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Noche de sexo salvaje

Sus pechos, hermosos y alegres eran prisioneros de una camisa de encaje, les di su merecida libertad. Usted sabe señora que quería una noche de sexo salvaje con el sonido de Mozart, con sus espasmos y gemidos, de acuerdo con la geometría amorosa, una de sus piernas en la parte superior de mi pierna y su brazo sobre mi pecho. Sólo quería leer poesía sobre su deseable espalda tatuada en el borde final del misterio. Pareado de curvas insinuantes, ruptura involuntaria en dos bellezas redondas, geometría que escapa a tu deseo, territorio acotado por mis sueños, punto de mira de mis madrugadas insomnes; se burlan de mí, por su ancestral y autárquica presencia. Ahora los dos estamos satisfechos, desnudos, configuración etérea de tu carne mía.
Añoranza de un momento compartido, suavidad sobre la que se desliza mi deseo, expandir mi universo (penúltimo grito entre sus pechos colombinos) . Mi mente transita entre ballenas perfumadas, paseando por el hilo de la muerte, viejos planetas rotos por paredes de la noche hacia el barco que esperas. Escorpiones alados revolotean; veo corredores donde grita una virgen, como gotas de plomo sobre una suave cama blanca, las ramas del árbol inmenso del placer compartido. Lianas enredadas en torno al sexo de los guardianes de la palabras susurrantes en el oído de la mujer amada, palabras, gritos, jadeos, nunca perdidos en espacios ajenos. Han pasado cinco respiros... mi pierna, tímida aún, pasa por entre las tuyas,
y llegamos a orillas de tu cama... otra... y otra vez más.

Che-Bazán.España.
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Ruptura Post mortem

….

Hoy, un día como tantos otros,
de sufrimiento y dolores,
tus fantasmas y mis demonios
han vuelto, sin honores,
a batallar como leones.

Basiliscos furiosos,
de sangre hervida y negruzca
que aimentan y despiertan
la ira contenida,
de unas vidas
pasadas y olvidadas.
Así, a dentelladas y con saña
han devorado como alimañas,
nuestras frágiles alas.

Hoy, como lo pudiera haber sido
el día más azulado y luminoso
en la mañana de un reencuentro,
esos monstruos incontenibles
han derrotado la esperanza eterna,
aplastado con su dedo sucio
el deseado anhelo de nuestra unión.

Por sus bocas groseras,
abiertas, babosas, hambrientas
han volado saetas de hielo y de fuego
que, precisas, se han clavado
en los corazones vulnerables,
al tuyo, helándole,
al mío, abrasándolo.

Hoy, como lo sería un día de amapolas
temblando al paso
de un nuevo amor,
han derribado
nuestras frágiles defensas.

Como locos ventrílocuos
hemos lanzado,
hurgando en secas heridas,
duras palabras
en aludes nivosos
sepultando para siempre
el fértil sembrado
de un futuro maravillosamente
mejor.

Ahora, la oscuridad del dolor diurno.

Después, el cegador insomnio
de mil y una noches en vela
soñando impotentes
que alcanzamos ingenuos
el último tren de los sueños.

Ahora, que todo terminó
al cabo de tantos años
de orgullo y pasión,
con los corazones sangrantes
lameremos de nuevo
como perros sin dueño
las insanas heridas
de nuestro invariable,
cíclico
y pertinaz
error.




@Inmalitia, Andrés García. © Agosto, 2018
Imagen: Mosaico con máscaras teatrales
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Las cosas de antes duraban más

Recuerdo que una tarde estábamos sentados mi abuelo y yo debajo de una parra.
Era una linda tarde primaveral, en la que soplaba una leve brisa, y el sol que tímidamente se iba escondiendo detrás de las nubes. El cielo presentaba un matiz de colores increíble, combinando tonos rojizos, anaranjados y amarillos, como si hubiesen sido colocados por el pincel del más hábil de los artistas.
El abuelo, como casi todos los domingos, estaba relatándome anécdotas e historias sobre su juventud. Era un hombre jovial, alegre, a quien en realidad el paso del tiempo no parecía haberle afectado mucho.
En cierto momento, se me ocurrió preguntarle cómo era que todavía seguía casado con mi abuela, cómo habían hecho para resistir el paso de tantos años con la llama de su amor aparentemente intacta, cosa que
–desafortunadamente- se ha perdido en estos días que corren.
El abuelo le dio un largo sorbo a su vaso de whisky sin hielo, suspiró por un momento, como pensando bien sus palabras antes de darme una respuesta. Finalmente, se acomodó en la silla y respondió:
- Querido, tu abuela y yo provenimos de una época un poco distinta a la de ustedes. Podríamos decir que la juventud de ahora vive en la época de lo descartable, del “use y tire”. La abuela y yo venimos de la época de los remiendos.
- ¿Cómo? - pregunté yo sin comprender sus palabras.
Él sonrió, y su sonrisa fue iluminada por los pocos rayos de sol que quedaban. Se me ocurrió que era el momento perfecto para tomarle una fotografía, pero descarté rápidamente la idea porque – como no podía ser de otra manera- el abuelo odiaba la tecnología actual, incluidas las fotografías.
- Yo vengo de una época donde todo duraba más – replicó -. La tela, los zapatos, las heladeras y las relaciones. Duraban mucho más porque nosotros conocíamos el verdadero valor de las cosas, y fuimos educados para cuidarlas. Si alguna cosa por algún motivo se rompía, simplemente buscábamos la forma de solucionarlo, de hacerlo funcionar y durar más.
- Pero abuelo, ¿y en al amor? ¿Cómo hacían para salvar una relación que parecía que ya no daba para más?- interrogué impaciente.
- Yo creo – contestó el abuelo- que la gran diferencia es que nosotros no teníamos internet, ni Whatsapp, ni Instagram ni Facebook, esos chupetes electrónicos que te alejan más de las personas reales. No teníamos mensajes de texto, ni seguidores o pseudo amigos. No existían los “me gusta” ni todas esas cosas raras que tienen ustedes hoy, cosas que dan lugar a celos y rupturas de parejas a causa de algo tan insignificante como un me gusta de un completo extraño. Además de eso, la juventud contemporánea no se complica demasiado, si no funciona con una persona, simplemente se buscan otra, como si las personas fueran un par de championes que no te sirven o no te gustan, y entonces los cambias; de ahí mi concepto de desechable: no se arriesgan a encontrar el verdadero amor.
Impactado ante las palabras del abuelo, no logré encontrar una respuesta que desafiara la lógica de lo que me había dicho, por lo que me quedé en silencio, el cual el abuelo aprovechó para continuar con su discurso del choque generacional.
- En mis tiempos, los únicos mensajes de texto que teníamos eran las cartas, las cuales escribíamos de nuestro propio puño y letra, muchas veces tachando con la misma lapicera y pasando los eternos borradores a un papel limpio. Hoy en día la juventud tiene acceso a ésta tecnología que no les permite pensar, porque es como una madre muy pendiente que hace todo por ellos. Simplemente entran en internet, buscan una frase cliché y repetitiva dicha por alguna persona alguna vez, y la envían en un mensaje de texto que le llega al receptor en 2 segundos. ¿Cómo pueden pretender que algo dure si no son originales, si carecen de imaginación? ¡Es increíble la verdad!- sentenció indignado.
Yo quedé pasmado por la repentina irritación del abuelo, pero una vez más pude apreciar la lógica, la sabiduría y sobre todo la verdad detrás de sus palabras. Se me antojó que el mundo estaba cada vez más loco y perdido y que, como bien dijo el abuelo, la tecnología nos aparta de las personas que más queremos.
-¿Te doy un consejo?- preguntó el abuelo sacándome de mis cavilaciones, de vuelta al mundo real.
-Si abuelo, por supuesto- repuse expectante.
- Amá -me respondió- amá y déjate amar. Demostra tu amor, hacele al mundo saber lo que sentís porque no existen los adivinos. Escribí cartas de amor, dedicá canciones bonitas, divertite y creá momentos y recuerdos imborrables. Y si te rompen el corazón, juntá los pedacitos y tené la valentía de seguir amando, porque eso es lo que hace al mundo girar: el amor. Los actos más nobles y locos del mundo se hacen en el nombre del amor, ¿y sabes qué mijo? Son los mejores del mundo. Quizá no lo entiendas ahora, pero cuando llegue el momento correcto, cuando llegue una persona que te haga sentir completo, que te haga bailar debajo de la lluvia, ahí, en ese mismo instante te vas a acordar de las palabras de este viejo.

No me salió ningún tipo de respuesta, así que simplemente guardé silencio y lo abracé.

Ha pasado el tiempo, y el abuelo tenía razón en dos cosas: en primer lugar, no entendí qué fue lo que quiso decir en ese momento.
La segunda es que, cuando llegó mi momento lo supe, y en efecto sí que me acordé de él.
Una vez más, como casi siempre, el consejo del abuelo había sido de gran ayuda.
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La vida no se vive de rodillas, sin sueños

Es preciso que te olvides de esa mirada lejana
que sangra el sudor de un recuerdo sin lágrimas
¿quieres curarte?
olvida ese monstruo desaparecido que aún da miedo.

Ruega ser un corazón sin daño
sin ruptura
sin labios falsos,
resultará más fácil que ahogar la cercanía en un abrazo falso.

Tenías todo el derecho de haber nacido fuerte,
así que ofrece amor,
verdadero amor,
no tengas temor de otorgar más de lo que puedo soportar.

El vacío no es un estado de ánimo
no eres nada, no es natural,
la guerra se combate con un poema sin odio
sin pétalos marchitos, sin viajes sin vuelta.

Así que decide a hablarme
aunque sea asuntos sin importancia
aunque sea la única manera de decir. te quiero,
la vida no se vive de rodillas, sin sueños.

El Mute.
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Sinsentidos

Alista tu vida entera,
no me serán suficientes las tardes del café,
si voy a comenzar a quererte que sea ahora mismo,
y que sea para siempre.

Ahora mismo y para toda la vida,
significa que no es para siempre,
significa que si te amo
sea sin condición por el tiempo
ni condición tuya ni mía.

Significa que el amor no se debe pensar
ni condicionar, porque el amor se da
como se dan los fríos en invierno
y los calores en verano.

No entres en discusiones
de si eso es falso o verdadero,
incluso si tiene sentido,
en cuestiones de amor nada tiene sentido.

No tiene sentido que unos maten por amor
y que otros, se suiciden por amor.

La única seguridad
que encuentro en este amor,
es que si escribo todos estos sinsentidos
a ti no te interesen en lo mínimo,
porque a estas alturas
si tú entiendes de amor, y yo entiendo de amor
lo que debe de estar sucediendo
es que nuestros labios estén uniéndose.

2371M47
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Amor

Amor
"Es algo que todos tienen, pero muy pocos sienten...
Amor
Hace rupturas que muy pocos cierran...
Amor
Es un dolor que no muchos sienten...
Amor
Es una maravilla que puede doler
Amor
¿Que se haría sin el?"
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Déjà vu

Conozco
la textura de esta sal,
en el sabor de la lágrima
que fluye siempre
como un rastro de lava
para adentro de la grieta.

Conozco
el timbre del grito
en lo profundo del silencio,
en lo singular de cada adiós
do se repiten reverberantes
oleadas de notas tristes.

Conozco
lo que parece ser el único camino,
hasta la saciedad, en el paroxismo del vacío
y el caos que destruye todo lo anhelado,
la soledad, las promesas rotas…
la desesperanza…

Bis,
se repite el sonido de un decir ¡basta!
suenan los ecos de un gong
en el silencio de un pasaje de piedra
donde todo es ya imaginario…
Déjà vu.
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Un señor llamado olvido

El olvido es aquel señor que rodea tu casa
y que junto a la tristeza
se sienta junto a tu mesa
y por tu vida se pasa.

El olvido es el culpable
de que las cosas importantes
se vuelvan insignificantes
y que el amor sea vulnerable.

El olvido es la ruptura
entre la razón y el sentir
es el dolor de vivir
en la miseria más dura.
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Tengo ganas de enamorarme

Tengo ganas de enamorarme.
De que mi sonrisa
se entrelace con la suya
y nuestros pensamientos
duerman abrazados.

Tengo ganas de enamorarme.
De beber del caleidoscopio
que son sus ojos,
de saciar mi sed en
el sonido de su voz.

Tengo ganas de enamorarme.
De perderme recorriendo
las curvas de su piel.
De encontrar los recovecos
en los rincones de su alma.

Tengo ganas de enamorarme.
De olvidar las rupturas
de un pasado oscuro,
de recordar como
se abre un corazón.
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10comentarios 121 lecturas versolibre karma: 95

Puerta hacia la ruptura

Tanto pensar, tanto estrés,
Tantas horas perdidas,
Tantas ganas de buscar nuevos delirios,
Ilusiones agonizadas,
Atracciones sexuales,
Razón en vez de instinto,
Naturaleza caída, penada,
Brotes de esperanza que se secan con el tiempo,
Odio eterno,
Discusiones afanosas, dudas y tristeza viva,
Rabia, insulto básico, elocuencia de necios,
Caminos vacíos, hojas muertas,
Ni veranos, ni primaveras,
Cenizas surcadas, barrotes desocupados,
Ventana cerrada, puerta hacia la ruptura.

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La desventaja de no tener té

Hoy desperté un poco más temprano que de costumbre, cuando del día domingo se trata. Eran las 6:50 hrs., la alarma de mi teléfono móvil sonó de manera estridente. Me espabilé sin sobresaltos, pues desde la noche anterior había trazado el plan para tener tiempo suficiente de atender todos los pendientes y tomar mi autobús de vuelta a casa.

Bajé las escaleras de la recámara y me dirigí a la sala. Tengo una ojeriza natural respecto a la limpieza y el desorden. Una manía, dirán algunos. Así que, como un autómata, me puse a escrutar que todo estuviera en orden, evitando así los retrasos en mi salida. Tomé la escoba, recorrí la casa y la poca bazofia que encontré -debo decirlo con orgullo- fue a dar al vertedero. Inspeccioné de manera general lo que a mi vista estaba y sintiéndome satisfecho, procedí a continuar con mi rutina mañanera.

Poseo también algunos otros vicios ocultos, uno de ellos es el café. No recuerdo en que momento comencé a hacerme asiduo consumidor, pero sé que, de beberlo con moderación, sin darme cuenta me empinaba la nada despreciable cantidad de 6 tazas por día. De haber existido una distinción como el cliente del mes, no tengo duda de que yo habría estado engalanando la pared de esa cafetería.

Como todo en la existencia, cualquier cosa, cuando se abusa de ella, puediera resultar dañina. Un antiguo jefe sentenciaba "en exceso, hasta la virtud es mala". Al final, mi inclinación por la cafeína me llevó al resultado esperado y derivó en ciertos problemas por la alta ingesta. Empecé a sentirme alterado y con periodos de taquicardia repentinos. Mis tiempos de sueño se vieron afectadas de manera dramática y había días en que podía descansar tan solo un par de horas.

En términos generales me considero una persona que goza del buen humor. Mis estadios de temperamento tienen su fuente en dos motivos que ubico a la perfección, siendo uno de ellos mi propensión por la cafeína. El remedio es simple y bastaría solo con limitarme en su consumición, incluso como una prescripción médica, o suplantarlo por té. Hacer una tregua con mi organismo me resulta, hasta cierto punto, sencillo.

El otro móvil se acentúa de una forma un poco más compleja porque no solo afecta mi anatomía, sino que traspasa las barreras de las manifestaciones físicas y se afinca en en el corazón, en mi alma. La combinación resulta entonces mucho más devastadora que mis excesos con la cafeína, y es que, ubicado en el extremo contrario de la plétora, se arraiga la carencia.

Echar de menos no es cosa fácil. No existe un paliativo específico para moderar la dolencia, puesto que cada uno de nosotros reacciona de manera distinta, si bien es cierto que no hay comparación entre enfrentar la pérdida permanente de un ser querido, a echar de menos por una separación o ruptura, la verdad es que conlleva un proceso de duelo, el cual debemos transitar para liberarnos de forma gradual de ese cúmulo de emociones. Por supuesto el camino puede resultar agreste. Echar de menos puede desencadenar una dolencia generalizada, desde los huesos, pasando por la psique e incluso demoliendo nuestro espíritu. Un malestar generalizado.

En resumidas cuentas, hay dos cosas que en este preciso momento le están causando estragos a mi vida: tu ausencia y el café. Conozco muy bien la manera de enmendarlo. Sé lo que podría hacer para solucionarlo, incluso a costa de mi propia complacencia. La vida nos pone a prueba de forma constante y nos recuerda que estamos hechos para superarnos, sin embargo, hoy desperté con mis dos grandes dolencias: te eché de menos y he tomado café con desmesura... De nuevo degusto a sorbos mi cuarta taza de café con pociones excesivas de tu carencia... Resulta, por así decirlo, sencillo engañar a mi organismo, pero la tarea es titánica cuando del corazón se trata... Me he puesto de pie para servirme otra poción de café y ausencia... Debería poder sustituir todo eso: el café por té, quizás, y tu ausencia con otro afecto. Auí estoy, sigues en mis pensamientos y sí, aún sin tener té...
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reduerdo un sueño

recuerdo un sueño
una compilación de promesas
soñaba con ser su dueño
soñaba con tener su amor

la realidad es dura
las mentiras son guadañas
marcan en mi alma una ruptura
en un simple grito "me engañas"

la felicidad hace que el tiempo corra
la tristeza hace mil las horas
por que en tu vida no me valoras
por que me dices que corra

tal vez no lo dices en persona
las vez estando conmigo lo ignoras
pero en mi alma ahora aflora
una agonia que mi corazón ignora

tal vez todo de ti me enamora
tal vez en mis sueños reina tu persona
pero vivir en sueños me traiciona
cuando la vida ya no me perdona

no me perdona dar mi tiempo
no me perdona dar mis sentimientos
solo sin tener resentimientos
mejor a la soledad dedico mi desvelo

estas palabras lleven dolor
el mismo que dante en su infierno venció
pero yo no soy el y me domina la traición
ella que en mi vida hoy reina... mi amor...
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Sangrado del alma

Es difícil creer
en todo lo que ha pasado
y todo lo que se ha perdido.

Yo,
fundida en un amor intenso y desahuciado,
ahogada en un mar bravío
de olas interminables,
caminando por senderos
escarpados secos y nevados,
sin encontrar la vertiente anhelada.

Este dolor que me mata
se hace notar en el cuerpo,
pero no es de la carne,
es más bien el corazón agujereado
por la daga de más filo.

El estómago vacío,
lleno solo de hambre,
pero de esa hambre de amor que mata.

La cabeza jaquecosa cuyos ojos iluminados
se cierran con puñales desgarradores y pulsantes.

Esto es más bien sangrado del alma.

El alma gotea sangre densa y pesada,
haciendo que el dolor crezca más y más.

Habría sido demasiada
la compasión del poderoso
si de una vez se hubiera partido en dos
y yo habría estado agradecida,
pero no, el castigo tiene que ser
de a poco y duradero.

Me quedé aquí sumergida
y lo único que quiero es ahogarme por fin,
hundirme en el océano inmenso
entre monstruosas criaturas submarinas y oscuridades
es mejor vida que respirar el aire viciado de muerte
que me llena hoy cada pulmón.

No saber si me amaste alguna vez o aún me amas
es el dolor más insoportable.
No reconocer a quien amé en todas tus palabras,
es una tortura elaborada, eficiente y eficaz
para desangrar mi alma.
No saber si hablabas con verdadero cariño
o fingido y sarcástico amor
es un a soga que me rodea el cuello
y cierra mi garganta impidiendo respirar.
Saber que murió tu deseo,
madura y exalta mi propio deseo
y me destroza en lo más íntimo de las entrañas.

Vuelvo a ser gris y oscura,
después de probar el color de tu alma,
ningún otro color parece real,
ningún otro color existe ni tiñe
como tú teñiste de ti mi alma.

Fue solo un tiempo,
de volver a ver luz y flores.
Tu luz se alejó
y hoy veo impotente y detenida
como va a alumbrar otro camino,
la pierdo en cada paso que das,
en cada sonrisa que ríes,
en cada palabra que emites.

El fuego que me quemó
me consumió los brazos y el pecho.
Y te perdí sin perderte,
sin jamás haberte tenido.
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Tatuaje básico

MEJOR hubiese sido
que lo dejáramos allí, amor, en el principio
de aquella fría noche, en aquella soledad
desigual a la de ahora, en la extranjería primera
de no estar junto a ti.

He perdido mi papel
en la luz y en la sombra de las calles,
y está la soledad, después de todo, tan ajena a mí
como yo estuve ajeno a ella.

Ahora sólo me queda
la cumplida ceniza de los años compartidos,
otra realidad, la esencia lenta de la ausencia
entrando a bocajarro por mi pecho reventado
de amor y de humo,
la huella, la luna y el átomo
irrompible del recuerdo, el mundo
que dejaste en mi frente
huidizo como un pájaro al que reclamó la mañana.

Ya no puedo recuperar
ni siquiera aquella sonrisa soñadora y solitaria,
porque está tu rostro en el mío, así
como el mío está en el tuyo,
detrás del de siempre, a fuego íntimo grabado.

Nunca ha estado más lejos
de la oportunidad de tenerte
esta constancia que tengo de ti. 

¿Qué voy a hacer ahora
con todo este sol, si está el tiempo recorriendo
la llamativa oscuridad
de las habitaciones vacías,
desconvocando
la costumbre de tus pasos y mi nombre?

¿Cómo decirle a los espejos
que ya no vendrás? ¿Cómo,
ahora que ya conocen el multiuniverso
de dos cuerpos abrazados, de dos alientos
con los que descreer mi muerte?

¿Cómo comprimir el encuentro con el mar
desde lo profundo hacia lo plano?

Mejor hubiera sido
que me dejaras allí, amor, en el principio
de aquella fría noche,
en la esperanza, en la inexperiencia,
de tener aún que encontrarte.

(Abel Santos.
de TODO DESCANSA EN LA SUPERFICIE,
Ediciones Vitruvio, 2013)
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El cuerpo lleva la cuenta

El cuerpo lleva la cuenta
juntando emociones para existir,
me niego a sufrir ante un baúl de recuerdos
nunca se aleja la guerra de mi porvenir.

Es un estante abandonado por tanto vivir
una esperanza marchita
por la ilusión venidera de poder seguir
sin las rupturas de tener que volver a partir.

Seguridad
no soy inmune ante una cascada rota
que se desconecta de la realidad
cada vez que vulnerable no recupera el control.

Callejón desierto de mentiras
que nos contamos a nosotros mismos,
realidad que duele por la ira de dejarte llevar
recordando el pasado para sobrevivir.

La vida es una emboscada de remordimientos
ellos te llevan la cuenta de todos tus momentos
coleccionamos dolores para sufrir
fingiendo que solo sabemos reír.

De vez en cuando acepto mi ruptura
sepultando las palabras oscuras
que me llevaron a tener que mentir
la memoria puede ser una puerta que no te lleve a nada.

Nunca sufras por tus recuerdos pasados
son momentos rotos y oxidados,
supéralos con la poesía que salva de las sombras
no son más que cuatro paredes que juegan a ser ladrillos sin memoria.

Debo seguir
sobreviviendo a las mil historias
que se arremolinan para morir
dejaré que el cuerpo olvide la cuenta para poder vivir.

Miguel Adame
21/04/2018.
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Farolas discretas (o no tanto)

Mordidas de labios, besos en el paladar, dedos enredados en el pelo, abrazos que no quieren dormir.

Canciones chisposas, letras que se olvidan y resurgen a pedazos con la embriaguez. Exaltación de amistad y...tres, dos, uno: "regurgitando copas y frutos sexos (quise decir secos)".

Miradas al cielo bajo farolas rotas, dejan tranquilas a las estrellas, con sus cabecitas locas.

Bolsos abiertos de par en par a la luz de bombillas curiosas, que excrutan las colecciones inimaginables de objetos en sus fondos. Una mano mueve y remueve, saca siempre justo lo que no quiere (de Cuarto Milenio son estas cosas).

Almas abatidas sentadas en aceras. Rincones cálidos en noches frías. Luz tenue de causas perdidas.

Cristales rotos, hilos incandescentes, hacen nudos entre desconocidos. Miradas al frente, miradas en diagonal, roces de iris que beben para olvidar o brindan al festejar.

Esas farolas que son testigos mudos de rupturas, de declaraciones de amor y de saltos enredados como orangutanes en la selva. Giran sobre su eje, vueltas locas a la euforia en el microcosmos de cables de cobre.

Encuentros nocturnos de gatos y grillos. De caracoles que prefieren la calma oscura para su patinaje sobre cemento.

Encuentros casuales de almas ocultas. Brillo dulce de manos, de sonrisas, de futuros conjuntos. Brillos en la noche, motas de minutos. Luces. Olvido y también memento.


(Dedicado al poeta urbano por excelencia y los buenos ratos que nos brinda con sus versos: "hotel_k")
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Condenados a no repetirse

Ayer eras el destello de un amor sin prisas codiciando el futuro como una proeza, aunque sin discuciones y sin treguas el tejado hoy anuncia tempestad y la caricia desesperada de mi desgana precedió a la ruptura y ahora solo somos estrellas perdidas tratando de iluminar nuestra oscuridad con versos, con besos, con humo de cigarillo, con tu trozo de vida y mi media luz.
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La venda

Te lo dije de todas las formas posibles que conozco.
Te lo dijeron mis palabras.
Te lo dijeron mis gestos.
Te lo dijeron mis detalles.
Te lo dijeron mis miradas...
Pero no supiste verlo o tal vez te gusta eso de no ver y echarle la culpa a la venda.
Mi cuerpo y mi mente tienen un límite,
y he pasado demasiado tiempo caminando sobre las cuerdas.
No quiero caer,
prefiero bajarme y poner los pies en el suelo para subirme al próximo tren.
Crucé la calle con el semáforo en verde
y se puso en rojo justo detrás de mí.
No sé qué habría hecho si en vez de encontrarme con cientos de rostros desconocidos,
en los que imaginaba el tuyo,
hubieras aparecido realmente tú.
Juro que en ese instante escuché un “crac”
y ambas sabemos qué fue lo que se rompió.
No sabes cuánto duele abrir los ojos,
pero ojalá algún día lo hagas.
Porque duele descubrir que eras la única parte que apostaba a full por la historia,
pero tal vez duela más,
no darse cuenta de ello...
O darse cuenta cuando ya es demasiado tarde.
Hay trenes que solo pasan una vez,
y yo no voy a subir de nuevo al caos
que tienes tú por vida,
ya la vida en general,
es suficiente caótica.
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2comentarios 44 lecturas prosapoetica karma: 72

Día gris

Hoy es un día gris,
ese día en el que sólo tu mirada
sería capaz de pintarme el cielo
con un arcoíris.
Esa mirada tuya,
con la que me mirabas a veces
y que decía mucho más que las palabras.
Ese brillo de enamorada,
de eres todo para mí...
Y no estás aquí,
me despierto en una cama
que tantas veces fue nuestra,
y a mi lado solo está el frío
de un adiós temprano e inesperado.
Abro los ojos deseando estar dormida
pero no lo estoy,
y tu cuerpo tampoco...
Voy al cajón de la mesita de noche,
cojo una tirita y visto con ella el corazón,
deseando que así la grieta duela menos,
pero solo tus besos
tendrían ese poder curativo que necesita.
Hoy es un día gris,
pero sé que mañana
o pasado,
me despertará la luz del sol
y podré salir a bailar bajo ese cielo azul.
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La mejor tarea

Miró a su alrededor. No podía contar exactamente cuántos aspirantes había allí con él, pero sin duda alguna eran más de cuatrocientos. Todos cabizbajos, mirando atentamente el papel que tenían frente a sí. Algunos, los más diligentes, ya habían comenzado a escribir. Otros, sin embargo, aún trataban de dar forma en su mente a lo que contestarían. Enseguida entendió que aquello era un absurdo. Y no sólo porque era sumamente difícil competir con tantas personas para tan sólo una plaza de barrendero, sino también porque aquel papel contenía un solo apartado que rezaba “Defínase con sus propias palabras”. ¿Cómo podría él dedicarse a limpiar las calles si no había sido capaz aún de limpiar los miedos y las angustias de sus últimos tropiezos sentimentales?

Se levantó, dejó el papel sobre la mesa y salió de la sala. A su espalda, oyó una voz que le decía: “Oiga, caballero, no puede abandonar la sala hasta que no lo diga el presidente del tribunal. Regrese a su sitio. Oiga... oiga…” No hizo caso. Allí no se le había perdido nada y fuera había algo que sí debía encontrar: a sí mismo.
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