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Devuélveme los versos

Devuélveme los versos,
en forma de besos de esos que calman.
Los que transforman los ruidos
en acordes de guitarra,
al compás de un baile ciego,
que embelesa, que hipnotiza,
que desgarra.

Devuélveme los versos en forma de agua,
de agua dulce que acaricia las lindes del río,
o en agua salada que envuelve
los besos en las olas que besan la playa,
en murmullos alegres y frescos llenos
de esperanza.

Dame los versos,
te los devolveré de nuevo
envueltos en auras de plata
con dulces consuelos.
Con suaves esencias que calen los besos,
con rebeldes labios que rebosen el agua.
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El sueño de un zapatero

Aquella mañana tu abuelo despertó quejándose de la mala noche pasada. Tu madre, sentada en la cocina, relata la visión de las aves negras que tuvo tu abuelo aquella noche acunado por el peso de los párpados. Tres cuervos, recuerda bien el número que mencionó a tu abuela, le habían atosigado. Caminaba cuesta abajo por la calle adoquinada de su casa en Croacia, dirección al mar, con el trio de córvidos a sus espaldas. Sombras indefinidas que revoloteaban arriba y abajo, sin alejarse, cerca de sus hombros, al ritmo de sus lentos y cautelosos pasos por la pendiente. El mar estaba allí, ante sus ojos, aguardándole, azul, intenso, bajo la luz del sol mediterráneo, con la brisa salitre acariciándole las mejillas, pero no lo alcanzaba. La calle se dilataba estirándose bajo sus pies exhaustos. Los pájaros, sus sombras, le gritaban a la altura de la oreja. Primero a un lado, luego al otro. Cuando abrió los párpados estaba agotado y los oídos le pitaban, albergaba un enjambre de insectos en sus cavidades más internas.

Ella no prestó mucha atención a sus quejas, no era la primera, ni la segunda, eran muchos años de quejas, muchas las veces en las que los sueños perturbaban su descanso, pero aquella sería la última vez que lo escucharía. Aquella tarde, tras el almuerzo se tumbaría a descansar y no volvería a levantarse. Cuando la abuela lo descubrió, no supo que hacer. Fuera, en la calle, nadie se fiaba de nadie. Los croatas católicos buscaban a los serbios ortodoxos para, en el mejor de los casos, expulsarlos de la ciudad. Los bosnios allí eran una entidad difusa, ni amigos ni enemigos de nadie, una minoría despreciada e ignorada. Ella estaba sola, con el abuelo en la habitación, y allí lo dejó todo el día, hasta que llegó la noche y se deslizo en la cama junto a él. Allí todos vivían alucinados, descarnados, como embadurnados en cal, hablando y pensando sin carácter alguno, actuando como un sólo ente, un sólo hombre, con una voz inmunda. La voz de una muerte viva que caminaba por los Balcanes de la costa a las montañas.

A la mañana siguiente la abuela descubrió que el cuerpo de él seguía allí. Que no era una ilusión. Que era una realidad. Que de noche los cuervos se habían llevado lo que lo constituía, dejando allí sólo la vasija del cuerpo. Unas manos pesadas llenas de callos de zurcir zapatos viejos junto al paseo de la playa.
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Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que escribía,
por la noche, a las estrellas.
Les hablaba de mis sueños,
de las cosas de la tierra,
de los guiños de las olas
al dejar, con las mareas,
esos rizos extendidos
por la playa y en la arena,
y es que todo era posible
en el verso y el poema
que nacían, en la noche,
con la luna de linterna
y salían, indecisos,
los escritos con mis letras
pero llenos de ilusiones
y queriendo ser viajeras...

Hubo un tiempo en que los niños
sí querían cosas ciertas.
Por ejemplo el aguinaldo,
traducido en sus pesetas,
y también las caracolas
que escuchaban las sirenas,
o los cuentos de castillos
que ocultaban a princesas,
y es que el tiempo de la infancia
pasa pronto y bien se aleja
descubriendo que esos días
son instantes sin respuesta,
porque queda la nostalgia
de esa vida tan intensa,
que marcó nuestros destinos
de una forma tan maestra...

"...Hubo un tiempo, me pregunto,
en que amaba los poemas,
que la vida nos dejaba
cada día en la alacena;
pero ahora es otro tiempo
en que miro a las estrellas
y la infancia, ya lejana,
acrecienta mi tristeza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/18
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Recuerdo de un triste verano

Aprendí una vez tu nombre,
de pronto fuiste mi mujer.
Antes yo fui tu hombre
y ahora soy el anochecer.

Era el mismo mes de enero
y el mismo seco estío.
Esa vez yo vi un lucero;
eras tú, amor mío.
Fuiste tú, amor mío.

El sol ya agonizaba
sobre el reino que se iba.
El rojo al cielo conquistaba
y tú lo hacías con mi vida.
Y lo hiciste con mi vida.

De pronto bebí tu nombre,
consumí tu esencia, mujer.
Hiciste despertar al hombre
que ahora está por perecer.

Tu mirada felina invadía
todos mis pensamientos.
Sentí que mi mayor alegría
la conocía en ese momento.
La conocí en ese momento.

Tus labios parecían
ser un botón de rosa.
Y yo cómo apetecía
besar cosa tan deliciosa.
Y besé cosa tan deliciosa.

Entonces era mío tu nombre,
respiré todo tu perfume, mujer.
Cómo agradecí ser tu hombre,
y ahora un recuerdo he de ser.

Junto al mar que latía fuerte
en aquella playa rocosa;
te abracé yo a muerte.
Eras tú mi mariposa.
Fuiste tú mi mariposa.

Viví el tiempo de una estrella.
Yo desgarraba tu falda.
Cuánto, cuánto la quise a ella.
Sentí sus manos en mi espalda.
Siento sus manos en mi espalda.

El firmamento tenía tu nombre;
la noche era mi mujer.
Quiero ser ese hombre
que murió al amanecer.

Cuántos besos se perdieron
desde tu cuello a tu cintura.
Para mí era un amor nuevo,
para ti una nueva aventura.
Otra simple aventura.

Acaricié tu piel con ternura,
tus ojos emitían un rubí fulgor.
Recorrí toda tu figura
en el momento del amor.
Qué momento del amor.

Intento olvidar tu nombre,
ignorar tu cuerpo, mujer.
El destino maldice al hombre
que no acepta perder.

Quise conquistar tu alma,
dormir en tu corazón.
Conservaste siempre la calma.
No tuve salvación.
No tengo salvación.

El milagro no se produjo
antes del amanecer.
Quise entonces ser un brujo
para hacerte mi mujer.
Y no fuiste mi mujer.

Cuando descubrí tu nombre
te deseé tanto, mujer.
Ahora este triste hombre
tu imagen quiere deshacer.

El encantamiento no se hizo,
el amor sufrió un daño.
De vivir en el paraíso
pasé a estar en un engaño.
Ahora estoy en un engaño.

De aquella noche de lujuria
huellas sobre la arena quedaron.
El amor no estuvo a la altura
de hacer dos enamorados.
No hizo dos enamorados.

Ya casi olvido el nombre
y las lágrimas por esa mujer.
Abandonado está este hombre;
triste y solo ha de permanecer.

Fueron bellos los besos dados,
el placer de tu desnudez.
Las caricias. Los dos abrazados,
todo se hizo de una vez.
Todo murió de una vez.

Eras tú la inmensa noche,
era yo el paciente mar.
Te quise llevar conmigo,
mas no sabías nadar.
Nunca quisiste nadar.

Inhalé una vez tu nombre
y solo por un anochecer
fui yo tu único hombre,
fuiste tú mi amada mujer.
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Soneto de mar...

En una
playa
del sur.
A lo lejos
se escucha
una bonita
melodía.

Viene de
aquella
guitarra
que aquél
chico esta
tocando
sentado
en la playa

Mientras
la brisa
del mar,
acaricia
suavemente
su cara...

De su
voz sale
magia,
versos
de esos
transformados
en besos.
danzando
al aire
jugando
en el mar...

Qué
al escuchar
este soneto
de amor
calan en
lo más
profundo
de tu alma

(De su
alma,
transparente
como el
agua
salen melodías
dibujadas
de mil
colores
que transmiten
mil
sensaciones).

Como
esas olas,
del mar
que le
inspiran
a escribir(te)
una vez
más.

En
este
bonito
atardecer...

De su
corazón
nace y
salen letras
que hacen
esta...

POESÍA.

Frente
al mar...

Hecha
en forma
de una
canción.
Tu canción

Este soneto
sin nombre,
con aires
de mar...

© Derechos de autor
Isa García
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Quinientas razones para seguir amando

Quinientas veces he querido gritar la verdad
como gotas de rocío se han evaporado las palabras
como promesas sin rencores
y nostalgia pasajera en un viaje sin el último peldaño.

El tiempo es sometido
vamos creyéndonos inmortales en un mundo pasajero,
en el me he despido del engaño
inundando a mi memoria de verdades
sin mentiras que gozan deteniéndose a cada paso.

Quinientas veces he merecido la calma
sin ser solo una apariencia en los sueños
que creen merecer todo sin deber nada,
huellas secretas de un silencio que habla.

Mis letras me sanan con cada orilla de sus versos
no sé si son sinfonía o solo un montón de idioteces
que juegan a contar la arena en la playa
pero me hacen volver con más ímpetu y amor
por lo que simplemente creo.

Quinientas vanidades sin ninguna locura,
nunca me supo la vida a puras mentiras
me fui metiendo poco a poco a un laberinto eterno,
palabras que hablan lo que la vida se calla.

El silencio nunca fue el último remedio
que teníamos para acallar los sentimientos,
siempre quise amar con todo
a cada uno aún en su miserable recuerdo.

La poesía me dice
lo que trae la nostalgia como un zumbido a dentro
me gusta imaginar que soy tu lector predilecto,
montones de ideas que se las lleva el viento
quinientas poesías se queman muy fácil ardiendo.

Nunca serán un montón de cuadernos
que no se escribieron,
me gustar amar con cada letra del alfabeto,
pasaré mi vida en otros quinientos pensamientos
para decirte todo lo que siento adentro.

Quisiera pasarme centenares de días
descifrando cada momento,
porque amo vestirte y desvestirte
de bellos sentimientos,
la poesía me hierve como fuego lento.

Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.

Hoy les robo un minuto para compartir mi dicha.
Quinientos poemas se dice fácil
Pero vivo en cada palabra que he escrito, agradezco infinitamente el Don que el Creador me ha entregado, me esfuerzo a diario por pulirlo hasta poder algún día lograr que sientan orgullo.
Soy un poeta en formación que sueña con un mundo en donde nunca desaparezcan las razones y los pretextos para seguir amando.
Amo escribir lo que siento y lo que pienso.
Viva la poesía en cada una de todas sus manifestaciones.

Viva la poesía de Octavio Paz, de Jaime Sabines, de Alí Chumacero. Y todos y cada uno de los cientos de poetas que en su lectura me he formado.

Gracias a mis amigos más críticos que odian el comentario sencillo y la adulación, que sería sin ninguno de ellos.

Viva la poesía Clásica y la letra libre.

poesiasmigueladame.blogspot.com/2018/07/quinientas-razones-para-seguir

"Quinientas razones para seguir amando", un poema de MiguelAdame via @poemame_poesia poemame.com/story/quinientas-razones-seguir-amando



Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.
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Sin ninguna razón

El metanol se centra en su cuerpo
Ya no queda rastros de vida
Ella pide ayuda
Pero se va a la playa a calmar sus demonios
Falla las razones para seguir su camino.
Pierde sus sentidos y empieza a sentir miedo
No quiere dormir, quiere seguir con vida
Quieren que recuerden su nombre.
Promesas de amigos, entonces les decían
¿Qué es lo que pasa?
Melancólica agonía, círculo cerrado
No quiere terminar como su madre
Se mira al espejo, pero sabe que solo tiene una oportunidad
Pide perdón a sus amigos, a sus hijos
Continúa con su vida falsa construida
Los temores la devoran, así que al final si se marcha y continúa con otro alias
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Ansias de ti

Toma de mí los poros
la palabra y el silencio
la frescura de la suave arena
y lloviznas de tu sed
vuelve a mí la fragancia
que perfuma el recuerdo
Tu ruta y tu voz.

Puebla de mí los faroles
Los misterios y mis manos
amor de mis cantares
de tus playas y el calor
en las esquinas.

Colma las ansias que alimentan
la felicidad que siento de tus días
y esas ansias tuya de colmar las mías.
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2comentarios 77 lecturas versolibre karma: 92

Dante Alighieri (soneto)

¡Oh Dante!, majestuosos tus cantares,
de pluma mágica, brillante, bella,
estalla muy radiante, cual estrella,
entrega sus mejores azahares.

Feliz te exalto, rey de los juglares,
que amaste a Beatriz, tu fiel doncella,
tan pura, como playas de Marsella,
amor que no se vio por estos lares.

Los círculos de infierno tú plasmaste,
celestes albos cielos, de esplendor,
fantásticas figuras recreaste.

Cantor mayor, ilustre gran señor,
glorioso, buen legado nos dejaste,
Un símbolo de amor al creador.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-/copyright ©
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15comentarios 121 lecturas versoclasico karma: 99

Las mañanas de palacio

El murmullo tintineante de las tazas parlanchinas
los pasillos relucientes del palacio convertían
en vibrantes repertorios de orquestadas armonías.

Las mañanas y el ambiente, en total filarmonía,
se mezclaban con el canto de tediosas golondrinas,
envidiosas por el manto que tu belleza cubría.

Entretanto las gaviotas, de testuz y cuello erguidas,
simulando ser devotas de la playa y sus esquinas,
acompasan con sus notas melodías matutinas,

sólo buscan como tontas, agolpadas en la orilla,
tu respuesta, de entre todas, la más bella sintonía.
Mi princesa, hoy se nota, se contagia su alegría...
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15comentarios 143 lecturas versoclasico karma: 101

y de repente tú

Amor que de pronto llegas
y que rompes mis esquemas
ese que ya no te esperas
porque viajabas de vuelta.
Yo que guardé el corazón
escondido en un rincón
cuando ya no sentía nada
y mi vida se escapaba.
Ahora que lo siento vivo
por haberte conocido
que rescato esa ilusión
antes de verme perdido.

¿Dime si es casualidad
si es mi suerte o el azar?
¿dime si ya no es igual?
pues no te puedo olvidar
¿Como aprender a vivir
para atreverme a volar?
¿ cuando te volveré a ver
como te podré encontrar?

Eres tu luz de mi vida
eres estela en mi mar
no eres una fantasía
eres más de lo que das.
En ti pienso que cada día
y hago todo por buscar
la manera de decirte
cuanto amor te puedo dar.

Dime amor si guardas algo
dentro, que no podrás dar
si estos versos son las flores
que se van a marchitar.
Dime si rompo mis cartas
si te tengo que olvidar
y volver a un mundo oscuro
donde no se respirar.

Amor que inundas el aire
y que me haces caminar
hacia lo desconocido
sin saber donde estará.
¿Cómo pongo lo vivido
sin tenerlo que buscar
en esta maleta rota
donde ya no cabe más?
Guarda besos y otras cosas
que no sé cómo llamar
son recuerdos y palabras
que me permiten soñar.

¿Es haberte conocido
en esta vida de esquinas,
el final o es el camino?
aunque me llene de espinas.

He quemado al fin mis naves
allí donde rompe el mar
junto a esa cala perdida
donde quiero descansar.
Y así tendido en la playa
desnudo mi piel y el alma,
mientras espero tu voz
e imagino tu mirada
Cierro los ojos y escucho
para sentir tu llamada
y me aferro a ese momento
no quiero que falte nada.
Vives en mi pensamiento
llenas mi espacio vital
y me mojas cada día
con la espuma de tu mar.

Mis labios guardan tus besos
mi lengua sabe a tu sal
a esas gotas que me dejas
que con el viento se van.
La piel que alberga estos huesos
siempre, siempre quiere mas
y ese baile de tus olas
van y vienen , vienen van.
Abrázame con tu cuerpo
llévame al fondo del mar
no me despiertes ahora
hazlo después, al final.
Cuando no me queden fuerzas
para enfrentarme y nadar
y esta voz diga tu nombre
antes de hundirme en tu paz.
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2comentarios 68 lecturas versoclasico karma: 102

... y sentir que esto ya está

Que sea sirio
no es una opción,
nací a ese lado,
a algún delirio
fui acostumbrado...

Pero me cuesta comprender
que si me ahogo con mi mujer
y mi hijo, en tu lado sea delito.

Si es el infierno
les da igual...
Allí no cabemos,
no molestemos..
lo hacemos mal.

El que no quiera que se vuelva a su guerra,
a correr todos desnudos por la tierra,
entre minas e intereses de metal.

Perdona si me yergo,
con el fin de respirar,
hasta el cuello está la mierda
que rodea el puto hangar.

Tres días que no duermo,
siete años ya sin paz...
no te pido abrir el puerto,
sólo tu playa besar...

..y sentir que esto ya está.
....y sentir que esto ya está...
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19comentarios 140 lecturas versoclasico karma: 109

Tu mirada

Tu mirada,
tu paso por el mundo
sobre un montón de creencias
que se agolpan sobre ti y también sobre mí.

¿Qué somos?
Si la vida lo es todo,
¡a caso solo un montón de arena que se junta sobre la playa?
tal vez somos un montón de causas con prejuicios.

Quiero ver tu mirada sin juzgar tu valentía o tu miserable tristeza
esa mirada apreciativa que todo lo observa,
que va aprendiendo muy rápido
para no caerse en el mismo lodo sin una voluntad inquebrantable.

Tu virtud
es tener bondad libre de creencias falsas
realidad que no se transforma con lo malo,
hace años que el limón se secó por darte vida a ti.

Quiero florecer como un ser amado
abrazando tu fuerza inagotable llena de esperanza
hasta que el sol se asome nuevamente
y me deje disfrutar de todas tus virtudes.

No quiero renunciar nunca nada de ti.
a tu mirada
quiero ser cómplice de un amor a cuenta gotas
que nunca se cansa de saber a ti.

El Mute
04/07/2018.
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Tú(Colaboración con Mary Peña)

... tu eres poesía niña,
eres café en la mañana
eres la brisa de playa
eres crepúsculo dulce
eres la canción de las nanas
eres amiga y hermana...

tu eres el beso en la frente
el abrazo despues del dolor
el significado de amor
eres la moneda en la fuente.
eres el regreso a casa
el retorno del olvido
eres camino vivido
eres viento que pasa
eres hogar y fortaleza
eres valor y bondad
eres símbolo de amistad
eres amor y eres fuerza.
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15comentarios 154 lecturas colaboracion karma: 102

Iré a buscarte...

Iré a buscarte, madre,
a ese jardín inmenso de los cielos.

Te vestirás de fiesta,
con las mejores prendas,
para salir conmigo de paseo.

Te llevaré a la barra
para que veas la entrada de los barcos
y recordar que, en ella,
vivimos momentos de emoción
y de ternura.

A ti te tocó primero esperando a mi padre,
a que llegara de la mar su embarcación,
tras la galerna.
Yo, años más tarde,
embobado en la emoción de aquella historia
y mirando el ancho mar y su horizonte.

Para los dos la barra es un reclamo
y por eso iremos a ella.
Dejaremos que el nordeste nos abrace
y acaricie sin descanso,
llenaremos los pulmones del yodo y el salitre
mientras contemplamos a las olas,
deslizarse juguetonas en la orilla de la playa,
y hasta gastaremos bromas
retornando a esos años, ya lejanos,
en que recogíamos las migajas
que dejaban las mareas.

Sí, madre, iré a buscarte.
Te sacaré del lecho donde duermes
y vendrás conmigo en el paseo.
Te contaré mis sueños, mis deseos.
Te hablaré de los días del colegio,
de cuando iba al comedor,
de cuando volvía de clase y te escuchaba quejarte,
(aunque nunca te lo dije),
y le suplicaba a Dios que tu dolor se hiciera mío.

Y te hablaré de mi padre.
De que apenas le conocí hasta casi su partida.
De lo mucho que noté su falta
y de cuánto he deseado estar con él,
hablando, paseando, oyendo su voz...
Porque le vi tan lejano y ausente, al principio,
que no supe darme cuenta de la realidad,
y por eso, cuando partió, sufrí,
y no entendí muchas cosas,
ni tampoco te las pregunté nunca.
Por eso quisiera que me hablaras de él,
que me dijeras qué pensaba de la vida,
qué sentía de las gentes y qué soñaba
y si su sonrisa, la que yo conocí,
estaba siempre en su corazón,
como la recuerdo.

Pero no te cansaré, madre, no es mi propósito.
Quiero que sonrías conmigo.
Que tu risa se funda con la mía
recordando todo esto.
Que vivamos la poesía que mi padre
nos dejó con su recuerdo
y que veamos, en lo que nos rodea,
la magia infinita que tienen este lugar
y estas gentes.

Y por último, quiero que gocemos de este paseo,
que nos emborrachemos de él,
para volver, con la ropa arrugada
y la cara despierta,
a descansar
en los brazos de la luna y las estrellas.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/18
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La dama blanca (reto con la letra a)

Anda para la casa..
la blanca dama hará la cama..
sacará la manta.. atará las sábanas.

Nada para la barca,
la dama blanca saldrá a la playa..
al mar ganará la batalla..
sanará las llagas..

Marcha hasta la Parca,
la blanca dama bajará a las llamas,
apagará las brasas,
arrancará las almas.

Canta a la alabanza..
la dama blanca callará a las masas,
amamantará las palabras..
las alagará.. las abrazará..

Lanzará dagas a las hadas malas,
saltará vallas a las bravas,
agrandará la nada...
hasta las largas canas.
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12comentarios 108 lecturas versolibre karma: 89

Frente a las olas...

Nunca estuvimos ahí
nunca llegamos a besar esa playa
pero nunca los sueños dejaron de pisar su arena
y desnudarnos frente a las olas
el corazón y el alma… (Lola)
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El cansancio de una espera

Ya no espero ni que el viento sople
ni que la mar se enfurezca
ni que la verdad crezca
ni que el caballo calope.

No espero ni a la primera
ni al otoño ,ni al inverno
ni al cielo, ni al infierno
ya no espero ni a la espera

No espero ni al horinzonte
ni a la playa con su brisa
ni al tiempo, ni a la prisa
ni al canto del sinsonte.

No espero ni a la madrugada
ni a la noche, ni al destino
ni a la huella, ni al camino
ya no espero nada.
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3comentarios 57 lecturas versolibre karma: 108

Isodinamia

Cien viajes de ida y vuelta a través del tiempo, una historia sanguinolenta escrita con las cenizas de un ave fénix sobre los huesos de un Dios no eterno.
Una Gorgona con arena en los ojos.

Dos o tres carcajadas incitadas por cosquillas hechas con plumas arrancadas del ala izquierda de un ángel caído.
Nubes de piedra, un arco iris despintado, en cuadro y al revés, un rey genuflexo, artesanos sin manos, un rico hambriento, un pobre feliz, un mar sin espuma…

El reflejo de un vampiro, la libertad de un preso, el corazón de un robot,
la gloria de los perdedores, la resignación de un campeón.
El placer de una herida…
los surcos del aire, el silencio de un trueno, la paz de los vivos.

El fuego de la luna, los cráteres del sol, el filo del algodón, la frivolidad de un sabio,
El cordón umbilical de un dragón azul, la medalla de un canalla,
una huerta de Neptunio, la sensatez de un ebrio, el fraude de la muerte,
la confesión de un apostata.

La oscuridad del amanecer, una estrella sombría, el sosiego de una ciudad.
El destemplo de un cementerio, la frialdad de un perro, las riendas de la codicia,
el despertar de los peces, las pupilas de un topo, conejos violentos,
aureolas mugrientas, retratos de fantasmas, zapatos de sirenas,
corbatas de tiburones, abrigos de pingüinos, cosecha sin nódulo, cartas en blanco,
Playa sin arenas, carne sin venas, musa sin penas, millar sin centena…
días de verbena...
Todo es facil de pensar.
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Ella siempre lo está

—¡Oh! ¡Estás aquí! ¡Cuántas ganas tenía de verte! —exclamó Ella.
Él, apenas una silueta en la noche, la miraba desde su posición sentado en la arena. Una vez más, había hecho todo lo posible para no faltar a su cita con Ella. Y una vez más, allí estaban los dos frente a frente.
—Te noto muy cambiado —dijo con seriedad—. Puedo verlo en tus ojos.
Él esbozó una pequeña sonrisa que acabó convirtiéndose en una mueca vacía. Seguía sin apartar la mirada de Ella, pero no dijo nada. Era una noche apacible, como suelen serlo las noches de finales de julio y principios de agosto. No hacía nada de frío. Y sin embargo, su piel estaba erizada y un ligero temblor sacudía todo su cuerpo.
—Lo estoy —dijo finalmente. El agua de las olas que rompían en la orilla iba y venía acariciando sus pies, lo que le proporcionaba una sensación relajante—. Y tú lo sabes muy bien —le reprochó.
—Claro que lo sé. Sabes que yo lo sé todo de ti. Y por eso sé que estos últimos meses han sido difíciles, ¿no es así?
No contestó. El brillo que asomaba en sus ojos y la lágrima que comenzó a caer tímidamente por su mejilla lo hicieron por él. Luchaba con todas sus fuerzas por mantener el tipo, aunque no era la primera vez que Ella lo veía así.
—Adelante —dijo Ella con su voz dulce y reconfortante—, desahógate sin pudor. Ya sabes que a veces es necesario.
Por un momento apartó la mirada de Ella y contempló la inmensidad del cielo. Miles de estrellas dotaban al firmamento de una belleza abrumadora. Y eso le hizo sentirse aún más frágil e insignificante.
—Dime, ¿qué sientes ahora hacia ella? —le preguntó—, ¿rabia? ¿pena? ¿dolor? Es normal sentir alguna de esas cosas. O todas. Es lo que toca en estos casos. Y tú eso lo sabes mejor que nadie...
—Decepción —dijo volviéndose bruscamente hacia Ella. Su voz quebrada desgarró el aire en la noche—. Lo que tengo es un sentimiento de infinita decepción. Solo eso. Nunca podré odiarla —dijo agachando la cabeza, abatido —, pero no puedo evitar sentir que me ha defraudado.
Después volvió a mirar al cielo. Ya no había brillo alguno en sus ojos. Estaban tan secos como su alma.
—Habías puesto mucho en ella, ¿verdad?
—Lo había puesto todo —y al decir esto sintió una punzada de dolor en el pecho, un afilado puñal atravesándole el corazón—. Y si no todo, demasiado.
—Nunca es demasiado.
—Sí que lo es —apretó con fuerza los puños sin apartar la mirada del cielo—. Y te juro que nunca volveré a cometer el mismo error.
—¿Ah no? ¿No lo harás?
—No —el volumen de su voz había descendido considerablemente y su respuesta sonó como un murmullo casi inaudible.
—Ya... —ambos quedaron en silencio por unos segundos—. Eso mismo me dijiste una vez —sentenció Ella.
Hubo otro silencio aún más largo, tan solo interrumpido por el tímido susurro del mar.
—¿Es que ya no te acuerdas acaso de la primera vez que nos vimos aquí? —retomó Ella—. Siete años han pasado, pero yo lo recuerdo como si fuera ayer. Tú estabas ahí sentado, en el mismo sitio que ahora. Unos meses antes te habían partido el corazón por la mitad, y me juraste, igual que acabas de hacer hoy, que nunca volverías a dar tanto por nadie —él, con los ojos cerrados, visualizaba aquel momento enterrado en lo más hondo de sus recuerdos—. Pero mientras me decías todo eso yo la veía a ella y veía la ilusión que había en tus ojos. Esos mismos que ahora están apagados. Porque la semilla de algo nuevo estaba germinando en tu vida. Y aunque querías afrontarlo con todas las cautelas posibles, en el fondo tu corazón, ya recuperado, te pedía a gritos que le dejaras a él tomar las riendas. Y al final fue lo que hiciste. ¿Y no han sido maravillosos los años que han venido después gracias a aquella decisión?
—Sí —murmuró a regañadientes como un niño que le contesta a su madre sabiendo que lleva razón—. Pero...
En ese instante una estrella fugaz cruzó el cielo de lado a lado y ambos quedaron callados durante unos segundos, contemplando cómo su larga estela llameante se perdía en la bóveda celeste.
—¿Ves todas esas estrellas? —dijo Ella al fin— ¿Ves la intensidad con la que brillan? La inmensa mayoría de ellas hace mucho que murieron pero vemos su brillo porque están tan lejos que la luz que emiten tarda miles de años en llegar a nosotros. ¿Te das cuenta? El brillo que desprendían se observa miles de años después de su muerte. Como una huella que permanece inalterable a lo largo del tiempo para que recordemos que una vez estuvieron ahí. Lo mismo ocurre con los grandes momentos que vivimos. Estos también dejan su brillo cuando pasan. Su huella. Y ese brillo permanece en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Es con ese brillo con lo que tenemos que quedarnos. Y con nada más.
Mientras la escuchaba, cogía puñados de arena y la dejaba escapar entre los dedos, como tantas cosas había dejado escapar de su vida. Unas de forma voluntaria, otras, la mayoría, sin apenas haber sido consciente. O habiéndolo sido demasiado tarde como para impedir que sucediera. Se quedó mirando una de esas estrellas pensando en lo que Ella le acababa de contar. Irradiaba un brillo blanco muy intenso, casi cegador. Le entristeció la idea de pensar que ya llevaría miles de años muerta. Pero le reconfortó saber que su brillo aún seguiría ahí para poder ser contemplado durante muchos años más.
—Y entonces dime, ¿sigues pensando igual? —la pregunta lo sacó bruscamente de sus pensamientos—. ¿Sigues pensando que no vas a volver a mostrarte tal como eres ante nadie? ¿Que no vas a volver a darlo todo por alguien? ¿De verdad piensas así?
Dejó caer la arena que quedaba en sus manos y la miró. Pero algo nuevo había en su semblante. Sonreía, pero esta vez lo hacía con los ojos, y éstos volvían a tener luz en su interior. Una luz clara y llena de vida.
—Sabes que no —dijo con decisión—. Sabes que voy a volver a sentir ese cosquilleo en el estómago cuando alguien empiece a gustarme. Y que voy a volver a hacer las típicas tonterías como acompañarla a su casa, o ir a un sitio solo porque sé que va a ir ella también —su voz se iba reforzando con cada palabra—. ¡Pienso besar como aún no he besado a nadie en mi vida! ¡Y sentir cómo se eriza de nuevo mi piel al contacto con otra piel desnuda! ¡Sé que voy a volver a experimentar la emoción de disfrutar de un cuerpo nuevo por vez primera! ¡Y que volveré a abrazar a alguien de esa forma en la que el resto del mundo desaparece! ¡Pienso…
—¡Vivir! —lo interrumpió Ella—. ¡Piensas salir a vivir!
—¡Así es! —exclamó eufórico. Pero entonces un atisbo de duda cruzó por su cara un momento—. Aunque de nuevo estaré corriendo el riesgo de volver a caer...
—Ese es el precio que se paga por vivir la vida al máximo —contestó Ella con voz firme—. ¿Y no crees que merece la pena correr el riesgo?
Él desvió su mirada hacia la oscuridad del horizonte y respiró profundamente.
—Por supuesto que lo merece.
—Bien —dijo Ella complacida—. No sabes lo mucho que me alegra oírte decir eso.
Volvieron a quedar en silencio. De repente las estrellas parecían brillar con una fuerza y nitidez como nunca antes las había visto. Notó una suave brisa acariciando su cara y eso le hizo sentirse más vivo que nunca.
—¿Te volveré a ver el año que viene? —preguntó Ella.
—Sabes que sí.
Y el reflejo de su sonrisa le iluminó la cara.

*

Justo en ese instante alguien llegó por detrás de él y se sentó a su lado rodeando su cuello con el brazo.
—¡Hey tío! ¿Qué haces aquí tú solo?
—No sé —se encogió de hombros—, haciendo balance supongo.
—¡Pues deja ya de hacer balances y vamos a bañarnos! ¿no? ¿Qué sería de esta noche sin nuestro tradicional baño nocturno?
En ese momento varios de sus amigos pasaron corriendo cerca de ellos en dirección al mar. El amigo que se había sentado a su lado lo miró con complicidad y se levantó para ir tras ellos. Las risas inundaban el aire de la cala.
—¡Claro! —dijo al tiempo que se incorporaba—. ¡Vamos a bañarnos!
Cuando estaba entrando en el agua la miró por última vez. Su amigo, que estaba ya dentro, lo vio mirando al cielo y miró también, extrañado.
—¿Qué miras? ¡Ah! ¡Pero si tenemos luna llena! —y todos volvieron sus miradas también hacia Ella.
—¡Qué bonita está! —dijo una chica del grupo.
—Sí que lo está —dijo él suspirando—. Ella siempre lo está.
Y se internó finalmente en el agua, llegando a donde estaban los demás. Pero ya no era él sino una persona completamente nueva.
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