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Nadie

La habitación vacía,
unas telarañas juegan a ser espacio,
la luz del mediodía resquebrajada en otras luces
y el eco de la oscuridad recogido en el suelo,
como sombras chinescas del olvido,
también la calle se quedó vacía,
vacía de manos,
vacía de caricias,
la complicidad del viento te lo recuerda,
como si fuese todos los labios que has besado,
como si ninguno hubiese existido,
como si fuese la misma habitación,
como si fuese las telarañas
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¿Qué sería…?

Olor a lluvia,
A ciudad, a ensueño.
Lo que esperabas del presente
Se disuelve en esas gotas,
Iluminadas por los faros.

¿Qué sería de la vida
Sin el perfume del deseo?
Ese que da vida y motivos
Para abrir los ojos.

Aroma a brisa,
A verdad, a recuerdo.
Lo que añoras de las risas
Se esconde tras la niebla
Que empaña las ventanas.

¿Qué sería de la vida
Sin la calma que prosigue
A la melancolía?
Esa que da paz y confianza
A cada paso.

Esencia de luz, de abrazos
De anhelos.
Lo que serena la tormenta
Es lo mismo que te pone
una sonrisa en los labios.

¿Qué sería de la vida
Sin el brillo de las miradas?
Ese que ilumina el cielo
En una noche estrellada.
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Enjambre de supersticiones

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Domingo de tomar té con masitas con
un espantapájaros analfabeto, en un jardín
de platos rotos y vergüenzas por el estilo.

Domingo de aprender que es mejor
no cortarse las uñas para arañar
los indescifrables pasillos de la memoria.

Domingo de infamias imperceptibles, y
de quedar mano a mano él y yo, un
insomnio invicto que se niega a jubilarse.

Domingo de canciones desconsoladas, de arrojar al
almanaque una procesión de gritos transpirados
con meticulosa e insoportable parsimonia.

Domingo de vanidades primerizas, romances
embalsamados, de dos y dos sumando seis
generaciones de rendiciones aromáticas.

Domingos de asalto a caricia armada,
de caligrafía en llamas, de procesos de erosión,
de protobiontes, de exhaustos picaportes.

Domingo de querellas apresuradas, de
acariciar el pelo al letrero que anuncia la
capitulación de un escultor tenebroso.

Domingo de reconstruir papeles locuaces, aunque
desgastados, de estrangular audacias invisibles,
de disecar un enjambre de supersticiones.

Domingo de estudiantes de arte dramático
vestidos de negro, de inviernos que se
acurrucan bajo la escalera para pasar el otoño.

Domingo de reverberaciones y palafrenes,
de perseguir caricaturas en los copetines,
de acariciar novedades cubiertas de rocío.

Domingo de viajar en un avión de
párrafos displicentes, de muecas de disgusto
sobre las que es sencillo resbalar.

Domingo de recitar epigramas que se desdicen
a sí mismos; de trenes estrafalarios, que
detienen sus caprichos en andenes polvorientos.

Domingo donde un hilo de lluvia cae
sobre un libro abierto, en el momento
en que una efeméride envejece.

Domingo de mezclar ruegos desabridos con
agravios en cautiverio; donde la eventualidad
gobierna, aunque no se responsabiliza.

Domingo de escalones desordenados, donde soñar
con mariposas transparentes al costado del camino
es recubrir al espanto con mala hierba.

Domingo de signo de interrogación amarillo
sobre fondo negro, de esconder bajo
la manga dos relámpagos y un ruego.

Domingo en que la lucidez encubre el
puñetazo de lo inalcanzable, y las porciones
descocidas de un gesto que no pudo centellear.

Domingo en que cada hora viene con su
insurrección de nomenclaturas, y con
la crisis existencial de una bestia milenaria.

Domingo, jarrón que empieza a quebrarse llegando
la tardecita, amplificando las ganas de tirarle arena
en los ojos a la inevitable rutina que vendrá.

Será cuestión de desabrigar esperanzas, de hacer
fondo blanco con una taza de café con poca
azúcar… Porque el lunes ya ha tomado su lugar…
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El ego amoroso

Lo esencial se vuelve legible
Cuando su energía es consecuente al individuo

Contradicción con la palabra desapego,
Porque finalmente,
Conectas con todo.

Ese mismo día fui a visitar a mi infierno.
Salió mi antiguo yo con resplandor,
Lo viví y entendí que siempre saldrá
Porque mi ego es el amor recíproco

Una vez, sentí que existía un ego amoroso
Entonces lo seguí y me reuní con él…
Había conseguido hacer las paces con él
– conmigo – porque entendí
Lo que estaba reflejando en mí
– era y es – conciencia de amor.

Y Aquí borracho, ebrio con mi ego
Afuera, consciente del suceso,
Voy a buscar a mi alma,
Que estaba colgando.
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Mi Refugio Es La Vida

Cualquier lugar hermoso,
cualquier imagen bella,
mis estados de ánimo,
ya sean tristes o alegres,
son mis refugios que le dan inspiración a mis letras,
tan sólo una palabra,
un sueño, un deseo o la vida misma,
son ellos, vosotros, él o ella, tú o yo,
mi refugio es la vida,
porque en ella se siente, se sueña y se ama.

Davinia Mesas Lorenzo
16 de noviembre de 2017
La Poesía De La Vida - Artes Literarias -
© Derechos de autor.
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Le diría

Un casi recién nacido
me observa entusiasmado
desde el otro extremo del vagón.

Posa sobre los cristales
sus manos inocentes
que nada conocen,
y los pies candorosos
sobre la poca paciencia de su madre.

Contempla ese cielo desmedido del que huimos
mientras se me engastan el rugir de las horas
en un bosque de recuerdos hechos humo.

El niño se ríe.
Me mira de nuevo.
Se vuelve a reír.

Y yo me digo que podría decirle
todas esas cosas que no sabrá
hasta dentro de unos años.
Que, a veces, el empeño
se convertirá en ceguera
intentando encontrar aquello
que ni sabrá que buscaba.
Descubrirá que
no sirven de nada las búsquedas
porque al final nadie
termina por encontrar nada.

Le contaría que cuando todo sea jaleo
y montañas de preguntas por desmembrar,
quizás alguien levante la mano
y quizás las cosas que daba por sentadas
quizás vuelvan a ponerse de pie.

Podría decirle que, un día,
entre mucho cuento y patraña,
plantará una enredadera en el jardín
para así crecer paciente, aguerrido, honrado,
y ser querido y querer mucho
antes de estamparse contra este mundo
tantas veces vacío.

Podría explicarle que, un día,
la verdad se plantará en su calle
y esperará implacable para,
después, despojárselo todo,
incluso la inocencia, incluso la paz.

Podría decirle entonces que,
ese mismo día, esa misma verdad,
le hará arrodillarse entre sollozos
para no tener que morir entre sus brazos.

Y le diría que, a veces,
la vida será así
y que debe estar preparado.

Le diría tantas cosas,
que el niño se vuelve a reír
y yo prefiero callar.
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Roma Victor

Aurelio y Antonio, entraron en el campamento al galope. Sus rostros desencajados, tensos y polvorientos reflejaban ansiedad y temor, como si estuvieran huyendo de la mismísima Parca; y para ellos así era. Se dirigieron sin perder un segundo a la tienda del Tribuno, y allí, cuadrándose ante él, y después de saludarlo, hablaron.

- ¡Señor!- dijo Aurelio con la respiración entrecortada.-El enemigo se encuentra a un día escaso de camino y es muy numeroso.

- ¿Hacia dónde se dirigen exactamente soldado?- preguntó el Tribuno.

- Vienen directamente hacia nosotros señor-contestó Aurelio.- Creo que su intención es atacar nuestra posición.

- Bien hecho soldados. Reuniros con vuestros compañeros y estad listos para entrar en combate. Podéis retiraros.

Después de esta inesperada noticia, el Tribuno, Aurelio Cornelio Glabrio se dirigió preocupado a su lugarteniente, el cual se encontraba también en la tienda.

- Marco, la situación es preocupante. Según los exploradores, el enemigo nos supera en número, y solo puedo contar con una legión. Debemos enviar un mensaje al Legado Salinator para que nos venga a ayudar lo antes posible con sus tres legiones. Envía a tu hombre más de confianza. Manda tocar formación en orden de batalla. Quiero a todos los hombres listos en veinte minutos. Puedes retirarte.

- ¡Si señor!- y después de cuadrarse y realizar el saludo romano, se retiró.

Tal y como había mandado, veinte minutos después, todos los soldados de la legión que guardaban el campamento en la frontera del Danubio formaban en orden de batalla. La visión era marcialmente magnífica. Hombres robustos y curtidos, la mayoría, en cientos de batallas, vestían la armadura del glorioso ejército romano. Los débiles rayos del sol que escapaban del cielo gris de la región de Panonia, refulgían en los cascos y las puntas de las lanzas de los legionarios, dándoles un aspecto de semidioses. El Tribuno los miraba con admiración, con el orgullo de un padre cuando contempla a su hijo, con el respeto de un legionario romano. Después de pensar unos segundos sobre la suerte que correrán algunos, o la mayoría de esos pobres valientes, se dirigió a sus hombres para intentar infundirles valor para la batalla.

- ¡Soldados de la gloriosa Roma! Un enemigo mucho más numeroso se dirige hacia nosotros. Su objetivo es destruirnos, pero no dejaremos que lo consigan- los vítores y gritos guerreros empezaron a escucharse por todo el campamento.- Un mensaje ha sido enviado al Legado Salinator para que venga a apoyarnos. Pero....,¡Decidme! ¿Dejaremos que la historia hable, de que nuestra gloriosa legión tuvo que recibir ayuda para vencer a unos malditos y desorganizados salvajes barbaros?

- ¡No!- se escuchaban gritos entre los soldados- ¡Cerdos del infierno! ¡Bastardos!

- Es por eso soldados -continuó hablando el Tribuno.-Que saldremos a defender nuestro honor y el de Roma demostrando al mundo entero y a la historia que nuestra legión está compuesta por valientes soldados del Imperio. Demostremos a los dioses nuestro valor, y volvamos a nuestra patria con honores. ¡Un soldado de Roma vale por 100 malditos bárbaros! Así que…,¿Qué debemos temer? Roguemos al padre Júpiter su protección en la batalla, y a su hijo, nuestro compañero en batalla, el divino Marte, que nos de toda la fuerza para derrotar a nuestros enemigos. ¡Salgamos allá fuera, y cojamos nosotros mismo la Nike! Que cuando llegue Salinator, solo pueda quedar perplejo por nuestra fuerza y nuestro valor. Si estáis conmigo, la victoria es nuestra. ¿Estáis conmigo, soldados de Roma?

- ¡Siiiiiii!- gritaron todos al unísono.

Los soldados gritaban y chocaban sus escudos contra sus lanzas, produciendo un sonido aterrador que se podía escuchar a cientos de estadios de distancia. Tan aterrador fueron los vítores por el éxtasis de entrar en batalla que el ejército visigodo que se proponía atacar el campamento romano, se detuvo unos minutos angustiado por tan fantasmal sonido. Después de esto, todo estaba listo para el choque mortal entre romanos y visigodos.
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La incoherencia

La incoherencia hace mella
en este mar de lodo
que carcome mi sombra.

Ya no sé reconocer los parámetros de navegación,
¿Autoficción?
¿Autobiografía?
supongo que viene a ser lo mismo
que sólo cambian los disfraces y máscaras.

Oí decir que los poetas
son los que más cambian de máscara
para ocultar la explícita desnudez
de su persona.

Yo digo todo lo contrario,
que bailamos nuestras máscaras
al son de la vida
desnudándonos en cada verso.

Supongo que el nudo de la corbata del ensayista
estaba demasiado apretado.

Si a la incoherencia
le sumamos un exceso de ocio
los manantiales de lucidez
se eclipsan con tormentas vanas.

Las cartas de Cicerón a Ático
hicieron recibir más de un castigo paterno a Petrarca,
¡Pobre!.

Hoy la incoherencia hace mella,
me adhiero a mi sombra
en este mar de lodo.

Creo que no tengo
nada más que decir,
una retirada a tiempo
antes de caer en una caricatura
de mi mismo estará bien.
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Este modo de vivir

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Este modo de vivir del Siglo XXI
es un culto a la prisa y al cansancio.
Todas las ciudades parecen al fin
de cuentas cortadas con la misma
tijera consumista, por habitantes que
solo mascan resignaciones desechables.

Envilecida, soberbia y vestida de
democrática la mentira campea a sus
anchas en el desecho calendario
de un presente repleto de fugacidad.
Un slogan de sonrisa asustada
desciende por una escalera mecánica.

(La revolución no ha de comenzar
editando artículos en Wikipedia).

Caminos morales incorrectos se clavan
en el corazón de la impotencia.
Los derechos y garantías viajan
dentro de una cantimplora agujereada.
Como en aquel poema de Bolaño,
juntamos las mejillas con la muerte.

Este modo de vivir es la
tormenta, el naufragio y la indiferencia
al mismo precio. Nos deslumbran
con fábulas infames, y zapateando
en el umbral de las quimeras,
el invierno solo reparte besos abatidos.

(Cuando la leche en polvo viene de regalo,
hasta el niño más hambriento desconfía).

Ignorarnos como habitantes de éste infierno
no nos transforma en residentes del paraíso.
Recuerdo con asimétrica nostalgia aquel tiempo
en que creíamos tener un futuro. En
la profundidad del intestino de la amargura,
crecen las raíces de los años encarcelados.

Para saber de una vez quiénes
somos, habrá que seguir escarbando
en los nombres extinguidos por el
ajuste estructural, remake eterna de los
mismos que quieren consolar nuestras
penas ofreciéndonos un pañuelo sucio.

(Esta insensatez de modas derrocadas
parece hecha al gusto de los reptiles).

Como anacrónica práctica se subastan las
más selectas lágrimas de cocodrilo,
mientras, en esta venerable indisciplina que
es levantarse a diario, continuamos
navegando, con los tendones deshechos,
hacia metas que sabemos inalcanzables.

Seguimos regando, con la tinta de un
contrato leonino, las gardenias que nacen
marchitas en la cuneta de la historia. Guerrillas
de iras oscuras ponen armas de guerra
en manos de niños con nombres arrebatados,
y el salvoconducto a una fosa común.

(Resulta que los más sabios de todos se
estrellan contra el futuro igual que los demás).

Es sencillo sentirse felizmente
desgraciado en este tiempo de ojos
cerrados y bolsillos entrelazados
con la incertidumbre...
Más que vivir los días
nos revolcamos sobre ellos.

Con nulos deseos de continuar hincando las
rodillas, los parias gritan su cólera
sin máscaras. Cuando ya solo nos quede
la negación como heredad, habrá que
sentarse a esperar el tsunami, o el
rigor del látigo de una multinacional.

(Hoy son los corderos los
que gerencian el matadero).

No va a ser gratuita emocionalmente
esta sobremesa de desilusiones
sucias y granadas de mano.
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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Entre lineas...

Y aunque no me leas y
nunca te de por hacerlo,
quiero que sepas...

Qué yo te seguiré escribiendo.
Entre lineas...
Poesías, llenas de tantos
sentimientos, de esos que
desbordan el alma...

Entre lineas...
Te escribiré, estas poesías
que llevan tu nombre.
llenas de caricias que
estremecen cada poro
de la piel.

Entre lineas...
Estas palabras que
forman versos, te
acarician. el alma...
son versos que salen
de este corazón sincero...

Entre lineas...
Te escribo, estas poesías,
que te hacen tocar el
mismo cielo, con las
yemas de los dedos...



© Derechos de autor
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Sin título

Temo por mí, temo por todas las mujeres de mi vida,
No me siento segura ni a la luz ni a oscuras,
Por las calles hay cuerpos inertes que cedieron en la lucha,
otras más que nunca se enteraron que llegaron al final.

¿Qué culpa tenemos de haber nacido con este género?
¿Qué culpa tienen nuestros padres?
¿Por qué me odias a mí monstruo de la noche?
Silencio…no me respondes, entonces que sea Dios el que te juzgue.

Hoy, este llanto quema mi ser como el aguardiente,
Es tanto que hasta el ave matutina esconde su canto.
Ya no quiero ser más el blanco de tus vituperios
Solo quiero la tranquilidad y equidad,
Quiero la bondad y la paz.

Tenemos que alzar nuestro canto al unísono.
Gritar que somos muchas
Somos la vida
Somos amor.
Porque la mujer tiene valor, ¡si!, el mismo que tienes vos.
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No dejes para mañana lo que puede doler hoy

Quien quisiera dejar parapléjico al recuerdo,
Que no se moviese más de la cama
Y poder avanzar sin un corazón tan hermético.
Afecto.
El afecto vendrá cuando todos mis canales estén abiertos.

No dejes para mañana lo que puede doler hoy.

No tengas asignaturas pendientes,
En una ocasión hablando con un superviviente de cáncer
Me comentó que:
Al enfermo se le ha de dejar estar enfermo,
Y estoy de acuerdo.
¿De qué sirve teñir tu cara con una sonrisa mientras cargas toneladas y toneladas de piedras?
Podrás avanzar unos metros, pero tarde o temprano tus manos vencerán frente a la carga.
El ver todos tus males por el suelo será un trauma.
Escucha.
Si tienes que llorar llora,
No te lo guardes para dentro,
Si reprimes todo y lo escondes bajo la tierra,
Te crecerá una planta de guerras internas.
¿Cómo combates eso?

Así que siéntate, escúchate
Las personas no solo tenemos derecho a estar bien,
También lo tenemos a estar mal, concédete ese derecho.
Busca la paz.
Entiende que todo duelo conlleva varias fases.
Desahógate.
Piensa en como llevaras tantas piedras,
Cuales te llevaras y cuál será la manera,
Y cuantas despeñaras ladera abajo.

Es irónico, nos enseñan la teoría de la gravedad
Pero no nos enseñan que las lágrimas han de caer,
Parece que lo lógico es arrestarlas en el lagrimal.
Cuántas de ellas viven en cautiverio por el que dirán,
O por el
“los hombres no lloran”
O el
“tenemos que ser fuertes porque tendremos que aguantar un parto”
O aquellos hipócritas que dicen “sé tú mismo” para más tarde decirte “deberías sonreír más”

Ya basta de criminalizar a quien no se siente abrazado
por alegría.


Disfruta mañana lo que no puedas disfrutar hoy.
Mientras pases el duelo grábate estas palabras:

Hay que dejar de ver la vida como una balanza
Donde pesa más lo malo y verlo como una catapulta;
Donde lo bueno sea un contrapeso y lo malo
Sea la munición que se lanza.


Si lo consigues tal vez nunca más necesites este poema.

LGR
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Romeos sin Julietas y Julietas sin Romeos

La primera vez que la vi, sentí algo que jamás había experimentado. Una sensación ajena a mí; era como si no pudiera controlar mi propio pensamiento. Pasó por mi lado levantando una suave brisa perfumada del más dulce aroma. Se sentó justó detrás de mi pupitre, al lado de Ester. Parecía un ángel, y desde ese mismo instante no pude quitármela de la cabeza. En clase estábamos empezando a leer a Shakespeare, y más concretamente a Romeo y Julieta, y la atmosfera embriagadora de la obra comenzaba a proyectarse en mi cabeza. ¡Oh Julieta! ¡Mi Julieta! Pensaba torciendo disimuladamente la cabeza hacia atrás para contemplar su divino rostro. Pasaron los días, pero no me atrevía a hablar con ella. A las pocas semanas Ester nos presentó, ya que ella sospechaba algo, pues me conocía muy bien, ya que nuestros padres eran vecinos de toda la vida, y ella y yo nos habíamos criado prácticamente como hermanos. Se llamaba Valeria. Era fácil perderse en sus verdes ojos, que reflejaban la inmensidad de los mágicos océanos de hierba de las tierras mitológicas del Este. Su mirada era hipnótica, al menos para mí. Sus cabellos dorados resplandecían como el Sol estival, y su rostro parecía esculpido con una perfección milimétrica. Todo en ella era sensualidad y elegancia.
Continuaron las clases, y día tras día la relación con Valeria fue a más. Al principio mantenía las distancias, pero gracias a Ester nuestra amistad fue en aumento. En pocos meses los tres nos hicimos inseparables. Todo parecía ir bien, hasta el día en que me declaré. Yo confiaba en Ester, a la cual le contaba todo lo que sentía por Valeria, y ella parecía entenderme, aunque solo lo aparentaba. Ese día, salimos los tres al Stikers Bar, local donde nos juntábamos la mayoría de estudiantes y jóvenes de la zona. Buen ambiente, buena música y mejores precios. Mike y Daniel, mis dos mejores amigos frecuentaban el local, ya que el garito era propiedad del tío de Mike, y cada semana ayudaban a limpiar después de cerrar a cambio de un pequeño sueldo. Nos saludaron y se sentaron con nosotros. Ellos sabían lo que sentía por Valeria, así que intentaban alagarme con cumplidos, que de otra manera jamás me hubieran dicho. Pasado un rato le dije a Valeria que quería hablar tranquilamente con ella. Salimos fuera. Allí le confesé lo que sentía, y su expresión cambió completamente. Parecía no entender nada. ¿Y todo lo que me decía Ester? ¿Acaso no ha hablado con ella? Mi cabeza se quedó helada. Valeria me explicó que Ester estaba enamorada de mí, y entonces todo mi mundo dio un vuelco. ¿Quién lo iba a decir? ¿Ester enamorada de mi? Nunca lo hubiese imaginado.
Fue en ese preciso momento cuando una inoportuna llamada interrumpió la conversación. Era Ismael, el desconocido novio de Valeria. Un tipo cinco años mayor que nosotros. Esa noche llegaba de viaje, y Valeria quería presentárnoslo. Fue entonces cuando decidimos hacer como si esto no hubiera pasado y seguir adelante. La noche no fue como esperaba. Después de esto, mi relación con Valeria y Ester fue poco a poco desgastándose. Ya no éramos ese inseparable trío que hacía todo junto. Al año siguiente nos marchamos a la universidad sin coincidir ninguno. Valeria se fue al Norte, cerca de Ismael, Ester se quedó en la ciudad, gracias a una buena beca, y yo marché a Europa. Necesitaba un cambio de aires. Años después encontré la obra de Romeo y Julieta en unas cajas que guardaba en mi apartamento de Verona, ciudad llena de encanto, y en la que resido desde hace años gracias a mi trabajo como guía turístico. Todavía hoy, me siento delante del balcón de Julieta, atestado de turistas disparando con sus cámaras fotográficas rememorando aquel primer instante en que vi aparecer a Valeria.
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Fe ciega

Yo
no creo en hombres
ni en religiones.
Porque el engaño
ya me persigue sin tener que buscarlo.

Porque soy desastres,
tempestades,
calamidades
y
terrores.
Sin que nadie me desee,
ni me castigue por desobedecer.

Porque sé demasiado.

Tanto
que aún sin creer en religiones
sé que he bailado con ángeles,
para luego engañarlos con demonios.

Sé que he pedido de rodillas
y me he postrado ante diosas
que solo desconocía.

Sé que he jurado en vano
para estar llena de pecado
porque prefiero el dolor antes que el vacío.

Sé que he renunciado al cielo
porque me veía en los ojos
de alguien que me vendió un falso paraíso.
Y hemos acabado en la misma cama en el infierno.

Sé que he rezado a todo lo equivocado
cuando he visto que ni Dios era tan santo.
Porque todo el mundo busca estar lleno de algo.

Sé que no creo en nada más
que en mí misma.

Porque no malgasto el tiempo
ni en hombres
ni en religiones.

Pero es ahora que llegas
que de ti me hago devota.

Porque tú
eres mi única diosa
y mi única verdad.
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Me enamore de un poeta

Me enamore de un poeta
si, de un poeta y soñador
de esos que en cada verso
te dan un beso de amor.

De esos que te entregan el alma
en cada línea que escriben
donde te hacen el amor un día
y en el siguiente te olvidan

De esos que liberan
el sentimiento en cada poesía
la disfrazan con rima
para que lleve sintonía.

Me enamore de su sentir
plasmado en rimas y versos
me enamore de la forma
en que me mete, en sus letras

Ese poeta que puede hacer
poner sus manos en tu piel
robarte todos los suspiros
y rozar tus labios con su miel

Me enamore de un poeta
porque en sus líneas me vi
en ellas, amada me sentí
y en las mismas, me morí.

Solo quisiera ser yo
La musa de su inspiración
La que cause tal amor
que admiramos con pasión.

Las letras de mi alma
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Ataraxia

Pasado, presente o futuro, no existen.
Surgimos de un destino eterno, infinito,
el que formó galaxias, eones y distancias,
el mismo que tejió la virtud de este amor.
En esta dulce Tierra, que ahora nos sostiene
y une pululantes, asiendo fuertemente,
destino de los dos.
Que lleva sempiternos, los más bellos deseos,
vestidos en el aire, desnudos en el Éter.
Allí donde no importan, ni pieles ni matices,
donde solo vibramos, un mismo corazón.
Sintiendo y evocando, ecos del Universo,
murmullos de te amos, perennes y melifluos,
donde solo miradas, se gritan sin hablar.
Y se van las palabras, se guardan en la nada,
dando paso a los gritos, en el mondo silencio.
Es esa epifanía, de entrega limerente,
acendrada y abstracta, tan nuestra,
tan amada, que nos renacerá.

EPadrón
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Diario de la Judía (La Perra de Belsen)

Yo estaba apoyada en una esquina de la verja, desde donde veía cómo una fila mujeres se dirigían a lo que llamaban “módulo de recepción” y que estaba situado junto a las vías del tren, separada por una dársena. Descendían de los vagones por cientos y formaban esas largas filas que desde allí podía observar. Iban la mayoría llorando y como yo eran judías. También había gitanas y de otros países, españolas, checas, polacas... Todas tenía algo en común, que eran diferentes, no eran arias, ni rubias, ni esbeltas, ni pertenecían a lo que en esos momentos se consideraba una raza en pleno auge, la raza aria la denominaban.
Todas iban vestidas con ropas normales, pero cuando salían por la puerta de atrás de aquel hangar, ya no se podían distinguir unas de otra, las habían rapado y vestido con aquel pijama de rayas.
Así era todos los días, por lo menos los que yo llevaba aquí y que no sabía cuantos me quedaban por vivir.
Sólo me hacía una pregunta: ¿dónde estaban sus hijos? En ese momento no tenía ni la más mínima idea de la suerte de los mismos.
Mis pensamientos viendo esa escena desde un lugar aparentemente seguro, por el momento, pues allí no había nada cierto, se desviaron de momento. Alguien me agarró del brazo sin que me hubiera percatado de que se acercaba a mí con anterioridad, y me giró el cuerpo. Era Aquel soldado que se había fijado en mí, acompañado por una niña, cosa que me extrañó. Una niña de unos 16 o 17 años, rubia, preciosa, no había visto una niña tan linda como aquella desde hacía mucho tiempo. Aunque su mirada me daba miedo, evidentemente era alemana, seguramente nazi, entre otras cosas porque el soldado me dijo que estaba allí porque quería ser enfermera del régimen. Creo que me dijo que se llamaba Irma, el apellido no lo recuerdo bien, algo así como Grose o Grese. Bueno aquel detalle no tenía importancia. Detrás del soldado y la niña estaban otras cinco residentes del campo como yo, supongo que esperando a que iniciáramos la marcha hacia donde querían que fuésemos.
Nos llevaron a una pequeña cabaña al final de los diferentes hangares que estaban perimetrados por las verjas de pinchos. Por el camino observé que la niña no paraba de mirar a las mujeres que íbamos dejando atrás, según nos acercábamos a la cabaña. No lograba comprender el motivo por el que le llamaban tanto la atención, aunque pensé que como quería ser enfermera, se estaba fijando en las múltiples heridas o síntomas de enfermedad de las mujeres que observaba.
Nos paramos a las puertas de la cabaña, nos dijeron que esperáramos fuera y que nos irían, llamando. A tenor de la información que tenía, suponía que la niña nos quería observar el estado de salud, pero nada más lejos de esa intención. Empezaron a nombrarnos una a una.
Llamaron a la primera y al cabo de unos quince minutos a la segunda, pero la primera aún no había salido de la cabaña. Empecé a inquietarme. Llamaron a la tercera y ninguna de las dos anteriores habían salido. Hasta que me di cuenta que salía por una puerta trasera, desnudas y juraría que llevaban los pechos ensangrentados. Miré hacia atrás y teníamos a cuatro soldados con sus armas reglamentarias, por lo que mi idea de salir para atrás quedó echada por tierra.
Estaba aterrada, aunque sabía que de un momento a otro algo muy malo me podría ocurrir, sólo de pensar que quedábamos dos y como media me quedaba una media hora para entrar en aquella horrorosa cabaña. Pero algo debió ocurrir que, de pronto, salieron el soldado y la niña por la puerta y pararon la supuesta consulta.
Quedé aliviada, por el momento, pues nos dejaron marchar a lo que estábamos haciendo anteriormente. Pero antes de irme de allí, la niña pasó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. ¡Nos veremos hermosura!, fue lo que me dijo y marchó rápidamente hacia la dársena.
Fdo.: Alfonso J Paredes Aly Parca
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Utópica distopía de la realidad

Nos empeñamos en creer
que este plano existencial infinito
que llamamos universo cosmos firmamento
alguna vez dio a luz a una roca incandescente
que al enfriar su núcleo ardiente
y en el más improbable y remoto
de los improbables eventos del azar
dio paso a la vida...

vida que plantó e izó su bandera de victoria
sobre una esfera anegada de materia inerme
hace tantos millares de milenios mileniales...

vida que forjó su camino que luchó tenazmente
para no extinguirse ante la espeluznate adversidad
de un cosmos que había nacido muerto...

vida que floreció, se esparció, se multiplicó,
evolucionó y hasta al universo mismo
casi en su totalidad entendió...

y también maliciosa, envidiosa, desidiosa,
mentirosa, menesterosa,
homicida se volvió...

y por la muerte la vida fue acechada
y por la vida misma la vida fue acechada
y por la ineludible inevitabilidad del omega
la vida fue acechada.

Pero la realidad es que no hubo nacimiento...

gestación sí, sí la hubo,
preñado quedó el universo de un engendro
que por millares de milenios
se proclamó la guinda del pastel
de la creación...

¿creación?

¿qué no había sido un accidente del azar?
un golpe de suerte de dados cósmicos cargados,
un as bajo la manga del vacío,
un vacío y una nada
que misteriosa, mágica, cabalística y místicamente
contenían desde ya al todo...

un todo
donde cabía la vida y la muerte a la vez,
el amor abrazado del odio,
la envidia encamada con la piedad,
la materia en comunión íntima con la antimateria,
la oscuridad anudada a la luz en un nulo claroscuro indefinible,
la crueldad de la mano con la misericordia...

un todo en una nada...

insisto, que no hubo nacimiento
solo gestación...

y el cosmos arrepentido del engendro aberrante
que germinaba en sus entrañas
decide abortar;
abortar la vida, abortar la muerte,
abortar el alfa, abortar el omega,
abortar el tiempo, abortar la eternidad,
abortar y absorber,
consumir, concentrar, compactar
un todo categórico
en una nueva nada y vacío absolutos...

y los creyentes y los escépticos
y los fanáticos y los antifanáticos
y los que creían en todo
y los que creían en nada
y los que estaban a favor
y los que estaban en contra
y los que estaban en contra de los que estaban en contra
volvieron todos al zigoto vacío primigenio.

Jamás hubo nacimiento
ni vida, ni amor, ni odio,
ni cronos, ni infinitud;
fue todo una quimérica fantasía alucinante,
el anhelo de un firmamento imaginario
que soñaba con el ser y existir;
la utópica distopía onírica
de una deidad tortuga mitológica
que flota sobre el líquido amniótico
de la inexistencia absoluta.



@AljndroPoetry / xi-17
(@SolitarioAmnte)
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Et Ipsa conteret Caput tuum

Mísero pesebre es mi cuerpo,
lisonja del aire que no lo traspasa,
qué más daría para esto mismo
estar hecho de barro de tinajas.

Porque respiro, ya me duelo,
y en este duelo que es la Vida,
hay quien vive con consuelo,
y por consuelo yo me muero.

Estrellas que lejos estáis,
seguid estando lejos,
esta noche cuando duerma
y mañana, cuando esté despierto.

Porque con sólo acercaros un metro,
arderíamos en nuestros cuerpos,
seguid lejos,para no abrasarnos,
seguid lejos, porque sólo así os queremos.
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