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La venda

Te lo dije de todas las formas posibles que conozco.
Te lo dijeron mis palabras.
Te lo dijeron mis gestos.
Te lo dijeron mis detalles.
Te lo dijeron mis miradas...
Pero no supiste verlo o tal vez te gusta eso de no ver y echarle la culpa a la venda.
Mi cuerpo y mi mente tienen un límite,
y he pasado demasiado tiempo caminando sobre las cuerdas.
No quiero caer,
prefiero bajarme y poner los pies en el suelo para subirme al próximo tren.
Crucé la calle con el semáforo en verde
y se puso en rojo justo detrás de mí.
No sé qué habría hecho si en vez de encontrarme con cientos de rostros desconocidos,
en los que imaginaba el tuyo,
hubieras aparecido realmente tú.
Juro que en ese instante escuché un “crac”
y ambas sabemos qué fue lo que se rompió.
No sabes cuánto duele abrir los ojos,
pero ojalá algún día lo hagas.
Porque duele descubrir que eras la única parte que apostaba a full por la historia,
pero tal vez duela más,
no darse cuenta de ello...
O darse cuenta cuando ya es demasiado tarde.
Hay trenes que solo pasan una vez,
y yo no voy a subir de nuevo al caos
que tienes tú por vida,
ya la vida en general,
es suficiente caótica.
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Día gris

Hoy es un día gris,
ese día en el que sólo tu mirada
sería capaz de pintarme el cielo
con un arcoíris.
Esa mirada tuya,
con la que me mirabas a veces
y que decía mucho más que las palabras.
Ese brillo de enamorada,
de eres todo para mí...
Y no estás aquí,
me despierto en una cama
que tantas veces fue nuestra,
y a mi lado solo está el frío
de un adiós temprano e inesperado.
Abro los ojos deseando estar dormida
pero no lo estoy,
y tu cuerpo tampoco...
Voy al cajón de la mesita de noche,
cojo una tirita y visto con ella el corazón,
deseando que así la grieta duela menos,
pero solo tus besos
tendrían ese poder curativo que necesita.
Hoy es un día gris,
pero sé que mañana
o pasado,
me despertará la luz del sol
y podré salir a bailar bajo ese cielo azul.
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3comentarios 32 lecturas prosapoetica karma: 71

El otro hombre

Por muchas veces que yo vuelva

-y siempre volvía y lo intentaba
creyendo ser
el mismo hombre-,


ya nunca serás
aquella
que mis recuerdos aman,

la que abrió mi corazón,

un nuevo día
en la ciudad de los errores,

y la puerta
de la que creí
mi casa.
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Las Alas Rotas

Al final, tú y yo atravesamos
el sendero equivocado,
sólo nos quedan
las alas rotas
de un corazón disecado.

Se apagaron los abrazos,
se ahogaron las caricias,
se marchitaron las miradas,
naufragaron los besos
y no tenemos puerto
donde anudar el deseo
en la madrugada.

La vida salta al vacío
desde la séptima herida.
Ceniza se llama el color
que destiñe el porvenir.

Los latidos cruzaron
el olvido con el semáforo
en rojo,
mientras un mar de lágrimas
escuece en nuestros ojos.
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Decirte adiós es el mayor de todos mis miedos

En tu ausencia

-y yo
no lo sabía-,

si todos mis sentidos hablasen

seguro
que gritarían.
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Acróstico Esencia

Ellas forman parte de mi ser,
surcan mi mapamundi,
embellecen mi corazón.
Nenúfares que adornan mi figura,
cráteres demostrando las huellas del amor,
impávidos testigos de luchas, rupturas y pesares;
ancianas, jóvenes, niñas y maduras.

Las hay de todos los tipos, tamaños, formas y circunstancias.
Son parte de mi esencia.

Estas marcas son reales,
salieron de los enfrentamientos,
envejecerán conmigo,
nacieron en diferentes años,
cantan diversas melodías,
irradian la belleza de la vida y
atestiguan que soy humano.
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2comentarios 37 lecturas versolibre karma: 59

Ruptura del alma poeta

Hoy ha muerto mi corazón.
Supongo que era inevitable que,
de un momento a otro, la fractura llegara
y explotara en mil pedazos inexpugnables
para el alma del ser humano.
Tuve frío, no te lo niego;
estuve a punto de morir por ti
y de darte hasta la última gota de mis venas
con tal de mantenerme con vida.

Pero me niego.
Me niego a seguir palideciendo cada vez
que tus miradas se apartan; una tras otra
sabiendo que jamás se encontrarán en esta vida.
Me niego a seguir derrochando mi tiempo,
mi alma y mis fuerzas en la eternizante lucha
entre el querer y el poder.

Así que déjame: necesito quedarme aletargado
al menos hasta el resto de mi vida.
No intentes despertarme de nuevo,
ni tan siquiera hablarme entre sueños.
Todas las poesías, toda la belleza
muere hoy, con mi corazón
en la avenida del silencio.
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Caminando en círculos

Hay algo que me impide perdonarte,
y no soy yo, que aún te ama y quiere
empezar de nuevo.

Puede que sea la violenta certidumbre
de que contigo o sin ti
ya sólo espera la tristeza. Porque ha llegado
la primavera vestida de largo deshielo
y nuestros días de luz
estallaron en el olvido.

Hay algo que me impide perdonarte,
y nos está volviendo locos,

mientras Quique González nos canta la historia
de esa pareja que avanza
caminando en círculos, como fieras
afilando los colmillos.

Hay algo que me impide perdonarte.

Y es el tiempo,
que por una vez en su vida
lo daña todo.
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4comentarios 91 lecturas versolibre karma: 73

Sólo aire entre los dos

Sus piernas, tus deseos, las promesas...

Ya veréis qué rápido pasa el tren
y se acerca la fría memoria,
a soplarte al oído,
que hace ya tiempo
que ella te olvida.

Sus piernas, tus deseos, las promesas...

Lo que tenga que ser, será.
Y lo que no, también.

Todos hemos aprendido
a vivir
con lo que no es.
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11comentarios 163 lecturas versolibre karma: 81

Siempre decimos adiós

El tiempo
que estuve contigo
puede ser algo que, perfectamente,
sólo he soñado despierto.

Igual que el solitario
regresa siempre a viejas canciones
cuántas veces he oído
esta lluvia
que empieza a caer.

Sí, el verano,
el suave y cálido verano
casi ha muerto
a nuestros pies,

y nos ha dejado su enigma,
como en un sueño.
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15comentarios 212 lecturas versolibre karma: 94

La hermana de la alegría

La alegría era una niña de coletas pequeñas y dientes grandes.

Le gustaba saltar sobre las personas y cantarles muy fuerte para que estas no perdieran la costumbre de hacerlo solas.

Saltaba, saltaba y saltaba aún sabiendo que se caería.
Cantaba, cantaba y cantaba aún creyendo de que la oirían.

Le gustaba asomarse a cada pena, a cada ruptura, a cada pregunta sin respuesta. Repartía motivos para reír sin saber porqué lo hacía.

Esa era la alegría.

Hasta que nació su hermana tristeza. Era una niña de ojos grandes y boca pequeña.

Le gustaba empujar a su hermana cuando esta saltaba sobre las personas, la hacía desafinar.

Molestaba, molestaba y molestaba aún sabiendo que jodía.
Lloraba, lloraba y lloraba a pesar que no dolía.

Le gustaba encaprichar una herida, redundar una incoherencia, hablar con la muerte. Ser puro dolor.

Esa era la tristeza.

A veces se abrazaban, a veces se entendían.

Saltaban, saltaban y saltaban aún sabiendo que caerían.
Lloraban, lloraban y lloraban a pesar que no dolían.
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2comentarios 67 lecturas prosapoetica karma: 78

Nosotros

Creo en la posibilidad de lo imposible,
en la rapidez del tiempo entre tus besos,
y en la torpeza de mis manos
ante tu piel erizada.

Creo en esa sonrisa con aire nervioso,
en esos ojos que anuncian ganas,
y en una tarde entre confesiones
con olor a café.

Creo en la ruptura de la distancia
sin más arma que las palabras,
en tu pelo al viento
fotografiado en mi memoria,
y en abrazos como arma arrojadiza
contra los días largos.

Creo en los susurros a medianoche
que gritan en silencio mil "te quieros",
en las dudas resueltas por tus labios,
y en tu aroma impregnando en mi almohada
cada mañana.

Creo en nuestra historia
por encima del tiempo y de las prisas.
Creo en tí,
en nosotros,
y en la sensación de paz que supone
llamar "hogar" a estas 4 paredes.

Sólo prométeme que seguirás mirándome así,
aún cuando no lo merezca,
y harás de cada uno de mis días
una razón más
para seguir creyendo.
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Tears in rain

Todo lo que tengo de ti está arrancado,
sin vida.

Todo lo tuyo que me queda es macabro
como un miembro amputado contrayéndose,
o flores cortadas, arrancadas.
Es como el cuerpo antes vivo
ahora convertido en cadáver.
El cuerpo querido que sigue siendo, existiendo
grotescamente inmóvil,
horriblemente ciego para siempre,
insensible a mi llanto y mi llamada.
Tu frialdad no da lugar a dudas;
ni un soplo de vida sale de tu boca,
tu boca amada.

Ya no eres tú,
ya eres diferente.
Ya no eres la persona que me amaba
y ya no sé qué hago yo amándote.
Pensar en lo vivido tan reciente
es tocar tu rostro lívido.
Pensar en el calor de tu mirada
es mirar los ojos glaucos de la muerte.
Ya no estás, ya no habitas
el cuerpo que aún veo en nuevas fotos,
que era mío y parece ya mirarme con distancia,
soberbia ante mi pena y mi amargura.

Estás espléndida, eso sí, como si nunca hubieras muerto.
Querías libertad: ya la tienes,
gracias a mis estúpidos errores.
Ahora ya serás de otro,
o de uno detrás de otro.
No puedo negar los celos, la impotencia
de saber que otros tienen lo que yo más quise.
Debe ser por eso que tu suave y tibia piel
ya no me recuerda.
Otro contacto borra mi recuerdo
en tus muslos suaves y calientes,
tus pechos de fuego tierno,
el manantial de vida de tu boca.

Yo cuidé tu rosal lo mejor que pude.
Te lo di vivo cuando me lo reclamaste.
No habrá otro que lo cuide tanto como yo.

No es la primera vez que me cierran una puerta
que intento abrir en vano,
que empapo con llanto.
No es la primera vez que me dicen fríamente
“Adiós, Eduardo”,
pero me duele más que nunca.
Me duele porque me han robado el mes de abril,
porque se ha despedido de mí la primavera.

De nuestra torre blanca sólo queda polvo.
Besos y caricias y un imperio
de momentos felices ya se borran
con las olas del olvido.
Un océano de olvido
y espuma de olas de tristeza
de un mundo estúpido y absurdo.

Se acaba mi tiempo.
Vuela una paloma blanca.
Todos estos momentos se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia.
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Por los siglos de los siglos paternidad equivocada

Padre ¿por qué me has abandonado? preguntó el hijo herido, preguntó el hijo dolido, preguntó el hijo agonizante. Si quizás el hijo hubiese vivido un poco más el padre le hubiese contestado; en este caso y en muchos casos no hubo ni habrá respuesta pues ya los hijos han muerto. Han muerto porque han decidido morir, han muerto porque se han suicidado, han muerto porque los han asesinado. Se vive en un mundo sin padre y quienes quieren serlo son juzgados, se vive en un mundo que no respeta a la autoridad pues ésta está sólo en los momentos más convenientes, se vive en un mundo que no conoce el llanto, que no conoce el abrazo pues nunca se le ha enseñado, siempre se la ha vetado, en ese mundo lleno de fracturas, lleno de ausencia, lleno de insatisfacción, lleno de inconformidad, lleno de ejemplo inasistente, lleno de juicio injusto, lleno de pérdida, lleno de luto, lleno de mentiras por justificar, lleno de mentiras blancas que buscan impresionar o al menos que no se indague más, lleno de inocencia incomprendida, lleno de hipocresía. Al final de todas esa inquietudes anexadas a la primera, histórica además y con un legado ancestral, muchos se preguntan "¿nos rescatarán algún día?"

Resucitar ¿para qué? si ellos están vivos, matarlos ¿con cuál fin? si el mundo debe verlos y señalarlos, denunciarlos, ¿cómo? si los entes pertinentes no te prestan atención y violan tu derecho a la defensa y justicia aunque te vean golpeado, reconciliación, ¿cómo? si ya han pasado a otro plano, si llamaran no se les contestaría, si se les hablara no entenderían la lengua pues ésta ya ha evolucionado, si los buscarán no los encontrarían, aunque siempre los vean, el paradero sigue siendo desconocido, seguirá sin haber forma de conseguirse sin contactarse. Tal vez a partir de todas esas propuestas refutadas se adopten actitudes de intransigencia, sucede que si el algún momento se quiso resucitar ahora la negación es rotunda.

No se quiere que se hagan leyenda o religión por profesar a costa del sacrificio, no se quiere que se viole el derecho de autor dejando que otros publiquen lo que se dijo, no se quiere que el sudario se exponga por miles de euros que beneficiaran a otro; tal vez por esto se sigue encerrados y enterrados si dependiera de ellos su tumba sería tapiada no sólo con una piedra enorme sino también con un monte Sinai, sin cumplir el cuarto ni ninguno de los mandamientos, las madres serian advocaciones marianas víctimas de diferentes falsos ángeles que las engañaron diciendo que tendrían bendiciones "bendito sea el fruto de tu vientre".

Padre nuestro "santificado sea tu nombre" al llevarlo de primero y hacerlo perdurar por años, las madres si los venderán pero no los venderan en un entorno de decadencia, pobreza, escasez y angustia, los venderán en un entorno de progreso, riqueza, abundancia y bienestar. Al paso del tiempo han aprendido cómo usar herramientas, como cambiar cerraduras y grifos, a medir el aceite del auto, a diferenciar el de caja y el de motor, a manejarlo y a lavarlo, a pintar las casas y a echar mezcla para frisos nuevos después de desatornillar para nuevas mudanzas.
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Sin sutilezas termina lo nuestro (poema de @Pequenho_Ze & @SolitarioAmnte)

Rotas todas las promesas
sin corazón en el pecho
fracturamos hoy lo nuestro.
Ya no importa si me besas
y si aceptas como un hecho
éste final tan siniestro.

Las almas ya no están presas
y su libertad hoy fecho.
Me hirió tu corazón diestro
con sus maldades confesas
y quedó un amor deshecho.
Ya ni mis ojos te muestro.


Ya no esperamos sorpresas.
¿Y qué si al olvido hoy te echo?
¿Y qué si amor no demuestro?
Si del miedo somos presas
fieras te dejan maltrecho.
El corazón hoy adiestro.

Son absurdas tus revesas,
el amor yace en el lecho;
pues siempre fuiste maestro
en dejar las almas lesas.
Tengo el corazón estrecho,
me destrozaste hasta el estro.


No estoy para sutilezas
mas no quise herir tu pecho.
Nunca lo hice manifiesto
mas fueron más mis torpezas
que mal actuar al acecho.
Todo el sentir no demuestro.

Pues para ti tus rarezas
y ese tu hiriente despecho,
que tu sentir ya no es nuestro.
No doy más delicadezas:
mi corazón no es tu techo.
Y aquí termina lo nuestro.



@Pequenho_Ze & @SolitarioAmnte
vii-17
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Silencios de sal

"Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal" ~ Jaime Sabines


Llueven las notas
de un silencio
que entre dientes
murmura tu nombre.
Suave murmullo
de acordes
en cuerdas
que reverberan
el dulce recuerdo
de tu fragancia.

Y al retumbar
de un tambor
que fuerte golpea
éste mi corazón,
gotas de sangre
con sabor de tu piel
se bombean a chorro
en mi torrente sanguíneo
a presión estridente.

Y en la sal
de este mar
de remembranzas,
un grito te grita:
¡Sal y ven a verme!
Y sales con tus ojos
de ceguera de sal
que ya no quieren ni olerme.

Me dejas a pies descalzos,
y el suelo mojado
es un campo minado
por un sinnúmero
de trozos puntiagudos
que formaban
tu hermoso corazón de cristal.
Mis manos se ajan,
se rajan
y se quiebran
cuando intento
─sin éxito─
pegar los cristales rotos.

Y en tu vientre vacío
reposa la bola de cristal
que adivina
todos tus pretéritos futuros;
donde apareces tú y estoy yo,
pero ya no se vislumbra jamás...
un nosotros.


@SolitarioAmnte / vii-17
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Soneto en silencio

En tu gélido silencio fenezco,
en la ausencia de tus tibias palabras,
carencia de tus caricias macabras.
En el silencio también desfallezco.

¡Qué un amor como el tuyo no merezco!
Lo dices y se encabritan las cabras,
y con tu silencio me descalabras.
Un minuto de silencio te ofrezco.

Déjame morir en mudo silencio,
qué ya contigo ni loco me mudo,
ya no me mudo ni la vieja ropa.

La muerte de las palabras presencio,
se destildan con un teclazo rudo,
y mi barca no bufa viento en popa.


@SolitarioAmnte (vi-17)
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La fase del desconcierto

Aquella noche de julio no cesaba de dar vueltas en la cama pensando cómo desarrollar uno de los capítulos más complejos de mi novela.
Tengo una mesita desastrosa, decorada con multitud de libretas y útiles de escritura en general, os aseguro que jamás saldría en una revista de decoración.
El tema es que no había forma desconectar del capítulo cuarenta y uno. Lo había reescrito de nueve formas diferentes, pero no veía factible el modo de perfilarlo y otorgarle la entidad pertinente. Encendí la luz en innumerables ocasiones para efectuar anotaciones que en mis divagaciones creía soberbias, pero que al transcribirlas perdían todo su atractivo.
Las cuatro de la mañana: sin dormir y sin poder resolver el capítulo cuarenta y uno. Auné fuerzas para dislocar toda la actividad creativa que me imposibilitaba conciliar el sueño, pero fue peor. El rostro de uno de los directivos de la empresa tomó el relevo a mis delirios nocturnos. Dos días antes mantuvimos una acalorada discusión en la sala de juntas ante el asombro de todos los compañeros. Aquel día no tuve el temple que prodigaba con él. A todos nos molestaban sus continuas impertinencias, pero siempre hacíamos caso omiso. Debí relativizar su discurso imperativo y prepotente, porque la reyerta me estaba pasando factura.
Cuando pude diluir la iracunda cara del directivo, capitaneó mi atolladero mental Borja. Manteníamos una relación informal desde hacía dos meses y medio, pero llevaba nueve días sin noticias de él. No habíamos quedado el último fin de semana y le echaba de menos.
No sabía cómo interpretar aquel socavón y empecé a pensar: <<¿Una ruptura?, ¡No se puede romper porque no es una relación seria! Pero se puede igualmente, porque hay o había una complicidad entre nosotros. En cualquier caso es una derrota porque quiero verle y él no manifiesta el mismo sentimiento. Éste se ha liado con otra que le gusta más, o se le ha complicado algún tema que vendría pegando coletazos de antes. A saber>>.
Decidí que le enviaría un mensaje a medio día, pero luego me arrepentí porque creí que estaba haciendo el ridículo. Cuando me conectaba al chat lo veía activo, pero rápidamente desaparecía. Cualquier actuación forzando la situación era un despropósito, porque estaba clara mi voluntad.
Odiaba llegar a aquel punto de inflexión en que la relación quedaba pendida en la nada. Para mí aquel estatus llevaba implícito altos grados de incertidumbre y desasosiego que no lograba neutralizar.
Cuando conocí a Borja llevaba cinco meses sin intimar con nadie. Sabía que con él me tocaría pasar por aquella tremebunda fase de desconciertos y desencuentros que tanto odiaba, pero me la jugué.
Ahora Borja se unía al compendio de infortunios nocturnos.
De tantas vueltas que di las sábanas se enrollaron en las piernas como plantas trepadoras. Me zafé de ellas con un pataleó en el que resultó lastimado el dedo pequeño al estallar contra la pared.
__ ¡Ay, Dios! Qué dolor en mi dedo, en las decisiones y en las desatenciones __exclamé masajeando la frente perlada de sudor.
Era una de aquellas noches en las que hubiera preferido estar en cualquier lugar excepto en mi cama. ¡Suerte que tenía cuatro días de fiesta!
De repente creí dar con la solución que bordaría mi capítulo.
Tanteé el interruptor de la lámpara con la fatalidad de derribar una botella de agua que no cerré, y para colmo de desgracias cayó sobre mi gato que dormía debajo en un capazo. El animal emitió un maullido que retumbó hasta en el último recodo de la ciudad.
Advertí que el arrastre hizo que también cayeran los cuadernos de notas y varios lápices. Todo empapado, y mi único aliado en la otra punta de la casa aterrado.
Después de organizar el caos ya no recordaba aquel desenlace talentoso que me llevó a encender la luz por última vez. En fin: una noche irresoluta e infructífera.
Boté de la cama, rocié el cuerpo con repelente para mosquitos y me fui a la terraza a contemplar la serenidad de la noche.
Me acomodé en una hamaca, encendí tres velas de citronella, y mirando el centelleante parpadeo de las llamas me dormí.
Soñé que sobre las cuerdas de tender la ropa caminaba el espíritu de un caballero que amaba. Su rostro aparecía desdibujado, pero su alma manifestaba un férreo nexo conmigo.
Me levanté de la hamaca y me planté ante las cuerdas, él me tendió la mano y me dijo que subiera. Yo le dije que no podía hacer eso porque estaba viva, pero después levanté un pie y observé con estupor que era liviana como él. En un instante estaba a su altura andando sobre las cuerdas de la ropa.
Me arropó en sus brazos y sentí que formaba parte de él. Era precisamente el abrazo de almas que llevaba cuarenta años buscando, pero en la tierra. A su lado no soportaba el peso de mis problemas…
Fuimos ascendiendo unidos hasta el cielo, atravesamos las nubes en distintos tonos azules. Tenía frío, pero deseaba permanecer allí.
Me despertaron los primeros rayos de sol, aún sentía el sosiego de su alma en mi ser, su aura estaba impregnada en mí, la sensación era sumamente reconfortante y placentera. Y entonces pensé: <<¿Existirá este caballero en la tierra? Porque seguro que a su lado no paso por la fase terrorífica del desconcierto>>.


Marisa Béjar.

Pintura de Edvar Munch.
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Aire

Conmigo recitabas aire,
te fuiste…
y ahora sólo respiras.

Marisa Sánchez
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La mejor tarea

Miró a su alrededor. No podía contar exactamente cuántos aspirantes había allí con él, pero sin duda alguna eran más de cuatrocientos. Todos cabizbajos, mirando atentamente el papel que tenían frente a sí. Algunos, los más diligentes, ya habían comenzado a escribir. Otros, sin embargo, aún trataban de dar forma en su mente a lo que contestarían. Enseguida entendió que aquello era un absurdo. Y no sólo porque era sumamente difícil competir con tantas personas para tan sólo una plaza de barrendero, sino también porque aquel papel contenía un solo apartado que rezaba “Defínase con sus propias palabras”. ¿Cómo podría él dedicarse a limpiar las calles si no había sido capaz aún de limpiar los miedos y las angustias de sus últimos tropiezos sentimentales?

Se levantó, dejó el papel sobre la mesa y salió de la sala. A su espalda, oyó una voz que le decía: “Oiga, caballero, no puede abandonar la sala hasta que no lo diga el presidente del tribunal. Regrese a su sitio. Oiga... oiga…” No hizo caso. Allí no se le había perdido nada y fuera había algo que sí debía encontrar: a sí mismo.
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