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Tormenta

A luna de hoy,
no hay espacio entre las palabras y el silencio.

Alguien cantó
durante una milésima de segundo
y fue suficiente para ahogar la boca
antes del susurro.

Cubrió tres años,
pero pasó tan fugaz...

Se acerca la tormenta,
soy muy consciente que la tengo cerca
pero he vuelto a mirar hacia atrás
y se me ha hecho sal el corazón.

Quién me protegerá
de la eterna canción
que nunca,
nunca va a dejar de sonar?

Confieso el miedo extremo
y la valentía vestida de ya no;
luego, si acaso,
en un espejo roto.......

me obligo al presente
y me veo;
y soy yo misma venida a menos,
una muesca marcada
en la cama de cualquier hospital
al que se le ha derrumbado el techo.

Convalecencia interina
por la falta de abrigo
en las noches de verano.

Y qué extraño el llanto que apenas se oye...

En este pantano sin ventanas abiertas
puedo afirmar
que me va a estallar la cabeza.

Espera, dice mi sangre,
espera,
que aún no estoy seca.

En realidad,
en cada suspiro que gotea,
no hay sol que por dolor no venga.
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18comentarios 95 lecturas versolibre karma: 107

Si fuese

Si fuese luz de mañana
te alumbraría camino
si fuese del ave, el trino,
cantaría en tu ventana.
Si fuese lluvia liviana
rociaría tus jardines,
si fuese yo los jazmines
tus noches perfumaría
y quizá te besaría
tu boca aunque me calcines...

Si fuese trova nocturna
susurraría en tu oído,
si fuese tu amor prohibido
sería tu inquietud diurna.
De esa tu alma taciturna
sería el bello consuelo,
sería alas de tu cielo,
sería aguas de tu mar,
manjar de tu paladar,
mas no soy, de ti ese anhelo...

*******************************
Si fuese
2018
Transmisor d Sinestesias©
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9comentarios 80 lecturas versoclasico karma: 107

Las ventanas...

Mira la ventana, mira y dime que ves
que dicen tus ojos, que siente tu alma
cuando el cielo gris viene con el viento
llevando las hojas, en un silbido bajo
sin decir adiós…

Y la ventana nos resguarda del frío sin alma
del viento que apurado se lleva todo a su paso
sin compasión ni calma…

El vidrio permanece inerte
empañando su vergüenza
con el calor de nuestro aliento
mirando hacia adentro y hacia afuera
esperando una caricia, conque un ded
le dibuje su corazón…

Mira y dime que vez a través de la ventana
cuantas caras sonrientes, cuantas llorando
cuantos ojos soñadores, cuantos cerrados al viento
cuantos rostros besando en él los mensajes
de otros tiempos perdidos, buscando un destino
para descansar…

Yo miro más allá de la ventana
la vida que viene y que va
con sus emociones
vestidas de estación
con sus sentimientos
en cada expresión
con el mismo cielo
aunque el sol
más lejos o más cerca
con la ventana cerrada
al frío, o al calor abierta…

Yo miro a través de las ventanas
las de vidrios, y las del corazón… (Lola)
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4comentarios 101 lecturas versolibre karma: 102

sábado...

por el hueco sin techo
sobre el cuarto vacío de ventanas
desnudo gotea el desconsuelo
y no entiendo apenas el paraguas
pues me moja la frente este suspiro
cuando me obceco en despuntar el lapicero
desmenuzando la palabra «sábado»
y pasan de las siete...y no has venido
y se me hace repetir-te como un cuento
entre esa bruma crónica
que paciente va meciendo
como a un niño de niebla
mi cerebro
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4comentarios 90 lecturas versolibre karma: 103

El loco Otero

El loco Otero

Así le llamaban en el barrio, El Loco Otero. Yo no alcanzaba en puntas de pie el borde de la mesa y sin embargo lo recuerdo. Recuerdo que vestía elegante, usaba sombrero, en verano traje blanco y sombrero de paja y en invierno casimir inglés y sus zapatos brillaban desde lejos.
El brillo era el anuncio de su llegada y todos corrían y se encerraban en sus casas. Menos ella, a través de la ventana yo los miraba. Ella era más que hermosa, era angelical, su rostro suave y delicado, sus cabellos negros caían a los costados de su rostro nacarado. Y el loco quitaba su sombrero y la saludaba. Ella hacía un gesto con la cabeza a modo de saludo y automáticamente el loco Otero cambiaba su paso, parecía que levitaba.
Yo sé que él la amaba, yo lo sé. Nadie me lo dijo, pero en mi infantil percepción lo note en sus ojos, que pasaban de ser febriles a ser cristalinos. Sabíamos que ella pronto se casaría, él también los sabía aunque nadie lo mencionaba en su presencia.
Todos los vecinos fuimos invitados a la boda, él no. Yo fui con mi madre, entre de su mano a la iglesia que vestía de fiesta. El órgano sonó profundamente… y yo, cada vez más impactada por la majestuosidad del momento, creí estar dentro de un cuento de reinos lejanos. La puerta se abrió y allí estaba ella, una princesa. De pronto, unos zapatos relucientes brillaron en la alfombra. Todos, absolutamente todos exhalaron un “Ohhhhhh...”, menos yo que los miraba como siempre, como lo hacía desde mi ventana.
El loco Otero, la miró con sus ojos cristalinos, ella hizo un gesto con la cabeza y el comenzó a lanzar a su paso pétalos de rosas, ella caminó sobre la alfombra alfombrada de rosas perfumadas. Al llegar al altar él con una reverencia entrego a la novia. Y se fue.
Nunca más lo vi, con el tiempo alguien dijo que el loco murió en la internación y no pude dejar de llorar. Ella murió, siendo infeliz al lado de otra clase de loco. Y yo cuando pienso en ellos me viene a la mente una bella canción de amor de los Beatles y percibo un hermoso aroma a rosas.

www.youtube.com/watch?v=xm_kqzCL7pU

A.B.A. © 2018
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires - Argentina
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Besos de helio

Con helio y besos
se llena de colores
y vuela el globo...


Le até un abrazo
de esos como de invierno
y labios rosa
que corté en primavera;
él, con premura
sigue estrellas fugaces
para rozarlas
y el hálito de vida
que está en tus ojos
soplará en su nariz…
…bailará para ti.

En tu ventana
verás llegar danzando
un globo rojo…





Dee Dee Acosta
Jul.19/2018
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11comentarios 82 lecturas versolibre karma: 91

Esquirlas de sueño

A veces me doy a la certeza de que el rio de mi destino tiene un solo curso;
hacia los negros charcos de alquitrán humeante que antes solían ser un par de ventanas a noches serenas.
Tus ojos, los negros, los pequeños;
los que aquella primera vez desvanecieron el mundo muerto en una sola mirada.
Sé también que si un día emprendo un larguísimo viaje, por mucho tiempo y a ninguna parte,
no será por perseguir un sueño nuevo,
sino para que las esquirlas del viejo, que aún no ha parado de estallar, nunca mas me alcancen.
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Me gustas, verano

Medianoche. Julio. Carretera en La Mancha entre rincones de siembras de maíz.

Cuando el sol se va a dormir, surge la hora mágica de aspersores traviesos.

Gotitas de agua juguetona que a las mazorcas les roban besos.

Huele a naturaleza despierta. Las hojas del cultivo son siluetas recortadas entre las estrellas y la luna, lunera.

Las espigas mojadas son bigotes de gatos curiosos que acechan la parábola de agua lanzada en la oscuridad.

Campos sedientos que beben sin cesar y devuelven olor a tierra mojada, satisfecha como el que calma su ansia en un oasis, como lucernas repletas de aceite que alumbraban en la antigüedad.

Grillos saludan al cielo. Es su pantalla de cine: "Orión" en cartelera.

Camino en recta infinita, el amarillo y el verde están arropados por una sábana oscura, juguete perfecto de polillas y luciérnagas.

Me gustas, verano.

Me gustan tus noches. Tus paseos. Tus viajes.

Me gusta tu gesto al reír, porque suenas a noches vivas y largas. A geranios regados. A jazmines y césped caliente.

Me gustan tus dedos en mi pelo.

Tus helados a deshoras.

Tus ventanas abiertas cuando caen las estrellas y tu brisa en los pies descalzos.

Suenas a cabello alborotado, a sillitas a la puerta de la calle. A vecinos cómplices. A encuentros inesperados.

Me suenas a conocer caras nuevas y ciudades viejas, pero a estrenar en el alma.

Al volante hay kilómetros de olores.

Sigo entre el asfalto y el maíz. Los aspersores han mojado las cunetas, han salido de su zona de confort.

Me gustas, verano. Porque contigo, soy yo.
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12comentarios 85 lecturas versolibre karma: 97

Alli donde el huerto

Allí donde el huerto florece
y la hirsuta piedra
ve pasar
bandadas de estorninos,
se encuentra la humilde
losa
cubierta de crisantemos.
tres cruces, cuatro
-quizás media docena-,
el viajero al cruzar
bajo el pétreo arco oxidado,
mira un instante y prosigue
su lento caminar. La parca
suave ha silbado ¿O ha sido el viento?
Hay rosas y enredaderas
y un mirlo que quiere unirse
al juego de las miradas.
Tanta gente, tan cambiante, tan diversa
y la losa siempre
la misma,
morada verde esponjosa
compañera de la piedra.
¿Quién guardará en su memoria
aquel instante, aquella hora?
La torre
-ventana oval en sus entrañas-
prolonga su débil sombra
hasta el centenario olmo,
urdimbre de raíces entretienen
la incierta marcha del dedal
que busca ingenuo la sonrisa
allí donde no queda
más que un halo de
esperanza
en la última palabra,
que leyó el Padre
en sus latines.
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4comentarios 47 lecturas versolibre karma: 100

. -. - .-. . / -- .. / .--. . -.-. .... --- / - ..- / -.-. .. . .-.. --- .-.-.

Se me abren los pasos
entre el pecho y el suelo

Adoquines dorados
en barrotes de plata

y al girar
la esquina
bajo la cornisa
está tu mirada ...

Crujido de suelo
Y grieta en la ventana

Palpitante tu canto
se posa en mi alma

se clava
en mi espalda....

Y entre las costillas
se expanden las alas

me visten de aire ...

Y un soplo de cielo
sale de mi pecho
Sssss~~~~~~~~~~directo a tu vuelo

Pero yo ...

Yo sigo aquí <~~~
en un blanco silencio

_sujetándome el suelo_ ...

@rebktd
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47comentarios 265 lecturas versolibre karma: 104

Onírico

Quizá no hay nada más,
solo espacio onírico y árido.
O quizá se olvidó aquél sonido,
que producen los labios al decir "jamás".

Yo observo el amanecer,
una y otra y otra vez;
no es el mismo color, lo sé,
porque dibuja lineas en mi piel.

Pero esta noche buscaré calor en mis pies,
buscaré fuego a mi mente inflamable.
¿Por qué depender de los labios
para acompañar este ocaso?

Quizá no aprendí a conjugar,
cuando del estar sin estar
simplemente no se halla,
y completamente se falla.

Quizá no queda nada más,
y no hay un objeto por intentar;
un reflejo naranja traspasando la ventana,
y la soledad acechando la puerta.

Al ocaso las letras son mi epitafio,
para al alba no renacer en vano.

Niorv Ogrin
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8comentarios 121 lecturas versolibre karma: 104

La mujer de al lado

¿Alguna vez te has preguntado si alguien piensa en ti?

Elevas la mirada hacia lo profundo de tu ser. En ese lugar donde se esconde la intranquilidad de hacer algo que no sabes. Solo las gotas de sangre que ruedan por tu vientre descubren el inminente recuerdo de inmortalizar pasiones vacías.

El sudor se desliza.

La demencia se apodera de tus labios.

Tu cuerpo delata tu respiración acelerada de ese profundo y mortífero recuerdo.

El adiós.

Recuerdos que relucen en tu mente y en las palabras que se ahogan en un intento desesperado de articular algún sentimiento que se refleje en la soledad de tu rostro.
Ese rostro desorientado por los años que se arruga en desesperanza, soledad y decepción.
Eres como esa rosa desorientada; que en el fluir de la vida ama sus pétalos delicados sin percatarse que detrás de tanta belleza, se encuentran las espinas dolorosas e hirientes.
Esas espinas que rasgan el alma y aniquilan al amor en su plenitud.
Logras cubrirte el rostro cada vez que consigues fijar a tu amado en tus recuerdos. Las lágrimas se escapan de entre tus manos y vuelves a sucumbir a encerrarte en ese dolor injurioso.
¿Lo ame?
Comienzas a seguir el juego de preguntas y respuestas innecesarias cuando descubres el llanto apoderarse nuevamente de tu frágil conducta. Tu rostro reflejaba la incontinencia de recuerdos ingratos y desvanecidos. Quizás placenteros
Desesperación y angustia se reflejan al encender repetidamente cigarrillos, unos tras otros. Las huellas de ese humo palidecen en conversaciones serenas, de esperanzas e inquietudes.
Por un momento tu cuerpo se desvanece y logras sostener un grito silencioso de repetir su nombre constantemente. Logras aguantar las lágrimas que están a punto de desbordarse nuevamente. Cubres tu vientre con ambas manos y dejas escapar el silencioso quejido de ese amor que no regresara.
Fijas la mirada en esa cama protagonista de indiscutibles batallas. Sientes el aroma que perfumaba el cuerpo de tu amante. Tratas de acariciar la delgada línea que cubría sus brazos. Esos brazos que acariciaban tu vientre y se acrecentaban entre tus piernas buscando indicios de sumo placer.
El miedo se apodera nuevamente de tu mirada. Tratas de ahogar el dolor. Insistes en vomitar la vida.

Aquella noche de comienzos de invierno. Fue el encuentro. Sentada en tus pensamientos. Sonriendo ante el rostro del amor perdido.

Se encontraron los cuerpos.

Se unieron los corazones.

Decides alejar la soledad reinante que trata de opacar la poca alegría de sentirte amada una vez mas. Tu mirada dispersa se desquicia buscando indicios en todas partes de su inefable presencia.
No hay nada. Solo el recuerdo inminente de lo que fue un jardín sublime de pasiones tormentosas y obsesivas.

A lo lejos dentro de la misma habitación se dibuja una ventana. Logras acercarte poco a poco a ella, y desde allí. Desde lo alto. Pudiste observar el pavimento y el cuerpo inerte de tu amado.

Fue en aquella tarde fatídica de invierno en un intento desesperado. El sintió el vacio de zafarse del amor.
Ella observo su cuerpo destrozado ante tanto dolor. Se inclino ante el cuerpo desmembrado de su amado, removió con sus manos entre vísceras y sangre, logrando tomar sus ilusiones.
Se alejo rápidamente de aquel lugar.
Ese lugar que olía a miseria.
A muerte.
A mierda.
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Entre el mar y el cielo

Una parte de mi
viene de un pueblo pequeño
dónde huele el cielo a aceituna
y los trigales sonríen al viento.

Mientras cae el sol de la mañana
el olor a hierbabuena y violetas,
se cuela por las ventanas, cantan
ruiseñores, abejarucos y pardillos
balan, que casi hablan los corderillos
junto a cerdos y gallinas,
los sonidos del establo,
la música de mi cocina.

Junto al rocío de la mañana,
rosas, gitanillas,
claveles y buganvillas,
jacintos, y pilistras,
todas hacen de mi patio
un jardín de las delicias.

Mi otra parte del Atlántico,
la sal, el gran azul, el azul del mar,
olas violentas, rugiendo como leones,
corrientes, ballenas, atunes, y tiburones
tambores que gritan en mi alma
negra África de mis entrañas.

Annobón del golfo africano
qué no me vio nacer
Annobón la cuna de mis padres
tierra donde moriré.
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5comentarios 133 lecturas versoclasico karma: 98

El último

La soledad habita
en el jarrón con flores mustias,
en el silbido de las ventanas,
en el granizo sobre el coche,
en el columpio oxidado,
en la pecera llena de hojas
y de peces muertos.
La soledad reina
en la sombra del patio
donde enterraron a los perros,
y en la caseta de madera
donde morirá el último
que ahora ladra solo.
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Mi sonrisa voló

Voló la sonrisa de mi rostro,

se fue en su carroza fúnebre

galopando presurosa.


En sus aguas

brota

el sabor amargo de la melancolía.

Sus cabellos se mojaron

porque sus ventanas opacas lloran.


¡Cuánta nostalgia de hielo frío

penetra mis tuétanos,

en esta noche silenciosa

con cara de asno!


Acribillada muere la esperanza;

gime en su banca solitaria.

¿Quién me trajo a esta penumbra sin fondo?

¡Para qué tanto llanto rodando!


El sabor de la alegría

es alimento escaso por aquí.

Pues,

se relame y relame constantemente

el pastel del infortunio

con sus cuchillos agudos de tormento.


Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
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Cuando duermo mi vida

Cuando apago la luz de mi mesita
y cierro los ojos a la vida,
cuando me duermo en tu sonrisa
y la noche se hace día,
no tengo sueño.

Cuando le busco sentido a los gestos
y veo que no me miras,
cuando sonríes durmiendo
y la noche se vuelve día,
cuando me digo:
despierta, levántate,
haz la cama como si en ella
no hubieras dormido.
Abre las ventanas, sube tu persiana
y enfréntate a la luz que,
sin quererlo, ilumina la vida.
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10comentarios 84 lecturas versolibre karma: 116

ɃɍɇȺ ɇn łȺ mɨɍȺđȺ (Colaboración con @Pequenho_Ze)

Brea en la mirada,
desordenar los días de la semana,
nombrarlos con una interrogante,
esperas como mareas,
como olas sin orilla,
únicamente espuma que nace
en las rocas de montañas que descender,
en los lirios del destierro.

Miro hacia atrás
por miedo a seguir hacia adelante
en una húmeda oscuridad.
Es esa orfandad a la vuelta del abrazo,
anclas en los zapatos
que no me dejan dar un paso más.
Descender sin caminar,
las rocas, las rocas...
y otra vez empezar.

La ceguera de la incertidumbre,
de rodillas que retroceden
por miedo a abrir los dedos,
miedo a soltar certezas,
a avanzar y que no estés
al otro lado de mis latidos.
Dibujarte en cristales,
hacerme miles de vidas con ellos,
clavados en tantas puertas tenga
esta demencia que me ahoga.

Aunque estén todas cerradas.
Aunque sean las brumas de Enero
las que pueblen las ventanas.
¡Quiero ese sueño en las manos!
Si en cada pedazo irisado
tu inmortal silueta pende de mis labios,
yo beso la herida y regalo a tu silencio
el lado más luminoso de mi vida.

................................... Brea en la mirada por no tenerte,
por abrir éstas sombras y tu luz me llene de cristales.
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27comentarios 148 lecturas colaboracion karma: 99

Descomposición poética

Se acerca la luz
y se apaga el mundo con tu paso,
perfecto.
Las notas de mi garganta se mueren
al rasgar las cuerdas en una octava mayor,
acaban por desangrarse.

Soy la estela que dejaste al pasar
el polvo de los recuerdos,
ahora gris.
Una alondra canta por encima de mi ventana
alguna que otra canción y una despedida,
sabor añejo.

El frío se hace eco entre las sombras,
y los árboles enmudecen,
besan sus ramas.
El calor es preso de la congoja y la desesperanza,
los números fluctuan por encima del bien,
y el mal acecha.

Los versos nacen de los restos de mi alma,
una descomposición interna amordazándome,
detritívora.
Ya no quedan palabras en mi diccionario,
ni números ni física con la que acercarme a ti,
muero sin respuesta.
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Buscando morada

Hiere la penumbra

y los destellos de ti

que se cuelan en la

ventana

Las lágrimas rozan

el cuello

buscando morada

en una memoria

Apenas queda

el sabor de la sumisión

en la sal de tus labios

Y el corazón agitado

de tanto correr

en el mismo tramo

Dónde quedan los despertares

Dónde oigo los cantos de

los inocentes
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Me desperté con ganas de seguir viviendo...

Todas las noches se posa en el viejo cedro
dos cuervos de amplias alas y pico robusto
con su gritar áspero espantan las plagas de la noche
hasta suspenderse en la cornisa nocturna
es un rutina que se repite cada noche
pero esta tiene algo en particular
uno de ellos en sus garras y con trémulo gesto
sostiene un diminuto cofre como sacado de un portal imaginario
y con mucha parsimonia baja de la cornisa
y toca la traslucida ventana de hierro forjado
y permite que mis dedos mortales
toquen su plumaje y mire por el cerrojo del objeto
y observo con asombro un acantilado infinito
cuyo eco silbante y calmo contiene al SILENCIO
y una carga de aromas de bosques estallan
hasta fundir mi alma con la suya
y me transporta por caminos .:::::::
Siderales
Rutas imaginarias
Mares inhóspitos
Cristalinas aguas
Puertas angostas
Acantilado de rocas
donde las palabras del mundo
se ven como fragmentos roto
el pensamiento queda al desnudo
NO EXISTE EL EGO
solo la esencia del ser en su palacio de estrellas
domina el mágico y trascendental encuentro
un tumulto de hojas de los árboles ruedan rompiendo la calma
y con cierto mutis el cuervo se aleja
y vuela a la plataforma alta del viejo cedro.

Las ideas iracundas se desvanecieron no podía conciliar el sueño
Y un suave susurro me adormeció y
desperté con ganas de seguir viviendo…
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2comentarios 47 lecturas versolibre karma: 102
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