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Indiferencias (con @Transmisor_d_Sinestesias)

De pronto
envuelven los fríos
las neblinas
las distancias

El cielo está rajado
se ha roto
todo cae
todo sube

El sol oscila
proyecta círculos
de luz y sombra
contornea el mundo
lo pone en movimiento
como un barco
meciéndose en el crepúsculo

La ventisca me lleva
a esos caminos
que reconozco
de pies gastados

esos
donde no hay voces
ni aliento
ni calor
ni caridad
ni bonanza

al jardín de las moscas
de las naranjas
abortadas,
de las vacas
famélicas
de desesperación

Edenes donde
una llama de frialdad
gobierna

donde
lluvias de indiferencia
van desprendiendo
la piel

cutícula de mariposa
cuero de cordero curtido
corteza de olivo herido
pellejo de
gato
uñas en piel
ancoradas
escarbando
valles
de miradas gélidas
cargadas
de mudo rencor
engendrado
por lo gastado
del trato diario
periódico viejo
sin valor
pasos vaciados
a inversas
de las manecillas

lapso, ciclo, espacio
edad, vida, años
existencia, caducidad,
no existencia,

momento:
uno

de pronto
envuelven los fríos
las neblinas
las distancias


´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´´
Composición conjunta de
@Transmisor_d_Sinestesias
&
@Alex_richter-boix
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11comentarios 87 lecturas colaboracion karma: 98

Margarita

Ya casi desnuda
la margarita no se decide

Pasan las nubes
y la metàlica incertidumbre
le crea una coraza espinosa

Vuelan al viento
cada uno de sus pètalos,
incinerados.

Es la duda abrasiva
el fuego que la consume

La brisa abate sus esperanzas
en cada hoja que mece

Su mundo acaba vacìo,
hacer aquella pregunta
le ha costado la vida
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9comentarios 145 lecturas versolibre karma: 84

Ayer

El mar se seca,
los granos de arena vuelan,
y el vacìo sabe a sal,
a òxido, a nada.
El ayer se desenhebra
y el rostro inmutable
de los fantasmas
se acompasa con
su caminar en retroceso;
donde renacer, y afirman
jamàs haber existido.
Te sonrien como
a un desconocido,
y eres devorado
por el hoyo negro
de su amabilidad tenebrosa.
Sin memoria y sin mirada,
sin sombra ni reflejo,
sin verdad y sin remordimientos.
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4comentarios 82 lecturas relato karma: 73

Ser Anónimo

Esta tarde esperaba a que aparecieras;
el horóscopo me hizo albergar las esperanzas
de que hoy, mi vida , cambiaría gracias a ti.

  He andado por la calle, tomado café,
mirado a todas partes con la esperanza de verte llegar,
aún, sin saber quien eres ni conocer tu rostro.

  Era tan hermoso esperarte... ser anónimo...

  Tras los cristales de mi balcón
llueve y sopla el viento en una noche prematura
con silbatos de tren y ruidos de ascensor.

  La radio, el té y el periódico sobre la mesa...

  Todo sigue igual. No te he visto.
Una vez más, no has venido al encuentro,
a la cita convenida.

 Tal vez, seas feliz a estas horas, en
cualquier parte, donde quieras que estés.

  Más yo sigo sin conocerte, imaginándote
 junto a mí, tomando el desayuno; y pregunto
si llegará el tiempo de evitarlo todo.

Hoy, el día, nació con la lluvia y el cielo gris;
con el brillo del asfalto mojado; con las calles
 más vacías que de costumbre, sin autómatas
cruzándose por las aceras.

  Creí que ibas a cambiar toda mi vida.
Creí que al fin me añorarías y que ya nunca te irías,
ser anònimo...
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sin comentarios 75 lecturas versolibre karma: 72

La puerta (poema de @elreflejoderox & @SolitarioAmnte)

Toqué a esa puerta, a la que todos temen, la más desvencijada. Y no, no era una mansión abandonada en medio de ningún bosque, ni las ruinas fantasmagóricas de un castillo de otros siglos ya sin vida. Fue la peor, esa en la que antes de llamar se cierran los ojos apretando entre los dientes una oración para palear el frío que provoca el temblar de miedos. Sí, de miedos porque son muchos. Me enfrenté a mi misma en el último rincón, el escondido a los ojos.

Era la puerta del sótano de mi alma. Especificamente la del subconsciente. Allí donde se guardan temores, inseguridades, rencores, fobias, odios, afectos y anhelos ocultos. De hecho todo lo que permanece oculto al proceso consciente de la razón. Lo que nos mueve en modo automático sin saberlo. Lo que nos hace reaccionar de cual o tal manera ante una situación inesperada. Lo que nos hace preguntarnos más tarde: ¿Por qué demonios le respondí de esa manera? O hace que el agresor se cuestione el haber golpeado así a la pareja que tanto ama.

Aún al borde de quebrarse en pedazos, llena de telarañas y alimañas a modo de guardia, siempre tiene un sinfín de cerraduras oxidadas por los años y los daños, por el saturado interior y la humedad de las dudas amohosando en penas. Y aunque solo existe una llave, los bolsillos pesan y suenan como si fuesen miles y pesaran la vida entera. Por eso los pasos siempre son lentos, cautelosos al ir y profundos para poder regresar. Ese sonido al abrirse es único, el más real y aterrador. Nada, nunca, supera ese erizar de la piel y el corazón cuando hallan en el valor la fragilidad que sostiene el reconocerse, aceptarse sin rendirse y superarse para continuar, pero mejor. Abriéndose a los misterios que a la larga no son tales porque nadie nació para ser perfecto, sino para aprender a convivir con los demonios que son nuestros.

Tomé la antorcha a medio encender que estaba en la entrada y pude divisar un larguísimo pasillo, un sinnúmero de puertas a ambos lados se revelaron a mis ojos. Di los primeros pasos y asomé la cabeza a la primera, en la izquierda; para descubrir una multitud de enanos, más bien gnomos malformes, apocados, que se notaban más empequeñecidos de lo usual. Uno a uno fueron recitando sus nombres, todos eran sinónimos de inseguridad, baja autoestima, complejos de inferioridad, recuerdos de menosprecios sufridos por seres amados y otros sentimientos similares. Sentí un profundo dolor al contemplar su estampa. Me alejé a pasos apresurados hasta la siguiente puerta, a la derecha; donde me encontré con unos seres obesos, con expresiones en sus redondos rostros que reflejaban odio, rencillas, envidia, rabia, todo tipo de malos deseos, egoísmo, egocentrismo y otras bajezas por el estilo. Me sentí embargada por una ira como nunca antes había experimentado. En otro cuarto, unos seres sin forma definida, languidecían en el piso; rapidamente distinguí que representaban la pereza, holgazanería, desidia, procrastinación y tantos vicios parecidos; me provocaron un bostezo profundo, y me alejé.

Puerta por puerta fui repasando mis días desde que la razón comenzó a darme cuerdas. Algunas para sujetarme fuerte, otras para que me sirvan de hamaca en épocas de liebres brincando por los rincones y en las de vacas con síndrome de locura antes de comerse los mocos de la introspección. Asustada y confusa, respiré el valor de haber llegado hasta ahí desde acá, desde la que sobrevivió hasta hoy con los contra a favor y el favor de distinguirlos. No sé bien hacia dónde me conducirán las siguientes, porque sé que existen muchas más que aún no alcanzo a ver. Sí, estoy segura de ello, la última será para el gran final, el único que existe y por el que puedo presentir todas las demás.

Fue un aliciente encontrar, en tantas otras habitaciones, a seres que me transmitían cosas bellas como fe, esperanza, valor, bondad, templanza y otras cosas buenas. No sé cuantos años imaginarios transcurrieron en ese instante de introspección mientras caminaba por ese larguísimo pasillo descubriéndome a mi misma. Al final llegué a una arena colosal, cual coliseo romano. Allí se libraban titánicas batallas, según la ocasión. Fue sorprendente descubrir que se daban interesantes alianzas temporales; como al ver una bondad iracunda pelear con fiereza, y vencer, a la frialdad de un egoismo pasivo. Y de pronto, a través de algún tunel sonoro interdimensional, alguien llamaba mi nombre. El Dr. Chopra, mi sicólogo, ya podía recibirme ahora, me dijo una voz. Me sentí como abducida por un haz de luz que había viajado desde los confines del espacio tiempo. El trance autohipnótico en el que había caido durante los minutos de breve espera en la salita del consultorio, había concluido.


@elreflejoderox & @SolitarioAmnte
vi-2017
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21comentarios 147 lecturas prosapoetica karma: 86

La ansiedad con la que te escribo

En esta molesta mañana,
donde tan solo me escolta tu recuerdo
y el encanto silencioso de unos versos,
donde la costumbre de un café
se convierte en mi anestesia,
en este infausto sitio,
donde lo único que me tranquiliza es,
la alusión de tus ojos,
una hoja en blanco y,
un pecho cargado de poesía.

Una jornada más,
desorientado entre el artificioso café
y un desagradable cigarro,
permanezco aquí,
petrificado,
asaltado de repeticiones y con el paladar amargo,
desubicado.
Continúo aquí,
preguntándome que puedo hacer
ante esta rutina ancestral
que me invade de cólera e inutilidad;
encadenado, sin más pretextos que,
estas consoladoras palabras
que deambulan a través de un oscuro teclado.

Hoy el cielo realza mi melancolía.

Miro atentamente a la ventana,
confiando a que lance alguna señal,
pero tan solo veo jaurías de lobos con corbatas
y mansas vacas con tacones agitándose en la rutina de cada día;
tan sólo me ampara la ansiedad con la que te escribo.

Canet
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4comentarios 113 lecturas versolibre karma: 43

Flores

Charlo con el florista
sobre la conveniencia
de llevarte
claveles o alhelíes,
o azarosas hortensias,
que dejarán el suelo
cubierto de pétalos
morados.
Hace sol y las esquilas
de las vacas,
cantan mientras arreglo
a tus pies
un poco de esta primavera
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sin comentarios 43 lecturas versolibre karma: 56

Verano del 97

Recuerdo aquel día
de verano en que mi madre
me llevó a la feria.
Los helados se derretían
y los jóvenes buscaban
el amor entre algodón de azúcar.

Yo tenía seis años.
Mi madre llevaba unos pantalones
cortos y a un niño curioso
de la mano.
No recuerdo a mi padre.

Había allí unos ponys dando vueltas
continuamente.
Nadie sabría decir cuantas llevaban ya.
Recuerdo que caía la tarde.

Mi madre me subió en uno de ellos.
A mí siempre me habían gustado
las vacas de mi abuela,
y su perra, Cati.

No recuerdo nada más de aquel día.
Sólo los ojos tristes del caballo
que cargaba conmigo.
Eran ojos humanos.
Como los de los niños que rescatan
en el Mar.
Como los del mendigo
de la puerta del supermercado.
Como los míos propios,
cada mañana
que me miro ante el espejo.
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2comentarios 25 lecturas versolibre karma: 23

Intenten alcanzarme

Marchare lejos:
Cruzare países ardientes
donde la guerra bulle y la muerte es el único alimento
Océanos de plástico
donde los peces son sueños muertos y el agua azufre
Campos extensos de flores atómicas
donde las raíces son minas de tierra y los conejos pequeños súcubos radiactivos
Ciudades de luz
donde el aire es negro y los edificios tan altos aguijonean el culo de Dios
Montañas de estiércol habitadas por hombres vacas
donde las mentes son felices, los cuerpos deformes y los niños son criados en tubos de cristal
Desiertos de placer
donde la arena devora lentamente la libido de los hombres y los oasis son pantallas pixeladas
Cielos violetas
donde las estrellas caen eternamente y las aves de metal chorrean grasa porque las nubes extintas ya no protegen la tierra

Marchare lejos, he dicho.
Cruzare la línea de lo razonable;
romperé la frontera de la locura.
En fin, huiré del desahuciado futuro de la imbecilidad.
Tormentas de vapor inundaran las costas
y los ácidos marinos conquistaran la cima más alta:
el Orgullo Humano.
Pero para cuando eso ocurra,
yo, amigos, estaré donde van las moscas del verano.
Allí, me encontrare con el jazz majestuoso,
mientras una copa de vino roza mis labios
y la lengua juguetona lame la punta ardiente de un habano.

Se los ruego,
intenten alcanzarme.
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Cobarde como una gallina

Bendita sea mi granja.
Patos, vacas, toros y cochinos,
éstos últimos, ¡qué guarros!,
cerdos como los vecinos.
Amor de granja.
Qué bonito
es vivir con estos salvajes,
con estos chicos,
obedientes y cebados hasta explotar,
¡mis animales queridos!
Eh, ¿y mi gallina?
¡Jovencita, a ti te grito!,
¿has visto a la de los huevos de oro?
¡Allí está la señora de los pollitos!
Ven aquí, ven que te quiero...
¡Te quiero y te quiero, repito!
No me hagas correr
que no estoy para estos ritmos.
Ando entrado en edad
con mocos de anciano tullido,
y como te lance mi bastón,
¡tus huevos por fin serán míos!
¡Aparta, puerco!
Éste, que se metió en medio de mi camino,
tuve que darle un buen puntapié...
¡Uno bueno en su trasero de porcino!
Esa gallina me está volviendo loco
a mis amigos, que sean bienvenidos,
a ésos del horizonte:
¡los conejos se comen mi cosecha, malditos!
Por culpa de esa gallinácea
¡las canas son mi veredicto!
¡Atrás, vaca,
que esa gallina irá derecha al pucherito!
Te voy a atrapar...
¡Ay, mi pandero adora el suelo donde dormito!
Qué dolor y qué odio a ese pollo,
me las pagará cuando levante mi puño al Gran Erudito.
¡Ven aquí, gallinácea,
que cuando no hay olla con cebollinos
ni pavo para esta Navidad,
te aseguro que habrá gallina en el festín descrito!
Uno con olor a ti,
uno con sabor a amor bendito.
¡Gallina, vuelve aquí
o probarás mi ira de cascarrabias enfurecido!
Y a todo esto,
mi señora me ha oído.
"¡Deja de chillar, loco patán,
que no dejas dormir a los niños!".
Freno en seco mis pasos
y se me escapa un alarido.
¡Ay de mí!
Por perseguir a una gallina despavorido,
por culpa de ella,
de miedo me quedé en mi sitio.
"Sí, señora mía.
Lo que usted mande, será mi delito".
Cual borracho deseando a esa gallina,
al final entré en casa, regañado y con un buen castigo.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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