Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 644, tiempo total: 0.043 segundos rss2

Imaginaria ventana

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina.
Sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
leer más   
9
4comentarios 54 lecturas versolibre karma: 87

Acuarela natural

Tan maleable,
tambaleante;
tan descosido,
y sin sentido.

Desordenada
sin separarse,
llena de gotas
tan ordenadas.

Puras, caóticas,
son nuestras aguas.
Simples, armónicas,
complejas flautas.

Atravesando
los mares,
los ríos
y océanos,
marchan corriendo
las gotas
del agua dulce,
salada
y sin color,
como si fueran
a su destino.

Hallan camino
a cada paso.
Cuales serpientes
trepan nadando.

Colores tierra,
verde y violeta,
suavizan rojos,
y azul turquesa.

Curvas sensuales
sufren la pesca,
las cazas,
y demás mierdas.
14
3comentarios 56 lecturas versolibre karma: 90

Una Historia de Amor

Parte Uno

Dicen que las historias de amor como esas que llenan incontables paginas en los viejos libros, solo existen en ellos y ya en el mundo no se encuentran.
Dicen que ya no existen dulces niñas de 15 años que entregan su inocencia por amor y que ya no hay jóvenes tristes que acaban su corta vida por su ausencia.
Esto aunque impregnado de verdad no es del todo cierto. Aun hay algunos valientes con el corazón como coraza que regalan rosas rojas y llenan largas esquelas con palabras poéticas.
Y se aman, y se aman en silencio escondiendo sus sentimientos de este mundo enfermo que ve con malos ojos las historias con finales "...Y vivieron felices por siempre..."

Para muestra de esto les contare la historia de dos muchachos que aunque en polos opuestos vieron nacer su amor entre los cortos escritos que lograban enviar en los veloces mensajes de texto.
El era un muchacho callado, una singular mezcla de juventud y de un alma vieja. Y ella un inocente lirio que mas allá de toda duda echo raíces entre las piedras y los espinos.
Ellos a mi modo de ver son la muestra mas palpable que el destino premia a esos valientes que mas sufren, o a aquellos pacientes, que mas esperan. Se encontraron, ellos se encontraron y se unieron sus caminos bajo el mismo cielo que se empeño tantas veces por las lagrimas que solitarios, dejaron cae en ese profundo silencio de sus noches frias.

Ella le enseño a ese ser solitario y esquivo a caminar con confianza y sin miedos tomados de manos y el le enseño que podrían tropezar, pero que jamas se atrevería a soltar su mano.
El le enseño muchas cosas viejas que había guardado con el paso de los años pero que al ella poner sus manos sobre ellas brillaron con todo el color que tienen las cosas cuando son nuevas.
A diferencia de muchos ellos deshojaron su amor lentamente, quitando uno a uno los petalos hasta llegar a los delicados pistilos, no fueron rápido porque para ellos el tiempo no era problema, presentían y mas que presentir, sabían, que eso que vieron nacer entre ellos, no era cosa de un dia, sino hasta el final de sus vidas.
5
sin comentarios 31 lecturas relato karma: 63

Gatra [ Exordio ]

«Era otra noche tranquila, una más de aquella tormentosa vida que ahora estaba nuevamente rota. Era sólo la calma que precede a la tempestad, pensó; o al menos eso le había escuchado decir a Dhamar. Estaba sólo frente a la playa. Miraba el mar y sentía como éste le llamaba. Así también el reflejo de la Luna sobre el agua. Qué hermoso era esa quietud… tan distinto al Clan… Allá donde su paz se había roto abruptamente por los Dioses… ¿Pero cuales Dioses?.. Dhamar se comunicaba con ellos, pero aún así nunca le advirtieron a él y al Clan sobre aquellos seres… que eran hombres y a la vez no… Ni el coraje ni el arrojo bastaron para repelerlos… sólo llegaron hacía dos noches… idéntica en quietud como la que lo cobijaba en sus pensamientos… y arrasaron todo. Los Códigos no existían en ellos… el Clan esperaba al campeón de esos ¿hombres?… para medirse con el suyo, con el más gallardo, el más valiente… Su padre, espada en ristre esperaba definir en un duelo justo aquella irrupción que habían sufrido, seguro de ganar y evitar más violencia de la que era estrictamente necesaria… ¿Acaso no era así como se definía el Mundo? ¿Habría mentido Dhamar y todos los ancianos sobre la conducta de los hombres en Tierra?… Sí… No… No podía definir aún la respuesta cuando su mente recordó el sonido ensordecedor de los gritos… ¿O eran acaso chillidos? O lo que sea que emanaban de aquellos seres que entraron de noche y empezaron a destruir todo y quebrantaron el sueño de todos… Aquellos que en grupo se abalanzaron sobre su padre y… y… y lo devoraron… lo masticaron y desmembraron cual ciervo… y su madre… su madre que tanto le cuidó… que tanto lo amó y protegió junto a su padre cuando fue despreciado por todo el Clan por nacer así… horrible… amorfo… sin el mismo color de piel y de cabellos… “Gatra!” le gritaban todos al verlo cuando Tadhy y Fredah enfrentaban a quien osaba insultarlo… ‘Gatra’… ‘Gatra’ era la imagen de Fredah hecho pedazos en un lago carmesí sobre la arena de la playa… ‘Gatra’ era haber presenciado a Tadhy abalanzarse sobre los intrusos en busca de venganza y morir entre sus fauces mientras todos eran tragados… asesinados y tragados por la desesperación de un enemigo inconcebible y su apetito voraz… y él, el hijo de los mejores guerreros no pudo hacer nada para evitar la masacre…

Miró sus manos y las vio rojas como si el fuego las hubiera acariciado… y recordó a Dhamar… ¡Cómo quería al viejo Dhamar!. El mismo que lo acogió y le instruyó en todo lo que sabía… él, que le dijo que su madre era en verdad la Diosa Luna encarnada, y que los Dioses le había dicho que él nació así... Gatra... porque él haría cosas muy importantes en Tierra… el mismo Dhamar que no
supo decirle quiénes eran los asesinos y solo pudo escuchar “Dios…” de sus moribundos labios, labios del sabio que quizás pudo salvar si no se hubiera dedicado a ayudar a escapar a otros del Clan… ¿Valía la pena haber salvado la vida de ellos y haber dejado morir a Dhamar?… Volvió a mirar sus manos enrojecidas y se recordó solo… rodeado por aquellos seres… él y su espada, su única arma de pelea… su decisión de sentirse muerto, y por sentirse muerto no le temía al Dios Muerte; por el contrario, se veía en su reino… sin antes no haber matado a uno de los intrusos… y así fue.

Incluso más.

De las fauces de ellos corría la sangre de sus hermanos y hermanas… y sólo sintió ira, furia, odio… y golpeó con su espada en el rostro de uno de ellos con todas sus fuerzas, las suficientes para abrirle los sesos y sentir como la sangre de éste le salpicaba el rostro y su torso desnudo, impregnado en el naranja que brinda la noche y el fuego cuando se juntan… y su ira se volvió placer… y siguió atacando, golpeando, pateando, matando… vengando. Él, el hijo de Fredah… el amado de Tadhy… el protegido por Dhamar… el Gatra. Descubrió que el terror y la desesperación impidió a sus hermanos a defender el Clan, y se baño en sangre impura… sólo él y nadie más que él. Mataba y la sangre de sus enemigos le perforaba la piel… punzadas que aumentaban su ira… y a cada muerte más dolor se incrustaba en su ser… y más… y más… hasta que no hubo más ser a quien mostrar la espada y más sangre que la bañara… hasta que esos Hijos de la Noche estaban todos muertos… hasta que esos grajos seres estaban inertes y se disolvían en polvo cual poder de los Dioses… y entonces miró la luz del fuego y miró a la noche en su plenitud, y se sentó sin saber en qué pensar… sin darse cuenta que tenía a alguien más detrás de él, que lo tomó del cuello y lo asfixió mientras le decía:
Mataste a mis hijos… y haces que mi corazón se destroce en millones de fragmentos por tener que matarte… Pero si aún sigues aquí… espero que me busques… y te daré las repuestas que quieras… porque sólo tú podrás llamarte de ahora en adelante mi hijo…

Las palabras de aquel que lo mataba se disolvían en la noche cuando a duras penas escuchó el nombre de su asesino, quien se lo susurró para que lo memorizara. Larn solo atinó a percibir un sonido seco y la noche lo envolvió y lo acogió. Pero el Dios Muerte lo rechazó, y despertó.

Siguió mirando sus manos y entendió todo. Que los dioses no existían. Que la muerte lo despreció y no se incomodó, puesto que tantas veces abrigó esa sensación en vida. Que la luna debía ser su madre en verdad para seguir vivo después de todo, ahora que ella se recostaba plácidamente sobre el mar antes que venga la tormenta. Que tenía muchas preguntas sobre éste planeta llamado Gea. Así que se puso en pie y apagó el fuego de las fogatas, quedándose por completo en la inmensidad de la noche. Derramó unas últimas lágrimas por Fredah y por Tadhy, prometiéndose no volverlo a hacer. Y sonrío en saber que en verdad pudo matar a ocho de esos seres sin ayuda y pudo salvar a algunos para que el futuro del Clan, tenga un futuro, y que tiempo después se les conocería como los Gitanos de la Galia. Es que ahora sabia tantas cosas… Sabia que tenía veinte y siete años solares y que nació en el vigésimo cuarto día del décimo mes… Pero desconocía muchas más. Sólo quedaba buscar las respuestas, y tenía que hacerlo pronto. Suspiro y emprendió la marcha en busca de él.. su asesino…, Kain. Ese era su nombre. Porque sólo Kain sabría bien porque no murió, porque aparecieron sus hijos… porqué él… porqué él inmerso en tan enmarañado destino… él, el Hijo de la Luna…, el futuro hijo de Kain, el Horrible, el Gatra

Decidiendo no perder más tiempo en sus cavilaciones e inmerso en la noche, Larn empezó a caminar y buscar respuestas… sin saber exactamente que le esperaba más allá de su playa y esa noche tan particular.»

© Larn Solo
Lima/Perú • 13/mayo/2009
1
sin comentarios 15 lecturas relato karma: 7

Cuento del poeta

Había decidido dar un paseo luego de una tarde dedicada a una minuciosa lectura de El árbol que se derrumba, poemario de Macedonio Fernández. Las obras que conforman el citado libro tienen el honor de estar emparentadas por el pesimismo y el existencialismo. La conjunción de esos dos elementos me inquietan hasta el punto de que mis ideas no pueden librarse —por más empeño que ponga en ello— de la férula de una angustia incesante. Así, los días vividos me resultan nimiedades sin sentido alguno que las ampare; y los por vivir, el repetir de una sucesión que sólo tendrá fin con mi muerte.
Buscaba distraerme de la melancolía. Me subí a un tren convulso pero no claustrofóbico como el subte, y ambos me condujeron a la avenida Corrientes. Era de noche cuando había llegado. Conozco el sosiego, el silencio, las casas bajas, las sombras de los árboles espesos, tanto como para percibir el contraste de este Buenos Aires de torsos presurosos, de ruidos y asfalto infinitos. No vi la claridad sonrosada estrecharse entre los techos bajos ni oí el gorjeo de las aves. En el horizonte flotaban, intranquilos, innúmeros asteriscos luminosos como estrellas. Las únicas sombras eran las siluetas que recortaban el resplandor de las parpadeantes luces blancas, rojas, amarillas, verdes, azules (desperdigada iridiscencia). He mentido entonces, la noche no era tal.
Recorrí a pie, con paciencia, cada una de las librerías de viejo que hay en Corrientes, aquella legua libresca como Macedonio ha llamado a la avenida en algún alejandrino. De todas, una cercana al Obelisco es la que me ha retenido por más tiempo. No es casual que haya sido una librería acorde a mis preferencias —a medio alumbrar, de colores adormecidos y estrecha como las veredas de Buenos Aires. Pregunté por los libros de poesía y me señalaron un rincón oscuro, polvoriento, una hilera de pocos ejemplares a la altura de las rodillas. Relegados, expectantes de nuestra curiosidad, esos libros de poemas eran la viva imagen de sus autores, los poetas relegados, expectantes de nuestra curiosidad... Si fuese uno haría versos aquella imagen triste que sería también la imagen de mí mismo.

—¿Macedonio Fernández? —pienso en voz alta.

—En unos minutos llega. Siempre viene al mismo horario —me responde el empleado.

Hacía referencia a sus libros, no a su persona. Sin embargo mi interés en conocer a Macedonio, autor de alejandrinos, era sincero.

—El joven ha preguntado por usted —le dicen a Fernández cuando llegó a los pocos minutos.

Noté perplejidad en su mirada cuando me la dirigió. Era bajo y lo bastante ancho como para que sus caderas entrechoquen con torpes movimientos sobre los anaqueles de ajada madera. Tenía una frondosa barba entrecana como su cabello desprolijo, gafas gruesas y vestía un viejo sobretodo. Me saludó con un fuerte apretón de manos. No hablaba por timidez. Su evidente incomodidad era contagiosa y yo también hacía silencio. Lo invité a una cafetería para charlar un rato. Accedió, pero no sé si por temor a la descortesía o a unas sinceras ganas de conocer a un admirador suyo.
Nos sentamos. Macedonio no me miraba, pero yo sí a él. Vi las grietas de un lunar en una de sus mejillas. Vi cómo el perfil de su rostro se partía por la refracción de los cristales. Vi cómo su trabajosa respiración hacía que su cuerpo subiera y bajara, y cómo sus gafas centelleaban. Nada tenía que ver su nombre de gentilicio con el lejano país de los Balcanes. Ni era el otro Macedonio Fernández, también poeta, que algunos conocemos. Sólo compartían nombre, oficio, nacionalidad y destino: la muerte y el inexorable olvido.
Continuaba callado. Otra vez fui yo el que intentó iniciar una conversación.

—Macedonio, hoy terminé de leer su primer libro. Yo jamás podría escribir como usted. Me sorprende que haya tenido mi edad al componer esos versos de semejante calidad. ¿Sabía que Julio César lloró al cumplir los 32 años? El motivo fue que en ese lapso de vida no llegó a igualar o superar en hazañas a su ídolo Alejandro Magno, muerto a esa edad. O eso dicen...

Con imprudencia y orgullo del que hoy me avergüenzo quise demostrarle a uno de mis ídolos que no era cualquier ignorante con el que se encontraba dialogando en esa bulliciosa cafetería. Creí que de esa manera llegaría a considerar que su tiempo no estaba siendo desperdiciado por un desconocido y que la charla no caería en la monotonía de la adulación. Su respuesta me decepcionó hondamente.

—Perdón, ¿quién es Julio César?

—César... el dictador romano... —le respondo sorprendido.

—No sé quiénes son ese tal César y ese tal Alejandro Magno, estimado.

Volví a mi hogar con más pesadumbre con la que salí (en este aspecto Macedonio era tan angustiante como su obra). ¿Cómo era posible que aquel erudito no supiera de cuestiones de bachillerato? Cavilando con la sien en la almohada llegué a una reconfortante conclusión: no era ignorante sino irónico en extremo. Mi notoria inmodestia fue el causante de su comportamiento burlesco. "Así de soberbio has sido, como yo de inculto", parecía decirme. Había sido humillado por un genio, algo que arranca más sonrisas que rencores. Pero todo fue producto de mi imaginación. Los encuentros ascendieron en número y continuaba con su aparente actuación de idiota. Al final resultó serlo. Nada sabía de métrica ni de poesía en general. Sus escasas disertaciones eran breves y sus tópicos se limitaban superficialmente a cuestiones triviales como la amargura del café, las bajas temperaturas de junio y la humedad que le adolecían las articulaciones. Por momentos me sentí furioso al pensar que el empleado de la librería se había librado de la presencia de un farsante, un loco que creía ser alguno de los dos Macedonio Fernández sólo por leer su nombre en alguna portada y que molestaba a los demás con ello, espantando a la clientela.
Me dirigí decidido a nuestro próximo encuentro. Deseaba expresarle con franqueza lo que creía de él. Me senté en la mesa de siempre y esperé a Macedonio mientras me sumergía en la lectura de Los bohemios del marqués de Pelleport. Un mozo de resplandeciente calva se me acerca con un libro delgado.

—El señor Fernández me ha pedido que le haga entrega de esto. ¿Desea beber o comer algo?

—No, gracias —dije extrañado sin darme cuenta de que tardé en responder y me encontraba hablando solo.

Se trataba de El miserable, otro poemario suyo que venía buscando hace años y que de forma unánime recibía descatalogado como respuesta. En la página de cortesía estaba impresa su firma que coincidía con la del pedacito de papel que contenía una dedicatoria:

Para mi buen amigo Segal, con afecto de parte alguien que lo estima más de lo que cree. Perdón por defraudarlo.

Macedonio.


El reverso mostraba un número de teléfono.
Me había equivocado groseramente. Era el mismo autor de libros excelsos como los dos ya mencionados y de microcuentos como El hastío de Efraín ("El suspiro, el quejido del sillón y el sol muriente que se cuela en la casa son cosas de todos los días para Efraín. Y hoy tuvo la sensación de recordar que ya había vivido todo eso. Y recordó que ya había recordado lo mismo en otra ocasión. Pensó que estaba viviendo lo vivido, reviviendo lo revivido, y se resignó a morir como en la otra muerte, hastiado de vivir.")
Llamé a Macedonio desde una cabina. Me rogó de manera agitada que me dirija a su hogar, a pocas cuadras de la cafetería, de la librería de viejo, del Obelisco y de las luces infatigables. Cuando llegué, agitado yo también, era demasiado tarde: encontré a Macedonio, con el torso desnudo y boca arriba, con la mirada inexpresiva. Me recordó a Efraín y lloré a ambos. Sobre la mesa se hallaba un cuaderno y en una de sus hojas se leía Despedida; debajo del título, uno de los más hermosos poemas jamás compuestos. La luctuosa experiencia me reveló que Macedonio no era persona sino versos. Cuanto mejores, menos era él. Era cada saber de sus poemas, cada estrofa, cada rima, cada metáfora, cada pausa, cada melodía que endulzaba los oídos e insuflaba de vida, a costa de la suya, a la belleza más bella de todas que es la literatura.
Es hasta el día de hoy, luego de años, que todavía descreen de esta versión de los hechos sólo por no haberme tomado la molestia de citar de memoria alguno de los versos de Macedonio Fernández.
leer más   
14
sin comentarios 64 lecturas relato karma: 54

El chachachá del tren

Hora punta AM.

Apenas ha amanecido y el rebaño se agolpa en los andenes de la gran ciudad. Una locomotora tras otra. Cada pocos minutos se abren las puertas de un tren hacia la rutina.

Vagones atestados de hormigas rumbo a su quehacer. Se palpan, se respiran, algunos se mezclan y otros se esquivan. Sobresalen hombres trajeados y mujeres con carmín, ataviados con carteras y agendas digitales, los que empiezan la jornada más frenéticos. Otros, rostros cabizbajos, se bostezan, abatidos, es la cara de la resignación de la obligación.

Las mañanas son calladas. Viajeros solitarios entre los dietarios, los libros madrugadores, los apuntes de escuela y evasivos auriculares. A veces escapan del letargo ante un móvil ajeno que agobia la rutina, alguna alarma aún sin desconectar, el papel indiferente que posan los mendigos en sus rodillas, el instrumento de un músico que en ocasiones aligera y dibuja sonrisas, y otras tuerce el gesto de los rostros abstraídos en sus tareas.

Parada tras parada, unos salen aliviados, otros cogen aire para hacerse un hueco entre cabezas y carteras, otros desploman su sueño sobre el hombro del asiento de al lado, que se retuerce y sobresalta.

Por fin llegas al destino. Te apeas y te desplazas entre obstáculos presurosos, hormigas que tropiezan por posar el primer pie sobre las escaleras mecánicas, como si de atrapar la miga de pan se tratase.

Unos, tranquilos, a la derecha forman civilizados una fila calmada; otros, los frenéticos, a la izquierda, se sortean y avanzan peldaños a la carrera apresurando los talones contiguos.

Es el rebaño, caballos zarandeados que corren apresurados antes de que el patrón cierre la puerta de la cerca.

Ya está, han llegado a su particular fábrica. ¿De qué? De objetos, de ideas… no importa que sea si no se pueden fabricar sueños.
Altas dosis de cafeína y afrontar otra jornada frente a la ventana del quehacer; esa pantalla sucia que anuncia caravana entre teléfonos que suenan bajo los rayos de fluorescentes que a veces creen parpadean.

Pupilas resecas. Frotar de ojos. Es la hora.

Ya es de noche en el corazón financiero de la ciudad. Pero los pasos siguen acelerados. Corren, no tienen prisa, pero no son capaces de descender el ritmo cardiaco.

Otra vez la misma boca de metro, el mismo andén, en hora punta PM.
Mismos rostros con distinto disfraz. Camisas arrugadas y americanas al hombro, caras desempolvadas y descoloridos pintalabios.

Otra vez. Se respiran, se mezclan, se miran pero no se ven. Ojos rojos, cuerpos cansados, botones desabrochados, tacones que cambian de postura… Mentes abatidas. Es el rostro cansado de la gran ciudad.

Pero las tardes son bulliciosas. Algunos solitarios regresan con compañía. A saber, a veces, a contrariedad, el pesado del departamento financiero, el colega de clase que no te habla en el recreo y ahora se muestra amigo… y otras, cómplices, que despotrican la jornada, cotillean, conversan…

Más susurros, más melodías móviles, más ecos de conversaciones ajenas. ‘Acabo de salir’; ‘ya llego’, ‘estoy a solo dos paradas’…
‘¿Has hecho la cena?’

Un día menos a contar. Las hormigas se retiran a su madriguera. A saber, unos a continuar quehaceres domésticos, otros sofá, reality show y a caer rendido en el sofá. Los más desorientados, copas bien frías y apuradas que el trabajo lo merece.

Mañana se pondrán de nuevo las calles para la cotidianidad de los robots urbanos.
4
sin comentarios 56 lecturas relato karma: 28

La amapola

Floreció en un campo de trigo maduro, una solitaria amapola roja, inocultable en la inmensidad amarilla, en la que por obra del azar había germinado días antes. Se dejaba llevar por la calidez de la brisa veraniega que mecía su endeble tallo al compás de aquel clónico grupo en el que se había infiltrado sin querer, y por momentos se sentía uno de ellos, feliz en la ignorancia de su auténtica naturaleza. Sonreían sus estambres negros al sentir el roce casual del trigo, silenciosamente envidioso éste, de su colorido único entre aquella homogénea y aburrida multitud.
¿De dónde habría salido, y porque sonreía constantemente?
¿No era acaso consciente del irremediable destino que les deparaba a todos aquella misma tarde?
De cuando en cuando un visitante esporádico irrumpía en sus cavilaciones y vaivenes: era un ser bellamente distinto, irrepetible y que la dejó fascinada, ya que en su breve historia sólo había conocido al trigo, a la brisa y al sol. Era una espléndida mariposa azul.
Su colorido era indescriptible y se paseaba orgullosa
sobrevolando el prado, con la superioridad que le daba la independencia del suelo y lo imprevisible de sus vivos movimientos, formando todo ello una interesante amalgama de atributos que dejaron a la flor doblegada ante su presencia. No pudo más que rendirse y entreabrió sus rojos pétalos, entregada a su suerte para que libara su néctar dulce, para que la acariciara en aquellas zonas ocultas que apenas el viento había traspasado algún día.
Se sintió morir por el intenso placer provocado por las palpitantes y suaves acometidas de su visitante, que la acariciaba con sus alas y al que sintió posarse y aferrarse en el borde de su húmedo cáliz, rebosante de la miel con la que el insecto saciaba su voraz apetito. Y lo hizo hasta dejarla exhausta… y luego retomó el vuelo con un empujón de la brisa y se fundió con el sol, a lo lejos.
La amapola tardó largo tiempo en recuperar de nuevo su pose erguida. Se sentía avergonzada en la medida en que iba tomando conciencia de que el trigo, seco por la envidia, se había dado cuenta de lo sucedido y de que la odiaba al verse incapaz de despertar en aquel increíble ser un instinto semejante. Sin embargo, la flor lejos de arrepentirse era feliz.
Buscó a su azul amante con la mirada en el horizonte y por un momento creyó divisarlo a lo lejos, posada sobre una radiante margarita a la que también brindaba generosamente el placer de sus artes.

¡Ya viene, ya está aquí..! Escuchó murmurar al trigo en un susurro tristemente resignado.
Y sucumbieron ambos, el trigo y la amapola, bajo las afiladas cuchillas de la siega.
En su lecho de muerte, la vivacidad de sus rojos pétalos se fue apagando, y pudo percibir un latido también cesante en su interior…Se sintió extrañamente afortunada en su agonía y sus estambres negros sonrieron por última vez.

Canet
leer más   
10
6comentarios 204 lecturas relato karma: 44

{ad líbitum}

Blanco {desenlace}

que se despliega vertiginoso
como un gélido manto de nieve
Se arredran las huellas del ayer
conformando los recuerdos
El desnudo lienzo del futuro
nutre el recelo del ignoto destino
En mi equipaje los sentimientos
se amontonan desordenados
La lluvia del alma humedece
acremente cada pensamiento

Verdes {lágrimas}

descienden recorriendo
cada centímetro de mi cuerpo inerte
Desahogando gota a gota
el dolor que quema tan dentro
Cuanto más se diluyen mis esperanzas
más se saína la escarcha
Sigue el tiempo naufragando
para desempolvar la realidad
Por cada hora de desleimiento
el desierto sombrío alborece

Naranja {amanecer}

que esclarece las percepciones
desenmascarando los engaños
Invirtiendo los renglones
donde se vendimian las palabras
Descartando las promesas quebrantadas
emigrando sin desear ...vendetta
Sobre el vacuo prado germinan
los recuerdos de un amor postergado
Para que las grietas que infiltraron el desconsuelo
cicatricen con pigmentos

Rojos {latidos}

de este corazón que aún lleno de espinas
retoña ardiente rosal
Abandonando los inviernos
que devoraron cada matiz del otoño
Para que las hojas inéditas desnuden una a una
las ramas de la espesura
Pintando silencios voy trazando miradas
intentando guarecerme
donde las mariposas declaman sus versos
Inesperados ósculos que llenaran de anhelos
las virginales primaveras

Azul {espacio}

donde abonanza la tormenta
de reminiscencias del pasado
Desde la orilla de una isla que se conforma
con minutos de sílice
Vas desnudando los verbos
asoleando mi alma con cortesías
Salobre océano que en la profundidad
esconde mis vacuos temores
Atemperando la esencia que inunda
las entretelas de la mortal debilidad

Ocres {caricias}

van arpegiando acordes consonantes
que me atronan por dentro
Las tramas de mi piel se dispersan
sintiendo el tacto de tus dedos
Amalgamándose todos los fragmentos
de nuestros ávidos cuerpos
Quemando los segundos que se demoran
para diluir lento tus besos
Se esbozan metáforas sobre las partituras
de esta melodía acotada

Negro {desafio}

es la pasión que tan pronto dispensa ventura
como resquebraja promesas
El amor ...es una quimera que trepa de noche
hasta el firmamento
Cada noche busco una estrella que descendiendo fugaz
me conceda tres deseos
...que no haya un cambio de agujas
que detenga el tren de esta fábula
...que la palabra destino no sea un polizón
...que nadie desaparezca {ad líbitum}
leer más   
3
1comentarios 22 lecturas versolibre karma: 33

Utopía

Volver a la Utopía,
al sueño prohibido,
al ideal satanizado.
hurgando en el silencio,
apartando de la voz
el vacío que deja el miedo,
desmontando el sendero,
corrigiendo el porvenir.
Aunque no se reinvente la vida,
volver a la voz prohibida
y al gesto altisonante,
hacer lugar para el futuro,
abrir espacio a la ilusión.
Y volver a la esperanza
del prodigioso afán por llegar .
Alcanzar la grandeza
de la gota infinitesimal,
que, multiplicada en su caída
horada la solidez y la perennidad.
Y no volver para conceder,
llegar para reclamar,
venir y no regresar jamás.

Volver a la Utopía
y a la certidumbre del compromiso
con la razón universal,
aunque se caigan los ídolos,
aunque nos rasguen los bolsillos,
aunque se nos desarme el horario
y resten privilegios de estación.
La Utopía es el inicio y el fin del sueño,
y volver no es sino desandar,
Comenzar, si lo exige, todo de nuevo;
vaciar el costal y reordenar los nombres,
desconceptualizar los términos,
juntar los límites del quehacer humano
y derrumbar barreras de exclusión.
Hoy, la vida humana en la tierra
no es más que una frustrada Utopía;
suma de solitarios pareceres
y aventuras del corazón, donde
la redondez ha trasmutado en pirámide
y llegar no es subir,
sino es trepar con garras afiladas.
Mundo sobre mundo y trasmundo
que se funde en el trabajo
y se excluye en la repartición;
danzando sobre un pesado andamiaje
de testas adosadas como ladrillos
y rellenas del mismo barro mansísimo
que aprisionó a los antepasados
en moldes de complacencia y aflicción,
haciéndonos de limitada inteligencia,
ocio inútil, excesiva paciencia
y cuerpos inservibles para la televisión.
Pero queda la esperanza
de la aventura social
y la redención en la búsqueda,
confiriendo acuerdos,
cediendo pareceres
y desovillando la historia
para ubicar el minuto fatal
cuando todo empezó,
y volver, a partir de ese punto
a descifrar la utopía
y renacer en el sueño universal.

Volver a la Utopía
que nunca ha terminado.
Prepararnos para el designio humano
y reconocernos seres vivos
en armonía con el mundo natural,
diferentes en formas de dominio,
pero dominantes por igual,
creadores de cultura, de necesidades,
de temores y de cuanto dios ha
urgido nuestro eterno cuestionar.
Reclamantes de fe,
evolucionados para seguir dominando,
y autoevolucionados para consumir.
librepensadores de la exclusión,
ambiciosos en la posesión,
e Injustos en la repartición.
Asumir la vida como un destino común
y contemplarnos sin dogmatismos.
Reinterpretar en el aire los libros,
politizar entre comidas la mente,
dar razón humana a los sentimientos,
desinhibir el sexo y la sexualidad
y preferir el color a la palidez;
reducir las leyes y a los leguleyos
borrar estigmas a lo social,
desmitificar al ser colectivo
y buscar el destino común
por encima de la "carretera virtual".
Nunca como hoy hay tanto
para tan pocos,
y apenas nos caen migajas.
La existencia es una batalla
de placeres insatisfechos
y deseos no procurados.
Hoy como nunca,
la jungla está abierta
y se permite de todo,
menos joder a Dios...
él no tiene luchas que librar.

Al final, sin Utopías en el bolsillo,
sólo nos queda ese momento efímero,
entre el primer hálito de vida
y la última exhalación de muerte,
en el cual nos enfundamos de un sueño
que nos hace creer libres para elegir
nuestra propia forma de trascender,
sobre cabezas y sobre otros sueños...
y nuestros pies llenos de sesos
y nuestras cabezas llenas de pies.


Carlos Rojas Sifuentes - 2010
4
1comentarios 14 lecturas versolibre karma: 52

Destino o Casualidad

Éramos del mar, del viento,
de cielos y océanos inmensos
de un azul profundo intenso,

A veces éramos dos, otras, solo uno,
a veces eramos temporal
otras apacible mar.

A veces éramos destino
otras sólo casualidad.

MMM
Malu Mora
leer más   
15
13comentarios 142 lecturas versolibre karma: 94

En mi tejado de tejas rojas

En mi tejado de tejas rojas, anida un gorrión,
de canto chirriante y avispado vuelo,
va y viene con su alimento que recoge del suelo,
me gustaría acariciarlo y tocar sus plumas de algodón.
Ya regresa con comida para sus crías en su pico
amarillo espiga y de esta escoge su trigo,
regresa al nido al calor de su abrigo
repartiendo orgulloso el alimento rico.
Se asoma al borde de la teja con el pecho henchido,
alardea orgulloso frente a la corneja, con su trino
chirriante música celestial en su oído fino,
qué sinfonía escucha mi oreja y penetra en mi oído.
En mi tejado de tejas rojas hay un algarabío,
por la mañana cuando sale el sol,
cuando se oculta en las largas tardes de estío
iluminados los campos con sus colores de arrebol.
Ya regresa de nuevo y en su, pico un caracol engarzado,
míralo que gracioso y orgulloso el gorrión,
que asomado a las tejas rojas de mi tejado,
entona altanero y henchido su pecho una canción.


"Y EN EL FONDO TE DIGO"
Fdo.: Alfonso J. Paredes
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL
Safe Creative/Copyright
15
sin comentarios 104 lecturas versolibre karma: 89

Señorial destino

¿Qué me reflejas
espejo de la vida
desde tus ojos líquidos?

Estoy mostrándote
tu devenir futuro,
señorial porvenir.


@SolitarioAmnte / viii-17
leer más   
14
4comentarios 99 lecturas versoclasico karma: 84

Unmei no akai ito (@rebktd y @AljndroPoetry)

A ti me une una leyenda
que de hace siglos se cuenta
que a los humanos alienta
pese a que no se comprenda.
No obstante obviarla pretenda
este tema me persigue,
y aunque el invierno me abrigue
aquí hace frío en tu ausencia,
quizás llegue a tu presencia
cuando este mito investigue.

Me encantó aquella leyenda
tan mágico lo que ostenta
que ambos destinos presenta
unidos en misma senda.
Y ante mis ojos desvenda
que contigo lo consigue
pues latente en mí prosigue
ese aroma a penitencia
de tener lejos tu esencia
y sentir que ella me sigue.


¿Es que un hilo carmesí
tenga esa magia quizás
que aunque al azar jugarás
siempre me llevará a ti?
¿Que te encontraré allá o aquí
en el tallo de una flor
o parecido al amor
o cual la tierna amistad?
Y que aunque haya tempestad
esto no pierda sabor.

Pues quizá que sea así
y conmigo tú estarás
y nada ya anhelarás
sintiendo que estoy ahí.
Pues será que percibí
intenso ya ese color
anudado a tu calor
¡que me grita que es verdad!
que no fue casualidad
y a la leyenda hace honor.



~~ Leyenda del hilo rojo del destino ~~


@rebktd & @AljndroPoetry / xi-17
leer más   
15
25comentarios 205 lecturas versoclasico karma: 101

Tiempo

Finos hilos de porcelana
tejen un enjambre en el tiempo,
en silencio, sssh,ssshh, calla
los gusanos van tejiendo.

Tejen los destinos de los hombres
tejen tu destino y el mío,
nos colapsan, siii, siiii, mientras dormimos
nos dejan o nos apartan del camino.

Vamos cojos y ciegos de muerte
hacia la hoguera de espinos
como en una parada militar
marchamos hacia el suicidio
algunos marchan con flores
otros, los más ciegos,
con el corazón en las manos
mueren con honores,
son canonizados,
no saben que Dios derrama su gloria
por igual a todos los condenados.

Otros, encuentran el camino
nacen con votos de tristeza
pero forjan su destino,
aman y sienten, sufren y mueren
quemados en la hoguera .
Con sonrisas en el alma
han vivido a su manera,
como fugitivos de la vida
del seguro destino,
yo soy fugitivo,
por eso sueño con palabras
por eso las escribo.

Camaleontoledo*
leer más   
20
9comentarios 144 lecturas versolibre karma: 97

Los pétalos rojos

Hace mucho tiempo
yo observaba desde la ventana de una habitación
como la lluvia aplastaba los pétalos rojos contra la tierra
y en ese instante único de la juventud que apenas pude alargar
supe que jamás olvidaría esa escena,
que apenas recordaría nada de aquellos días,
ni mis no amigos,
ni mis aficiones o intereses , ni mis temores,
compañeros, ni escritores, ni bandas de rock
ni películas de amor, ni enemigos empapados en una cultura bukowskiana...
sólo los pétalos rojos y el diluvio,
me acuerdo del día y de la lluvia
me acuerdo de la hora exacta y de los pétalos rojos
y que nunca en los años que continuaron comparé con alguna otra.

Canet
leer más   
13
1comentarios 69 lecturas versolibre karma: 89

Un ramo de rosas

Te regalo el aroma de su estambre,
te regalo su hermosura y su ornato,
el perfume que seduce al olfato,
su belleza que al verlas da un calambre.

No sufras, el jardín tiene un enjambre,
tantas que las ofrezco sin recato,
por más que te parezca no sensato
el riesgo de saltar la red de alambre.

Yo guardo las espinas dolorosas,
esas que se esconden entre sus hojas,
donde solo descansan mariposas.

Bellas y espinosas ¡Qué paradojas!
Con sus suaves pétalos, tan sedosas,
mi ofrenda es un ramo de rosas rojas.
21
3comentarios 118 lecturas versoclasico karma: 81

Negarte a ti la suerte

Me niego a creer en la casualidad contigo
Me niego a creer que no tenemos un destino

Que tu sitio está conmigo

Me niego a ser yo la que diga que ya no puede

Porque joder...
Por ti...
Por ti siempre

Porque joder

Contigo

No existe la suerte.
leer más   
2
sin comentarios 21 lecturas versolibre karma: 29

Se Ama antes de Coincidir

Y seremos un anhelo
seremos sólo un sueño
hasta que seamos destino.
Y es que se ama
antes de haberse conocido.
Y es que se ama
aún antes de coincidir.

MMM
Malu Mora
leer más   
17
5comentarios 114 lecturas prosapoetica karma: 96

Me sobrevivo parpadeando mi destino

Me sobrevivo parpadeando mi destino.
Separando el dolor de mis lágrimas saladas.
Caminando a pasos no tan firmes por un bosque oscuro y húmedo.
Soportando las caricias de la lluvia fría.

Con las manos atadas al pasado a tal grado de no poder detener la caída.

Aguantando los golpes duros de la vida.

Salpicado momentos de desdicha.
Apretando los dientes tan fuerte que no se distingue el sigilo de la ruina.


Me sobrevivo parpadeando mi destino.
Con la vista fija en la salida de un futuro lleno de esperanza.

A pesar de las nubes cargadas de desdichas.

Se que pronto lloverá sin la rabia infinita.

Me sobrevivo parpadeando mi destino.

Porque no existe el destino marcado.
Todo se construye en el momento.
Con las decisiones que te llevan al sufrimiento o a la dicha.

Poesía
Miguel Adame Vazquez.
11/10/2014.
16
2comentarios 227 lecturas versolibre karma: 61

A Federico García Lorca

¿Destino maldito o asilo confortable?
¿mar infinito con paisaje marino
o inocente tierra deshilachada
a punta de fusiles?

Qué es lo que ocultan
las promesas banales
bajo el yermo más triste
-nos preguntamos-.

¿Recorremos cientos de
túneles fúnebres sin
un remanso de colibrís
o anidan en el magro busto
algunos de los viejos sueños?

¿Recubres con miel tu
pasado mientras gime a tientas
o se abalanza la sospecha
sobre el pecado exento de osadía?

¿Qué es lo que nos acontece? -pregunta
el niño que se nutre del silencio.

Siento confesar
la ajena inoperancia,
pero si escribo,
es por hacer del hombre
un ser humano.

Porque para que exista
la ciudad de las luces
sin hornos de ladrillo:
deberíamos de comprar
más libros que esclavos.

Y cómo nombrar
la culpa de las visiones
sin que suene a cárcel.
Cómo nombrar al tigre vivo,
sin que suene a muerte.
7
1comentarios 46 lecturas versoclasico karma: 66

El vencedor

Quisiera ser mujeriego
como mi padre, el muy bastardo,
y vivir, de conquista en conquista,
las cuatrocientas noches
con cuatrocientos cuerpos
que decía Jaime Gil de Biedma.
Pero el amor no me deja.
A la tercera va la vencida.
Y me detengo.
15
2comentarios 79 lecturas versolibre karma: 108

Besos de frutos rojos

De frutos rojos, que emergen de la crisálida boreal en la primavera del tiempo; eran sus labios.

Carnosos puertos para un navegante aventurero; que cruza la inmensidad de los siete orogénicos mares, por vez primera.

Puertas color sangre, de una tierra virgen, de frutos de luna miel; escondida de la especie humana, desde el big bang de los tiempos.

Oasis del árido desierto florido de la juventud; que dura la eternidad efímera, del parpadeo de un dios griego.
Deidad que recibe en copa de oro bruñido (en las entrañas de los universos primogénitos), el elixir que mana de frutos rojos; cosechados en el Edén original. No el Edén del hombre; el de los dioses niños, que jugaron a moldear un universo de paradojas de espacio tiempo, en donde sembrar la criatura máxima; el hombre alado, que perdió sus alas al roce abrasador, de la entrada a la atmósfera, del Edén segundo.

De frutos rojos era sus besos; los de la mujer primera, de la joven primavera, de la joven oasis del desierto, de la joven Edén.

De la joven, que es la niña de los ojos, del dios griego. Que la piensa y la crea; al imaginarla en las entrañas, de una madre preñada, del fruto de un primer amor; el de sus primaveras otoñales. Deidad imaginaria que la concibe, mientras bebe un sorbo más, del elixir de frutos rojos del Edén original.

Y la niña de los ojos del dios griego, en un Apolo de carne y hueso posa sus ojos, posa sus sueños y posa sus besos; sus besos de frutos rojos.
En el Apolo que es más hueso que carne; el que perdió sus alas en el infierno abrasador, en su caída de un cielo imaginario, hacia la atmósfera del Edén segundo.

Y la joven es feliz con su Apolo; y él es feliz con la joven y con sus besos de frutos rojos.

@SolitarioAmnte
iii-17
leer más   
9
6comentarios 95 lecturas relato karma: 49

Jugando

Seguramente estemos yendo en direcciones distintas,
esta noche
de Luna a medias
aunque tú no lo sepas.

Aún así, confío en que si tu eres para mí
sin yo saber que soy para ti,
un día a mediados de mes
nos dé por descubrirnos curiosos,
(casi) sin querer,
en cualquier sitio que no sea en nuestros miedos.
leer más   
10
2comentarios 53 lecturas versolibre karma: 79

Quizás, te diga adiós

Y te esfuerzas por escribir
en las páginas del destino,
─que parecen en blanco─
con una pluma necia
que dibuja versos rimbombantes
que para ti dicen todo lo que sientes;
y para algunos dicen algo,
y para muchos es como oir llover,
y para ella no dicen nada.
Y con esa tu terquedad,
aras en el mar,
haces castillos en el aire,
persigues el conejo de Alicia,
y hasta combates molinos de viento
que nunca fueron tus enemigos.

Con el tiempo notas
que todo lo que escribes
en esas páginas se evapora
y emergen las verdaderas palabras
que estaban escritas para ti,
como con tinta invisible.
Y quizás ese adiós
que ahora emerge
es y era inevitable,
inquebrantable e irreparable.
Y notas que está escrito
con la misma caligrafía del adiós
que hace tiempo,
pero hace tanto tiempo, nos dijimos;
un adiós sin lágrimas,
pues las primaveras
aún no habían
roto todas sus promesas,
y los soles de multitud de veranos
aún estaban por nacer,
para luego morir, como siempre.

─No es nada personal ─me dices.
─Se nos fue la vida deshojando margaritas ─reflexionas.
─Es destino ─concluyes.


@SolitarioAmnte / viii-17
17
19comentarios 133 lecturas versolibre karma: 88

Lo llamé destino

Era el lugar perfecto,
y es que yo no quiero París.
Usted tiene el destino perfecto
donde me gusta vivir,
donde siempre vuelvo,
donde las coordenadas pierden sentido.
Me gusta llegar ahí, a ese sol en una mañana,
que jamás creí que llegaría.
Ese destino indudable de creer y tal vez perder viviendo, pero decidido a morir creyendo en el todo, con la valentía de decidir cuándo, cómo y por qué sin escuchar al para qué.
Ese lugar palpable que no se comparte con nadie, donde se pierde la frontera y que requiere valor, porque sabes que te vas a quedar en el para siempre.
Y puede parecer un sueño todo lo que digo, o mas bien letras sueltas
Y....
Sí, yo también soñé con vaciar el alma y llevarme toda la arena de su playa y habitarle el corazón arrasado.
Y cierto; sigo queriendo y ansiando quedarme a vivir en ese lunar de su espalda, al que llame destino.
leer más   
8
1comentarios 86 lecturas versolibre karma: 26

Yo elijo mi destino

He sentido el infortunio de una guadaña.
Una fina hoja sobre un camino recién tejido.
Apenas unos pasos y esa voz que me regaña.
Intentando desviarme de un futuro ya elegido.

Siempre he sido firme en lo que hago.
Y hasta aquí mis piernas me han llevado.
Por voluntad de nadie ni nada yo deshago.
Aquello que convencido en mi vida he alcanzado.

Empeñada ha conseguido frenar mi travesía.
Y con cierto alarde me amenaza con peajes.
Soñando con apagar mis letras y la poesía.
Que me sirven ya como abrigo y mi ropaje.

"Solo sé que no se nada" de un sabio yo aprendí.
Y con esa premisa la miro a los ojos y le digo.
Que no me asusta con todo eso que le oí.
La apartaré sin más o tendrá que venirse conmigo.

Es mi vida y con mis pies dibujo el mapa.
De todo aquello a lo que llamamos destino.
Será al final y al terminar todo esto que me atrapa.
Quien ponga precio a todo lo caminado y lo que vino.
leer más   
8
4comentarios 97 lecturas versoclasico karma: 48

Mi libro

Mi libro quedó abandonado
mi libro quedó ya dormido
después que tú lo tocases
con las manos del destino,
y se quebró mi esperanza
y se rompió mi delirio,
con sus letras escondidas
entre frases sin sentido,
aquellas que ya se perdieron
aquellas que nunca leímos,
palabras con sangre tejidas
con la tinta del olvido.
leer más   
20
7comentarios 173 lecturas versoclasico karma: 83

Tras el umbral

Mirada perdida
vacía
sombría
soledad forjada
tras huellas quebradas
en la lejanía
guiando sus pasos
unos pies descalzos
en grietas abiertas
supuran ;
alerta !

Al anochecer
en frío cartón;
no hay lazos
ni flores
ni notas de amor
sus huesos quebrados
no obtienen descanso
es el duro asfalto
mojado en su llanto.

Vergüenza vestida
amanece el día
disfraz de vaquero ;
no hay látigo
ni cuernos
ni montura de cuero
tan solo un sombrero
que yace en el suelo
hay tripas vacías
gimiendo por dentro
y piden consuelo.

Y así día tras día
un espíritu más
qué pocos verán
y muchos, ignorarán
encarcelado trad el umbral
por el qué quizá ya nunca
volverá a pasar...


@rebktd
leer más   
8
sin comentarios 35 lecturas versolibre karma: 67

Bruja de bosque

Una lluvia de bendiciones con deseos almendrados causando una sonrisa en almíbar.

Mi cabellera de hojarasca ahora se encuentra confitada y revolotea ansiosa como medusa en el agua.

Los arándanos provocan el arrebol en mis mejillas, me perfumo de azahares, y me visto de jade con notas de alegría.

Una poción de hierbabuena, romero y albahaca difumina mis pesares.

Mi coleóptero corazón se nutre del néctar que bebo por las noches, fruto de la esperanza y recolectado por pequeños seres de luz.

Pizcas de canela caen sobre mis tardes de quimera.
La sombra negra siempre nocturna es cercada por un ejército de luciérnagas.

A lo lejos una voz de amaranto me recita poemas.
Yo le respondo con cuentos hasta que nace la noche…
Incorpóreos noctámbulos danzamos con fulgor.
Vibramos jadeantes en éxtasis crispando nuestro ser.
La magia indómita de mía-tuya esencia disfruta anidarse y dormirse en nuestra alma.

Mis manos buscan presurosas encender el incienso de los rituales y preservar el límpido secreto.
Mis pies se posan sobre la hierba fresca listos para iniciar un anhelante sendero.

Envuelta en un capullo hilo mis sueños
mientras el ébano de mis ojos titila lustroso agradeciendo la exaltación de mis emociones,
el palpitar fogoso de mi salvaje espíritu,
que se aviva al alba,
y se enjuaga con el rocío…

(Junio 2015)

Imagen de la artista Tamara Adams
leer más   
7
6comentarios 49 lecturas versolibre karma: 78
« anterior1234533