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Algunas carencias

Este mundo no urge muros
ni ciento diez mil policías
hostiando negritos bien duro
hasta sangrarles las encías,
no exige este mundo hamburguesas
guisadas al fuego del dolar
y menos aún las promesas
de aquellos que mienten y roban,
apenas requiere este mundo
tópicos, lemas y proclamas
salidas del grito iracundo
que pasa las huelgas en cama.

El mundo precisa sin falta
recobrar la normalidad,
montañas de cimas más altas:
al mundo le falta igualdad.

Este mundo no urge guerras
ni rayas de coca en el baño
ni granos de oro en la tierra
ni criticar más al rebaño,
no exige este mundo milagros
forjados en papel moneda
y menos aún los macabros
métodos de un orden de mierda,
apenas requiere este mundo
comprar el perdón de los vicios
que han convertido en nauseabundos
algunos sueldos vitalicios.

El mundo precisa sin falta
desempolvar ciertos preceptos,
montañas de cimas más altas:
al mundo le falta respeto.

Este mundo no urge autopistas,
ni casas, ni trajes, ni tele
capaz de aupar al periodista
y hacer de la audiencia un pelele,
no exige este mundo perfumes,
frasquitos de crema antiarrugas
y menos áun que se inhume
la belleza en edad madura,
apenas requiere este mundo
doce mil canales de porno
que intenten en varios segundos
colmar apetitos sin fondo.

El mundo precisa sin falta
evocar una vieja caricia,
montañas de cimas más altas:
al mundo le falta justicia.

Este mundo no urge misiles
ni bancos, ni coches, ni ropas,
ni espectaculares desfiles
de tanques, banderas y tropas,
no exige este mundo esperanzas
cosidas en cromos sagrados
y menos aún ordenanzas
que reporten más deshauciados,
apenas requiere este mundo
partidos de fútbol, cerveza,
darle un portal al vagabundo
o ahogar en alcohol la tristeza.

El mundo precisa sin falta
antiguas lecciones de ciencia,
montañas de cimas más altas:
al mundo le falta conciencia.
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La historia de una chica y un café

Por Riberpa



Capítulo 1 Génesis


No más de veinte minutos habrían pasado, se había ido tal vez para siempre, y ya empezaba a recordar que todo había empezado en ese increíble tres de agosto de hace cerca de dos años, el destino cruzó una delgada línea y en medio de mi incertidumbre apareciste; recuerdo que yo venía en malas condiciones precisamente porque no eran mis mejores días, las presiones y la soledad habían cobrado y afectado mi salud.


Realmente era incomodo sentirse en ese desequilibrio físico y emocional, fui sin más aliciente que cumplir un requisito más, recuerdo estar ahí sentado esperando sin sentido, al oír mí nombre gire con algo de desidia, pero inmediato mi rostro cambio, está viendo aquella persona que se accidentaba en mi vida y colisionaba frente a mis ojos, ahí estaba esa figura menuda, normal dirían muchos, pero cuando mire sus ojos algo me atrapó; sólo lo descubriría tiempo después.


Camine a su lado durante un corto trayecto las primeras palabras cruzadas fueron como un libreto poco profundas, diplomáticas, pero poco a poco me entró el afán de hablar, tal vez tome la iniciativa tratando de agradar por aquello de la primera impresión, buscando crear un lazo que desde el principio mi corazón sintió que se anudó en mí, el tiempo relativamente voló para mí, parece que hubiera desaparecido el resto de escenario.

Sería presumido pensar que tú correspondías desde esa primera cita sólo mi imaginación desbordada de emoción lo recreo, hacía rato que no me sonreía la vida y ese día tuve la suerte que uno no busca, sino que te encuentra. Aterrizado en mis recuerdos vi correr nuestra historia y esa primera conversación corrió dejando en mi la sensación de un querer más.

A veces nos pasa esa incómoda situación de tener sensaciones inexplicables, irte, pero desear volver tan pronto como se pueda, tal vez existen esas diosidencias que se colocan tú camino para hacerte menos pesado el viaje y empiezas a preguntarte qué enseñanza habrá detrás de estas experiencias a la que llegas cuando menos piensas y cuando tus velas se han ido apagando poco a poco.


Capítulo 2 Añoranzas.

Hoy me fui con esa sonrisa que esa “extraña” me regalo a mi otro extraño, esa delicadeza envuelta en una flor de mujer donde cada palabra que brotó me llevo a la tranquilidad, había olvidado que, si hay gente hermosa y que el empaque es engañoso, había luz en tus ojos y ahí me conecte pensando en que los próximos días fluyera en mi un ángel capaz de corresponder ante tantas dádivas que entregabas a borbotones.


Esos días anteriores a nuestro nuevo encuentro estuvieron plagados de recuerdos, de contar los días esperando retomar nuestra conversación y con la esperanza de seguir reconociendo en ti aquello que había tratado de buscar con algún desespero durante varios meses , en donde soñaba frecuentemente en disfrutar de una conversación y que esta fuera tan lenta como pudiera , alargando cada minuto y sintiéndome afortunado porque estarías ahí para recibir mi sonrisa, con una empatía perfecta y así aprovechar cada uno de esos espacios que me regalaras.


En esas noches pensaba como este sentimiento naciente e ilógico debería manifestarse y en mi mente se cruzaba varias opciones que iban desde unas señales de SOS desesperadas de que te fijaras en mi de manera perentoria hasta pasar desapercibido y solo dar ligeros toques de estas sensaciones que iban creciendo; la noche anterior a nuestro nuevo encuentro me sentía como aquella oruga queriendo convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mariposa amarilla en un mundo lleno de color , sin embargo decidí colocar pies en tierra y reconocer que si bien desde niño me habían vendido la imagen del amor a primera vista esta requería de algo más y lo iría comprendiendo en el camino que me esperaba.


Capítulo 3 Conociéndote


La mañana estaba fría, si bien llovía copiosamente podía ver la gente caminar rápidamente , doy un giro a mi pensamiento he intento imaginar que cada uno de ellos vive su mundo y está pensando en las horas por venir , en sus anhelos y metas de ese día; yo por mi parte venía con esa ansiedad que había tenido los días anteriores, con un solo objetivo confirmar si esa conexión primaria y básica que sentí era real o parte de mi imaginación, de nuevo volví a la realidad y seguía caminando , apresure el paso dando zancadas más grandes y volví a sentir frío en mis manos y ansiedad en mi corazón.


De un salto nominalmente entre al edificio me anuncie y espere con impaciencia el encuentro, por un momento me quede absorto y de nuevo reacciono cuando alzo mi mirada y la vi acercarse hacia a mí, como si me conociera de siempre me saludo con un gran don de gente, sin embargo siempre guardo la formalidad que ameritaba la situación, a pesar de ser la segunda vez que coincidíamos nos sentimos cómodos como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo , sentía una buena energía y esto era signos de un buen comienzo para seguir escribiendo letras en el libro en blanco que no había obsequiado el destino.


Hasta ahora me había referido a ella como esa figura menuda y realmente quiero guardar en mi memoria fotográfica tu rostro el cual contemplo de manera directa y en especial esos dos puntos de guía que son sus ojos , he de decir lo que primero vi fue una sonrisa permanente que uno no olvida, vas irradiando luz con una actitud que pocas veces uno ve, más qué describir lo físico de tu belleza admiro lo que inspiras , me llevas a soñar y no queda otro camino más que agradecer a la serendipia que me permitió conocerte, aquí y ahora estoy seguro que si fuera por tu sencillez dirías holas no crees que estas exagerando ? y yo simplemente tendría que decir que pude ver más allá de lo que vieron los demás.


A ratos quisiera describir todo lo que pasa en mi cabeza cada vez que se generan estos encuentros que he de reconocer se presentan por un tiempo limitado y que son de obligatorio cumplimiento pero que disfruto como si fueran libres y espontáneos, me llena el alma de fe, de un sí se puede y de creer que la vida vale la pena vivirlas gracias a la existencia de seres humanos que van regando enseñanzas como semillas con la esperanza de aportar a la vida de cualquiera de nosotros, hoy salgo convencido que sin importar este final ya dejaste huella en mí.


Capítulo 4 La despedida


Así fueron pasando esos sesenta y cinco días de cercanía en donde cada reunión se fue acrecentando sin explicación alguna un afecto inusual que me llevaba a sentirme pleno y a desear día tras día volverte a ver esos sesenta minutos en los cuales el reloj pareciera estar corriendo unos 100 metros planos, eran implacables y a pesar de que sentía que no era indiferente había una barrera implacable de superar; lo sabía y el tiempo se agotaba y no quería llegar a ese final que era tan seguro como la muerte.

Quisiera detallar cada uno de esos instantes vividos en este corto tiempo; donde las letras se darían un banquete ya que se plasmarían todos lo que nos fue sucediendo en donde en cada cita nos sentíamos más dependientes el uno del otro , cada vez conociéndonos más y estoy seguro que tanto tu como yo nos pasó algo que aún no tiene nombre pero que existió , y ahí me queda anclada ese siete de octubre donde se rompió ese cordón umbilical que nos ató durante 65 días, recuerdo salir algo melancólico mas no triste porque comprendía que había tenido suerte y que lo vivido había calado una gran huella que me impediría olvidarte.

Entendía que en ese momento había diferencias que no permitían una relación diferente a la que el destino nos brindó y que antes de manera valiente lo desafiamos y lo llevamos a un escalón más allá de lo permitido, así me fui con una posibilidad escasa de contacto, pero existía como al aire que exhalaba cada mañana posterior a nuestro adiós.

Estábamos cerrando ese primer año y luego de atragantarme con las ganas de escribirte decidí hacerlo de manera sencilla y empezamos otros ciclos de escritos sin vernos en donde te compartía mis escritos que nacieron de la inspiración surgida de los sentimientos hacia a ti, ahí nacieron poemas sentidos que leías y luego me dabas tu opinión donde me reafirmabas que era grato para ti leerme y me agradecías abrirte la puerta de mi vida.


Capítulo Final ser agradecido

Recuerdo que este medio escrito me trae gratos recuerdos contigo ya que siempre recibí una respuesta ; ahora lo sé con certeza el hecho de conocerte fue para mí muy importante disfrute de cada segundo y cada sorbo de este café retrasado en el tiempo y pospuesto por el destino , desde entonces solo pienso que la serendipia llegue a mí para atreverme a soñar contra lo que parece imposible.


Ayer nuevamente recorriste mis pensamientos como en tantos otros días en que te posesionas de mí y aquí estoy escribiendo estas líneas para evocarte y esperando poder robarte unos segundos y una sonrisa ; como diría Benedetti mi táctica y mi estrategia era mantener esa pequeña posibilidad de contacto viva a través del tiempo así fueron transcurriendo meses el cual después de muchos obstáculos se cristalizo una noche fría de aquel 7 de marzo.


Hoy soy consciente más que nunca de las limitaciones que tenemos, unas más que otras y que solo si Dios lo permite caerán, sin embargo, hoy no hay tristeza ni dolor; tengo el recuerdo de la más hermosa sonrisa obsequiada a mí por esos ojos que aun evoco y sabes que entiendo tu silencio y lo respeto, tu historia, tu pasado, pero si por una extraña razón quieres verme ahí estaré ya que siempre he tenido fe en ti.

La noche llega y tu recuerda reposara en mí y a partir de hoy en estas letras que quedaran como vestigio de aquel hombre que llego a destiempo a tu vida y que lo poco que compartió lo hizo de corazón y a plenitud conscientes de sus defectos, cierro los ojos lentamente y mañana será otro día

Esta historia continuará
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Semana a medias

Lunes se enfado con Martes,
se dividieron en partes y
se la jugaron todo a
un pares o nones.
Martes estaba confuso
por que no se habla con Lunes
y Miércoles ya no le invita
a cenar como antes y
no le trae caracoles.
Miércoles tiene celos de Jueves
por que Jueves es animado
y huele a Viernes pero
echa de más a Martes
por que siempre que le habla
mira menos a él, a todas partes.
Jueves ignora a Miércoles
con el tiempo por que
le gusta y siente mariposas
por Viernes y Viernes no lo sabe.
Viernes odia a Jueves e
ignora lo que siente, dice
que le roba horas de fiesta
que por eso lo detesta y
raro será que se fie
pero Viernes desea y
quiere a Sábado por que
a su lado cuando estan juntos
siempre estan de fiesta
o desfasan, olvidando el pasado.
Sábado le gusta Viernes
de echo son pareja y
estan totalmente enamorados.
Que normalmente entre
ellos dos también hay disputas
aunque ¿que pareja no las tiene?
pero siempre se arreglan
y terminan dando vueltas
bajo sábanas y aprovechan
cada instante, cada suspiro
de lo que el universo les a regalado.
Pero el Domingo le entristece
por que llega el resacon,
horas en el baño echando la hiel,
la meada fuera del water,
las despedidas.
El Domingo simpatiza con Lunes,
con Martes y con Miercoles
dice que le caen bien los tres
y los considera parte de su ombligo,
Jueves ni fu ni fa,
por que casi ni lo ve y
los días de la semana,
tras él no son leves
Es el turno de sus enemigos
Viernes y Sábado por que
a Viernes y a Sábado no los traga
por que Domingo siempre
termina pringao entre alcohol, orin,
vómito, semen y tangas..
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Babel us (Parte I)

La oscuridad suele ser el miedo más profundo de las almas normales, lo que no saben es que en ella puedes volar, como un lienzo está ahí esperando ser teñida por los matices que inundan tu mente, tu alma, esos sentimientos que se traducen en imaginación y salen en trazos que en una paranoia iluminan tu existencia bajo el sonido de una línea mortal.

La lluvia cae, el frio se siente correr por la piel desnuda que se eriza como un acto de excitación al nivelarse con el interior, es un ritual conocido por la piel, que ahora es pálida, las pupilas están dilatadas y la respiración es cada vez más lenta, la mirada se pierde fija y la postura decae con el sol, la luz del día se lleva consigo la sonrisa y la imponencia de un ser con careta, la cara que el mundo quiere ver y la que él es cuando la oscuridad es su compañía...
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Solo tú

Solo tú haces que este
nómada a tu lado se quedé feliz
en cualquier parte.
Solo tú conviertes mis letras
en arte pues eres mi musa
igual que mi mejor excusa
y hoy recurri a las letras para
conquistarte, para protemeterte,
para cuidarte, para besarte y
amarte por que mi amor
es tan grande que roza con marte.
Las estrellas estan ansiosas por
contarte que los astros
ahora están de mi lado
para iluminarte,
las fugaces se sientan y
pide un helado de ron con pasas
al rato cambian de opinión y
le pide al camarero un ron y
a ver que pasa.
La Luna está enfadada
pues hay alguien que la quita brillo
y es normal a tu lado
la veo pasando el cepillo
haciendo cola para comer en un pasillo.
Las flores se echan las manos
a la cabeza cada vez que te levantas
de la cama por que saben
que no hay rival para tu belleza
y es que hasta el mundo
se para cuando inclinas el codo
dándole un trago a la cerveza
por que sabe que eres
la más bella de toda la naturaleza.
Solo tú me quitas la pereza
y hasta mi alma no vosteza.
Solo tú haces que mi
corazón luzca con el rojo
más vivo de una cereza.
Solo tú haces que la
tirada de una médium dé
en el blanco con certeza.
Me dijo que llegaría una chica
linda que no saldría de mi cabeza;
asi como se acurrucaria conmigo
cuando ya no aguantará ni la cabeza.
Solo tú haces que la tinta
te brinde sus frutos y
te muestre sus lindezas.
Solo tú haces que sueñe
con tus besos sabor a fresa
pues eres mi reina
aunque en mi colmena
pasemos de la realeza.
Solo tú sabes de lo nuestro
por donde acaba y por
donde empieza yo te lo muestro
todo de una pieza.
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Un ataúd para dos

Calista murió un martes por la mañana, murió virgen y joven.
Su lozanía no conoció nunca el sol que daba fuera del pueblo, y su huraño comportamiento de autoconfinamiento le hacía tener una piel pálida perenne, que le vestía con una suerte de lividez rígida y decadente.
Sus padres -decían sus vecinos- iban siempre de viaje largas temporadas por dedicarse al negocio de las mercaderías, y por sufrir ella de un extraño mal que le cubría el cuerpo de llagas si estaba expuesta a la intemperie y el sol como lo pudiera hacer una persona normal.
Era de poco dormir, o al menos eso parecía, puesto que ostentaba unas ojeras de grandes proporciones que le hacían ver sus opacos ojos como hundidos en dos cuencos de un gris enfermo que asustaba.
Las Hermanas de la Caridad que le cuidaban por días en ausencia de sus padres, no eran capaces de hacer comer a la chiquilla, cuyo esquelético cuerpo iba arrastrando por la casa donde era incapaz de salir.
Calista llevaba unas uñas de un largo antinatural que daban un sincero y valiente asco. Pero tampoco había dios capaz de hacérselas cortar.
Es cierto que entonces se corría el rumor que sus padres habían amasado una enorme fortuna en sus negocios, y por ya alcanzar una avanzada edad y tener a Calista como la única heredera, cualquiera que se hiciera con sus favores tendría la vida resuelta.
Sin embargo, el errático y estrambótico comportamiento de la muchacha, que casi rozaba la idiocia, echaba para atrás las pretensiones de los más inescrupulosos y ambiciosos pretendientes que al conocerla ponían pie en polvorosa.
Siempre fue así hasta que Eladio Fuensanta, octogenario y perverso, se dio a la imposible tarea de cortejar a la chiquilla.
Aquel había ido de viudez en viudez viviendo de sus consortes muertas, pero ya hace más de un año que se encontraba en unas condiciones económicas nefastas, y a pesar de no vivir en el mismo pueblo de Calista, había emprendido un largo viaje con la descabellada idea de conocerla.
Tenía por supuesto pensado presentarse como uno de los socios comerciantes de sus padres, quienes hubieren querido (en especial encomienda) que él mismo en persona se hiciese cargo de ella y sus necesidades. Las domésticas y las propias de la ausencia.
Fue así pues, que con esta burda estratagema Eladio, el octogenario advenedizo, fue a parar a la casa de Calista, quien no le recibió, sino que fue Sor Aradia, la que más trataba con la muchacha, quien cayó en el ardid, un poco por alegría de que a alguien más le importara la suerte de Calista, y mucho más por sustraerse de las labores que se desprendían de cuidar a aquella atípica joven.
Sor Aradia no tendría más que limpiar las defecaciones ni meados que la muchacha iba plantando por doquier o hacer fuerza para soportar de improviso su terrible semblante lívido y huesudo. Sus frustrados intentos por socializar con aquella, o hacerle hablar o comer de modo de convencerse de que era humana.
Esa mezcla de lástima, repugnancia y zozobra que Calista le producía iba a terminar de una vez por todas. Así que, aunque todo le pareció sobrevenido, ninguna de las mentiras que le vendió Eladio para quedarse le parecieron poco razonables.
Los santos del cielo habían escuchado por fin sus ruegos, dejaría por fin de ver las horrendas cicatrices de los pellejudos brazos de Calista, las mismas que ella se autoinfligía en las oscuridades de aquella casa pútrida de sombras y olores nauseabundos de ausencia.
Habían pasado tres días y pudo más la avaricia del viejo decrépito y deforme que la lobreguez de aquella morada exornada en tinieblas. Había sido advertido del carácter huraño de la chica, pero no estaba dispuesto a rendirse hasta conocerle. No podía ser tan terrible todo lo que se decía de ella, y él (tan avieso e insurrecto) no se iba a conmover por una joven fea o desaliñada.
Después de todo él, su halitosis y sus problemas de granos en su anciana piel (que eran de cuidado) no le hacían tampoco un Adonis, ni mucho menos aquella, que tan poco agraciada se supone que era, iba a poder rechazarle por nimiedades estéticas.
Eladio disimulaba malamente su labio leporino de nacimiento, su meteorismo y su onicosis. Y hasta poco cuidadoso era con las desmesuradas legañas que no se limpiaba jamás.
Así que al cuarto día, ya cansado de esperar, decidió adentrarse en los aposentos de aquella casa, que más bien emanaba efluvios de panteón o fosa común. Eladio continuó decidido descendiendo por una escalinata llena de carcoma, notó la presencia de alimañas que reptaban por los peldaños al ir bajando y notó como el aire empezaba a tornarse más enrarecido y espeso.
Una mezcla de umbrías, polvos y telarañas anidaban por todas partes y la luz se hacía más débil, cuando de pronto el viejo da un terrible resbalón, producto de haber pisado sin cuidado una materia fétida y oscura.

Eladio fue a parar casi muerto a un hueco donde sus huesos rotos reposaron sobre lo que parecía un lecho de fémures, costillas, tibias y cráneos. El golpe de la caída le hizo perder la conciencia por poco tiempo, la pestilencia de aquel lugar era tal que la misma le hizo recobrar el sentido entre espasmos y arcadas violentas.
Imposibilitado de poder moverse y escorado como una falange más de aquel protervo agujero, Eladio escuchó que alguien se acercaba bajando, como arrastrando un saco de guijarros o fragmentos de algo desconocido, que producía una cacofonía escalofriante.
Por más que intentó menearse no fue capaz siquiera de apoyarse en un costado, aquello estaba tan oscuro que apenas fue capaz de ver la violenta dislocación de sus rodillas, y una clavícula que le asomaba abyecta producto de la caída.
Gimió y gritó con desgarro:
¡Calista! ¡Calista!
Mientras intuía más cerca la presencia de una sombra (no era posible con certeza saber si era un animal o una persona).
Indefenso y preso del pánico más absoluto Eladio de cagó encima.
Vio por encima de sí como unas uñas verdes y extremadamente largas y asquerosas le cogían del cuello, de algo parecido a una cabellera, que alcanzó a ver antes de desvanecerse cayeron unas larvas adultas y no pocos gusanos.
Pasaron los días, y al no saber nadie nada del cuidador de Calista ni de ella misma, una comitiva consternada por la situación o por las garras de la incertidumbre, decidió entrar en la casa de la interfecta para aclarar qué ocurría.

Fue así que, Sor Aradia, Mateo el cura del pueblo cercano, y otros cuatro, acudieron al desolado sitio.
Asaltados por el estupor nauseabundo y vomitivo que emanaba de la casa y sus linderos, y tan pronto abrieron la puerta principal, dos de los hombres que iban con los religiosos cayeron desvanecidos por arte de aquel poderoso hedor.
Poco después se descubrió por fin, en la parte baja, una espeluznante estancia que bien podía ser un cementerio interior o una morgue de vastas proporciones, donde osarios y restos fecales se confundían con las sombras en macabro cuadro.
Aquella fosa común o lo que fuere, guardaba en su centro un ataúd de mayúsculas proporciones. En aquel escenario enrarecido y tóxico Sor Aradia y Mateo fueron los únicos, que, sobreponiéndose a la conmoción de las circunstancias, se acercaron a aquel inaudito hallazgo.
Al asomarse constataron como un amasijo pestilente de huesos, pellejos y vísceras se revolvía dando sus últimos estertores de vida. Sor Aradia cayó fulminada al reconocer entre tanta mortandad el atuendo de Eladio pútrido y desgarrado, y Mateo atónito vio con horror como entre los restos Calista iba engullendo con fruición los restos mortales de su necio y octogenario pretendiente.
Esta vez nadie en el pueblo preguntó, ni se atrevió a ir a buscar a nadie. La superstición o el miedo atroz que estos hechos y desapariciones provocaron pudieron más que cualquier vocación de auxilio de familiares o personas relacionadas con estos nuevos desaparecidos.


Los padres de Calista nunca regresaron, nadie lloró, nadie habló y las Hermanas de la Caridad o la Diócesis del pueblo al que pertenecía Mateo tomó parte en investigación alguna.
Lo único que se decía (si alguien ajeno al pueblo preguntaba por la casa) es que era una propiedad de un matrimonio rico que se dedicaba a las mercaderías, y cuya única hija soltera, núbil y excepcionalmente hermosa y erudita, les esperaba siempre estudiosa en la biblioteca de la casa, a la que se podía acceder por unas escalinatas que llevaban a un nivel inferior.
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Relaciones vacías

Intuiciones de afinidad.

Intimidades seccionadas por cúmulos de vanidad.

Relaciones caen en la cotidianidad.

Puentes desconectados al hablar,
mundos por abismos separados,
fisuras,
grietas,
un sentir resquebrajado.

Vivir desequilibrados.

Dudas al amar,
confianzas quebrantadas,
sonrisas falsas,
abrazos que encierran puñaladas.

La nueva normalidad.

Conexiones temporales,
encuentros casuales,
enamorados por azar.

/*

Intuiciones de afinidad que se saben engañadas.

Al principio,
siempre nos dejamos cegar.
Vemos en el otro aquello que queremos encontrar.

Nuestro es el error,
cuando por amor,
somos tan fáciles de engañar.
Nuestra la culpa,
si nos dejamos esclavizar.

Intimidades seccionadas por cúmulos de vanidad.

Intimidades mutiladas,
por la resistencia individual.

Un orgullo egoísta te incita a luchar contra quien deberías preocuparte por cuidar.

Toda planta muere,
si la dejas de regar.
Aunque por exceso,
también pasa.

Como resultado,
una vida ahogada,
un corazón sin fuerzas para nadar;
piernas quebradizas,
con las que ya no se puede andar,
correr,
saltar.

Angustia,
mi mente ya no puede respirar.

Desconcertado,
pensaba que te amaba,
ahora no lo podría jurar.

Siento el entorno peligrar,
al suelo temblar,
oigo a los cielos reñir y castigar;
pero tu voz,
no la oigo,
ni tan sólo cuando estoy cerca del mar.

Una configuración frágil como el cristal,
fina como el hilo de tus vestidos,
la línea que separa el amor y la amistad.
El odio y el amor,
el amor propio y la vanidad;
la ficción,
de lo irreal;
la mentira,
de la verdad.

El aroma a sueño,
que se va...

Qué palabra,
reconciliar...

La felicidad,
intensa,
apenas un recuerdo vago ya.

Es una física inevitable,
la de amores,
pasiones,
que caen en la cotidianidad.

La de amores plenos,
que se tornan relaciones vacías,
jardines sin flores,
desiertos innobles,
y reinos,
donde sólo luce la oscuridad.

Aún así,
nadie cesa de buscar.

Condenados,
en esa lucha interminable,
la huida de la soledad.

Rheinn

"Relaciones vacías"

Todos los derechos reservados.

RheinnPoetry ®
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A la sombra del árbol...

El día era normal y relajado, un típico día de noviembre que comienza a anunciar que el frío llegará pronto y aun así nos regalaba sus últimas trazas de un cálido sol. Por el camino los pequeños bambúes se mecían con la mano suave del aire y sus hojas silbaban con un tono bajo y esperanzador, su baile era casi hipnotizarte.

Mientras tanto en mi auto la temperatura subía, el sol me abrazaba por completo y las gafas obscuras parecían solo un tenue paño ante tal brillo... una gota de sudor recorría mi frente lentamente, como si reconociera cada surco, cada arruga, cada ínfimo detalle de mi gran imperfección y la conquistara para sí misma, al llegar a mi ceja se despidió con un cosquilleo y murió a causa del dorso de mi mano derecha.

La boca un poco reseca y el agua un poco tibia.

Exhalé un leve suspiro y giré la cabeza tomando mi cuello para liberar el estrés, el reloj marcaba las 4:17 pm con su pequeño tic tac, como si un insecto minúsculo fuera el que marcaba mi tiempo. La pulsera roja y la de piel con un pequeño cráneo de metal se enredaban al cambiar la velocidad, el motor parecía aletargado, como si el calor lo hubiera sumido en un sopor mundano. Miré a ambos lados del camino casi desértico, ningún auto asomaba ni por ventura, aun así, me tomé el tiempo de girar con suavidad sintiendo la piel candente del volante quemar un poco mis manos, parecía que aún podía sentir algo.

Seguí recto por unos metros más y llegué a la dirección. Un lugar solitario, con el sol en pleno y una pequeña banca resguardada en su propio bunker de sombra amablemente proporcionada por un gran árbol frondoso, el cual pareciera ser lo único vivo por ahí.

Estacioné el auto a un costado y abrí la puerta, la cual hizo un extraño sonido en sus bisagras como si se hubiera molestado por haberla despertado, descendí y mis pasos se escuchaban arenosos y algo arrastrados. La verdad es que no quería estar ahí pero el destino es inevitable y pensé "qué más da". Me senté en la banca y la sombra me refrescó como si me hubiera transportado en un instante a una selva húmeda, esa sombra era perfecta, me parece recordar que esbocé una sonrisa, pero no estoy muy seguro. Cerré los ojos y disfruté de mi pequeño espacio en el mundo, un pequeño espacio sólo para mí.

El ruido de un motor me hizo regresar a ese panorama semidesértico, giré la mirada y pude notar su auto a la distancia, el sol reflejaba el color plata como si una pequeña bala de cañón viniera directa a impactarme... y así era.... de nuevo el reloj 4:32 pm. Su auto se detuvo al otro extremo del mío, que mensaje más claro que el que ni siquiera podamos estacionarnos juntos. "Hola" exclamo con una voz apagada y con calma "Pensé que no vendrías"... Hacía días que no sabía de ella... "yo pensé que no vendría... y henos aquí, sólo he venido para saber qué tienes que decirme" aunque por dentro pensé que en verdad había venido por la sombra de ese árbol... "Pues bien dime, te escucho" lo dije con la voz más satírica que tenía y es que todo el mundo sabe que nada bueno puede salir de una plática que se pacta con un sinuoso y misterioso "Tenemos que hablar". Se sentó a mi lado, pero jamás me observó, sus manos temblaban un poco y sus ojos parecían quebrarse en cualquier instante "Te quiero, lo sabes..." .... "No, no lo sé, ¿me quieres?".... de nuevo pareció que le daba una punzada en la espalda... "Quisiera que la vida fuera diferente, que el universo nos perteneciera y que no tuviera nada más que hacer que quererte, sin embargo, mi vida es todo menos sencilla, es por lo que no puedo darte más de aquello que quisiera, no es falta de cariño de verdad, solo es un poco de ego porque me necesito a mí misma por el momento, por ello no puedo darme a nadie más, lo siento, pero lo mejor será despedirnos"... De ser honesto me sorprendió su sinceridad a quemarropa, esperaba un preámbulo de charla sin sentido, me gustó verla valiente por una vez.

Guardé silencio por unos momentos, giré mi cabeza hacia el cielo, el árbol seguía tan fresco... "De acuerdo" dije por lo bajo... "¿No tienes más que decir?"... espetó con algo de inconformidad... "Es claro que tu decisión está tomada, y solo has venido a decirla, si no, tu comentario de apertura hubiera sido eso, apertura, y no conclusión, cuando uno busca un dialogo suelta una hipótesis para ser desarrollada, tú querida mía, has llegado directamente a la conclusión, entonces esto no es un diálogo, es una imposición, y de ser sincero estoy cansado de ello. Te quiero, vaya que lo hago y por ello lo menos que puedo hacer es darte tu libertad a pesar de todo, porque querer de verdad significa dar todo para alguien, hasta darle el sello de salida en su pasaporte de amores olvidados" mis palabras parecieron caerle de sorpresa, no hubo discusión ni malos tratos... "De acuerdo, siendo así, gracias por venir... y por entenderme"... se levantó y caminó... En mi mente sólo pude pensar "Espero que con él sí seas feliz" y al hacerlo pareciese que me habría escuchado pues giro su rostro y por un instante me observo fijamente con sus intensos ojos verdes, aún hoy no sé bien a bien qué tipo de mirada fue la que me lanzó, si de nostalgia, enojo, locura, empatía, remordimiento, culpa...

Tres días antes de que ella me pidiera hablar, por azares del destino me enteré de su nueva situación sentimental, que obviamente era con alguien más... al saberlo el alma me abandonó por un momento, un buen trago del santo tequila calmó todos los demonios que de mí emergían... eso explicaba tantas cosas, así que callé y decidí esperar a escuchar sus motivos... nunca dijo nada sobre el tema... y yo que por un instante la vi tan valiente.

Una última mirada antes de subir a su carro y se esfumó detrás de una nube de fino polvo...

Por mi parte me quedé disfrutando de las nubes que recorrían el cielo sin preocuparse de cosas mundanas como el desamor humano... la sombra era aún fresca, la escena era tan sublime que cerré los ojos esperando que de un tajo la muerte me llevara... no fue así...

Me levanté y coloqué mis gafas de sol, 5:26 pm en el reloj, de nuevo los pasos arenosos pero esta vez menos arrastrados, es raro, sentía el cuerpo más ligero. Encendí el motor el cual rugió como si me estuviera esperando "al punto", aceleré y sentí el viento jugar con mi cabello, pareciese que el calor me había dado una pequeña tregua... "Tal vez mañana venga un rato a la sombra del árbol" pensé, mientras el camino devoraba con una sonrisa irónica mi ingrato destino...
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Reminiscencia de invierno (parte V)

Esa mañana todo el mundo tenía antojo de un pastelillo o una galleta de “A&C sweet shop”, la tienda de pastelillos de Claudia y Alessandra. Ya fuera para acompañar el primer café del día o para el coffee break de media mañana. Filas y filas de personas con sus abrigos, sus guantes, sus gorros y el vaho humeante de sus bocas en las conversaciones; parecía que se hablaban con señales de humo y no con palabras. ¿Sería el efecto de los gélidos vientos del norte que no menguaban? Como a las 11:00 am, sin embargo, la tienda se queda vacía, no entra ni un mosquito. Alessandra y Claudia van y vienen desde la bodeguita de la tienda con bandejas de cupcakes y galletas para rellenar el mostrador y las vitrinas. ─ ¡Me tienes que decir de una vez por todas, a que viene este misterio Alessandra! ¿Qué es eso de tenerme dando excusas falsas al buenazo de tu prometido? Diciendo que estás aquí a horas de la noche o de la tarde, cuando no tengo idea ni dónde ni con qué fulano andas haciendo qué cosas. ─Era la cantaleta de Claudia mientras iban y venían─ ¿Le estás poniendo el cuerno a Salvador? ─le interroga con indignada curiosidad. Alessandra calla, con la mirada baja hacia el suelo o hacia las bandejas que lleva y trae finge estar turbada con el quehacer. Ante la insistencia de Claudia, la mira fijo a los ojos, con un aire de tristeza. Se sienta en un banquito pequeño de tres patas que tienen en la bodega; el que usan para alcanzar alguna estantería alta, y en cuanto empieza a hablar, su rostro se inunda de una expresión de alegría. Le cuenta todo sobre su primer encuentro con Salvatore, las citas posteriores, su encuentro íntimo. Le dice que este hombre le atrae sobremanera, que no sabe por qué. Que le confunde, le mueve el piso y siembra una incertidumbre sobre su futuro. Ya no está segura de querer casarse con Salvador. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Cuál es la razón que la mantiene junto a él? Se echa a llorar, más bien sollozante, mientras le sigue hablando de Salvatore. ─ ¿Dices que se llama Salvatore? ─le pregunta y cuando ella asiente con la cabeza, le relata que, al principio de su amistad, hace poco más de dos años, era frecuente que ella mencionara ese nombre; de la nada y sin relación alguna con la charla que les tuviera ocupadas. Que más de una vez le preguntó quién era esa persona y que siempre fue evasiva o simplemente parecía no haberse percatado de mencionar ese nombre. Eso dejó de pasar cuando abrieron su negocio. Alessandra le sigue contando la extraña anécdota en el café de doña Juana con el muchachito hijo de ella. Pasa una hora velozmente mientras conversan el tema, sus detalles y la tormenta de emociones y sensaciones que Alessandra vive. Claudia está impactada con todo lo que le cuenta y le dice que deben salir de dudas. Que Juana y Tony seguro saben más de lo que aparentan. ─Nos vamos a almorzar a ese café, ahora mismo ─le dice en tono imperativo.

─Pasen niñas, que se les congela la vida allá afuera ─les da la bienvenida doña Juana mientras abre la puerta. Las lleva a una mesita del centro. La calefacción está a todo vapor. Se quitan los abrigos de inmediato y se sientan a ver el menú. En menos de un minuto regresa Juana con dos jarritas de barro llenas de consomé de pollo, humeante y delicioso. Unas ramitas de cilantro flotan en su superficie. ─Les dejo ese consomécito para arrancar, en lo que ojean el menú, vuelvo pronto ─les dice. No tienen hambre, pero la presentación les seduce y dan un par de sorbos que les quema levemente el paladar, pero entibia el alma. Al fondo del lugar se oye un ruido, como metálico. Claudia se levanta, camina entre las mesas y llega al fondo de un pasillo, más allá de la cocina y se asoma a ver por la ventana. Ve un muchachito con la estampa del hijo de Juana, tal como Alessandra lo describió. ─Alessandra, ven rápido ─le grita, pero de algún modo como si fuera un susurro con alto volumen. Ella se apresura a llegar, pasa por la cocina donde Juana está atareada mezclando algunos ingredientes para un platillo. Su estridente licuadora no le permite advertir que a sus espaldas pasa Alessandra casi corriendo. Claudia abre la puerta de servicio que da al área trasera de basureros y ambas se aproximan a Tony. El chico se encuentra contrariado, un tanto rabioso, porque su madre le había prometido dejarlo ir a un juego de baseball esa tarde, y a última hora le avisa que debe quedarse, pues llega a refaccionar a las 4:00 pm todo el personal de ventas de una empresa pequeña cuyas oficinas están a unas cuadras de allí; llegan a celebrar el aniversario de contratación de la gerente de ventas. Han reservado casi todo el lugar. Más de la mitad de los empleados son centroamericanos, incluida la jefa, por lo que no quieren perderse los exquisitos tamales colorados que doña Juana prepara, sin mencionar el inigualable chocolate caliente. Tony había depositado con torpeza unas bolsas de basura en uno de los botes metálicos, el cual se desbalancea y topa con el bote contiguo produciendo un molesto chasquido. ─Hola Tony. ¿Me recuerdas? ─le saluda Alessandra. El chico está aturdido en su enojo y no recuerda que ella había llegado hace breves semanas con Salvatore. ─ ¡Qué tal Alessandra! ─le responde en automático. Claudia se abalanza hacia él y empieza un interrogatorio al mejor estilo de policía malo de una película clásica de policias y ladrones. Le pide que le confirme sobre cuándo y por qué conoce a Alessandra y a Salvatore. El chico, muy confundido, le dice todo: Que hace poco más de dos años, él no trabajaba todo el día con su mamá, solo venía unas pocas horas por la tarde a ayudar con la limpieza del local, pues estudiaba por la mañana; pero luego su madre le pidió que se cambiara a la escuela nocturna pues necesitaba ayuda de él todo el día, aunque le daba buen tiempo para hacer sus deberes. Entonces, en esa época, solía encontrar una pareja de enamorados que le parecían sumamente melosos. Pero a la vez, tenían episodios con discusiones tan acaloradas, que su madre lo mandaba a la cocina con los oídos tapados, mientras ella mediaba ante la pareja. A pesar de eso, los recuerda con mucho cariño, porque siempre que se acercaba a su mesa a dejar más servilletas, o recoger vajilla sucia, ellos eran muy cordiales, le sacaban conversación trivial y los viernes le decían: “te dejo este billete de 5 dólares, pero no le digas nada a tu mamá, que la propina normal la dejaremos por aparte”. ─Nos vas a llevar ahora mismo con tu madre a que nos confirme lo que dices chiquillo. ¿Voy a creerle a un niño mocoso como tú todas estas cosas que no hacen sentido? Mi amiga no se acuerda de nada de eso ─le dice Claudia mientras le toma la oreja con firmeza a Tony─ ¡Cálmate Claudia! No hay razón para tratar con tanta rudeza al chico ─le ruega Alessandra con determinación─ es cierto, discúlpame chico, todo esto me tiene muy alterada, vamos con tu madre por favor ─y el chico, todo zarandeado y asustado las lleva de inmediato a la cocina con su madre.

La cocina es un reguero de verduras, especias, pollo, carne de cerdo y al fondo un fogón con una olla cilíndrica muy alta en donde se cocinan los tamales. Nada fuera de los estándares de higiene que exige la municipalidad de la ciudad, sino más bien un campo de batalla culinaria, donde doña Juana va saliendo vencedora. Ella no se ve sorprendida. Su sonrisa ilumina su cara de sol de verano. Les dice que ya sabía, desde esa visita inesperada de la pareja hace breves semanas, que más temprano que tarde, uno de ellos, o ambos, volvería a indagar; especialmente luego de la indiscreción de su hijo. Ella les corrobora de inmediato toda la historia contada por Tony y la enriquece con muchos más detalles. Pues ella, era buena amiga de la pareja, les quería ─aún les quiere─ mucho, era casi su consejera no oficial de noviazgo. Les cuenta que hace unos dos años y medio, ellos solían llegar 2 o 3 veces por semana a su cafetería, se veían tan enamorados, pero ella siempre intuyó que algo andaba mal entre los dos, algo irreconciliable y misterioso en su esencia de pareja, que nunca supo que era en realidad, pues ellos no quisieron abrirse por completo. Hasta que un buen día, dejaron de llegar. Al mes de su desaparición súbita, llega una organización privada de salud. ─ ¿Cuál era el bendito nombre de esa empresa? ─se pregunta ella misma en voz alta; que era algo como “Remembrance”. Ellos llevaban unos videos en una tableta y unos papeles para firmar. Los videos eran de Alessandra y Salvatore por separado, cada uno despidiéndose cariñosamente de Juana, agradeciendo todo su cuidado y paciencia, y dando instrucciones estrictas de que si alguna vez los volvía a ver en la vida, que fingiera que no los conocía, y que por nada del mundo les contara nada de su vida pasada. ─ ¡Vida pasada! ─exclama en voz alta, con un aire más bien de interrogación, como de quien no tiene idea de que significa una frase, como si fuera de otro idioma. La hicieron ver los videos varias veces y luego destruyeron la tableta, en el acto, ante los ojos atónitos de ella. Los videos además indicaban que Remembrance tenía poder legal para proceder jurídicamente contra ella si incumplía esta petición de sus amigos. Los hombres que llegaron miraban amenazantemente a su hijo de reojo, mientras sutilmente mencionaban datos de su escuela, su horario, sus aficiones, deportes, etc. Ella muy alarmada, aunque con tristeza, firmó los papeles aceptando guardar silencio en todo lo relacionado a la vida pasada de Alessandra y Salvatore y todo lo concerniente a Remembrance.

En el dormitorio se siente un espíritu invernal, un frío etéreo que nada tiene que ver con la temperatura. Por la ventana se observan los copos de nieve que caen como gotitas de algodón que se desprenden desde un sembradío en los cielos. Salvatore observa la pantallita digital del aparato de calefacción de su cuarto. 27º centígrados. Hace diez minutos que habló con Solomon. De pronto recuerda ese raro episodio, en el que perdió su pasaporte hace unos dos años y medio, más o menos. Afortunadamente tenía copia digital de respaldo en esa nube especializada en documentos personales importantes, “iDropDoc”. Pero recuerda además que cuando descargó su copia, vio una página con un sello de Monterrey. Pero, él nunca había estado en ciudad alguna de México. Se comunicó con servicio al cliente de esa empresa y le dijeron que seguramente era un glitch informático, que no se preocupara, que lo corregían en breve. Al día siguiente, en efecto, aparece una hoja idéntica, pero sin el sello de Monterrey. Llama a Solomon de inmediato. Tarda en responder. ─Ah, carajos, estoy a punto de conquistar este reino y el maldito teléfono vuelve a sonar ─pone pausa unos segundos, mira de reojo el móvil, responde: ─ ¿Otra vez tú Salvatore? Ya te dije todo lo que investigué. ¿Qué, somos mejores amigos ahora? De esos que se llaman a altas horas de la noche para contarse sus confidencias y malas pasadas del día ─corta la llamada. Salvatore no se inmuta, vuelve a llamar. ─ ¡My God! Vete a dormir de una buena vez ─Solomon le grita al aire enrarecido y decadente de su sombrío sótano sin contestar el teléfono. Continúa el juego. El móvil suena, tercera llamada de Salvatore. Está a punto de conquistar el reino. Un momentito más. Cuarta llamada, no hay sonido en el móvil, solo vibración en la mesita donde tiene apoyados los pies. Solo tiene que destruir al héroe líder en jefe del otro reino, ya casi, el móvil vibra, un ataque más, su héroe se defiende de un golpe mortal, casi lo aniquilan; asesta el golpe final y lo logra. Nunca le había costado tanto conquistar un reino. Llevaba ya dos semanas en esta batalla. Quinta llamada, responde. ─ ¿Solomon, tienes pasaporte vigente? Si es así, empaca ligero, te vas conmigo a Monterrey mañana, paso por ti a las 6:00 am ─dice Salvatore; Solomon se queda en pausa por dos segundos, y antes de cortar─ ¡Pero, tú pagas todo! Y ya no me jodas más esta noche.

(Continuará…)


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Letanía de amor

Me fui llenando de sublimes momentos
que poco a poco se fueron cambiando
hasta que se acabó la paciencia
esa que normalmente duerme tranquila
cuando se cansa la misma noche,
y llegaron los sueños con sus torpes reproches.

Te han robado la sonrisa nocturna,
el abrazo tibio de tener paz en mi regazo,
solo te ha quedado la amargura
que acumulas de los años pasados.

¿Cómo te recuperas de la inocencia perdida?
Si eres el resultado de un atropello
de aquellas verdades
que se volvieron mentiras.

Me fui llenando de silencios muy largos
y me quedé esperándolos
como si fueran el único remedio
de un corazón que simplemente ya nada siente,
el frío congeló tus aventuras rebeldes
ahora te cuesta mucho tan solo a ti misma tenerte.

La música ya no consuela a tu mente,
tus escandalosos momentos amados
se fueron perturbando
y solo quedo una voz interior que te dice
que existió mucho amor que ya no recuerdas.

Como pedirte que me ames
si lo has olvidado todo,
cómo amarte
si me he conformado con esperar tu llamado
vivo en el regazo de una lámpara
que apenas calienta,
esperando en una madrugada tan corta
que sólo percibo como cala el frío
con sus irreverentes deseos de una infundada calma.

Me fui llenando de libros
que no encuentran las respuestas a tus delirios,
me fui llenando de tu sueño ligero
que ahora se cuela como el viento
por la rendija de la puerta de un balcón
que nunca ha escuchado tus lamentos.


Por fin duermes
después de tanto cansancio,
de batallar con tus propias acciones
que desean sustraerse
de tus mismos agobios de siempre.

¿Qué serán de esos sueños que ya no recuerdas?
preferimos ignorarlos
como ignoramos a la vida misma,
en cualquier rincón olvidado
de las propias excusas muertas.

Me fui acostumbrando a las poesías copiosas
esas que imitan las historias en prosa,
acompáñame a abrir mi corazón
para ver si encontramos algún tipo de insomnio
que justifique tantos versos que son cómplices
de una perfecta memoria taciturna
que lamentablemente todo lo recuerda.

Nos hemos esperado tanto
que las imágenes de nuestro amor
ya son solo sombras ausentes
de una desesperación que emerge
con el olvido frío de tu desprecio.

¿Qué me dirás después de todo
cuando el silencio se haga tan sordo?

Me fui llenando de teorías
para cortejar a la noche,
en esa ausencia tan larga
en la que ya no me recuerdas,
terminamos siendo solamente
una interminable letanía de amor.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
13/12/2017.
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La costumbre en la piel escaqueada

Mi primo César es uno de los panaderos del pueblo, chambea y suda como el que más. Trabaja como un negro para vivir como un blanco: Madruga a eso de las cuatro, amasa, hornea y luego ya a las siete comienza a despachar el pan y hasta se da el lujo de atender él mismo su propio negocio. Es una panadería pequeña que le queda "a pata e' mingo" pues la misma está ubicada en la planta baja de su casa de dos pisos.

Trabaja, suda y se cansa; luego se ducha bañándose como los pájaros, rápido y sin estregarse el cuerpo.

Por su estilo de vida y la forma como trabaja, en donde prácticamente es él solo para todo, pues funge de "utiliti", es normal que en estos casos se sude mucho... y aunque no te puedo decir que huela mal (porque de afirmarte lo contrario estaría mintiendo) bien es sabido que sobre la piel se acumula el carare, esa capa de sucio que se adhiere a las depresiones propias de los pliegues, a las superficies, igual como lo hace un liquen de pequeña esmeralda que se aferra fuerte a la roca de faz desnuda, dejándole la piel veteada, con esos brazos ajedrezados, ¡Todo percusio y mohoso!, como una pared vieja... que se desconcha... mudando su piel de culebra por el fresco en el salitre de un mar cercano. Ese es su aspecto a pesar del aseo diario.

Yajaira —su mujer— siempre arisca y desconfiada como toda buena cuaima, discute con él a este respecto y... consciente de que en realidad tiene dos hijos (su hija de tres años y César) un día, así, de sorpresa, se mete a la ducha armada de pumita y una lanilla de acero, de esas que se usan para sacarle brillo a una olla después de haber quemado el arroz blanco.

Lo agarra, lo cepilla, lo estruja, lo raspa... lo enjuaga como si fuera un felpudo caqui de color y no conforme con esto, ella lo vuelve a estrujar de nuevo como para asegurarse así del proceso abrasivo. Al terminar el asalto lo deja limpiecito como un Sol y obviamente todo magullado.

Esa misma noche César no puede dormir. Lo ligero que le dejó lo limpio parece que le espanta el sueño. Vuelta y vuelta en esa cama cual pollo en pincho atormentado por el calor no sé qué brasas.

Es como si de pronto se sintiera incómodo dentro del traje de su propia piel, ¿sabes?

"¿Qué pasa, amor? ¿No puedes dormir?" —ella pregunta— "¡Sí!... ¡No sé qué ocurre! Creo que me hace falta toda esa suciedad que me quitaste".

A veces se subestima el sutil poder que sobre nosotros tiene la costumbre.-


@ChaneGarcia
...
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Diferencias

Diferencias
Siempre están las diferencias,
tan presentes, tan hirientes,
tan normales, tan casuales.
Esas que nos provocan risa,
esas que nos hacen poner serios.
Diferencias de altura y grosor
de raza, credos y opinión
de todas las clases tipo y color
y las que más nos duelen,
las diferencias de amor.
Las que dicen si
las que dicen no
y por las dudas algún
tal vez, puede ser o a lo mejor.
Las que nos atan o desatan,
las diferencias de edades
tan escasas, tan abismales
Siempre están, siempre serán
que nos hacen bien y nos hacen mal
y con todas ellas, sin ellas
a favor o en contra
y con todas las diferencias
las que existan, las que invente
tu siempre aquí, conmigo presente.
Emma ET
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La paleta gris

El amor se acabó
entre las ruinas
de pinceles despeinados
cuerdas fatigadas
y trapos manchados.

Me sumerjo
en la blanca pureza
de un nuevo lienzo
donde no encuentre
ningún rastro de mí.

Irritados quedan los ojos
tras la agónica búsqueda
de inspiración,
la memoria anterior
ya no es socorrida
al haberse domiciliado
en una cámara acorazada
de recuerdos perdidos.

Mezclo y mezclo colores
con la mirada perdida
en un maltrecho Collage
que aún habita en la quinta pared.

Una cadena de sonidos
advierte que la pasta
sigue de color hormigón
y que la paleta no conoce
distinta tintura desde hace años.

El amor se acabó
al mantener siempre abierta
la caja de dudas,
me arropé sólo con insomnio contemplativo,
guardé mis manos
y dejé inacabado el dibujo
de nuestro futuro.

Al no asumir riesgos
no se está a la altura,
normal es ser repelido
cuando se acumula tanto silencio.

Se acabó el amor
por sólo mirar las heridas
que andan siempre cerca de mi ombligo.

¡Idiota!.
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Camel y Libertango

Hoy me prendí un cigarrillo.
Era de un atado de Camel
como los que fumabas vos.
Y mientras intentaba tragar el humo
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
sentí el dolor de cabeza,
ese mismo dolor que sentías vos
(justo a la mitad del pucho)
cuando apagabas el cigarrillo y te ponías a tocar "Libertango",
y tu guitarra se llenaba de olor a Camel
del olor que venía de la punta de tus dedos,
y mi aliento se llenaba de olor a Camel
del olor que venía del contorno de tus labios.

Yo no apagué el pucho,
seguí fumando,
a pesar del dolor y el mareo.
Cambié el cigarrillo de mano,
cerré los ojos y acaricié mi cara,
y por un instante
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
te sentí a mi lado,
y mi aliento a Camel fue por un beso tuyo
y mis dedos con olor a Camel fueron los tuyos
y en mi mente empecé a escuchar "Libertango"
y todo se sintió normal.

Ahora abrí los ojos.
No me fumo ese Camel porque te extraño
(te extraño, pero el Camel no tiene nada que ver)
me fumo ese Camel para recordar que soy yo
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
la que tiene que salir adelante.
Y cuando flaquee y te quiera llamar,
voy a oler la punta de mis dedos,
voy a pasar la lengua por mis labios
y voy a escuchar "Libertango".
Entonces vas a estar ahí
y voy a apagar ese Camel
y me voy a ir de la peatonal,
a las cuatro de la mañana,
sola.
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Latino bipolar

Ser famoso por ser infame
no me tienta lo más mínimo.
El actual y cruel derrame
de escritores del desánimo
es normal que no me llame,
y en mi plan de ser magnánimo,
optaré por imitarles.

Así que…

Ei, nena! dime dónde vas,
que al son de tu bin bon
yo te sigo por detrás.

Y digo..

‘Es’ pera, no niegues la verdad,
que esto es el colofón
de una bonita amistad.

Siguiéndote, controlando el percal,
contigo nunca sé qué está bien o qué está mal.

Guardando la distancia, así con elegancia,
pa que no te descontroles estás bajo vigilancia.

o_o
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Trastorno de despersonalización...

Yo me sentaba en la orilla de la cama, con el rostro entre mis manos, sintiendo como mis dedos se marcaban en mis mejillas y en la frente. Los ojos cerrados sólo percibían pequeños destellos de luz dentro de una obscuridad profunda, colores violetas y verdes, algunos dorados y blancos. Como si viajara por mi propio espacio viendo galaxias luminosas que no existen, así como yo no existo.

La noche me rodeaba y el ruido silencioso de las calles me arrullaba, escuchaba a la lejanía los autos pasar, los pasos de las personas que caminaban por las calles solitarias, los insectos que de vez en vez hacían un pequeño ruido, tan simple que no sabía si lo escuchaba en verdad o sólo era mi mente la que los inventaba para mantenerme consciente. Podía sentir la brisa que cruzaba por mi habitación, como si de una sombra con vida se tratara, percibía claramente su murmullo sereno y frío detrás de mis oídos, hacía que se crispara mi piel, cada bello de mi brazo se levantaba al sentirla como si despertara de un pequeño sueño llamado por la voz de un frío que no hiela, pero si reanima.

El aroma de la habitación medio vacía entraba por mi nariz, podía degustar cada parte de ella, las sábanas destendidas, la ropa en el suelo, el tazón de cereal aún con leche, los zapatos arrojados a cualquier parte, y un leve aroma a comida frita que entraba por la ventana; todo se conjugaba en un intento de la vida por mantenerme en ese lugar y en ese espacio.

La memoria a veces me fallaba imaginando cosas que no me sucedían, pero recordándolas tan vívidas que me era imposible comprender que de verdad nunca ocurrieron; o por el contrario, existían fotos, vídeos, pruebas concretas de sucesos en mi vida, de los cuales no tenía la más mínima idea de que hayan sucedido, la gente me contaba las anécdotas y yo las escuchaba y escuchaba, y cada vez las hallaba como nuevas, ¿y quién dijo eso? preguntaba y todos respondían "TU" con cierta cara de burla e incredulidad.

Me daba por escapar de esta realidad tan jodida de pagar impuestos, de ir al trabajo, de buscar una esposa, de tener una familia, de pagar la renta, de divorciarte, de que los hijos se vayan y todo termine donde empezó, en soledad. Me pregunto a veces cómo puede ser este el plan de Dios, si yo no encuentro ningún trazo por donde camino, ¿acaso es un plan confidencial, de esos "Top Secret" el cual todos conocen menos yo? A veces esa idea me ronda la mente y me causa terror, ser el que vive esta vida sin que sea realmente mía.

Por eso escapo a los campos azules de cielos dorados, donde las libélulas gigantes me llevan a las montañas de lava helada. Donde las sonrisas son sonrisas sin la necesidad de un rostro. Ahí soy feliz, donde me duelen los pies de tanto correr y cuando me detengo descubro que ni siquiera tengo un cuerpo, donde un pensamiento persigue a otro y juegan a que se volvían realidad, me gustan esas ciudades donde los autos no se necesitan porque todos podemos volar. Será que sueño tanto que por eso me cuesta trabajo dormir por las noches.

Sabe, estas ideas no las comparto, porque las personas no las comprenden, me miran raro y me pasan de lado, he decidido vivir ese mundo de color para mí, y usted puede decirme que soy un egoísta, y puede que tenga razón. Pero yo le estoy contando todo esto y usted me mira con el mismo rostro engreído de la sociedad que juzga en lugar de comprender o por lo menos de intentar hacerlo. Si usted me contara que soñó que montaba un águila, yo le preguntaría ¿Y qué se siente? Yo vine aquí porque me han dicho que usted es de los que tratan estas cuestiones dándoles un fin para que uno pueda ser normal, pero... y qué pasa si después de contarle todo esto me he arrepentido y ya no quiero ser normal, no me interesa serlo. La normalidad es el conformismo del abandono de los ideales, y usted es un experto en hacer que se abandonen ¿o me equivoco?, yo lo único que quiero es no sentirme sólo en un mundo tan maravilloso, tanto, que quisiera compartirlo, pero la gente no lo desea.

Dígame usted, señor experto, ¿qué hago para mostrar esta vida tan increíble a una sociedad tan desolada?

El doctor, lo miró fijamente con el ceño fruncido en señal de meditación. "Yo amigo mío le creo todo lo que ha dicho y como bien lo menciona soy parte de una sociedad funcional donde muchas veces lo soñadores como usted no son comprendidos, le prometo que a partir de hoy todo comenzará a funcionar mejor".

Mi rostro sonrió, pero no por el gusto de escuchar sus palabras sino por la ironía de lo que dijo, pues contrastaba con los trazos de la pluma fría y nostálgica a tinta negra sobre el papel blanco carente de consciencia... TRASTORNO DE DESPERSONALIZACIÓN.

...

Gracias doctor, de hecho, comienzo a sentirme mejor.
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Indignación

Siempre fue el truco perfecto,
ser la pequeña inercia
delante de ebrios moralistas.

Soy hija,
pero el transcurrir
de mi planta muerta
me hace mujer.

Ser la niña de papá,
ser la niña que llora por papá.

¿Cuáles son los días
en las que mis noches
no caen en lo más profundo
de una sana decadencia?

Si se le puede decir sano
a algo que nos desvanece.
Si se le puede decir normal
a la esclavitud por opción,
cuando no tenés opción.

Cuando estoy en sentada
en los primeros escalones
de un cielo,
de un circo corrompible.

Soy el títere,
pero perdí mis hilitos.

Malditos cerdos,
versos de serpientes,
mis animales de la tierra.

Me creí parte del mar
en la odisea de espectador
en la boca del cordero
entre los brazos del lobo
y en el afán de su vanguardia.
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Se perdió en la aurora...

Femme fatale,
Boreal,
Tonalidades tantas,
En un mismo cielo,
En una misma noche...
Bipolar.

Loca,
Poco normal,
Se enoja,
Se enfada,
Mancha el cielo,
De colores,
Siendo ella la causante,
Y te culpa...


Ay Aurora,
Tú ensucias el cielo,
Y te quejas,
De los demás,
Paja en ojo ajeno,
Viga en el propio...
Perdona que te diga,


Me quedé jodido,
Por lo obvio,
Sin echar freno,
Tan mordaz,
Tanto veneno...
Mujer boreal...
No eres digna de mi cielo.
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