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Hidra de Lerna

Me preparo para enfrentarte
en esta dura epifanía.
¿Qué cabeza debo cortarte?
Oh hermosa Hidra de mil cabezas..
¿Acaso no sería un pecado
matarte hermosa criatura?

Me envenenas con tus caras
y me pintas con tus ojos
dejándome completamente verde.
¿Será que alguna de tus cabezas
me ama como yo te amo a ti
bella criatura?

¿Qué cabeza debo quemarte?
¿Qué cuello debo cortarte?
Solo aparecen más caras de ti.
¿Será que cada vez que sacó
una de tus caretas...
mato parte de mi alma también?

Ya me he visto perder esta lucha,
dime ¿qué debo hacer para que
no me arranques el corazón?
Oh maravillosa criatura...
¿Por qué has matado de amor?
ya me he visto sufrir en sus letras.

¿Dime me dejaras caer como a ellos?
solo quiero saber, a que ojos debo mirarte.
Los pies se me humedecen
por la sangre que sale de ti,
o quizás esa sangre sea una ilusión.

Criatura mitológica, respóndeme
por favor... No quiero cometer este pecado.
¿Será que amándote con locura
calmaras tú furia y disminuiras tu tamaño?
Déjame decirte que lo que me enamora de ti...
Son todas tus caras.
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ORGI (La lírica vive en el bosque)

El viento acariciaba,
la piel del agua clara,
encharcada en los regatos
escondidos por el bosque

El sol filtraba rayos de luz,
entre las desabrigadas ramas,
que en lo más alto de los robles,
milenarias danzas bailaban

Las hojas de acebo, brillaban,
como la luna llena desnuda,
una noche blanca en el cielo,
cuando la creación queda muda

El silencio pedía a tus ojos miel,
del color de mil flores, llenos,
que se enfrascaran en ancestrales,
silvestres y ubérrimos misterios

Tu y yo, pisábamos,
la hojarasca esparcida.
sobre el lecho blando,
de la humedecida hierba de los claros

Tu y yo, como el rocío en el sendero dejados,
buscábamos orquídeas,
esbeltamente solitarias,
para verlas sonreír

Tú y yo, padre e hija aliados,
escapábamos del duendecillo travieso,
que terminaba con la paciencia,
de los corzos asustados

La tarde heredaba,
la próspera historia del universo,
y adornaba el furtivo estanque,
con las hablillas mitológicas,
sobre príncipes hechizados,
por las lamias del lugar.

Tu y yo,
imitábamos el musical dialecto,
de las ranas bermejas protegidas,
mientras el pequeño, osado Simba,
valiente,
nos seguía los pasos,
con su alocado impulso polichinela

Éramos,
todo el séquito que transitaba,
estudiando el área,
del centenario robledal.
.
El domingo vino y se fue,
a lomos de tres unicornios blancos,
que pastaban con la yeguada.

Atrás, bajo el sombreado humedal,
se quedó aposentado,
ese resto del pleistocénico mar,
que nutre de primaveras y otoños la Ultzama.

(El pequeño dormía,
con picachu en la mano, de un tirón hasta mañana.
Su hermana dejó abierta, de par en par la ventana,
por si gnomos alados,
vinieran de noche a abrigarla)
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Valquirias

“Otro maldito suicida” pensaba, mientras tenía en su mira a una camioneta que avanzaba a toda velocidad hacia su posición. Optó por disparar primero a la rueda delantera izquierda, luego a la cabina del conductor. Los disparos fueron ejecutados con precisión.
La camioneta descontrolada impacta a 30 metros de su objetivo. La explosión pudo escucharse a kilómetros y las esquirlas se desparramaron a cien metros cuadrados. Una de ellas le rozó la frente provocando un hilo de sangre. Pronto cayó la noche y recibió a su relevo con alivio. Así terminaba otro día en Kobane para el alemán Niklas Schaeffer.
Su abuelo fue condecorado con la Cruz de Hierro en la última gran guerra, y la posibilidad de pelear en el bando de los buenos, fue suficiente aliciente para viajar a Siria. La imagen de las mujeres kurdas defendiendo la ciudad y su dignidad fue como un imán irresistible. Ellas le recordaban a las mitológicas valquirias convocando al campo del honor a los hombres de coraje.
A la mañana siguiente retoma la rutina, sus mandos consideraron que su posición
en esas instancias del conflicto era estratégica, por lo que su flancos serían cubiertos por una mayor cantidad de refuerzos. El sol caía pesadamente sobre la tarde y parecía que todo transcurriría sin sobresaltos. De pronto una ráfaga de fusil AK47 perfora un muro de silencio y se desata un infierno. Con apoyo de morteros, se desplegaban olas de atacantes. En una de estas, un yihadista se las ingenia para superar las líneas de defensa y queda inesperadamente frente a frente con Niklas: se miran y se encañonan unos inexplicables y misteriosos segundos. Un estruendo y un hoyo en el pecho del atacante terminan con el encuentro. Niklas mira hacia atrás y recibe el saludo de una compañera aún con el fusil humeante. Luego de tres horas y unas cuantas bajas de ambos lados, llega apoyo aéreo para los defensores. Certeras bombas logran que los fundamentalistas finalmente inicien la retirada.
Cuando el silencio nuevamente impuso su señorío Niklas se acerca a observar el cadáver de quien, casi lo asesina y descubre un rostro de rasgos germanos escondidos en una incipiente barba. La última vez que lo vio fue hace tres años, en una reunión social, su amigo Otto Dost le había rechazado una jarra de cerveza fresca, pues se había convertido recientemente al islamismo.
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Reminiscencia de invierno (parte III)

El día de la cita, ambos han salido temprano del trabajo. Salvatore casi quería lanzarse en caída libre desde el piso setenta y siete de su torre de cristal, con tal de llegar temprano; pero, ¿es una cita en verdad? Alessandra le rogó sobremanera a Claudia que llegase a las 4:00 en punto de la tarde a relevarla. Que no quería correr riesgos. ─Hoy no te me puedes enfermar; llueva, truene o relampaguee, estás aquí en punto de las cuatro ─le dijo esa mañana por teléfono. Cinco minutos antes de las cinco, ambos caminan hacia la puerta de entrada de la cafetería. Alessandra viene del sur, él del norte, casi caminan al mismo ritmo, a pesar que él es diez centímetros más alto. Un tímido y soñoliento sol, de esos que no abundan en esa estación, los divisa con atención desde el horizonte lejano, abriéndose paso entre incontables edificios y avenidas, como quien ve una comedia romántica y lleva rato ansiando el mágico encuentro de los protagonistas. La penetrante mirada de ambos se saluda a la distancia, cual rayo láser que rompe el viento. Antes de entrar se dicen un simple "hola" y Alessandra le da un beso en la mejilla, no tan ligero, que alcanza a sonrojar un poco a Salvatore. De inmediato se dan cuenta que en el lugar no cabe un alfiler. —¡Qué va! Aquí no cabe ni el helado viento de la calle, si quisiera entrar. ─dice ella— Sabes, en la oficina escuché que en la otra manzana hay una cafetería pequeña, artesanal, atendida directamente por su dueña, una señora oriunda de Antigua Guatemala; y sirven un café guatemalteco exquisito ─responde él.

El camino hacia el "Café de doña Juana" se les antoja larguísimo, como para vivir una vida juntos mientras caminan a paso muy lento, como quien disfruta con algarabía el trayecto sin ansiar el destino. Por ratos Salvatore camina de reversa, frente a ella, para escuchar con atención la historia de como estableció su pastelería con su amiga. Ella lo regaña, que el pavimento está muy resbaloso, que camine bien. Esboza él una leve sonrisa que le ilumina el rostro y que a ella, simplemente la enamora. Luego de esa hermosa eternidad de su caminata, llegan a destino. Doña Juana los recibe abriendo la puerta para que entren. Es una señora llenita, más bien gordita, cara muy redonda, ojos color miel; tiene un rostro que recuerda un intenso sol de verano. Usa un atuendo muy particular, una especie de traje típico indígena que no pasa inadvertido. ─¡Pasen, pasen jovencitos, entren a calentarse que afuera está muy helado! No me parece haberles visto antes ─les da la bienvenida─ La verdad no conocíamos este lugar, apenas hoy escuché de él ─responde él─ Es extraño, yo tengo una pastelería a pocas manzanas de aquí y nunca se me ocurrió venir a caminar por acá, me habría encantado descubrir este acogedor lugar desde antes ─concluye Alessandra. Juana los lleva directo a una mesita encantadora, en una esquinita con vista a la calle, les enciende una vela primorosa y le baja intensidad a la lámpara más cercana. Les toma la orden y en menos de lo que canta un gallo está de vuelta con dos bebidas tan calientes, que queman el paladar aún a milímetros de distancia. La conversación abunda. Las horas vuelan como gaviotas que se pierden en el horizonte. Ninguno se atreve a mencionar el sueño que los atormenta desde su encuentro previo. Ambos se olvidan por completo que existe un prometido que estorba. Salvatore menciona sin mucho énfasis el "¡Despiértame del olvido!" de la nota. Ella piensa que es una broma que él le hace (honestamente no se acuerda haber escrito tal cosa). Se ríe un poco. No insiste él. Imagina que fue una broma de ella también. El tema pasa rápidamente a segundo plano. Cuando la cafetería está a punto de cerrar, se acerca un muchacho de baja estatura, piel morena, con un leve acné propio de su edad; hijo menor de doña Juana, un adolescente bastante flaquito, con una sonrisa de oreja a oreja; los saluda y empieza a recoger platos, tazas y cubiertos de su mesa. Cuando casi termina de recoger, los ve de cerca con extraña curiosidad y atrevimiento: —¡Alessandra y Salvatore! Queridos amigos ¿dónde se habian metido? Hace más de dos años que no les veo ─y desde el fondo recóndito del lugar, la voz de doña Juana irrumpe e interrumpe al jovencito con un grito ─Tony, apresúrate que se hace tarde para cerrar y acuérdame de ir a comprar ese libro que dijo Carlos ayer, el de "Las cascadas del Oblivion", de ese autor raro, Lette Anón ─en ese instante se le borró la amplia sonrisa al chico y sin terminar de recoger las servilletas sucias, pide disculpas, dice que los ha confundido con otra pareja y se retira de inmediato a la cocina. Ellos se miran con semblante atónito sin decir palabra. Reducen el ritmo de la charla. Han quedado muy pensativos. ¿Qué ha significado esa confunsión del chico? Es algo que atormenta a Salvatore particularmente. Tony les había dejado el ticket en la mesa. Salvatore deja 15 dólares. Le pone el abrigo a Alessandra. Salen a la calle sin decir nada. Al instante aparece el Uber que Alessandra había pedido minutos antes. Salvatore le abre la puerta, la despide con un beso en la mejilla, sin decir adiós.

En el apartamento de Alessandra, Salvador, su prometido, la está esperando con una cena especial. Esa lasaña que es su especialidad, la prepara él mismo, y una botella de merlot. La recibe con un efusivo beso francés, y aunque Alessandra se siente más bien agotada y con ganas de irse a la cama, responde el beso con una fingida emoción. Cenan entre velas, pasta y el merlot que se acaba rápidamente. Alessandra nunca le ha mentido y sin embargo se ha excusado de su llegada tarde dadas las horas extras que han tenido que abrir la tienda de repostería, lo cual es cierto pero a medias, ya que ha sido Claudia a solas, la que ha atendido la tienda esa noche. Antes de llegar a casa, Alessandra le ha pedido por WhatsApp que sea su cómplice en esa cuartada, sin darle razón, que mañana le explica; Claudia accede con vivaz curiosidad. Alessandra borra la conversación antes de bajar del Uber. Con remordimiento y culpa ella brinda por los 18 meses que están cumpliendo de estar comprometidos y los 6 meses de vivir juntos. ¿Cómo pudo olvidarlo? ¿Cómo pudo acceder a esa "cita" con Salvatore el mismo día? Luego de la cena, Salvador lava los platos velozmente, no se quiere perder el postre en la cama. Alessandra sigue muy pensativa sobre su segundo encuentro con Salvatore. Esa sonrisa seductora de él se repite en su mente una y otra vez. En 7 meses, quizás en 10, estará casándose con su prometido y piensa que nunca ha tenido esa sensación intensa de enamoramiento con él. Siente que lo ama, ¿pero desde cuándo? ¿cómo surgió ese sentimiento? No lo recuerda con claridad. Salvador es todo un caballero. Un hombre exitoso en su pequeño emprendimiento de citas por internet. Un negocio que se toma muy en serio, para unir allí a verdaderas almas gemelas. Siempre ha sido atento, cordial y correctamente cariñoso con ella. No puede quejarse de nada. Excepto de no encontrar el porqué lo ama y el porqué se va a casar con él. Toma una ducha caliente, rápida, mientras Salvador friega los platos. Uno y dos sprays en los lugares particulares en los que Salvador más se recrea sobre su piel; con ese perfume francés que él le regaló el San Valentín pasado. Usa la lencería de color negro que él le obsequió precisamente esa noche. Ella le dijo que olvidó en la pastelería, esa bufanda hermosa que a él le había gustado tanto en esa tienda exclusiva de caballeros (aunque él tiende a vestir sencillo), que había salido a prisa al mediodía a comprarla durante su hora de almuerzo. Todo inventado. Tendría que hacerlo a la mañana siguiente. Se pone las medias negras con sujetadores que le llegan a la parte alta de los muslos, y esos stilettos altísimos, color vino tinto, que él tanto disfruta quitarle durante el juego previo. Media hora se va en un abrir y cerrar de ojos para Salvador, que en verdad parece disfrutar su merecido premio por ser un novio ejemplar y por todos los detalles de la velada. Sobre todo, por no olvidar tan importante fecha, cosa que no es propia de su género. A Alessandra se la hace una eternidad. El sexo es muy bueno con Salvador, es un amante excelente y se esfuerza por estar en buena forma. El crossfit que practica cinco veces por semana, más los treinta kilómetros que recorre en bicicleta de montañana, rinden resultados. Nunca se apresura al coito. Es magnífico en el juego previo. Pero como que siente que ella no está del todo allí. La excusa en su mente, pensando que debe estar exhausta de las largas horas de trabajo en su tienda. Y Alessandra no está del todo allí, devuelve los besos de buena gana, pero le saben al fuego de un amante en Milán que nunca tuvo. Se humedece y recibe las embestidas con leves aullidos que se apagan en un grito callado, pero algo sabe diferente, su cuerpo siente y no siente, en parte fantasea con la desnudez de Salvatore (desnudez que aún no conoce).

Son las 11:30 de la noche. Salvatore no concilia el sueño. Toma su teléfono, abre el buscador de internet. "Oblivion", "Lette", "Anón". Busca separadamente, y en distintas combinaciones. Oblivion, latin de "olvido". Lette, griego romanizado del griego antiguo "Λήθη". En la mitología griega, un río del Hades, donde los muertos eran obligados a beber, para olvidar por completo su vida pasada antes de reencarnar. No encuentra mucho más. Todo es para él pura cursilería mitológica. Debe haber algo más. Le marca a Solomon, un compañero del trabajo. Que siempre se jacta de ser una especie de hacker y geek empedernido, que bucea sin problemas en lo profundo de las oscuras aguas del Dark Internet. Allí debe estar la respuesta que busca.

(continuará...)

@AljndroPoetry / xii-17
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Utópica distopía de la realidad

Nos empeñamos en creer
que este plano existencial infinito
que llamamos universo cosmos firmamento
alguna vez dio a luz a una roca incandescente
que al enfriar su núcleo ardiente
y en el más improbable y remoto
de los improbables eventos del azar
dio paso a la vida...

vida que plantó e izó su bandera de victoria
sobre una esfera anegada de materia inerme
hace tantos millares de milenios mileniales...

vida que forjó su camino que luchó tenazmente
para no extinguirse ante la espeluznate adversidad
de un cosmos que había nacido muerto...

vida que floreció, se esparció, se multiplicó,
evolucionó y hasta al universo mismo
casi en su totalidad entendió...

y también maliciosa, envidiosa, desidiosa,
mentirosa, menesterosa,
homicida se volvió...

y por la muerte la vida fue acechada
y por la vida misma la vida fue acechada
y por la ineludible inevitabilidad del omega
la vida fue acechada.

Pero la realidad es que no hubo nacimiento...

gestación sí, sí la hubo,
preñado quedó el universo de un engendro
que por millares de milenios
se proclamó la guinda del pastel
de la creación...

¿creación?

¿qué no había sido un accidente del azar?
un golpe de suerte de dados cósmicos cargados,
un as bajo la manga del vacío,
un vacío y una nada
que misteriosa, mágica, cabalística y místicamente
contenían desde ya al todo...

un todo
donde cabía la vida y la muerte a la vez,
el amor abrazado del odio,
la envidia encamada con la piedad,
la materia en comunión íntima con la antimateria,
la oscuridad anudada a la luz en un nulo claroscuro indefinible,
la crueldad de la mano con la misericordia...

un todo en una nada...

insisto, que no hubo nacimiento
solo gestación...

y el cosmos arrepentido del engendro aberrante
que germinaba en sus entrañas
decide abortar;
abortar la vida, abortar la muerte,
abortar el alfa, abortar el omega,
abortar el tiempo, abortar la eternidad,
abortar y absorber,
consumir, concentrar, compactar
un todo categórico
en una nueva nada y vacío absolutos...

y los creyentes y los escépticos
y los fanáticos y los antifanáticos
y los que creían en todo
y los que creían en nada
y los que estaban a favor
y los que estaban en contra
y los que estaban en contra de los que estaban en contra
volvieron todos al zigoto vacío primigenio.

Jamás hubo nacimiento
ni vida, ni amor, ni odio,
ni cronos, ni infinitud;
fue todo una quimérica fantasía alucinante,
el anhelo de un firmamento imaginario
que soñaba con el ser y existir;
la utópica distopía onírica
de una deidad tortuga mitológica
que flota sobre el líquido amniótico
de la inexistencia absoluta.



@AljndroPoetry / xi-17
(@SolitarioAmnte)
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Necesitando silencio

Un estruendo,
dentro...
Evidentemente que os comprendo: los ostias, la esterilidad,
los salivazos, las puñaladas por la espalda.
...nuestros antepasados hacían lo mismo.
Y jamás fallaban.

Pero yo, un intento de poeta,
manifiesto que la vida es maravillosa,
que la noche y tu piel son majestuosas,
la luz de los libros,
el cd de Bach, los pájaros del parque,
conducir la bicicleta, estar en pijama todo el domingo,
salvar al atún,
destruir las gasolineras,
y, para que figure…
bla bla bla, y con todas mis facultades,
creo que dios debería hallarse en algún lugar.

Se necesita el silencio.

Aunque el silencio está repleto de árboles que murmuran
acunados por el viento, arrullos al despuntar el día.
De veleros lejanos y onomatopeyas de ferrocarriles.
De nombres mitológicos, del goteo del paraguas,
de páginas que se pasan, de saltos sobre charcos,
de moscas, de perros,
de princesas apoyadas en el alfeizar,
de príncipes republicanos.
El silencio es un hundimiento de acuario,
un nubarrón que llora,
un pétalo que se desprende,
una brizna solitaria, una hilera de hormigas,
e incluso algunas veces, un Muisca
escuchando el estómago de la madre tierra.


Canet
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Del amor y otros mitos

Y aquí estamos,
par de conquistadores inconquistables;
yo tan Alejandro Magno,
tan Darío,
tan Gengis Kan;
tú tan Reina de Amazonas,
tan Cleopatra,
tan Helena de Troya;
y yo tan caballo de madera.

Par de deidades
con pies de barro,
yo tan Zeus del Olimpo,
tú tan Frigg vikinga,
tan Valquiria,
tan Venus de Milo;
y yo tan Sansón sin melena.

Si soy centauro tú eres sirena,
si soy Perseo tú eres Medusa,
si soy sol tú eres luna.

Tan grandes y tan pequeños,
tan todo y tan nada,
tan nuestros y tan ajenos,
tan siempre y tan nunca.

Y aquí estamos.
Par de conquistadores incoquistables.
Tan mitológicos como lo nuestro.


@SolitarioAmnte / viii-17
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Las Dudas

¡Oh, Dudas!
Las invoco para que
pueda narrar mi desgracia,

ustedes que son amigas
de las Decisiones difíciles,
parientes de los Temores,
hijastras de la Conciencia;
por desgracia de padre dudoso y diferente,
pero al final son hijas del Destino.

Se encargan de atormentar a los mortales,
les provocan malos recuerdos
con ayuda de las Memorias;
siembran en nosotros su funestas simientes:
las Preocupaciones.

Liberan a ese terrible ente, en su boca tiene dientes
con los que destazaría a un elefante en segundos
tiene unas garras muy fuertes y filosas,
cuando
las usa sólo logras sentir una pequeña brisa mientras
lentamente caes en el charco de sangre;
además
porta una cadena hecha con todas las lágrimas de dolor,
así, ustedes diosas, han criado al Remordimiento.

Ahora soy presa de ustedes,
ya que Eros junto con Afrodita
me han dado la espalda,
han dejado que caiga del barco,
en este oscuro y turbio mar;
sigo esperando a que regresen
para ampararme, pero no vuelven,
ni Atenea a jalado los hilos,
que me llevarán a mi hogar.

He empezado a perder la fe...
me hundo...
siento como el agua salada entra por mi boca...
y lentamente llena mis pulmones...
y mi corazón...

Despierto,
no sé donde estoy,
¿será el cielo o el infierno?
logro levantarme y ver con claridad;
ahora estoy en su reino,
un lugar frío,
donde reinan las Mentiras,
los gemelos Dolor y Sufrimiento,
el Desamor, la Antipatía, y su cruel hermana la Indiferencia;
este mundo cubierto por sombras se llama:
REALIDAD.

¡Oh grandes diosas!,
les imploro que me abandonen,
realmente no deseo sus dones,
ni vivir
bajo
su
protección;
ahora deseo que me dejen con una sola diosa,
aquella fugitiva
salvadora de almas,
que sólo te ayuda cuando todo está
a las orillas
del horrible
Tártaro,
te invoco a ti...

¡Oh Cordura!
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Romeos sin Julietas y Julietas sin Romeos

La primera vez que la vi, sentí algo que jamás había experimentado. Una sensación ajena a mí; era como si no pudiera controlar mi propio pensamiento. Pasó por mi lado levantando una suave brisa perfumada del más dulce aroma. Se sentó justó detrás de mi pupitre, al lado de Ester. Parecía un ángel, y desde ese mismo instante no pude quitármela de la cabeza. En clase estábamos empezando a leer a Shakespeare, y más concretamente a Romeo y Julieta, y la atmosfera embriagadora de la obra comenzaba a proyectarse en mi cabeza. ¡Oh Julieta! ¡Mi Julieta! Pensaba torciendo disimuladamente la cabeza hacia atrás para contemplar su divino rostro. Pasaron los días, pero no me atrevía a hablar con ella. A las pocas semanas Ester nos presentó, ya que ella sospechaba algo, pues me conocía muy bien, ya que nuestros padres eran vecinos de toda la vida, y ella y yo nos habíamos criado prácticamente como hermanos. Se llamaba Valeria. Era fácil perderse en sus verdes ojos, que reflejaban la inmensidad de los mágicos océanos de hierba de las tierras mitológicas del Este. Su mirada era hipnótica, al menos para mí. Sus cabellos dorados resplandecían como el Sol estival, y su rostro parecía esculpido con una perfección milimétrica. Todo en ella era sensualidad y elegancia.
Continuaron las clases, y día tras día la relación con Valeria fue a más. Al principio mantenía las distancias, pero gracias a Ester nuestra amistad fue en aumento. En pocos meses los tres nos hicimos inseparables. Todo parecía ir bien, hasta el día en que me declaré. Yo confiaba en Ester, a la cual le contaba todo lo que sentía por Valeria, y ella parecía entenderme, aunque solo lo aparentaba. Ese día, salimos los tres al Stikers Bar, local donde nos juntábamos la mayoría de estudiantes y jóvenes de la zona. Buen ambiente, buena música y mejores precios. Mike y Daniel, mis dos mejores amigos frecuentaban el local, ya que el garito era propiedad del tío de Mike, y cada semana ayudaban a limpiar después de cerrar a cambio de un pequeño sueldo. Nos saludaron y se sentaron con nosotros. Ellos sabían lo que sentía por Valeria, así que intentaban alagarme con cumplidos, que de otra manera jamás me hubieran dicho. Pasado un rato le dije a Valeria que quería hablar tranquilamente con ella. Salimos fuera. Allí le confesé lo que sentía, y su expresión cambió completamente. Parecía no entender nada. ¿Y todo lo que me decía Ester? ¿Acaso no ha hablado con ella? Mi cabeza se quedó helada. Valeria me explicó que Ester estaba enamorada de mí, y entonces todo mi mundo dio un vuelco. ¿Quién lo iba a decir? ¿Ester enamorada de mi? Nunca lo hubiese imaginado.
Fue en ese preciso momento cuando una inoportuna llamada interrumpió la conversación. Era Ismael, el desconocido novio de Valeria. Un tipo cinco años mayor que nosotros. Esa noche llegaba de viaje, y Valeria quería presentárnoslo. Fue entonces cuando decidimos hacer como si esto no hubiera pasado y seguir adelante. La noche no fue como esperaba. Después de esto, mi relación con Valeria y Ester fue poco a poco desgastándose. Ya no éramos ese inseparable trío que hacía todo junto. Al año siguiente nos marchamos a la universidad sin coincidir ninguno. Valeria se fue al Norte, cerca de Ismael, Ester se quedó en la ciudad, gracias a una buena beca, y yo marché a Europa. Necesitaba un cambio de aires. Años después encontré la obra de Romeo y Julieta en unas cajas que guardaba en mi apartamento de Verona, ciudad llena de encanto, y en la que resido desde hace años gracias a mi trabajo como guía turístico. Todavía hoy, me siento delante del balcón de Julieta, atestado de turistas disparando con sus cámaras fotográficas rememorando aquel primer instante en que vi aparecer a Valeria.
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Fabúlica Cántiga

a LH

Sórdida lápida abúlica
Elévasme, lívidas
Lánguidas súplicas
Evádesme, Hespéride
Hieráticamente.

Fractálida prímula fáustica,
Crisálida límpida,
Romántica Sílfide,
Ínclita vuélvete
Escúchame.

Noctámbulo inspírame mórbida
Castálida crédulo,
Polícroma etérea
Estólida cántiga
Luciérnaga.

Lúdicas máscaras tiéntanme,
Nombrándote, deíficas,
Cariátide hermética,
Titánide púdica,
Hermosísima,

Gitánica nínfula mítica,
Oráculo artífice,
Tántalo erótico,
Fatídico límite
Mefistofélico.

Trópico priápico ígneo,
Tríptico sátiro,
Cálido incítame
Pánico estrépito
Orgásmico.

Fémina lúbrica ubérrima
Anfítrite idílica
Entrégate orgiástica
Oceánide mística
Extáticamente.
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