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La dueña de la noche

Llueve con truenos y luces
el cielo cruje
iluminando a todas las siluetas que corren
para ponerse a salvo de tanto poder.

Mañana entre la luz que amanece
veremos el minúsculo retoño verde que nace
ilusionado
es la vida que crece en su propio milagro.

En donde un caracol se esfuerza
por llegar al fruto verde
a las hojas de un naranjo que quiere llegar al cielo
a la media sombra de un ciruelo joven y aprendiz.

La lluvia es ignorante de las estaciones del tiempo
esas que se precipitan una después de la otra,
el río crece con una corriente descomunal
como queriendo llegar a alguna parte
llevándose a todo lo que se encuentra a su paso.

Es casi como la muerte en su improvisada misión
que no pide permiso
y se agazapa presurosa ante el mejor descuido
de una vida más.

Llueve como si fuera esta su última vez
precipitándose con fulgor y locura
libre y feroz
como el último olvido.

La lluvia es dueña de la noche después
de una tempestad dichosa y leal
a una brisa espesa y desconocida
que no sufre al llamado de su próxima víctima.

Solo me basta refugiarme en tu corazón
como esa tórtola temerosa
ante tantos momentos diferentes,
veré tu escondrijo y será mi mejor refugio.

En donde las palabras se precipitan
contemplando el destierro de la última súplica,
no será en vano tanta felicidad,
la naturaleza es sabia, nunca llora para adentro.

Poesía

Miguel Adame Vázquez.
El Mute
19/08/2018.
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Fiar al mar

Fiar al loco
mar, los suspiros
de media noche.

Fiar al mendigo
mar, los recuerdos
de un amor

Fiar a la inmensidad
los pequeños sueños
frágiles

Fiar a lo eterno
y mutable
mi pequeña existencia

Fiar a la plenitud
en incesante movimiento
las caricias y besos.

Fiarle al mar mis versos,
sólo un loco poeta
que se lanzaría al
altamar en búsqueda
de la libertad.

Alejandro Guadarrama
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2comentarios 20 lecturas versolibre karma: 101

Beso la luna

Beso la luna…
En la oscuridad de la noche,
beso la luna que ilumina.
En el manso reposo de los cuerpos,
beso la luna que me cobija.
Entre tanto barullo de imágenes,
beso la luna nítida y definida.
Con labios palpitantes y afanosos,
beso la luna que anida en tu pecho.
Entregando el alma en la redonda boca,
beso la luna que vive en tu aliento.

A.B.A. 2016 ©
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires
Argentina
Derechos de autor reservados

PH: Carlos Di Nallo
Avellaneda Pcia Bs As
Argentina
Derechos de imagen reservados
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Descubrir

Aún no sé de ti,
busco saber de ti con el eco de la noche.

Esas palabras que ocultas,
todo lo que sueñas
quiero encontrarlo,
y construir deseos con nuestra voz.

Ser uno a uno y sentir,
descubrir lo que sentís,
con cada silencio entre nosotros,
con cada mirada sujeta a estar,
permanece ahí,
búscame aquí,
anhelo por descubrir.
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Entra, cierra la puerta

Pero dime que no te vas...

Porque los sueños con ojos abiertos
nacieron de tus labios,
y el cobijo de tus noches
arroparon con serenidad
este corazón estrecho...
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1comentarios 57 lecturas versolibre karma: 121

Soledad

Hay un hoy,
hay un pasado,
bajo el umbral de estos arcos
naufragados entre mariposas rojas.

Hay la nostalgia de un hombre,
soledad de torre hundida,
Luna intensa
reventada una noche de abandonos.

Siguen cayendo los muros,
el silencio en las esquinas
horadando la paciencia,
sigue el frío visitando mis pies.

Es difícil el recuerdo,
huir de mis telarañas de memorias,
es difícil no soñarte
construyendo el horizonte
con tu sonrisa de Gioconda andina.

Duele.

Es tu pasión enferma,
es mi pasión que danza
entre estas peñas heridas,
es el pasado que brinca
con el ulular del viento.

Abandóname,
mi amor,
entre la niebla;
aquí quiero detenerme,
sintiendo que estos muros se derrumban.

Esclavo quedaré,
prendido de tus días,
aquéllos de recetas de amor presente
proyectadas en tus ojos heridos,
esclavo quedaré,
atenazado a tus espinas.

Ahora me iré con paso lento.

No alteraré tu fuga,
no inflamaré mi orgullo,
te dejaré en tu acera de esperanzas
callada como siempre,
con tu llanto acobardado,
con tu deseo de pasados inconscientes.

No estaré para contarte
que es el Sol llama en mi pecho,
que todo mi sentimiento es incendio
como hoguera de papel de poesía
o palabra impregnada por tus lluvias.

No queda tiempo para hablarte.

Sigue el Mundo girando,
muy despacio,
tú en tu orilla,
yo en la mía,
encogidos ante el fieltro
que creamos en latitudes diferentes,
en los amaneceres perdidos,
inclinados en mi cuerpo
como zarzas del desierto azaroso
que presiento
erguido con la Luna de esta noche.
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11comentarios 87 lecturas versolibre karma: 118

Lo que jamás te diré.

Creo que por fin hemos llegado al mismo punto,
aunque haya tenido que ser
con unos cuantos años de retraso.

Te quiero,
pero supongo que después de tanto tiempo
lo veo demasiado roto
como para arreglarlo,
o demasiado frágil
como para que sigamos jugueteando.

Reconozco,
que aun sigo sintiendo pinchazos en el pecho
cada vez que te imagino
sonriendo colgada del regazo de otro.

Supongo que lo nuestro
es como esa camiseta vieja,
a la que tienes demasiado cariño
como para deshacerte de ella.

Pero que tampoco puedes
seguir llevándola puesta,
o verla o enfundando otro cuerpo.

Y no por lo que diga la gente,
si no por el deseo de conservarla
exactamente como la recordabas.

Lo cierto es que mi vida
ha tenido muchos menos besos
que despedidas.

Pero mentiría si dejara aquí el poema,
mentiría si no dijera que ahora
soy más fuerte que entonces,
y más consciente
de lo que verdaderamente importa.

Y no importa que ya no estés como antes,
porque estuviste mejor que cualquiera,
porque me enseñaste a querer,
a quererte a ti,
pero y sobre todo a quererme a mí.

Porque jamás hubiera sido quien soy ahora
si no me hubieras dado la fuerza
para romper el espejo de un puñetazo.

Y eso al final,
es lo que realmente importa..

Porque aunque es verdad
que he pasado muy malas noches,
la verdad es que nunca has sido por ti,
si no que fueron siempre contigo.

Y en las pocas que no estuviste,
también acababas siendo tú
quien me hacía más bonita
la mañana siguiente.

Supongo que en esa paradoja
se escondía la locura
que lograba que siguiera a flote
navegando a la deriva.

En ti,
y en tu complejo de chica naufragio
y salvavidas.

Ahí estaba el truco,
tú magia,
y mi droga.

Aun hoy,
sigues siendo el poema más bonito
que jamás he escrito.

Sé que ya no hablamos como antes
y sé que ya apenas te dejo leerme
cuando te escribo.

Y lo siento,
pero lo hago para poder seguir adelante,
y para no seguir haciéndote sentir culpable
cada vez que me veas al transparente.

Pero que sepas que te quiero,
y que por supuesto lo haré siempre.
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La rosa angustiada...

La rosa con dolor intenso
el verano no la sostenía
pidió clemencia
al cielo estrellado
la noche vaporosa
no atendió su suplica.

La serpentina luna se le acerca:
rosa amoratada, cárdena o púrpura
cava un hoyo en tus entrañas
y sacrifica tus dones
al Dios de los humanos.

La rosa angustiada
vuelca su mirada al cielo

y con puñal certero lo clava 
y pide con sostenido fuego
que Dios y la lluvia no la abandonen.

Con la sangre corriendo
a borbollones
la lluvia se desborda
.............por el suelo...
la rosa amoratada
sin aliento se desmaya.
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Me gusta la ciudad

Me gusta la ciudad serena y triste
a esas horas que todos han huido
hacia el íntimo refugio de las cosas.
Cuando en el aire flotan, todavía, los ecos
de escandalosas fiestas y muchedumbres locas.
Entonces que la ciudad tiene conmigo
un gusto de cómplice y resaca
y late como mi corazón, solitario y tan frío,
desnudo con la noche,
furtivo como una rata.
Cansado y ronco como el ladrido
de un perro viejo que la lluvia calara.

Me gusta la ciudad a esas horas duras
que no la vive nadie, sólo las sombras
de seres que parecen venidos de otro mundo
a recoger las bolsas de basura,
mientras el aire se espesa y son
inútiles las señales de tráfico y las aceras.
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2comentarios 29 lecturas versolibre karma: 111

Sin ti

Nunca me imagine sin ti corazón
es difícil el despertar
y no tenerte a mi lado,
hoy otro ocupa tu lugar
y sin ti el tiempo pasa tan lento
que mi piel no da mas
que quisiera gritar.
Decir que me equivoque
que eras tu la correcta al final
si cada vez que cierro mis ojos
es a ti a quien veo.
Y ese miedo que crece lentamente
a que diga tu nombre en las noches
y destruya lo poco que logre sin ti.
Al final hoy yo se que
me quede con el premio consuelo
de perderte mi amor.
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No querer regresar de huidas

"La primera huída es única
siempre te preguntan cuándo vuelves"
/Cristina Gutiérrez Leal





No querer regresar de huidas

A abrazos que simulan anclas

A entierros de barcos olvidados en el malecón



Agradecer los naufragios

desatar los nudos, los amarres

levar, con la certeza de acompañante y maleta

esa libélula que habla desde el fondo de la tráquea

como la luz que se levanta allende los mares



Dejar que sueñe la proa mientras la popa contempla el viaje

Y pedirle a Orión que sonría en el telón de la noche.



@Lamujerdeabril
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Madre

Madre que preparaste la cuna antes de mi llegada,
que apiñaste juguetes uno tras otro
y que tejiste escarpines para abrigarme.
Madre querida que me diste todo.
Madre que ocupas todos los espacios, que me abrazas fuerte.
Madre que cuando abrochas el botón de mi camisa apagas mi pulso.
Madre que cada noche cuando me escondo tras las sabanas, vuelve el peso de tu abrazo
—y me crujen los huesos—.

Madre: todavía cierro la puerta con llave.
Todavía temo esas caricias que de repente mutan a golpes de bastón.

Madre que me ama asesinamente.
Madre que cuando me mira las manos me arranca las uñas.
Madre que cuida, madre abraza feroz
—tanto me aupaste que no aprendí a caminar—.
Madre que opaca mi risa, madre que no mira y que atropella.
Madre agotada, cobarde, madre engranaje que por no vivir me vives.
Madre que no se detiene, madre que petrifica.
Madre orgullosa, madre voraz que lo sabes todo.
Madre agobiante, asfixiante.
Madre querella, madre sentencia.
Madre ventrílocuo de mí.
Madre de muerte
yo seré todo en tu vida, la boca que has de alimentar, tus eternos ojos vendados.
Seré tu muleta. El cuerpo que mecerás hasta la vejez.
Y tejerás mi tumba.
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Amor oscuro

Han pasado cien años
desde que tu poesía fue un lucero radiante,
letras sedientas de gloria
que emanaba esplendor inagotable.

Todo sigue igual desde tu partida,
el mismo sol radiante
las mismas flores que adornan el firmamento
en un universo ecuánime.

El mismo silencio empapado de sonrisas,
el rocío callado
ante un frío que cala
hasta las más recónditas ideas.

La misma poesía rebelde
las incógnitas más testarudas
que el amor resuelve
en un solo abrazo que no cuesta y no duele.

Todo cambio,
el fusil que apagó tu voz
es un fierro olvidado entre tantas mentiras nuevas
y muchas miradas confusas.

El odio sigue aquí
entre el pensamiento y las memorias
entre la niebla y los sueños
y la turba que suspira por tantos siglos muertos.

Hoy el niño ya no trae sonajas con el viento,
no hay tiempo
se lo llevó el futuro
ente un suspiró sediento.

Hoy no hubieras sido una historia trágica
una nota roja de un periódico viejo,
serías una estrella dorada en el suelo de Hollywood,
un símbolo de la libertad entre un millón de luceros.

Mi corazón reposa sobre un libro inmenso
que son tus palabras que viven
ante mis ojos serenos,
meditan mis ideas ante tu brillo intenso.

Fuiste un tropel de trescientos guerreros,
por miedo en esa noche dormida
todos te desoyeron
se llevaron tu pluma, dejando el silencio.

Miguel Adame Vázquez.
18/08/2018.

A la memoria de Federico García Lorca
18 de agosto de 1936
A 75 años de su fusilamiento.
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14comentarios 198 lecturas versolibre karma: 116

Divergente

El pequeño Áster, camino a casa
juega al columpio un día más;

sin ninguna explicación

llega a casa y sonríe muerto de risa.

Soñador.

Esperarás. No importa, si el tiempo es poco;
dentro,
está tu nombre a la perfección
sin el miedo que te vio armado de valor.

¿Dime si no te dejaron las gaviotas sus pequeñas alas?

Hace frío en tu alma, en esta noche somnámbula.

Es extraño,
el avión de mañana tiene tu corazón:
pequeñas cicatrices de libertad
¡No te olvides de imitarte un poco, nada más!

Es posible, que haya rezos que gastar,
es posible un cumpleaños más;
tu destino es incendiar las estrellas y renacer
otro día más.

Áster. Haz que valga la pena, todo esto.

Please.
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Tus huellas en la luna

Tus huellas en la luna
las veo cada noche

No son las de ningún
astronauta trasnochado
dando pasos en falso.

Tus huellas son caricias
y besos y abrazos
y un arco iris
que cruza el mar del silencio
dibujando tus labios.

Tus huellas en la luna
las veo cada noche;
y me llevan desnudas
donde lo prohibido
se esconde ...
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Desvelado

Desvelado

Y me llamó por el nombre que
siempre he guardado.
Y me miró profundo como nunca
nadie me ha mirado.
Y me dijo “Guapa”…
con la dulzura de un tiempo olvidado.
Y encendió el sol para que
calentar mi rostro en las mañanas.
E hizo de las tardes hermosos
paseos por floridas perfumadas.
Y llenó mi copa vacía
saciando la sed del alma.
Y cenó conmigo cada noche cerrada,
dulce compañía que trae la calma.
Y corrió mis pelos y arropó mi espalda
al apagar la luna en las noches claras.
En abrazo tierno arrulló mis sueños y
calmó la ira de tanta fatiga.
Me pensó desnuda...
me pensó vestida...
me vistió de plumas y
me hizo alada, esbelta, joven, bella…
para compararme con la más hermosa estrella.
Y me amó en silencio y
puntillosamente trató que no lo viera….
¿Cómo no ver a ese hombre que es mi más dulce poema?

A.B.A. 2016 ©
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires - Argentina
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6comentarios 112 lecturas versolibre karma: 108

en tu luna

ese momento
donde
la noche
cae sobre
mi mente
invadiendo
de imágenes
la luna.
hace que
no quiera
cerrar mis ojos.
y disfrutar
de ti
aunque sea
más alla
de tu universo.
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El hombre triste

Una vez conocí a un hombre triste, su vida estaba llena de sombras y el misterio rodeaba todo cuanto tocaba, cuando me dió su mano se presentó como "Soy un fantasma que deambula perdido por la vida" yo le dije a modo de broma "Soy una mujer que no le teme a los fantasmas".
Una noche, a través de la ventana, lo ví venir en silencio, con las manos en los bolsillos, arrastrando cada paso como si le doliera una pena, se detuvo en la escalinata que lleva hasta mi casa, se sentó un rato mirando hacia el cielo y se devolvió tan lentamente como había llegado, con las manos en los bolsillos y sin mirar atrás.
Cada noche volvía, subía un par de escalones, pero se arrepentía y nuevamente se perdía entre las sombras. Tal vez un día tenga el valor de tocar a mi puerta, pensaba, pero no fué así.
Llegó el mes de abril y una tarde nos encontramos cerca de la iglesia, me abrazó de repente, me dió un par de besos en las mejillas y me dijo -Estás preciosa - y mi corazón latió a mil por segundo cuando me regaló una dulce y enigmática sonrisa.
Así comenzaron nuestros paseos, dos o tres veces por semana, en un ambiente cómplice, rodeados de la magia de lo no conocido y absortos el uno en el otro ante la incertidumbre de un quizás.
Le gustaba usar gabardinas muy largas y sombreros de pana, siempre vestía de negro, un día le pregunté, un poco para romper el hielo, si se había peleado con los colores y me contestó que los había guardado en un viejo baúl de madera que tenía al lado de su cama.
No se si fueron nuestras animadas conversaciones sobre poesía, nuestras largas caminatas entre los árboles tomados de la mano o sus serenatas en la madrugada, siempre acompañados de su guitarra, sentados en la escalinata con dos copas de vino tinto que fuí descubriendo su pequeño mundo, el gran vacío que lo habitaba, su miedo a entregarse y a vislumbrar las profundas heridas escondidas entre su piel y su alma.
Poco a poco fuí penetrando en su melancólica mirada y descubrí que a veces la tristeza puede llevar otro nombre, en sus ojos fluían ríos enteros y selvas impenetrables, casi se podría decir que el dolor era su morada y que sólo la música lo acompañaba, cuando cantaba, su voz era tan dulce que rozaba el alma.
Cuando comenzó a sentirse algo mas cómodo a mi lado me invitó a escucharlo tocar el piano en un hotel de una ciudad cercana, recuerdo claramente que me puse un vestido floreado con muchos colores para ver si lo impresionaba, cuando llegué al hotel ya estaba en el piano tocando "Para Elisa", desde la barra contemplé como sus manos y sus dedos finos recorrían el teclado como si lo acariciasen, recuerdo que esa noche, deseé con vehemencia que esas manos acariciaran mi cuerpo de la misma manera como lo hacían con las teclas del piano.
No se en que momento ni en que hora fatal comencé a amarlo, me entregué a su ser con un torrente de pasión, sin lucha y sin sentido, fué un amor diferente a cuantos había tenido, con flores, serenatas, poemas y mucho vino, eramos como hojas de otoño que bailabamos sin rumbo ni destino, sin que nos importara ni un segundo a donde nos llevaría el viento.
Una noche, después de varios meses de serenatas, fogatas en el río, guitarra y poesía, se acerco a mi con su mirada triste y me dijo - Perdóname, no estoy acostumbrado a que me amen - un frío recorrió cada uno de mis huesos y hasta el día de hoy no se explicar porque comencé a temblar de aquella manera que me dejó sin palabras.
Lo vi partir en silencio, con sus pasos lerdos y sus manos en los bolsillos dejando a su paso una estela de sueños rotos y esperanzas perdidas, se llevó consigo mi ansiedad de besos, mi incipiente locura, mi musa y mi universo.
Nunca màs supe de el, se lo tragó el mundo que tanto temía, pero el recuerdo de su voz perdura en cada dulce trino que llega a mis oídos y cuando la vida me acerca a unos ojos negros, recuerdo nuevamente a mi hombre triste, contemplo como en sueños aquellos días y pienso, aún en medio de esta terrible ausencia, que una soleada tarde, así, como al descuido, he de encontrame de nuevo con sus ojos y volveré a perderme en esa mirada borrascosa, de sueños escondidos y soles infinitos.
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Desde hace tres ocasos

Desde hace tres ocasos
Se quedó la noche
sin sueños.
Desde hace cinco poemas
Se quedó la madrugada
sin luna.
Desde hace seis quimeras.
Se quedó el cielo
sin estrellas...
Porque la musa
Perdió las metáforas
que Morfeo escribió
para ella.
Porque tropezó
con la nostalgia
cuando escapaba
de la tristeza.
Desde hace dos baladas
El otoño no asoma.
Y la primavera no llega.
Desde hace siete latidos
El alma se quedó sin alas
Y el corazón...
No sueña.
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Verano dieciocho

Allá por San Juan
se juntaron las guitarras,
la brisa y las brasas.

Tu nombre inaprendido
mojaba la arena
blanca de luna vestida.

La noche cerró la puerta
a solas contigo,
los dos en un solo iris.

No hubo palabra alguna
ni gesto que no quisiera
amarnos por dentro.

Éramos lucientes estrellas
al azar abandonadas,
varadas en seco
con el alma empapada
de mar embravecido.

Con la piel viva
nos venía la muerte, a cada instante
renacidos. Las manos
sobre todo, todo sobre nosotros
y el mundo. Sin respiro.

Tuvimos por horizonte
tu boca y la mía
rebosantes de voces perdidas.
Solo el latir de los labios
mostraba caminos a seguir.

Solo los besos
entrecortan el ansiado silencio
de loves sueltos bañado,
esparcidos, llenos
de dichoso destino.

Quisimos volar,
alcanzar la cima de las nubes,
porque no habría más,
supimos que nunca volvería, jamás
sería otra vez eterna.

No supimos que hablar, ni entendernos
siquiera. Éramos uno: un árbol,
un torrente de verdad cristalina;
éramos un hechizo de amapolas.

Cuando al alba las alas se plegaron
te llevaste tu cuerpo entero, tu luna,
te llevaste mis años, mi adolescencia
bruñida y cincelada con tu recuerdo.

Anhelo volver a visitar tu alma
acaso sin luna, mar, sin arena,
sin ti y sin mí, la memoria sola

Tejiendo sábanas de blanca seda
donde etéreos los cuerpos culminen
sin dolor, sin miedo, tantas ternuras.
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