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Carta de despedida

Hacer una carta de despedida es una de las tareas más difíciles.
Primero, porque conlleva no olvidarse de nada. Es un único disparo.
Segundo, porque en general no tiene réplica. Esto la hace más difícil, porque uno escribe para preguntar se y en este caso deberá escribir para despedirse.
Despedirse no es malo, es un gran acto de valentía que suele incluir un fuerte abrazo y un último beso. Meter las manos en los bolsillos, mirar por última vez a los ojos y darse vuelta para caminar en sentido contrario. Algunos, muy valientes, suelen mirar atrás, otros, no nos animamos y mantenemos la mirada hacia abajo.
Si uno lo piensa fríamente, constantemente se está despidiendo: en la calle, en un beso, en las redes, en la sobremesa o en el pasaje del invierno al otoño.
Algunos usan estilos dramáticos, otros románicos, y algún piantao manda una carta sin la certeza de que llegue a su destinatario. ¿Riesgo o acierto?
La carta tendrá sin dudas un posdata, ese renglón que nos salva del olvido o refuerza alguna idea. Esas pocas palabras que envuelven toda la gramática anterior y, como suelo pensar, el posdata es el último abrazo después del abrazo.
Es el que volvió sobre sus pasos para buscar otro último beso.
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Viajar en el tiempo

Anoche sentado en la barca del olvido

veía cómo se ahogaban mis palabras en la copa de vino

que mi mano temblorosa sostenía,

se ahogaban en ese mar rojo de penumbras

vivas palabras se ahogaban, pidiendo auxilio.



Intentaba parar la tormenta,

pero cada grito de las huérfanas palabras

se extinguían

se desvanecían

recrudeciendo mi angustia, mi pesar,

y aunque pataleaban con fuerza

las vocales

tratando de salvarse,

el destino pareciera estar escrito .

El destino sacudía mi temperamento y aunque sostenía la copa de vino con tanta vehemencia mi corazón se partía en dos mundos el suyo y el de mis recuerdos.

Cómo salvar aquello

que desconsoladamente

pedía auxilio

en medio de una tormenta descomunal.

Pensé enviarle un salvavidas

en forma de poema;

cavilando podría servir de alivio,

pero no resultó.

La copa de vino

cada vez parecía más profunda.

Cada centímetro de palabra

que caía de mis labios secos

las veía languidecer

en ese mar rojo de nostalgia.

Anoche inventé una excusa para intentar salvar un imposible, inventé motivos para salvar alguna felicidad guardada en algún trastero , inventé excusas para partir hacia algún lugar dónde se esconden los temerosos y despavoridos,intenté poder sacarlos a flote, mis recuerdos y redimirlos de mis fracasos; pero se ahogaban angustiosamente.

La tentación llegó a mí con una sed infatigable.

Necesitaba calmar la piel de mis labios

de este destino

que parecía interminable

y bebí de ese vino rojo contenido en mi copa

que mi mano angustiosa sostenía ,

pero mis palabras morían y mis fantasías también.



Creé sueños y esperanzas

y los bañe con el vino de la arrogancia,

y aún así,

el vino que alguna vez fue de los amantes soñadores

hoy sólo atontaba la sed agónica de desesperanza.

Solo quería beberlo para intentar salvar ecos en la distancia

y no para emborracharme en recuerdos .

Cómo quisiera saber que cada sueño

que fabrico

en este refugio

donde permaneces,

pudiera algún día ser placentero y cálido ,

que sea nuestro por deseo y pasión

y no por el aire infatigable de la lejanía.

La felicidad de mi ser no lo etiqueta un cuerpo

y menos aquellos cuerpos

que no han sabido permanecer ocultos a la tentación

de la vanidad y el confort.
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Palabras marchitas

Las palabras gastadas por el uso,
pierden su esencia
y se vuelven vacías.

Un amor mío,
repetido con desgana
tiene sabor a rancio.

Pulular por el vocabulario
insistiendo en hacer hincapié
en las mismas palabras
que ya son borrones,
desprovistas de fuerza y
apagadas de verbo.

Palabras prostituidas,
mal usadas,
vendidas,
marchitas,
cansinas,
con olor a taberna sucia y alcohol barato.

Las palabras gastadas por el uso,
siguen buscando renovarse.
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La historia de una chica y un café

Por Riberpa



Capítulo 1 Génesis


No más de veinte minutos habrían pasado, se había ido tal vez para siempre, y ya empezaba a recordar que todo había empezado en ese increíble tres de agosto de hace cerca de dos años, el destino cruzó una delgada línea y en medio de mi incertidumbre apareciste; recuerdo que yo venía en malas condiciones precisamente porque no eran mis mejores días, las presiones y la soledad habían cobrado y afectado mi salud.


Realmente era incomodo sentirse en ese desequilibrio físico y emocional, fui sin más aliciente que cumplir un requisito más, recuerdo estar ahí sentado esperando sin sentido, al oír mí nombre gire con algo de desidia, pero inmediato mi rostro cambio, está viendo aquella persona que se accidentaba en mi vida y colisionaba frente a mis ojos, ahí estaba esa figura menuda, normal dirían muchos, pero cuando mire sus ojos algo me atrapó; sólo lo descubriría tiempo después.


Camine a su lado durante un corto trayecto las primeras palabras cruzadas fueron como un libreto poco profundas, diplomáticas, pero poco a poco me entró el afán de hablar, tal vez tome la iniciativa tratando de agradar por aquello de la primera impresión, buscando crear un lazo que desde el principio mi corazón sintió que se anudó en mí, el tiempo relativamente voló para mí, parece que hubiera desaparecido el resto de escenario.

Sería presumido pensar que tú correspondías desde esa primera cita sólo mi imaginación desbordada de emoción lo recreo, hacía rato que no me sonreía la vida y ese día tuve la suerte que uno no busca, sino que te encuentra. Aterrizado en mis recuerdos vi correr nuestra historia y esa primera conversación corrió dejando en mi la sensación de un querer más.

A veces nos pasa esa incómoda situación de tener sensaciones inexplicables, irte, pero desear volver tan pronto como se pueda, tal vez existen esas diosidencias que se colocan tú camino para hacerte menos pesado el viaje y empiezas a preguntarte qué enseñanza habrá detrás de estas experiencias a la que llegas cuando menos piensas y cuando tus velas se han ido apagando poco a poco.


Capítulo 2 Añoranzas.

Hoy me fui con esa sonrisa que esa “extraña” me regalo a mi otro extraño, esa delicadeza envuelta en una flor de mujer donde cada palabra que brotó me llevo a la tranquilidad, había olvidado que, si hay gente hermosa y que el empaque es engañoso, había luz en tus ojos y ahí me conecte pensando en que los próximos días fluyera en mi un ángel capaz de corresponder ante tantas dádivas que entregabas a borbotones.


Esos días anteriores a nuestro nuevo encuentro estuvieron plagados de recuerdos, de contar los días esperando retomar nuestra conversación y con la esperanza de seguir reconociendo en ti aquello que había tratado de buscar con algún desespero durante varios meses , en donde soñaba frecuentemente en disfrutar de una conversación y que esta fuera tan lenta como pudiera , alargando cada minuto y sintiéndome afortunado porque estarías ahí para recibir mi sonrisa, con una empatía perfecta y así aprovechar cada uno de esos espacios que me regalaras.


En esas noches pensaba como este sentimiento naciente e ilógico debería manifestarse y en mi mente se cruzaba varias opciones que iban desde unas señales de SOS desesperadas de que te fijaras en mi de manera perentoria hasta pasar desapercibido y solo dar ligeros toques de estas sensaciones que iban creciendo; la noche anterior a nuestro nuevo encuentro me sentía como aquella oruga queriendo convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mariposa amarilla en un mundo lleno de color , sin embargo decidí colocar pies en tierra y reconocer que si bien desde niño me habían vendido la imagen del amor a primera vista esta requería de algo más y lo iría comprendiendo en el camino que me esperaba.


Capítulo 3 Conociéndote


La mañana estaba fría, si bien llovía copiosamente podía ver la gente caminar rápidamente , doy un giro a mi pensamiento he intento imaginar que cada uno de ellos vive su mundo y está pensando en las horas por venir , en sus anhelos y metas de ese día; yo por mi parte venía con esa ansiedad que había tenido los días anteriores, con un solo objetivo confirmar si esa conexión primaria y básica que sentí era real o parte de mi imaginación, de nuevo volví a la realidad y seguía caminando , apresure el paso dando zancadas más grandes y volví a sentir frío en mis manos y ansiedad en mi corazón.


De un salto nominalmente entre al edificio me anuncie y espere con impaciencia el encuentro, por un momento me quede absorto y de nuevo reacciono cuando alzo mi mirada y la vi acercarse hacia a mí, como si me conociera de siempre me saludo con un gran don de gente, sin embargo siempre guardo la formalidad que ameritaba la situación, a pesar de ser la segunda vez que coincidíamos nos sentimos cómodos como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo , sentía una buena energía y esto era signos de un buen comienzo para seguir escribiendo letras en el libro en blanco que no había obsequiado el destino.


Hasta ahora me había referido a ella como esa figura menuda y realmente quiero guardar en mi memoria fotográfica tu rostro el cual contemplo de manera directa y en especial esos dos puntos de guía que son sus ojos , he de decir lo que primero vi fue una sonrisa permanente que uno no olvida, vas irradiando luz con una actitud que pocas veces uno ve, más qué describir lo físico de tu belleza admiro lo que inspiras , me llevas a soñar y no queda otro camino más que agradecer a la serendipia que me permitió conocerte, aquí y ahora estoy seguro que si fuera por tu sencillez dirías holas no crees que estas exagerando ? y yo simplemente tendría que decir que pude ver más allá de lo que vieron los demás.


A ratos quisiera describir todo lo que pasa en mi cabeza cada vez que se generan estos encuentros que he de reconocer se presentan por un tiempo limitado y que son de obligatorio cumplimiento pero que disfruto como si fueran libres y espontáneos, me llena el alma de fe, de un sí se puede y de creer que la vida vale la pena vivirlas gracias a la existencia de seres humanos que van regando enseñanzas como semillas con la esperanza de aportar a la vida de cualquiera de nosotros, hoy salgo convencido que sin importar este final ya dejaste huella en mí.


Capítulo 4 La despedida


Así fueron pasando esos sesenta y cinco días de cercanía en donde cada reunión se fue acrecentando sin explicación alguna un afecto inusual que me llevaba a sentirme pleno y a desear día tras día volverte a ver esos sesenta minutos en los cuales el reloj pareciera estar corriendo unos 100 metros planos, eran implacables y a pesar de que sentía que no era indiferente había una barrera implacable de superar; lo sabía y el tiempo se agotaba y no quería llegar a ese final que era tan seguro como la muerte.

Quisiera detallar cada uno de esos instantes vividos en este corto tiempo; donde las letras se darían un banquete ya que se plasmarían todos lo que nos fue sucediendo en donde en cada cita nos sentíamos más dependientes el uno del otro , cada vez conociéndonos más y estoy seguro que tanto tu como yo nos pasó algo que aún no tiene nombre pero que existió , y ahí me queda anclada ese siete de octubre donde se rompió ese cordón umbilical que nos ató durante 65 días, recuerdo salir algo melancólico mas no triste porque comprendía que había tenido suerte y que lo vivido había calado una gran huella que me impediría olvidarte.

Entendía que en ese momento había diferencias que no permitían una relación diferente a la que el destino nos brindó y que antes de manera valiente lo desafiamos y lo llevamos a un escalón más allá de lo permitido, así me fui con una posibilidad escasa de contacto, pero existía como al aire que exhalaba cada mañana posterior a nuestro adiós.

Estábamos cerrando ese primer año y luego de atragantarme con las ganas de escribirte decidí hacerlo de manera sencilla y empezamos otros ciclos de escritos sin vernos en donde te compartía mis escritos que nacieron de la inspiración surgida de los sentimientos hacia a ti, ahí nacieron poemas sentidos que leías y luego me dabas tu opinión donde me reafirmabas que era grato para ti leerme y me agradecías abrirte la puerta de mi vida.


Capítulo Final ser agradecido

Recuerdo que este medio escrito me trae gratos recuerdos contigo ya que siempre recibí una respuesta ; ahora lo sé con certeza el hecho de conocerte fue para mí muy importante disfrute de cada segundo y cada sorbo de este café retrasado en el tiempo y pospuesto por el destino , desde entonces solo pienso que la serendipia llegue a mí para atreverme a soñar contra lo que parece imposible.


Ayer nuevamente recorriste mis pensamientos como en tantos otros días en que te posesionas de mí y aquí estoy escribiendo estas líneas para evocarte y esperando poder robarte unos segundos y una sonrisa ; como diría Benedetti mi táctica y mi estrategia era mantener esa pequeña posibilidad de contacto viva a través del tiempo así fueron transcurriendo meses el cual después de muchos obstáculos se cristalizo una noche fría de aquel 7 de marzo.


Hoy soy consciente más que nunca de las limitaciones que tenemos, unas más que otras y que solo si Dios lo permite caerán, sin embargo, hoy no hay tristeza ni dolor; tengo el recuerdo de la más hermosa sonrisa obsequiada a mí por esos ojos que aun evoco y sabes que entiendo tu silencio y lo respeto, tu historia, tu pasado, pero si por una extraña razón quieres verme ahí estaré ya que siempre he tenido fe en ti.

La noche llega y tu recuerda reposara en mí y a partir de hoy en estas letras que quedaran como vestigio de aquel hombre que llego a destiempo a tu vida y que lo poco que compartió lo hizo de corazón y a plenitud conscientes de sus defectos, cierro los ojos lentamente y mañana será otro día

Esta historia continuará
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Lo que dejarás

Cuando no estés
quedará el eco de tus palabras
como un eterno invierno
en mis habitaciones vacías,
será tu aroma a despedida
la inquieta brisa que penetre mis caminos
para congelar tus pasos.
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Realidad

Lo significativo del absurdo,
cuelga una palabra en el viento,
pasa una rama, como un nada del aire
y la palabra se vuelve hoja y cae,

vuela, remolino entre piedras, vuela
leve, sólo ante quien lo observa,

un rayo de nieve en las manos acaricia la verdad,
de la sombra el agua es el libro que nos lee,
no bebas porque entonces tendrás sed,

detente, no hagas caso, sigue,
no olvides que estás solo,
que los demás están viviendo.
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No ha parado de nevar sobre el mirlo blanco

A la memoria de David


TE marchitaste, amigo.
No me acuerdo con precisión de tus rasgos,
solo sé que la infancia
transfiguraba nuestros rostros
haciéndolos más puros, y que en nuestros ojos brillaban
los fuegos artificiales de antaño.

La muerte cuajó tu vuelo, cercándote de sombras
las estelas de las mejillas,
dejando en tu casa un plato de lágrimas, vacío, sobre la mesa,
dejando ecos de ausencia en los juguetes inmóviles.

Nunca he comprendido tu muerte.
Recuerdo que alguien me la susurró una mañana en la escuela,
trayendo consigo en los labios
la palabra más helada.

Yo únicamente sabía tu nombre y poco más, porque entonces
éramos todos cándidos, éramos como dioses bondadosos
en las paradisíacas arenas del parque,
y no nos importaban las inquietudes egoístas del adulto.

La egolatría era una palabra demasiado compleja
para nuestro vocabulario de tobogán.
Eso bastaba para que la amistad más pura
fuera un simple intercambio de cromos.

No supiste, amigo,
de las risas disparatadas del sortilegio de la cerveza,
no supiste del sudor de la cotidiana nómina,
no supiste de todas las pequeñas cosas
que dicen hacernos grandes...

Yo he pasado la adolescencia,
y veintiún tristezas y tantas dudas no dan sabiduría.

No supiste del desengaño de ser hombre.
No supiste... ahora eres sabio.

Te marchitaste, amigo,
el tren del invierno cuajó tus gestos encaminados hacia la
primavera. Y yo sigo aquí,
en este costado de la vida, siendo carne y nada.


(de ESENCIA, Ediciones Az90, 1998.
Abel Santos)
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Aquí estoy

Con la sonrisa a medias,
con las palabras cortadas
con mi alma destrozada
y con la pluma en la mano.

Aquí estoy pidiendo a gritos
estando callada por ratos,
dejando salir a la insegura,
para que saque la amargura.

La reprimida que mencionas,
la triste esencia que se abandona,
la curiosa pura sin maldades,
la que ya no se traga falsedades.

Aquí estoy sonriendo a medias,
liberando lágrimas por tragedias,
buscando arcoíris de sueños,
haciendo sus problemas pequeños.

Aquí voy, caminando sin destino,
conduciendo mis pasiones,
viviendo un colapso repentino,
mitigando el dolor en sensaciones.

Aquí estoy por si me buscas,
por si me quieres conocer,
por si te importa mi proceder,
o por si en mi ausencia te ofuscas.

Las letras de mi alma.
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Lucha

De qué paz vienes, tan armada,
a esta tierra de hombres conquistados,
con la cruz preparada para enterrar la vida,
sementera de luz, hastío, tiéndete aquí,
en este ahora con aire de silencio y vacía
tus palabras en la yerba donde reposa la impaciencia
y luego mata, pero hay tiempo aún para desnudar mentiras,
para saber quiénes no somos antes del combate,
guerreros de lluvia, amantes de soles apagados
dime de qué paz vienes con tantas soledades en las manos,
escucha brotar la raíz de cada pétalo en las flores de la rabia,
escucha, sin escucharme a mí, tan sólo habla si puedes
mientras las sombras afilan el hacha y el verdugo reza,
de qué paz vienes tan armada, de qué paz.
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Afuera en la ciudad

Afuera en la ciudad sigue lloviendo y mi ausencia es solo otro suceso de tantos sin explicación en un eterno principio , ahora la noche se derrumba mientras nadie te cubre y hay una palabra que nos marca, un viento que ya no roza, un miedo que nos sepulta y el perfil de ti desnuda en los escaparates del olvido.

Hace frio y afuera en la ciudad sigue lloviendo y el amor es como humo y tras el portal de un bar una chica con un cigarrillo me lo insinua pero ya es tarde para iluciones, los planes siempre se tuercen en dos cuerpos entrelazados.

Afuera en la ciudad sigue lloviendo y no hay verano que deshiele este frio pasajero, quizá el invierno mas largo que el amor a conocido porque ya va dos ausencias de ventaja desde que te marchaste.
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Suicidas

La ventana abierta
tú en el suelo acostada
entre mantas protegida
enseñándole a la luna
tu mejor conjunto de lencería.

Un cigarro encendido
ceniza que el viento se lleva
y en sus susurros, poemas.
En tus labios viven
el fuego, las palabras,
en tus manos mueren
la ceniza, los poetas.

Y sin embargo,
asesina tú nunca eres,
pues no matas, por ti mueren,
suicidas.

Gritan tu nombre al saltar
y tú desde tu ventana, abierta,
nunca los pareces escuchar.

Mi grito, dime. ¿Te llegó él a abrazar?
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Tu Infierno

Sé que me odias, y no es un juego

Pero quiero verte al menos,

Y combatir, tus demonios de nuevo.



Aunque…

Las palabras me trituren el cuerpo,

Y tus silencios me quiebren por dentro.

Amo el fuego



De caminar en tu infierno



Para quemarme,

Con tus besos.

Para deslizarme,

Por tu cuello.



Para danzar,

En tu pelo.

Y ver al diablo,

Que llevas dentro.



Para sentir tú peso,

Sobre mi cuerpo.

Para pensar y suspirar,

Tu nombre completo.



Todos somos,

De carne y hueso,

Pero no hay ángel

Que me salve de esto.



Lo que a mi concierne,

Que arda el cielo

Con tal de besar,

La piel de tu infierno.
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Melancolía

a LH

Cuando la sal de la tierra, del mar, desaparezca
No habrá día ni noche, ni luz ni obscuridad.
Habrá reloj más ya no bailarán las horas
Suaves minuetos que traerán tu nombre,
Se quedará conmigo y ya no contendrá
Sílaba o letra para iluminarte.
No habrá memoria o anhelo de esperanza
Dulce que anuncie tu posible arribo

Un aquí y un ahora eterno y gris
Me robará la imagen de tu tez morena,
No habrá un asomo alegre en tu cabello
De brisa que le arranque la locura,
Con la que ríe libre en cada tarde.
No habrá el reflejo extraño taciturno,
Con que el ocaso besa tus mejillas.
Tus ojos no tendrán ese terrible y tierno

Destello que acaricie y colme mi mirada.
Tu parva silueta serrana y exquisita,
Femenina nutricia matriz de mi ilusión,
No será percibida en mis sentidos muertos.
Habitarán ese yermo los vacíos que dejas,
Cuando la sal de este mundo, de este mar,
De este desierto se pierda,
No habrá más Luz ni obscuridad.

Yo habitaré la nada y tú te habrás salvado,
Escaparás en silencio de este confín,
Apocalíptico sueño, implosionado,
A generar universos milenarios
Con tu sonrisa y tu aire de misterio,
Explotando otra vez en vida y en amor
Y nuevamente un Dios en otros mundos lejanos
Te invocará en el origen con estas palabras:
“FIAT LUX”, Supernova en botón.
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Muda

Muchas veces me quedo muda, no sé cómo transmitir mis sentimientos, no es fácil hacerlo, la mente puede decir mil cosas, transitar por mil lugares, describir mil situaciones, pero cuando no llegan al alma, no dicen nada, al menos para mí. Y cuando tanto sentimiento quiere salir, pero no encuentro las palabras adecuadas, sencillamente callo, porque no puedo obligarme a escribir lo que no siento, o a transmitirlo de manera mecánica, por eso cuando me llaman “poeta” aclaro que no lo soy, soy solo alguien que transmite con palabras lo que el alma quiere decir, y cuando los sentimientos hablan sin parar, no sé cómo interpretarlos, y ante tal confusión prefiero callar, y no me gusta porque he callado tantas veces, he dejado de lado tantas cosas, y otras tantas me han dejado de lado a mí, que callar no me gusta nada, pero debo hacerlo, y muchas veces es sabio callar, por eso hoy, hoy no escribí nada, tampoco ayer y antes de ayer, y quizás mañana tampoco lo haga, hasta que encuentre las palabras adecuadas.
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Te pregunto poeta

Tú, poeta, que con tus versos
logras mi ser me arrastre
hasta el fin de mis sentidos;
letra a letra, palabra a palabra.
Poeta, el ras de tu alma, a la mía encuentra.
Haces tu hogar en la cavidad de mi pecho.
Lo hondo de tus palabras penetran en el fuego de mi hoguera, y me baño,
en el frescor de tus aguas.
Tu prosa, es la madre de mis sueños,
fácil me conduce a la fantasía, al ensueño.
Tú, poeta, en suavidad, intensidad o melancolía me atraviesas directo al corazón, cual daga furtiva, o aromático pétalo de rosa.
Sangro, en éxtasis, en agonía,
por el llanto o canto de tu verso.
Incomprensible es mi sentir por tus palabras. Dime, la razón poeta.
Dime el porqué, mi ser por ti suspira?
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Limerence

En la futilidad de la palabra
se esparcen besos
como balas.
La razón apenas etérea.
Limerencia tatuada
en la fragilidad del ser.
Aquí
ahora
y nunca.
Te busco en andenes
que cuelgan de mi boca.
Ansias varadas
en el tránsito de lo eterno.
Inmarcesible
suspiro suspendido
en la punta de mis manos.
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Se me quedan cortas las historias

Se me quedan cortas las historias. Empiezan bonitas y con ganas, pero se hunden poco a poco en las batallas sin fin de ideas que brotan a raudales, hasta que chocan una vez escritas con la incongruencia de estar ahí, todas sueltas ¿Dónde empieza una y termina la otra? No entiendo por qué las palabras salen de esta manera. Se escriben solas. Es como si llevaran mucho tiempo esperando a ser plasmadas en algún papel para luego quedarse huecas del sentido que pueda tener cualquier historia bien escrita. Escribo, escribo y escribo sin parar, sin pensar. No necesito pararme a discurrir qué será lo siguiente que saldrá, ya está ahí, impaciente, esperando su turno de salir y gritar sea lo que sea que tuviera que gritar. Muchas veces dudo hasta de que sean mías tantas cosas guardadas, tantas rabietas, tantas preguntas sin respuesta. Y tengo que escribir deprisa, porque si paro se atropellan y se ahogan las letras, mueren, se van, no sé a cual lugar, ni si alguna vez volverán. Y me duele la mano. Y no me entiendo la letra cuando paro y me leo. No comprendo nada, pero algo, en algún lugar, se queda en paz.
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Piezas

Te imagino y sabe bien
Armarte de a retazos
Piezas, piezas…
Siempre fuiste un todo desarmado,
Inexplicable.

Profundo verde de bosque
En tu mirada camuflada,
palabras de frutos silvestres
en la piel de los besos.

Me arrastra la corriente de tu sangre
Es cálida y me arropa
Roja, verde, metálica
Como el mar, el bosque y el volcán.

Eres, en toda tu tierra
La unión de los elementos
Eres piezas soldadas
Con fuego y frío,
Eres todo, y me ensamblan tus fragmentos.
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Cincelando esperas

Cincelando el pasado relegado,
hollando recuerdos de acero
en un intento de olvidar
las vidas que nunca viví, las que quise,
hasta que los sueños perpetúan
el cristal descompuesto en gotas de sal.

Profeso horizontes sin respuestas,
flanqueado por el dolor,
la indefensión de la cordura senil,
comprender que el camino es solo polvo,
que no hay voluntad, únicamente salidas
donde navegan las inquietudes laceradas.

Exhausto de mi, de la falta de silencios,
aceptar que no hay soles, ni flores,
ilusiones de nuestro arrebato
por alcanzar ése amor, mecenas de hados,
que no hay alas, ni suficiente luz
para tanta oscuridad.

Buscando ésa grieta solidaria,
con la boca llena de palabras desertoras,
del raciocinio, de todo juicio,
derramo mi mirada en ojos ajenos,
renuncio encontrar el puerto donde el fleje
de mi sangre halle el cáliz donde verter
el cielo, la sima más profunda,
para acoger la lápida del olvido adúltero
con una leyenda cincelada en piedra:
“solo espero….”

Amén
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El imitador

El imitador cojea enredando sus alas
no es timidez indolente de abismos lejanos
tampoco es el destierro del griterío amargo,
simula sufrir para acercarse a tu lado.

Siente placer al entregarse a las indecibles obras del mal
que su existencia brumosa desea extinguir
con un fuego sutil que todo lo incendia
con sus vastas tristezas al fingir dolor.

El imitador confunde las palabras a todos
fundiendo la sombra con la noche
sin importarle el vasto color de las praderas
que son hermosas, llenas de amor.

Se ufana corrompiendose sin esperanzas
con pensamientos absurdos
que desnudan al tiempo robando su voz,
goza mentirse ansiando caricias de los besos robados.

El imitador se pasa juzgando la ternura de todos
de fuertes o alegres de puros o intactos,
no le importan las grietas en la carne del poeta
que solo quiere vivir.

El poeta envuelve a el frío
con un rebozo de manta,
cuida sus letras como su amada
ama el aroma del perfume de su última flor.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
El Mute
25/02/2018.
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