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Es cierto que busco el mar...

Es cierto que busco el mar
para bañarme en sus olas,
para sentir los latidos
de las aguas en la costa,
pero también ese mar
guarda celoso otra cosa,
y es tu nombre, con tres letras,
el que me esparce sus gotas,
porque nado entre las aguas
con salitre y con gaviotas
y hasta contemplo a la luna
tan coqueta y tan preciosa,
en estas noches de estío
busco el labio de tu boca
y le beso dulcemente
para entregarle una rosa...

Es como un baile, este mar,
un recinto con alfombra,
un hechizo del otoño
para pisar en sus hojas,
pero las aguas tranquilas,
hoy se muestran orgullosas,
y nos dejan las esencias
de las algas en las rocas,
y así podemos soñar
con castillos y palomas,
con sentimientos sencillos
para vivir cada hora,
y es que las olas coquetas,
de este mar que duerme y ronca,
tienen la gracia sublime
y un encanto que enamoran...

"...Y cuando encuentre a mi mar,
pensaré que ya me toca,
amar, soñar, sonreír,
aunque me bañe sin ropa..."

Rafael Sánchez Ortega ©
15/07/18
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2comentarios 14 lecturas versoclasico karma: 76

Soneto de mar...

En una
playa
del sur.
A lo lejos
se escucha
una bonita
melodía.

Viene de
aquella
guitarra
que aquél
chico esta
tocando
sentado
en la playa

Mientras
la brisa
del mar,
acaricia
suavemente
su cara...

De su
voz sale
magia,
versos
de esos
transformados
en besos.
danzando
al aire
jugando
en el mar...

Qué
al escuchar
este soneto
de amor
calan en
lo más
profundo
de tu alma

(De su
alma,
transparente
como el
agua
salen melodías
dibujadas
de mil
colores
que transmiten
mil
sensaciones).

Como
esas olas,
del mar
que le
inspiran
a escribir(te)
una vez
más.

En
este
bonito
atardecer...

De su
corazón
nace y
salen letras
que hacen
esta...

POESÍA.

Frente
al mar...

Hecha
en forma
de una
canción.
Tu canción

Este soneto
sin nombre,
con aires
de mar...

© Derechos de autor
Isa García
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Canción de amor y muerte

Se arrastra hacia la sombrilla
una ola juguetona,
amorosa,
con mucha sed de la orilla,
elegante y peleona,
temblorosa.

Detrás de aquel ser sereno,
una ola que gigante
se abalanza.
Al tiempo tierno de un trueno
hacia atrás la de delante
dulce danza.

No hay ninguna escapatoria:
ola grande con la enana
juega cruel.
¿Es trampa o pura amatoria
en la mañana temprana,
muerte o miel?

Podría ser un final,
el inminente fracaso
de la huida.
También puede no ser tal:
ser inicio lujurioso,
unión, vida.
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Cuando volverá el poeta a escribir...

El poeta permaneció en silencio absorto,
distraído, atrapado en la vorágine in clemente
de castillos sin rocas, de mares sin olas
esparcidos por los azules pastizales

de sonrisas abiertas de símil y prosa
el caldo sutil de la substancia creadora.

El poeta vivía en el destiempo,
ya no entendía de calendarios pegados en la frente
grietas profundas que afloran cuando el sol arremete
entre los muros eternos de oquedades;
agujeros que perforan el alma...

El poeta subió al desván y desgarro su pluma melancólica
métrica sin rima refulgente del imaginario surrealista
y pintó en el cristal roto de un aliento mustio
la pasión que lo oprime y destroza.
El poeta al fin encontró su memoria ignorada.

La poesía acaricia la soledad de tempranas aromas
como descifrar su pensamiento,
cuando el viento ahogue su primavera
volverá el poeta a escribir.

Autor: Ramón G. Pérez B.
Venezuela
Derechos Reservados copyright ©
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Tengo la rara y extraña sensación

Tengo la rara y extraña sensación
de que tu verso me va hacer
añicos el alma.
Que me quedaré en la inmdediatez
de tus besos
en el principio de una final
que no pinta nada bien.
Se que en este vuelo
voy caer fuerte contra
las olas de tu mar enfurecido
y solo me quedará un
remananso que se parezca amor.
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Mi barco de papel

Cuando niño hice un barco de papel;
era frágil, ahora ha envejecido.
Cuando niño jugaba a navegar sobre él;
arribó a puerto, pronto habrá desaparecido.

Recuerdo que jugaba a ser marinero,
que emprendía viajes sobre diversos mares;
y así, de tanto navegar, recorría el mundo entero.
Es una lástima no haber conocido esos lugares.

A veces soñaba que era pirata,
mas era un Robin Hood de los océanos.
Iba a ciudades. Conseguía oro y plata
y luego lo cedía a los pobres aldeanos.

Al llegar las aventuras yo era valiente;
intrépido y tenaz, sobreviví a cada una.
Hambriento de retos, viajaba constantemente.
Mi alma brillaba tanto como la llena luna.

Un camino de estrellas guiaba mi embarcación,
entonces olvidaba que era un barco de papel.
Latía tanto mi pequeño e ingenuo corazón
cuando volaba por las aguas montado en él.

Un nuevo norte nacía con cada amanecer,
otra fantástica historia que comenzar.
Mi barco y yo las olas debíamos romper
para no sucumbir frente al bravísimo mar.

Pero llegó el tiempo en que tuve que arribar,
quedarme en puerto para nunca más soñar.
Poco a poco el viento dejó de soplar
y un nuevo viaje no volvimos a empezar.

Me di cuenta que era de simple papel
mi lindo barquito, juguete de mis pensamientos.
Sé que de niño yo anduve sobre él.
En mi pecho están guardados esos bellos momentos.
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Devuélveme los versos

Devuélveme los versos,
en forma de besos de esos que calman.
Los que transforman los ruidos
en acordes de guitarra,
al compás de un baile ciego,
que embelesa, que hipnotiza,
que desgarra.

Devuélveme los versos en forma de agua,
de agua dulce que acaricia las lindes del río,
o en agua salada que envuelve
los besos en las olas que besan la playa,
en murmullos alegres y frescos llenos
de esperanza.

Dame los versos,
te los devolveré de nuevo
envueltos en auras de plata
con dulces consuelos.
Con suaves esencias que calen los besos,
con rebeldes labios que rebosen el agua.
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Quiebra el verbo su figura

Quiebra el verbo su figura,
rompe el día su hermosura.
La tarde exhala su último canto de coloridos pájaros,
la función de la vida agoniza
en extenuados ocasos.

El mar aquieta su bravura,
sereno duerme en su paz de olas.
Observa absorto,
la agonía del día.

Las nubes con sus capas grises,
ocultan al gallardo de los crines de oro,
que en sus voces amarillas se despide,
¡Mirad aunque macilento, qué bello sonríe!

El sol
envía reflejos de amor
a su amante mar,
le besa las pieles.
Música de alquimia
en su despedida.
Sublimes pianos de Chopin en su adiós.

Quiebra el verbo del día:
sus gaviotas ilusionadas,
sus gentes laboriosas,
su bullicio de niños...

Las olas,
dan sus últimos besos
a la arena despreocupada y húmeda.
El sol oculta su cara
abrazándose al azafranado cielo.

Quiebra el verbo del día
su figura de dama iluminada,
y da paso al ocaso
que fuga
en sus últimos vestidos amarillos de fiesta.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
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Caída del Cenit

Vagamente me adentro a un espacio que no es mío; ¿por qué me sorprendo? Si al salir del abismo que se encierra mi mente lo único que encuentro son destinos sombríos. Como ver una tortuga sin caparazón, como ver un ave sin alas, como encontrarme en altamar naufragando en la nada. -Es más profundo que eso pienso…-

Al perecer mi voluntad me ahondo cimbreante por escombros masas que tal parecen dóciles a su regocijo ¿Regocijo? ¡Desgraciados! Pero ¿a dónde se fue el deleite de encontrarse a uno mismo? Ese que los rebaños no han encontrado por su nefasta fidelidad al amo y su pedante mocedad ante la realidad que nos mora.

Deserté de mi rebaño… Al menos eso pensaba, pues no más al caminar me encontraba heces varadas en el camino, solitarias en el ominoso yugo del destierro. Quijotesca mi alma se prestó a mutilar todo pensamiento de hielo y continuó su marcha hacia la cresta del cenit. Un camino solitario horado de quimeras que tanto salmodian las gentes. Un sendero amaestrado que busca encontrar tu catarsis recóndita y tu designio más osado.

Ya en la cumbre y su gloria, las derrotas sabían a victorias pues solo me lanzaba al destierro de mi nube contigua. Al perecer volvía con más dinamismo al venidero pues en cada nube remota conseguía un raudal húmedo que hacía llover toda gota del saber, creando en mi alma un ameno océano del incólume cenit.

¡Ay María! Diosa de la tempestad ¿qué has hecho? Convertiste cada nube en un céfiro de tu maldad y dejaste abatirme más allá del océano donde lo níveo no reina. Denotaste toda la furia del océano en un bramar de nubes súbitas, obligándome a caer directo al fondo del cántaro penitenciario. Ya en la escoria creí ver rostros conocidos ¿será el rebaño del cual intenté escapar?
Lugar muy abundante donde vertiginosamente la amabilidad te embala. Atado ahí, los rostros se ofrecían a quitarme el caparazón y teñir mis alas como si hubiera llegado a su hogar, como su hubieran aburado su alma. Rostros expertos en remover alas inéditas; lo podía apreciar por sus lujosas tijeras. Rostros egregios en tatuarte alas ilusorias prometiendo ser más grandes y caparazones sintéticos prometiendo ser más fuertes. ¿A qué creer? La caída de los cielos es como el choque de las olas con los puertos; una parte coagula erráticamente en el muelle y la otra venturosa se enraíza en la cubre del subsuelo de la arena. Allí en la arena me encontraba, sin caparazón para flotar y sin alas para nadar ¡Qué suerte la mía!

Sería indigno negar que mi agraz vertiginosidad ante la caía no está cubierta de confusión. Hasta el más ilustrado cae en la astenia de volar con el raudal infame de la ignorancia. Hasta el más quijotesco alguna vez se ve arrastrado como tortuga por los mares evanescentes del suplicio ameno de la derrota. ¡Allí me encuentro! Junto al oropel halagüeño de sus encantos y tras rubias amargas de dulzura, encontré un ser que no conocía. Un ser mórbido y ahormado por lascivias coloreadas por las masas funambulescas. Un ser que traicionó toda su honra por complacer cervalmente la plebe, merecedor de cualquier aflicción y amargura tras ajar las afroditas de los cabarés, envilecer a las náyades de su más solemne vergel y peor aún, abandonar sus miríficas costumbres que tantos lauros le habían servido de talante para su odisea. Después del desvarío nefasto solo resta la delación de los seres cándidos de mi devoción y verter en mis hombros todas las atribuciones que el perecer el ocaso y romper el alba son el perenne arrepentimiento de mi lozanía.
Después de un raciocinio diáfano en mis días sobrios no me explico cómo al llegar el final de la hebdómada rindo vasallaje nuevamente a mi pueril arrepentimiento. Se repiten los rostros y la cogorza me enyuga a la más tumultuosa situación. Ya embalado de tantos placeres y lograr fugarme de mi alma en busca de esos efímeros momentos donde creía ser bienaventurado se superpone en medio de la tertulia un santiamén de conciencia.

En mis intentos de entreabrir la mirada para apreciar mi luctuosa realidad veía las mismas sombras tortugas sin caparazón y las mismas aves sin alas, como si apreciara el reflejo de mi espectro. Una se acerca y me dice: tu rostro me es conocido, pero creo que en un sitio muy lejano donde las nubes reinan y la utopía nunca acaba de maravillar la cúspide del cenit. Turbia mi mirada como si me hubieran tatuado las pupilas, pude ver la silueta de este ser análogo en caparazón y en alas a las que tenía. Espantado ante lo visto, siento la gravedad azorada a mis pies y vertiendo en mi mente recuerdos osados del alma aquella que por céfiros turgentes había perdido, siento cuando el aupar de mi alma grácil se transforma en lúcida y tiñe el raciocinio cambiante de mi ser.

Al manifestarse el alba resulta mi despertar en el puerto, siento la pereza de mi voluntad reflejarse en mi testa cansada de impetrar, suspiro entre la salazón y observo hacia la cumbre apacible del cielo. Veo nubes distantes, pero más cerca que el abismo insulso de la ignorancia en el que me encontraba y comienza mi alma a soslayar mis penas y enigmas y apoderándose del raciocinio grita: ¡eres más profundo que esto! …limpio mi cara y emprendo nuevamente mi odisea hacia el cenit.
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Confusión

A veces confundo
el hambre
con las mariposas
en el estómago.

A veces confundo
tus ojos
con las olas rotas
donde duermo yo.
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Oceano

Sigilosa mi piel habla en idiomas enrarecidos,entrelazados de estrellas,despiertas cuando te respiro.Es que tienes aroma a hierva fresca de prados de ensueño,y olvido.Entremezclados de deseo,nuestros cuerpos forman un océano de insondable vigor.Sus olas son las alas de la noche mas altiva.Rozando claroscuros gemido de la luna que aún recorre nuestro fulgor,nuestra locura....
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En un rincón de mi memoria...

En un rincón de mi memoria se esconde un recuerdo
un velo de seda lo cubre y no me permite
ver más allá de su territorio…
existe una frontera una línea divisoria
una línea recta.
Una espesa neblina se cuelga en el tendero de sombras
y el recuerdo sigue... no da tregua y la señales son confusas
van y vienen y sigo tejiendo la red como lo hace la araña
cuando hace su oficio de tejer de un arbol a otro.
Cada hilo que mis manos tocan la red crece en tamaño
y el recuerdo está ahí como llama perenne
y en la escena del recuerdo veo un mar laconico
que se desborda con cantos de sirenas
y las sirenas ahuyentan el banco de peces
y los peces escoltan la nave del olvido.
De una mampostería salen
un puñado de mariposa de varios colores
y es ahí cuando sale a luz el indescifrable recuerdo.

Cerca de las paredes del jardin de la escuela
una niña que me acompaña me dice con voz debil o trémula
...Si… te acepto como novio…
…y gracias por llamar mi atención…
…mírame de frente no esquives la mirada…
… me gustan tus ojos negros/
Y yo perplejo me quedé... solo balbuceaba... las palabras se perdieron
estaba como en trance parecía un monje tibetano
atrapado en una meditación silenciosa
y nos tomamos de la mano y
((El jardin de la escuela se convirtió en el bosque más frondoso))
un beso esquivo recorrió nuestro labios
los rostros de los incipientes enamorados
parecían olas arreando arco iris y otro rato
eramos el pincel sumergido en la acuarela.

Ese día un colibrí que aleteaba su tedio
voló tan alto que se perdió entre nubes, algas y algodones
yo comenzaba aletear las alas también
salíamos del paraíso bíblico EL EDEN...
y comenzaba a nacer la semilla de la conciencia
con las imperfecciones que la sociedad moderna establece
atrás quedaban las travesuras de juego
en ese instante se inoculó LA LLAMADA DEL AMOR.

Los días, las tardes, el sol, la luna y las estrellas
dejaron de ser importantes ///éramos novios
y empezaba a tejerse el más lindo holograma
un tatuaje de corazones pinté en la cima del viejo almendrón
cada vez que pasaba removía su cumbre y
dejaba caer sus hojas y follaje.

Autor: Ramón G. Pérez B.
Venezuela
Derechos Reservados copyright ©
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Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que escribía,
por la noche, a las estrellas.
Les hablaba de mis sueños,
de las cosas de la tierra,
de los guiños de las olas
al dejar, con las mareas,
esos rizos extendidos
por la playa y en la arena,
y es que todo era posible
en el verso y el poema
que nacían, en la noche,
con la luna de linterna
y salían, indecisos,
los escritos con mis letras
pero llenos de ilusiones
y queriendo ser viajeras...

Hubo un tiempo en que los niños
sí querían cosas ciertas.
Por ejemplo el aguinaldo,
traducido en sus pesetas,
y también las caracolas
que escuchaban las sirenas,
o los cuentos de castillos
que ocultaban a princesas,
y es que el tiempo de la infancia
pasa pronto y bien se aleja
descubriendo que esos días
son instantes sin respuesta,
porque queda la nostalgia
de esa vida tan intensa,
que marcó nuestros destinos
de una forma tan maestra...

"...Hubo un tiempo, me pregunto,
en que amaba los poemas,
que la vida nos dejaba
cada día en la alacena;
pero ahora es otro tiempo
en que miro a las estrellas
y la infancia, ya lejana,
acrecienta mi tristeza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/18
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Solo quiero

Quiero que seas las olas
cuando yo tenga que ser mar....
Quiero que seas mis diciembres ,
mis otoños en Febrero,
quiero que seas lo primero que yo vea al despertar.....
Quiero que seas el gancho donde cuelgo mis te quiero ,
la meta de mis anhelos ,
mi cajita de latidos y mi locura de atar..
Quiero que robes mi aliento,
quiero tenerte que amar ......
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10comentarios 65 lecturas versolibre karma: 98

Tanka

Tus manos llenan
de caricias mi cuerpo
tocan mi piel
como olas en la arena
van rozando tus dedos
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2comentarios 22 lecturas japonesa karma: 74

Entre el mar y el cielo

Una parte de mi
viene de un pueblo pequeño
dónde huele el cielo a aceituna
y los trigales sonríen al viento.

Mientras cae el sol de la mañana
el olor a hierbabuena y violetas,
se cuela por las ventanas, cantan
ruiseñores, abejarucos y pardillos
balan, que casi hablan los corderillos
junto a cerdos y gallinas,
los sonidos del establo,
la música de mi cocina.

Junto al rocío de la mañana,
rosas, gitanillas,
claveles y buganvillas,
jacintos, y pilistras,
todas hacen de mi patio
un jardín de las delicias.

Mi otra parte del Atlántico,
la sal, el gran azul, el azul del mar,
olas violentas, rugiendo como leones,
corrientes, ballenas, atunes, y tiburones
tambores que gritan en mi alma
negra África de mis entrañas.

Annobón del golfo africano
qué no me vio nacer
Annobón la cuna de mis padres
tierra donde moriré.
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5comentarios 133 lecturas versoclasico karma: 98

ɃɍɇȺ ɇn łȺ mɨɍȺđȺ (Colaboración con @Pequenho_Ze)

Brea en la mirada,
desordenar los días de la semana,
nombrarlos con una interrogante,
esperas como mareas,
como olas sin orilla,
únicamente espuma que nace
en las rocas de montañas que descender,
en los lirios del destierro.

Miro hacia atrás
por miedo a seguir hacia adelante
en una húmeda oscuridad.
Es esa orfandad a la vuelta del abrazo,
anclas en los zapatos
que no me dejan dar un paso más.
Descender sin caminar,
las rocas, las rocas...
y otra vez empezar.

La ceguera de la incertidumbre,
de rodillas que retroceden
por miedo a abrir los dedos,
miedo a soltar certezas,
a avanzar y que no estés
al otro lado de mis latidos.
Dibujarte en cristales,
hacerme miles de vidas con ellos,
clavados en tantas puertas tenga
esta demencia que me ahoga.

Aunque estén todas cerradas.
Aunque sean las brumas de Enero
las que pueblen las ventanas.
¡Quiero ese sueño en las manos!
Si en cada pedazo irisado
tu inmortal silueta pende de mis labios,
yo beso la herida y regalo a tu silencio
el lado más luminoso de mi vida.

................................... Brea en la mirada por no tenerte,
por abrir éstas sombras y tu luz me llene de cristales.
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27comentarios 148 lecturas colaboracion karma: 99

He avanzado en edad...

He avanzado en edad y, sin embargo,
los miedos permanecen.

Es el miedo a vivir y a soñar,
a despertar un día y comprobar
que nada te rodea
y solo permanecen las tinieblas
en este mundo indeciso de personas
y de cosas,
que no sabes definir
y parece te persiguen.

Recuerdo esa otra edad,
la de la infancia,
y veo que, en la misma,
el miedo estaba allí,
en los rincones juveniles
de esos años,
en el respeto y seriedad
de los mayores,
en la influencia de los hombres,
y las gentes,
en una sociedad muy inmadura
que trataba de salir de sus complejos,
en la abundancia de unos pocos
frente a la pobreza y las carreras
por crecer, de una inmensa mayoría
en que yo estaba.

Quizás, por eso, aquellos miedos
fueron distintos,
y era el miedo de los cuerpos
y el destino,
de sufrir enfermedades,
suspender en los estudios,
no tener ese trabajo
que ofreciera algún dinero,
y por fin no conseguir que te mirara
y respondiera,
la persona que llamaba tu atención.
Y es que el amor, en aquel tiempo,
conseguía aglutinar todo el esfuerzo
de luchar y superarte contra el miedo,
de soñar con imposibles,
de mirar y susurrar a las estrellas,
de escribir algún poema en el cuaderno,
de formar una familia en tus deseos,
de vivir, intensamente, cada día,
de enfrentarte al propio miedo,
combatiendo en su terreno...

Y es que ahora, con la edad,
el otoño de los sueños se agudiza
y se ven tantos proyectos marchitados,
tantas rosas y violetas por el suelo,
tantos labios olvidados con sus besos,
y hasta ahogan los latidos su frecuencia
y se pierde, en bajamar, aquel rumor,
con el suspiro que dejaban las resacas
y las olas.

No es momento de hacer cuentas,
ni tampoco de vencer o ser vencido,
es, si acaso, el propio instante de la vida
en que el miedo se agudiza, y es normal,
ya que todo nos asusta y nos aterra,
empezando por la simple soledad
y hasta el silencio,
y hasta sobran y empalagan muchas voces
que se acercan,
todo ello por el miedo y por los miedos,
y sin darnos cuenta que las dudas
y el suspense desembocan en el miedo,
y que éste es muy normal en cada vida
y debemos aceptarle,
no tratando de vencerle
y sí tomarle con respeto,
como eterno compañero de este viaje
en que ahora estamos,
con su dosis de prudencia
y sin angustias.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/16
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Amor a la orilla del mar

Un día te despertare con una caricia suave,
será como el beso de una ola a las rocas del mar.
Sentirás silbidos, estruendos y gruñidos
de mi boca para tus labios al rozar.

Te tomare con un abrazo de mis olas
y rodeare tu cuerpo como él sol al atardecer.
Sera un baño de sentimientos bajo el océano
y todos nos miraran besarnos al amanecer.

Nos encontraremos en un estuario de pasión
donde se unirán nuestros ríos y mares interiores.
En un solo cuerpo agónico y en una misma
noche de ilusiones seremos muy felices.

Habrán movimientos de olas en nuestros
cuerpos y me ahogare en tus besos eternos.
Una noche estrellada helada la convertiremos
en calor y habrá un delirio en nuestros interior.

Entre dos botecitos nos dormimos y de telón
de fondo pequeñas nubecitas nos verán al pasar.
Las estrellas nos miraran a lo lejos y nuestra cama
de arena será nuestro refugio a la orilla del mar. 

Con tu cuerpo hare un castillo de arena
para que todos lo contemplen. En el centro
pondré un corazón de perlas cultivadas
con tu nombre, mi nombre y un “te amo”.

Así será nuestro viaje al atardecer, con tu
cuerpo formado de olas, ondulado, suave
y a veces tormentosa; como es usted, como tú,
como te veo…… hermosa a la orilla del mar.
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Recuerdo el tren aquel...

Recuerdo el tren aquel, en que llegaste,
al filo de una tarde de verano,
sonaron campanillas en las almas
de muchos compañeros que temblaron,
quedaron cautivados, sin remedio,
los ojos de los niños solitarios,
siguiendo, sin descanso, la figura,
del hada y la princesa de aquel cuadro;
ajena caminabas por la plaza
buscando la pensión, y en ella, el cuarto,
que había contratado tu familia
para ir a conseguir un buen descanso,
traías la maleta de los sueños
repleta de ilusiones, sin candados,
querías compartir lo que tenías
y luego despertar de tu letargo...

Recuerdo el tren aquel, y no le olvido,
llegaba a la estación y, sin retraso,
nos trajo un aire nuevo y diferente,
un verso sin pulir para las manos,
nacieron golondrinas y violetas,
volaron mariposas con abrazos
y luego renacieron las caricias
del fuego juvenil y tan dorado,
entonces comenzaron los suspiros,
se oyeron los susurros de los barcos
y puede que las olas murmuraran
extrañas a beodos y borrachos,
porque esta borrachera intermitente,
nacía de los pechos embrujados,
seguía por los cuerpos tan sensibles
queriendo compartir ese regalo...

"...Recuerdo el tren aquel, y tu sonrisa,
llegaste a renovar nuestro cansancio,
y fueron unos meses deliciosos
que nunca olvidaré, porque te amo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/18
17
6comentarios 66 lecturas versoclasico karma: 116
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