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Cuando muera el tiempo

Cuando muera el tiempo asistiré agradecida a su destierro,
y despediré de mi vida sus recuerdos y las horas compartidas
sus atrasos, sus desvelos, y las noches de amor que me regaló
haciéndolas más largas, retrasando entre nubes esas madrugadas…

Cuando esparcen sus granos en cenizas, quizás sobre el mar una parte,
quiero estar presente y ver como las olas lo abrazan y atesoran
en lo más profundo de su corazón, desde ese ahora detenido,
en su honor…

Y quiero ser yo, quien pueda liberarlo también en un verde prado,
de flores silvestres, lavandas, margaritas, girasoles, para hacerlas eternas,
como una obra de arte besada por mágicos pinceles, eternizada,
detenida en el tiempo final de todos los tiempos,
quieta…

Cuando se detenga, en su último respiro y no haya agujas
ni ampolletas de cristal de finísima y orgullosa cintura,
no sé como serán los días, pero si estoy, y si puedo verlo,
quiero escribir en presente como nos dejan las horas,
los minutos poco a poco, si no nos lleva el tiempo
en su viaje, con él…

Cuando muera el tiempo
asistiré agradecida a su destierro,
y despediré de sus horas, mis recuerdos…
(Lola)
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El nacimiento de mi muerte

¿Quién más que vos, primogénito,
merece tormentas de incógnitas? ¿Cuáles son los días
en las que mis noches
no caen en lo más profundo
de una sana decadencia?

Si se le puede decir sano
a algo que nos desvanece.
Si se le puede decir normal
a la esclavitud por opción,
cuando no tenés opción.

Cuando estoy sentada
en los primeros escalones
de un cielo,
de un circo corrompible.

Y sí,
soy la que se cortó la boca
con alambre oxidado
y escribió
a propósito
una declaración contra tu verdad
¿En qué me convertiste?

¿Por qué me desterraste?
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Mi alma se hace peregrina (@rayperez y @Letizia)

Cierro la puerta.... quedamos solos
en el mar de la imaginación
me sumerjo. Me adentro en el
mundo de tus duendes y unicornios
alcanzo a entenderte y empiezo
a encenderme.

Justo aquí, me encuentro en
medio de tu mundo.
Ahhh me acerco con sigilo
a las cuatro estaciones
de tu bello cuerpo.
Inmenso cuerpo prolijo
de aromas perpetúas.

Mis cavernosos dedos
tienen buena memoria.
Entran al espacio de
tu derriére. En tus caderas
mis manos se detienen.
Pasan con suavidad y acarician
tu bajo vientre, entre verano
y otoño la primavera
nos envuelve...

Bebo de tu fuente el agua que
destilas, agua fresca y dulce
exquisito manantial de tu
ansiada boca...

Mi alma se hace peregrina…

Mi vida cobra sentido
cuando entro en el recinto sagrado
de tus emociones... Hermosa
Odalisca, eres mi destino...
Tus brazos se extienden y
tocan el gélido frío...
Mi cuerpo se yergue
profundo ahogo nos detiene.
Mis labios aprietan su impulso
es reversible su ataque y
los músculos se tensan
cual guillotina de verdugo.

Disparo mi golpe mortal,
que atraviesa el orificio
rumbo al sacro templo.
No descanso hasta tocar
la timidez que respiro de
tu desnudez, tu inocencia
pura y salvaje como iceberg
me derrito....

"Sí, amado mío. Déjame
abrazar tu alma…
Ya no eres peregrino.
Nuestros destinos se cruzaron
en el camino y en él ambos
encontramos el anhelado abrigo"


@Letizia
@rayperez
Julio 2018
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Alfabeto (a más de una)

¿Qué es el tiempo, amor
cuando uno no sabe leerlo?
Yo te enseñé los números
apenas aprendiste a trazarlos.

Yo te enseñé las horas,
para que presta supieras si
estarías a las ocho junto a mi,
o a la una estarías sola.

¿Qué sería la poesía,
si uno no entiende los versos?
Yo te compuse estos
aunque no llegues a leerlos.

¿Qué sería la política,
si nunca leyeras los panfletos?
Yo te inculqué un partido:
el de los poetas muertos.

¿Qué murmuras al otoño,
cuando aún no ha llegado el invierno?
Yo puse en tus manos la semilla,
para que plantaras en mi huerto.

¿Qué fue de mi cariño,
si nunca supiste entenderlo?
Yo siempre te lo brindé,
surgió casi sin esfuerzo.

¿Qué sientes en tu pecho ahora,
que estoy a tu lado, yerto?
Tal vez tú sientas frío,
aunque de besos te haya cubierto.

Nada de esto es un reproche
pues el sentimiento más profundo
mientras estuve en este mundo
fue quererte días y noches...
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2comentarios 43 lecturas versolibre karma: 102

mi vida sin ti

tengo mucho amor para entregar, mi corazón te sigue esperando a cada momento del día, te busque, por mucho tiempo y al fin te encontré, eres mi amor, mi ángel guardián, soy feliz a tu lado, pero un día tú me dijiste adiós, me voy derrumbándome poco a poco, tú me dejaste, mis ojos no paran de llorar ya me canse que buscar el verdadero amor, cada instante voy cayendo en un pozo intento salir y doy mi mejor esfuerzo, pero en realidad no quiero salir. Tengo el corazón partido y la tristeza regresa y tú te vas, era fácil vivir sin amor, soy un vagabundo sin ti. Desde que te fuiste yo no creo en el amor, Pero si no es amor lo que tú necesitas, voy a intentar vivir sin amor, voy caminando como un vagabundo, pienso si soy feliz sin amor, tú te vas y mis ojos no dejan de llorar, empieza la tristeza, la desolación, tú vas y llega la tristeza, mi corazón está destrozando, no creo en el amor.
Lo que siento nadie lo comprende mi corazón no quiere latir más, no importa nada, no creo en el amor, voy cayendo en un pozo muy profundo, mi mente sigue pensando en ti, tú te vas y viene aquella nostalgia que había perdido, ahora me pregunto es fácil vivir sin amor, veo el mundo diferente. Desde que te fuiste yo no creo en el amor, Pero si no es amor lo que tú necesitas, voy a intentar vivir sin amor, voy caminando como un vagabundo, pienso si soy feliz sin amor, tú te vas y mis ojos no dejan de llorar, empieza la tristeza, la desolación, tú vas y llega la tristeza, mi corazón está destrozando, no creo en el amor.
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Cielo nublado, húmeda luz

Eres de esos cielos nublados
de los que nunca
se quiere despertar.
Un soplo lejano
que besa cada poro
y la piel se exalta
con tu abrazo en la chimenea
de humo gélido,
imaginado.

Eres azul, fuego
ojos sin rostro
mirar de miel;
cavaría al centro de la tierra
para encontrar el secreto
de tu profundidad.

Absurdo desespero
por tu voz de ángel,
tu latido en vuelo
que grita la verdad errante
de tu alma agrietada;
y mis manos,
aunque no saben ser alas
quieren llegar a tu cielo 
y sostenerte la lluvia.

Eres ese cielo nublado
donde mis estrellas
humedecen su luz.



Dee Dee Acosta
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Poe 11 "Ofrecimiento"

Me he preguntado al verte tan herida
por tu presencia triste y apagada
de amores rotos y yerta fantasía:
Si pudiese abrigar tu soledad
con dulce suavidad
¡Te abrazaría!

Reconozco que lloras a escondidas
por ese gesto leve y delicado
de tus ojos que cuentan lejanía:
Si tus lágrimas claras todo fueran
con un beso de paz
¡Las secaria!

Ya quisiera sanarte el mucho llanto
de mar salada y lluvia cristalina
con que llora tu amor en agonía...
Y volviéndose letras tus tristezas
con una mano yo
¡Las borraría!

Puedo explicarme el mal que contaría
de naufragadas ansias y pasiones
tu corazón deshecho en su caída:
Si pudiesen mis frases aliviarte
con palabras de amor
¡Te sanaria!

No te pido que cuentes ni ilumines
con razones cercanas ni remotas
la oscuridad profunda de tu herida:
Si tan solo mis brazos necesitas
para llorar tu amor
¡Me ofrecería!
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17comentarios 100 lecturas versolibre karma: 115

Cuando volverá el poeta a escribir...

El poeta permaneció en silencio absorto,
distraído, atrapado en la vorágine in clemente
de castillos sin rocas, de mares sin olas
esparcidos por los azules pastizales

de sonrisas abiertas de símil y prosa
el caldo sutil de la substancia creadora.

El poeta vivía en el destiempo,
ya no entendía de calendarios pegados en la frente
grietas profundas que afloran cuando el sol arremete
entre los muros eternos de oquedades;
agujeros que perforan el alma...

El poeta subió al desván y desgarro su pluma melancólica
métrica sin rima refulgente del imaginario surrealista
y pintó en el cristal roto de un aliento mustio
la pasión que lo oprime y destroza.
El poeta al fin encontró su memoria ignorada.

La poesía acaricia la soledad de tempranas aromas
como descifrar su pensamiento,
cuando el viento ahogue su primavera
volverá el poeta a escribir.

Autor: Ramón G. Pérez B.
Venezuela
Derechos Reservados copyright ©
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8comentarios 72 lecturas prosapoetica karma: 92

La piel de amar

Y esta noche
te pondrás la piel de amar,
lo sé muy bien...

desnudarás
cada centímetro del alma
el escote de tu esencia
la minifalda de tus ganas
el corazón a mil

le amarás
con las uñas de la nostalgia,
derramarás la miel
de cada instante que le has añorado.

Él te despojará
con los dientes de la vehemencia
cada pieza de lencería
con la que vestiste
ese tu corazón de ser feliz...

Serás feliz
por un instante serás muy feliz,
le entregarás todo
lo que desde siempre ha sido suyo,
cada rincón, cada recoveco,
cada esquina íntima
de lo profundo de tu ser
será de él,
como siempre lo fue
como siempre has anhelado que lo sea
otra vez.

Y yo,
yo
me quedaré aquí,
con mi cara lavada
en mi universo chiquito
en el fondo del lago de cristal,
con el nudo en la garganta,
sosteniendo el cielo que se cae;
clavando la daga
un poquito más
a cada momento que te pienso;
aquí
en la habitación de mi alma
soñando contigo;
soñando un poquito, con ser él,
soñando un poquito
con la mujer que alguna vez fuiste,
la que fue mía, tan mía,
tan incondicionalmente mía...

La que alguna vez
y hoy otra vez,
me escupió a la cara
su estridente verdad
"ahora lo amo a él"...

    Hoy... la piel de amar...




~~~~~~~~~~~~~~~~~
@AljndroPoetry
 2018-jul-20



(que seas feliz mi amor
que seas muy feliz)
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45comentarios 230 lecturas versolibre karma: 117

El loco Otero

El loco Otero

Así le llamaban en el barrio, El Loco Otero. Yo no alcanzaba en puntas de pie el borde de la mesa y sin embargo lo recuerdo. Recuerdo que vestía elegante, usaba sombrero, en verano traje blanco y sombrero de paja y en invierno casimir inglés y sus zapatos brillaban desde lejos.
El brillo era el anuncio de su llegada y todos corrían y se encerraban en sus casas. Menos ella, a través de la ventana yo los miraba. Ella era más que hermosa, era angelical, su rostro suave y delicado, sus cabellos negros caían a los costados de su rostro nacarado. Y el loco quitaba su sombrero y la saludaba. Ella hacía un gesto con la cabeza a modo de saludo y automáticamente el loco Otero cambiaba su paso, parecía que levitaba.
Yo sé que él la amaba, yo lo sé. Nadie me lo dijo, pero en mi infantil percepción lo note en sus ojos, que pasaban de ser febriles a ser cristalinos. Sabíamos que ella pronto se casaría, él también los sabía aunque nadie lo mencionaba en su presencia.
Todos los vecinos fuimos invitados a la boda, él no. Yo fui con mi madre, entre de su mano a la iglesia que vestía de fiesta. El órgano sonó profundamente… y yo, cada vez más impactada por la majestuosidad del momento, creí estar dentro de un cuento de reinos lejanos. La puerta se abrió y allí estaba ella, una princesa. De pronto, unos zapatos relucientes brillaron en la alfombra. Todos, absolutamente todos exhalaron un “Ohhhhhh...”, menos yo que los miraba como siempre, como lo hacía desde mi ventana.
El loco Otero, la miró con sus ojos cristalinos, ella hizo un gesto con la cabeza y el comenzó a lanzar a su paso pétalos de rosas, ella caminó sobre la alfombra alfombrada de rosas perfumadas. Al llegar al altar él con una reverencia entrego a la novia. Y se fue.
Nunca más lo vi, con el tiempo alguien dijo que el loco murió en la internación y no pude dejar de llorar. Ella murió, siendo infeliz al lado de otra clase de loco. Y yo cuando pienso en ellos me viene a la mente una bella canción de amor de los Beatles y percibo un hermoso aroma a rosas.

www.youtube.com/watch?v=xm_kqzCL7pU

A.B.A. © 2018
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires - Argentina
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Píntame

Píntame

Toma tu paleta,
busca tus colores y píntame;
píntame en sepia y luego hazme tornasolada.
Toma tus pinceles,
mezcla las texturas y úsame de lienzo,
pinta mis piernas en ámbar y hazlas reflejo.
Toma tus espátulas,
también tus pasteles y mi cuerpo entero,
hazlo azulado, verde, naranja y plata.
Toma tus manos,
llénalas de oleos y úntame de luces y
abrillanta mis canas con polvo de estrellas.
Toma tus blancos,
ilumina mis pechos con dulces jazmines
que alimente jardines de infantiles sueños.
Toma tus brillos,
y llena mi vientre de azules mariposas,
que en vuelo de génesis confundan al tiempo.
Toma carmines y
tiñe mis labios con rosas sedosas
con besos de raso que arrullen al verbo.
Toma lo etéreo,
lo puro, lo bello y pinta mis pelos
hazlos con plumas y remontemos vuelo.
Pinta distraído, pinta todo el cuerpo.
Tomaré mis gubias y
tallaré en tu pecho un corazón nuevo.
dejándole impreso profundo Te Quiero.

A.B.A.2016 ©
Buenos Aires
Argentina
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Jotabé en tu día Rebeca

En tus letras, suspiro y resplandor
en tus versos, un fuego abrasador.

Y es que bordas tus líricos segundos
tus lectores te siguen tan rotundos
nos dibujas centenares de mundos
y contigo es sentirnos trotamundos.

Es tu esencia poética un crisol
tus poemas, sus brillos, y tu sol.

En tu día, brindar por tu esplendor
por la fuerza de versos tan profundos
por tu llama, fogata y girasol.



~~~~~~~~~~~~~~~

Feliz aniversario de letras
en Poémame
mi ─ radiante R─

se te admira,
se te quiere
mucho!

@AljndroPoetry
2018-jul-19

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Caída del Cenit

Vagamente me adentro a un espacio que no es mío; ¿por qué me sorprendo? Si al salir del abismo que se encierra mi mente lo único que encuentro son destinos sombríos. Como ver una tortuga sin caparazón, como ver un ave sin alas, como encontrarme en altamar naufragando en la nada. -Es más profundo que eso pienso…-

Al perecer mi voluntad me ahondo cimbreante por escombros masas que tal parecen dóciles a su regocijo ¿Regocijo? ¡Desgraciados! Pero ¿a dónde se fue el deleite de encontrarse a uno mismo? Ese que los rebaños no han encontrado por su nefasta fidelidad al amo y su pedante mocedad ante la realidad que nos mora.

Deserté de mi rebaño… Al menos eso pensaba, pues no más al caminar me encontraba heces varadas en el camino, solitarias en el ominoso yugo del destierro. Quijotesca mi alma se prestó a mutilar todo pensamiento de hielo y continuó su marcha hacia la cresta del cenit. Un camino solitario horado de quimeras que tanto salmodian las gentes. Un sendero amaestrado que busca encontrar tu catarsis recóndita y tu designio más osado.

Ya en la cumbre y su gloria, las derrotas sabían a victorias pues solo me lanzaba al destierro de mi nube contigua. Al perecer volvía con más dinamismo al venidero pues en cada nube remota conseguía un raudal húmedo que hacía llover toda gota del saber, creando en mi alma un ameno océano del incólume cenit.

¡Ay María! Diosa de la tempestad ¿qué has hecho? Convertiste cada nube en un céfiro de tu maldad y dejaste abatirme más allá del océano donde lo níveo no reina. Denotaste toda la furia del océano en un bramar de nubes súbitas, obligándome a caer directo al fondo del cántaro penitenciario. Ya en la escoria creí ver rostros conocidos ¿será el rebaño del cual intenté escapar?
Lugar muy abundante donde vertiginosamente la amabilidad te embala. Atado ahí, los rostros se ofrecían a quitarme el caparazón y teñir mis alas como si hubiera llegado a su hogar, como su hubieran aburado su alma. Rostros expertos en remover alas inéditas; lo podía apreciar por sus lujosas tijeras. Rostros egregios en tatuarte alas ilusorias prometiendo ser más grandes y caparazones sintéticos prometiendo ser más fuertes. ¿A qué creer? La caída de los cielos es como el choque de las olas con los puertos; una parte coagula erráticamente en el muelle y la otra venturosa se enraíza en la cubre del subsuelo de la arena. Allí en la arena me encontraba, sin caparazón para flotar y sin alas para nadar ¡Qué suerte la mía!

Sería indigno negar que mi agraz vertiginosidad ante la caía no está cubierta de confusión. Hasta el más ilustrado cae en la astenia de volar con el raudal infame de la ignorancia. Hasta el más quijotesco alguna vez se ve arrastrado como tortuga por los mares evanescentes del suplicio ameno de la derrota. ¡Allí me encuentro! Junto al oropel halagüeño de sus encantos y tras rubias amargas de dulzura, encontré un ser que no conocía. Un ser mórbido y ahormado por lascivias coloreadas por las masas funambulescas. Un ser que traicionó toda su honra por complacer cervalmente la plebe, merecedor de cualquier aflicción y amargura tras ajar las afroditas de los cabarés, envilecer a las náyades de su más solemne vergel y peor aún, abandonar sus miríficas costumbres que tantos lauros le habían servido de talante para su odisea. Después del desvarío nefasto solo resta la delación de los seres cándidos de mi devoción y verter en mis hombros todas las atribuciones que el perecer el ocaso y romper el alba son el perenne arrepentimiento de mi lozanía.
Después de un raciocinio diáfano en mis días sobrios no me explico cómo al llegar el final de la hebdómada rindo vasallaje nuevamente a mi pueril arrepentimiento. Se repiten los rostros y la cogorza me enyuga a la más tumultuosa situación. Ya embalado de tantos placeres y lograr fugarme de mi alma en busca de esos efímeros momentos donde creía ser bienaventurado se superpone en medio de la tertulia un santiamén de conciencia.

En mis intentos de entreabrir la mirada para apreciar mi luctuosa realidad veía las mismas sombras tortugas sin caparazón y las mismas aves sin alas, como si apreciara el reflejo de mi espectro. Una se acerca y me dice: tu rostro me es conocido, pero creo que en un sitio muy lejano donde las nubes reinan y la utopía nunca acaba de maravillar la cúspide del cenit. Turbia mi mirada como si me hubieran tatuado las pupilas, pude ver la silueta de este ser análogo en caparazón y en alas a las que tenía. Espantado ante lo visto, siento la gravedad azorada a mis pies y vertiendo en mi mente recuerdos osados del alma aquella que por céfiros turgentes había perdido, siento cuando el aupar de mi alma grácil se transforma en lúcida y tiñe el raciocinio cambiante de mi ser.

Al manifestarse el alba resulta mi despertar en el puerto, siento la pereza de mi voluntad reflejarse en mi testa cansada de impetrar, suspiro entre la salazón y observo hacia la cumbre apacible del cielo. Veo nubes distantes, pero más cerca que el abismo insulso de la ignorancia en el que me encontraba y comienza mi alma a soslayar mis penas y enigmas y apoderándose del raciocinio grita: ¡eres más profundo que esto! …limpio mi cara y emprendo nuevamente mi odisea hacia el cenit.
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En esa montaña

En esa montaña.

A lo lejos.

En medio de esa luz intensa que vislumbra los atardeceres de esos bosques impertinentes.

Camino entre matices de luces y coloridos verdes que se asoman entre los jardines de esa montaña que se esparce entre pasiones llameantes.

En medio de ese jardín de flores recónditas dejas ver tu desnudez,
desistiendo que el viento intolerante acaricie tu delicada piel.
Me detengo en tus labios y con suave mordisqueo trato de comérmelos,
con sumisos movimientos dejo caer mis labios sobre tu cuello,
Y desde allí me deslizo hasta la aureola de tus senos,
Me detengo por un momento y trato de jugar con ellos,
Sigo deslizándome sobre la piel de tu vientre hasta posarme en tus delicados pastos,
Y allí me detengo.
Juego con tus vellos delicados,
Mientras con mis dedos trato de separar los labios de tu sonrisa vertical.

Esa montaña,
Que nos separe a muchos kilómetros de distancia,
Donde mis pensamientos viajan a través de cimas y valles solitarios.
Allí entrego mis pasiones a los secretos de un bosque libidinoso,
Donde me hundo en el abismo de tus placeres,
Derramando el deseo impregnado en tu piel.
Penetrando el bálsamo de tus ensueños


En esa montaña,
Siempre estaré con mis brazos adoloridos de soportar el peso de la pasión.
Allí siempre estaré dibujando tu sonrisa,
Con un corazón herido.

A lo lejos.
En esos bosques salvajes y tierras inexploradas por el amor.
Te sumergiste en lo profundo de la intimidad de esa montaña.
Tu figura se diluyó.
Solo se escucho el gemido de esa exaltada pasión,
que cubrió nuestras ansias para siempre
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A mar conciencia

Me muestras la superficie del océano

y rompiéndome en la orilla

adivino tu profundidad,

me fragmento en espuma

desaparezco hasta el silencio.


Quisiera expoliarte los corales

eliminar cualquier barrera

nadar sin competencia en tu fondo

ser único cuerpo celeste de mareas.


Prefiero tener voz que piernas

hacer de mis perlas mi drama

tragedia de hambre y desvelos

romper aguas y gritar.


Duele el eco en los acantilados

retornando flechas aún clavadas

desafío de la calma

que no alcanza tus velas.


Si desfallezco

aguárdame en tus fosas abisales,

también puedo amarte

en forma de conciencia.
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Cortando el tiempo

Si cortar el tiempo pudiera
contener para no volver,
a cometer de igual manera
errores que no quiero ver.

Al mirar desde la barrera
naufragar toda mi ilusión,
olvidarlo es lo que quisiera
y empezar con toda pasión.

Contemplé desde lo profundo
el devenir de una canción
y olvidé los males del mundo
para empezar sin desazón.

De risas y jolgorios lleno
el tiempo vacío y torpón,
más corto se me hace por bueno
y por bueno lo hago nación.

Que rimar tomo por bandera
sin maletas quiero caminar,
desde lo alto de la escalera
busco el horizonte otear.

Caminando en collado hallare
versos con rimas de pasión,
ritmos que las cuitas quitare
medidas a la perfección.

Diría la estrofa primera
a modo de aliteración,
pero no de cualquier manera
sino empezando la canción:

Si cortar el tiempo pudiera
contener para no volver,
a cometer de igual manera
errores que no quiero ver.

Repetir errores inmundos
es una misión que evitar,
reunidos poetas vagabundos
incansables van a luchar

Que rimar tomo por bandera
sin maletas quiero caminar,
desde lo alto de la escalera
busco el horizonte otear.

Poetas cercanos, futuros,
feos, poetas de postín,
derribaremos gruesos muros
y ponerle al pasado fin.


Fdo.: Alfonso J Paredes
Todos los derechos reservados
Safe Creatave/Copyright
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Te amo tanto...

Te amo tanto que el corazón implora
alcánzame noche…
Las ganas terribles de estar contigo
y reventar los ocres muros que nos separan.
Y que tus ojos negros estrellados
se claven en lo más profundo
de mi ser nostálgico.

Guardo la perturbada noche
en el desván de los recuerdos
como una joya imperecedera
vivo con ansias de amarte
y cargar con tu risa juguetona
teniendo al silencio como testigo.

Te amo y no sé
si soy correspondido
te he idealizado tanto…
pero tanto
que siento pena conmigo
pero en el combate cuerpo a cuerpo
en la lucha sin cuartel
espero no salir herido
te amo tanto
pero estoy abatido.
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Pero no

Me cortaron las alas
Una tarde, un domingo.
Me enjaularon en una torre traicionera.

Pensaba que eras libertad,
el respirar profundo
el viento sobre mis mejillas.

Pero no.

Me sentí decepcionada,
la acidez en la boca,
la sal en mi cara.

Pero no.

Eras todo eso y no eras nada de lo que te reprochaba.
Somos humanos, allí el problema.
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Soneto de mar...

En una
playa
del sur.
A lo lejos
se escucha
una bonita
melodía.

Viene de
aquella
guitarra
que aquél
chico esta
tocando
sentado
en la playa

Mientras
la brisa
del mar,
acaricia
suavemente
su cara...

De su
voz sale
magia,
versos
de esos
transformados
en besos.
danzando
al aire
jugando
en el mar...

Qué
al escuchar
este soneto
de amor
calan en
lo más
profundo
de tu alma

(De su
alma,
transparente
como el
agua
salen melodías
dibujadas
de mil
colores
que transmiten
mil
sensaciones).

Como
esas olas,
del mar
que le
inspiran
a escribir(te)
una vez
más.

En
este
bonito
atardecer...

De su
corazón
nace y
salen letras
que hacen
esta...

POESÍA.

Frente
al mar...

Hecha
en forma
de una
canción.
Tu canción

Este soneto
sin nombre,
con aires
de mar...

© Derechos de autor
Isa García
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La mujer de al lado

¿Alguna vez te has preguntado si alguien piensa en ti?

Elevas la mirada hacia lo profundo de tu ser. En ese lugar donde se esconde la intranquilidad de hacer algo que no sabes. Solo las gotas de sangre que ruedan por tu vientre descubren el inminente recuerdo de inmortalizar pasiones vacías.

El sudor se desliza.

La demencia se apodera de tus labios.

Tu cuerpo delata tu respiración acelerada de ese profundo y mortífero recuerdo.

El adiós.

Recuerdos que relucen en tu mente y en las palabras que se ahogan en un intento desesperado de articular algún sentimiento que se refleje en la soledad de tu rostro.
Ese rostro desorientado por los años que se arruga en desesperanza, soledad y decepción.
Eres como esa rosa desorientada; que en el fluir de la vida ama sus pétalos delicados sin percatarse que detrás de tanta belleza, se encuentran las espinas dolorosas e hirientes.
Esas espinas que rasgan el alma y aniquilan al amor en su plenitud.
Logras cubrirte el rostro cada vez que consigues fijar a tu amado en tus recuerdos. Las lágrimas se escapan de entre tus manos y vuelves a sucumbir a encerrarte en ese dolor injurioso.
¿Lo ame?
Comienzas a seguir el juego de preguntas y respuestas innecesarias cuando descubres el llanto apoderarse nuevamente de tu frágil conducta. Tu rostro reflejaba la incontinencia de recuerdos ingratos y desvanecidos. Quizás placenteros
Desesperación y angustia se reflejan al encender repetidamente cigarrillos, unos tras otros. Las huellas de ese humo palidecen en conversaciones serenas, de esperanzas e inquietudes.
Por un momento tu cuerpo se desvanece y logras sostener un grito silencioso de repetir su nombre constantemente. Logras aguantar las lágrimas que están a punto de desbordarse nuevamente. Cubres tu vientre con ambas manos y dejas escapar el silencioso quejido de ese amor que no regresara.
Fijas la mirada en esa cama protagonista de indiscutibles batallas. Sientes el aroma que perfumaba el cuerpo de tu amante. Tratas de acariciar la delgada línea que cubría sus brazos. Esos brazos que acariciaban tu vientre y se acrecentaban entre tus piernas buscando indicios de sumo placer.
El miedo se apodera nuevamente de tu mirada. Tratas de ahogar el dolor. Insistes en vomitar la vida.

Aquella noche de comienzos de invierno. Fue el encuentro. Sentada en tus pensamientos. Sonriendo ante el rostro del amor perdido.

Se encontraron los cuerpos.

Se unieron los corazones.

Decides alejar la soledad reinante que trata de opacar la poca alegría de sentirte amada una vez mas. Tu mirada dispersa se desquicia buscando indicios en todas partes de su inefable presencia.
No hay nada. Solo el recuerdo inminente de lo que fue un jardín sublime de pasiones tormentosas y obsesivas.

A lo lejos dentro de la misma habitación se dibuja una ventana. Logras acercarte poco a poco a ella, y desde allí. Desde lo alto. Pudiste observar el pavimento y el cuerpo inerte de tu amado.

Fue en aquella tarde fatídica de invierno en un intento desesperado. El sintió el vacio de zafarse del amor.
Ella observo su cuerpo destrozado ante tanto dolor. Se inclino ante el cuerpo desmembrado de su amado, removió con sus manos entre vísceras y sangre, logrando tomar sus ilusiones.
Se alejo rápidamente de aquel lugar.
Ese lugar que olía a miseria.
A muerte.
A mierda.
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