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¿Qué sería…?

Olor a lluvia,
A ciudad, a ensueño.
Lo que esperabas del presente
Se disuelve en esas gotas,
Iluminadas por los faros.

¿Qué sería de la vida
Sin el perfume del deseo?
Ese que da vida y motivos
Para abrir los ojos.

Aroma a brisa,
A verdad, a recuerdo.
Lo que añoras de las risas
Se esconde tras la niebla
Que empaña las ventanas.

¿Qué sería de la vida
Sin la calma que prosigue
A la melancolía?
Esa que da paz y confianza
A cada paso.

Esencia de luz, de abrazos
De anhelos.
Lo que serena la tormenta
Es lo mismo que te pone
una sonrisa en los labios.

¿Qué sería de la vida
Sin el brillo de las miradas?
Ese que ilumina el cielo
En una noche estrellada.
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piel canela, labios carmesí

Amaneciendo perfumada en labios carmesí, con el viento llega una caricia y en la mirada una sonrisa
Lloviendo de melodías amargas, regando sobre lágrimas serenas esos recuerdos que en la mirada lleva.
Sonetos de dulce pasión escritos están sobre su piel. Llueven estrellas y deseos pide, al universo le dice que larga no sea la espera, que tras la luna llena amanezca, sobre su piel aún fresca, que lirios crezcan en su pecho y corazones amantes en los días relucientes cubiertos de azul pasión.
El perfume de un amanecer dorado, despierta y su boca toca sus labios, pero tan solo es un sueño y ese roce en la piel se ha grabado, pasa por su mente recuerdos aún presentes de vivos colores, de besos y abrazos que no tienen fin.
Soy la que te besa sin tenerte la que te recuerda y te anhela, te espera con el color de Lirio y te acaricia con el viento.
Más siempre algo se pierde con el paso del tiempo, en el silencio del bosque se escuchan los ecos del viento que le llaman, parece un viejo lamento, el bosque late y con dolor recuerda que dos viejos amantes recorrían errantes al son de la dulce melodía del bosque aún encantado, acarician sus manos, abrazan sus almas y las gotas del rocío calman sus ansias.
Bocas de serena melodía de ese latido, sediento lenguaje de amor, sed que en las mañanas calma sus versos, que en sus hojas dejan el rocío de suaves caricias.
Siguen el aroma de sus cuerpos hasta llegar al encuentro a esa aventura que llevan aún en sus labios.
Recogen su alma y se la llevan. Días que llenan de magia, días que solo hay esperanza, días que se escriben para que no se olviden, los amantes siguen, pero las palabras se pierden y vuelan libres.
Rompen los noches, rompen los sueños, rompen lamentos y entre sus recuerdos rompen lágrimas de cielo, como rocío entre sus hojas que beben e impregna su piel canela, bebe de sus lágrimas y tras la tormenta ella le espera, espera en silencio que la noche y su sueño le llegue, para poder soñarle, para que ese sueño le atrape y poder vivir una noche más, un día más con su fiel amante.
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Ojos negros

Allí donde los espejos solo son si rotos,
donde caminas constante junto al abismo,
y todo es baldío y el sol no florece,
donde el silencio se presta
y quien se ríe es un loco.
Allí, el lugar donde con licor
se curan las injurias,
donde las noches se alimentan
de humo y de polvo,
la vida avanza por colisiones
y los besos marchitan antes de ser dados.

Ciega miré por última vez tus negros ojos,
y supe entonces que no había sido aquél el lugar
al que debería haberme asomado.
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Retazos

El roce ansiado de tu voz en mi oído que ya no volveré a escuchar, sobre nuestra ventana mi cabeza descansa mirando anochecer. Quiebra la noche si no te veo, susurra la noche en un velo de nostalgia, cierro los ojos y al despertar una sonrisa que me ilumina ¿Eres tú quien me mira? ¿Quien en triste ausencia me hiela mi alma y quema por dentro? Siento el peso de tu mirada. Miro al cielo. Es un sueño.
Vivo momentos que no llegan. Rezo silencios que gritan tu nombre y ensordecen mi alma.
Te miro, dentro muy dentro de mi y ahí te veo. Tu sombrero de ala ancha, un velo que cubre tu cara, mirando al suelo. Tan solo tus ojos verdes rasgan el cielo, corrompen el negro. Negro amanecer, negro cielo, negro futuro, negro vestido y negro tu pelo.
No existe distancia que separe mis pensamientos de tu cuerpo, detengo futuros si retengo pasados en mis recuerdos. El tiempo se detiene en cada suspiro, en cada momento, con cada susurro de almas y besos. Rozando mi pecho tus dedos, rozando mi alma silencios, besos que erizan mi piel.
Caricias que apenas me tocan y me hacen vibrar. Ruego en silencio volverte a mirar. Volverte a ver ese es mi deseo, noto tu presencia en este cuarto, en esta noche que se vuelve eterna, extiendo la mano, apenas te siento te quiero tocar. Tan solo la distancia, el tiempo, el olvido, tengo miedo a ese olvido que poco a poco llega, no quiero olvidarte, es la distancia en mi memoria la que nos separa, nos separa pero alejarnos no puede.
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Jardín de Locos (Trilogía Luz en la Selva )

La selva
que flanquea
que atrapa
que me traga a cada paso
que muele mis rodillas
y mis miedos

el camino
que divide esa selva
que me lleva consigo
su canto
crujir de piedras
su aliento de polvo
su voz: melodía de aves

el Silencio
el ocaso
y la brisa
suspiro de árboles
gritos del alma

la noche
nubarrones
sobre plano obscuro
estrellas se asoman
admiración de mortales

el Dolor
corta mis pies
surca el pecho
el ardor me inunda

y ese temor a lo sagrado
a lo que va más allá
a lo poderoso
a ese Edén:
jardín de los Sueños
Jardín de Guerreros...
Jardín de Locos...
*******************************

2017
Transmisor d Sinestesias©
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Árbol de Hojarasca...

Somos un árbol de hojarasca,
prendida y henchida de luna,
vigía de vientos y madre de mares.
Un atisbo de noche creada y de albura plena,
donde sueñan los ángeles
y llora el tiempo cuando,
como hastío de lodos,
las manos le rezan.

©ɱağ
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2comentarios 47 lecturas versolibre karma: 88

El mayor secreto

Hay secretos que tiñen la vida
de un color que nunca se borra,
que duelen en los rincones apartados
de los ruegos que nunca callan.

Hay secretos que duran como el universo en su infinita creación,
hasta que nada se puede hacer para olvidarlos,
no existen secretos que se guarden por siempre
viven hasta que la memoria los olvida con la muerte.

Hay secretos que emergen
cada vez que se ahoga a un valiente silencio,
como aquellas flores que tuvieron que llorar
en un florero hasta que envejeció y murió su esplendor.

Hay secretos que guardan palabras desoídas
hasta que protestan en la vergüenza de su falso vivir,
son secretos que quieren conocer la verdad
y se desnudan en la vana inmoralidad de su propio odio.

Hay secretos tristes,
como la soledad que nunca termina
de un poeta en sus lamentos
que siente el abandono cada vez que se pone el alba.

Hay secretos que habitan la protesta
de no tener un amor ardiente,
que miran con su profunda fuerza hasta descubrir
que el recelo no los deja decirlo todo.

Mi mayor secreto no vive en la fría madrugada,
tampoco extraña la profunda noche
que pronto se acaba, mi mayor secreto nunca lo sabrás
lo olvido cada vez que nazco en la mañana.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
20/11/2017.
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Decidme, dónde pongo este silencio

Vería tus ojos, tus ojos, tus ojos.
Martín Lucía

Tendí las sábanas y las vi
agitarse y elevarse como gaviotas.

Anne Sexton



Porque voy a tener que pediros cobijo
para un silencio,
he venido despojada de palabras.
Solo traigo las esquirlas de las horas
de una noche de vigilia.

Muerdo el ansia con el ansia.
Qué poco sirven los sueños para amainarme
las olas…
Fijaos en mi pecho.
He sembrado dos gazanias a la espera
de sus manos.
Fijaos en mis labios.
Tengo por faro un lunar encendido
para que pueda encontrarme.
Fijaos en mi vientre.
Rumorean mariposas cada vez que veo
su nombre.

Decidme, dónde pongo este silencio;
pero callad, callad que solo puedo
oír su voz.
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Si supieras

Sé que es difícil para ti, pensar que mi amor no es real.
Entiendo que puedas dudar, que nuestra diferencia de edad
te haga pensar que mis sentimientos sean solo
una excusa para amar.
Si pudieras escuchar lo que a solas habla mi corazón,
si pudieras sentir todo esto que me une a ti,
ya no dudarías más.
Si supieras cuantas noches en silencio he llorado por ti,
queriéndote mirar, queriendo tus dudas para siempre sacar.
Si supieras como tu amor llena mis días,
como tu ausencia quiebra mi alma, sintiéndome herida.
Si supieras como te amo, por no amarme igual, te volverías a marchar.
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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La niña de los ojos de Luna

En el cielo sólo hay una,
con fulgor,
brilla redonda la Luna
provocando los antojos.
Pues aún más retan tus ojos,
porque además tienes dos.

Media Luna decreciente,
reducción,
se convierten de repente,
cuando ríes alegremente,
sin un motivo aparente,
ni causa, ni explicación.

El cráter la representa.
Cavidad.
Son hoyuelos la ornamenta,
satélites de sonrisa,
acompañantes sin prisa,
muestran su felicidad

Que refleja por la noche,
luz del Sol.
Fundiendo el oro en un broche,
Ilumina el gris del día,
cual faro de Alejandría,
con su puro resplandor.
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Anoche soñe

Anoche soñé,
anoche me diste algo que
no quería desesperadamente
y en mi desesperación
anoche soñé.

Soñé que probaba aquello
que se me prohibía,
aquello que no debía.,
aquello que no debía
dejar de cruzar,
anoche sentí tu sabor
en mi boca y
ese sabor aún perdura.

Anoche soñé
y hoy quisiera
que la noche no terminara,
que mi vida fuese una noche,
con tu sabor en mi boca.

Mi boca...
mi boca sueña con la noche
y la noche sueña con la tuya.

Amén
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Alta literatura

Cuando uno era
más joven y más tonto, esperaba
ese golpe de belleza que te inspira
el poema perfecto.

La tenía, la tenía...
Mas era de locos.

Ay, molinos con ínfulas de gigante.
Ya no quiero ser el héroe
de un imposible.
Quisiera liberarme de esa quimera,
como el oro desprecia la avaricia.

Toda la poesía
suena complicada,
pero no lo es.

Y ahora, que la noche y el arte
me encuentran solo y más viejo,
todo es esperar, oír
la alta literatura de tus pasos
tras la puerta de casa.
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Sin título

Temo por mí, temo por todas las mujeres de mi vida,
No me siento segura ni a la luz ni a oscuras,
Por las calles hay cuerpos inertes que cedieron en la lucha,
otras más que nunca se enteraron que llegaron al final.

¿Qué culpa tenemos de haber nacido con este género?
¿Qué culpa tienen nuestros padres?
¿Por qué me odias a mí monstruo de la noche?
Silencio…no me respondes, entonces que sea Dios el que te juzgue.

Hoy, este llanto quema mi ser como el aguardiente,
Es tanto que hasta el ave matutina esconde su canto.
Ya no quiero ser más el blanco de tus vituperios
Solo quiero la tranquilidad y equidad,
Quiero la bondad y la paz.

Tenemos que alzar nuestro canto al unísono.
Gritar que somos muchas
Somos la vida
Somos amor.
Porque la mujer tiene valor, ¡si!, el mismo que tienes vos.
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Sueños de una noche sin Luna

Una blanca nube
estira unos brazos de
dedos finos y largos,
acariciando la oscuridad
de una noche sin luna.

Una danza de luciérnagas
Ilumina una cara de ojos
tristes que derraman
lágrimas sobre el frío suelo.

Un grupo de náyades juguetea
a la luz de una lamparilla,
que chisporrotea en el agua
tranquila de un clepsidra.

La fogata de los enamorados,
que prendieron cerca del río,
para dar color y calor
a las caricias y besos.

Sólo son sueños, dulces sueños, de un noche sin luna.
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Romeos sin Julietas y Julietas sin Romeos

La primera vez que la vi, sentí algo que jamás había experimentado. Una sensación ajena a mí; era como si no pudiera controlar mi propio pensamiento. Pasó por mi lado levantando una suave brisa perfumada del más dulce aroma. Se sentó justó detrás de mi pupitre, al lado de Ester. Parecía un ángel, y desde ese mismo instante no pude quitármela de la cabeza. En clase estábamos empezando a leer a Shakespeare, y más concretamente a Romeo y Julieta, y la atmosfera embriagadora de la obra comenzaba a proyectarse en mi cabeza. ¡Oh Julieta! ¡Mi Julieta! Pensaba torciendo disimuladamente la cabeza hacia atrás para contemplar su divino rostro. Pasaron los días, pero no me atrevía a hablar con ella. A las pocas semanas Ester nos presentó, ya que ella sospechaba algo, pues me conocía muy bien, ya que nuestros padres eran vecinos de toda la vida, y ella y yo nos habíamos criado prácticamente como hermanos. Se llamaba Valeria. Era fácil perderse en sus verdes ojos, que reflejaban la inmensidad de los mágicos océanos de hierba de las tierras mitológicas del Este. Su mirada era hipnótica, al menos para mí. Sus cabellos dorados resplandecían como el Sol estival, y su rostro parecía esculpido con una perfección milimétrica. Todo en ella era sensualidad y elegancia.
Continuaron las clases, y día tras día la relación con Valeria fue a más. Al principio mantenía las distancias, pero gracias a Ester nuestra amistad fue en aumento. En pocos meses los tres nos hicimos inseparables. Todo parecía ir bien, hasta el día en que me declaré. Yo confiaba en Ester, a la cual le contaba todo lo que sentía por Valeria, y ella parecía entenderme, aunque solo lo aparentaba. Ese día, salimos los tres al Stikers Bar, local donde nos juntábamos la mayoría de estudiantes y jóvenes de la zona. Buen ambiente, buena música y mejores precios. Mike y Daniel, mis dos mejores amigos frecuentaban el local, ya que el garito era propiedad del tío de Mike, y cada semana ayudaban a limpiar después de cerrar a cambio de un pequeño sueldo. Nos saludaron y se sentaron con nosotros. Ellos sabían lo que sentía por Valeria, así que intentaban alagarme con cumplidos, que de otra manera jamás me hubieran dicho. Pasado un rato le dije a Valeria que quería hablar tranquilamente con ella. Salimos fuera. Allí le confesé lo que sentía, y su expresión cambió completamente. Parecía no entender nada. ¿Y todo lo que me decía Ester? ¿Acaso no ha hablado con ella? Mi cabeza se quedó helada. Valeria me explicó que Ester estaba enamorada de mí, y entonces todo mi mundo dio un vuelco. ¿Quién lo iba a decir? ¿Ester enamorada de mi? Nunca lo hubiese imaginado.
Fue en ese preciso momento cuando una inoportuna llamada interrumpió la conversación. Era Ismael, el desconocido novio de Valeria. Un tipo cinco años mayor que nosotros. Esa noche llegaba de viaje, y Valeria quería presentárnoslo. Fue entonces cuando decidimos hacer como si esto no hubiera pasado y seguir adelante. La noche no fue como esperaba. Después de esto, mi relación con Valeria y Ester fue poco a poco desgastándose. Ya no éramos ese inseparable trío que hacía todo junto. Al año siguiente nos marchamos a la universidad sin coincidir ninguno. Valeria se fue al Norte, cerca de Ismael, Ester se quedó en la ciudad, gracias a una buena beca, y yo marché a Europa. Necesitaba un cambio de aires. Años después encontré la obra de Romeo y Julieta en unas cajas que guardaba en mi apartamento de Verona, ciudad llena de encanto, y en la que resido desde hace años gracias a mi trabajo como guía turístico. Todavía hoy, me siento delante del balcón de Julieta, atestado de turistas disparando con sus cámaras fotográficas rememorando aquel primer instante en que vi aparecer a Valeria.
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Lectura octurna

Los escucho
De forma tan clara
Como si estuvieran aquí

El filósofo
El asesino
El poeta
El policía
Los gritos
De la víctima

Las legiones de Roma
Marchando
Buscando
Nuevas fronteras

Las bombas
Que caen
Sobre Londres

Las voces
De la historia
La filosofía
La poesía
La literatura
Retumban
En el silencio
De la noche
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Bambú

El bambú creció
queriendo solo llegar al cielo,
expandió sus horizontes
hasta donde alcanzo su propios versos
llenando con su follaje el universo.

Hoy absorbe la luz que oscurece a otras plantas
no le importa que el viento y el frío sacuden sus ramas
el bambú crece echando sus raíces profundas
ocultándose de los ojos que solo quieren
ver más allá de las hojas que reverdecen en calma.

El bambú vivirá por muchas generaciones futuras
será el escondite perfecto para huir de las llamas
el sol no penetrara ya más allá de sus fuertes y flexibles brazos y si es preciso aguanta con calma
la nieve que escurre por sus hojas largas.

El bambú nunca dará fruto
ni caerá presa de las plagas
es fuerte su legado y extenso
así que nada le roba el placer de existir
en donde no crece nada.

El bambú tiene historias
que algún día serán contadas
su amor crecerá
conforme encuentre el equilibrio de vivir
sin importarle ya nada.

Yo quiero ser como el bambú que canta acariciando
a él firmamento en una noche estrellada,
yo quiero como él extender con el viento su lira impregnada de bellas palabras.

Yo quiero ser como el bambú
cuando el tiempo tenga que pasarse de largo
y se detenga a escuchar esas historias
que alguna vez salieron sin prisa
de un mundo seco sin habla.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
18/11/2017.
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¿Y el león?

Sube la bestia
los días que salto en paracaídas
y deshojo tu no presencia.

Baile de espectros
en un carnaval de pócimas sedantes
y piedras ordenadas alfabéticamente.

La cueva vacía,
gotas de lluvia
para utilizar en último caso,
arena esparcida,
en la lengua
una plataforma de insectos.

El mago de Oz se ha largado,
las brujas también,
el hombre de hojalata ha triunfado,
¿y el león?.

Esta noche todos los caminos
van algún sitio
menos a mi casa.
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He guardado en tu mirada algunos versos

Sin previo aviso,
he guardado en tu mirada
algunos versos,
retazos intrusos de una rima imposible,
letras escritas en sal y fuego,
restos,
de nuestro lenguaje vulnerable.

Allí, en el espejo donde reflejas
lo que llevo escondido,
entre el color y el cristal
de nuevas noches,
en el bosque de tus ojos,
donde me rindo

y me pierdo.

Sí, he guardado en tu mirada algunos versos,
sin previo aviso

hoy vengo por ellos...
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