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Le diría

Un casi recién nacido
me observa entusiasmado
desde el otro extremo del vagón.

Posa sobre los cristales
sus manos inocentes
que nada conocen,
y los pies candorosos
sobre la poca paciencia de su madre.

Contempla ese cielo desmedido del que huimos
mientras se me engastan el rugir de las horas
en un bosque de recuerdos hechos humo.

El niño se ríe.
Me mira de nuevo.
Se vuelve a reír.

Y yo me digo que podría decirle
todas esas cosas que no sabrá
hasta dentro de unos años.
Que, a veces, el empeño
se convertirá en ceguera
intentando encontrar aquello
que ni sabrá que buscaba.
Descubrirá que
no sirven de nada las búsquedas
porque al final nadie
termina por encontrar nada.

Le contaría que cuando todo sea jaleo
y montañas de preguntas por desmembrar,
quizás alguien levante la mano
y quizás las cosas que daba por sentadas
quizás vuelvan a ponerse de pie.

Podría decirle que, un día,
entre mucho cuento y patraña,
plantará una enredadera en el jardín
para así crecer paciente, aguerrido, honrado,
y ser querido y querer mucho
antes de estamparse contra este mundo
tantas veces vacío.

Podría explicarle que, un día,
la verdad se plantará en su calle
y esperará implacable para,
después, despojárselo todo,
incluso la inocencia, incluso la paz.

Podría decirle entonces que,
ese mismo día, esa misma verdad,
le hará arrodillarse entre sollozos
para no tener que morir entre sus brazos.

Y le diría que, a veces,
la vida será así
y que debe estar preparado.

Le diría tantas cosas,
que el niño se vuelve a reír
y yo prefiero callar.
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Sin amanecer

Miento si deslizo en mis palabras
el deseo de querer morir

Hallo tormento en el rotundo silencio
por querer vivir sin ti

Mañanas de un alba celeste
enmarañadas en tumbas de mi mente

Se cansa la mentira
estirada en las estrías de mi piel

Dolor sin rumbo
durmiendo en ojos de hiel

Miento cuando en mi corazón
acuno al tormento

SCDT
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4comentarios 54 lecturas versolibre karma: 93

El último secreto

Basta con abrir el cajón de tus recuerdos
para darte cuenta del desorden
que ocasiona tú pasado en una culpa
que se apega para bien morir.

Yo no seré uno más de tu colección de culpas,
vives como si solo estuviéramos aquí
para consumirlo todo
hasta dejar simplemente de existir.

La familia para ti siempre fue un teatro de sombras
verdades y mentiras
relatos de una infancia carbonizada
por unas cuantas imágenes que no se olvidan.

Tal vez necesitarás millones de años
para convencerte que ese enojo
te llevará a convertirte
en eso que tanto te molesta.

¿Yo quién soy para juzgarte?
nunca seremos pensamientos exentos
ante la mirada inquisidora de aquel que quiere
aprovecharse de tu locura.

Nada me cuesta amanecer honrando a la vida
he visto cómo el cáncer llega con el crepúsculo
de los asuntos pendientes
que solo hacen amanecer en las tinieblas.

Solo me preocupo por vivir y dejarte vivir
maltratando a nuestros miedos
hasta conseguir envenenarlos
con la esperanza suficiente para poder partir.

El milagro de la vida amanece
sin la oscuridad de una noche
que se siente cómoda en las tinieblas
ahí es donde entro con un salvavidas que no sé usar.

Nadie me entreno para soportar
el terrorismo de tu mirada
que renuncia a seguir luchando
porque restas a todos chantajeando voluntades.

Yo sobreviví a los mismísimos dolores
que te corrompen sin ninguna prisa aparente
yo te enseñaré calladamente
que el último secreto es amar para vivir.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
17/11/2018.
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14comentarios 229 lecturas versolibre karma: 106

Las cosas que siempre fueron gratis

A veces los delirios se transforman
en pedazos que ya nadie recuerda
se vuelven recuerdos de una vida vieja
donde el vestigio del pasado
nos deja un desenlace intraducible
de unas últimas palabras
que balbucean irreverentes la última esperanza
para no morir de un eterno tedio.

Dicen que el polvo que navega frente a mis ojos
fue alguna vez tu piel
vivió de sus propias historias,
hasta que la realidad finalmente la abrumó
con un cansancio casi inerte por el frío
que bajó las defensas que alguna vez amurallaron mis sueños
jamás pude volver a dormir con esperanza y no tener que soportar
ese mañana en el que se sueña con ser mejor.

A veces la ansiedad aprisiona a los desvelos
con tantas ganas para no despertar jamás
que pintamos un cuadro lleno de ilusiones por lograr
las cosas cambian sólo porque tienen que cambiar,
nadie dejará de sujetar tu cuello amoratado
simplemente por una débil piedad
tienes que huir antes que las marcas
no se puedan borrar en realidad.

A veces las sombras dejan caer su suave velo
y nos muestran quienes realmente nos creemos,
tenemos miedo de olvidar nuestros sueños
por descuidar nuestro desvelo
desalineando nuestro cuerpo pensando que con eso
distraemos al cuidador de las poesías
a el amante de los versos
pero eso simplemente no sucede porque la prosa no tiene dueño.

A veces, solo a veces no es siempre
y rogamos olvidar todas las ofensas que se acumularón
como craneos en el caos del invierno
queremos quedarnos solo con lo que es bueno y saborear lo bien que se siente
intentarlo de nuevo aunque esas sean nuestras últimas palabras escritas
de una mirada que disimula no poder ya leer
nos hemos quedado sin el tiempo para comprar las cosas que siempre fueron gratis.



Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
16/11/2017.
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21comentarios 303 lecturas versolibre karma: 102

Hongos en el Cielo

El hombre pinta de espaldas hongos en el cielo.
En el cielo combustión de hongos por la mano del hombre.
El cielo llora desde sus adentros.
Una sola especie vestida de cenizas.
¡Caímos en la trampa!
Alguien inventó sacos de vientos donde reposarán nuestros cuerpos.
El hombre sufrirá vértigos,
el niño náuseas,
el abuelo caminará en fatiga,
la mujer distraída caminará preñada de hollín, cenizas y polvos.
… el hombre pinta de espaldas hongos en el cielo.
¿Quién resucitará los cuerpos que arden en el epicentro del hongo?
…el cielo arde, la tierra arde…
la mano del hombre ha creado el infierno y su fuego.
La tierra será un gran hueco.
La tierra será un gran crematorio.
Los cuerpos no resucitarán porque sus almas no hallarán dónde morar.
….el hombre pinta de espaldas hongos en el cielo.
Nadie tiene nombre porque no hay nombres que nombrar.
Nadie sabrá quién es quién,
porque el hombre pinta de espaldas hongos
en el cielo.

JOSE LARA FUENTES
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4comentarios 77 lecturas versolibre karma: 86

Con nocturnidad

¿Quién en sus labios puede sentir
la plenitud de la noche estelar
si la noche se ha esfumado como la poesía
dejando un mar de viento carmesí?

Nadie. Nadie lo hará.
Nadie te vio partir.

¿Quién ahora podrá escribir
lo que dicta la dama blanca
con su vigilante presencia
sin con sus versos morir?

Nadie. Nadie lo hará.
Nadie te vio morir.

Quiero volver a tu noche juvenil
oscura y marina donde mis ojos
puedan descubrir todas tus estrellas
contando la gran historia sin mí.

No podré. No lo haré.
Tú me hiciste escribir.

Ahora que la noche no quiere existir
ni en tus labios, ni en mis ojos
queda ya luna, flor y aliento
para oponerse al frío que ha de venir.

¿Por qué?¿Por qué no estás?
¿Quién me lo ha de decir?

Los dedos helados, sin gracia ni porvenir
los ojos forzados de tanta luz artificial
que quema, abraza, estorba y espanta
la belleza sublime de la noche sin fin.
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Lemniscata

Pero vivir, joder, ¡vivir!,
a pesar de estar vivos o tan muertos
como a veces estamos.

Pedro Andreu


Afuera la noche confusa. Dentro de mí,
una fiesta de estrellas.
Se me han olvidado los versos que duelen.
Tal vez, se parezca a la muerte
que tanto temía, tan lejos que estaba.
Ahora es mediodía de un domingo de mayo
y el sol me calienta.
Así... morirme sí quiero.

Estaba cansada de ser la tirita que siempre resbala
dejando la herida a la vista, sufriendo
la nada que deja de rastro tu ausencia.
¡Qué bien se consume la encina dentro de mi pecho!
Morirme de vida.
De ver cómo bailan estrellas fugaces
al ritmo de hoy entre mis caderas.
Ya, luego, mañana...
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13comentarios 121 lecturas versolibre karma: 97

Vivir maltratada

Del amor ya no espero nada,´
el morado de mis ojos me delata,
le quise con toda mi alma
le tendí caminos de oro
y puentes de plata.

Bebí los vientos y las aguas por él
de tarde, de noche y al alba le cuidé
el rey de mi vida en su trono de papel
cuentos de princesa, lunas de odio y hiel.

Mi piel almidonada está llena de llagas
heridas profundas recorren mi espalda,
mi corazón y mi alma, tengo rota la mirada,
mi vida está perdida, sucia y desolada.

Promesas edulcoradas, lenguas amargadas,
te amaré mi vida, ya, hasta matarme con tus balas
no me dejes corazón, y yo, despedazada, humillada
mi vida muda, sin palabras, la cara destrozada.

Pero se acabó lo que se daba,
hoy decidí que no hay gloria
en perder la vida por un ¿me amas?
verbo frío, dos míseras palabras.

Hoy ni tus suplicas ni tus golpes me callan,
hoy me voy, te dejo en tu castillo, alimaña,
hoy te destrono, te desdeño, te maldigo
hoy eres corona, de mi vida, desterrada.

Camaleontoledo*
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Tal vez

Tal vez no hablo de ti,
tal vez sólo hablo
de lo que significas para mí.
Tal vez no renuncio
porque tus ojos hablan tan lindo por ti,
ahí nacieron los primeros mándalas.
Tal vez no puedo tocarte,
ni siquiera hablarte
pero se que después
de librar mil batallas
tu rostro perfecto
no trae las guerras,
los besos lentos.
Me envuelvo mágicamente contigo,
y después viene la vida.
Tal vez no moriremos
y al final podremos querernos más.
Naces de mi intento de amar.
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La Decisión

«La luz de la luna iluminaba la habitación. Y el reflejo del acero se impregnó en el filo del cuchillo que él sostenía en sus manos. La gente siempre decía lo joven que él era. Él se sentía el más viejo de los seres que pueblan la Tierra, y ésa noche la soledad era su confidente una vez más. La casa estaba vacía otra vez, permitiendo a sus palabras salir de sus labios y ser sus oídos el único destino de ellas. Es la víspera de su cumpleaños y se encontraba sentado, completamente solo, sobre el piso de su cuarto. Ese cuarto decrépito lleno de viejos muebles, que sincronizaba con aquella vieja casa. Él sonrió. Pensó que no tenía nada de malo celebrar la fecha de su muerte el mismo día de su nacimiento… Y ése era su eterno problema: él pensaba demasiado… demasiadas cosas a la misma vez. Él sonrió otra vez por el análisis que hizo de sí mismo mientras jugaba con el filo del cuchillo sobre sus muñecas.
Un nuevo brillo llamó su atención y se percató del reflejo del acero sobre el largo espejo localizado en la puerta del armario, de aquel viejo mueble que se hallaba con las puertas abiertas. Sonrió agriamente y la alarma del reloj se encendió repentinamente. El recordó que estaba programada para encenderse antes de la medianoche, porque el disfrutaba mucho escuchar la radio sin tener que oír el parloteo de los presentadores: “música sin interrupciones”. Ese era el modo en que le gustaba pasar las noches del fin de semana: estar a solas oyendo viejas canciones. Ese pequeño detalle que le bastaba para mantenerlo con vida… pero ésa noche, ya no le era suficiente.
La decisión estaba hecha. No había marcha atrás.
Pero el Destino, la Providencia o la Suerte, sea como quieras llamarle, hizo que una canción en particular llamara su atención. Empezó a cantarla mientras la oía… cada palabra, cada verso, cada parte de la letra… Para muchos, era impensable que con menos de dos décadas de vida él no tuviera placer, deseo o fuerza para seguir viviendo. Pero así era. Y de pronto, él se quedó callado: “The world is… a bad place… a bad place… a terrible place to live …” es lo que él pudo oír mientras una lágrima caía a través de su mejilla. La luna era aún un testigo absoluto de todo desde la ventana del dormitorio, cuando un cúmulo de nubes la cruzó, dejando todo alrededor de él en completa oscuridad. Su mano seguía fuertemente aferrada al cuchillo cuando una lúgubre voz empezó a hacer eco en su cabeza:
– “Cobarde…”.
Se detuvo y abrió los ojos. No había nadie más pero allí estaba esa voz de nuevo:
– “Cobarde… ¿Cómo te atreves a enterrar de manera tan vulgar tu destino?”.
Miró a su alrededor y más que miedo, empezó a sentirse extraño. “¿Habré acaso cruzado la línea de la cordura?” – se preguntó.
–“No, no estás loco… – y la voz continuó. – ¿O es acaso que ya te olvidaste de mí?”.
Las nubes se fueron disipando y pudo ver la larga sombra de un ser que se encontraba detrás de él, aunque estaba consciente que lo único que tocaba su espalda era la pared de la habitación. Entonces, recordó que desde que tenía uso de razón, que La Sombra lo seguía y le hablaba. La Sombra le inspiró para tener coraje cuando él tenía que enfrentar a los matones de su escuela. La Sombra lo calmó cuando tuvo al frente por vez primera a la soledad. Era La Sombra quien le explicó que sus pesadillas eran más que simple sueños. Eran mensajes de una realidad que la mayoría de la gente desconoce su existencia. Pero la razón llegó y se interpuso entre ellos todos estos años. Éste ser, ésta Sombra no podía existir. Al menos es lo que decían los libros, los maestros, los psicólogos… Pero La Sombra estaba a su lado otra vez.
–“¿Recuerdas tu misión en éste mundo? – dijo La Sombra. – ¿Recuerdas quién eres?”.
Otra sonrisa ácida cruzó su rostro y clavó el cuchillo con un grito en el piso de madera de la habitación.
–“Soy la encarnación de Azrael...– musitó. – Soy quien pasea entre el Cielo y el Infierno a mi regalada gana… Soy el último ser que morirá…”.
La Sombra empezó a reducir su forma mientras la luna empezó a iluminar el cuarto una vez más.
–“Pues no lo olvides y cumple con tu misión. Hay demasiadas almas en juego y debes encargarte de todas ellas… la Libertad no es solo un derecho. Tienes que ganártela…” – y La Sombra desapareció.
Entonces se levantó, riendo como un lunático. Luego se detuvo, dejando que el silencio dominara todo a su alrededor. Tomó el cuchillo del piso y lo puso en su sitio. Arregló la habitación como si nada hubiera sucedido.
–“Es verdad… – susurró – Me quedaré aquí porque seré el último en morir. Y mi más grande placer será enterrarte primero…”.
Subió el volumen de la radio y encendió un cigarrillo, analizando sus siguientes jugadas en ésta vida…
–“Porque no existen las coincidencias, lo sé…”.
Y perdió la cuenta de los cigarrillos y las canciones… hasta quedar profundamente dormido… y en sus sueños, se pudo ver libre, esperando por su última hora… Era su futuro. »

© Larn Solo
Lima/Perú • 15/Jun/2015
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Montañas, alma mía

Tus venas te recorren el cuerpo velludo,
por donde tus poros exhalan el aire
que nos llena de vida.
Tu silencio es opaco,
como tus voces son el arcoiris de tu alma.
No siempre fuiste así,
no siempre albergaste la vida,
pues fue poco a poco
que vinieron a morarte, alma mia.
Ahora te defienden tus cabellos rizados
y tus moradas ya no están vacias,
arropas a los que beben de tu sangre
y transfundes tu simiente al aire, alma mía.
Duendes, nomos, hadas y ninfas
campan por los pensamientos
de los que te imaginan.
Quien te quiere te añora,
quien te odia te incinera
y quien te necesita es la vida,
alma mía.


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Visitante

Enclavado en plena selva, escondido en el olvido,
entre silencios y bruma, yace un secreto dormido.
Y las ráfagas de viento, que parece que susurran,
en medio de esa negrura, unas voces, en dialecto.
Las estrellas y la noche, Sol y perfectos solsticios,
que son los testigos mudos, de una verdad ocultada,
subterránea y taciturna, que al paso de las centurias,
se va tornando en leyenda, una ya casi olvidada.
La pirámide se erige, reluce entre la espesura
y en el fondo de su entraña, descansa una pared falsa,
que acorazada en un túnel, parece el mismo inframundo,
señalando con un triángulo una angosta escalinata.
Al final de ese camino, entre jade, oro y rocas,
una humedad invertida, ofrece el magno tesoro,
contiene una hermosa cripta, celosamente guardada,
una lápida de piedra y una gran loza pesada.
La morada en el final de esta vida para un ser,
que fue tratado cual rey, en un palacio real.
En la cámara mortuoria sus restos óseos destacan,
ataviados en esencias, tras riguroso ritual.
El relieve que sostiene, esculpido pulcramente,
en sola pieza tallada.
A simple vista es un hombre con gran penacho y melena,
va montado en una silla con total ingravidez,
luce una cabeza erguida y un peinado flotante,
un cuerpo muy concentrado y una mirada hacia el frente.
Las diestras manos se posan, en sutil actividad,
por demás meticulosa, casi delicadamente.
Los pies viajan relajados, posados sobre su asiento,
que a su vez es protegido por su vasta ingeniería,
en todo su complemento.
Según la vieja leyenda, la tapa muestra su muerte
y la serpiente custodia sus pasos al trascender,
el quetzal es el gran cielo y remata con la ceiba,
el viejo árbol sagrado que resurge de su pecho,
representa su poder.
Pero el secreto resuena desde la gruta del tiempo,
un singular tripulante, que maneja con soltura,
una gran nave espacial, con fuegos de propulsión,
el rey de linaje cósmico, Pakal, el Maya astronauta,
el cosmonauta ancestral.

EPadrón
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Mi arquitecto

¿Qué te llevas al partir, qué me dejas?
Una maleta llena de sensaciones e intelecto,
el dórico, simple y evolucionado,
amado soñador,
un sabio enamorado,
filósofo, arquitecto,
te elevas tan radiante, iluminando al viento.
Detrás de ti el axioma,
los teoremas,
los arcos y cosenos,
detrás de ti las voces de los grandes maestros,
Sócrates y Platón,
Fibonacci, Pitágoras,
el genial Aristóteles,
tu querido Da Vinci y Tales de Mileto.
Gracias por sumergirme en tan vasto universo,
por el escepticismo,
por buscar en la duda, más allá de lo expuesto.
Gracias por la alegría,
recuerdos remecidos, diálogos desvelados,
de guitarra y bohemia,
tu cristalina risa
y tu discernimiento.
Hoy viajas por la orilla de anhelado confín,
tan pensado e incierto.
Recuerda las preguntas...
¡ya tienes las respuestas!,
dialoga en el espacio,
con su fluidez retórica,
aprovecha las vistas,
juega con los volúmenes,
con el vacío apropiable,
diseña tu morada, con acuarelas vivas,
pinceles de energía
y adorna el firmamento,
con paisajes tejidos entre estrellas y métodos.
Y en esa perspectiva, maqueta de eminencia,
deja la salvedad de seguir preguntando,
si acaso ya sabrás,
que heredaste de ti,
toda una construcción de matices genuinos,
de enseñanza perpetua,
como tu corazón,
que vibrará por siempre,
en mi trozo de cielo.

© EPadrón
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Almas rimadas. Tercera parte

La palmatoria es mi aliada;
volutas de humo serpentean mi alcoba,
gráciles sombras reclinadas en mi cama
susurran tu morada
Por ti salgo de madrugada
con capa bordada de escenas almibaradas.

Sin mi alma rimada
Mi vida es un tugurio,
inmisericorde y de mal augurio.

Te espero en la estancia amurallada;
el claustro que arropa nuestras miradas,
donde el licencioso tacto en muselina
deviene en magma la piel entretejida.
Divina glotonería
que abruma al espía.
Crisol de amor
que miscelánea oración
reverbera en el extrarradio;
fragor insomne y sublimidad en el goce.

Mi alma rimada;
contigo siento el alma mimetizada,
y no puedo desandar el camino,
ni arriar las velas del navío.



Marisa Béjar, 04/11//2017.
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En esta ciudad se calla

Gritan

Soy el silencio de las enmudecidas.
Soy unos labios prestados a los cosidos.
Una boca hecha de alfombras
cargadas con un cuchillo de acero.
Un silencio transformado en golpe,
el del puño al estómago,
al labio y el alma,
para que no hable.

Gritan

Sus voces salen hacia adentro,
en un cielo oblicuo,
apenadas,
encrespadas en su encierro.
Van desgranando el aire,
contando, pacientemente,
sus infinitas unidades,
en un ritual antiguo,
que las convoca a morir,
poco a poco,
un golpe tras otro,
en una ciudad que se cierra sobre sus palabras.

Gritan

Una ciudad tan llena y tan vacía.
Tan llena de lejanías en tan cortas distancias.
Paredes que son oídos
y son lenguas contenidas.
Son muros de vergüenza,
entre las que maduran las voces,
sus silencios atraen las moscas
sobre sus pieles transgredidas.
Han querido tatuar en ellas,
un manual de como aprender a morir en silencio.

Gritan

Aquí, en esta ciudad, se calla.
Para mal, no se habla,
o se habla sin hablar, lo que viene a ser callar.
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24comentarios 140 lecturas versolibre karma: 89

Se apaga el amor

Se apaga la llama, lentamente,
como de árbol seco cae la hoja,
como torpe llega otro noviembre,
y a la arena a morir llega una ola.

Lenta, como el sol cuando amanece,
que cambia la noche por aurora,
y es la luna, ahora, la que duerme
en el cielo inmenso que es su alcoba.

Como por el cristal transparente
la lluvia desliza finas gotas,
o como aquellos copos de nieve
que en manto blanco ahora reposan.

Despacio, como el rito solemne
de las campanas que 'a muerto' tocan,
en ese tañer triste y doliente
del acero que tiembla y que llora.

Así huye el amor todas las veces,
cuando ya no hay besos en su boca,
o se va borrando de la mente
su imagen antaño cegadora.

Y siempre es así como sucede,
se esfuma el sonido de las notas,
al ritmo de los suspiros breves
o al de las miradas melancólicas.

Se acabaron las ganas de verte,
por fin enterradas en la fosa
del recuerdo dañino que muere
y queda olvidado entre las sombras.

La herida mortal es solo leve,
y queda el dolor conmigo a solas
porque no lo llevan como a Bécquer,
entre la espuma envuelto, las olas.
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Dos tesoros

Nadando entre los cajones
dos tesoros he encontrado,
entre recuerdos que flotan,
en un río desbordado.

Un frasquito de perfume
en estuche de brocado
y un anillo de pedida
bajo prendas olvidado.

El aroma de vainilla
que endulzaba tus tocados
y un pedazo de oro frío
con seis números grabados.

Un mar de ropa en tu armario,
sus aguas son el pasado
y yo un náufrago del tiempo
que espera a morir ahogado.
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La Escalera

Hay hojas en las escaleras.
 Van subiendo lentamente los peldaños,
 como pasando siglos enteros,
 con ganas de querer llegar hasta ti.

  Allí, encontrarás el calor y el cobijo
 que desde el principio del mundo se escapó y
 nadie sabe dónde; tal vez, fueran a este cuarto
 donde llenaste las páginas de un libro de sueños.

  El último obstáculo es la puerta,
 siempre cerrada y sin pintar.
 Allí, se van amontonando:
las unas sobre las otras; y sus voces
entonan la canción del silencio.

 En esta escalera interminable,
cuyo primer peldaño, subo; hago un viaje
sereno, claro, luminoso y perfecto;
sabiendo que para abrir la puerta
todos habremos de morir.
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Tiempo detente

Tiempo detente.

Guarda este momento para mi,
guarda los sonidos del sentir
llena mi alma del latir,
enrédame en su vivir.

Tiempo, detente y déjame aquí,
con su te amo quiero convivir,
entre sus brazos hacer mi morada,
y crear de sueños mi alborada.

No avances y eterniza los segundos,
déjame acercar nuestros mundos,
recubrir de mimos los segundos.

Tiempo detente para mi,
para que no vire el sentimiento,
que sea cada susurro mi alimento,
y los te amos siempre mi sustento.

Detente y no dejes que se vaya,
Aquí y ahora me tiene enamorada,
no quiero dejar de escuchar su risa,
quiero que me tenga y lo tenga sin prisa.

Tiempo congélate para siempre,
y déjanos unidos como hielo,
que el es todo lo que anhelo,
y a su lado es donde alcanzó el cielo.

Las letras de mi alma.
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Perpendicularidad

Soy un guerrero exangüe,
la última estocada me anuda a esta tierra magenta y fría.
Y ahora veo la orla de mis días…
Lamento la perpendicularidad de los sueños
que ungidos en inabarcable notoriedad
hallaron un plano fugaz donde habitar.
Pero sólo fue una mota en el paisaje idealizado
para crear caminos separados.

En medio de la nubosidad
Oigo el tintineo de la argolla de mi vida:
Infame silbido de perpendicularidad
que aleja mi lucha del laureado final.

Se acerca una luctuosa figura de rostro cetrino,
avanza con parsimonia;
el “No Tiempo” es su victoria.

¡Soy como una muñeca de porcelana
sobre su peana…!
Vagos intentos nulos por alzar
mi cuerpo al mundo;
la tierra me abraza y el espectro me llama.
Sólo puedo refugiarme bajo mi escudo.

Embebido
bajo el zumbido de la guerra,
no advierto al fantasma que
en mi hombro se recuesta.
Creí que iba a envilecerme,
pero para mi sorpresa
esta fue su arenga:
<<Sacrílega morada
en perpendicularidad chapeada.
Espíritu de vida encelada,
esta no es tu última batalla:
¡Avanza!>>.

Marisa Béjar, 29/10/2017.
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