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Se va la tarde...

Se va la tarde y te pido perdón.

Lo sé,
me da verguenza decirlo
pero quisiera poder parar el tiempo
para poder rectificar y olvidar el pasado.
Sí, olvidar el pasado y dejar esa página
limpia en mi conciencia
que pueda recibir la brisa del nordeste
y cubrir la alfombra dorada
de tus pasos en una nueva primavera.

Te pido perdón con sinceridad
y con tristeza, por la alegría perdida,
y lo hago sabiendo lo mucho que recibí
de ti,
sin pedir nada.
Hoy veo aquello que me diste
y entiendo que no fue una limosna,
ni unas migajas para apagar
el hambre y la sed de un alma sedienta,
ya que la verdad venía con tu entrega,
con aquellos detalles que tenías
hacia mi persona,
con las palabras, las caricias,
los sueños y el amor.

Pero en aquel entonces,
yo quería la verdad,
necesitaba la verdad,
buscaba mi verdad,
y creí que, la verdad, no estaba ahí,
en ti y en tu persona;
confundí tu entrega con esa limosna
que se da al necesitado
y sentí lástima de mí mismo,
ya que tus palabras no me llegaban
de la manera que yo quería
y sí las imágenes distorsionadas
en un caleidoscopio irreal
que salía de mi fantasía.

¡Qué pequeño puede ser el hombre
cuando le ponemos al lado de una montaña,
y qué grande si le comparamos
con una hormiga!
y así mismo puede ser grande
el amor egoísta, cuando no cabe
en el alma,
cuando la desborda,
y es pequeño cuando está contenido
en un suspiro
y un poema.

Pero creo que me dejo atrás
algo importante,
algo de lo que te pido perdón
nuevamente,
y quisiera leer en tus ojos que sí,
que me perdonas,
ya que aquellos días,
en que creí estar enamorado,
pensé en mí, quizás en demasía,
y soñé como nunca he soñado
metiéndote a ti, en mi vida,
en las fantasías juveniles
de aquellos años,
y aunque luego te lo contaba,
te estaba forzando, sin darme cuenta,
a que fueras partícipe,
a que compartieras aquellos sueños,
a que los hicieras tuyos
y eso es algo que, hoy creo,
no fue justo.

Entonces vivía al día,
casi diría que lo hacía segundo
a segundo,
y en mi egoísmo, quería que tú
estuvieras conmigo,
en mis latidos,
en mis suspiros,
en mis sueños...

¿Y tú?,
me digo hoy,
¿acaso pensabas igual?
...No te lo pregunté
y nunca te di la oportunidad
de que me dieras tu respuesta,
dando por sentado que era así,
que aceptabas mis sueños
y compartías mis ilusiones
y fantasías.

Por eso ahora te pido perdón,
cuando se va la tarde,
cuando el día se acaba,
cuando el tren ha pasado
y el último vagón se pierde
en la distancia
y entre las sombras;
y me digo,
que no fue justo querer imponerte
un sentimiento que nunca debió llegarte
de esa manera
y que si existía,
como yo pensaba y creía,
tú debías analizar y valorar
en sus justos términos
y nunca bajo la presión emocional
de un soñador.

Espero que me entiendas y perdones,
en esta tarde que acaba,
cuando las estrellas tiritan en el cielo,
como mi alma lo hace ahora,
y unas lágrimas afloran,
sin querer, en las pupilas.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/04/18
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Tus nudos y huracanes

Ahora vienes tú de nuevo
para complicar mi vida...

vienes

a desanudar
los anudados nudos
de la garganta
de mi alma...

vienes

a anudarme
un nudo marinero
entre el pecho y el cuello...

e izamos velas
en busca de vientos mejores
en busca de nuevos soles;
nudos de luz y calor
que nos desamarren las ganas,
nudos de agua y de sirenas
que nos encanten
con sus cantos de amor...

vienes

con tus potentes magnetos
a anudarme y polarizar
los polos que he traído de cabeza;
culpa de ese sur insolente
que extravía
todos mis nortes...

vienes
con tus nudos ciegos
a devolver la vista
a mi ceguera...

vienes
con tu soplo de paz
y tus huracanes de guerra...

vienes

con tus curvas
tus pendientes
tus abismos
tus laberintos
tu hielo
tu fuego...

con tu paraíso
qué me sabe a infierno

con tu primavera
y tus mil inviernos.





@AljndroPoetry
2018-abril-22
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Cuando noto como pasan...

Cuando noto como pasan
en mi vida los inviernos,
hay un algo que me ocurre
y de pronto, me estremezco,
puede ser que la nostalgia
deje un poso de recuerdos,
y también que la alegría
tenga culpa en todo esto,
pero es fácil comprender
que la edad no admite tiempos,
ni tampoco resonancias
que den vida a los alberos,
y es que el tren que va pasando
deja andenes en silencio,
y las manos conocidas
que flamean los pañuelos...

Cuando pienso en primaveras,
y en veranos no tan lejos,
hay un algo que me grita
y desgarra por el pecho,
y es que creo que la vida
es ingrata, sin remedio,
tiene envidia de los hombres
que caminan con sus sueños,
y se ceba en las pasiones,
se recrea con sus miedos,
alterando los sentidos
como rosa de los vientos;
es injusto lo que pasa,
lo proclamo y no lo niego,
porque el niño se hace hombre
y la infancia es un momento.

"...Cuando siento las caricias
de unos labios con un beso,
se aceleran, desde entonces,
las estrofas de mis versos..."
Rafael Sánchez Ortega ©
19/04/18
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Media utopía

Que el pueblo gane la guerra
que el cielo sea la sucursal del próximo mundial
que Julieta despierte a mi lado y me cante “Tú eres para mí”
que como Joaquín, pueda negarlo todo
que la luna no saque cita la noche de mi boda
que el corazón no me falle en la luna de miel
que la tentación me tiente a dejar la adicción a escribir
que la protesta deje las redes
que llueva café
que la primavera se extienda de tus pies hasta el infierno
que se multiplique el salario y así se multiplicarán los peces
que el estado salga del estado de shock
que mi viejo lea mi nombre en la portada de un libro
que el abrazo de mi vieja me espere después del fracaso
que la voz llana no se agrave al declamar con agudeza
que un mal día no te lleve al bar
que un buen día no te lleve al bar
que el bar está abierto cualquier día
que las balas no se pierdan
que los besos no se pidan
que las bolas no nos pesen
que entienda a Cortázar
que Márquez espere con los guantes puestos a Vargas Llosa
que el temor sepa que estamos unidos
que mi gato sepa que estamos jodidos
que el mendigo sentado en silla de oro se levante
que el disfraz sea solo para la fiesta, no para la vida
que el 7 se multiplique por 70
que Reich no se acostumbre a leerme
que cuando escriba un buen poema
no lo haré más.
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Me lees en tu ternura

Me lees aún a la distancia
que han creado los hombres
a través de fronteras
de sur a norte me lees
entre cielo y mareas
A la sombra del bosque
desnuda entre hojas
me lees y de otoño paso a ser tu primavera.
Te siento,
trazando mis palabras
en la suavidad.
en tu susurro me escondo y permanezco
soy verso dulce que se abraza a ti, al latido que con ternura me lee.
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Flor de Apamate

Crujir de savia y madera
en un ocaso que danza,
me estremece.
Suave su sombra a mi vera
sol de leonada andanza,
me enternece.

Sobre su copa se aflora
el trino de cada abril
en el viento.
Hogar de pluma y de aurora
donde toco al cielo añil
y te siento.

Flor de apamate, de ensueño
del color de mi estallido
si me miras.
Flor de atardecer risueño
Como el amor colorido
que me inspiras

Así me mece tu brisa
en la primavera rosa
que sentimos
bajo el árbol de tu risa
cuya sombra primorosa
compartimos




Dee Dee Acosta
Abr.21/2018

Coplas de pié quebrado.
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La ciudad es ella

La ciudad es ella.
Me hacía perder el habla, a su lado era torpe y balbuceaba. En ocasiones me dejaba caminar junto a ella, mientras intercambiábamos un par de miradas y una que otra sonrisa, sin embargo cada sonrisa y miradas suyas eran, de alguna manera, formas sutiles de rechazarme, que dejaban, sin embargo, un poco de esperanza para volver a hablarle, a pesar de mi extrema timidez.
La conocí en una tarde calurosa y lluviosa de finales de julio, el olor a tierra mojada inundaba toda la alameda. Yo caminaba a pesar de la intensidad del agua y ella estaba ahí parada en un quiosco, sin embargo aquella mujer de piel traslúcida y con una sonrisa que sostenía en vilo al mundo me miraba, parecía un poco de primavera de anticipo que hacía afrenta a la vida bullente que llevaba. De repente me detuve y me quede parado a su lado, nos miramos un instante sin dirigirnos ni una sola palabra, de mi brazo asomaba tímidamente un volumen de libertad bajo palabra de Octavio Paz que durante largas horas me ha acompañado, ella al verlo abrió los ojos muy sorprendida, lo arrebato de mi brazo, yo sólo reía un poco sorprendido y avergonzado, y después de buscar por un par de minutos me señalo con su dedo índice un verso que decía: óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída. Tras pasar unos minutos impávido frente al poema, alcé la vista y atónito descubrí que ella se había ido.
Tras pasar un par de semanas caminando y recorriendo las calles y avenidas, los parques y glorietas, los zócalos y plazas buscando a tientas, buscando sin encontrar el rostro de la joven de los poemas, así decidí referirme a ella puesto que no sabía su nombre, desistí. Y ahí estaba yo tomando un café, era ya tarde y apenas briznaba, enfrente de mí una joven hermosa que me hablaba palabras ininteligibles e indescifrables; a mi lado izquierdo una pareja discutiendo, ella se quería divorciar de él, él la había engañado con la mejor amiga de ella, trataban de no alzar la voz pero la señora rompió en llanto; a mi lado derecho un chico solitario que observaba continuamente su reloj, esperaba a alguien que jamás llego y tras un largo tiempo se fue. Ella me hablaba y yo me limitaba a asentir, a veces le sonreía, reía cuando ella reía, ponía una expresión sería cuando ella fruncía el ceño. Volteo un par de segundos, ella se acerca, quiere besarme, yo alzo la vista y tras el cristal veo a la joven de los poemas así que me levanto de prisa y dejo un billete en la mesa, me disculpo con mi acompañante y corro lo más rápido que mi cuerpo me lo permite, ella avanza dos calles en línea recta, dobla a la izquierda en la esquina, me ha traído a la alameda -pienso, el lugar está lleno de gente, la pierdo de vista, tras tomar unas bocanadas de aire y fallar en mi misión camino por toda la alameda y al final de mi recorrido me encuentro con aquel quiosco dónde la vi por primera vez y ahí encuentro en una hoja un poema de Octavio Paz escrito a mano por la joven de los poemas, esta vez se trataba de habla ciudad y tras leerlo encuentro algunos versos escritos de la siguiente manera: Hablo de nuestra historia pública, y de nuestra historia secreta, la tuya y la mía, la ciudad que brota de los párpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte en sus calles y avenidas, autobuses, taxis y cines y TEATROS.
Tras haber leído varías veces el poema pensé que tal vez la joven de los poemas escribió en mayúscula la palabra teatro porque quería que fuera a ver una función en especial, decidí por último ir al teatro de San Ignacio de la llave, las razones que me motivaron a ir a este lugar sobra decirlas, ya que, era el único teatro de la ciudad donde se iba a presentar la hija de Rapaccini, la única obra de teatro escrita por Octavio Paz.
La obra se iba presentar ese mismo día, así que salí corriendo al teatro san Ignacio de la llave para encontrarme con la joven de los poemas. Compre el boleto. Faltaban un par de horas para que la función iniciará, así que decidí esperar sentado en una banca de hierro, al sentarme me di cuenta de que estaba mojada, no me importo y seguí sentando, saqué mis cigarrillos y empecé a fumar. Observe por todos lados para ver si por los alrededores estaba la joven de los poemas, no la vi, en cambio había un viejo sentado en una banca frente a mí, hablaba a solas ¿Con quién hablamos al hablar a solas? ¿Había recordado su pasado u olvidado su presente? Había carros que iban y venían, transitando por la ciudad y alrededor del teatro, rompiendo el viento y zumbando mis oídos, yendo de prisa ¿Adónde vamos cuando vamos de prisa? No sé, no sé ni lo que va a pasar después de esta noche, que triste pasan nuestras vidas, miro el reloj sin comprender nada en absoluto, ya es hora de la función. Apago mi cigarro. Voy a la función.
Entro al teatro y dan la tercera llamada, la obra inicia, no veo a la joven de los poemas, quizá me equivoque e intérprete mal su mensaje, si es así no es mi culpa, el amor es un intérprete obsesivo el cual a veces a cierta, el cual a veces se equivoca. Como sea la obra avanza y así como la obra de teatro avanza así avanza mi vida, de escena en escena. Beatriz fue creada por el doctor Rapaccini, la joven de los poemas existió para mí un día lluvioso y caluroso; por las venas de Beatriz hay veneno que es vida y muerte, los ojos de la joven de los poemas vida y muerte me deparan. Juan le dice a Beatriz: «Perderme en ti, para encontrarme en mi mismo, en la otra orilla, esperándome...» ¿Tras esta noche al encontrarte me encontraré? ¿El buscarte es buscarme joven de los poemas? Viene la última escena y tras esta maravillosa elegía de amor viene lo inesperado, Juan no decide sacrificarse por Beatriz y junto al doctor Rapaccini lloran su muerte, si amar es morir, revivir y remorir ¿Por qué Juan no se sacrificó? La función acaba. Me voy.
Camino por las calles de Orizaba, es ya de noche y hay neblina, el frío penetra mis huesos, meto mis manos a las bolsas del saco, camino dos calles y decido acortar camino por la alameda, camino toda la alameda y no está la joven de los poemas, sigo caminado, estoy ya cansado, pienso que me equivoqué, fui un mal lector de sus poemas, fui un mal intérprete de sus señales. Doblo a la derecha y enfrente está ella, la luna nos miraba, la noche se volvió eterna en aquella callecita desierta
-¿Quién eres? -le pregunto-
-Soy Beatriz y tú Juan -respondió ella-
-No entiendo-respondí todo confundido-
-No se trata de entender si no de sentir -me dijo- 
Doy un paso al frente la tomo de las manos y la beso, al besarla entiendo que la joven de los poemas es la ciudad que cada cien años se despierta y se transforma, la joven de los poemas es aquello que me espera a la otra orilla del camino.
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La flor

Yo tenía una flor,
delicada y suave,
tan tierna en primavera
tan poderosa en invierno.

En sus hojas verdes moró mi ilusión.
La quise tanto, tanto, que cuando la perdí me dolió
como un latigazo despiadado en las entrañas,
como una abofeteada en el alma.

Ahora la flor adorna otros jardines,
lentamente me ha dejado en el olvido,
a mí que la quiero tanto.

Extraño a la flor bella de mis mañanas y noches
aunque ella no me extrañe.
Sus pétalos coloridos
llenan de paisajes los corazones de otros.

A mí...
a mí solo me queda el recuerdo de lo que fuimos,
la mañana, la tarde y la noche,
unidos como amigos.


-Diana
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Lluvia (II)

Envidiaba a las gotas que caían sin cesar del gris cielo, despreocupadas y temerarias, libres e indolentes. También envidiaba a las gotas que se derramaban sobre su pálido rostro y que caían al inmenso vacío, abandonando sus mejillas hundidas como yermos valles privados de primaveras.

Hoy, despreocupada y temeraria, decidió convertirse en gota, al fin libre, indolente, y acompañó a sus hermanas en su eterna caída.
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Yo también...

Yo también pienso en los sueños
y en dónde quedaron los mismos
ya que ahora no los veo,
no los siento,
y se me escapan, tantas veces,
que hasta dudo que existieran.

Aunque sé que soñar es de niños
y de locos,
que los hombres no sueñan
porque no tienen tiempo para ello.
Se dice que la vida es actividad y movimiento
y en ella no hay tiempo para los sueños
y sí para vivir, solamente, el presente.

Pero es entonces,
cuando pienso en ese momento mágico,
cuando me elevé con las golondrinas
en la primavera,
cuando me posé con la cigüeña
en el campanario de la iglesia,
cuando volé, como las gaviotas,
sorteando las olas
y me quedé balanceando en el aire
mirando a las resacas llegar,
para dormir en las playas
y estirarse por la arena.

Es también, en ese instante,
cuando bajo hasta el río,
cuando cruzo los montes,
cuando subo a las cumbres vacías,
cuando atravieso los valles,
cuando paseo por los pueblos olvidados,
cuando encuentro la libertad de la naturaleza
en los marjales
y hasta veo a los rebecos nadando entre los juncos.

Porque es ahí donde los sueños se desnudan,
donde se bañan a la luz del día que comienza,
donde se purifican de todos sus pecados,
donde muestran su inocencia,
porque solo tienen una cara,
donde sacan las palabras que no pueden decir,
y que se ahogan en su alma,
donde le preguntan a la luna
lo que otras personas no han podido decirles,
donde hablan con dios y hasta juegan con Él,
en ese duermevela de locura e inocencia...

...Me paro aquí y noto el sudor del "sueño".
El sudor que destila el alma,
el que se desprende de unas pupilas
que gotean un agua cristalina,
es el sudor de unos labios temblorosos
que musitan un nombre en el silencio,
y es la agitación de un pecho que quisiera gritar
lo que se guarda,
lo que oculta y no se atreve,
porque todo está en el sueño,
en esos sueños que se buscan,
que se escapan,
que he vivido y que he tenido
al alcance de la mano
y que, ahora, ya no sé dónde se han ido.

Al final, cuando despierto,
me digo que quizás el sueño ha terminado
hace tiempo, y que yo mismo,
sea solo ese rescoldo
de un sueño inacabado,
sin principio ni final.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/04/18
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ORGI (La lírica vive en el bosque)

El viento acariciaba,
la piel del agua clara,
encharcada en los regatos
escondidos por el bosque

El sol filtraba rayos de luz,
entre las desabrigadas ramas,
que en lo más alto de los robles,
milenarias danzas bailaban

Las hojas de acebo, brillaban,
como la luna llena desnuda,
una noche blanca en el cielo,
cuando la creación queda muda

El silencio pedía a tus ojos miel,
del color de mil flores, llenos,
que se enfrascaran en ancestrales,
silvestres y ubérrimos misterios

Tu y yo, pisábamos,
la hojarasca esparcida.
sobre el lecho blando,
de la humedecida hierba de los claros

Tu y yo, como el rocío en el sendero dejados,
buscábamos orquídeas,
esbeltamente solitarias,
para verlas sonreír

Tú y yo, padre e hija aliados,
escapábamos del duendecillo travieso,
que terminaba con la paciencia,
de los corzos asustados

La tarde heredaba,
la próspera historia del universo,
y adornaba el furtivo estanque,
con las hablillas mitológicas,
sobre príncipes hechizados,
por las lamias del lugar.

Tu y yo,
imitábamos el musical dialecto,
de las ranas bermejas protegidas,
mientras el pequeño, osado Simba,
valiente,
nos seguía los pasos,
con su alocado impulso polichinela

Éramos,
todo el séquito que transitaba,
estudiando el área,
del centenario robledal.
.
El domingo vino y se fue,
a lomos de tres unicornios blancos,
que pastaban con la yeguada.

Atrás, bajo el sombreado humedal,
se quedó aposentado,
ese resto del pleistocénico mar,
que nutre de primaveras y otoños la Ultzama.

(El pequeño dormía,
con picachu en la mano, de un tirón hasta mañana.
Su hermana dejó abierta, de par en par la ventana,
por si gnomos alados,
vinieran de noche a abrigarla)
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El mundo te extraña

Te extraño
como aquel indulto negado
en una noche en primavera
bajo el único arcoíris que tu amor no amó.

Te extraño
en el oasis negado de la tragedia
en el tedioso olvido que no espera
en las cortas palabras que tatuaron un yo.

Te extraño
en el abandono inmediato
en los versos prohibidos
de las flores que nunca brotaron.

Te extraño
en el intento de sostener las heridas
con un par de manos
y no lograr cargar tus recuerdos que todo olvidan.

Te extraño
en el descrédito de mis incoherencias
en el empuje de tus dolencias
que simples y llanas me daban alergia por subsistir.

Te extraño
en tus arrepentimientos genuinos
en los días que pasan acabándose los pretextos
para no más sonreír entre los espinos de un existir inútil.

Te extraño
mirada rebelde por una vista cansada
que nunca pudo ver más allá de un cuerpo sin la ayuda
de un par de lentes sucios que amaban leer.

Te extraño
te busco en los pensamientos de otros
en la esperanza que compra ilusiones
de un futuro incierto y oscuro.

Te extraño en el esfuerzo
de esas hormigas abandonadas
que escalan con calma el pequeño naranjo
con la ilusión de comer de su flor blanca y aromática.

Te extraño
en el silencio oscuro y tibio del abandono
con la pequeña llama prendida de la esperanza
de que tal vez volverás con el viento de otoño.


Miguel Adame
El mute
16/04/2018.
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Un día más sin ti

Me he descosido los labios
para poder gritarte a besos
este amor en mi pecho
curtido por el tiempo.

Le he dado cuerda a los latidos, para escribirte poemas sin rima pero con canto y ternura.
He dejado amor de ser tu primavera, pero mira que siempre florece en tu otoño mi luz.

Y no me canso de mirarte
A ojos cerrados y con luna
en este mar de sombras
qué es un día más sin ti.
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9comentarios 82 lecturas versolibre karma: 122

Es hora de ordenar...

Es hora de ordenar los sentimientos
y de limpiar el alma de nostalgias,
para intentar seguir siempre adelante
a pesar de galernas y resacas,
porque la vida tiene estos vaivenes
y en un segundo todo te reclama,
la familia, la sociedad, la calle
y, por supuesto, lo que llamas alma;
pero es así y así hay que vivirlo,
sentir su intensidad y pasar página,
limpiar la suciedad en los desvanes
quitar, también, las viejas telarañas,
quizás nos cueste mucho esta tarea
en una solución de rompe y rasga,
pero merece, y mucho, tanto esfuerzo
a fin de conseguir la paz ansiada.

Es hora de ordenar las emociones,
saber si mantenemos esperanzas
de sentir los latidos de la vida
y de volver a ver salir el alba;
es tiempo de decirle a los relojes
que avancen y prosigan la jornada
que todo continúa, nuevamente,
y que en el campo cantan las cigarras,
que existen primaveras que renacen
y el invierno las teje con palabras,
las adorna, las viste y las recrea
para dar más realce a sus pestañas,
y es allí, con la nieve prematura,
con la luz que se apaga en la mirada,
donde vive y renace todavía,
esa fibra del alma y las entrañas...

"...Es hora de ordenar lo que tenemos,
el préstamo del niño, por la playa,
al hombre que, de noche y con linterna,
avanza por la arena tras su infancia..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/04/18
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Alguna vez...

Alguna vez salimos de paseo,
alguna vez te dije que te amaba
pero pasó ese tiempo tan lejano
y se perdió mi voz en la distancia;
hoy quiero comprender aquellas tardes
y quiero recordarte en la palabra,
aunque han quedado atrás las primaveras
y los veranos secos y las playas,
allí dejamos parte de la vida,
en la costa mirando las resacas,
al fondo se veían los veleros
rompiendo el horizonte con su raya;
pero era incontenible aquel impulso,
suspiros escanciados de dos almas,
susurros de los pechos encendidos
y sueños que nacían de la nada...

Recuerdo muchas tardes a tu lado,
y siempre con alegres caminatas,
subíamos al parque de aquel faro
y en él nuestras figuras paseaban;
hablábamos de cosas sinsentido,
de amigos, familiares y otras causas,
y luego, entre miradas y silencios
se unían nuestros manos tan heladas;
las noches nos tomaban por sorpresa,
el tiempo, lentamente, se pasaba,
y entonces los relojes eran dueños
del filo que cortaba la navaja;
eterna soledad la que venía,
la cruda realidad era ya amarga,
y entonces arreciaban las caricias,
los besos y las lágrimas ahogadas...

"...Alguna vez he vuelto a recordarte,
destino que dejaste tu nostalgia,
aquí, con una herida tan profunda
que sigue desgarrando mis entrañas..."

Rafael Sánchez Ortega ©
20/04/18
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Buscando lo que necesito


Ando buscando lo que necesito.


Las escobas guardan pelusas de nostalgia,
la misma que desparramé por el suelo
una mañana de algodones duros
y soniquetes de quejio en la garganta.

Me pesan los kilos de minutos
que atesoro en la mochila.
Camino al compás
de miles de tic-tac.
Como autómata al que le dieron cuerda
y no sabe cómo parar.

Es que busco lo que necesito.

No me quedan naranjas de almíbar
en esta despenda escasa de vitaminas de vida.
Tengo un tarro de nueces secar
y una cesta de castañas tristes.
A la vida hay que ponerle ganas,
pero también hay que tener primaveras.
No me salen las cuentas.

Y sigo buscando lo que necesito.



Hortensia Márquez



Imagen: de la película "The Way"
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¿A Dónde Te Has Ido Primavera? (Por Antonio F. Araujo M.)

Como a una novia en el altar,
todos la esperan,
y ella se hace esperar.
Sabe que sin ella,
el cura no tomará el diezmo,
y las aves no bailarán el vals.

En el camino quedan aquellas tormentas
que mojaron nuestras banderas.
Y las nevadas que se derritieron
sobre una barquilla sin crema.

Con una rosa marchita sobre la mesa
la esperan en mi querida Venezuela.
Hace ya tantos años que no entra en ningún hogar.
Y ya ni siquiera hay humo en las chimeneas.

¿A dónde te has ido primavera?
Recuerdo la colina donde se hicieron los colores,
donde las flores pintaban un centenar de olores.
y la lluvia caía,
pero sólo para refrescar la naturaleza.

Sólo queda el recuerdo de la última primavera.
El saber que habrá un mañana.
Y el oscuro pintar del lodo en nuestra mirada.
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Cuando las rosas no son suficientemente rojas

NO es bueno acostarse con algo oscuro,
decía mi abuela. Es tan malo
como irse a soñar con hambre.

Atrae espíritus burlones
que olvidan que están entre los vivos,
de que tomaba cuerpo la primavera
en mis labios en flor
cuando decías amarme tal como soy.

Cómo decirte que ahora duermo
con ropa negra,
por si, en un descuido, me cuelo en tus sueños
y no avergonzarte ante tus amigos,
mientras habláis
de aquellos "blue jeans", ahora inútiles,
que me hacían tan buen culo.

Cómo aclararte, corazón negro,
que a toda chica hay que tratarla
como te gustaría que trataran a tu hermana.

No me harás sentir más
como una mancha de grasa en la acera
que nadie ve y todos pisan.

No es bueno acostarse con algo oscuro.
Tu recuerdo ha terminado la maleta
cuando le hice salir de mis sábanas.

No sé qué se ha creído.
¿Qué le hace pensar que en mi poema
va a ser siempre de noche?


(Abel Santos.
de TODO DESCANSA EN LA SUPERFICIE,
Ediciones Vitruvio, 2013)
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