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Perro viejo

Soy como un perro viejo
que ha aprendido a recelar de todo
y que a nadie fía su corazón.
En mi lomo doy fe de algunos palos
que hube de soportar y hoy son cicatrices.
Un viejo perro solo que vaga
por las calles vacías sin rumbo ni destino
a pique de toparme con alguien
todavía más asustado,
más viejo y perro que yo.
Me valen pocas cosas porque en el fondo
pocas son las que valen para sobrevivir,
y la entereza siempre
para aguantar el resto de los días
que faltan por venir.
Lo que queda son sobras de la comida
por las que no estoy dispuesto a ladrar más,
si acaso enseñaré los dientes
tan sólo como un gesto que intenta intimidar.
Un viejo perro flaco que a casi nada es fiel,
si acaso a esa mano que un día me ayudó
y a estos malos versos que andan conmigo
como si fueran pulgas que recorren mi piel.
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Pasatiempos para después de unos versos

Completad con la frase adecuada

El que a buen árbol se arrima…

a) Buen paraguas le protege

b) Alivia su mal de próstata

c) Buena compañía busca

Cuando el rio suena…

a) Primavera lluviosa

b) Escucha su melodía

c) El embalse canta

Ojos que no ven…

a) Quítate la venda

b) Es porque no miran

c) ¡Para lo que hay que ver!

Gallo que no canta..

a) Al veterianario

b) Olvidó la letra

c) Es que no es un gallo

Casa con dos puertas…

a) Ventolera

b)  Siempre acatarrados

c) Solo una gatera

Perro ladrador…

a) Ten mucho cuidado

b) Mejor que esté atado

c) Noches desveladas

Del amor al odio….

a) No trates de entenderlo
b) No trates de entenderlo
c) No trates de entenderlo
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2comentarios 40 lecturas relato karma: 78

El cisne blanco

Heridas
mis pasos ciñen tu recuerdo
luchas inconclusas que polvorea el tiempo,
dolor que no se siente
se ha cicatrizado sin tus besos.

Doy un paso hacia atrás
al mismo tiempo otro paso hacia el frente
compás perfecto, uno a uno a cada paso de puntillas
con la métrica perfecta como un vuelo de un cisne negro.

La música anida cariñosamente
en cada melodía del viento,
una vuelta, otra vuelta
el rostro al descubierto viendo al cielo.

El cisne blanco,
celosamente cuida su cuerpo,
es más salvaje en su defensa que un perro suelto,
el cisne es elegante en un lago quieto.

Cicatrices apiladas como un montón de libros viejos,
guardan tantas palabras, tantos te quieros
se quiere un mundo para escapar de ellos,
la danza de los cines empezará de nuevo.


El mute
fast furious
17/98/2018.
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Cé la vie

Es aquel dolor
que se te clava
hasta el vientre con fervor.

Es aquel dolor
acompaňante y perro fiel
que te sigue por doquier.

Es aquel dolor que se queda
inscrito con letra negra en tu sepultura.

Y es así la vida,
el corazón de piedra,
el vaso sin agua,
con clavos acierta
en el blanco de tu ser.

Así es la vida,
puntos suspensivos...
Caminos en la neblina,
respuestas incompl...
No luches, déjala correr.
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Su perrito faldero

Señora, sí, su perro, su perrito,
tan mono, tan simpático y mimoso,
su perro tan amable y chiquitito
que saca a pasear con su lacito
y suele relamer tan cariñoso.

Su chucho, el que saluda a los vecinos,
y haciendo malabares mueve el rabo
marcando el territorio en los caminos,
el mismo al que le importan tres cominos
mear así no encuentre algún lavabo.

Aquel del que presume de belleza
y espera haciendo gala un comentario
que alabe cuando salta su destreza
y ensalce como mueve la cabeza
o escuche algún piropo del contrario.

Que no sabe decir cuánto lo siento,
el mismo que hasta a usted no le hace caso,
procure que no suelte su excremento
y evite que se escuche un juramento
llevando una bolsita por si acaso.
©donaciano bueno
www.donacianobueno.com/
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1comentarios 20 lecturas versoclasico karma: 69

DEmonio purificador

Todos podemos verle en alguna ocasión,
llega revelador y onírico, mensajero tortuoso:
impráctico, imprudente.
Nuestro demonio purificador:
imprevisto, contundente.
Particular para cada caso:
Egoísta y vehemente
En mí aparece cuando voy muy drogado
o, por lo general, muy borracho.
Es rápido y efervescente.
Etéreo e indecente, como un pedo
que de repente apesta toda la conciencia.

Nos advierte este ser de muchas cosas
para cada uno tiene una noción distinta,
no sé, por lo tanto, qué te comentará.
A mí el otro día me dijo:

“Los perros huelen pacíficamente sus culos
en cambio los humanos os saludáis con cortesía,
está muy bien:
se hace un poco la muestra y casi se os escapan de la boca
los deseos homicidas, sexuales: inmorales.
Denigrantes vosotros, denigrados éstos
se esconden, enjutos, de la conciencia
en una de sus tantas camas, pobres,
tapados hasta la cabeza.
Así el asunto profundiza
pues terminan durmiéndose
y entonces todo se complica
debido a que su sueño es muy pesado
y se despertarán malhumorados, seguro.
Cuidado. Te asustarán e huirás, desprevenido

Sin más. Sencillo:
como un gato pequeño al que se le acerca una pelota de baloncesto.”
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Para la soledad

Me recogeré en esta soledad voluntariosa,
vecina de gaviotas y de ánades,
dentro de una atmósfera volátil
engendrada entre algodones de lluvia,
-eterna y ritual vereda de mitos y leyendas-,
caída sobre la caridad de mi cuerpo
cuando se incrusten las hojas,
hijas de nuestro Otoño,
en mis pestañas.

Tiempo ha de ser para callar
sin mancilla ni deshonra,
de abandonar en la otra orilla
el prado de la terquedad y del desaliento,
y darle vida a la vida desde el abandono,
horas paridas por la lentitud de las mañanas
en las que jugar al escondite
con un perro vagabundo,
tardes en las que desgastar piedras viejas
sobre las callejuelas pardas
para abrigo de inquietudes,
-ellas, la piedras, nunca me traicionarán-,
noches de lumbre en la mirada,
-por momentos me llamará
la llamarada de mi fuego-,
templanza en mis pies templados
y argamasa de la libertad honrosa
dentro de mis puños.

¡Cuantos golpes en mis rodillas,
cuantos cardenales registrados en el alma
se diluirán en el caos de mis carreras!.

Me quedaré en el camino
sin preguntarle siquiera a dónde se dirige,
sin interrogar itinerarios,
-a veces saldré sin rumbo
ni deseo de alcanzar algún destino-,
me transmutaré en escribiente plácido
de la ruta de los álamos de un río,
-quizá del Duero,
tal vez del Sar-,
en redactor de la vida descansada
tras los arbustos desangrados
de los que huyen del ruido del Mundo,
mudando por incontables veces de piel
para seguir creciendo,
mudando de moradas mi mirada.

Bendeciré el rastro
que mis huellas han de sembrar
allí donde el manantial se vuelva reflexivo,
hasta hacerse tarantella
con su roce sanador entre mis uñas
-el agua avanzará,
siempre canturreará su regocijo-,
allí donde me convertiré en vacío
para ser simple,
ser el absoluto de la nada
donde ondearé como bandera del destino,
-la soledad siempre me ha protegido
entre sus telas-,
contento con el viento en los oídos,
-cuando despierte me respirará el aire-.
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La patraña

El amor puede ser o no una patraña. Puede serlo cuando se está lleno de dudas, se vive una vida mediocre y llena de desesperanza. Es como cuando llegas y tu mujer te recibe abriendo sus manos y mostrándote que están llenas de la perra necesidad infame. Observándote pero evitando posar demasiado sus ojos en los tuyos tratando de disimular un desprecio y una tristeza, esos sentimientos que entiendes mejor de lo que quisieras, pero que ignoras silenciandolos, pensando en otra cosa. Después, llegado el momento en la noche, justo cuando estas a punto de pasar a la inconsciencia que nos regala el cansancio de los días negros, justo ahí es cuando calan los reproches no verbalizados, al final entran y se instalan en tu cabeza, listos para hacer colonia y empezar a hacer papilla primero tu conciencia, y después el espíritu.

Pero también puede no serlo si tienes la fuerza del desapego de tu lado, cuando te detuviste antes, cuando no dejaste que la inteligencia e ingenio que con inaudita estupidez crees poseer, se convirtiera en el tedio y aburrimiento de otra persona. Cuando fuiste un cobarde y huiste. Cuando ganaste.

El amor puede ser también una flama, el fuego supremo, una reacción química espoleada por pólvora negra, intensidad consumiéndose a cincuenta mil grados y a una velocidad vertiginosa, es eso mezclado con risas aromadas, miradas enloquecidas y una especie de sangría del placer, sutil pero constante. Sabes que eso resulta en una irremediable muerte, a veces eres consiente de ello, pero no importa, así, es. La irremediable, pero maravillosa muerte, la que no promete mas que eso. Pero no importa, es tu veneno, es la justificación de la vida.

El amor, como todas las cosas místicas y desconcertantes del mundo, es la dualidad. Si, el amor es también y al mismo tiempo desamor, así como la vida es la muerte, como el espíritu y la carne.

El amor es estupido y ridículo. No siempre puede ser Romeo y Julieta. Muy a menudo es la cara hosca de nosotros mismos en el espejo, es la desesperación de no morir solos, a pesar de lo que sea. El amor es divagar en el teclado creyendo que este se nos manifiesta en cada palabra y que lo que termina por escribirse no es mas que -en el mejor de los casos- una patraña, que de tan mala, no deberíamos de tomarnos la molestia de volver a pensar en ella.

El amor es la mariposa que me toma por sorpresa cuando se posa espontáneamente en una rodilla, es la cara de el terror en mi reflejo, son los años irrecuperables que se malgastaron a sabiendas.
Es un beso enervado, es meter la mano bajo la falda incorrecta y mudarme ahí.
El amor es amar el precipicio al que saltas una y otra vez.
También es la risita absurda que apenas se escucha cuando recuerdo esto.

Pero mas que cualquier otra cosa, creo que el amor puede ser un cielo encapotado, unos calcetines limpios, los ojos amables de un perro o el rasguño de un gato.
El amor puede ser la vida derramada, la música furiosa o un par de hermosas botas.

El amor es la margarita deshojada.
Un mándala imperfecto.

La patraña perfecta.
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El pozo del abuelo

Se escuchó hondo, como un profundo sentir,
así fue el sonido de la piedra que cayó con fuerza
en el pozo de los recuerdos pasados,
pozo que cavó el abuelo antes de la revolución.

En el pozo vivieron peces
que sacamos de un río escandaloso,
reía con tanta agua y fuerza que no podíamos sostenernos
mucho tiempo de pie.

El pez vivió en su cárcel oscura, fría y estancada
casi cómo vive la mentira en la mismísima zozobra,
me preguntaba si no había otra manera de que el pez nadara
hasta encontrar la salida y ver nuevamente la luz.

El pez creció,
vivió con cada migaja de pan
que desde las alturas arrojé,
su anhelo era esperanza que nace en los ojos con su brillo.

Llegó un día y el pez murió,
de nada sirvieron los momentos en su cautiverio,
tampoco valieron los deseos en un verano
que se aproxima con la exactitud de un reloj antiguo.

El pozo siguió viviendo
testigo mudo y sediento,
como el paso de la vida que se disuelve
en la ilusa levedad del mismo ser.

El pozo ahora es un pozo abandonado,
como el recuerdo de una gloria que fulgura
en el horizonte de una noche despejada,
tan clara y cercana que se antoja tocar las estrellas.

Quisiera poder volver a escuchar a esa piedra
que cae poderosa en ese pozo sin fondo,
el tiempo es un estado de ánimo
que nunca regresa.

Ya no existe el río en el cual pueda sacar un pez,
tampoco existe el silencio de una noche estrellada
que viva libre en su profundo desparpajo
en donde nada podía robarme la tranquilidad de una luciérnaga.

Sólo el ladrido de los perros
era una fiel advertencia que la comadreja
se llevaría los huevos del gallinero
en donde el gallo fue un detractor.

La luna llena sigue iluminando los senderos
ya nadie se atreve a caminarlos de noche,
no existe la comadreja, tampoco el gallinero
solo queda el recuerdo que regresa en la última flor.

El mute.
30/07/2018.

En honor al recuerdo de esa casa
en donde el abuelo amó.
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9comentarios 139 lecturas prosapoetica karma: 102

Luna

Cuando era más joven,
Tenía una perra,
Aullaba en las noches,
Se mezclaba entre las sombras,
Se erizaba ante el miedo,
Me acostaba sobre su torso
Para sentir el latir de su corazón,
No importa cuál era su nombre
Por qué la puedes ver
Allá caminando en la luna.
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Eslabones que romper

De aquellos años en que fui
guerrero replegado en sus cuarteles de invierno
nada ha de quedar en mi,
ni siquiera el silencio,
ni tan solo un atisbo de nostalgia,
y aún menos el temblor
de mis manos recabando letras
para urdir esta conjura de sueños
en la que me sumerjo cada día,
orgulloso de sentir la vida
en mis lágrimas,
o en tus sonrisas,
o en la alegría de un perro que saluda
tu llegada hasta su puerta.

De aquellos años nada;
quizá el recuerdo
para observar el ayer con la franqueza
de aprender lo nuevo
naciendo del pasado,
con la verdad de estar uncido
por la elección de lo heredado,
con el sentimiento en el camino
de tu roce de risas,
de mi lamentar de loco,
de nuestro suspirar
marcado en la senda
con la voluntad de esos instantes
que borran los retazos
de nuestros rastros.
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9
sin comentarios 64 lecturas versolibre karma: 112

Promesas de verano

Nos prometimos el oro y el moro
una calurosa noche de agosto.

A horcajadas, la luna apuntillaba
persianas en tu espalda,
y yo observaba mi futuro en tus pupilas
—negrísimas, por cierto—.

Sudábamos.

La felicidad era en ese momento
una brizna de aire fresco en la nuca.

Viajaremos a Volubilis.
Nuestro perro se llamará Lucas.
Te recitaré un poema cada tarde.


Nos habíamos duchado después
de haber hecho el amor
y charlábamos los dos boca arriba,
con una mano apolillando el vientre
y la otra descansando en la almohada.

Sonreíamos.

Besábamos nuestras máscaras,
acariciábamos kilómetros de acero.

Quemaremos el otoño en Canadá.
Compraremos una casita en el campo.
Prepararé yo siempre el desayuno.


Dándonos la espalda nos deseamos
—las buenas noches—.

Habíamos bebido demasiado.
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Unos metros de alquiler

Vengo en fuga,
huyendo del resto de mi vida.

Lo miro y no hay nadie,
nadie en el espejo que responda,
sólo una luz sucia.
El morro de un perro me huele,
como a una presa descompuesta
al margen del sendero;
un cuerpo arrojado,
un cuerpo arruinado por las caricias,
uno que habla de la belleza
sin capacidad para sostenerla.

Vengo en fuga,
huyendo del resto de mi vida.

Aquí, en estos metros de alquiler,
sin flores y sin ventanas,
un espacio-museo desamueblado,
agotado el dolor descanso.
Me sostiene la humilde carencia del lugar.
Quise hacer de éste su hogar,
pero no tiene casa el adiós,
aunque me esfuerce,
cómo abrirle una puerta al amor
que sigue allí de donde nunca quiso irse.

º
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15comentarios 89 lecturas versolibre karma: 105

Espectador

Pasa la vida
con mi perra durmiendo.
Yo de espectador
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5
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Te busco

Me gusta caminar a buscarte, como si el abismo delante de mí no fuera cierto.
Ni una voz, ni un sensor, ni un estruendo viejo; sigo a la nube muerta, a la sombra blanca, al precipicio roto.

Mi cuarto es un siglo deforme y siniestro. El suelo es algo en el paisaje, y no me toca, y no me muerde, me siento calmo, exploto y duermo, me arrebujo en tus alas y redoblo el cielo, bato la espuma negra.

Soy el que espera gloria, el que atrae maleficios, el imán de toda insurrección.

Te encuentro en una carta añeja, en la huella del suplicio verde, en la tierna constelación, en la bruma del polvo ocre, en la pintura de esta historia insomne.

Sigo el algoritmo de tu imagen triste, invento una ciencia vaga contra esta oscura ecuación.

No soy el héroe de tu salvación, ni quiero ser el villano de tu perdición.
Soy consuelo ciego, breve y embustero, cobarde y enmudecido, soy el diablo en un iglú, un perro asustado, un payaso de verdad.
Soy un corazón legítimo, un espectro de la desintegración, el vestigio de mis sentidos.
Soy el colmillo de esta automutilación, soy el golpe en el techo, el temblor en las piernas, la alarma del olvido y el tañido de la última conflagración.
Soy fracaso floreciente, transparencia turbia, vengo a blasfemarte dioses, a despojarte el mundo y a rescatar una desilusión.

Me concentro, me destruyo y vuelvo, solo me sobreviven dos anhelos, uno por pupila tuya.
Te busco por inercia torpe, por dinamismo intenso, por sonambulismo crónico, por fatalismo cínico, por masoquismo dulce, por atracción onírica, por pasión ilustre, por amor enfermo, por cura y por eterna contemplación.
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4comentarios 82 lecturas prosapoetica karma: 81

Desafortunada relación de amor…

Las hojas caen blancas, grises y plateadas
el suelo epidérmico como hiriente cascada
consumen el silencio de mis sueños.
Cuando llegaste sin permiso
no te llame... solo fue una circunstancia
cuando te iras, no se...
Estas ahí, como perro rabioso,
como guillotina penitente
engatillado esperando el sol del atardecer,
para despotricar y amenazar
sin piedad…caradurismo…
Es el precio que tengo que pagar,
acaso… castigo ancestral,
pago tu condena y no me quejo.

un golpe de viento puntea en el
brumoso y cálido cielo gris
la esperanza de vida y los sueños
los consumen una desafortunada relación de amor
donde la sin razón de tus labios deforman tu ineptitud
mas el espíritu que yace dentro de mi
como un halcón vigila tus estragos.
acaso Dios no permitió la desobediencia.
esperó sentado en su púlpito y al final castigó;
así es el temple de mi espíritu,

como una hoja lustrada y cortante dará el zarpazo.
un golpe mortal rasga la rabia de siglos contenidos;
los ojos quizás.... No tendrás tiempo para
escuchar tú último réquiem…
Recluido en barrotes de acero
tienes que estar…Hasta el final de tus días.
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1comentarios 65 lecturas versolibre karma: 87

Huerta

Una noche de verano en la huerta es para dejarse llevar. Una mínima brisa muy húmeda balancea tres farolillos de papel con una luz tenue que no da para leer pero sí para ver los mosquitillos revolotear. El transcurrir del maltrecho río, unos metros más allá, da vida al terrenico de cada vecino que tan celosamente cuida y custodia de manos ajenas.

Las acequias1 árabes se dan un festín cuando borbotean con el agua de riego y los árboles parecen saber que van a beber. El azahar perfuma la tranquilidad de la noche y alguna chicharra se atreve a interrumpirla frotando su tímbalo2 insistentemente. Quizás sea el celo o el calor. Algún perro se une al ruido comenzando a ladrar tímidamente.

La perfección es la facilidad de coger una fruta de temporada con sabor y color penetrantes, regalo espiritual de la naturaleza. Y mientras lo hago veo en lo alto a esas hermanas nuestras, las estrellas, compuestas de oxígeno, hierro o carbono. Me cuestiono entonces la existencia cuando recuerdo un párrafo de Ernesto Cardenal3:

“¿Qué hay en una estrella? Nosotros mismos.
Todos los elementos de nuestro cuerpo y del planeta
estuvieron en las entrañas de una estrella.
Somos polvo de estrellas.”


Me maravillan dichas palabras, de tamaña simple realidad en este trozo de tierra. Es un éxtasis pasar inadvertido y activo, sabiéndome parte de un todo.

Y así es la huerta, un contraste de sonidos, inmensidad, paz y dones.

________________
1Del ár. hisp. assáqya
2Órgano estridulador que los machos frotan, con un ensordecedor sonido, rechinante o chirriante, para atraer a las hembras.
3Poeta, sacerdote, teólogo, escritor, traductor, escultor y político nicaragüense.
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3
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Infancia

Debería descubrir el mundo tras la cortina alguna vez, parar con esta colección de soledades y vacíos.
Me estoy olvidando de las pequeñas magias de la existencia prófuga, de los milagros de las pasiones naufragas de un núcleo extinto, y de aquel ímpetu sagrado de adueñarse y gobernar el cielo y embeber a la par los suelos como aguacero estival.

Quisiera retornar al origen y a la infancia; a los cuentos de mi padre, a la esgrima con ramas, a los aviones de papel, a los columpios y toboganes, a las carreras de bicicleta, a los pelotazos contra un paredón, a los perros amigos que ya son esqueleto sembrado en el patio.

Quisiera volver al primer chichón en la cabeza, a la primera mancha de pasto en la ropa, al primer raspón en la rodilla, a la primera caída desde un sauce, al escondite, a la cacería, a la guerra a piedritas.

Cuanto daría por ver a mi abuela sentada en su sillón, resignada a su vejez, empapándose con la luz de la tarde y mirándome con sus ojos azules, dos redondeles de un cielo que hoy ya no puedo recordar.
Me reinventaría de niño, correteando a las gallinas, cabalgando perros, espantando gatos, arrancando uvas y resucitando mi alma con lluvias cálidas.

Han pasado tantos años; fracasos, glorias, despojos, vivencias, amigos, mascotas, juegos, muchachas, besos, calvarios, amores, desaires.
Han pasado legiones de escobas barredoras de recuerdos, pero el niño que fui sigue saltando de contento al oír pelotazos contra un muro, las gotas seductoras del chaparrón acariciando algún techo metálico. El niño que fui sigue extasiándose con el olor a tierra mojada, a pasto recién cortado, con la colonia de la infancia, con el sabor del chocolate caliente y las galletitas azucaradas.

El niño que fui sigue levantando palos y ramas del camino para cortar el aire con un movimiento valiente y caballeresco, y continua su caminar blandiendo al ocaso su nueva Excálibur de madera.
El niño que fui aún sigue confeccionando sus avioncitos de papel para librarlos al viento hasta posarse en un árbol de la plaza.
El niño que fui sigue cabalgando perros y espantando a las gallinas.
El niño que fui sigue arrojando piedritas al rio, sigue cazando monstruos entre la maleza y sigue columpiándose del brazo de algún centenario sauce en desuso.
Pero el niño que fui nunca será el niño que fui; siempre seré, siempre, siempre seré, el niño que soy.
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3comentarios 65 lecturas prosapoetica karma: 100

He preguntado por ti...

He preguntado por ti
a la luna de la noche,
a los perros del vecino
y a los árboles del bosque,
pero nadie dice nada
y me miran con reproche,
esa luna pizpireta
que susurra muchos nombres,
esos canes tan furiosos
y que ladran sin un orden
y los áboles señeros
con las hayas y los robles,
y es la eterna paradoja
del olvido de los hombres
que recuerdan sutilezas
y otras cosas muy menores...

Pero insistí en la pregunta
sin dobleces y cual borde,
para que alguien me dijera
dónde estaban tus canciones,
porque escuchando tu voz
encontraría ese norte,
y ese rumbo definido
para entregarte unas flores,
puede que fueran violetas
o unas rosas con un sobre,
que te llevara unos versos
y el tic-tac de unos rumores,
dicen que si te has perdido
y que andas por los montes,
medio huyendo de la vida
y robando corazones...

"...Pero no creo tal cosa,
y me siento don Quijote,
ya que pregunto por ti
sin atender a razones..."

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/18
11
10comentarios 97 lecturas versoclasico karma: 103
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