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Ocaso

Miro absorta las grises canas entre cabellos,
y mi voz sin un cómo, se me bajó en tres tonos.
El colesterol sólo creció de loco modo.
Al caminar escucho crujir todos mis huesos.

Nunca registré cuándo fue que pasó ese tiempo,
La realidad muestra la verdad cruel de espejo,
de aquel futuro nuevo como otoñal reflejo.
Si el ayer sólo es éste, mi precioso momento.

La vejez en la vida no es más que una farsante,
suele importunar siendo justo un feroz tormento.
El joven ser vestido con un impostor cuerpo,
robando a la piel joven lozanía fragante.

En regreso de tiempo, mi camino aun avanza,
prefiero andar buscando de mañanas los sueños
que a mi final tejerlo sin ambición ni anhelos
y en un corcel montada que me trae esperanza.

A.B.A. 2017 ©
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires Argentina
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"No recuerdo tu nombre ..."

Tu nombre...

Oculto en mi memoria,
ahora gama de colores frios,
llora tu nombre querido,
en lo oscuro del vacío.

Yo solo necesito recordarlo,
para soñarte todo el día,
y tenerte en vigilia festiva,
hasta al alba olvidarlo.

Vos revele el misterio,
para que su nombre divino,
seque sus lágrimas frias
sobre mi pecho encendido.




@Inmalitia, Andrés García. ©
Ilustración de Analía Judith
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Cuando estoy a tu lado...

Cuando estoy a tu lado todo el universo convulsiona
no hay galaxia ni nebulosa que me saque de tu presencia
el tiempo se detiene no hay hora y reloj que disponga
solos tú y yo, mantenemos en vilo la existencia.

Cuando estoy a tu lado no hay silencio que interrumpa
ni susurro en el aire que alerte nuestras sombras.

Cuando estoy a tu lado vivo plenamente en tu regazo
me reconforto con tu aliento y descanso sobre tus sueños
nada me incomoda, el placer de estar contigo lo comparo
con la llegada de la aurora y la lluvia clandestina con aromas.

Cuando estoy a tu lado te beso sin contar la distancia
no hay en el mundo un ser que me brinde tanto cariño
no quiero que este momento se diluya o se vaya
en la nave del olvido cargado de suspiros rotos.

Cuando estoy a tu lado anhelo no perder tu sonrisa
no importa que la vejez nos alcance o el viento nos arrastre
absolutamente nada importa; cuando estoy a tu lado
el cielo deja de brillar y nos arropa con su plena oscuridad.
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Mujer

Soy luna nueva
en la noche clara
soy agua de río
que corre apurada
soy lluvia de otoño
que besa tu cara
soy cálido sol
si suave me abrazas
soy madre del viento
soy hija del tiempo
soy amor perdido
soy dolor y olvido
soy frágil acero
soy ciego sendero
soy miedo en tus dedos
soy golpe certero
soy llanto que asoma
soy celos que ahogan
soy carne que pasa
al ojo que caza
soy culpa,
soy muerte,
soy vida
en mi vientre,
soy voz silenciada
soy niña ultrajada
soy vejez abandonada
soy mujer de madrugadas,
soy todas en una
soy risa, soy lucha
soy yo sin ti
soy libre sin dudas!
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Epitafio

EPITAFIO....
I
Vuela travez del tiempo..
Ave rapiña de las horas ,
De las cosas que se han perdido
De los besos que nunca se dieron,
de lo que me ha dejado herido...
De los abrazos , de los días , de los atardeceres,
de los secretos,
Que contigo no serán,
y que no hemos conocido...
II
Esas terribles negras horas
Las más obscuras del día
Se ciernen sobre mi cabeza
con asesina alevosía
Y aunque su dulce canto sireno ,
me atrapa,
me hipnotiza
Agujero negro y profundo en el espacio de tu risa...
Quiero volar tan lejos
Aunque estas horas se derritan
Y me consuman ....
Vine....pero ya me fui ...

III
Como un dejo de arena entre mis dedos
Tu martillo se clava en mi inconsciencia
Golpea y golpea tu recuerdo ..
La lluvia, la tormenta y el viento
Revientan mis olas en tu arena
Tan distante......tan cerca ..
Vuelve un beso a la boca?? .. un sabor a la lengua??
Vuelve tu calor a mis dedos..o tu humedad a mi estancia ??
Como arrebato en la cañada tu viento me amortaja
Se me fue la vejez tardía y ahora se me va la infancia ..
Y aún te espero....
Soy la venganza de un desaire tardío
Soy el huevo podrido ..
Eres mis 8 minutos ..
Desde que se apago mi sol...
IV
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Cuando te vas (a Vanessa)

Nada es igual
cuando te vas
el vacío visual
la pena mortal.


Mi alma se hiela
se derrite mi paz
mis años aumentan
envejece mi faz.

Mi corazón se detiene
si no sé dónde estás
¿será que me conviene
la diferencia de edad?

Yo no soy Charles Chaplin
ni tú Oona O'Neill
más pareces Dion, Celine
y yo René Angelil...


El tiempo es cruel
y la vejez me alcanza
me hiere cual lanza
manejada por Catriel.

Mi pelo ya color ceniza,
tus ojos color turquesa,
tus labios besan de prisa
como si no me quisieras.

Mas sé que en tu interior
me quieres con razón
aunque yo sea mayor
me he ganado tu corazón.
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Infancia

Debería descubrir el mundo tras la cortina alguna vez, parar con esta colección de soledades y vacíos.
Me estoy olvidando de las pequeñas magias de la existencia prófuga, de los milagros de las pasiones naufragas de un núcleo extinto, y de aquel ímpetu sagrado de adueñarse y gobernar el cielo y embeber a la par los suelos como aguacero estival.

Quisiera retornar al origen y a la infancia; a los cuentos de mi padre, a la esgrima con ramas, a los aviones de papel, a los columpios y toboganes, a las carreras de bicicleta, a los pelotazos contra un paredón, a los perros amigos que ya son esqueleto sembrado en el patio.

Quisiera volver al primer chichón en la cabeza, a la primera mancha de pasto en la ropa, al primer raspón en la rodilla, a la primera caída desde un sauce, al escondite, a la cacería, a la guerra a piedritas.

Cuanto daría por ver a mi abuela sentada en su sillón, resignada a su vejez, empapándose con la luz de la tarde y mirándome con sus ojos azules, dos redondeles de un cielo que hoy ya no puedo recordar.
Me reinventaría de niño, correteando a las gallinas, cabalgando perros, espantando gatos, arrancando uvas y resucitando mi alma con lluvias cálidas.

Han pasado tantos años; fracasos, glorias, despojos, vivencias, amigos, mascotas, juegos, muchachas, besos, calvarios, amores, desaires.
Han pasado legiones de escobas barredoras de recuerdos, pero el niño que fui sigue saltando de contento al oír pelotazos contra un muro, las gotas seductoras del chaparrón acariciando algún techo metálico. El niño que fui sigue extasiándose con el olor a tierra mojada, a pasto recién cortado, con la colonia de la infancia, con el sabor del chocolate caliente y las galletitas azucaradas.

El niño que fui sigue levantando palos y ramas del camino para cortar el aire con un movimiento valiente y caballeresco, y continua su caminar blandiendo al ocaso su nueva Excálibur de madera.
El niño que fui aún sigue confeccionando sus avioncitos de papel para librarlos al viento hasta posarse en un árbol de la plaza.
El niño que fui sigue cabalgando perros y espantando a las gallinas.
El niño que fui sigue arrojando piedritas al rio, sigue cazando monstruos entre la maleza y sigue columpiándose del brazo de algún centenario sauce en desuso.
Pero el niño que fui nunca será el niño que fui; siempre seré, siempre, siempre seré, el niño que soy.
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Piel

Mano sobre mano,
piel con piel
grietas por arder.

Vejez en el alma,
vida en polvo
y miradas a punto de romper.
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------------E--------------

En el eje
que crecer
en este ser,
el esqueje verde
teme ver,
teme ceder,
teme beber,
teme crecer....

El desdén crece,
emerge….


Me esmeré en ver,
en creer,
en tenerte….
Trece veces te esperé..
(ven……)

Envenené el esqueje,
que crece del revés.
(Vejez de tez).
Tres veces te besé,
tres veces te dejé…..

Vete………..






Hortensia Márquez
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Big Bang...

Fuera del mundo amanecen
mil soles alborotados;
extraños mundos florecen
en un jardín atrapados.

Amores apasionados,
añoranzas renegridas,
vida-amor, amor-vida
corazones desolados.

Sexo, carne, desnudez,
tiempo, esperanza, vejez,
todo es lícito en el amor,
mas que difícil querer.
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Insectario

El apartamento es pequeño,
lo sé,
aún así el pasillo parece no tener fin,
lo ando, ando, ando,
siempre girando en ángulo recto,
siempre subiendo y bajando,
aunque no haya escaleras,
andando sobre un suelo de mosaico
sin fregar,
de baldosas arabescas, quebradas,
rotos por los que adentrarse
como por una puerta abierta,
empujado por la curiosidad y el miedo
de visitar la consulta del dentista.
Hace años que vagabundeo
por mi pequeño apartamento
y todavía hoy me confundo,
tres veces he pasado ya por la cocina,
he acabado en el salón,
veinte fotos cuelgan en sus paredes,
alienadas, enmarcadas,
veinte retratos de los propietarios,
antiguos, viejunos,
son rostros verdosos, fluidos,
tienen todos ellos rostros de larvas,
todos iguales, y todos distintos,
los retratos familiares así colgados
parecen pequeños insectarios
de un museo de ciencias naturales.
Sigo caminando,
otra grieta, otra puerta,
escaleras que suben, suben una planta,
una segunda, y hasta una tercera.
El apartamento sólo tiene un piso,
lo sé,
pero yo ya he subido tres,
hasta donde la bruma y vació
gatea sobre las baldosas de arabescos,
donde ronronea el aire espeso,
se acurruca contra mis piernas,
y maulla,
maulla el aire húmedo
repleto de sardinas, que arde,
es una fogata, una barbacoa
de mil escamas centelleantes,
están pegadas como si fuesen cuerpos siameses,
una pared de pescado chamuscado
en un patio de pupitres vacíos
vigilados por la mirada triste de una vaca,
el tubo digestivo desnudado de una paloma disecada
le hace de corbata.
Al fondo un tatuador en traje gris rodeado de papeles
el brazo, me exige,
el brazo le ofrezco,
x1244913S
así me matricula, esta es mi matrícula,
grabada en el reverso de la mano.
Se retira,
me retiro,
me divido
sin multiplicarme
en un intento de existir como juventud sin vejez,
de vida sin muerte,
de cucharas de aceite bajo la lengua,
de días de retención
sin orinar
por probar remedios
contra la nostalgia.
El apartamento es pequeño,
lo sé,
aún así el pasillo parece no tener fin,
lo ando, ando, ando.


*
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Nuestro camino

Eres especie, eres enigma,
eres secreto de mi cuerpo antaño,
un mundo sin límite,
el alma del éxito máximo.
Sirves a mi amor, mi pasión,
el sueño de nuestra vida, en lo mágico;
vives en mi universo,
en uno que por nuestro nombre, es llamado.
Eres constelación, estrellas,
el ADN de todos mis inmortales años,
las lágrimas de todos los hombres y mujeres
que por adorando la felicidad, han diluviado.
Las lágrimas de mis ojos, eso eres,
también el destino de lo sacro,
lo bendito, lo más inocente
que pueda sostener en mis manos.
Como así lo eres tú, tu sonrisa,
el fertilizante de esta tierra que tanto amo,
la que tú eres, mujer sagrada,
propietaria de mi sangre, poemas y valor de soldado.
Eres la voz, el susurro, el murmullo del viento
que por nadie es movido ni alimentado;
eres la savia del mundo, de lo etéreo,
eres la intachable fe que le falta a todo ser humano.
Eres la esfinge de África,
la leyenda perdida de Asgard, mito escandinavo;
el fuego de América, la lujuria de Europa,
las aguas sedientas de Atlántida y su legado.
Eres el Sol, las lunas, el paraíso desconocido
que jamás se ha encontrado,
el cuento de mi infantilidad, la arruga de mi vejez,
el origen de todo lo que te he deseado.
Eres el numen de mi divinidad,
el golpe de luz que me regalas en forma de rayo,
y me haces tu Zeus, el rey de tus héroes,
me conviertes en Dios, por ti, arrodillado.
Me haces palabra por beso
escrito en un volumen por siempre recordado,
y eso eres además, la letra por la letra,
el viaje que todavía no he conquistado.
Eres un jeroglífico en mis sueños,
la suma y múltiplo de mi sello enamorado,
el ente dentro de tu cuerpo,
el gemelo por el que tanto he llorado.
Eres la perfección, el rezo completo,
la totalidad del universo, lo lejos y no divisado,
el sin límite de mi fuerza,
la belleza suprema para mis ojos hechizados.
Eres lo que siempre he querido,
el primer poema del primer poeta encandilado,
ese que le juró amor a su dueña,
como yo te juro a ti, hogar mío, ser tu hombre eternizado.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Esplendente

El bálsamo para todo es agua salada:
sudor, lágrimas o mar…
Isak Dinesen

…igual a las mareas que por ella suben
como a un acantilado.
Charles Baudelaire


Aquí va tu agradecimiento al mar.
Por acá, dejas tus solubles joyas:
lágrimas del crepúsculo nublado.
Allá, la marea menor de zapatos
trazo de estelas inimaginables.
La ropa: parda bruma, grises olas;
tu sostén, desleído en esta orilla.

Todos los mundos de nuestras edades
juventud y vejez se arremolinan.
De ajenas latitudes llega el bálsamo:
con su bajamar de lunas congrega
esta claridad de tu ser perfecto… 
torrente cual cresta de marejada
y estuario tibio de los días solares:
resuello contenido entre tus senos.

Desnudas al cenit horizontal.
Desnudos, somos nocturno bestiario.

De entre las mareas a la luz de luna
la plenitud deviene con tu olor:
retumbo de corrientes abisales
y ese resabio es la otra saliva.
En comunión de las aguas saladas,
oceánico es el origen del mundo;
entre los muslos ceñida humedad
y el jadeo, nuestra agridulce arena.

No es nicho ni espuma en busca de ahogo:
es un suave soplo al plexo solar.
¿Ave Fénix, tal vez, que se repite
en ajenas riberas de los otros
y en nosotros es única y puntual?
¿Dónde están los límites de los cuerpos
que se diferenciaban por caricias
en temeridad y timidez pródigas?

Al amparo de tu ardiente templanza
no olvides los esplendentes momentos.

Aquietado el pecho con la penumbra
en algún arrecife de estas sábanas
mi humanidad, zozobra demudada.

Alejandro Sandoval Ávila
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(sin titulo)

Una niña poderosa eres
y te ajitas
¿No la sientes?
Cierra tus ojos con calma
vuela hacía tu adentro infinita.
Abre la puerta y deja que fluya
oye el murmullo del viento que grita.

Eso eres tú
como la llenura de una Nada:
no tiene manos, carece de ojos
suave te choca contra la cara.
Eres como un beso amado
ese, que no se espera
tuyas son las caricias que nacen solas
como sola nace la primavera.

Una niña poderosa tienes
y te habita.
Me preguntas:
¿Cómo sabes a qué saben mis entrañas...
si contigo yo no soy?
me revelas todo mi pasado oscuro
hasta el claro día de hoy.
De dónde vengo, sabes, a dónde voy.

Eso soy yo:
como el vacío de un Todo
no tengo fin, carezco de principio
y en el centro me yace la pausa del ahogo.
Soy como el breve orgasmo
ese que arriba tras la larga espera.
Tengo verano cuando hace invierno;
soy el otoño en primavera.-


@ChaneGarcia
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Eterna Niñez

Imágenes grabadas, con una sutil sonrisa de amor.
Un bello disfraz que nos enamora de niños.
Hasta el alma se conmueve con su sonrisa,
será que la belleza solo se siente con el corazón,
la del niño que nos guía a ser felices,
que toda la infancia nos habita,
de adultos se nos apaga el brillo de nuestras miradas,
del asombro que nos causan los imprevistos,
adultos que nos asombran con sus corazones de niños,
una inalcanzable imaginación de años de sufrir,
con esa nariz roja que se graba en nuestras retinas.
A la distancia del tiempo, con una lágrima en cada ojo,
observo la niñez,
que en la vejez debe continuar,
porque es una imagen que se hace eterna
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Máscaras

Pensaba que era mejor no pensar, ser un robot, un androide en el mundo de los maniquíes, cuando para distraerse, para escapar de aquella cárcel de sonidos sin armonía, fue al lavabo.
Allí se quedaría dormido y le despertarían los golpes que le daba a la puerta un compañero.
Al salir, vio que un hombre de parecida estatura a la suya se cruzaba con él en el umbral.
Algo le chocó de aquel rostro, algo le llamó tremendamente la atención, aunque todavía sus reflejos estaban hibernados.
Luego de retorno a la oficina, metales brillantes, muebles blancos, ordenadores, aséptica y limpia, empezó a penetrar completamente el significado de su absurda desgracia.
Todo parecía igual que antes, pero todo había cambiado; los teléfonos sonaban, las fotocopiadoras repitiendo páginas idénticas, los ordenadores los bucles reiterativos de sus fríos programas. Pero, los compañeros, ¿qué había ocurrido con los compañeros?
¿Cómo podía ser?,¿cómo se puede producir un cambio tan absoluto y repentino?,¿alejarse diez metros, volver, y que todo sea distinto?, ¿darse la vuelta y que todo cambie a nuestra espalda?
Cerró los ojos y pensó cuando los abra de nuevo, todo será tan monótono, tan horrible, tan explicable como siempre. Los abrió y era peor, mucho peor.
Vio una sala, vio unas mesas y gente que trabajaba como siempre, pero todos eran idénticos, idénticos a él, con el mismo rostro triste y la misma mirada, con los mismos labios finos y la barbilla saliente. No había ninguna mujer; todos hombres, todos vestidos con la misma chaqueta gris abotonada, hablando con la misma voz, gesticulando del mismo modo, rasgos, andar y ademanes repetidos; era un libro de páginas replicadas, era la abominable reiteración de los espejos.
El tiempo se ralentizó para él como en una moviola como en un tocadiscos falto de revoluciones.
Todo perdió unos instantes movimiento y cobró una quietud de fotograma inmóvil.
El silencio planeaba lentamente sobre el mundo como un pájaro gigante y transparente.
Sonó un frenazo en la calle. Gritó un perro atropellado y volvieron las impresoras y los timbres y volvió el sonido y su dominio.
Fue pasados unos segundos cuando advirtió que sus semejantes no eran completamente iguales; no todo el mundo tenía la misma edad; el paso del tiempo conservaba su huella inexorable.
Miró a cada uno de sus compañeros.
El botones que traía el almuerzo y llevaba sus dieciocho años a la espalda.
El auxiliar que fumaba en la mesa bordeando la treintena.
El oficial cuarentón que contesta al teléfono.
Eran como versiones de él mismo, versiones perfectas, copias realizadas en edades distintas.
Y el jefe que leía el periódico reclinado en sus cincuenta, debería ser la imagen exacta que surgiría de su cuerpo, cuando pasasen diez años, la imagen del inicio de su futura vejez.
Se sentó en su mesa, abrió el diario, empezó a hojearlo.
En primera plana, una crónica fotográfica. La policía cargaba contra los manifestantes en una lejana dictadura. Tanto las fuerzas de orden público como los rebeldes tenían el mismo rostro; sólo los diferenciaba el uniforme y el tiempo.
En las páginas de cultura, una reportaje sobre “La Batalla de Tetuán”, la conocida obra maestra de Fortuny. Eran dos ejércitos de soldados de plástico, hechos en serie pero vestidos con uniformes distintos; se acuchillaban, se fusilaban, se torturaban hasta el suplicio más atroz, hasta la muerte.
En las páginas deportivas, la alineación del equipo nacional con un mismo nombre repetido, una fotografía de la formación con un mismo jugador multicopiado.
Y ese policía, ese manifestante, ese soldado español o norteafricano, ese jugador, ese portero, ese entrenador eran él mismo; sólo una diferencia apreciable; el atuendo y el tiempo.
Arrullados por los ritmos mecánicos de la oficina, soñó despierto.
Vio una playa gigantesca, infinita como el tiempo.
Vio estrellas en el cielo inacabable.
Vio burbujas elevarse en una inmensa copa de champán.
Vio un tablero ilimitado de ajedrez con incontables peones.
-Señor, señor- Le gritó un cliente.
Su mente volvió a concentrarse en lo exterior; de nuevo la sorpresa le horadó con sus dardos imprevistos; el muchacho que estaba delante de su mesa reclamándole un documento, era distinto a él, en nada se le parecía. Pensó que lo habitual retornaba como el flujo marino. Pero no. Todo seguía siendo anómalo, sólo aquel joven resultaba extraño, a causa precisamente de su normalidad.
Quiso hablarle pero no le brotaron palabras. Pasaron algunos segundos afilados que se le clavaron en la carne. Después el muchacho sin explicación alguna, se dio la vuelta, se alejó hacia la puerta y echó a correr escalera abajo.
Superada su primera indecisión, no tardaría en seguirlo.
Se abría paso entre la multitud indiferenciada. Era una persecución por calles tortuosas y laberínticas. A veces, lo perdía pero acababa encontrándolo siempre.
En una plaza solitaria, lo alcanzó. El joven lanzó una oleada de risa. Se acercó a su perseguidor. Lo miró de soslayo y se arrancó la careta.
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La casa que deseo

Si decidimos amarnos, no te pediré una casa de madera o concreto,
sólo te pediré dejarme habitar en ese lugar donde frágil o fuerte tú puedes hacerlo.

Que los cimientos sean de un verdadero amor, para la amenaza de la tormenta.
Las paredes de confianza y cariño, para cuando haya un malentendido que explicar.
El piso de seguridad, para cuando uno de los dos sienta debilidad.
Ventanas de esperanza, para cuando una mala noticia nos cause calamidad.
Nuestra recámara revestida de bondad, armonía y lealtad, para cuando lleguen los días de vejez y enfermedad.
La cocina con las recetas del amor, de riquísimo sazón y aroma invitador.
El comedor sencillo pero mágico para que hable el soñador.
El cuarto de estar tan confortable que nos impacientemos por llegar.
Y que la puerta principal tenga una llave que represente sublime prisión o indeseada libertad.
Entonces esa casa con el tiempo no lo será más, cuando se convierta en un bello hogar.

Letizia Salceda,,
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Madre

MADRE, tus piernas enmudecen sus quejidos,
saben de memoria el peso del trabajo laborable
que tú has situado en la cocina,
sin que nadie parezca enorgullecerse de tu persona por ello.

Madre, las yemas de tus dedos
parecen no tener vacaciones
y el sueño está exiliado de la patria de tus ojos,
pero sigues aquí, en pie, entre trastos por fregar,
como un vendaval de perseverancia
por seguir adelante con todo.

Madre, se van burlando del tinte
las perezosas canas de tu pelo,
pero todavía hay un arco iris diminuto
en las facciones de tus risas de niña
y eres sabia en esto de la estrategia y el juego de la vida
al que tanto apuestas por nuestro bien.

Madre, descansa por un tiempo, descansa,
reposa por unos días, date una pausa
porque se me resquebraja el corazón al verte doblegada.

Date una pausa, aunque sé que estarás
desmesuradamente interesada en la prisa,
porque es más tarde de lo que parece
y tus hijos mayores hace tiempo que no fumamos a escondidas...
Date una pausa, porque a los adolescentes
pronto empezará el mundo a teñirles las pupilas
de colores nuevos y peligrosos.

Madre, sé que sigue habiendo todavía
pañuelos y consejos esperándome en tu hombro,
aunque el tiempo haya asesinado las nanas
y ya no nos firmemos las mejillas, con nuestro afecto,
tan a menudo como entonces,
pero sé que continúas escondiendo un te quiero en cada plato.

Madre, tus piernas se alivian de su carga de quejidos
cuando las horas en que las camas se deshacen
cobijan y sopesan tu cansancio.
Por eso yo, con este modesto poema,
he querido hablar por tus dolencias,
porque hay mucho que aprender de ellas, Madre.


(Abel Santos, de ESENCIA,
Ediciones Az90, Barcelona, 1998)
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Etérea Musa

Poeta vagabundo de versos,
títere de silencios,
en su soledad de musa
anheló sanar su inspiración
renegada de palabras y letras.

Puso un anuncio en vida ajena:
"Busco salvación virgen de ideas"

Recibió respuesta agitadora del sentido,
de teclas etéreas en luz de luna:
"Con el miedo por bastón,
te espero en la vejez de mi casa"

Partió el poeta,
hacia destino desconocido,
como guía la voz de su musa,
la halló sentada en adoquines,
con su pecho lleno de pos-it
y la lluvia por sudor,
papeles que dibujaban
relatos de vida de musa rota.

Descosidas las costuras
de su corazón, por cada ojal
escapaba la tristeza de su alma,
susurrada melodía,
"Vida de reloj de cuco
a dos certezas de una realidad,
sacrificando la eternidad de un segundo,
pasos descalzos de esperanza
sedientos de la calzada de piedras
con nombres como lápidas del mío"

El poeta, enchido de lágrimas
en paño de consuelos,
abrazó a su salvadora malherida,
auyentó lobos y nieblas,
le puso letras al amor,
"Eres mi musa
alquimiadora de piedras en versos,
luna llena
a la que mi corazón clama"

Ella volvió a rasgar el clarinete de las risas,
él, en su fiel melancolía, escribió versos de abandono y eterno olvido.
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La Cita

Era el último recorrido por las calles de siempre. Miró de una manera más detenida el centro de la ciudad como si acabara de descubrir algo irreal en sus edificios. Algo le hizo caer en cuenta que llevaba años sin mirar nada, como si solo caminara mirando el rostro de los miles de peatones diarios.
En ese momento se percató de la vejez de algunas edificaciones sobrevivientes al paso de la modernidad, con sus fachadas deslucidas y su pintura en ruinas. Recordaba haber visto algunos avisos publicitarios de refrescos con su color original y su impacto visual en la distancia. Pero acababa de ver un cambio en las calles y en la arquitectura y hasta en las caras de las personas que siempre vio como una repetición de rostros.
Era como una luz repentina pronta a apagarse cuando cayeron las sombras y la ciudad se iluminara. Hubo entonces una honda melancolía capaz de confundirlo un poco pero ya todo estaba decidido para terminar su recorrido y cumplir su cita inevitable, decidida y expectante con la muerte.
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