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Escribiendo me encuentro

Escribiendo me encuentro, no poseía, aunque eso parezca, ni la prosa mas bella, pese a que eso mis dedos pretendan, sino aquello que por mi mente vaga, plasmado ante mi, sin pensar demasiado, como en el siglo veinte se hacía, si no recuerdo mal, que mal no recuerdo, sino diferente, puesto que la realidad varía, y aqui desvariando me encuentro, y que decía, ah sí, el surrealismo decían, escritura automática lo llamaban, sin revisión alguna, sin proceso previo, sino escrito era, y escribiendo me encuentro
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Marcha

Siempre me voy; siempre permanezco. Estoy y no. Podría ser. No soy... o soy pero termino yéndome. Vuelvo; me quedo en ti y reconstruyo aun sin ruinas. Todo es a partir de un nuevo cimiento o de ninguno. El ciclo es así... el tuyo, el mío. En él estás y estuve ahí antes. Creí que estaría después; no esta vez. Temo que no podrá ser. No seré, no fui. No me voy a pesar de todo, ni permanezco del todo; no podría ser aunque me vaya o aunque vuelva. No me quedaré ni reconstruiré mis paredes con tus rocas vírgenes. No lograré marcharme a sitio alguno, ni fuera ni dentro. Quizá lo haga cuando no sea posible. No podemos habitar la nada, besar el aire o vivir de sobredosis de oxígeno a la deriva del desamor o de la cama que levita. Me iré... No me encontrarán, ni tú, ni tu memoria, ni la mía, ni las culpas o la excitación pura de los días; ni siquiera el aliento que solías decir que yo te era. Debo dirigirme en línea recta, ocupándome de las heridas que sangraran el trayecto entero. Cuando quede vacía del camino, de no quedarme a pesar de esas pupilas ocre que me persiguen a oscuras y proyectan las sombras que me erizan... Cuando reflejen mis hombros el brillo que me dejarían tus incipientes expectativas y tus dientes, romperé el contenedor... se abrirán las suturas.

Desataré los miedos. La sangre seguirá su cauce en picada.
Para no amarte, me negaré el antídoto.

Me perderé y así, perderé intencionalmente todo rastro de ti...

Me iré de mí.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2015
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Noches de ausencia...

Quedarme sentada
esperándote y
pensándote, en este
silencio de la noche,
donde las lágrimas ya son
parte de esta rutina,
invadiendo mi ser.

Y me digo para mi misma..

¿Y ahora qué hago,
como dejo de pensarte,
si no puedo?.

Si cada
cosa o persona
que veo, me recuerda
tanto a ti, todo el
tiempo.

Y cómo te echo de menos...

La luz del atardecer
se apaga, dejando salir
a la luna, triste y solitaria,
al igual que este corazón,
por la falta de tu amor...

y el silencio, de nuevo
me arrebata, siento
que ya es esclavo de
mis sentimientos.

Y en mi mente y corazón,
un laberinto se ha
creado, al irrumpir
en las noches, tu vago
recuerdo.

Solo quiero dejar de
pensarte, y tenerte
a mi vera de nuevo...

Y que el silencio,
de las noches, sean
sonrisas en vez de
lágrimas, inundando
este corazón.

Y quedarnos
sentados, en silencio,
juntos los dos,
contemplando este
cielo estrellado...


© Derechos de autor
Isa García
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Quisiera escribirte...

Quisiera escribirte para saber de ti.
Quisiera hablarte para contarte mis cosas.
Quisiera que hubiera esa comunicación,
entre nosotros, que hubo en un tiempo,
y que siguiéramos viéndonos de tarde en tarde
y saludándonos como amigos,
tomar un café y sonreír,
intercambiar unas bromas,
como personas que se quieren,
aunque tenga que confesarme
que me duele muchísimo tu ausencia
y todavía más tu silencio,
ya que no sé si soy culpable del mismo
o si simplemente te has aburrido del otoño
y del invierno subyacente en mi persona.

Pero si quieres, y respetando tu silencio,
me gustaría escribirte,
hablarte con mis "palabras",
con mis letras, con mis versos
y desnudar mi alma para ti,
como tantas veces hice, quizás,
sin que te dieras cuenta.

De todas formas soy consciente
de que tienes tu propia vida,
tu camino juvenil y soñador,
tus sueños, incluso, tan variados
y reales,
tan auténticos y sencillos,
y por eso no quisiera romper
esa magia que rodea tu persona.

Antes creí verte pasar y te saludé,
pero no respondiste.
Quizás me equivoqué y no eras tú.
Quizás las legañas de mis ojos
confundieron tu persona con una ilusión,
con un sueño y un deseo de hace años,
y si es así pido disculpas a la persona
que equivocadamente saludé
ya que no era para ella ese saludo,
sino para ti.

Un día pensé que era la hora
de hacer un alto en el camino,
de parar y dejar descansar
a un corazón atormentado
por los sueños y los celos;
de recuperar fuerzas,
tomar un trago de agua
en la fuente fresca de la vida
y reanudar la marcha,
convenientemente renovado,
para afrontar la última etapa
de un otoño, que termina,
y un invierno que se acerca
y en el que empiezo a caminar,
sin darme cuenta.

Quizás por esto mismo
la nostalgia se apodera y me abraza,
me hacer recordar y querer imposibles,
abrir puertas cerradas,
mirar pupilas perdidas,
buscar sonrisas apagadas
y voces mudas, que solamente
quedan ya como rescoldos en mi alma,
de un pasado que se escapa
lentamente de mis ojos
y que, muchas veces, no sé
si fue verdad o fruto de la imaginación
y necesidad de un corazón atormentado
y precisado de cariño.

Pero, a pesar de todo, es cierto,
lo confieso, me gustaría escribirte,
me gustaría hablarte, saber de ti,
intercambiar esas "mariposas"
tan nuestras,
tan charlatanas,
tan pizpiretas,
tan canijas,
que solo con mirarlas ya se alegra el alma
y los días parecen tener vida propia
y hasta la sangre circula con otro tono
musical por las venas,
y los sentimientos se ensanchan y estiran
en la búsqueda de aquel eco del pasado,
intentando traerlo aquí, ahora,
a este instante, a este momento,
a tu lado y a tus ojos,
aunque sea una utopía irrealizable.

Rafael Sánchez Ortega ©
25/01/18
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Me viene a la memoria lo que no ocurrió

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

María Calcaño


No me pidas que imagine con ventisca una hoguera sin que arda en mis labios ni te queme a ti en los dedos. Ya no puedo, no me sale, no concibo otra forma de acercarme al recuerdo de un futuro que quiero que llegue a mi puerta, golpeando con un puño de desorden y naciéndole un puñado de amapolas en la palma de la mano.

No pretendas que desista de encontrarme donde se acaba el naufragio, es decir, a orillas de tu playa. No me llenes de celaje ese azul que veo tan claro desde que lo veo sin ojos, a través de mi ventana (al sur, siempre al sur). Ni siquiera el descontento me parece tan eterno a estas alturas, ni el odio que le debo a la musa se me hace tan pesado (porque claro... hasta lo fingido pesa, pero no). Tú lo sabes: al principio, era un juego, un vaivén, un cosquilleo y, después...

La próxima vez que te vea, que no será en sueños, me vendrán al recuerdo todas las escenas que hemos diseñado y se derramarán sobre mis versos las palabras que les faltan (para el poema perfecto). Además, según dice mi memoria, las calles a nuestro paso van a ser escaparate de esos días escogidos a conciencia de entre todos los que forman el catálogo de ansia de vida. Mientras tanto y, hasta entonces, me conformo con todo (para qué variar la poesía...) y le pongo a los días un flequillo de vesania que me ayude a proseguir.
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Léeme poesía poeta

Léeme poesía poeta,
incita mi alma con prosa,
róbame besos entre versos,
regálame tus rimas con una rosa.

Déjame ser quien te inspira,
esa musa por quien suspira,
y coquetéeme con café y cadencias
haciendo metáforas con ocurrencias.

Cuenta las sílabas y explícame,
como me robas la atención,
como te robaste mi corazón,
plasmando letras con esa intensión.

Dame un abrazo con líricos,
una sonrisa de primavera como el Haiku,
algo de gótico con ángeles negros,
y un soneto que hable de nuestro recuerdos.

Regálame un recital de tus letras,
ponle la música de fondo que adoro,
muéstrame cómo se hace un madrigal,
y acompáñalo con una caminata en el rosal.

Hagamos un dúo poético,
de esos que hacen incendios,
Combínalo con tus cuartetos,
que yo completo con tercetos

Las letras de mi alma.
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Pretensión

Voy a encontrarte en aquel destino donde estoy en todos los ciclos que cuentas y en los que no... en todas las afirmaciones contenidas en ese silencio, sólo tuyo y por tuyo, mío...
y voy caricia y no me ves...
y vienes herida, cortando callada la dirección del viento.
Te dice de mí la presencia e interpretas vacío.

Un clamor mudo vuelve al horizonte fijo de mi alma...

¿Qué estrella errante sobre ola de primavera he de ser
en la espera?




Yamel Murillo




Incisiones.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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Tormenta

Llueve fuera y llueve adentro. Lo que un día fue mujer, ahora es tormento. Se enciende con el rayo y resuena con el trueno. Se irá diluyendo con el agua que sin parar llueve del cielo. Y es tan fuerte que barre todo, fuera y dentro.
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Latidos del corazón...

Los latidos de este corazón,
avisa, que esta herido por
un amor...

¿Cuántas veces el corazón
se cansa de amar?
¿De dar, de no recibir nada
a cambio?
¿Y de tantas promesas
que le hacen y
que no cumplen?...

¡Quedan rotas esas
promesas, queda herido
el corazón!...

¿Y qué queda?...

Cicatrices dentro del
alma, y ese corazón
herido, roto por
aquel amor, o tal
vez una desilusión.
Triste se siente, al no
sentirse querido,
comprendido, ni
tan siquiera correspondido.

Este corazón, que parece
fuerte, pero es el que más
sufre y más dolor y lágrimas
aguardan en su interior...
Pero a pesar de todo, ahí
esta siempre,.

Valiente como nadie,
aunque lleve mil cicatrices,
a cuestas, le duelan
y le pesen...
Siempre esta ahí, dispuesto
de nuevo a entregar, ese
amor incondicional, que solo
el, sabe entregar...
Y de nuevo, volverse a
enamorar...

Qué esta cansado de mentiras,
pero aún así, no duda, de
ilusionarse cuando ve aparecer
de nuevo, un nuevo amor,
en este camino de la vida.

Y este corazón, a pesar de
sus cicatrices, vuelve a latir
y se enciende de nuevo,
la llama del amor...

¡Y otra vez, de nuevo,
volver a empezar!...

Latidos del corazón...


© Derechos de autor
Isa García
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Mi pequeña

Mi abeja y su reina
en su caja de cristal,
la vida es efímera
su amor eternidad.
Mi abeja y su reina
tienen alas en su andar,
les basta con sus mieles
pero no pueden volar.
Ella ama a su reina
tiene al cielo en su mirar,
y mi pequeña abeja cuelga
en sus cabellos el mar.
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«Año nuevo, vida nueva»

Hoy, todo vuelve a empezar de cero pero no contigo, sino sin ti. Parece que mi vida regresa 466 días atrás, cuando mi vida era plana y lineal y la única magia que había en mi, estaban en mis letras y mis textos, que nadie conocía, solamente yo.

Creo que ha llegado el momento de abrirme, y lo tengo que hacer de la única forma que sé, desahogándome con palabras frente al ordenador, y es que, han habido muchos cambios en estos 466 días, pero hay algo que aún sigue intacto. Sigo sin ser capaz de abrir mi corazón y exponer mis sentimientos y emociones a la gente que me rodea. Solo lo conseguí con alguien: contigo. Pero ya no estás.

Nunca pensé que volvería a retomar este diario, y es que, aquí sólo podía expresar mi tristeza, aunque al principio de llegar tú a mi vida, trastocaste todos mis esquemas, hasta en este simple diario.

En estos últimos días, aquella frase que un día pronunciase Groucho Marx «paren el mundo, que yo me bajo» ha estado presente en mi cabeza. ¿Qué merece la pena ya si tú no estás? Pero en el fondo de mi corazón hay una palabra escrita que dice «ilusión», y esa nota es la que con el paso de los días, dará sentido a mi vida.

Ahora es el momento de cambiar de vida, de renacer y volverse fuerte, y para ello tengo que levantarme de una caída en la que el paracaídas, esta vez, no consiguió abrirse. Toca levantarse y volver a la tierra, aprender de nuevo a caminar, y a dormir y despertar sin un «buenas noches amor» o un «buenos días mi vida».

El mundo no puede pararse, pero sí podemos cambiar de tren, a ese tren que nos ayude a encontrar el motivo por el que continuar aquí. Ahora estoy solo ante el mundo, solo ante mis miedos y solo ante los retos que día a día me deparará la vida.

Cuando sea capaz de sentir los latidos de mi corazón, me levantaré y miraré hacia delante, sin maleta y sin nada en las manos, solo con los ojos abiertos y la mirada clavada hacia el futuro. Sí, hacia el futuro, eso que tanto miedo me da.

Así que solo me queda coger fuerzas para despertar de esta pesadilla y poder decir al mundo:
AQUÍ ESTOY DE NUEVO.
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Sin título...

Quisiera recitarte al oído,
mis propios versos,
preferidos...

Desnudarte con mi
mirada, sin apenas
tocarte, y llevarte
hasta el mismo cielo
de éxtasis...

Quiero acariciar,
tu pelo, ese, que esta
rebelde.
Y besarte en
esos labios con sabor,
a ¡Poesía!...

Abrazarte y que tu olor
se impregne en mi piel.
Poder tocarte, y no
imaginarte, como te
imagino cada noche,
al cerrar mis ojos, y
soñarte...

Poder tocarte, y sentirte
al igual que te siento, cada
vez que te escribo versos,
cuando mi única ¡Poesía!,
¡Eres tú!, vida mía...


© Derechos de autor
Isa García
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Flor ciega


La tinta se extingue. Crece el temor ante su agonía... Late lenta, acompasada y yerma su antigua tierra fértil.
Dobla los tejados del solar, el infierno extenuante de la ausencia... No es mas polen su verbo. La melodía le vaga sorda por las palmas de mil nevadas. El desdén ha roto el ventanal.... atraviesa un sueño ciego y del quiebre escurren trigo y miel. Langostas y abejas verán en ellos un tributo a las soledades donde escapar con millares de besos al golpe lejano de sus alas.

Te calcinas, ternura, en el horno vanal de tu absurdo. El aroma de tu aceite se percibe veleidoso... aderezo imposible en su acritud. Por eso, no retornas el rostro al llamado conocido y pisas indiscriminado, el maná de un siervo cuerpo escapándole de tus manos.
El granizo temprano quemó los párpados, y la flor... la flor ya no ve más.

Enmudecerá... Con lágrimas nocturnas visitará el lago de tus lotos. Beberá agua amarga que endulzará para hacerse vivir, mirando tus ojos posarse entre sus nubes de cielos abiertos.

Será todos los sentidos y ninguno... Sentirá el advenedizo viento trayéndote volátil bajo su falda e irte en el soplo de la hoja seca que le cortó la mejilla de su invierno.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R.2016
10
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Flor ciega

La tinta se extingue. Crece el temor ante su agonía... Late lenta, acompasada y yerma su antigua tierra fértil.
Dobla los tejados del solar, el infierno extenuante de la ausencia... No es mas polen su verbo. La melodía le vaga sorda por las palmas de mil nevadas. El desdén ha roto el ventanal.... atraviesa un sueño ciego y del quiebre escurren trigo y miel. Langostas y abejas verán en ellos un tributo a las soledades donde escapar con millares de besos al golpe lejano de sus alas.

Te calcinas, ternura, en el horno vanal de tu absurdo. El aroma de tu aceite se percibe veleidoso... aderezo imposible en su acritud. Por eso, no retornas el rostro al llamado conocido y pisas indiscriminado, el maná de un siervo cuerpo escapándole de tus manos.
El granizo temprano quemó los párpados, y la flor... la flor ya no ve más.

Enmudecerá... Con lágrimas nocturnas visitará el lago de tus lotos. Beberá agua amarga que endulzará para hacerse vivir, mirando tus ojos posarse entre sus nubes de cielos abiertos.

Será todos los sentidos y ninguno... Sentirá el advenedizo viento trayéndote volátil bajo su falda e irte en el soplo de la hoja seca que le cortó la mejilla de su invierno.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
11
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Quizás ya no te vuelva a ver...

Quizás ya no te vuelva a ver,
y en realidad lo siento,
pero la vida pasa y continúa
y nos lleva por caminos diferentes.

Podríamos decir que es el destino,
que lo que tuvo que pasar atrás quedó,
con nuestros sueños,
y en mi caso con cristales olvidados
y esparcidos por el suelo.

Es posible que allí queden los recuerdos,
las imágenes sagradas de un instante
y un momento que se añora,
que te arranca mil suspiros
cuando vuelves hacia el mismo
tu memoria,
y hasta sientes el latido enamorado
de tu pecho,
en ese acto inolvidable,
que regresa hasta tu lado,
como llegan las resacas a la playa.

Pero como ellas,
son los ecos desgranados
de una orquesta de la vida
los que llaman a la puerta,
los que vuelven del pasado
con nostalgia,
los que dejan el susurro
de tu nombre,
los que vienen con el humo y el olor
de aquel cigarro que fumabas,
los que muestran ese faro reluciente
de tus ojos,
los que emiten aquel verso, de tus labios,
que sabías me gustaba,
los que dictan ese adiós
en tu partida "sin palabras"...

...Y ese eco, en la resaca que me llega,
en un algo que se apaga
y que se aleja,
porque siento que marchaste
y que marché,
que cambiamos de estación,
y que tomamos nuevos trenes
que enfilaron un destino diferente,
y ninguno quiso hablar
ni compartir aquel momento
y hasta fue muy convincente
la mentira posterior
que me ofreciste por teléfono
al decir que no me amabas.

Yo te pude revocar esas palabras
y hasta incluso demostrar
que me mentías
porque había conservado tus escritos
en el alma,
porque escucho tus palabras
cada día,
(aunque ahora ya no sé
si me mentiste desde siempre).

"Quizás ya no te vuelva a ver",
tú me dijiste,
"y en realidad lo siento mucho",
te contesto en el poema,
porque, a pesar de nuestras diferencias,
tenía la esperanza de decirte
todo esto cara a cara..."

Rafael Sánchez Ortega ©
13/02/18
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El río llega

El río llega y no se va
su orilla está tan lejana,
y me dejo llevar por el agua
bajo el sol de la mañana.
Rebelde y sincero
sin alejarse de su cauce
mi corazón se mece
sobre las algas del tiempo.
Asi va mi alma al naufrágio
de ciertos sentimientos,
madero perdído en el fondo
lodazal del desencuentro.
Tal vez quede en la memoria
de algún pez volador,
o quizás se ahogue mi pecho
solo por callar su amor.
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sin comentarios 148 lecturas prosapoetica karma: 97

Te escribo poesías...

Te escribo poesías,
todos los días. de
noche y de día...
con mi pluma, que
es mi corazón, y este
cuaderno que conmigo
siempre llevo, es tu
alma...

Y en cada verso,
que escribo,
en este cuaderno,
lleva escrito tu
nombre


De alguna forma, así
te siento conmigo,
y entre versos y mis
ojos cerrados, te doy
besos, en el silencio,
que llevan alas, y vuelan
hasta tu alma...

Te escribo poesías,
de noche y de día, para
sentirte aún más cerca
todavía.
Cuando tú a
mi lado no estas vida
mía...


© Derechos de autor
Isa García
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Silencioso Dolor

Esas palabras
lastimaron lo mas puro
de sus sentimientos
pero con suave sonrisa
que enmarcaba
la tristeza de su rostro
le dijo.

No tiene importancia,
mientras por sus ojos
una tímida nube
dejaba escapar
unas cuantas gotas
de lluvia de sal.

Que recorrían sus mejillas
como olas silenciosas
llevándose su amor
para ahogarlo
en lo más profundo
del inmenso mar.

MMM
Malu Mora
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¡Bailemos!...

¡Bailemos!...
Sin importar que no
sepamos bailar,
sin importar, el
miedo a que nos
vean...

¡Bailemos!
Junto a la orilla del
mar...
Solo se escuchara, el
latir de nuestros
corazones, sin
final.

Qué laten con brío, al
compás, junto a las
olas del mar...


© Derechos de autor
Isa García
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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo. Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea.

Para ella todos son tarántulas. Inútiles mortales venenosos que a la danza de cualquiera bailan. Hijos de Pirro bañados con gloria; en la mañana claman por la paz y la justicia, en la noche huyen de los monstruos que vivimos entre ellos, ignorando nuestro canto en las sombras. Nosotros los huéspedes purpuras; locos, dementes, estúpidos, vituperados por los predicadores de cuaresmas y de demonios. Enanos pesados, topos que dañan jardines de la memoria, que se ríen de estas musarañas que se defienden de los depredadores oliendo a inocencia, buscando albergue en la impetuosidad ridícula de los cobardes.

Sigue arrastrando su cobija que se llena de impurezas en contra de su voluntad. Vuelve a su casa dejando atrás el color de sus pensamientos, llevando consigo una luminosidad que ciega a todos. Las tarántulas venenosas hieden de temor ante ella; las baldosas se ensucian de sangre al estallar entre las personas y ese bombazo simpático se convierte en una fábula de Sócrates; en una historia nómada leída por fantasmas, leída por indios. Se vuelve en un diálogo de Apolo con Telfusa para engañar no solo a los hombres, sino a Dios.

Ella se convierte en un silencio inventor, no como el de Cage, ella inventa un silencio especifico, un vacío que la devuelve a las sucias calles de Guayaquil, ese vacío le alivia el dolor de lo lleno; el dolor de un torbellino de palabras que se cortan entre imágenes tontas de ninfas inmortales de primera clase. No necesita atención, sin embargo construye estos vacíos para acoger visiones perfectas que pasen su mirada, por cada palabra, para sentirse como un ángel exterminador a través de una fuga de silencio que se confunde con reinos construidos con naipes. Sin embargo, con tristeza, esta nereida dejará la puerta abierta por si acaso alguien quede lleno y quiera irse; en el caso de que quede vacío, que abucheen al teatro que se abre a su alrededor.
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