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Tú y yo rimábamos

Tú y yo rimábamos.

Éramos dos caras iguales compartiendo moneda.

Teníamos una sintonía absolutamente mágica, que nos hacía hermosos, fuertes e invencibles.
Pero la armonía tiene un precio y la perfección solo dura lo que dura un aleteo, si no… No sabríamos percibirla.


Tuvimos que devorarnos y después de eso, ya nada fue suficiente.

Disparamos y el fogueo nunca fue para nosotros. Nosotros íbamos a matar.

Y nos matamos. A silencios, a vacíos y a distancias.
Nos matamos bien muertos. Nos rematamos. Y ninguno creyó nunca en la resurrección.

Y es que a joder no había quien pudiera ganarnos. En esto también, éramos únicos.

Nos matamos con pistola, con hacha y con veneno. Asfixiándonos, rompiéndonos, ahogándonos.


Sin piedad, sin paciencia, como si nunca nos hubiéramos lamido.
Te odiaba con tanta rabia… Con esa que uno tiene solo después de querer mucho. Porque no podía comprenderte… Y las dudas están diagnosticadas también como enfermedad letal.
Te odiaba porque para mí nada estaba por encima.
Porque pudiendo ser con otros, yo solo era contigo.

Y dime tú si eso, no es razón suficiente …


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etiquetas: amor, poema, poesía, historia
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Palabras

Nubes que se deslizan por mi cuerpo,
creando pequeños recovecos,
a veces, los dedos dormidos
intentan hacer juegos malabares,
sin apenas llegar a levantar
el meñique.

Auroras desdeñadas se amontonan
en mi memoria,
y surgen paradigmas
que recurren a hipótesis
de teorías indiscretas,
y sobreviven, a un misticismo
sacado de pucheros
aliñados de la mano de un poeta.

Lenguajes metafísicos,
de lluvia, luz y tristeza,
adulteran la tinta
que regala mi pluma,
tejiendo nubes verbales
llenas de premisas y conclusiones dispares,
tal vez, sean inconfesables,
tal vez no lo sean.

Ay! Poeta atemporal,
despeinado de elocuencia,
estirando tu mundo
con un paño de demencia,
estrujas palabras
para extraer parte del veneno,
parte de tu esencia,
midiendo desde la esquina
de tu métrica
hasta el ángulo más esquivo,
ahogas entre tus dedos
las teclas de experiencia .

Angeles Torres
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etiquetas: concursoesencia
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—Erosion(ando)—

Si hoy me cruzo contigo
si hoy despierto a tu lado
si hoy me miras por dentro
hoy sabrás lo que siento


Que eres tú
ese veneno
devorando mi tiempo
hasta estar sin aliento
Que eres tú
quien me prende
Quien consume
el desastre
de mis calles inertes

que eres tú ese tesoro
imantado a mi pecho
tan opuesto y perfecto

Si hoy me cruzo contigo
no te cambies de lado
entrelaza el abismo
de tu mundo
y el mío

Y haz que tiemble mi suelo
erosiona en mi pecho
y despierta el volcán
que erupcione el desierto

Si hoy me cruzo contigo
lánzame al precipicio

que si he de caer

Qué mejor
Que contigo ...



@rebktd
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tic tac. tic tac, noche y día, día y noche

Habrá una noche en la que el tiempo mate los días,

A lo mejor se necesita de otro tiempo para medir al tiempo, o a lo mejor es lo suficientemente infinito como para medirse a sí mismo, como la referencia, la brújula de cuco que guía todo el ser.

Tic tac, tic tac, tic tac, como si llevase un cencerro que te va taladrando poco a poco, y tic tac, tic tac, noche y día, día y noche, y te hace estar como una bomba que no sabe cuando va a estallar,

Pero Tic tac, tic tac, como una apisonadora imparable, viene como un río de otro planeta, invisible, implacable, el mas viejo y el mas jóven, la música mas silenciosa, mas maravillosa y mas temible.

Tic tac , día y noche, noche y día, antídoto y veneno, tic tac, como un tren conducido por nadie a la deriva de ningún sitio, tic tac, hasta los relojes se cansan de intentar contar los segundos, ni siquiera las olas son capaces de llegar a su orilla.

Tic tac, tic tac, se escapa el tiempo como agua entre las manos, ¿enserio intentamos vaciar un mar solo por haber tapado el horizonte con una sola mano?, tic tac, tic tac, como el eco de nadie en las montañas del vacío que se traga el cosmos, viene como una guerra sin soldados, como un frío para el que aun no se ha hecho un sol que lo tepmle.
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9mm (cargador repleto de honestidad)

Cuatreros de la envidia
asediando a los seres anónimos
con docta ignorancia.

Lo que no saben
es que tenemos una nueve milímetros
apuntándoles a la sien
con el cargador repleto de honestidad.

¡No os mováis!,
o soplaremos vuestro castillo de naipes
hecho de odio y veneno.

Hemos trazado líneas de humildad
para mostrar un sendero a nuestras familias
y no permitiremos que ningún
niño pataleta con bolsillos llenos
venga a ensombrecernos.

¡Márchense por favor!
ya estamos curados de tanta amenaza,
las dificultades del vivir ya son familia.

Si se aburren compren un maniquí y lo peinan,
lean un libro, paseen....
inyecten en sus vidas dosis de mundo real
y si por casualidad se vuelven "Yonkis" de ello, mejor,
entonces nos entenderán.

¡Márchense por favor!
abandonen el barrio.

¡Ahh!
si sus padres les preguntan
por que tienen los pantalones mojados,
un consejo:
¡Mientan!.
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Sentido de la vida

Sentido de la vida, a bala y escollo,
Yo salto y esquivo pero sin apoyo,
Donde la creencia es el único dolor,
En busca del veneno de tus labios,
Me hará alucinar con su sabor,
Y envejecer como un par de sabios,
Enfermo y moribundo buscaré la cura,
La vacuna del amor por su locura.
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Punto de partida

Oigo el ruido del mar
como una inagotable fuente de melancolía
susurrada a la sombra de los pies.

Varada en la orilla,
no izo el ancla de recuerdos
y quedo aferrada a la misma nostalgia
que vi nacer
con la primera palabra que hice trizas
bajo un crepúsculo de sangre y sal.

Soy mujer de madera
carcomida por la punta de tus dedos
bajo los parasoles abiertos de la incerteza.

Qué caminos más se pueden descifrar ante los ojos
si todo alrededor se convierte en polvo
de recuerdos inexactos.

La perfección de la memoria radica
en no dejarme dejar de sentir las heridas
que me mantienen con vida.

Y al final,
lo que menos importa
es que las lágrimas se mezclen con el mar;
pues sabe igual el veneno que la medicina.
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Presas indefensas

Somos presas indefensas, nadando en aguas de una Sociedad milenariamente contaminada,
por los sesgos del poder y sus manos serviles.

Desde sus lujosas cadenas de fábulas envuelven y esparcen sagazmente la dictadura imperial,
sus antídotos y miedos.

En los bosques hay hongos venenosos ¡no los recojáis!

En el mar hay peces venenosos ¡no los pesquéis!

En la civilización de hoy está el depredador más venenoso y feroz, el capitalismo

¡no os arrodilléis!

Ellos usan ignominiosamente su alienante veneno capturando sus presas, culturalmente adiestradas por siglos.

Ellos Crean pasos oscuros para que el hombre camine adoctrinado, por sus designios y mandatos.
Asi camina el hombre, por las veredas oscuras de llanto anegado.
Camina el hombre, ciego sin luz en su interior.
Camina sin reivindicaciones, sin proclamas, sin puentes que cruzar.

Somos presas distraídas de la dictadura Mundial, del impertérrito Mercado Caníbal que devora como presas indefensas, la ecuanimidad y la equidad de los pueblos subyugados que como presas indefensas,
engullimos su carnada desde las orillas de su mar de infamias.

JOSE LARA FUENTES.
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Cementerio

La luz de la luna iluminaba levemente las filas de lápidas en el cementerio. Soplaba una brisa gélida y la niebla flotaba entre las tumbas, en cuya piedra rezaban los nombres de los difuntos. Muchos ya habían sido olvidados; otros, en cambio, descansaban bajo flores frescas que veneraban su memoria. Entre todo este silencio sepulcral, se empezaron a oír pasos. Pisadas que se hundían en el fango, que dejaban huella en la tierra húmeda. Los lobos anunciaban la media noche y aullaban a la luz de la luna.

Patricia se detuvo unos instantes y se estremeció. Era una chica joven, rubia y de ojos azules y brillantes, los cuales resplandecían como diamantes en la oscuridad. Su piel era pálida y sus labios rojos y carnosos. Llevaba puesto un abrigo verde militar y unos pantalones vaqueros, además de sus botas de lluvia. Hacía tiempo que había escampado, aun así había llovido bastante antes de que anocheciera. Patricia apuntó con su linterna, con cierto temblor, entre las lápidas. ¿Qué demonios buscaba allí? De pronto comenzó a tener una extraña sensación. Tenía el presentimiento de que alguien más respiraba junto a ella, de que la observaban desde algún rincón de la oscuridad. Comenzó a dar vueltas sobre sí misma, con el temor de que la luz de su linterna reflejase alguna forma sólida entre las lápidas. Y de repente…
-¿Hay alguien ahí?

Patricia se sobresaltó al escuchar su propia voz. Fue como si todo se congelara, como si el viento hubiese dejado de soplar, como si los lobos hubieran enmudecido. Por unos momentos reinó al silencio… hasta que algo lo quebró: alguien se dirigía hacia ella. La joven apuntó con su linterna hacia donde oyó los pasos, que se sucedían uno tras otro, de forma continua. Fuera quien fuese, no trató de disimular nada su acción: caminaba de forma dispuesta hacia ella. Patricia empezó a temblar y sintió un miedo terrible, hasta el punto que se le helaron los huesos.
Y entonces lo vio. La figura se detuvo a escasos metros de ella, mirándola fijamente. Lo que contempló entonces, fue lo siguiente: un hombre vestido de negro, cuyo rostro era blanco como la nieve, cuya boca esbozaba una sonrisa maligna y cuya dentadura dejaba entrever unos colmillos espeluznántemente grandes.
Era un vampiro.
-Estaba seguro de que vendrías…-murmuró la criatura. Patricia retrocedió un par de pasos. Aquella imagen le era familiar: lo que veía fue en un tiempo un hombre atractivo y elegante. De hecho, aún lo seguía siendo. La única diferencia (además de sus dientes) era que ya estaba muerto.
Agustín…la voz de la muchacha se quebró y apenas pudo pronunciar el nombre-. Agustín…
-Sí, soy yo-asintió el vampiro, que había reanudado su marcha hacia la joven.

Patricia volvió a retroceder. El pánico invadió su cuerpo y apenas podía pensar. Lo que veía no podía ser cierto, pero la voz de la criatura siguió resonando en su cabeza.
-No temas, amor mío. Soy yo, Agustín-el vampiro extendió su mano, en un intento por ganarse la confianza de la joven. Su sonrisa era aún más maliciosa que al principio.
Patricia pareció recular. Sus ojos se bañaron de lágrimas y tras observarle de pies a cabeza le contestó:
-Muerto o vivo, siempre serás el mismo. Durante varios años fui esclava de tus golpes, de tus mentiras, de tus dardos… cuyo veneno nunca podré extraer y por ello nunca podré sanar… tú eres el culpable de todo. Fuiste un miserable en vida y no por estar muerto cambiarán nada las cosas.

La sonrisa del Agustín quedó borrada al instante. Con una mueca en su expresión, pareció reflejar en su rostro el dolor que había descrito la joven. Negó con la cabeza, mostrando arrepentimiento. Tras esto, habló:
-Los errores que cometí en vida me hicieron más humano tras mi muerte. Ya ves, amor mío, que fue tras apagarse mi corazón cuando realmente parezco tener alguno. Ni un solo día bajo tierra dejé de pensar en ti: en tu sonrisa, en tus ojos, en tu boca y en tus labios, en tu cuerpo desnudo junto al mío…
Una lágrima recorrió la mejilla de Patricia. Aunque el vampiro pareció comportarse mal en vida, los buenos recuerdos comenzaron a florecer en la memoria de la joven. Dio un paso adelante.
-Yo no quería que esto terminase así-dijo-. Podríamos haber sido felices…
-Todavía podemos serlo-contestó Agustín, y entonces volvió a recobrar su maligna sonrisa-. Ven conmigo y te prometo una eternidad junto a mí.

Patricia confió, avanzó hasta el que un día fue su amado y le agarró de la mano. Entonces, cual conejillo que es cazado por un águila, el vampiro la presionó contra su pecho, le agarró con una mano su cabello y con la otra la espalda, y le mordió entonces en su cuello. La sangre manó de la pálida piel de la muchacha, que apenas pudo emitir un grito ahogado. Los lobos volvieron a aullar con fuerza. Los cuervos, ocultos en los árboles, comenzaron a graznar. La niebla se hizo más densa y una gran nube ocultó la luna, quedando el cementerio a oscuras. Un instante después, entre las tinieblas, brillaron dos ojos como diamantes. Eran azules e intensos y comenzaron a vagar entre las tumbas. En realidad, Patricia había sabido siempre que su final sería este.
Aun así, fue al cementerio en busca de algo que su mente no deseaba… pero sí su corazón.

Evan Huygens
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Tú porque tú

Tú...

porque cuando llueve, tú
porque cuando el gallo canta, tú
porque cuando hace frío, tú
porque en la sonrisa del sol, tú
porque en la mirada de la noche, tú
porque en el rumor del oleaje, tú
porque en el murmullo del viento, tú
porque en las notas del río, tú
porque en la danza del fuego, tú
porque en la caída, tú
porque el naufragio, tú
porque el bigbang, tú
porque la singularidad, tú
porque el parpadeo, tú
porque el infinito, tú
porque la rasgadura, tú
porque la daga, tú
porque el veneno, tú
porque el antídoto, tú

Tú...


@AljndroPoetry / xii-17
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SEPTEM PECCATA CAPITALIA III, IV (@AljndroPoetry, @Alex_richter-boix , @Transmisor_d_Sinestesias, @MiguelAdame)

III – GULA –

Fácil, es tan fácil volver a tomar la sustancia que da la vida,
dejarme llevar, como si fuese siempre azul, siempre nítida.
Saboreando el dulce y la sal del mundo, exprimiendo sus frutos,
cada uno de sus sabores. Los he hecho míos. Todos.
Soy cuerpo sin finito. Me cabe el absoluto.

Fácil, es tan fácil olvidar la moral que me condena a un vacío insoluto
por devorarme con deseo la ebriedad de mis deseos,
maligna es mi hambre que no se sacia con el fruto de tu boca
sin limites distintos a una voluntad placentera,
es por gula y no por hambre que pierdo el control de mi espíritu.

Fácil, es tan fácil beberse océanos de alcoholes incendiarios,
de consumirse, supurando, como un sol enfermo,
y a este mundo nuestro, regurgitarlo sucesivamente
para engullirlo mil veces, más allá de la felicidad,
esclavo del hambre de las grasas y el vientre hinchado.

Hambre que desata los peores pecados
destruir a los frutos del espíritu
sin haberlos buscado
el mundo no se conforma con verme palidecer hambruna de ideales
me quiere ver en la infertilidad de una mente saciada por el falso alimento del dolor

Me quiere en placeres enjaulado, viendo la exuberancia de los sentidos
sin ver a las madres caerse de rodillas, ni las cicatrices en la lengua
de sus hijos de lamer espinas, o los huesos que se levantan
y se visten con sus pieles, nada de eso veo.
¿Cómo podría saborear mis avaricias viendo?

El hambre no se cansa de tener pretendientes
te asecha a cada bocado del subconciente
la gula te ha puesto una trampa
devorar tus deseos de una buena gana
es fácil sentirse el dueño de todo y morir de inanición en el alma.

IV – SUPERBIA –

¿Qué obscuro anhelo disimulas ahora?
¿Cuánto ego pestilente te alimenta, animal de mil ojos?
Ente que nutres al ser, con miradas y apariencias
ruges a todas voces para lucir camaleónico camuflaje
y clavas tus uñas, de un zarpazo… ¡Pedante insolente !

Me posee tu fatuo sentir de vanagloria.
Vuelo encaramado en tus negras alas de cuervo carroñero
más allá de la cima del Everest y observo desde allí,
ilusamente, multitud de insignificantes mortales;
todos ellos, muy por debajo de mí. ¡Delirio petulante!

¡Sí, muy abajo!, ¡La planta del pie, sea quizá, digna para esos!
¡La saña de una sonrisa burda, sinuosa
es lo más que merece esa muchedumbre!
¿Ya infecta tu sangre, ésta ponzoña ácida?
Serpientes de vanidad laceran ya, tu pecho...

Siente como mi influjo de grandeza
cual plasma espeso, recorre tus henchidas venas;
insuflando veneno en polvo en tu corazón y tu cabeza,
te hago monumental, te lleno de majestad.
¡Qué no te importe el porqué! ¡De la sinrazón soy la reina!

¡¿La reina?!... ¡Cansa éste juego de ajedrez al que sometes!
Donde tú, sobre un trono, gobiernas dentro de ésta burbuja,
remedio único es la humildad que rechacé del pecho de mi madre,
aquello que no bebí, pudo evitar tantas llagas malignas...
aquello que no bebí... ¡es lo que puso a Luzbel en los abismos!

Juegas conmigo y me posees cual nívea y árida heroína,
tus perversos corpúsculos despliegan un ancho desierto sin oasis,
caigo en tu hondonada sin tocar jamás el fondo,
¡cuánto más caigo y me deshincho; más me encumbro, más me inflamo!
ay, si tan solo un arcángel, Uriel o Sariel, me elevara en sus alas
y me llevara a conocer los valles de remanso de la sencillez.



Mesa Compartida:
Alejandro Poetry, Alex Richter-Boix ,Transmisor d Sinetesias & Miguel Adame
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54comentarios 363 lecturas versolibre karma: 114

Tempo

Quiero escribir para ordenar mis pensamientos
para controlar mis idas, mis venidas, mis viajes introspectivos

Para curarme de la desilusión que quieren fomentar

Para romper con la injusta racionalidad y ponerme un tapon en los oidos,
ante el veneno.
El primer café
La musica
Escribir
Leer
Respirar
Vivir

Una buena conversación,


Momentos de evasión,
huída de este mundo que quiere condicionar

Romper las líneas verticales,
con imaginación

No echarte de menos,
porque siempre estas contigo.
Porque somos más fuertes de lo que nos quieren hacer

No saben quienes somos,
no saben quien soy

Dentro de mi está mi guión,
en blanco

Así es como lo quiero,
huyo de las pautas,
de cualquier cosa que se aleje de mi propio yo
de mi mundo interior,
de soñar,
de enfadarme,
de reírme cuando me de la gana

Te invito a acompañarme
o seguir tu propio guión en blanco,
de vivir y dejar vivir como quieran,
de dejarte vivir a ti

De perseguir cosas que no apunten a números
De valor, cada minuto,
a las personas

Conversaciones y no relojes,
relaciones humanas y no trabajo constante

Que el unico 24 horas que exista en tu vida sea el de las golosinas
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De tus labios salen palabras

De tus labios salen palabras…

Frías como el hielo.

Blancas como el invierno.

Traicioneras,
como el azar.

Profundas e inescrutables,
como el mar.

Ardientes,
cual vivo fuego.

De tus labios salen palabras...

Pocas creo que sean verdad.

En especial,
aquellas que ansío escuchar.

De tus labios salen palabras…

Duras como el acero,
ácidas cuál veneno.

Muchas otras bellas,
en su inusual intimidad.

Las que por desgracia,
tan poco te oigo pronunciar.

Las que,
por desgracia,
serán las primeras en olvidar

De tus labios salen palabras…

Muchas acerca del pasado.

Otras,
sobre el presente...

Y en mi mente,
mi obsesión,
el único deseo en mi corazón,
es formar parte de aquellas que vendrán.

De tus labios salen palabras…

Dulces,
como un “te quiero”.

Vergonzosas y tímidas,
en un suspiro fugaz.

De tus labios salen palabras...

Todas ellas vistiendo esa danza.
La bella danza que me enseñaste a bailar.

Si nunca tuve tu amor,
dichas palabras nadie me las negará.

Tu bello rostro,
tu linda cara,
tu nariz respingona,
esa peca desvergonzada,
la mirada achinada.

Trazos que nunca podré olvidar.
Escenas que siempre voy a recordar.

De tus labios salen palabras…

Como escogidas sin pensar.

Palabras,
libres,
tuyas.

Nunca será el fin,
mientras las pueda recordar.


Rheinn
"De tus labios salen palabras..."
Todos los derechos reservados.
RheinnPoetry ®
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Cambia el flujo y otra vez a la contra

El vértigo de mi aliento al tuyo.
Las lágrimas derramadas
son de tristeza y no de rabia.
Ya no odio todo lo que construyo,

no me sienta como una cárcel el mundo
y la salida fácil es la misma entrada.
El vacío del pecho se cambia con la asfixia
que mi cuello sufrió entre los muros

de la cárcel donde soy preso y carcelero
adónde busqué para mí un refugio
que no encontré y fue solamente veneno

en un cristal opaco que se volvió turbio.
Ya no tiro por la borda todos mis remos
aunque no se pueda ir en contra del Danubio.
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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo. Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea.

Para ella todos son tarántulas. Inútiles mortales venenosos que a la danza de cualquiera bailan. Hijos de Pirro bañados con gloria; en la mañana claman por la paz y la justicia, en la noche huyen de los monstruos que vivimos entre ellos, ignorando nuestro canto en las sombras. Nosotros los huéspedes purpuras; locos, dementes, estúpidos, vituperados por los predicadores de cuaresmas y de demonios. Enanos pesados, topos que dañan jardines de la memoria, que se ríen de estas musarañas que se defienden de los depredadores oliendo a inocencia, buscando albergue en la impetuosidad ridícula de los cobardes.

Sigue arrastrando su cobija que se llena de impurezas en contra de su voluntad. Vuelve a su casa dejando atrás el color de sus pensamientos, llevando consigo una luminosidad que ciega a todos. Las tarántulas venenosas hieden de temor ante ella; las baldosas se ensucian de sangre al estallar entre las personas y ese bombazo simpático se convierte en una fábula de Sócrates; en una historia nómada leída por fantasmas, leída por indios. Se vuelve en un diálogo de Apolo con Telfusa para engañar no solo a los hombres, sino a Dios.

Ella se convierte en un silencio inventor, no como el de Cage, ella inventa un silencio especifico, un vacío que la devuelve a las sucias calles de Guayaquil, ese vacío le alivia el dolor de lo lleno; el dolor de un torbellino de palabras que se cortan entre imágenes tontas de ninfas inmortales de primera clase. No necesita atención, sin embargo construye estos vacíos para acoger visiones perfectas que pasen su mirada, por cada palabra, para sentirse como un ángel exterminador a través de una fuga de silencio que se confunde con reinos construidos con naipes. Sin embargo, con tristeza, esta nereida dejará la puerta abierta por si acaso alguien quede lleno y quiera irse; en el caso de que quede vacío, que abucheen al teatro que se abre a su alrededor.
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Argentina dos mil siempre

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Voy a hablar sobre un cuento de hadas
arrojado a la hoguera, donde se pudren los
peldaños de la escalera hacia el futuro. No debe
enorgullecernos ser partícipes de este histórico ocaso.

Los días transpiran veneno por sus lunares.
El orden social con el que hemos pactado
(creyéndolo el mejor posible o el menos funesto)
solo trae consigo sufrimiento o abandono.

Y mientras tanto, los que deshabitamos este país…
Ya que aún no nos hemos
afiliado a la unanimidad seguimos
deleitándonos con pan duro para
encías solitarias. Insurgentes prejubilados,
disertamos en voz baja en el
parlamento de las furias y las penas.

La estadística transforma a las
personas en cifras equivocadas.
Con tantos que la alimentan a diario,
la muerte está más viva que la vida.

El apostolado de lo perecedero ofrenda
los últimos restos de ideales carcomidos.
A los zurcidores de inocencias nos cuesta masticar
los días que se desmayan encima nuestro.

Y mientras tanto, los que deshabitamos este país…
Plebeyos con ambiciones que llegan a
la mesósfera, observamos la soberanía
de las luces desde las sombras
de la caverna de Platón.
Construyendo origamis de chicle, con
el entusiasmo de los despertares homicidas.

Me atrevo a aseverar que en nuestra patria
se han robado incluso un par de pecados capitales.
¿Sabrá venir otro tiempo, de lunas ajadas
alumbrando nuestra tenebrosa forma de existir?

Jugando a contar las luces apagadas
en un bosque de fantasmas derrelictos,
¿Cómo puede avanzar un terruño que
cultiva hace tiempo legiones de parias?

Y mientras tanto, a los que deshabitamos este país…
Nos han suministrado sin misericordia una
infusión de adversidades, disueltas en
agua exprimida de un arrollo contaminado.
Imposible tomarse en serio este reino, que no
es más que una enorme rotisería atendida
por pilotos de karting sin ganglios ni entusiasmo.

Mi país es una cerradura gigante donde depredadores
con avidez infinita crean sus propias reglas.
¿Qué hacemos cuándo los que deben proteger a
los corderos afilan las dientes de los lobos?

Alguna vez escribió Benjamín Prado que la ofuscación
es la última bala de los resentidos…
(Pasa que aquí, hasta de resquemores nos despojaron).

Argentina es un interminable crucigrama
que nadie se molesta en resolver….
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Silba la Esperanza

Silba la esperanza en la noche de los muertos, pero la hambruna está destinada a vivir en ayuno, insólitamente custodiada por una botella de leche enrarecida.

Hoy día el rumor es un ruego a mil voces de quienes suplican la libertad de los pueblos forzados a vivir clavados en la cruz del tintineo.

Yendo al desierto a remover los cactus, sólo consiguen que los escorpiones se escondan afilando el aguijón y su veneno.

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, rencor y ruinas es la herencia de los pueblos que vistieron con un libro caducado e inverosímil llamado libertad.
Hay pueblos enteros perversamente destruidos por la real academia de la opresión

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, qué astucia hacerlos morir para trasplantarlos de nuevo, qué importa que culturas enteras mueran por la avaricia de pocos, así es el destino del que navega en aguas contrarias, y aunque en el fondo del océano hay tesoros escondidos, la historia pocas veces sobrevive allí.

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, aunque unos pocos países perduraren de pie,asolados en algún remoto abismo del mundo, abrazándose a la brisa que nunca les olvido,la esperanza loc cobije .

Silba la esperanza en la noche de los muertos,
y los astutos mercenarios cubiertos de bondad
siguen apoderados de las luces de las pantallas inhumanamente objetivas de la comunicación, que muy a menudo convierten el abuso
en histórica hazaña de liberación y consagración.
Silba la esperanza en la noche de los muertos
y aunque matan,
muerden y mienten sus editores los llaman líderes mundiales.
¡Vaya cobardía!

Urge un nuevo orden mundial.
Hay que derribar los puentes que sostienen al autócrata y a sus tanques.
Hay que despertar la revolución del hombre vejado y dormido.
El destino último del hombre tiene que ser la libertad, el pan, agua y abrigo.

Hay que parar la barbarie de moda: ver esqueletos vivos andando
sin brújula por las calles del olvido.
Hay que quitar la varita mágica de los mercaderes de la muerte que crean el hambre y la muerte.
Hay que parar que sigan sembrando el rencor entre los pueblos oprimidos para que no se levante el resentimiento entre las piedras más pequeñas.

Silba la esperanza en la noche de los muertos y un volcán de fuego, furia y lava se encumbra entre las cenizas del pueblo golpeado.
Silba la esperanza en la noche de los pueblos vejados,
aunque su destino sigue siendo cruel e inhumanamente incierto.

JOSE LARA FUENTES ©
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SEPTEM PECCATA CAPITALIA I (@AljndroPoetry, @Alex_richter-boix & @Transmisor_d_Sinestesias )

******* I –IRA– *******
¿De nuevo tú?
Vaya…
justo pensaba en
si un día dejarás de venir
Dime…
¿vienes a alimentarte de nuevo?
¿A sembrarme esas rosas
ardientes en el pecho?
¿A hurgar de nuevo en mi herida?
¿Vas a masticarme las entrañas
como acostumbras?
¡Eres una fiera sin descanso!
¡Acechas cual animal herido!
Desgarras mi entereza
rasgas mi cuello
envenenas
embistes
desangras
consumes
¿Te gusta roer mis huesos?
¿Acaso te nutres
de los pedazos
de mi cordura, Bestia?

Vengo a encabritar tu corazón
Rondar tus venas con mi caballería
Pisotear tus arterias
Inflarlas
Henchir tu pecho con mi veneno,
que no es más que el tuyo:
adrenalina y noradrenalina
Eres buey ahora.
Un animal desbocado.
Soplo hasta emborracharme
para que prenda el tizón,
el carbón vivo de tu corazón.
¡Corre!
¡Ves!
¡Arremete!
Devasta aquello que me ha despertado
No hay indulto ni amnistía
Nada que eximir
Nada que olvidar
Nada que tolerar
Vine para destruir
Para allanar
Acudí en tu ayuda
Ahora:
¡golpea!
¡Incendia!
Sal con tu corazón
ardiendo en la palma de tu mano
Que lo vean todos
Estamos aquí para quemar
Calcinarlo todo
Sin mi,
sin ti,
el mundo no andaría,
no avanzaría,
y tú lo sabes.

Te escucho y hasta un punto
te entiendo,
pero tengo contra ti unas cuantas cosas:
que te veo hoy, como siempre, ataviada de luto
con vestidos manchados en sangre bermeja
¿qué no eres tú la culpable?
quizás la razón toda tuya sea
eres la chispa baladí
en el bosque árido que padece su sequía
¿es acaso el incendio infinito tu yerro?
tal vez es culpa de la física, de la química,
del oxígeno de la combustión
del diluvio estéril.
Enfrentas a hermano contra hermano
vecino contra vecino
padre contra hijo
hija contra madre
sur contra norte
occidente contra oriente
blanco contra negro
gris arcoíris en contra de todo
y a favor de nada.
Pavesa maldita
que arranca el incendio
y de inmediato se vuelve ceniza.
¡Qué le importa a los dioses tu atroz proceder!
(el Olimpo y el Valhalla callan)
Y que dancen y ardan
todos los demonios internos
de esta mustia humanidad.


******* II –ACEDIA– *******
Intento quitarme este negro aguacero
de los ojos, ahuyentar la lluvia seca,
que corre por mi cuerpo.
¿Cuándo amanecerá?
¿Cuándo volverá la sonrisa a flor de piel?
¿Quién abrazará mis noches de insomnio?
Llueve mi interior y me inundo
de agua ennegrecida
hasta encerrarme en mi crisálida
sabiéndome que en el futuro no seré,
ni seré yo nunca más yo, ni proyección alguna
sólo crisálida fosilizada
una pieza de ámbar fumado,
muriendo,
lenta-
mente durmiendo, en sueño,
por carencias de años,
de pechos secos e incesantes golpes,
de un vivir sin vivir,
de tantas piedras lanzadas.
Sin encontrar razón de tanto desamparo.
Edifiqué la casa junto al río,
allí donde los peces venían a morir a la orilla.

Tan pesadas son las cadenas de amatista
con que me atas,
y yo aquí levitando en este cuarto oscuro
cuyo piso se aleja de mí a velocidad luz
hasta las entrañas mismas de la tierra.
Brunos escorpiones cubren mi cuerpo
y se nutren de mi esencia vital,
toda mi energía es su alimento,
desfallezco de inanición
en las abisales tinieblas
de este piélago de abatimiento.
¿Hasta cuándo he de habitar
en este seol de autoinflingido reposo?
¿Cuándo vuelves a nacer para mí,
estrella de la mañana?
¿Cuándo volverá el gorrión a trinar
y el pico del colibrí
a posarse sobre los pistilos
de una primavera
que tarda eones en llegar?

¿Cuándo? ¡¿Cuándo?!...
¡Mentirás! ¡Lo sé!
¡Querrás hundirme
entre tormentos nuevamente!
estás sedienta, se nota
Te disfrazas
de negra mariposa
pasiva, inocente...
más tu tóxico aguijón
anulará mi sentir
mi amor propio
mi fe...
¡Me empujarás
a tu abismo,
en tinieblas
beberás mis lágrimas,
nublarás mi mente,
sacarás mis ojos,
arrastrarás mi vigor,
mi entereza!
Me olvidarás...
me olvidaré...
Postrado
entre esa niebla y consumido...
nuevamente... Dormiré...

***********************************
SEPTEM PECCATA CAPITALIA
(Capítulo I: Ira - Acedia)
Mesa Compartida:
Alejandro Poetry, Alex Richter-Boix & Transmisor d Sinestesias
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Dilemma Animarum

Sencillez
esa mar en calma

una sonrisa
como amaneceres de agosto

mirada leonina

vibra instantánea...
corazón a la garganta

reconocimiento...

de dónde?
desde cuándo?
no lo sabes
el alma si

algún otro tiempo
bebieron del mismo cáliz

en otro plano
quizá se sabían

quizá
en otra época

o allá
donde no hay tiempo

si...
es posible el reencuentro

pero también
un nuevo Adiós
con néctares amargos

venenosos...
duraderos...
inaceptables...

y resolver en siete segundos
si hablar o no
si sonreír o no...
si vivirse o No...

**************************
Transmisor d Sinestesias©
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Qué haré con la noche

Ando lleno de fatalismo y locos que me son ajenos.
El viento trae olor a fraude y trampas.
La lengua extraviada, anda,
salivando venenos,
alucinada.

Soy un animal distraído, de escuálidas tardes.
Humeantes cafés herederos de escombros.
Soltaré al perro, ignorante,
de duelo callado,
asustado.

Trae la aurora sábanas raídas, engalanadas
de tristeza, de últimos aullidos
a las fieras del desamor,
y al pájaro asustado,
escuchando,
las voces,
la muerte,
de una mesa inexistente,
de platos indispuestos,
sillas vacantes, hasta aquí,
la noche reciente,
la de los insomnios y la soledad
engalanados en sábanas,
raídas por la aurora,
hablando,
la voz de un pájaro
mullido en amapolas,
en lumbre sobre un raído
lecho mal nutrido.

Me sigue el aliento de tu piel, coartada.
Las fiebres de las manos que amaron.
Habita ahogada, la noche
en mi garganta,
anegada.

¿Qué haré con la noche?
¿Qué haré con ella?
¿Qué haré?
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