que realmente había con una sinceridad cegadora. El niño perturbaba los reflejos y nada pasaba, pero llegó para apoderarse de las aguas el brillo de plata de la luna. La noche se acercaba pensó el niño, pero la noche ya estaba allí, huyó por el mismo camino intentando que la noche no se acercase, mientras una garza, el último ave del cielo, volaba, la luna vigilaba.
El niño corría, jadeante exploraba los silencios del bosque y los ruidos de la noche. Lo que dejaba atrás lo perseguía y acechaba, maldito camino de huellas y recuerdos se decía. El niño corría y corría, pero el camino siempre lo seguía, le tocaba la espalda y le susurraba: soy la sombra que acecha y el miedo que persigue. El niño seguía corriendo y tuvo horizontes nuevos, pero siempre el mismo camino le desgarraba la espalda. No tenía ninguna posibilidad de escapar, salvo, tal vez, dejando de huir.
leer más   
7
2comentarios 59 lecturas relato karma: 73

Ven que te cuente al oido

¿Qué desgarra mi alma?
siento que la luz se apaga,
quedo en silencio y en calma,
pues es esa que sabes que amaga.

Es esa que tu y yo sabemos
y que no nombramos por miedo,
pero más relajado me quedo
porque ya nos conocemos.

No te tengo miedo,
no te tengo ganas,
tampoco te odio, ni puedo,
ni a tus palabras vanas.

¿Qué desgarra mi alma?,
¿quien llama a mi puerta?
qué extraña esta calma,
qué silencio impera.

Como en las noches de estrellas y abierta,
qué extraño sabor que altera
pues mi carne se siente mureta,
aunque sigue viva mi alma.

"Y EN EL FONDO TE DIGO"
Fdo.: Alfonso J. Paredes
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
www.safecreative.org/
imagen recopilada de internet
11
4comentarios 82 lecturas versolibre karma: 87

Alison

Explotas en los ojos
del poeta,
rompes su mente
intentando encontrar palabras,
que puedan tocarte.

Estas son las palabras
que representan tus sonidos,
frente a los míos.

Amorosa
Luz
Inefable
Sensible
Olvidadiza
Natural.

Pero no le tengamos miedo
a las palabras,
porque somos más que sonidos,
somos tacto, sensibilidad
somos la cercanía a ese infinito inefable.

Si te hablo por tu nombre
no puedo no sonreír,
y si acaso te digo, amor, amor.

Mis intenciones chaparrita, sin importar que se te olvide mi nombre,
son que me recuerdes cuando respiras,
cuando rías,
cuando te llame la puerta el dulce amanecer y sientas amor
aún sin recordar que has soñado
y si fue el caso conmigo,
darle frente a esos deslices del goce,
que le cedas la virtud al olvido,
que despiertes sin recordar mi nombre
y me llames amor.
leer más   
4
sin comentarios 34 lecturas prosapoetica karma: 56

Escucho

Escucho en las noches
el lamento de mi alma,
que solo conmigo habla
contándome de su dolor,
de sus penas de amor,
y en el fondo también me reclama,
por haberla callado tantas veces,
por no haberla escuchado tantas otras,
por haberle negado su derecho de amar,
y trato inútilmente de justificar,
de que pueda entender mis miedos,
de que quise protegerla
y sin querer la aislé de todo cuanto pretendía tener.
Escucho en las noches como llora mi alma,
asustada y solitaria,
soñando con todas esas cosas que por temor le negué,
porque no quería verla sufrir, y hoy veo cuanto me equivoque.
Porque yo misma al amor tantas veces invoque,
y solo recibía una cruel condena por creer.
Quise proteger a mi alma de estas penas de amor,
y hoy las dos lloramos por no tener a quien querer.
Emma ETPoEmmas
9
2comentarios 64 lecturas versolibre karma: 78

Cámara frontal

Cámara frontal

Me cansé de ser empático,
Tengo la planta del pie en carne viva de tanto ponerme en los zapatos de los demás.
Hoy no me he puesto en ellos, me he puesto en tus pupilas,
Y me he visto a mi.
Tiritando, entonando un “no pasa nada” mientras un trozo de glacial se desprendía.
Me vi más cerca del psiquiátrico que del gimnasio.
Vi como estaba estancado en el tiempo,
como un reloj de cu-cut que al llegar a en punto
el pájaro no quiere salir por miedo.
Notaba que todo mi cuerpo se matizaba, no había ya ningún brillo ni nada donde se reflejase la luz.
Había sufrido un apagón.
Mire para arriba y empecé a entender varias cosas,
Los mismos hilos que me ahogaban también eran los que me movían,
Cualquier acción contraria sería pagado con la asfixia emocional.
Las listas de espera para un transplante de identidad son demasiado largas, casi ni reconocía mi nombre.
Cometí un error.
Me mudé a la piel de alguien que aprovecho el momento para destripar la mía.
Que duro es tener que consolar a alguien por hacerte daño.
Y entonces entendí que el inicio de este texto era erróneo,
sigo siendo empático,
pero tengo miedo a las personas.
19
18comentarios 214 lecturas prosapoetica karma: 87

Vivir

Ella es más que un verbo creador,
ella es todo el logos,
ella es una reacción espiritual en mi sistema,
es una fuerza, una luz
y la acompaña toda la verdad de los cuerpos que se quieren,
todo el esfuerzo de la vida por ser natural
se desprende de ella y yo.

La elección de estar con ella para siempre
queda escrita en el principio de tiempo,
donde aún la vida no tenía su nombre.

Resistiendo el fin con tal de verla reír,
se persiste para no sucumbir al dolor.

La vida se vuelve un chiste sin gracia sin ella.

No te miro con disimulo,
aunque seas más que un sol,
porque ya no tengo miedo a quemarme contigo.

Te miro fijamente con los ojos del alma
que saben leerte entera, sin bruma.

Hacemos del amor una acción y nos vivimos.

Ella se convirtió en el verbo vivir.
leer más   
6
sin comentarios 20 lecturas prosapoetica karma: 59
« anterior1234547