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Diario de la Judía (La Perra de Belsen)

Yo estaba apoyada en una esquina de la verja, desde donde veía cómo una fila mujeres se dirigían a lo que llamaban “módulo de recepción” y que estaba situado junto a las vías del tren, separada por una dársena. Descendían de los vagones por cientos y formaban esas largas filas que desde allí podía observar. Iban la mayoría llorando y como yo eran judías. También había gitanas y de otros países, españolas, checas, polacas... Todas tenía algo en común, que eran diferentes, no eran arias, ni rubias, ni esbeltas, ni pertenecían a lo que en esos momentos se consideraba una raza en pleno auge, la raza aria la denominaban.
Todas iban vestidas con ropas normales, pero cuando salían por la puerta de atrás de aquel hangar, ya no se podían distinguir unas de otra, las habían rapado y vestido con aquel pijama de rayas.
Así era todos los días, por lo menos los que yo llevaba aquí y que no sabía cuantos me quedaban por vivir.
Sólo me hacía una pregunta: ¿dónde estaban sus hijos? En ese momento no tenía ni la más mínima idea de la suerte de los mismos.
Mis pensamientos viendo esa escena desde un lugar aparentemente seguro, por el momento, pues allí no había nada cierto, se desviaron de momento. Alguien me agarró del brazo sin que me hubiera percatado de que se acercaba a mí con anterioridad, y me giró el cuerpo. Era Aquel soldado que se había fijado en mí, acompañado por una niña, cosa que me extrañó. Una niña de unos 16 o 17 años, rubia, preciosa, no había visto una niña tan linda como aquella desde hacía mucho tiempo. Aunque su mirada me daba miedo, evidentemente era alemana, seguramente nazi, entre otras cosas porque el soldado me dijo que estaba allí porque quería ser enfermera del régimen. Creo que me dijo que se llamaba Irma, el apellido no lo recuerdo bien, algo así como Grose o Grese. Bueno aquel detalle no tenía importancia. Detrás del soldado y la niña estaban otras cinco residentes del campo como yo, supongo que esperando a que iniciáramos la marcha hacia donde querían que fuésemos.
Nos llevaron a una pequeña cabaña al final de los diferentes hangares que estaban perimetrados por las verjas de pinchos. Por el camino observé que la niña no paraba de mirar a las mujeres que íbamos dejando atrás, según nos acercábamos a la cabaña. No lograba comprender el motivo por el que le llamaban tanto la atención, aunque pensé que como quería ser enfermera, se estaba fijando en las múltiples heridas o síntomas de enfermedad de las mujeres que observaba.
Nos paramos a las puertas de la cabaña, nos dijeron que esperáramos fuera y que nos irían, llamando. A tenor de la información que tenía, suponía que la niña nos quería observar el estado de salud, pero nada más lejos de esa intención. Empezaron a nombrarnos una a una.
Llamaron a la primera y al cabo de unos quince minutos a la segunda, pero la primera aún no había salido de la cabaña. Empecé a inquietarme. Llamaron a la tercera y ninguna de las dos anteriores habían salido. Hasta que me di cuenta que salía por una puerta trasera, desnudas y juraría que llevaban los pechos ensangrentados. Miré hacia atrás y teníamos a cuatro soldados con sus armas reglamentarias, por lo que mi idea de salir para atrás quedó echada por tierra.
Estaba aterrada, aunque sabía que de un momento a otro algo muy malo me podría ocurrir, sólo de pensar que quedábamos dos y como media me quedaba una media hora para entrar en aquella horrorosa cabaña. Pero algo debió ocurrir que, de pronto, salieron el soldado y la niña por la puerta y pararon la supuesta consulta.
Quedé aliviada, por el momento, pues nos dejaron marchar a lo que estábamos haciendo anteriormente. Pero antes de irme de allí, la niña pasó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. ¡Nos veremos hermosura!, fue lo que me dijo y marchó rápidamente hacia la dársena.
Fdo.: Alfonso J Paredes Aly Parca
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
FOTOGRAFÍA RECOPILADA DE ITERNET
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Trastorno de despersonalización...

Yo me sentaba en la orilla de la cama, con el rostro entre mis manos, sintiendo como mis dedos se marcaban en mis mejillas y en la frente. Los ojos cerrados sólo percibían pequeños destellos de luz dentro de una obscuridad profunda, colores violetas y verdes, algunos dorados y blancos. Como si viajara por mi propio espacio viendo galaxias luminosas que no existen, así como yo no existo.

La noche me rodeaba y el ruido silencioso de las calles me arrullaba, escuchaba a la lejanía los autos pasar, los pasos de las personas que caminaban por las calles solitarias, los insectos que de vez en vez hacían un pequeño ruido, tan simple que no sabía si lo escuchaba en verdad o sólo era mi mente la que los inventaba para mantenerme consciente. Podía sentir la brisa que cruzaba por mi habitación, como si de una sombra con vida se tratara, percibía claramente su murmullo sereno y frío detrás de mis oídos, hacía que se crispara mi piel, cada bello de mi brazo se levantaba al sentirla como si despertara de un pequeño sueño llamado por la voz de un frío que no hiela, pero si reanima.

El aroma de la habitación medio vacía entraba por mi nariz, podía degustar cada parte de ella, las sábanas destendidas, la ropa en el suelo, el tazón de cereal aún con leche, los zapatos arrojados a cualquier parte, y un leve aroma a comida frita que entraba por la ventana; todo se conjugaba en un intento de la vida por mantenerme en ese lugar y en ese espacio.

La memoria a veces me fallaba imaginando cosas que no me sucedían, pero recordándolas tan vívidas que me era imposible comprender que de verdad nunca ocurrieron; o por el contrario, existían fotos, vídeos, pruebas concretas de sucesos en mi vida, de los cuales no tenía la más mínima idea de que hayan sucedido, la gente me contaba las anécdotas y yo las escuchaba y escuchaba, y cada vez las hallaba como nuevas, ¿y quién dijo eso? preguntaba y todos respondían "TU" con cierta cara de burla e incredulidad.

Me daba por escapar de esta realidad tan jodida de pagar impuestos, de ir al trabajo, de buscar una esposa, de tener una familia, de pagar la renta, de divorciarte, de que los hijos se vayan y todo termine donde empezó, en soledad. Me pregunto a veces cómo puede ser este el plan de Dios, si yo no encuentro ningún trazo por donde camino, ¿acaso es un plan confidencial, de esos "Top Secret" el cual todos conocen menos yo? A veces esa idea me ronda la mente y me causa terror, ser el que vive esta vida sin que sea realmente mía.

Por eso escapo a los campos azules de cielos dorados, donde las libélulas gigantes me llevan a las montañas de lava helada. Donde las sonrisas son sonrisas sin la necesidad de un rostro. Ahí soy feliz, donde me duelen los pies de tanto correr y cuando me detengo descubro que ni siquiera tengo un cuerpo, donde un pensamiento persigue a otro y juegan a que se volvían realidad, me gustan esas ciudades donde los autos no se necesitan porque todos podemos volar. Será que sueño tanto que por eso me cuesta trabajo dormir por las noches.

Sabe, estas ideas no las comparto, porque las personas no las comprenden, me miran raro y me pasan de lado, he decidido vivir ese mundo de color para mí, y usted puede decirme que soy un egoísta, y puede que tenga razón. Pero yo le estoy contando todo esto y usted me mira con el mismo rostro engreído de la sociedad que juzga en lugar de comprender o por lo menos de intentar hacerlo. Si usted me contara que soñó que montaba un águila, yo le preguntaría ¿Y qué se siente? Yo vine aquí porque me han dicho que usted es de los que tratan estas cuestiones dándoles un fin para que uno pueda ser normal, pero... y qué pasa si después de contarle todo esto me he arrepentido y ya no quiero ser normal, no me interesa serlo. La normalidad es el conformismo del abandono de los ideales, y usted es un experto en hacer que se abandonen ¿o me equivoco?, yo lo único que quiero es no sentirme sólo en un mundo tan maravilloso, tanto, que quisiera compartirlo, pero la gente no lo desea.

Dígame usted, señor experto, ¿qué hago para mostrar esta vida tan increíble a una sociedad tan desolada?

El doctor, lo miró fijamente con el ceño fruncido en señal de meditación. "Yo amigo mío le creo todo lo que ha dicho y como bien lo menciona soy parte de una sociedad funcional donde muchas veces lo soñadores como usted no son comprendidos, le prometo que a partir de hoy todo comenzará a funcionar mejor".

Mi rostro sonrió, pero no por el gusto de escuchar sus palabras sino por la ironía de lo que dijo, pues contrastaba con los trazos de la pluma fría y nostálgica a tinta negra sobre el papel blanco carente de consciencia... TRASTORNO DE DESPERSONALIZACIÓN.

...

Gracias doctor, de hecho, comienzo a sentirme mejor.
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Indignación

Siempre fue el truco perfecto,
ser la pequeña inercia
delante de ebrios moralistas.

Soy hija,
pero el transcurrir
de mi planta muerta
me hace mujer.

Ser la niña de papá,
ser la niña que llora por papá.

¿Cuáles son los días
en las que mis noches
no caen en lo más profundo
de una sana decadencia?

Si se le puede decir sano
a algo que nos desvanece.
Si se le puede decir normal
a la esclavitud por opción,
cuando no tenés opción.

Cuando estoy en sentada
en los primeros escalones
de un cielo,
de un circo corrompible.

Soy el títere,
pero perdí mis hilitos.

Malditos cerdos,
versos de serpientes,
mis animales de la tierra.

Me creí parte del mar
en la odisea de espectador
en la boca del cordero
entre los brazos del lobo
y en el afán de su vanguardia.
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Se perdió en la aurora...

Femme fatale,
Boreal,
Tonalidades tantas,
En un mismo cielo,
En una misma noche...
Bipolar.

Loca,
Poco normal,
Se enoja,
Se enfada,
Mancha el cielo,
De colores,
Siendo ella la causante,
Y te culpa...


Ay Aurora,
Tú ensucias el cielo,
Y te quejas,
De los demás,
Paja en ojo ajeno,
Viga en el propio...
Perdona que te diga,


Me quedé jodido,
Por lo obvio,
Sin echar freno,
Tan mordaz,
Tanto veneno...
Mujer boreal...
No eres digna de mi cielo.
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La niña del espejo

Sentada jugando en mi habitación, escuche ruidos que llamaron mi atención, le quede en silencio para escuchar la procedencia y me di cuenta que algo está presente.

De repente sentí que algo rascaba, un vidrio me asomé a la ventana y no logré observar nada raro,
y el ruido seguía, al voltear a un viejo espejo que mi mamá había colocado en el cuarto vi mi reflejo distorsionado, me acerque un poco más y vi un rostro sobre mi propio rostro, era una niña de mi misma edad y al mover los labios escuche decir.
-Soy un alma atrapada en el espejo, acércate a mi y te llevare a descubrir otro mundo dentro de aquí, un mundo lleno de cosas que jamás has visto, ven, quédate a mi lado y nunca morirás.

Temblaba como loca y mi cuerpo se entumeció, del nervio no podía gritar aunque trataba y mi corazón se me aceleraba sin parar, gritaba, aunque en realidad no lo hacía, trataba de moverme y correr pero mis pies no se despegaban de piso, inmóvil vi que su mano atravesó el vidrio y trataba de tocarme.

Cerré mis ojos y un grito finalmente salió, Algo sentí que abrió la puerta, abrí los ojos y Era una luz muy fuerte que no me dejaba distinguir nada, y el vidrio se rajo, desapareciendo la imagen que dentro de él se encontraba y como en forma de aspiradora la luz succionó por las rajaduras del espejo

Todo volvió a la normalidad podría jurar que no fue un sueño, pues todo fue muy real,
Aunque la rajadura del espejo desapareció, le pedí a mi madre que se deshiciera de él, pues no me gustaba, y ella me dijo que lo regalaría, igual era un objeto viejo que en la casa había encontrado años atrás.

Nunca volví a ver el espejo, pero sea quien lo tenga espero que mantenga el espíritu encerrado.

Las letras de mi alma.
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No lo recuerdo

No, no necesito mirarme
En un espejo
Para conocerme;
Normalmente
El reflejo nunca
Será el mismo...

Si creías conocerme
Te equivocas Cariño
Mi cambio es constante
Y no suelo mirar hacia atrás
Simplemente avanzo
Y tomo de la vida lo mejor;
Las experiencias,
Los sin sabores,
Las desilusiones,
Los desencuentros
Sirven para hacerme crecer,
Para hacerme fuerte,
Para saber que no voy
En un ritmo equivocado.

Sí, hubo alguien al que amé
Con toda mi alma
Y cuando Él partió
También partió mi corazón,
Dejo un gran vacío,
Una gran herida
Y de igual forma lo Amé,
Y dirás que a todos
Les digo lo mismo.
Pero no es así,
La mujer que Usted conoció
Ya no existe más
Ahora soy otra,
Soy mejor que ayer,
Hay una cicatriz más en mi corazón,
Hay más arrugas en mi piel y mas kilos en mi cuerpo.
No sé, todo es un cambio...
Al igual que Usted también cambio,
También creció
También tiene nuevas
Arrugas en la piel
También crecieron
Sus sueños...
La vida nos enseña
Que hay que avanzar
Y no mirar atrás...

Así que discúlpeme pero
"Yo no lo recuerdo"...

Ana Pasión
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El pentagrama de la vida

Todo pentagrama se compone de varias notas,
el problema radica en encontrar las adecuadas,
aquellas que al reproducirlas, transmitan calma
y se introduzcan en el alma.

Puede que el tiempo no esté de nuestra parte,
que la velocidad de nuestras vidas vaya a pasos dobles.
Pero es normal, con mirarte uno se olvidaba hasta del Lunes,
aunque ahora cada Domingo esté más cerca de olvidarte.

Buscaba que el Si no esperase al -¿Quieres que nos veamos?,
supongo que todavía seguimos buscando emociones intensas,
aquellas que nos hagan sentir un poco más vivos
y no nos recuerden cicatrices de guerras pasadas.

Espero que la única guerra que libres sea de almohadas,
aunque ahora... tus gemidos ya no regocijen el drama de mi cama,
y nuestras heridas, se sigan incendiando al escribir La madrugada.
Que recuerdes cada uno de los poemas que compuse bajo tu Falda.

Supongo que la clave de todo se encontraba en el Sol,
aunque yo me aprendiese mejor tu cuerpo bajo la Luna.
Ahora trato de escribir mis propias mil y una noches con alcohol,
para las heridas, por si al corazón le da por recordarte alguna semana.
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Pero no pasa nada

Se inclinan las flores
ante tu llegada,
parpadean los estores,
desierta la calzada,
hasta la madrugada.

Luz del infierno,
el termómetro se raja
como por una navaja,
nunca llega el invierno,
y el suelo se desgaja.

Ha ascendido el averno
a la estepa castellana
es normal este tiempo
en la vacía explanada.

Desaparecen las lluvias,
se desgajan los hielos,
se vacían los cielos
de aves que pasan penurias.

Pero te dices que no pasa nada,
aunque la Tierra esté amoratada,
será solo una temporada,
y no es para tanto,
aunque se derrite el asfalto.
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Ella es...

Ella es poesía, no de las que alagan o te enamoran.
Ella es de esas poesías que te hipnotizan.
Esas que te insultan con sinceridad, que te atacan con la verdad y con metáforas te sacan de la cruel realidad.
Ella es un acorde difícil de aprender y más difícil de usar aún.
De esos acordes que quien no sabe de música te dirá que son inútiles.
Ella es aquella odiada irregularidad que le quita lo aburrido y perfecto a lo normal.
Ella es todas aquellas cosas que tacharías de “inútil”.
Pero, si te das el tiempo a intentar comprender, también es la diversión de lo fuera de lo normal, del desafío, la segunda perspectiva de la vida.
Ella es infierno y paraíso a la vez, es agonía y salvación, es llanto y risa.
Ella es lo que tú quisieras que fuera, ella es poesía, tus letras, tus ojos, tú, yo.
Ella es todo.
Ella somos todos…
Ella es vida.
Ella es Poesía.
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Pero no pasa nada

Se inclinan las flores,
ante tu llegada,
parpadean los estores,
desierta la calzada,
hasta la madrugada.

Luz del infierno,
el termómetro se raja
como por una navaja,
nunca llega el invierno,
y el suelo se desgaja.

Ha ascendido el averno
a la estepa castellana,
es normal este tiempo
en la vacía explanada.

Desaparecen las lluvias,
se desgajan los hielos,
se vacían los cielos
de aves que pasan penurias.

Pero te dices que no pasa nada,
aunque la Tierra esté amoratada,
será solo una temporada,
y no es para tanto,
aunque se derrite el asfalto.
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Miedo

- ¿Pero por qué tienes tanto miedo?
- ¿Miedo? ¿Yo?- se rió sarcásticamente.
- Sí, lo veo en tus ojos.
- La mirada no siempre dice la verdad, eso tan sólo son tonterías que escritores desquiciados con su propio ser os meten en la cabeza. Luego pasa lo que pasa. Os ilusionáis.
- ¿Y qué hay de malo en eso?- pregunté- prefiero creer en algo e intentarlo antes que temblar a cada paso que doy por temor.
- ¿Estás hablando de mí?- entrecerró los ojos con desdén.
- Eres tú el que se ha dado por aludido- repuse- si tan sólo te quitaras esa coraza que no te deja ser libre de ti mismo, si quisieras intentar lo que ya das por perdido, si no fueras tan cobarde como para saber que irte es difícil pero quedarte y afrontar las cosas, aún más, pero que vale tanto la pena...
- ¿Y cómo sabes quién soy yo si, ni yo mismo lo sé? ¿Y qué pasaría si probara a cumplir toda esas barbaridades que acabas de nombrar?
- Porque creo en ti. Y si lo hicieras, no alejarías a tantas personas que una vez estuvieron a tu lado, conseguirías que alguien te quisiera como, en el fondo, quieres querer.
- Todo aquí dentro es un caos- me dio la espalda- no soy ni mucho menos recomendable para nadie, ¿quién querría estar con alguien así?
- Yo- se dio la vuelta y miré al suelo. Mis mejillas ardían.
- ¿Tú? - noté un tono irónico en su contestación.
- Nunca me ha gustado lo normal. Eres diferente- conseguí reunir el valor necesario para mirarle fijamente a la cara- pero nunca has tenido la valentía necesaria como para dar oportunidades, a mí, la primera. He sido, a tu perspectiva, invisible. Y me parece bien. Pero cuando tengas la suficiente madurez como para darte cuenta de esto, quizá ya no me encuentres si decides buscarme.

Apretó los labios.
Si no hubiera sido porque sabía que era él, habría jurado que por un momento sus manos rozaron las mías intencionadamente.
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Rey Negro, Reina Blanca

Parecía que todo el universo estaba encadenado al televisor. La expectación era máxima. Era la partida del año. Se enfrentaban dos grandes maestros. Sergei Koliakov jugaba con las blancas y Antonov Lakota con las negras. La partida se desarrollaba con normalidad. La prensa especializada alababa la maestría y audacia de cada ataque, de cada defensa. En el movimiento vigésimo las negras tenían una clara ventaja. Sin embargo, a partir del movimiento vigesimoséptimo algo comenzó a suceder. Los movimientos de las negras se volvieron erráticos, inconexos. Nadie daba crédito a sus ojos, incluso Antonov parecía desconcertado. Finalmente las blancas ganaron la partida. Los periodistas, impacientes, preguntaron a Antonov:
- ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué ha perdido la partida cuando todo parecía presagiar una clara victoria suya?
Antonov parecía absorto en sus pensamientos, y solamente repetía:
- No pude hacer otra cosa. Él no me dejó.
- ¿Él?... ¿A quién se refiere? – preguntaron los periodistas.
- Mi Rey Negro… Se había enamorado de la Reina Blanca.
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Tía Gitana

Sigue buscando,
sin darse cuenta
de aquella arena
que anda pisando.
Los granos tocan
plantas gitanas,
y al bailar locas
les salen alas.
Y estas le baten
al aire en duelo.
Piensa sin miedo
el fuego y aire.
Buscaba y busca,
arriba, abajo,
y en todas partes,
gitana un trazo.
Trazo seguro,
raíz de locos;
que la apresaran
como a un despojo.
Pero no logra
dejar atrás
naturaleza
suya al volar.
Y menos mal,
pues no sería
más que otra más
planta sin vida.
Así pues, deja
ya de buscar,
que si es que llega,
ya llegará.
Ahora baila,
disfruta y vuela
mientras tú puedas
batir tus alas.
Y los demás
contemplaremos
a la gitana
de la verdad.

Felicidades,
soñadora harta
de toda la
normalidad.

Toda tú eres la luz,
solo tu sombra es oscura.
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Virtualidad

Amanece un nuevo día, y como cosa extraña, no siento dolor en ningún hueso, a mi edad, es raro. Ni siquiera me duele la espalda. La mañana es tan perfecta como puede ser una de otoño. Mientras viajo en el tren al trabajo tengo que escribir un tuit sobre eso. A ver: "Ya no me siento tan solo, me abriga la compañía de la ocre soledad de estos árboles que me quieren abrazar con sus ramas y acariciar con sus hojas que están más muertas que mi alma". ¡Caray! Tengo cuarenta caracteres de más. ¿Qué le quito? Ya deberían extender esto. Ciento cuarenta caracteres no alcanzan para contar la vida. A ver, borro aquí, cambio allá: "No me siento solo, me abriga la compañía de la ocre soledad de estos árboles que me acarician con sus hojas, más muertas que mi alma". ¡Bien! Ocho caracteres me sobraron. ¡Publicado! Tiene el justo dramatismo que el melancólico otoño merece. Seguro me dan varios "likes" y #RT. Ahora a ver las noticias en línea, como siempre, algunos muertos por aquí, manifestaciones en algún país asiático que está harto de ser comunista. Otras en un país sudamericano que está harto del irrespeto a sus derechos constitucionales. Otra gran potencia se va a la banca rota. Otra que sigue ganando fuerza. Las colonias en Marte siguen su expansión, ¡doce mil habitantes ya! La tasa de natalidad de los terra-marcianos es controlada y sostenida. ¡Lo mismo de siempre!

No sé a que hora he llegado a la oficina. No lo he notado. Será mejor que me ponga a trabajar. Definitivo, esto de trabajar a través de internet me sienta de maravilla. A ver, que quejas de clientes hay. ¡Caray! Otra vez tienen problemas en sus entregas en Chicago. Un par de audio llamadas de Skype y lo soluciono. Se han ido tres horas ya, ni tiempo de desayunar. Es raro no sentir hambre; pero, todas las quejas han sido atendidas. Tomaré un receso de quince minutos. A leer unos cuantos poemas en Poémame.com, dejar comentarios a los que me gustan. Estos chicos y chicas cada día escriben mejor. !Qué poesía espléndida! Volteo a ver el monitor de mi ordenador y sorpresa, se ha llenado la bandeja de quejas nuevamente. !Uf! Tengo trabajo para otras dos o tres horas. Manos a la obra. La mañana se fue en un abrir y cerrar de ojos. No tengo apetito y ya es tarde. Usaré mi hora de almuerzo para ir el parque que está a unas cuadras del edificio. En esta época es relajante caminar entre los árboles de colores azafranados. Ese crujir de hojas que piso, no sé, me relaja. El viento que no es frío ni cálido. Unos pájaros trinan, no parecen alegres, noto nostalgia, seguro extrañan la primavera; pero trinan, eso es bueno. Es maravillosa la naturaleza, y sin embargo, no puedo evitar usar mi móvil para escribir un tuit inspirador sobre mi caminata. Aprovecho para enviar un par de WhatsApp a esos dos grupos de amigos, principalmente al grupo de lectura. Tengo que decirles como me va leyendo "La lentitud" de Kundera. Doy un vistazo al instagram de unas amigas, de vacaciones en Europa. !Qué envidia! Se acabó la hora de almuerzo en un parpadeo.

La tarde perfila no muy diferente de la mañana. Más quejas, llamadas a proveedores, persecución a compañías de entrega. Un respiro de cuando en cuando, breves minutos cada hora y media. Un vistazo a Poémame. Una ojeada a mi e-book de Kundera, comerme a grandes bocados unas pocas páginas de lectura. Música de fondo todo el día, en mis audífonos. Principalmente mis listas maravillosas de Spotify, y algunos videos en Youtube. Antes de fijarme, estoy en el tren de vuelta a mi apartamento. Por un instante pienso en la cena, la fuerza de la costumbre, pero no sé, no hay apetito. Me voy a la cama, voy a leer un par de capítulos de mi e-book y a dormir. ¿Dormir? Parece que ni sueño tengo, pero hay algo por dentro, que me dice, que debo dormir. Es lo normal, lo usual. A ver, unos diez minutos para publicar un poema corto en Poémame no serán problema. Ese poemita que me ha rondado la cabeza todo el día. Ya está. !Quedó bonito! Con suerte tendré unos likes y comentarios para mañana. Me duermo.

La mañana arranca otra vez, y no sé por qué, pero me siento como programa de ordenador en un bucle diario. Todo parece lo mismo otra vez. El tuit de buenos días. El tren hacia el trabajo. Noticias mundiales y marcianas. Quejas de los clientes. Sigo sin dolores de cuerpo. Es lo que más me extraña. Sin apetito. También raro. Debo ir al doctor. Algo no anda bien. Me siento mejor que nunca, y sin comer. Voy a usar ese nuevo servicio de doctor en línea que nos informaron este año. Aquí está la aplicación en mi ordenador. Un click y listo. El doctor me hace un sinfín de preguntas. Usa la cámara de mi ordenador ─y su capacidad de rayos X─ para hacer un chequeo general. Pongo mi índice en el sensor de huella digital que mide mi temperatura y hasta procesa microscópicos fluidos que hay en él. El chequeo es tan completo como puede ser para un pre-diagnóstico. ─Todo está bien con usted ─me dice el doctor en línea ─que por cierto es una entidad de inteligencia artificial IA─. No veo necesidad de hacerle una cita física con un doctor humano. ─Duerma al menos siete horas diarias, haga algo de ejercicio ─continúa el doctor─ Coma algo saludable tres veces al día, aunque sea por protocolo, y le vuelvo a ver a fin de mes ─concluye.

Llega el fin de semana y me siento aventurero. Como el lunes es feriado, me compro un boleto a Roatán. Convenzo a Paul y a Lois que me acompañen. Allá vamos los tres amigos. Qué fin de semana. Atardeceres de ensueño, el sol se hunde profundamente en el lejano borde del mar. Charlas interminables sentados bajo una palmera o acostados en la blanca arena. Bailamos en la playa a ritmo de bossa nova y de soul. Lois se pone un poco atrevida y me obsequia algunos besos inesperados, la beso de vuelta, siempre me ha gustado, es tan bella, pero es más una buena amiga que otra cosa. Y para mi sorpresa, a Paul también le obsequia sendos besos. Bueno, las cosas no pasan de allí, Lois tiene buen freno de mano, ni hablar. Mejor así, sino el lunes, de vuelta a la realidad, la incomodidad será abismal.

Es martes, estoy de vuelta en la oficina. Ese viaje a Roatán ya parece más un sueño muy vívido que otra cosa. La rutina inexorable sigue su curso. Inmerso en la virtualidad de mi existencia. Twitter, WhatsApp. Aligerando mi alma en Poémame. Facebook, Instagram. El portal de quejas. Video-conferencias y Skype. Música en línea. Noches de zambullirme en el e-book de Kundera y el de "Vivir para contarla" del Gabo. La falta de apetito. La falta de cansancio. Dormir por protocolo.

Mi cita con el doctor (el de IA) es este viernes. A ver, hoy es miércoles. Me siento igual. Preocupa no sentirme tan humano. Este letargo de mi vida. Esta tarde de miércoles pasa algo inusual. Hay mucho movimiento en la inmensa sala de servidores de la nube. Donde ocurre todo el Cloud computing de mi empresa ─es de sus principales servicios─ . Entran y salen técnicos de mantenimiento. Cables por aquí, cables por allá. Paneles de redes van y vienen. Cajas de servidores se mueven de aquí para allá. Me asomo a dar un vistazo. Moriré por la curiosidad del gato. Desconectan un grueso grupo de cables de un larguísimo rack de servidores y no sé por qué, me da un mareo intenso como cuando se cae en un abismo sin previo aviso. Apagan varios interruptores en el panel de control de ese rack y siento una punzada intensa en el pecho, como cuando te clavan un puñal afiladísimo con una saña psicótica. ─Pero si el doctor me dijo que todo estaba normal ─pienso─ He hecho ejercicio, he comido suficiente, he dormido hasta ocho horas diarias─continúo cavilando. Antes de darme cuenta estoy tirando en el suelo. Tal vez me ha dado un ataque cardiaco y ni tiempo de notarlo he tenido. Los técnicos de computación pasan cerca de mí y ni siquiera voltean a verme. Siguen en su proceso de desactivar esos servidores de la nube, y coincidentemente, conforme avanzan en desconectarlo por completo, yo me siento más grave. Estoy muriendo y nadie me auxilia. Como si fuera invisible, como si no existiera.

Es lunes otra vez. Por la ventana veo una mañana primaveral. ¿Cuándo se terminó el otoño? Y ni me acuerdo que pasó en este invierno. Qué intenso dolor de cabeza. Estaba teniendo una pesadilla. A ver: ¿qué era? Me estaba muriendo. Me estaban desconectando. ¿Cómo me van a desconectar? De qué carajos estoy hablando. ¿Qué es este video que me ha llegado a mi WhatsApp?

Buenos días Fernando. Bienvenido a su vida virtual número noventa y siete. Por petición suya, le enviamos este video informativo al inicio de cada una de estas vidas. Hemos realizado con éxito el upgrade de su vida virtual. Encontrará que esta versión es más realista. Especialmente, la comida sabe mucho mejor, casi como la recuerda en su vida orgánica hace mil setecientos años. La nube a la que lo hemos instalado usa tecnología de punta, the state of the art del siglo cuarenta. El siglo virtual en el que usted ha elegido vivir esta vida es el siglo veintitres. Su edad virtual será de treinta y cinco años. Esperamos se sienta con mucho más energía que en su vida anterior,en la que había elegido tener cincuenta y tres años y vivirla a finales del siglo veintiuno. Estamos seguros que esta experiencia será totalmente placentera. Disfrútela y nos vemos de nuevo en su siguiente vida. Por cierto, este video se autoeliminará de su móvil al concluir y toda esta información será eliminada de su memoria ─no la memoría del móvil, la de su cerebro─; continuará con su vida como si esto nunca hubiera ocurrido... ¿Qué iba a ver en el móvil? Se me olvidó. Debe ser este dolor de cabeza. Aunque ya casi no me duele. De hecho no me duele para nada ya. ¡Cielos! Me siento tan lleno de energía y vitalidad. Qué mañana tan hermosa. ¡Qué alegría estar vivo en un día como hoy! ¡Ojalá esta vida fuera eterna!


@SolitarioAmnte / vi-2017
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Tiritas

Cuantas heridas estarás intentando tapar con las tiritas que al azar te aparecen?
Te importan?
Te delatan...
Al fin y al cabo es normal que vivas lo que pasa, te hacen daño y no sabes por donde empezar a sanar, se hace grande el caos. Comienzas a vivir con la incertidumbre de quién será el siguiente, de cuando aparecerá, y de cuantos tequilas te costará la broma.
Es difícil entender que lo que para ti es importante, para otro puede ser una broma del destino, y viceversa. Que quizá los besos de segunda que tu das, son los business para el que los recibe...
Pero siempre nos exponemos a lo mismo.
A los mismos.
Por lo mismo.
Y al final, de eso se trata la vida, de luchar, por lo que crees, cuando crees
y por que no te queda otra.
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Polvo de estrellas

Cuando la ves brillar por su cuenta
es normal creer que esté hecha de polvo de estrellas.
Es de las que no conocen la noche
porque va abriendo amaneceres a su paso.
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Sales a la calle

Sales a la calle en pijama,
con las zapatillas a cuadros,
saludas a los vecinos,
todo normal,
siempre has sido un soñador

y vistes de ello.
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Micropoema "Sales a la calle"

Sales a la calle en pijama
con las zapatillas a cuadros,
saludas a los vecinos,
todo normal,
siempre has sido un soñador

y vistes de ello.
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Qué insistencia de mis ojos

Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.

José Ángel Buesa - Poema del olvido.


Qué insistencia de mis ojos
que, otra vez, te encuentran
en el garabato de un sauce
que baila con el viento
de mi sur.

Cuando tú ya no escuchas
y lo normal es olvidarte,
insisto, y evoco
en sus ramas pobladas
tu mirada de hoja perenne.

Admito que paso deprisa,
que lo veo solo de soslayo
dando por cierto que eres tú.
Así nunca yerra mi necesidad
de hallarte
en cualquier trozo de vida.
Y creo ser quien maneja la palabra,
la ocasión y la distancia.
Y creo tenerte cuando yo quiera,
olvidándote todo el tiempo.
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En mi Biblia encontré tu recuerdo

Salí de mi casa rumbo a la iglesia,no encontré mi Biblia,pero encontré una pequeña Biblia que tenía;decidí entonces llevarla.
Salí de mi casa,pensando en llegar temprano y no accidentarme en mi bicicleta, mientras escuchaba a Evan Craft mi mente divagaba en los acontecimientos de la semana, en preocupaciones y afanes diarios.
Ya casi me acercaba a mi destino: la iglesia;llegué sana y salva gracias a Dios,fui; guardé la bicicleta y de paso a arreglarme un poco,estaba sudada,despeinada y con mucha sed, luego de eso me dirijo al lugar donde realizan el curso,me siento y luego nos piden dirigirnos a un libro de la Biblia,saque la pequeña Biblia, mire el inicio. Y mis ojos se detuvieron en cada palabra, en la forma de las letras, mis ojos no paraban de mirar, cuando al final vi su nombre escrito; no sé qué me pasó pero entré en un estado donde olvidé todo y me concentré solo en esas palabras,todo se callo,se detuvo el tiempo mientras recordaba por qué se van las personas de nuestra vida, y luego lloré...Recordando cada momento juntos,cada instante,cada beso,cada abrazo,recordé sus manos enlazadas con las mías... esas palabras las que sólo sabía darlas él,las que me levantaban siempre,las que nadie ha podido regalarme,las palabras que me enamoraron. Fue impresionante ver eso ya que él nunca me escribió nada,me dejó pocos recuerdos... Palabras escritas con afán,escritas de paso...por si algo, escritas para verlas hoy. No me pude concentrar, el único que sabía que me sucedía en ese momento fue Dios,renegaba en por qué la gente pasa así de efímero por nuestras vidas,peleé,lo extrañé,pero recordé que si no estaba allí era porque solo fui eso para él, una persona que entró y salió de su vida,esa es su filosofía pero no la mía.No sé si fue el amor de mi vida, pero lo amé como a nadie,hasta hoy, él debe saber que no soy común,que no voy por la vida dejando atrás los amores,no tengo un corazón para eso,no puedo y me niego a eso,no seré como los seres normales que no lloran sus amores y olvidan con rapidez;olvidando que algún día amaron,besaron,abrazaron,lloraron por esa persona, No... No fuiste efímero,no fuiste un pasajero más en mi vida,hoy dejo mi orgullo para decir nunca seré de las personas que cambian todo solo porque está de moda,nunca te cambié por un modelo siguiente, solo que cuando no te sientes valorada,sufres más que estando lejos de esa persona. yo dejé la moda hace rato,desde que entendí el valor del ser humano;como lo decía Galeano en su escrito "Me caí del mundo y no sé por dónde se entra" nunca podré ser así.

Sus palabras eran estas:

Natali Garzón

Tu corazón es bueno y hermoso ,recogerás todos los frutos que has sembrado y serán buenos. Tú tienes mi corazón.

JD

Y donde quieras que estés por favor valora más a las personas,sus sentimientos,no seas así pensando que todo en la vida es pasajero. Dale más valor al amor y así sabrás su verdadero significado.
Dios te bendiga JD

Te escribe alguien que te amó aún cuando ni tú mismo te querías.

Nhata
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