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Paisaje con Gonzalo Rojas

Ahora, el señor Gonzalo se para en las palabras como siempre lo hizo y les pone relámpagos. A veces, relámpagos de neón con verdín de biblioteca.

Se sienta como un dragón, creando sus propias visiones, entre volúmenes de autores de versos, hermeneutas y pensadores. Aunque siempre sueñen con las ingles, con “medias y muslos de seda blanca”, o sueñen que aletean, hechas de aire, mil mariposas embellecidas de ausencias; o que alguno niegue que vive en este vecindario y diga que solo está de paso por el mundo. O que le digan que “la zambullida tiene que ser en seco”.

Tratemos, con él, de leer y escribir en el humo. Y riamos, riamos porque “no tenemos talento”, no tenemos talento, no tenemos talento; “a lo sumo oímos voces, eso es lo que oímos”, como ese señor, que habla solo y oye voces. También los locos oyen voces. Son los ángeles los que nos dictan los versos.

Ya no sólo es 666 el número. También, “77 es el número de la germinación”, de la palabra efímero y son zarpas enormes por toda Sudamérica, las 77 “especies de leopardos voladores” de Gonzalo Rojas.

Y a esa tierra suya, quizá no le lleguen las bendiciones, ni nada bueno del vaticinio del siglo XXI; quizás porque fue el perro el que pronunció la profecía, o hubo demasiados “títulos falsarios premiables” que confundían “las moscas con las estrellas”. Quizá porque tantos doctores universitarios nunca fueron a mirar la vida, nunca fueron. Sólo están de vuelta de bibliografías y dictan sus sentencias, con eructos después de digerirlas; o, a veces, después de que “maten poetas para estudiarlos”, con énfasis de “eruditos, ponen un huevo”, entre tantas “páginas de cemento” que producen.

Es hora de sacar a este casi muerto con un poco de vida. Que grite en el aire y que suene como que alguien lo escucha, aunque André Bretón, en su papel de difunto, mirando su reloj les murmure: “es que no hay eternidad, muchachos, es que no hay eternidad”.

Sigámosle, saltemos de las vocales a las estrellas y hagamos caso omiso de la poluciones de tantos letrados. Oigámosle que nos grita, “hombres de poca fe, piensen en el cántico”, piensen en el cántico, piensen en el cántico…
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Dalia Negra, Blanco Beso (De la mano de @ARheinn)

Lágrimas
recorrían mi rostro
en un infierno iluminado
por la luz de la Luna;
ardorosas
me condujeron
al caudal
de tu rivera traslúcida...

El beso
de una Dalia Negra;
el amor
de la belleza pura;
las pinceladas
sobre un negro cielo,
en los trazos
de una Luna Oscura.

La conjunción
de dos celestes cuerpos
en su desvarío
intermitente,
descendieron
supremos
al ras de la superficie
de la sabana estrellada.

El beso
de labios de marfil
sobre un frío pecho de mármol;
un infierno helado
que me hizo amar
la pureza del blanco.

Suelo gélido
que te mira impávido
a tu tocar
de su cráter brillante.

Su blanco,
inerte destino;
su misterio
indescifrable,
ahora tuyo es
en su inevitable alunizaje...



@ARheinn & @moonlighting85
(Colaboración)
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Hogar

Me he peinado al alba
con rayos de tu fuego...

Bajas sobre mi cuerpo
y derramas tus dulces almendras.
Cercas mis senos
pese a las súplicas,
advirtiendo al sol tu acercamiento.

El espejo breve nos imita.
Amanece la luz naranja y firme
de tu viril belleza
y tu boca yace
a punto de ser mi noche.
Versas de obsidiana
moldeando el cristal
y sus coyunturas...

Beberás de mi cerviz
con el fulgor de tu ingravidez,
cuando me prolongue
hasta ungirme
en tus húmedos óleos
y dibujar en los secretos lienzos...

Rebelde inconexo
del que hago propiedad
por abandonarse...
Mío.
Abductor impaciente
del remolino
de mis placeres:
¡no ignores
el amor
que escribo
sobre tu pañuelo apasionado!

Heme aquí
con toda mi blancura...
que eres mi palabra;
que me perteneces.

Acaríciame la sangre;
enloquece el silencio
para que huya extraviado.
Reconócete
en el murmurar ensordecedor
y el súbito pulso
que me invade
de tu cuerpo,

al mirarte así...
dentro de mi cuerpo.




Yamel Murillo



Confesionario II
Lunas de mayo©
D.R. 2017
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15comentarios 88 lecturas versolibre karma: 103

Sangre azul

Sangre azul
tinta de mis versos
versos bañados
en mar y cielo.
Sangre azul
tinta de cuentos
bañados en fantasía
sobre la piel
de príncipes y princesas.
Sangre azul
pasto de unicornios
pegasos y seres mágicos
polvo de magia
semilla de creación
esencia de vida.
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A besos

A besos trajo el viento estas nubes
que nos llueven,
sobre las empobrecidas bocas,
versos cincelados a besos.


© Yolanda Gracia de AUNQUE NUNCA ESTUVE, Ediciones Oblicuas, 2017.
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2comentarios 30 lecturas versolibre karma: 42

plano

he querido sentir
he buscado en los cajones
la imagen del verso
el descalabro en el cuerpo
ese recuerdo...

y sin querer,
el corazón plano,
liso y plano,
apenas un susurro de tibieza
una caricia áspera
una lágrima tensa

como un vegetal aniquilado
al que le van a quitar
la tierra

y el eterno latido
suspendido
en una pena
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7comentarios 88 lecturas versolibre karma: 100

Lápida y Pira

…El mar la mar, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo.
La Tierra.
BLAS DE OTERO.



Tu urna, tus cenizas,
los ápices de tu vida,
y aunque azota el viento,
cuido tus recuerdos, tus esquirlas.

Mira los campos, como no cesan por ti,
como persevera el cielo, en su azul de porvenir.
Y camino al cementerio, las chimeneas y bocanadas,
del frío haciendo climaterio, y un rumor a lápida y flor,
amortajada en algodón.

Tu ofrenda, tus estertores,
llevo en dulce ramillete, esta noble vida de sin sabores,
a tibio son de martinete.

Mira como continúa el llanto,
de tus hijos, de tu hermano,
como reverdece tanto,
del horizonte calcinado.

Y planto tus restos,
Entre salmos y oraciones,
para que crezcan árboles,
orquídeas y canciones.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Natura

Se va a acabar el viento
y tú suspiras de alivio.
Si no valoras ni tu tiempo,
¿qué te separa del martirio?

Y de espaldas al abismo
se cae admirando el cielo.
Y ves reflejado lo mismo
que te arrebata el miedo.

Palmeras de soledad rugen
en contra del mar, que lastima.
Porque hiere al que sí sude
ante futuros que depriman.

Cataratas de azul blando
que estrangulan al más oso.
La corriente guía al barco
por la crueldad de su Mar Rojo.

Bondades varias en desiertos,
que carecen de buenos oasis.
La tregua son ojos abiertos
intentando ofrecer casis.

Me desahogo en lagunas,
mentales, para ser exacto.
Prescindo de todas las lunas,
sólo necesito el tacto.

Bosque que encierra cordura,
presa de una nube negra.
No hay más que ver a Natura
y los secretos que encierra.
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Manto azabache, infusión de caricias y versos

Cuando se apagan las luces
y el azabache envuelve la vida,
yo rebusco en el bolsillo
pedacitos de caricias.
Los junto en una bolita
y me hago una infusión
que después bebo
sorbo a sorbo
y verso a verso.

Me transformo en pluma,
y derramo sobre el papel
sentimientos y latidos
que mantengo aletargados,
esperando una vez más
que llegue:
el manto azabache,
la infusión de caricias
y el verso derramado.



Hortensia Márquez
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Como si aún no nos quisiéramos

Cómo explicas el hecho de que te he llamado
y has contestado,
si antes odiabas las llamadas
pero esta vez me has hablado.
Así,
como si nunca nos herimos,
como si esperaras que te invitara a mi casa
la tarde de un domingo,
como si quisieras que dijera
que aún sueño contigo.

Jamás admitiría que a veces
(cada noche) te escribo,
que camino y espero encontrarte de frente
con el vaso vacío
para así tener la excusa más tonta;
Invitarte a beber agua
o café
o unas diez cervezas hasta emborracharnos
y terminar enamoradas
compartiendo mis almohadas,
de nuevo.
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El Polvorín

A través de los años se cuenta que la tragedia de "El Polvorín" se inició a las 2:55 a.m. en un lugar ubicado en el barrio de San Miguel, en Calidonia, que guardaba material explosivo y municiones, los cuales eran utilizados en aquella época en que la República daba sus primeros pasos.
La Tragedia de El Polvorín, 5 de mayo de 1914.


¡Oh fuego que consumiste las vidas,
de cien héroes en la vía Bolívar!

¡Oh tragedia que empañó de bermejo el día,
y apagó las glorias con sinfonías,
de humaredas y mamposterías!,
tantas almas consumiste sin perdón,
y el cielo teñiste con tu tragedia y tu clamor.

Tantas madres sin sus hijos bajo el sol,
gimiendo de sollozos y de dolor.

Mayo aciago y protervo,
el fuego que pariste fulminó el corazón,
de la furia del aquilón,
en plena conflagración de incendio,
tu ira todo lo cercenó.

La urbe herida te recuerda hoy.
¡Oh patria vestida de sangre y ceniza,
golpeada en su cuerpo por el látigo abrasador,
son miles de memorias y recuerdos,
que laten a siglos por generación!

Vorágine de flamas y felonía,
gritos esparcidos por la madrugada,
pidiendo auxilio en triste algarabía,
refugio, amparo y salvación.

¡Oh Abnegación,
honor y disciplina,
escudos nobles vencisteis la turbación,
de aquella marea de fuego,
que jamás incineró tu noble misión!

¡Oh héroes y paladines de la nación,
que disteis vuestras vidas y vuestros sueños,
por sofocar aquella explosión,
vuestra gesta vivirá por siempre,
más allá del tiempo y la razón!

ROGERVAN RUBATTINO ©
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El bosque de un árbol

Calma el aire,
suave y vespertino,
inteligente, flameante,
tántrico como el silencio.
Nubes te cruzan
al margen del águila,
ardillas juguetonas
bebiendo de tu viento.
Allí están las maravillas,
encauzadas en las hojas
como remares de los barcos,
los del recuerdo.
Visita mi mente,
guarda mis dolores,
sacia mi asombro
con tu copa al cielo.
Enreda mis temores
con las raíces de tu fe,
encuentra mi alma,
reside en tu viejo tiempo.
Dormiré en tus venas,
verdes de Gea,
hijas del mundo,
quiero ser tu universo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El regreso

Vendrás, sé que vendrás
cuando mi aliento sea sólo un suspiro
perdido en las tinieblas del ocaso,
cuando mi cuerpo fluya a la deriva
por un mar sin sentido
de tanto naufragar tras tu silencio.

Vendrás, sé que vendrás
al filo de una oscura medianoche
mientras la madrugada se hace eterna
y en su terca quietud
se niegue a caminar hacia la aurora
del ansiado y postrero nuevo día.

Vendrás, vendrás y...entonces,
¡cuánto lamentaré no haber vivido
todo el tiempo a la sombra de tu risa
para pintar la nieve de tu rostro
con versos de colores encendidos,
para adornar tus trenzas infantiles
con flores a la vera del camino,
para incendiar la fronda de tu cuerpo
con estas manos mías, como antorchas
en busca de recónditos remansos
donde apagar la sed por tanta espera!

Regresarás, lo sé,
cuando la densa niebla ya me envuelva
con sus brazos de bruja plañidera,
cuando este barco mío ya zozobre
en las sombrías aguas del Estigia
y el tiempo derrochado en no tenerte
me aplaste la conciencia como losa.

Vendrás entonces tierna y afligida
sobre una luna llena exuberante,
ataviada con túnica de seda,
y besarás mi frente tiernamente
con un último beso
en las primeras luces de una aurora
lejana ya, imposible.
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Las Letras Nos Unían

Éramos versos
que se juntaban para hacer poesías
nos leíamos, y aquellas letras nos unían
y escribíamos haciendo nuevas historias.

MMM
Malu Mora
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Un día de estos

No te alarmes
pero
un día
una tarde
una noche
de estas
voy a juntarte toda
en una hoja blanca
pálida
y escribiré
de golpe
todo este disparate
de cosas
que no tienen nombre
y te pertenecen
escribiré,
por ejemplo,
este inventario
de nervios
que provocan
tus ojos
tus ojos de luna
huérfana y menguante
que me aquietan,
esta angustia
de lengua mordida,
por amordazarte
con un beso
que nos libere
plenamente
de la censura,
de las ideas locas
que se me ocurren
cuando hablas
con orgullo
de tu elasticidad
mientras yo miro
con malicia
tu cuerpo y
la alfombra,
de la realidad
del calentamiento global
de mi cuerpo
cuando poco a poco
te me acercas,
del recuento
de veces
que me
descubro
a mi mismo
pensandote
más de lo que
tu vida
me lo permite
y de todo
el imposible
que soy para ti
cuando
la realidad
oscura
decrépita
mirándome de reojo
me lo recuerda.

Escribiré de ti
como un ejercicio de caligrafía
hasta que aprenda a escribir
con mi mano izquierda
todos los versos
escondidos
en tu segundo
nombre
en tu lunar
azabache
de azúcar,
hasta que mi mano derecha
quede huérfana
para siempre
de cuerdas vocales,
y llamarte
sea igual
que hablar
una lengua
muerta.

Pero luego
doblaré el folio
en dos mitades
como la maleta
de un exiliado
político
que junta todo
lo que puede
con rabia y remordimiento
y en un sobre pálido
que sellaré
con mi boca
pasaré por la puerta
de tu vida,
y por debajo
de la entrada
sin avisarte
como el cartero que deja
la correspondencia
de una casa
abandonada
dejaré
los recibos
de un cariño
que se ha
olvidado.

No te alarmes
pero
un día
una tarde
una noche
voy a juntarte toda
en una hoja
blanca
pálida
sin retorno
y mi mano derecha
te olvidará
sin rencores
en silencio,
como quien
olvida las llaves
de una casa
que no tiene,
pero esta noche
que te extraño
entero
con todo
mi cuerpo
y tu ausencia
es el muro
de Berlín
de mis días
mis ojos de luna
menguante y ajena
esta noche
querida
no lo será.
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Lo que dejarás

Cuando no estés
quedará el eco de tus palabras
como un eterno invierno
en mis habitaciones vacías,
será tu aroma a despedida
la inquieta brisa que penetre mis caminos
para congelar tus pasos.
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Cuna vacía

Me he quedado sólo con la pluma
del angel que asustado se ha ido,
por si mi dolor era el infierno,
y eso que no llegó a ver la cuna.

Esa cuna tan vacía, tan vacía,
porque nuestro amor no ha nacido.
Y qué le digo yo ahora al tiempo,
qué quieres que le cuente a la luna.

En el jardín los faunos ya no gritan
y las ninfas me han desaparecido.
Cómo me como yo ahora tantos versos
si hasta las flores, de mi, se burlan.

Pero en verdad no sé para qué lo digo,
si ahora aquí, ya nadie más me escucha.
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¿ y me preguntas a mí?

¿Y me preguntas a mí,
qué es primavera?

Primavera es, oír tu trino
como suave música en mis oídos.
Es, sentir mariposas
revoloteando mi ombligo.
Es, el tacto de tus labios
presionando los míos.

¿ Y me preguntas a mí,
qué es primavera?

Es, oler el polen
de amor de las hadas.
Es, hacer remolinos inquietos
en las verdes aguas.
Es, hacer burbujas
entre retamas
Es volar sin alas
buscando el refugio
de versos que abrazan.

¿Y me preguntas a mí,
qué es primavera?

Es, andar en verde y amarillo.
Es, sentirme enredada
en tu cabello, en tu cielo.
Es, mirar en el espejo
olas de azul intenso
de miel y canela.
Es, llenar de coplas
el vino de los sueños.
Es, alzar la copa de aleluyas.

¿Y me preguntas a mí
qué es primavera?
Primavera, eres tú.

Angeles Torres
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Vida cíclica

La vida a veces te regala un camino
de andar suave, dulce y de colores bellos
con luces, soles, estrellas y destellos
casi onírico, como cuento divino.

Hermoso camino, primavera pura.
Con un cuadro de Sorolla en la mirada,
y melodía de Vivaldi encontrada.
Respira este aroma amigo, en lo que dura.

Porque tarde o temprano el frío te llega,
la bella y hermosa flor se marchita y muere.
El camino roba, quita lo que quiere
y el invierno invade tu vida y la anega.



Hortensia Márquez

Copla Castellana
ABBA CDDC EFFE
Contiene 12 versos de 12 sílabas.
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Aquí estoy

Con la sonrisa a medias,
con las palabras cortadas
con mi alma destrozada
y con la pluma en la mano.

Aquí estoy pidiendo a gritos
estando callada por ratos,
dejando salir a la insegura,
para que saque la amargura.

La reprimida que mencionas,
la triste esencia que se abandona,
la curiosa pura sin maldades,
la que ya no se traga falsedades.

Aquí estoy sonriendo a medias,
liberando lágrimas por tragedias,
buscando arcoíris de sueños,
haciendo sus problemas pequeños.

Aquí voy, caminando sin destino,
conduciendo mis pasiones,
viviendo un colapso repentino,
mitigando el dolor en sensaciones.

Aquí estoy por si me buscas,
por si me quieres conocer,
por si te importa mi proceder,
o por si en mi ausencia te ofuscas.

Las letras de mi alma.
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