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¡Muerde el rollo!

Al fin acabó la semana,
la boca despedazada,
los órganos vitales escondidos,
los andenes descansando
y las vías ya limpias
de sudores varios.

Reptando llego a la nevera
rezando que esta se abra sola
y que cualquier alimento sólido
caiga en mi boca.

Sigo el camino en modo culebra,
a sangre fría
atraco al mando de la televisión,
hago un gran esfuerzo
y embarco en la nave sofá.

Pongo una película, la que sea,
porque si pienso
en las que me he montado esta semana
soy capaz de salir otra vez.

¿Qué necesito?
¿una Aspirina?
¿un Lorazepam?
¿una manta?.

¡Muerde el rollo!
todo está tal y como lo dejé
pero hay un inconveniente,
¡ya no vivo aquí!.

Me he equivocado de llaves
y por defecto de camino,
no sé como he llegado
a la casa que un día abandoné
y dejé sin pintar.

Me largo reptando a dos por hora
no vaya a ser que los habitantes lleguen
y crean que he decidido regresar.

¡Vaya tela!
aún hay un desierto que cruzar
para llegar hasta mi almohada.
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Todo está escríto

La sangre en mis manos
sangre repetida,
ya derramada por otros asesinos
sobre los lienzos antiguos
en manuscritos oprobiosos,
en la letra escarlata
salpicada en ropajes femeninos,
ocultos a los ojos
de los inquisidores.
Mi sangre no existe,
no es nada más que agua
que todos beben por igual,
mi manantial interior
ya fué derramado por otros,
esculpido en cavernas,
tallado en madera.
Solo Dios es original,
y eso es por que no existe
si no creo en él.
Sudan mis manos y mi frente
en busca de algún verso original
alguna estrofa inédita,
y me conformo con un sueño
que es de todos los poetas,
que tu sangre tiemble
cuando leas un poema.
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Tu y tu olvido de mi

Mis nostalgias apuñalan mis entrañas,
sin embargo, aquello que más duele,
es saber que ya no me extrañas.
El fantasma que vive conmigo, a ti huele.

Si tu vientre hubiese sido nido,
de los hijos
que jamas tuvimos

Quisiera el pan diario de tus manos tiernas
para aquietar la sangre de mis venas.

Quisiera tu voz para endulzar mis oídos y mi odio.

Quisiera ser un jardín de lirios
y endulzarte el alma con mis colores

Quisiera ser tu delirio
y vivir juntos en otro mundo
que comience con tu y yo.
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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EternitaEs...

Perdí mi norte en el hálito de tus cardinales.
Brindé con mi aliento cada beso de tu boca
y esculpí, como cincel afilado,
cada pliegue de tu piel.

Efímera en la eternidad de tus caricias.
Junco de anea en los sillares de tus caderas.
Vagué, errante, en el eco salvaje de tus entrañas.
Redimida fui de mis vergüenzas en el fuego de tu sangre.
©ɱağ</b>
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Lencería de ciudades dolientes

Hoy he soñado
que estaba soñando
y que había soñado
con seres diminutos,
con arcos sin triunfo
y manos llenas de pan.

Al despertar
he mandado cartas al abandono
devolviendo héroes
anillados a palomas anónimas.
..
Remuevo mis diarios
y encuentro peones
luchando a voces sin red,
enajenados por el ansia de enemistad
cuando la hermandad ya no suma.

Hay un lugar
bajo la luz del mundo
donde los gallos dejan de cacarear
mientras degustan
"Sopa de suburbio".

Ayer deshabité mis miedos
y bajé a los infiernos
en un intento vano
de limar los barrotes de su prisión.

La lencería de ciudades dolientes,
las avenidas desacompasadas
atracaron mi razón,
tiré las metáforas
para que no me coartaran...

Y entonces,
escupí,
golpeé,
lancé blasfemias,
manché con mi sangre
y me mancharon también.

Hoy he soñado
que estaba soñando
y que había soñado
con seres diminutos,
con arcos sin triunfo
y manos llenas de pan.
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¿Me ves ?

Aquí estoy
mírame bien
¿Me ves ?
Estoy huyendo de mi adiccion
desenganchándome
Ya no siento
Ya no habito instantes
ahora construyo muros
Invento líneas
creo vacíos
ya no hay momentos
huyo de ellos

Ya no sueño
ni despierto recuerdos
Ya no avivo fuegos
ni pálpito
ni vibro
ni espero nada
ni a nadie

Mírame
¿Me ves ?
Ya no tiemblo

Mira mi piel
ya no sangra
ni se eriza
ni transpira

-Lo he logrado -

Me he desinfectado con cada puñado de arena en los ojos
y llanto de cemento en el cuerpo
¿Pero ves ?
Quedé perfecta
dura
lisa
sin grietas
no hay tiempo
ni aroma
ni esencia
ni nada


Mírame bien
¿Me ves ?
Grábalo en tu mente
Siéntelo en tu piel,
pero lento, despacio
tatuado en tu pecho
y guarda este momento
por siempre
para el recuerdo


Porque esta que ves
no soy
ni seré
nunca
-yo -

Recuérdalo

@rebktd
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Corazones de barro

Erik Hans, un joven muniqués que se había alistado en el ejército alemán, ansiaba poder entrar en combate. Llevaba preparándose dos años, y en 1940 llegó su oportunidad. A principios de mayo, comenzó el avance hacia Francia. Bélgica, y Holanda cayeron rápido, y en poco más de tres semanas Francia se encontraba controlada por el poder de la maquinaria de guerra alemana. El soldado Erik Hans se sentía orgulloso de pertenecer a tan glorioso ejército, así como de ser miembro del partido nazi. A pesar de todo, pronto cambiaría su forma de pensar.
Habían pasado tres meses, y a su unidad le habían ordenado controlar la cabeza de puente que daba acceso a la ciudad de Amiens por la zona norte. Extorsionar a los judíos y demás prisioneros de guerra se había convertido en el entretenimiento de la mayoría de soldados, pero Erik Hans no lo veía igual. Día tras día, la duda le resonaba en su cabeza. Una mañana, mientras hacía su turno de guardia vio pasar a una joven en bicicleta. Era tan hermosa y tenía unos ojos tan brillantes, que Erik no vio la gran estrella amarilla que lucía en su pecho. El joven soldado sonrió de manera involuntaria, pero la chica no le contestó devolviéndole el gesto. De repente, una voz a sus espaldas gritó:

-¡Juden!¡Juden!¡Es ist undicht!

Segundos más tarde, un disparo resonó en el aire. El joven soldado mudó su rostro al instante. La bella chica, que le había sacado una sonrisa, caía desplomada en el suelo, a su lado, un reguero de sangre le brotaba de la cabeza. El vigía alemán había realizado un certero disparo. Erik corrió hacia la chica con la esperanza de encontrarla con vida, pero ya era tarde. Allí, en la cesta de su bicicleta la joven llevaba escondidas unas flores que había recogido en el campo. En su chaqueta, una foto de su marido, al cual el joven reconoció como miembro de la resistencia francesa. Unos días antes había sido fusilado, y él, había sido su ejecutor.
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Del barro

No espero nada de tu letrina
allí no caben rosas, ni encinas,
en el foso de la ignorancia
se muere el futuro de la infancia.
Solo los gusanos saben el final
de esta fábula mal escrita,
en tu lengua todo está mal
y mi palabra, maldita.
Mátame mil veces
mil veces volveré de las cenizas,
esculpiré mi nombre en tu cara
y en mi osamenta una sonrisa.
No hay derrotas en mi carne
creció en el barro mi esperanza,
de la nada vengo, me basta mi sangre
y un poco de felicidad me alcanza.
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Hijos de un mismo Dios

Vestida de oscuridad y tinieblas caminaba mi alma entre cadáveres amontonados en la roja tierra. Estaba desorientado, sumido en un mundo irreal, sin saber quién era exactamente. Todo mi cuerpo estaba cubierto de barro y sangre, pero esta no era mía. En mi mano derecha, portaba todavía la espada con la que había sesgado decenas de vidas; en la izquierda, la cabeza del asesino de mi mujer y mi hijo. Aún podía sentirse el hedor de la sangre putrefacta en el ambiente. A mí alrededor, continuaba el estrépito del choque del acero contra el acero, seguido del lamento de los que probaban la afilada espada del enemigo hundiéndose en su carne. Me dirigí hacia el acantilado que daba al mar, parándome al llegar al borde. Sentí la brisa marina por el rostro mientras las olas chocaban furiosas contra las rocas. Cerré los ojos, y por unos instantes olvidé donde me encontraba. Al abrirlos volví a la realidad. Elevé la mirada al cielo, y levanté la cabeza que llevaba en la mano izquierda. Luego grite:

-¡Oh Dios Misericordioso! Aquí tienes un fiel servidor. Esta cabeza que te brindo es la de nuestros enemigos. Nunca he matado en vano, y en esta terrible guerra siempre he defendido tu potestad. Este es el hombre que mató y violó a mi mujer, llevándose consigo la vida del hijo que llevaba en su vientre. Sabes bien Señor, que mi lucha es en nombre de la justicia divina, y que mi espada te sirve. Acepta mí venganza en nombre de esta justicia, que yo seguiré llevando orgulloso el símbolo de tu magnificencia. Yo prometo servirte fielmente, hasta el fin de mis días en la tierra, cuando por fin, vuelva a reunirme con mi mujer y mi hijo. Amén.

Luego, agarré la cabeza ensangrentada y la lancé al mar, perdiéndose esta bajo la espuma de las olas que chocaban contra las rocas. Recé de nuevo por el alma de mi mujer y mi hijo, y me dirigí de vuelta hacía donde se encontraba el resto de los soldados. La victoria había sido nuestra. Muchos celebraban el triunfo en la batalla riendo y bailando, aunque viendo el gran número de compañeros que habían caído valientemente en el campo de batalla, a mi entender, poco había que festejar. Me uní directamente al grupo que recogía los cadáveres de los caídos. Mi única preocupación en ese momento era poder darles cristiana sepultura para su descanso eterno.
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Corre- buen -Hombre

Corre buen hombre,

corre buen niño,

las bombas caen desde lo más alto

trayendo destrucción y miseria

por desespero del Egoísta.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

En el patio de tu vida

caen bombas desde lo más alto

arrasando con tu habitad,

incordiando tus sueños.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas caen

desde lo más alto

malogrando tu reposo

pero no tu consuelo.



Corre buen hombre,

corre buen niño

Las bombas caen

desde lo más alto

enturbiando el agua que consuela tu sed

y la mano que alimenta tu calma.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas caen

desde lo más alto

y vuestra alma tiembla,

despavorida esgrime su ansia y dolor

¡pero resiste!

Los cuadros pintados que cuelgan en la pared,

los poemas escritos en sangre,

los cantos apagados por la fuerza,

aún ponen policromía a los sueños de la humanidad.

Ellos,los pintores ,los poetas , los cantores

dejaron su sangre esparcida en la historia

por culpa de las bombas caídas desde lo más alto.

Y en algún patio, donde corrían tintas de llanto

el papel intratable ,se convirtió en lienzo de batalla,

las bombas que caían desde lo más alto

no quebrantaron la esperanza,más bien avivó la fuerza de contar en el ayuno

la alegría por vivir

y los sueños por venir.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas algún día dejaran de caer

en las tierras del hombre de plegaria,

porque el forjara su nuevo destino

por voluntad y conciencia,

y tú buen niño, tendrás el alivio en tus manos

y la sapiencia en tus nuevos pasos para hacer crecer la sabiduría en cada parto.

Corre buen hombre,

corre buen niño y escribe con la tinta del perdón

en el papel vacío de la nueva Historia del hombre

que aguarda impávido e impaciente comenzar a escribir sus capítulos más sublimes

sobre la preservación y la conducción de su especie.

Corre buen hombre ,corre buen niño,asegúrate que las bombas que caen desde lo alto más no detengan la andadura del buen niño ,especie en extinción, que vive en los rincones del planeta olvidado, donde su cielo lo han pintado con bombas, pero que su destino le llevará a nuevos caminos de la vida que el hombre deberá surcar.

Corre buen niño ..Cómo corres niño .. No pares de correr..
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Sudán

Suda el pueblo por la codicia del oro negro.
Sudan los hijos de la tierra y la tierra cambia oro negro por cuerpos maltrechos
y sin gloria.
La lluvia de oro negro que brota desde el suelo pervierte al ingenuo,
dirigido por el poderoso desde su mando a distancia.
El cielo envía gotas de auxilio,pero los pozos de agua están cubiertos de cadáveres
por la codicia y la avaricia.
La madre noble como la naturaleza no puede entender cómo sus hijos mueren,
pero la madre noble como la naturaleza alimenta al niño
desde su pecho desnudo,
que el niño sin distingo abriga de esperanza…
¡Mirad infieles!
Dejad el sofá de piel carmín
y venid a alimentar al hijo de la tierra.
¿Por qué robáis y comercializáis con la savia de la vida?
Hay crisis, sí crisis, crisis humanitaria y de hermandad.
¿Quién respeta las etnias y sus diferencias? Perdonadme, ellos también
son hijos del sol viviendo entre paredes creadas entre el norte y el sur;
allí desterrados viven con su vianda vacía, porque alguien roba el oro
negro que brota de la tierra noble.
Venid a ver, dejad el sofá de carmín y venid a ver a los niños
con piernas como alfileres y rostros de momias
que desfilan en el desierto de penumbras,
porque los codiciosos criminales de guerra
los proyectan a la media luz por la codicia del oro negro.

Sudan los pobres inocentes en los bordes de un país maldito.
Sudan los niños de Sudán…
Mapas de venas en rostros vírgenes de inocencia,
rostros destinados al vivir marcados por la indulgencia..
Detened la codicia hombres malditos, los hijos de la tierra lloran.
Mercaderes de la tierra matáis al hombre que nació libre,
encarceláis y aturdís al hombre que nació sin mapas y fronteras.


¡Levantad vuestro pesado harapo, hombres infieles!
Por qué os sentáis en el sillón de la casita de los países enseñando vuestros
dientes bañados en oro burlándoos de vuestra sangre, vendiendo
esclavos al lobo estepario.

Vuestros bolsillos están repletos de estiércol y oro maldito.
Queréis hacernos creer que lloráis por los hijos de la pobreza, pero
estáis descubiertos, lloráis por vuestra ambición al oro negro.

JOSE LARA FUENTES.
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Mientras todo pasa y nada queda

Mientras la belleza lentamente se desvanece,
mientras cada hoja, cada planta y cada rama
lloran por una gota de agua.

Mientras cada una de las aves del cielo
guarda silencio para no espantar el recuerdo
de la lluvia que está por venir.

Mientras la sangre es el único arroyo que fluye
y la sombra la única luz que brilla.

Mientras nada tiene sentido, ni la razón ni la cordura.
Mientras las miradas no ven, los corazones no sienten
y las gargantas duermen.

Mientras las encinas mueren invisibles,
los arroyos secos gimen y el bosque pide clemencia.

Mientras los ojos humildes se secan
contemplando el océano de sus propias lágrimas,
a la vez que sus últimas lágrimas se deslizan
por su piel labrada.

Mientras la juventud duerme con corazones viejos
y decrépita cordura, las bocas ancianas hablan,
sin ser oídas, con más juventud en su melancolía
que pasión en nuestros jóvenes cuerpos.

Mientras todo pasa y nada queda,
nuestra tierra conserva empuje y fuerza
para florecer, brotar y dar sus frutos.
Por eso, os llamo flores, musas y poetas
y os invito a resistir frente a la sombra y a la muerte.
Yo os invito a la mayor de las locuras:
a la de enfrentarnos a la nada
en la que el mundo se va convirtiendo.

Mientras todo pasa y nada queda,
prometamos resistir,
incluso, cuando no haya motivos
para la esperanza.
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Dorado y alambre

Mi voz fracturada
por el silencio,
enronquecida ajusta su registro
hasta la extenuación.

Deudo sólo el afán
de volverte a ver,
las leyes de la incomprensión
han llegado a lomos
de envoltorios ajenos.

El hilo dorado
y el alambre oxidado
se han fundido en una trenza
donde los capítulos van sangrando
alrededor de las muñecas.

Me han recomendado
reposo absoluto para el alma,
ortigas para la cara
y vacaciones para el corazón.

Sólo soy un minúsculo ser
perdido entre las partículas
del tiempo.

Mi ejecución está programada
como cualquier tarea doméstica,
se llevará a cabo cuando se catapulten
todas mis habilidades cotidianas.
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Federico

Las cumbres mantienen el luto
de la Granada nazarí
mientras lloran en la primavera
que no te volverá a ver.
Los nuevos brotes crecen
alimentados por tu sangre
y por la de otros tantos que murieron
por envidias y falsos rumores.
Los árboles se nutren de tu arte, de tus letras,
de tantos versos que no pudiste regalarnos,
de la tinta de tus lágrimas
que ahora son los ríos
que cantan en las fuentes de la Alhambra
y la apartan de su amado Albaicín.
Canto de poeta que siempre
nos llevará en su recuerdo,
en la plaza de Santa Ana,
en tantos puentes que cruzaron
sobre el Darro y el Genil.
Hijo de la vega,
donde aun contemplas tu ciudad amada
con sus cumbres nevadas
regalándonos con su brisa tu historia,
aquella que nunca será olvidada,
aquella que compartió destino
con tantos hijos de tu amada Granada.
A ti, poeta, amante del verbo,
a ti. que bendijiste con tu sonrisa tu amada tierra,
a ti, que tanto te debemos,
a ti, que sólo puedo dedicarte estas letras.
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Libres

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Somos libres…

Libres para revender ambiciosos algoritmos, para
engrasar lo ilícito, para pronunciar discursos
ineficientes sin que nadie escuche a nadie, para
estar descargando con pupilas inexpresivas
las últimas aplicaciones para el celular.

Libres para pisar caca de perro, para ser
honorablemente infelices, para superpoblar
ciudades de crisis nerviosas y murmullos
reclinables, para rellenar con pulso quirúrgico
el mutilado anecdotario de los atenuantes.

Libres, y lo suficientemente informados para que
la catarata de noticias que recibimos nos infecte
hasta la última molécula de la poca sangre que
nos queda; para auto convencernos de que
un latigazo a traición es un cariño redentor.

Libres para salir a la calle a ser uno
menos en el ir y venir de sombras
que malgastan su vida, para elegir con
que mano protegernos la entrepierna
cada vez que empiezan las patadas.

Libres para que un gurú nos venda el
camino más sencillo hacia la “felicidad”
en un programa de seis semanas; para
bañarnos en ríos contaminados, y empacharnos
de comida genéticamente adulterada.

Libres para traspasar en módicas cuotas a las
próximas generaciones las mismas aflicciones
que nuestros antecesores nos legaron…
Libres para elegir la esclavitud de la
droga, la ludopatía y el egoísmo.

Libres para hablar más que nunca y no decir
nada importante; para pagar, recibir la mercadería
y construirnos un relato donde estamos haciendo
historia; libres para creer que es buen
negocio este desayuno de analgésicos vencidos.

Libres para amarretear hasta el último centavo,
y buscar el modo más ingenioso de
caer más bajo, libres para pasar horas
en las redes sociales defendiendo a los
políticos que se ríen de nosotros.
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Imaginaria ventana

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina.
Sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
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Sin título (Del Poemario La Santa Trinidad 1 El Padre (2015))

camino / gritando
corro gritando te amo por las avenidas
como un sicópata suelto por los callejones
te amo te amo te amo
les digo
a ratos /
tropiezo con alguna alcantarilla / y los transeúntes se ríen de mí y yo no dejo de gritar que te amo

los prostitutos del muelle se estrellan entre la avenida y me defienden con las balas de la insolencia

y yo grito mi amor sin parar
me quedo sin voz pero sigo gritando
mi garganta se llena de dolor y sigo gritando y los chicos del muelle intentan protegerme formando un circulo a mi alrededor y sigo gritando y una vieja rubia que va pasando por ahí con su bolso michael kors en la mano saca su iphone con protector chanel llama a la policía y sigo gritando y los chicos del muelle le roban el bolso y el teléfono y sigo gritando y la policía llega y se horroriza ante mi garganta llena de pus y sigo gritando y me da fiebre y sigo gritando y los policías no pueden controlarme y sigo gritando y la lengua se me cae a pedazos y sigo gritando y la gente ya ha empezado a sacarme fotos y a grabar videos y sigo gritando y un periodista llega a tratar de entrevistarme y sigo gritando y mis dientes empiezan a saltar y atacan las mejillas de los policías y sigo gritando y llaman al FBI a la CIA y cuando me buscan en la base de datos y se dan cuenta que soy ilegal llaman a la migra y sigo gritando y mis pies sangran y sigo gritando y aparecen ulceras por mis manos y sigo gritando y se me cae la piel y sigo gritando y ya no se donde estoy y sigo gritando y ya nadie se atreve a mirarme
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Vislumbre

El sueño más loco del mundo:
bajo la copa de un árbol
escucho una voz,
era el árbol.

"Joaquín, niño mío
has sido bendecido con la felicidad eterna,
las mujeres más bellas,
la belleza en cada una de tus proezas,
la virilidad y la gran prestancia.
Irrigarás la sangre tan ansiada
por los vampiros del deber
cuyas calles anegadas
no han parado de llover;
lloran sus rubias y vigiladas
promesas del saber.
Serás único e irrepetible”.

Le dije: "No soy Joaquín,
soy otro intruso
que hubiera deseado llamarse así”.
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No sea que el tiempo se me acabe

Entró por la ventana, aquel ser que tiene la vida muy corta. En principio, pienso que no sabía a donde ir, primero pasó por delante de mí, luego se fue a la ventana que estaba cerrada. Sonaba algo distinto, como un pitido melancólico y apagado pero, de repente, aumentaba de intensidad hasta el punto de estar encima. Intenté ponerme en su lugar y vi las cosas ocho veces, desde todos los ángulos.

Me vi ridículo a su través, ahí, sentado, escribiendo a máquina y pensando en qué sitio podía molestar más. Pero un olor, que si no fuera ella me hubiera parecido nauseabundo, me atrajo como si fuera un manjar dispuesto para mi. Jamás había volado, en ese momento era un caza en busca de su objetivo, pasando al ras de los objetos cotidianos de mi casa, que se habían convertido en impresionantes paredes y cordilleras en forma de mesas o sillas.

Rodeado de aquellas atalayas sin fin, vi un hueco y seguí el rastro del perfume que me atraía. Bajé vertiginosamente por las escaleras, convertidas en una gigantesca montaña rusa, para que al final girara a mi izquierda haciéndome que la inercia casi me empotrara contra aquel gigantesco muro. Ya no eran tan lisos los muros, podía percibir todas sus imperfecciones como grietas profundas y gigantescas, gotas de pinturas que parecían dunas en el desierto. Pero por fín llegué al origen de alquel atrayente olor, no puedo describirlo, sólo de pensarlo me daban nauseas, pero como estaba en su lugar me seguía atrayendo.

Decidí dar marcha atrás, pues yo mismo estaba en el mismo lugar y haciendo lo mismo. Como ese ser en el que me había convertido por unos momentos prefería la sangre de mi vena para alimentarme, no eran más que proteinas y componentes hematopoyéticos. Sólo debía decidir la más superficial, la vena que más me apetecía aparentemente. Fue cuando de repente acabó mi vida y volví a la realidad, un simple manotazo me había aplastado a mi mismo y vi como caía al suelo desde mi yo real. Lo bueno de todo es que pensé: ¡esta mosca no me molesta más!.

Hice una reflexion y es que la vida es efímera como la de esa mosca que sólo vivió para mi y murió por mi. Pero no por eso soy Dios, sino un eslabón más en la cadena de la vida, al fin y al cabo sólo viven veinticuatro horas. Demasiado deprisa para mi, así que voy a seguir escribiendo no sea que el tiempo se me acabe.

Fdo.: Alfonso j. Paredes.

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