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Fábulas

(Y cuentan, que en las noches sin luna
al amparo de la oscuridad, hay más vidas).


Una blanca nube
estira unos brazos de
dedos finos y largos,
acariciando la oscuridad
de una noche sin luna.
 ***

Una danza de luciérnagas
Ilumina una cara de ojos tristes.
Derraman pétalos y perlas
que crean sobre el frío suelo
charcos con aroma y brillo.
 ***

Un grupo de náyades juguetea
a la luz de una lamparilla, que chisporrotea
en las aguas tranquilas de un clepsidra.
 ***

La fogata de los enamorados,
que prendieron cerca del río,
para dar color y calor
a las caricias y besos,
sigue caliente al alba.
 ***

En las noches sin luna, donde la oscuridad es la reina,
las luces y sombras nos regalan un maravilloso espectáculo
de vida más allá de la vida. No duermas, sal y sueña.




Hortensia Márquez


(Revisión de “Sueños de una noche sin luna”)
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Jue

Cada vez que veo al cielo
La oscuridad me envuelve
Junto con tus luces alzas vuelo
Para verte resplandeciente.

Siempre que voy a verte
Lo hago desde el acantilado
Ahí aprecio tu reflejo
Cada noche de verano.

Mi vestido siempre es blanco
Para parecerme más a ti
Y así pensar que eres tú
La que me está observando a mí.

Mi cabello se revuelve
Con la brisa que viene y va
Mientras yo te aprecio en el firmamento
Como un capitán al mar.

Ya el día se acerca
Y debo decir adiós
Espero volver a verte esta noche
Querida Jue, mi inspiración.
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4comentarios 60 lecturas versolibre karma: 94

Triste y abatido(a)

Cuando en tu vida no existen
momentos especiales,
cuando en tu vida solo persisten
eternos momentos marginales.

Cuando aún en medio de las bellas flores
el suelo que pisas es un desierto de espinas,
donde quizás rodeado de ajenos y bellos amores
tu corazón en pedazos palpita solo ruinas.

Cuando ni de tu sombra te sientes dueño,
quisieras dejarla en cualquier calle oscura,
darle la libertad que en ti es solo un sueño,
porque apresado estas en medio de barrotes de amargura.

Amargura que no amarga tu vida,
porque como silente y complaciente lecho
se brinda a ti toda como aquella musa prohibida
que con voluptuoso amor, suya, te da como un hecho.

Y en ese eterno caminar
donde tu horizonte es el suelo,
no dejarán de germinar
negras flores y suspiros de triste duelo.

Rafael Puello
Barranquilla - Colombia
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En las costas saladas de mis labios (con @Pequenho_Ze)

No es fácil renacer
cuando la oscuridad se ha ceñido a la cintura
y en los ojos el sueño centenario
prohíbe palabras ajenas en la piel.

Y aunque quiera creer,
intento tener fe en todo aquello que no veo;
en mi realidad más fiel.

Se despeña la oscuridad
a lo profundo de mis entrañas,
sus ojos negros
destellan los desasosegados reflejos
de la desesperanza que me consume.
Quiero creer que aún puedo presagiar
tus pisadas, en los senderos de mi piel.


Pero se han cerrado las compuertas
y lo silencios extienden su reino
por todos los rincones de esta casa.
Quema el amor helado
en el fondo del misterio
del beso no dado.

La ceguera y la sordera
del obtuso acto de ausencia,
pesa en su agria levedad
en el cielo de mis párpados cansados.
El aguijón del beso carente,
es brasa y es leyenda aletargada
en las costas saladas de mis labios.







~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
@Pequenho_Ze &
@AljndroPoetry
2018-jun-22
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33comentarios 147 lecturas colaboracion karma: 95

Congoja Nocturna

Hoy me siento desilusionado

desdichado y terminado

mis sueños han muerto

y mis ganas con ellos


Mi único deseo

poder empezar desde cero

optar por lo que quiero

mas no por lo que debo


Me encuentro perdido

en el mar de la desesperanza

mi vida no tiene sentido

el fracaso me abraza


Acostado desnudo

solo, triste y mudo

aguantando las penas

que la vida conlleva

me quedo sin fuerzas

para enfrentarme a ella


Me he rendido hace tiempo

solo deseo estar muerto

y que en el silencio

nadie recuerde mi cuerpo


Mi aliento se ha extinguido

al igual que mi ser

tal vez es mi destino

el nunca vencer


Esta noche me despido

pues dejo el mundo de los vivos

me sumerjo en la oscuridad

donde siempre debí estar.
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3comentarios 61 lecturas versolibre karma: 87

El lobo que se enamoró de un rayo de luna

Una noche oscura en su solitario caminar va un lobo cansado de la vida en general, levanta la cabeza y ve un destello al final del angosto sendero que era su travesía cada despertar.

Este se detiene por lo extraño y complejo que esto se muestra ante él, no puede explicar lo maravilloso que es, siente de repente una extraña calidez que lo envuelve y lo carcome en lo más profundo de su ser.

No tiene explicación ante esta nueva sensación, cree que su soledad a su fin llegó pues está enamorado y no sabe que decir, ya que ni en sus más oscuros sueños imaginó un hecho así.

Intrépido el lobo amigo su viaje emprendió ya que debía encontrarla en ese momento comprendió, después de caminar y caminar sin llegar a su destino decidió descansar, pero algo cálido y brilloso lo hizo despertar.

El sol había salido no había marcha atrás ya que a su amada tenía que encontrar, así el lobo duro días sin cesar buscando a aquella criatura que solo en las noches podía contemplar.

Un día ya cansado a un claro llegó y sintiendo el deseo de verla sus ojos cerró, la noche avanzó y el la esperó cuando pasaba por un estanque su reflejo vio.

Alzó su vista y no lo podía creer era su amada musa la que parecía ascender comenzó a aullarle entregándole su corazón porque ahí el pobre lobo entendió que un rayo de luna le robó el corazón así como la soledad hace tiempo le robó la razón.
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2comentarios 44 lecturas relato karma: 56

Dulce despertar

La soledad me carcome
Cada día de mi vida
No encuentra consuelo
Mi alma herida.

Los caminos se cierran
En un laberinto sin salida
Solo me queda esperar
Que se vaya mi agonía.

¡Pobre de mí!
Que ya no tengo sueños
¡Pobre de mí!
Porque ya no me esfuerzo.

Salir adelante
Ya no puedo
Y por eso cada día
Me ahogo en lamentos.

Pero de pronto llegaste
Llenando mis días de alegría
Gracias a ti
Puedo sonreír llena de vida.

Fuiste la luz
Que alejo mis tinieblas
La cura a mi dolor
Que ya no me atormenta.

Gracias a ti
Mi vida ha cambiado
Y solo quedan los recuerdos
De mi oscuro y triste pasado.

Tú llegaste a mi vida
Como un cálido rayo de luz solar
Haciendo que mis entrañas
Tuvieran un dulce despertar.
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4comentarios 72 lecturas versolibre karma: 99

Roma (de mi libro "Fragmentos")

Aquella mañana, al salir de casa, camino a la universidad, decidí no seguir el viejo camino a través del descuidado parque, y decidí tomar la vía del carril-bici, recientemente inaugurado, para disfrutar sobre dos ruedas de ese nuevo trazado que me conduciría cómodamente a mi destino.

Mi sorpresa fue mayúscula al llegar, ya que, en lugar del carril-bici, me encontré con una antigua calzada romana. Comencé a transitar por ella, cruzándome con gentes vestidas de un modo peculiar, con túnicas y sandalias, hablando un dialecto similar al latín clásico que estudié durante el bachillerato.

Todos me miraban extrañados, fijando en mí sus ojos, como si fuera yo el que estuviera desfasado en lugar de ellos. Consideré la posibilidad de que fuera época de carnaval y hubiera algún baile de disfraces en el campus, pero, si la memoria no me fallaba, estábamos en pleno mes de noviembre.

Me hallaba inmerso en aquellas cuestiones, cuando llegué a la puerta de la facultad. Me adentré en sus instalaciones, dispuesto a acceder al Aula de Literatura, pero al entrar al lugar donde debía encontrarse, aparecí en una pequeña habitación, oscura, con una sola silla en mitad del cuarto y una gran pantalla blanca en la pared; en la pared contraria, un proyector, el cual, en cuanto me senté, comenzó a funcionar por sí solo. Las imágenes proyectadas en la pantalla versaban sobre la Roma Clásica, sus orígenes, su evolución hasta su máximo apogeo y su decadencia y posterior desaparición.

En mitad de la proyección, entró a la pequeña sala un hombre de mediana edad, ataviado con una corona de laureles sobre su cabeza, además de las ya mencionadas túnica y sandalias que portaban las gentes vistas anteriormente en el camino. Se presentó a sí mismo como Rómulo Augústulo, el último Emperador del Imperio Romano de Occidente. Yo esbocé una leve sonrisa, y no pude sino pensar que ese pobre infeliz había perdido la cordura, contagiado por toda esa masa aborregada que había decidido reimplantar la moda de los hombres clásicos; pero esos pensamientos se disiparon paulatinamente al comprobar la gran sabiduría que demostraba en lo referente a la época de la que decía provenir: No había detalle, por pequeño que fuera, que se le escapara acerca de aquellos siglos perdidos.

Horas después, en un parque cercano al campus, leía entusiasmado un libro que hasta ese instante me había parecido tedioso, y sin embargo, debido a la influencia de mi encuentro con aquel extraño hombre, autoproclamado como un mandatario de tal magnitud, para mi propia sorpresa, me resultaba maravillosamente fascinante: Se trataba de El Asno de Oro de Apuleyo.

De regreso a casa, tras acceder al portal, abrí mi buzón para tomar la correspondencia, acompañada de la siempre inútil propaganda con la que nos bombardean a diario publicistas sin escrúpulos. Solo una carta dirigida a mis padres, frente al resto de papeles de ofertas de vivos colores en panfletos enormes. Observé unos instantes la llave, y me percaté de que todos los buzones de la vecindad tenían la misma cerradura que el mío, por lo que, sin orden ni concierto, los abrí.

Justo al lado de los buzones, en la pared, hallé otra cerradura idéntica, y por el mismo impulso por el que decidí dejar los buzones abiertos, introduje la llave y la giré, provocando que esa pared del edificio y parte del techo del portal se derrumbaran, dejando al descubierto una ciudad romana en plena ebullición.

Quedé admirado por el espectáculo que se presentaba ante mis ojos: Majestuosos templos con magníficos frisos decorados, sustentados sus techos por columnas jónicas, con escalinatas de mármol para acceder a su interior, alrededor de los cuales la multitud iba y venía, en un caos tan ordenado que parecía haber sido estudiado milimétricamente.

Decidí adentrarme para poder explorar de primera mano, pausadamente, el descubrimiento que de pura casualidad había tenido el privilegio de conocer. Pretendí acceder a través de unas escalinatas al interior de uno de los templos, cuando las columnas comenzaron a desestabilizarse, y tras quebrarse, las gigantescas piedras de los edificios aplastaron a los transeúntes. En cuestión de segundos, aquella esplendorosa ciudad se había sumergido en el caos, quedando reducida a escombros, entre los que asomaban manos, brazos, piernas y cráneos.

No sé cómo, pero fui zafándome de esas enormes moles que cubrían mi cuerpo, y pude salir al exterior de aquella ruina. Misteriosamente, no presentaba un solo rasguño. En mi mano aún conservaba aquella carta recogida del buzón, por lo que, ante la soledad del desastre, me dispuse a leerla, dejándome perplejo su contenido:

«Estimados señores,

Lamentamos comunicarles que su hijo ha fallecido debido al derrumbe de una de las paredes y de parte del techo del portal del edificio, en extraña coincidencia con un suceso trágico de similares consecuencias que aconteció en este mismo espacio hace unos dos mil años, en el que una catástrofe sin parangón redujo a ruinas a una ciudad romana que estuvo aquí situada (…)».

Al ponerse el sol, me encontraba conversando con una vieja amistad en el parque del barrio. Junto a nosotros, dos desconocidos que parecían conocernos; prueba de ello es que estaba resultando una noche jovial.

El parque no había cambiado nada en los últimos veinte años, con excepción de una estructura que nunca había estado allí: En lugar de los columpios oxidados, se hallaba el templo romano al que quise acceder aquella misma tarde en la ciudad que había descubierto en el portal justo antes del catastrófico evento.

Aquellos desconocidos se alejaron en una moto por la única vía de acceso posible. El parque estaba desierto, a excepción de nosotros dos, que continuábamos allí charlando.

Tras unos minutos de charla, y emulando torpemente a Fred Astaire, comencé a cantar y a bailar claqué en las escaleras que ascendían al templo, hasta lograr arrancar una sonrisa a mi acompañante. Cesó mi canto y mi baile, pues había cumplido mi propósito, y comenzó a sonar una balada. Nos abrazamos y empezamos a bailar.

Era una noche entrañable, mágica, irrepetible. Las estrellas cada vez brillaban más, eran más cercanas; algunas comenzaban, temblorosas, a descender hacia el templo, adentrándose finalmente en él y desapareciendo. Mi cuerpo, tembloroso, también centelleaba, y comprendí que algún dios me había dado la oportunidad de poder despedirme a lo grande de este mundo: En compañía de una verdadera amistad. Entendí, además, que cada estrella del cielo había sido antes un ser humano, y que yo, a partir de ese momento, sería una estrella más del firmamento.

Así se lo hice saber a mi última compañía en vida; nos abrazamos fuertemente, y empezamos a llorar, porque sabíamos que era nuestro último abrazo, hasta que la materia de mi cuerpo se volvió intangible. Subí despacio, mi figura se transparentaba más y más, hacia el templo por la escalinata, despidiéndome con la mano de quien estuvo conmigo hasta el último momento.

Cuando entré en el templo, desapareció, y yo desaparecí con él. Los ojos mojados de mi acompañante delataron su abatimiento, al tiempo que, pensativos, observaban fijamente en dirección al lugar donde se produjo nuestra despedida.
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El Sol Herido

Fragancias siderales en llamas recorren los farillos
plantados como espías celestes.
Un extraño objeto hunde su punta de acero;
muros y surcos ásperos impactan y flagelan el sol polvoriento.
Legiones de sombras envuelven al rojo bermejo.

El sol desfallece; La carátula del bosque envejece,
bajo un manto irreverente sin estrellas.
la clavija de hierro ardiente destrona
las olas mortuorias de lagos y fuentes.
Un adiós a los placeres no consumidos
de la sociedad cosmopolita.

La muchedumbre corre despavorida
por calles sin sentido. El vetusto roble se niega al despojo,
la golondrina errante no siente impulso.
El sol se sumerge en una austral sinfonía de extraños sonidos
la profecía de los días de oscuridad apenas comienza.
Los puertos lacustre; el viento despliega golpes certeros.
Su risa oceánica. El polvorín calizo cubre la montaña de cenizas
el mar en la distancia ronronea. El disco solar ya no se pinta de amarillo.

Las aves azules viajan por rumbos inciertos.
La brújula del tiempo se sujeta con desvanecido intento;
no consigue dar el norte al navegante expuesto
las burbujas flotan del entramado marino
y reciclan el paso de peces en búsqueda del sol herido.

Al siguiente día la oscuridad sumida en tinieblas envuelve el numen.
Los corazones se desanclan de la órbita celeste y ruedan en círculos interminables.
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Sed de abrigo

No temas,
pero tengo una oscuridad
en el pecho,
un fuego helado
en la boca,
y un frío clavado
en los huesos.

No temas,
me entenderás
cuando no puedas
arrancarte del alma
una antorcha de mármol,
y tu vida lastre
un saco de heridas.

Junto a mí,
rugoso,
hay un paraje
sin sol.
¿Nunca te has sentido
abandonada y desnuda
como una isla desierta?

Si tú quisieras,
podrías curarme
tan sólo con un beso.



©Alejandro P. Morales.
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Orgullo

El alma suele escaparse de su armazón,
luego surge la hecatombe y te sientes perdido
entre mil mares de sales frutales
y descubres que su orgullo no era inmutable.
Tal vez, pretenda mudarse a otra caracola,
a otro caparazón más blando,
a otro molde arcilloso cobrizo -de la forma que tú quieras-
a otra habitación desordenada.

Entonces, descubres que su ego era falaz, casi fugaz.
Caminaba sobre las esquirlas de los senderos oscuros.
Guiándose por las flechas desplumadas sobre el pavimento.
En los mapas inmundos no fue trazado el camino de regreso.
Pasan los años y el sol va planchando
con caricias de verano, tanto cielo corrugado.
Las constelaciones de luciérnagas alteraron su tamaño;
cambian de posiciones, sin motivos ni carbones.
Las estrellas se van escapando de puntillas,
para evitar despertar a los koalas embriagados.

Te vas, te fuiste y te irás.
Presente simple y sin sabor; pasado perfecto
y descompuesto; futuro progresivo y agresivo,
que se conjugan jugos de parchitas fermentados.
Llenarán las nubes de sal; pero
siempre notará lo dulce de la lluvia entre el mal.
Se escaparán los suspiros por los tres ojales
de la camisa blue jean de los bambués.

Se pierderá por entre la multitud durmiente.
No hay nada ni nadie que lo espere en el jardín,
solo el viento ondeará pañuelos traslúcidos.
Su alma disecada en el reloj cucú dará la hora.
y vivirá tarareando la misma vieja canción.

Las pecas pecadoras transparentes,
bajarán por la ventana en otoño
y resurgirán por la mañana; por entre las hojas de los jazmines
quienes ya cansados de tanto perfumar primaveras egocéntricas
escribirán "que se valla a la mierda" y …no se irá;
porque emerge un error gramatical sobre la grama;
especialmente, en el cartel de la fama.
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1comentarios 15 lecturas versolibre karma: 90

Soledad

Y tu..
¿Qué haces aquí?
¿Quién te invito a seguir?

No te desvistas, tu cuerpo ya no me seduce
Tus labios rojos, que brillan y destilan veneno
Ya no podrán hechizarme

¿Cómo? ¿Qué si aún te amo?
Pues… debo confesar que estuve enamorado de ti
Que en mis largas noches solo, dormitar a tu lado me gustaba
Que el aroma de tus cabellos me hacía tener ese sueño liviano
que medio te movías me despertaba

¡Por favor te pido que te vayas!
Debo admitir que fuiste como una estrella fugas
Debo admitir que por un instante alumbraste una que otra noche,
Pero no estabas ahí cuando quería dormir contigo, porque eres quimera.

La verdad… ¡ya no te amo!
Me he enamorado de la luna,
Ella si está ahí cuando por las noches la busco
Me enamoré de ella…
De su piel morena, de su pecho, del olor de su cabello, de su vientre
¡Me enamoré y esta vez es para siempre!
Con ella… duermo profundamente y en paz

Jamás volveré a estar solo ¡jamás!,
Ella es un regalo enviado desde el cielo
Y aunque a veces es fría la noche, los dos somos madera y fuego para calentarla.

He encontrado mi amalgama,
He encontrado una piedra preciosa,
una piedra que alumbra mi camino cuando la noche se hace más oscura,
Y siempre me esta recordando que me amará y me acompañará hasta la muerte.

Por eso… te digo adiós…, Soledad
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4comentarios 67 lecturas prosapoetica karma: 90

Vampiracnida

Los escombros lácteos sobre su piel oscura la delataban...
Ahí estaba esa mancilla en su boca
golosa y diminutiva
queriendo estirar más, ya una tronera.

Ahí estabas tú
con tus ojos de gata callejera y yusa
con tu hambre de mendigo
estrujado pétalo sin edad
velo de tul con nacaraciones
tras lo cual se esconde tu rotundo peso de Circe.

Mirarte era una cosa que daba miedo
lo mismo que picaba la curiosidad.
¿Cuántas pústulas...
y otros chancros te habitaran por dentro?
¿Cuánta sabiduría en cada cicatriz?

¡Pequeño joyero de legiones!
Enséñame tus Letras con esa lengua sabia
Sácate filo en la curva de mi cuello
¡Sé benevolente!
No inocules eso de lo que padeces tú
¡Ah! ¡Mi pequeña lamia!
"Vaca chiquita siempre será ternera"
diminuta niña barquisimetana.-


@ChaneGarcia
...
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Eros

Ya llegó, es tiempo de aceptar el silencio
Mírate en espejos: escapar en sólo un flash
Me lanzo al mar, abismo
El vacío nos engendró

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)

Puedo ver oscuridad
Conozco rincones que ocultas
Y no me voy. Me quedo aquí
Para sufrir toda tu maldad

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)

Ya no conozco las certezas, moral individual.
Los objetos se hacen pesados
Soy un hijo de la luna para ti,
Quiero estar a tu lado en las buenas y malas

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Somos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)
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Desazón

Cuando todo es nada
y ahora es muy tarde,
la luz oscura
se posa donde arde,
la herida insana
de una amargura
inexplicable.

Cuando nada es poco
y nunca es muy pronto,
la comezón en las pupilas
de los insomnes ojos,
secuestran la mirada
en un tembloroso foco.


Es cuando sales a la calle,
y deseas solo …
que todo acabe.

mello
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4comentarios 73 lecturas versolibre karma: 99

Vida en plenitud

Tierna es tu mirada
al otro lado del mañana

dibujada por nubes ya disueltas
que formaron cielo,

por noches muy oscuras
que conservas dentro,

por bellos paisajes abiertos
y frágiles recuerdos...

Dulces son tus ojos
vacíos ya de lloros...

Vida en plenitud.
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16comentarios 122 lecturas versolibre karma: 94

Orden

¿Cómo se encaja el golpe en lo ya desencajado?

Abrir cajones y remover recuerdos,
anochecer sin Luna ni oscuridad,
deshojar cuadernos aún por escribir.

Perderse dentro de un mapa,
saberse descompuesta midiendo recovecos.

Despedirse sin irse,
con esperanza de encontrar(se)
aquello que se fue sin mi.

Hayar respuestas sin pregunta,
olas sin marea,
meciéndose sin permiso entre mis dudas.

Miedo al sostener cualquier sospecha,
ensamblar por cierta las banderas de la vida.

Por qué no nos queda otra,
por qué es la única certeza,
por qué no queremos darle vueltas.
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sin comentarios 19 lecturas versolibre karma: 23

Incitación al abismo

Brillando la oscuridad
miro tu tiempo arder
entre pitadas

Vas a morir de joven
ulserado de joder
por mis pitadas

Es el tiempo que me arde
Dice ten, toma mi carne,
que está nueva de por vida

Pasa, que el tiempo pasa
y más temprano que tarde
has de ser carne podrida
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Para no volver

atravieso oscuridades
que son años lluviosos
aunque sean días fugaces

no puedo cargar
una montaña de soles a mi espalda
viviendo prendada de las nubes

lluvia seca sobre el alma débil
quizás una flor,
quizás una jaula de acero
cerrada por dentro

no hay aire en el pozo del sentimiento

no quiero ver
la rotura de cristales que dejó
para nosotros el destino

guardo mis huellas mientras camino
para no volver

recojo tu historia de mis letras;
el sueño fue carne,
muerte en la tormenta

y luego tierra
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25comentarios 115 lecturas versolibre karma: 105

Amor

El amor remueve las agujas del tiempo,
verdugo y acusado.

El amor es piel con remiendos,
causa y efecto,
palabras de acción,
y vestirse sin armazón.

El amor es polvo de lo conocido,
cantos de sirena que llegan
como voz conocida.

Luz y oscuridad,
maldito amor bendito.
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2comentarios 38 lecturas versolibre karma: 67
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