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La mar entera

¡Cuánto tiempo esperando llevaría
allí arriba con ansia tu llegada!
Tanto tiempo temblando allí parada,
soportando las olas de agua fría.

Silla de socorrista por el día,
regia torre en la noche plateada,
cuando apoyas en ella tu salada
silüeta de joven energía.

Te admiras de tu inmenso, vasto imperio
y sabes que ningún triste gandul
puede enfrentar así su rostro serio.

Dos luces en el fondo de un baúl:
negros faros tus ojos, gran misterio,
cornucopias que reinan en lo azul.

(A Demelsa).
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En las costas saladas de mis labios (con @Pequenho_Ze)

No es fácil renacer
cuando la oscuridad se ha ceñido a la cintura
y en los ojos el sueño centenario
prohíbe palabras ajenas en la piel.

Y aunque quiera creer,
intento tener fe en todo aquello que no veo;
en mi realidad más fiel.

Se despeña la oscuridad
a lo profundo de mis entrañas,
sus ojos negros
destellan los desasosegados reflejos
de la desesperanza que me consume.
Quiero creer que aún puedo presagiar
tus pisadas, en los senderos de mi piel.


Pero se han cerrado las compuertas
y lo silencios extienden su reino
por todos los rincones de esta casa.
Quema el amor helado
en el fondo del misterio
del beso no dado.

La ceguera y la sordera
del obtuso acto de ausencia,
pesa en su agria levedad
en el cielo de mis párpados cansados.
El aguijón del beso carente,
es brasa y es leyenda aletargada
en las costas saladas de mis labios.







~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
@Pequenho_Ze &
@AljndroPoetry
2018-jun-22
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Roma (de mi libro "Fragmentos")

Aquella mañana, al salir de casa, camino a la universidad, decidí no seguir el viejo camino a través del descuidado parque, y decidí tomar la vía del carril-bici, recientemente inaugurado, para disfrutar sobre dos ruedas de ese nuevo trazado que me conduciría cómodamente a mi destino.

Mi sorpresa fue mayúscula al llegar, ya que, en lugar del carril-bici, me encontré con una antigua calzada romana. Comencé a transitar por ella, cruzándome con gentes vestidas de un modo peculiar, con túnicas y sandalias, hablando un dialecto similar al latín clásico que estudié durante el bachillerato.

Todos me miraban extrañados, fijando en mí sus ojos, como si fuera yo el que estuviera desfasado en lugar de ellos. Consideré la posibilidad de que fuera época de carnaval y hubiera algún baile de disfraces en el campus, pero, si la memoria no me fallaba, estábamos en pleno mes de noviembre.

Me hallaba inmerso en aquellas cuestiones, cuando llegué a la puerta de la facultad. Me adentré en sus instalaciones, dispuesto a acceder al Aula de Literatura, pero al entrar al lugar donde debía encontrarse, aparecí en una pequeña habitación, oscura, con una sola silla en mitad del cuarto y una gran pantalla blanca en la pared; en la pared contraria, un proyector, el cual, en cuanto me senté, comenzó a funcionar por sí solo. Las imágenes proyectadas en la pantalla versaban sobre la Roma Clásica, sus orígenes, su evolución hasta su máximo apogeo y su decadencia y posterior desaparición.

En mitad de la proyección, entró a la pequeña sala un hombre de mediana edad, ataviado con una corona de laureles sobre su cabeza, además de las ya mencionadas túnica y sandalias que portaban las gentes vistas anteriormente en el camino. Se presentó a sí mismo como Rómulo Augústulo, el último Emperador del Imperio Romano de Occidente. Yo esbocé una leve sonrisa, y no pude sino pensar que ese pobre infeliz había perdido la cordura, contagiado por toda esa masa aborregada que había decidido reimplantar la moda de los hombres clásicos; pero esos pensamientos se disiparon paulatinamente al comprobar la gran sabiduría que demostraba en lo referente a la época de la que decía provenir: No había detalle, por pequeño que fuera, que se le escapara acerca de aquellos siglos perdidos.

Horas después, en un parque cercano al campus, leía entusiasmado un libro que hasta ese instante me había parecido tedioso, y sin embargo, debido a la influencia de mi encuentro con aquel extraño hombre, autoproclamado como un mandatario de tal magnitud, para mi propia sorpresa, me resultaba maravillosamente fascinante: Se trataba de El Asno de Oro de Apuleyo.

De regreso a casa, tras acceder al portal, abrí mi buzón para tomar la correspondencia, acompañada de la siempre inútil propaganda con la que nos bombardean a diario publicistas sin escrúpulos. Solo una carta dirigida a mis padres, frente al resto de papeles de ofertas de vivos colores en panfletos enormes. Observé unos instantes la llave, y me percaté de que todos los buzones de la vecindad tenían la misma cerradura que el mío, por lo que, sin orden ni concierto, los abrí.

Justo al lado de los buzones, en la pared, hallé otra cerradura idéntica, y por el mismo impulso por el que decidí dejar los buzones abiertos, introduje la llave y la giré, provocando que esa pared del edificio y parte del techo del portal se derrumbaran, dejando al descubierto una ciudad romana en plena ebullición.

Quedé admirado por el espectáculo que se presentaba ante mis ojos: Majestuosos templos con magníficos frisos decorados, sustentados sus techos por columnas jónicas, con escalinatas de mármol para acceder a su interior, alrededor de los cuales la multitud iba y venía, en un caos tan ordenado que parecía haber sido estudiado milimétricamente.

Decidí adentrarme para poder explorar de primera mano, pausadamente, el descubrimiento que de pura casualidad había tenido el privilegio de conocer. Pretendí acceder a través de unas escalinatas al interior de uno de los templos, cuando las columnas comenzaron a desestabilizarse, y tras quebrarse, las gigantescas piedras de los edificios aplastaron a los transeúntes. En cuestión de segundos, aquella esplendorosa ciudad se había sumergido en el caos, quedando reducida a escombros, entre los que asomaban manos, brazos, piernas y cráneos.

No sé cómo, pero fui zafándome de esas enormes moles que cubrían mi cuerpo, y pude salir al exterior de aquella ruina. Misteriosamente, no presentaba un solo rasguño. En mi mano aún conservaba aquella carta recogida del buzón, por lo que, ante la soledad del desastre, me dispuse a leerla, dejándome perplejo su contenido:

«Estimados señores,

Lamentamos comunicarles que su hijo ha fallecido debido al derrumbe de una de las paredes y de parte del techo del portal del edificio, en extraña coincidencia con un suceso trágico de similares consecuencias que aconteció en este mismo espacio hace unos dos mil años, en el que una catástrofe sin parangón redujo a ruinas a una ciudad romana que estuvo aquí situada (…)».

Al ponerse el sol, me encontraba conversando con una vieja amistad en el parque del barrio. Junto a nosotros, dos desconocidos que parecían conocernos; prueba de ello es que estaba resultando una noche jovial.

El parque no había cambiado nada en los últimos veinte años, con excepción de una estructura que nunca había estado allí: En lugar de los columpios oxidados, se hallaba el templo romano al que quise acceder aquella misma tarde en la ciudad que había descubierto en el portal justo antes del catastrófico evento.

Aquellos desconocidos se alejaron en una moto por la única vía de acceso posible. El parque estaba desierto, a excepción de nosotros dos, que continuábamos allí charlando.

Tras unos minutos de charla, y emulando torpemente a Fred Astaire, comencé a cantar y a bailar claqué en las escaleras que ascendían al templo, hasta lograr arrancar una sonrisa a mi acompañante. Cesó mi canto y mi baile, pues había cumplido mi propósito, y comenzó a sonar una balada. Nos abrazamos y empezamos a bailar.

Era una noche entrañable, mágica, irrepetible. Las estrellas cada vez brillaban más, eran más cercanas; algunas comenzaban, temblorosas, a descender hacia el templo, adentrándose finalmente en él y desapareciendo. Mi cuerpo, tembloroso, también centelleaba, y comprendí que algún dios me había dado la oportunidad de poder despedirme a lo grande de este mundo: En compañía de una verdadera amistad. Entendí, además, que cada estrella del cielo había sido antes un ser humano, y que yo, a partir de ese momento, sería una estrella más del firmamento.

Así se lo hice saber a mi última compañía en vida; nos abrazamos fuertemente, y empezamos a llorar, porque sabíamos que era nuestro último abrazo, hasta que la materia de mi cuerpo se volvió intangible. Subí despacio, mi figura se transparentaba más y más, hacia el templo por la escalinata, despidiéndome con la mano de quien estuvo conmigo hasta el último momento.

Cuando entré en el templo, desapareció, y yo desaparecí con él. Los ojos mojados de mi acompañante delataron su abatimiento, al tiempo que, pensativos, observaban fijamente en dirección al lugar donde se produjo nuestra despedida.
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El atardecer de Ayer

Existo pero no existo, porque mi alma
esta posesionada por otra alma
que juntas se elevaron más allá del Universo.
y fuera del Universo no hay existencia.

Solo existe el cielo, que hoy parece una paleta de colores,
que colorea la tarde para los enamorados,
tarde para agradecer a Dios por la naturaleza que nos arropa,
y el misterio del firmamento que nos ratifica le existencia de Dios,
cuando tus ojos no saben si extasiarse mirando el hermoso atardecer
o cerrarse para soñar con el amor amado.

El cielo azul como el océano, y rojo como el ardiente fuego,
amarillo como el oro que brilla desde antes de nacer,
y el rosado de inocencia que nos llena de placer
al contemplar el cielo con los colores del arco iris,
que lo abarca todo, que lo adorna todo.

Un cielo colorido que dispersa los colores de Este a Oeste,
como los pinceles del pintor que hacen magia con el color
cuando quieren plasmar en el lienzo los colores del amor.
Y al atardecer cuando baja el sol y se asoma la vida,
lucha dentro de si su conciencia que piensa y cree
que ahí está la presencia de Dios que es el único dueño
de lo malo y de lo bueno, de lo feo y de lo hermoso,
de lo grande y lo pequeño, de lo obsceno y lo profano,
en todo está la presencia del dueño de la existencia.
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El curso de la vida

Un prodigioso azar
fue uniendo sucesivos cuerpos
en un dilatado viaje
que atraviesa milenios
hasta alcanzarnos,
rayo hecho carne
en vientre de mujer,
el improbable milagro de la vida.
Dolientes, gozosos, asombrados
ante la infinita belleza
que condensa un universo
en una gota de agua,
somos seres de existencia efímera,
con incesante sed de eternidad,
flechas de luz hacia el misterio,
hacia la sombra o hacia la nada.
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Soportar el viaje

La podredumbre
invade la epidermis
hongos nacen
musgo venenoso
que agria el agua

Calavera que dirige un barco
aire pestilente
que parte las fosas nasales

Soportar el viaje
esperando el corte en el cuello
navego involuntariamente
traído por algún capricho de un ego

Una caravana de sinsabores
rodean el paso
el destino baja la mirada
tragando lágrimas
que refrescan sus llagas

saca un sollozo
que se sujeta a la otra orilla...
en la mano
se dibuja la ruta inevitable

y en la frente
marca su hierro
el misterio,
ese centinela de la vida...

***************************
Soportar el viaje
2018
Transmisor d Sinestesias©
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Las sombras que me habitan

Las sombras que me habitan
recorren mis entrañas,
poniéndole el matiz y el brillo a mis pupilas
y duermen cada noche
ancladas al calor de mi garganta.

Tienen nombres compuestos
con piel de cicatrices,
olvidos desterrados
y el eco de recuerdos.

De vez en cuando escapan
y en forma de susurro
dibujan siluetas oscuras en el techo.

Y quedan suspendidas
de un hilo misterioso
que van entrelazando
para tejer mis sueños.

Aurora Zarco.
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Tempus fugit

Acabas de leer este verso y ya es pasado.
Breve momento de tu presente ya olvidado.

El tiempo fluye.

El presente cesa de ser en el pasado
sin desaparecer.

Misterios del tiempo.

El próximo verso es futuro,
no es real hasta que sea pasado,
mediante el presente.

El tiempo pasa, pero no es pasado.
Viene, pero no es futuro.
Pasa, viene y llega el presente.

El tiempo es mientras cesa de ser.

El presente lo tengo siempre: permanece y cambia.
El futuro falta a veces, todavía no es.
El pasado es nostalgia, ya no es.

Existir es resistir, pensar es crear,
vivir es actuar en el presente.
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Que la duda...

“ Que la duda
no frunza mi ceño,
que el silencio no grite por dentro,
que el misterio no mate los sueños,
que las letras no mueran en cuentas,
que el amor acaricie los corazones…”

“que tu mirada no se pierda herida,
ni la mía huya llorando
sin despedida… “

“que tu alma brava deje a la noble,
que las palabras no sean borrones,
y los versos sean más poesía…”

“que los embrujos no sean hechizos,
y si, amores encontrados en
papeles y anotadores…”

“que salgan flores
entre las piedras secas,
y mil besos de tu boca abierta…”

“que sea cual fuera
tu diablo
mi demonio
lo ame entero,
que al entregarse
se muten Ángeles,
del negro al blanco,
de cuernos alas…”

“que para acabar este cuento
yo pueda estar en tu cuerpo
besarte por dentro,
y volver a salir para mirarte
a los ojos y amando morir…” Lola Bracco
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Existencias compartidas

Generalizadas las existencias del mundo.
Puntualizó a la mujer en que todo punto esta.
Piel a suavidad, visible saliendo del agua.
Tocar, para mis ojos.
Son rozar a distancia.
Respeto , que al nacer y la existencia del mundo nos puso en los pies al caer.
Temor, sin pudor, valorar la serenidad.
Valorar, puntos de visión
Tus labios.
Sonrisa.
Cuerpo.
Existencias evidentes de que hay deseo.
Existencias, antiguas ahora no cambian.
Solo en cuestiones del ego.
Evidencias, que me dejaste los ojos sin mirar a nadie mas.
Pensativa, atractiva, romántica.
Dejar huir, o elevarte hacia la copa con ganancia.
Escuchar la voz y tener ganas de poder añadir la existencia del sueño a la realidad.
No, hay país, ni calles, solo mi mente, su cuerpo desnudo con ganas de atraer la en
existencia mental.
Que me reclama, a gritos.
Adorable cuerpo estirado y existente, cerca del sol y de tactos del aire.
Quieto sin capacidad de moverse solo escuchar esa sirena de mar que me hablaba.
Alma exhausta que salía de mi boca, recitando o solo diciendo.
Quiero un beso, que pueda recordar hasta mí día de penumbra.
Toda existencia recae en nosotros.
Las posibilidades, hay que dejarlas caer, o hacer que caigan.
Un día la poeta dijo.
No me aburren los labios de nadie, los respeto.
Respeto la existencia del cuerpo, aun así el orgasmo declara la divinidad de la mujer.
Y el gusto de la pasión.
La nocturnidad, esta hecha para desplegar todas las sensaciones que el alma recoge.
Que realmente piensa mi existencia personal.
Piensa en como la impotencia le impone a esa existencia dura pero tierna delante de sus ojos.
Miedo es posible, no quiere bofetadas, diciendo sus verdades intimas.
Lo intimo crece y lo correspondiente a todo se aumenta con la posible debilidad del alcohol.
Escribo en general la existencia aunque ni a veces exista como tal,
la hacemos florecer nosotros, con nuestra propia magia aun así con misterio.
Volvería a empezar, desde 0 y dejaría mis manos en tu piel.
Sin arrastrarme por tu desobediencia ante una escrupulosa decisión de retención.
Desfase de costillas, dolor de cuerpo.
La existencia también recae, a la desobediencia que produce dolor intercostal
Puede llegar ese dolor al corazón donde hay tantos ventrículos, venas y tapar alguna que pueda hacerte morir hasta sentirte extenuó
Ya no reclamaría mi cuerpo ni mi existencia. Solo tu piel y tus labios por una noche.
Y tu voz escuchándote reír.
Definitivamente estoy atrapada en este teclado, sabiendo que el secreto permanecerá. Solo ante mis ojos.
La afabilidad de la vida pondrá todo en su lugar.
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Ley de atracción

La ley de la atracción se basa en órbitas,catalizadores, variables y alguna que otra incógnita que nunca han de resolverse, ya que el misterio es el elemento esencial en esta teoría tan subjetiva como poco acreditada.

Nuestros anhelos y voraz curiosidad cogen las riendas en arranque de lucidez o de temeraria ingenuidad. Eso que deseamos con vehemente pasión y alimenta nuestros sentidos (el sexto el que más) nos arrastra hacia encuentros inevitables, nos hace girar en el espacio y el tiempo, como caballos salvajes galopando a través de las estrellas.

Volvemos a creer. Somos invencibles.

Dentro de lo cambiante influyen y fluyen muchos factores, desde el desvarío atmosférico, véase aguas desbordadas, ventoleras o lunas fulgurantes, hasta la música que suene. Aquí hay que procurar que nunca halla exceso de violines.

Se permite la excentricidad en su justa desproporción, desde estampados florales hasta el más escandaloso de los aforismos. Hay licencia poética ilimitada para vivir.

Es esa ley que te empuja a querer saltarte otras, en cualquier estado,en especial el líquido.

Reacciones físicas espontáneas, química fuera de toda tabla periódica, e incluso encima de ella, donde haga falta.

Es un baile, un dejarse llevar, siempre a un lugar bonito. Los pasos también son palabras danzantes, diálogos súbitos a años luz, sintiéndose muy cerca. Incluso sin piel.

También hay dudas de las no razonables, ¿ Será un sueño?.
Con respecto a esto último, es mejor no cuestionarlo y dejar la ventana abierta para que trepe lo irresistible y se cuele en tu habitación.

Otro día escribiré sobre catalizadores.
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Amor por tango

Con un tango misterioso
Que me cantan de tu tierra,
Llévame a un lejano
Donde juntos estaremos
Con la musica porteña
Me confías tu tristeza
Y enamoraras sin prisa
Tras el baile, a la ligera

El tango que reúne gente,
El tango que abre corazones
Sus cantores - seductores
Sus amores son canciones

Como un musico del alma
Se inspira con los versos
Me enamoro con tus pasos
Que estamos compartiendo...
Ay, mi tierno compañero,
Aprovecha de la tanda:
Diez minutos seré tuya
Con pasión, en tu abrazo.
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Ahí también están los amigos

Quiero ir a donde la muerte no existe
a donde las flores cantan y no se marchitan
en donde el jade y la pluma del quetzal
viven con sabor a la madre tierra.

Tuvimos que desaparecer a donde no queda nada
en donde los tigres y las águilas
son solo un recuerdo de oro,
una pintura rupestre que se borra con los días mortales.

El corazón me atormenta sintiendo
el dolor aflige, me enferma
es un fastidio que causa la muerte,
como la lluvia del tiempo que embriaga con su misterio.

Los días fueron maravillosos, no teníamos nada
no existía el ruido, era como el silencio que daba miedo
cada vez que nos tocaba escuchar el rugir de un puma
a lo lejos de una oscura mañana.

Ahora vivimos llorando ante la pérdida
ya no existimos, solo somos la nada,
hemos desaparecido en la indigencia
de un corazón vacío.

Solo vinimos a soñar
y aunque estábamos desnudos
solo nos bastaba ver el sol y sentir su calor,
los ríos de lluvia escandalosa brotaban.

Se secaron como los sueños
somos vestigios viejos
en las ruinas de un pasado
de una primavera que se olvidó de ti.

Antes el poeta cantaba,
con su canto de capullos que florecen,
llovían sus palabras entre la vida y un momento breve, lo usábamos para contemplar a un cielo estrellado.

En vano mi corazón ha brotado
entre la nostalgia de una vida sencilla
entre la tristeza de un poeta
que le han robado a su cielo.

Como un pájaro rojo de fuego el tiempo ha pasado,
como las mariposas en un invierno crudo
por todas partes se ha esparcido,
como un colibrí en el dulce sabor de los labios.

Nos humillamos amando
ahí te esperan los enemigos,
con sus espinosas fachadas
con la cara asediada por la ignorancia
de no saber nunca nada.

Quiero ser como una ave que resuena con su voz
a todo pulmón
así voy rompiendo el dolor de un crisol
que se empeña en recordar el afán de una tierra perdida.

Ahí también están los amigos
con sus cuatrocientas voces
venciendo a las montañas
recibiendo de la tierra negra a un corazón
que ya no llora.

Mi corazón anhela una guirnalda de colores celestes
para no perderme en el abandono
de una vida que es preciosa
por su canto mudo de no tenerte,
ahí están los amigos, junto a ti.

Miguel Adame.
03/06/2018.
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¿Qué es La Vida?

Es la muerte del no ser.
Abrir y cerrad de ojos.
Una puerta sin cerrojos
que te invita a conocer

Es un momento de asombro
que no logras comprender.
Un instante de placer
o el sonido de un sollozo.

Es un río de emociones
que desemboca en tus ojos,
se desborda por tus poros
y se inunda en tus pasiones.

Es tan solo un fotograma
dentro de nuestro universo,
lleva escrito en el reverso
un sagrado pentagrama.

Es la busca de un sentido
en este barco naufrago.
Como ya decía Machado
"caminante no hay caminos"
mas que el de tus propios pasos
y el de los que van contigo.

El inicio de la suerte,
un misterio subsistente,
es un velo subconsciente,
es la cárcel de la mente,
es el fuego de lo inerte.
Dios que se volvió consciente
en el interior durmiente
de todo aquel ser viviente
con la razón suficiente
para cuestionar con temple...

y responderse...

Que es la Vida, sino el principio de la Muerte.
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Ciento once lágrimas

En un cajón yace
la caricia extraviada
flujos de sol alumbran
los restos de una esperanza
que se cansó de beber frialdad

No hay nieve
que haga hervir un alma
no hay silencio
que haga brotar palabras
no hay distancia
que haga sentir el latido...
misterio del abrazo

En un viejo zaguán
se refugia un último recuerdo
salpicado por intensa lluvia
de pretextos...

en la alcantarilla
está atorado
el barco de papel
de una tarde de sonrisas
a punto de ser tragado
por la corriente
de lo cotidiano...

Manos lastimadas no cierran
no retienen el amanecer
de la caricia suprema

la garganta traga los cristales
que ciento once lágrimas
dejaron entre los labios...

En algún punto
entre pecho y espalda
queda extraviada la daga
con que noche a noche
se lacera la carne
cuando el corazón duerme
entre tus memorias...

******************
Ciento once lágrimas
Transmisor d Sinestesias©
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27comentarios 181 lecturas versolibre karma: 105

Cargada de recuerdos...

Cargada de recuerdos
la iglesia se levanta,
encima la colina,
por manos encalladas,
está sobre la aldea
altiva y muy lozana,
sus piedras de arenisca
despiertan las miradas,
avivan los recuerdos
y vuelven las cantatas,
los graves misereres,
las misas gregorianas,
las bodas y bautizos,
los rezos a las almas
que marchan de nosotros
a tierras muy lejanas...

Y aquí quedo mirando
las piedras que me llaman,
las mismas que me cuentan
secretos sin palabras,
pues son esas paredes
un mundo con su magia
cargado de misterios
y bien de telarañas,
en ellos está el cirio,
las velas que se apagan,
el agua de la pila,
la luz de las ventanas,
también están las sombras,
la bóveda preciada,
el coro de los niños
el santo con las arras...

"...Y dentro de esta iglesia
la niebla se levanta,
se escuchan los susurros
dejados por las ánimas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
28/05/18
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Misterio

Vas por la calle, esa de la ventana
donde el viento mueve unas cortinas,
¿Será el viento?
Y pasas un día y otro y otro pasas;

así son los misterios de la vida.
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Usted, usted

Sabe
Usted siempre acercara mi vida a la muerte,
pero también me salvará de ella

Sabe
Usted es el abismo entre mis grietas,
pero también es el aire para subir de él

Sabe
Arránqueme las entrañas, devuélvame al abismo...
pero nunca nunca niegue mi existencia

Sabe
Usted es la armonía de la canción más bella,
pero también es el suceso en donde sonará tal canción…
de luto

Sabe
Usted es lo que yo siempre esperé,
pero también es lo que siempre se me negará

Sabe
Usted es el sacrificio de la vida,
pero también es idolatría para la muerte

Sabe
Usted es las letras que en este instante escribo,
pero también es la persona que nunca lo leerá

Sabe
Usted es instante,
pero también eternidad

Sabe
Yo solo soy acompañante de su soledad

Sabe
Cada mañana recuerdo que yo suelo amar,
pero también recuerdo que ese amor no es hacia usted

Sabe
Usted es luz y armonía en este espacio indivisible,
pero también es las leyes que lo gobiernan… siempre indescifrable

Sabe
Usted son los espacios de los mejores poemas que se han escrito,
pero también corresponden a mis silencios

Sabe
Cada mañana despierto en una situación incómoda por no tenerle,
y por no tenerle mi situación aún es más incómoda

Sabe
Deseo ser su vuelo por entre el trinar de los pájaros,
pero igual deseo ser ese vuelo para que se aleje de mí

Sabe
Usted es siempre siempre dolor, siempre siempre ausencia...
usted es siempre siempre misterio.
Y yo siempre siempre acompañante

Sabe
Siempre pensé en la ausencia como la falta de usted,
aunque también la ausencia (ahora) es la falta de mí

Sabe
Es idílico pensar en un encuentro más,
aún más idílico es pensar en que usted piensa en mí

Sabe
Ahora ya nada importa,
eso quiere decir que todo aun importa

Sabe
Siempre quise ser la autonomía de su cuerpo,
pero no imaginé que un cuerpo seria en partes igual al mío

Sabe
Arránqueme las entrañas, devuélvame al abismo...
pero nunca nunca niegue mi existencia

Sabe
El amor es tan complejo que aun las leyes son inservibles para su funcionamiento,
pero también es tan fácil que gobiernan el vuelo...
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El verso triste y la triste letra

En un bosque misterioso
en una casualidad se encuentran,
un triste verso en reposo
y una lírica y ajena letra.

En este bosque majestuoso
se saludan y se comentan,
admiran del bosque lo más hermoso
y ahora parece que se complementan.

Todo parece una linda amistad,
ellos aprenden de otros versos,
y leyendo otras letras empiezan a suscitar
en ellos, confusión: saludos, aprecios,
desnudos y hasta besos.

Confundidos en su existencia
ahora quieren imitar el amor humano,
queriendo vivir su propia experiencia
inventan pies, bocas, lenguas, etc y hasta manos.

Sabiendo que su existencia está en la poesía
y confundidos en esta mutua experiencia de sentimientos
se sientan a ver un vídeo de hermosa melodía
mientras en su ser, la confusión se manifiesta y va creciendo.

Ya la melodía en sus oídos,
y el saberse, del otro a un lado,
con el despertar de sus sentidos
se dieron el beso que nunca se habían dado.

Y ahora el triste pero atrevido verso
desnudando a la triste y atrevida letra de la A a la Z,
recibe de ella no solo un beso
sino su entrega toda en lo recóndito de la meseta.

Y allí, entregada toda
detrás del gran árbol,
recibe de su amado verso
el ardiente néctar de su lírica oda,
que como verso tallado en grácil mármol
la hace ver del universo las estrellas todas.

Y así, el triste y enamorado verso
junto a la triste y enamorada letra,
reposan el texto de un lírico sexo,
sedientos y saciados de sublime amor que al corazón penetra.

Ahora, del amor reposando mientras,
y mirando juntos en su nido,
el triste verso y la triste letra
se han dado cuenta,
que esta poesía les ha nacido.

Rafael Puello
Barranquilla- Colombia
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Poética

Después de escribir un poema haces otro, desechas los dos y lo intentas de nuevo, y la noche languidece sobre tus ojos, pero quieres seguir intentándolo, hasta que llega un verso mágico, y brotan todos los demás, en tropel, como una incontenible avalancha de palabras.

Sientes que la sangre se enciende, sientes que se te escapa un tesoro, sientes que no puedes controlarlo y escribes sin detenerte, con profusión.

Entonces lo lees, una y otra vez. Te suena el primer verso, los otros, no sé. Corriges, tratas de corregir, pero no puedes. Dejas de pensar un momento en el poema, lo vuelves a leer, y tu oído empieza a acostumbrarse. De tanto repetirlo, haces que te suene bien, de tanto decírtelo ya empieza a parecerte un poema. Pero te engañas, estás escuchando tu propia voz.

Piensas que solo si lo leen otros lo sabrás, pero sabes que ni aun así podrás descubrirlo, porque desconfías de los demás. Ellos no son poetas como tú, y aunque te guste escuchar halagos, recibir likes, leer comentarios que derrochan admiración y creerte un elegido, sabes que nada es seguro. Lo único verdadero es que no eres poeta antes de haber concluido un poema.

El día resurge en cada palabra. Sigues escribiendo y publicando con dedicación, hasta que alguien, desde unas líneas generosas te cuestiona que tú no eres poeta, porque escribes para los demás; eres más bien, un complaciente escribidor, o un pergeñador de frases intrascendentes.

Y en verdad, tú eres poeta cuando es honesto lo que expresas y puedes arroparlo de belleza y de misterio, aunque no lo quieras compartir, porque la poesía se hizo para que cada quien pueda descubrir la hondura humana, la propia y la de los demás… ya es de cada quien, tratar de conectarla con el resto de la humanidad. Y a veces se logra, y se hace la luz sobre el poeta; pero, en ocasiones, todo no es más que apariencia, que el tiempo se encarga de cubrir de olvido o vacuidad.

Y también hay ocasiones en que el poeta muere antes de nacer…
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