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Realidad impresionista

¡Suenan las trompetas!
Ya sale el fuego
Desde las entrañas de la tierra
Y envuelve todo en torno a él.

Cierto es que las aguas
Nacen de la nada
Acaso con intervención celestial
Formando muchas charcas.

Respiramos un aire nuevo
Aire fresco y limpio
La vista nuestra es de lince
Vemos incluso lo que no existe.

¡Vuelo! Tengo alas
Acaso me elevo sin quererlo
Pues mis pies despegan del suelo
Y si camino, caigo desde el cielo

Es como una realidad impresionista
Tal vez sea que me falta alguna oreja
Concretamente la derecha
Se distorsionan el oído y la vista



¡Ah, belleza! Compleja y relativa
¿Quién será el más hermoso
en este mundo de rostros amorfos?
Ni si quiera el mío es el que fue.

Descuidado, se me apagan los sentidos
Visito el otro mundo tan especulado
Y antes de emprender un viaje de no retorno
Despierto y vuelvo al mundo mío.
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etiquetas: realidad impresionista, poemame, van gogh, impresionismo, sensaciones
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Enjambre de supersticiones

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Domingo de tomar té con masitas con
un espantapájaros analfabeto, en un jardín
de platos rotos y vergüenzas por el estilo.

Domingo de aprender que es mejor
no cortarse las uñas para arañar
los indescifrables pasillos de la memoria.

Domingo de infamias imperceptibles, y
de quedar mano a mano él y yo, un
insomnio invicto que se niega a jubilarse.

Domingo de canciones desconsoladas, de arrojar al
almanaque una procesión de gritos transpirados
con meticulosa e insoportable parsimonia.

Domingo de vanidades primerizas, romances
embalsamados, de dos y dos sumando seis
generaciones de rendiciones aromáticas.

Domingos de asalto a caricia armada,
de caligrafía en llamas, de procesos de erosión,
de protobiontes, de exhaustos picaportes.

Domingo de querellas apresuradas, de
acariciar el pelo al letrero que anuncia la
capitulación de un escultor tenebroso.

Domingo de reconstruir papeles locuaces, aunque
desgastados, de estrangular audacias invisibles,
de disecar un enjambre de supersticiones.

Domingo de estudiantes de arte dramático
vestidos de negro, de inviernos que se
acurrucan bajo la escalera para pasar el otoño.

Domingo de reverberaciones y palafrenes,
de perseguir caricaturas en los copetines,
de acariciar novedades cubiertas de rocío.

Domingo de viajar en un avión de
párrafos displicentes, de muecas de disgusto
sobre las que es sencillo resbalar.

Domingo de recitar epigramas que se desdicen
a sí mismos; de trenes estrafalarios, que
detienen sus caprichos en andenes polvorientos.

Domingo donde un hilo de lluvia cae
sobre un libro abierto, en el momento
en que una efeméride envejece.

Domingo de mezclar ruegos desabridos con
agravios en cautiverio; donde la eventualidad
gobierna, aunque no se responsabiliza.

Domingo de escalones desordenados, donde soñar
con mariposas transparentes al costado del camino
es recubrir al espanto con mala hierba.

Domingo de signo de interrogación amarillo
sobre fondo negro, de esconder bajo
la manga dos relámpagos y un ruego.

Domingo en que la lucidez encubre el
puñetazo de lo inalcanzable, y las porciones
descocidas de un gesto que no pudo centellear.

Domingo en que cada hora viene con su
insurrección de nomenclaturas, y con
la crisis existencial de una bestia milenaria.

Domingo, jarrón que empieza a quebrarse llegando
la tardecita, amplificando las ganas de tirarle arena
en los ojos a la inevitable rutina que vendrá.

Será cuestión de desabrigar esperanzas, de hacer
fondo blanco con una taza de café con poca
azúcar… Porque el lunes ya ha tomado su lugar…
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Este modo de vivir

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Este modo de vivir del Siglo XXI
es un culto a la prisa y al cansancio.
Todas las ciudades parecen al fin
de cuentas cortadas con la misma
tijera consumista, por habitantes que
solo mascan resignaciones desechables.

Envilecida, soberbia y vestida de
democrática la mentira campea a sus
anchas en el desecho calendario
de un presente repleto de fugacidad.
Un slogan de sonrisa asustada
desciende por una escalera mecánica.

(La revolución no ha de comenzar
editando artículos en Wikipedia).

Caminos morales incorrectos se clavan
en el corazón de la impotencia.
Los derechos y garantías viajan
dentro de una cantimplora agujereada.
Como en aquel poema de Bolaño,
juntamos las mejillas con la muerte.

Este modo de vivir es la
tormenta, el naufragio y la indiferencia
al mismo precio. Nos deslumbran
con fábulas infames, y zapateando
en el umbral de las quimeras,
el invierno solo reparte besos abatidos.

(Cuando la leche en polvo viene de regalo,
hasta el niño más hambriento desconfía).

Ignorarnos como habitantes de éste infierno
no nos transforma en residentes del paraíso.
Recuerdo con asimétrica nostalgia aquel tiempo
en que creíamos tener un futuro. En
la profundidad del intestino de la amargura,
crecen las raíces de los años encarcelados.

Para saber de una vez quiénes
somos, habrá que seguir escarbando
en los nombres extinguidos por el
ajuste estructural, remake eterna de los
mismos que quieren consolar nuestras
penas ofreciéndonos un pañuelo sucio.

(Esta insensatez de modas derrocadas
parece hecha al gusto de los reptiles).

Como anacrónica práctica se subastan las
más selectas lágrimas de cocodrilo,
mientras, en esta venerable indisciplina que
es levantarse a diario, continuamos
navegando, con los tendones deshechos,
hacia metas que sabemos inalcanzables.

Seguimos regando, con la tinta de un
contrato leonino, las gardenias que nacen
marchitas en la cuneta de la historia. Guerrillas
de iras oscuras ponen armas de guerra
en manos de niños con nombres arrebatados,
y el salvoconducto a una fosa común.

(Resulta que los más sabios de todos se
estrellan contra el futuro igual que los demás).

Es sencillo sentirse felizmente
desgraciado en este tiempo de ojos
cerrados y bolsillos entrelazados
con la incertidumbre...
Más que vivir los días
nos revolcamos sobre ellos.

Con nulos deseos de continuar hincando las
rodillas, los parias gritan su cólera
sin máscaras. Cuando ya solo nos quede
la negación como heredad, habrá que
sentarse a esperar el tsunami, o el
rigor del látigo de una multinacional.

(Hoy son los corderos los
que gerencian el matadero).

No va a ser gratuita emocionalmente
esta sobremesa de desilusiones
sucias y granadas de mano.
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Romeos sin Julietas y Julietas sin Romeos

La primera vez que la vi, sentí algo que jamás había experimentado. Una sensación ajena a mí; era como si no pudiera controlar mi propio pensamiento. Pasó por mi lado levantando una suave brisa perfumada del más dulce aroma. Se sentó justó detrás de mi pupitre, al lado de Ester. Parecía un ángel, y desde ese mismo instante no pude quitármela de la cabeza. En clase estábamos empezando a leer a Shakespeare, y más concretamente a Romeo y Julieta, y la atmosfera embriagadora de la obra comenzaba a proyectarse en mi cabeza. ¡Oh Julieta! ¡Mi Julieta! Pensaba torciendo disimuladamente la cabeza hacia atrás para contemplar su divino rostro. Pasaron los días, pero no me atrevía a hablar con ella. A las pocas semanas Ester nos presentó, ya que ella sospechaba algo, pues me conocía muy bien, ya que nuestros padres eran vecinos de toda la vida, y ella y yo nos habíamos criado prácticamente como hermanos. Se llamaba Valeria. Era fácil perderse en sus verdes ojos, que reflejaban la inmensidad de los mágicos océanos de hierba de las tierras mitológicas del Este. Su mirada era hipnótica, al menos para mí. Sus cabellos dorados resplandecían como el Sol estival, y su rostro parecía esculpido con una perfección milimétrica. Todo en ella era sensualidad y elegancia.
Continuaron las clases, y día tras día la relación con Valeria fue a más. Al principio mantenía las distancias, pero gracias a Ester nuestra amistad fue en aumento. En pocos meses los tres nos hicimos inseparables. Todo parecía ir bien, hasta el día en que me declaré. Yo confiaba en Ester, a la cual le contaba todo lo que sentía por Valeria, y ella parecía entenderme, aunque solo lo aparentaba. Ese día, salimos los tres al Stikers Bar, local donde nos juntábamos la mayoría de estudiantes y jóvenes de la zona. Buen ambiente, buena música y mejores precios. Mike y Daniel, mis dos mejores amigos frecuentaban el local, ya que el garito era propiedad del tío de Mike, y cada semana ayudaban a limpiar después de cerrar a cambio de un pequeño sueldo. Nos saludaron y se sentaron con nosotros. Ellos sabían lo que sentía por Valeria, así que intentaban alagarme con cumplidos, que de otra manera jamás me hubieran dicho. Pasado un rato le dije a Valeria que quería hablar tranquilamente con ella. Salimos fuera. Allí le confesé lo que sentía, y su expresión cambió completamente. Parecía no entender nada. ¿Y todo lo que me decía Ester? ¿Acaso no ha hablado con ella? Mi cabeza se quedó helada. Valeria me explicó que Ester estaba enamorada de mí, y entonces todo mi mundo dio un vuelco. ¿Quién lo iba a decir? ¿Ester enamorada de mi? Nunca lo hubiese imaginado.
Fue en ese preciso momento cuando una inoportuna llamada interrumpió la conversación. Era Ismael, el desconocido novio de Valeria. Un tipo cinco años mayor que nosotros. Esa noche llegaba de viaje, y Valeria quería presentárnoslo. Fue entonces cuando decidimos hacer como si esto no hubiera pasado y seguir adelante. La noche no fue como esperaba. Después de esto, mi relación con Valeria y Ester fue poco a poco desgastándose. Ya no éramos ese inseparable trío que hacía todo junto. Al año siguiente nos marchamos a la universidad sin coincidir ninguno. Valeria se fue al Norte, cerca de Ismael, Ester se quedó en la ciudad, gracias a una buena beca, y yo marché a Europa. Necesitaba un cambio de aires. Años después encontré la obra de Romeo y Julieta en unas cajas que guardaba en mi apartamento de Verona, ciudad llena de encanto, y en la que resido desde hace años gracias a mi trabajo como guía turístico. Todavía hoy, me siento delante del balcón de Julieta, atestado de turistas disparando con sus cámaras fotográficas rememorando aquel primer instante en que vi aparecer a Valeria.
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Los años

Que larga se ve la vida cuando contamos los días
entre los diez y los quince, o somos adolescentes.
Que corta se ve la vida cuando al pasar de los veinte
la juventud se nos va, diciendo adiós para siempre
y sonriendo va viajando dándole paso a los años.

Que largos se ven los años cuando después del otoño
comienza a llegar el invierno y sonriendo va viajando
después que se fue el verano y caen los copos blancos
donde un día fue primavera, cuando las flores hermosas
cubría mi cabellera.

Y sin darnos cuenta un día ya la ancianidad nos llega
dejando atrás el camino del invierno, del otoño
del verano y primavera.
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Escuchando otra voz

Hoy contemplamos distinto,
Otro se ha encargado de dar instrucciones,
Ha llegado el vidente
Que nos dice cual destino viajaremos.

Nos dicta un salto al precipicio
Da un empuje a seguir hablando de esto
Como respuesta a la poca creatividad
Que nos perseguía sin darnos cuenta.

Nos empuja a la auténtica soledad,
Una que nos lleva al aprendizaje.
Hago una pausa y pienso
Que no quiero seguir aprendiendo,
Una de mis personalidades está cansada.

Quisiera quedarme en la ignorancia por un tiempo,
Pero el corazón habla,
Hace un tiempo que le fabriqué una boca y orejas
Para que me escuchara y aconsejara,
Pero está tan confundido como quien escribe,
Nos dice que tampoco entiende
Algunas cosas que nos pasan.

¿¡Quién habla!? – Pregunté con desesperación –
El viento sopló hasta aturdir los tímpanos,
Resonó, le puso fin a esta queja
Que salía de la boca,
Dando un quehacer a otras profundidades,
Otros textos, mirando a otro foco,
Uno interior, con poco reconocimiento.

El susurro que se ha encargado
De elegir los destinos,
Hoy es otro,
Más claro,
Delgado y distinto.

¿Quién habla? – Pregunté sin hablar.
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Cautorretrato XVIII

La sombra de mis pies es amargada
cuando la ruta se hace irremediable
mente inquieta frente a esta encrucijada,
araña rota, terca y miserable.

En un patio de escuela abandonada
un niño juega solo, con un sable
de ideas que cortan como una espada
y abren las bocas sin que nadie hable.

Hacia sus pasos firme me dirijo
tras la elección que la inercia me impone
como a padres que añoran a sus hijos.

Hacia su fiesta viajan mis talones,
hacia su paz, mi gesto desprolijo
y hacia el futuro van mis decisiones.
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Notas de un lector clavado al sol

Los buenos libros, la sublime creación se encuentra por lo general -uno o dos- cada década. Las excelentes interpretaciones literarias no sólo son incomprendidas sino también temidas porque para vaticinar un futuro deseable tiene que enunciar un presente patético, y eso no es noble para quienes gobiernan esta barca. “Lujuria", es la palabra que suelen usar.
La librería de Ricardo (Pº de la Castellana, 45) es demasiado casta, por eso me apunta con su dedo disparatado y grasiento. Lo que indica que he llegado velozmente a ningún lado.

Los "supuestos poetas" nos hemos visto azotados por los autorizados y humanos en general; a Yukio Mishima le escupían y le martirizaban por ser afeminado, fue afortunado de tener una espada. Quiroga tuvo suerte de conseguir cianuro, y yo soy afortunado por poder escribir este montón de insignificancia, de darle al teclado, de poder contároslo.
No requiero misericordia para el que escribe, no solicito riquezas públicas, ni siquiera pretendo que me entiendan; lo único que quiero es que me dejen tranquilo en la alegría y en la atrocidad, en mi secreta labor.
Solo imploro eso, que me dejéis reposar en paz, sin dedos juiciosos. Os he permitido tener a las mujeres más agraciadas, los chalets, los BMW, los viajes, el caviar, los zapatos de 500 euros, las exequias más costosas, los Kandinsky originales, pero dejadme en armonía con mis "lascivas ideas" y señalad con el dedo a la caja tonta, o a las revistas de papel cuché con damas de carnes rosadas, insípidas, envanecidas, carne con rostro absurdo, manifestando una tremenda oquedad para que los menores se masturben y para que los sucios abusadores jugueteen con tocamientos en el parque infantil. Creo que cuando me señalan con el dedo
- .."Ahí va el bohemio pornográfico"-
en realidad hacen incursiones en su propia desconfianza y en su poca conciencia. Rabian y se desorientan en el fondo de su alma.
No pediré que me entiendan, no creo que me obliguen a tener que hacerles entender.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Ahora estoy algo ocupado.


Canet 2011
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Escapada

De mi huyendo me he escapado// más arriba de las nubes
para ver los nimbos blancos.
Me admiré con su hermosura// pero hoy no me calmaron.

Después casi a despecho// me fui para contemplar
desde fuera el universo.
Vi que no era mucho más// que pelota para un juego.
Ya pude reirme un poco// porque dicen que es inmenso

Luego ya sin más esperas// hasta el más profundo espacio
por ver la noche más negra.
Mas tampoco pudo ser,// por las luces de una estrella,
y aunque era muy hermoso,// hice examen de conciencia.

Vi que el viaje era un huir// de este mundo cruel de guerras
sociedades bioquímicas,// esclavitudes y miserias
y daños de desamores// por innombrables cegueras.

Pensé que hacía yo lo mismo,// Quise de nuevo ver la tierra,
con abrazos de ternura // consolarla y quererla,
y me mostró un carrusel // de llamas de amores bellas.

Qué bellezas los cariños// que calientan los hogares
confirmando que es benigno
que su llama todo une // y es siempre el mejor abrigo.

Las llamas alborotadas // tintes del color de hogares
noviazgos que apenas granan// con las chispas de pasiones
y rozaduras hinchadas.

Y que decir de las luces // de los juegos de los niños,
querubines que amor pulen // y aunque no vemos sus alas
nos animan con su empuje.

Unos grandes fuegos blancos// que viran hacia el azul
por cariños rebosando
y que a veces ni los vemos.// Son los amores ayudando.

Después un desfile sin fin// de fuegos, luces, colores,
peces, algas, animales...// yerbas, árboles y flores...

Ante mi la claridad // brillante de luz estaba:
Toda la vida es amor.// Si con basuras la matan
los amores con sus fuegos // hacen que la vida nazca.
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Trastorno de despersonalización...

Yo me sentaba en la orilla de la cama, con el rostro entre mis manos, sintiendo como mis dedos se marcaban en mis mejillas y en la frente. Los ojos cerrados sólo percibían pequeños destellos de luz dentro de una obscuridad profunda, colores violetas y verdes, algunos dorados y blancos. Como si viajara por mi propio espacio viendo galaxias luminosas que no existen, así como yo no existo.

La noche me rodeaba y el ruido silencioso de las calles me arrullaba, escuchaba a la lejanía los autos pasar, los pasos de las personas que caminaban por las calles solitarias, los insectos que de vez en vez hacían un pequeño ruido, tan simple que no sabía si lo escuchaba en verdad o sólo era mi mente la que los inventaba para mantenerme consciente. Podía sentir la brisa que cruzaba por mi habitación, como si de una sombra con vida se tratara, percibía claramente su murmullo sereno y frío detrás de mis oídos, hacía que se crispara mi piel, cada bello de mi brazo se levantaba al sentirla como si despertara de un pequeño sueño llamado por la voz de un frío que no hiela, pero si reanima.

El aroma de la habitación medio vacía entraba por mi nariz, podía degustar cada parte de ella, las sábanas destendidas, la ropa en el suelo, el tazón de cereal aún con leche, los zapatos arrojados a cualquier parte, y un leve aroma a comida frita que entraba por la ventana; todo se conjugaba en un intento de la vida por mantenerme en ese lugar y en ese espacio.

La memoria a veces me fallaba imaginando cosas que no me sucedían, pero recordándolas tan vívidas que me era imposible comprender que de verdad nunca ocurrieron; o por el contrario, existían fotos, vídeos, pruebas concretas de sucesos en mi vida, de los cuales no tenía la más mínima idea de que hayan sucedido, la gente me contaba las anécdotas y yo las escuchaba y escuchaba, y cada vez las hallaba como nuevas, ¿y quién dijo eso? preguntaba y todos respondían "TU" con cierta cara de burla e incredulidad.

Me daba por escapar de esta realidad tan jodida de pagar impuestos, de ir al trabajo, de buscar una esposa, de tener una familia, de pagar la renta, de divorciarte, de que los hijos se vayan y todo termine donde empezó, en soledad. Me pregunto a veces cómo puede ser este el plan de Dios, si yo no encuentro ningún trazo por donde camino, ¿acaso es un plan confidencial, de esos "Top Secret" el cual todos conocen menos yo? A veces esa idea me ronda la mente y me causa terror, ser el que vive esta vida sin que sea realmente mía.

Por eso escapo a los campos azules de cielos dorados, donde las libélulas gigantes me llevan a las montañas de lava helada. Donde las sonrisas son sonrisas sin la necesidad de un rostro. Ahí soy feliz, donde me duelen los pies de tanto correr y cuando me detengo descubro que ni siquiera tengo un cuerpo, donde un pensamiento persigue a otro y juegan a que se volvían realidad, me gustan esas ciudades donde los autos no se necesitan porque todos podemos volar. Será que sueño tanto que por eso me cuesta trabajo dormir por las noches.

Sabe, estas ideas no las comparto, porque las personas no las comprenden, me miran raro y me pasan de lado, he decidido vivir ese mundo de color para mí, y usted puede decirme que soy un egoísta, y puede que tenga razón. Pero yo le estoy contando todo esto y usted me mira con el mismo rostro engreído de la sociedad que juzga en lugar de comprender o por lo menos de intentar hacerlo. Si usted me contara que soñó que montaba un águila, yo le preguntaría ¿Y qué se siente? Yo vine aquí porque me han dicho que usted es de los que tratan estas cuestiones dándoles un fin para que uno pueda ser normal, pero... y qué pasa si después de contarle todo esto me he arrepentido y ya no quiero ser normal, no me interesa serlo. La normalidad es el conformismo del abandono de los ideales, y usted es un experto en hacer que se abandonen ¿o me equivoco?, yo lo único que quiero es no sentirme sólo en un mundo tan maravilloso, tanto, que quisiera compartirlo, pero la gente no lo desea.

Dígame usted, señor experto, ¿qué hago para mostrar esta vida tan increíble a una sociedad tan desolada?

El doctor, lo miró fijamente con el ceño fruncido en señal de meditación. "Yo amigo mío le creo todo lo que ha dicho y como bien lo menciona soy parte de una sociedad funcional donde muchas veces lo soñadores como usted no son comprendidos, le prometo que a partir de hoy todo comenzará a funcionar mejor".

Mi rostro sonrió, pero no por el gusto de escuchar sus palabras sino por la ironía de lo que dijo, pues contrastaba con los trazos de la pluma fría y nostálgica a tinta negra sobre el papel blanco carente de consciencia... TRASTORNO DE DESPERSONALIZACIÓN.

...

Gracias doctor, de hecho, comienzo a sentirme mejor.
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Fracaso de poema

Esto iba a ser un poema. Iba a decirte que dejé de pensarnos en futuro, que tiré a la basura los planes, los viajes, los mapas de las ciudades que ya no visitaríamos y las rutas en la motocicleta que, todavía, no nos habíamos comprado —pero que, algún día…—. Iba a decirte que las ilusiones, también las había convertido en esfera arrugada que ya no me sirve, envolviendo todas las estupideces, por ejemplo, como que sería maravilloso criar un hijo contigo o que envejecería a tu lado. Hace tiempo que no veo nuestros cuerpos tumbados boca arriba sobre el césped, pintando con los ojos en el cielo nuestro propio cuadro. Hace siglos que no caben en tu habitación tardes enteras conmigo dentro ni conciertos en mi coche, tu voz en grito. Iba a decirte —aunque, tú ya lo sabes— que ya no volveremos a comprar más trastos inútiles en un «Todo a cien». No. Somos: tú sin mí y yo sin ti. Lo que éramos antes de ser nosotros, es decir, dos personas. Quiero decir, una tú y otra yo. Lo que no entiendo es por qué, entonces, me siento a medias, incompleta, como si estuviera perdiendo por un agujero la salvia que me rellena. Me da coraje esta sensación de falta, de ser insuficiente para mí misma.

Créeme, he puesto todo el empeño. He guardado todas tus fotografías, por si a la nostalgia le da por mirarte a escondidas. He perdido los regalos que me hiciste, intencionadamente. Sí, me he venido arriba y hasta te he arrancado de la butaca del cine, del asiento del parque, de la silla del restaurante, del otro lado de la cama. Te he borrado de la agenda, de mi bandeja de entrada, de los márgenes de las hojas de mis apuntes viejos. Incluso, me he librado de odios que no te guardaba, que todavía, te debo; para engañar a este lado izquierdo de mi cuerpo que ahora toco y late lento, a regañadientes. Es más, ya no sé ni cómo te llamas, dónde trabajas, a qué hueles o cómo llevas el pelo. Ni siquiera me importa, te lo aseguro. He podido desprenderme de todo, de todo. Menos del amor que, en momentos como este, todavía siento por tu recuerdo. Odio el romanticismo que discurre por la memoria selectiva y, a veces, me odio a mí por no odiarte.
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Un tranvía llamado "deseo"

La próxima parada,
en el andén la espero,
y llega en el tranvía
que llaman del "Deseo".

Paro en las estaciones
del plano de su cuerpo,
en viaje de placer
que al fin llega a su lecho.

Entre sábanas blancas,
que el ardor ha deshecho,
empiezo a recorrer
la piel y sus senderos.

Al tacto de mis manos,
se enreda entre los dedos,
la suave cabellera
que forma el fino pelo.

Mirada angelical,
por la que siempre tiemblo,
envuelta en unos ojos
que brillan como el fuego.

La boca de contrastes,
con ese labio seco,
que esconde ansiosa lengua
y sus jugosos besos.

Es fina y perfilada,
voraz hasta lo obsceno,
cuando al morder los labios
me incita con su juego.

Caricia de la piel
la de su esbelto cuello,
tan delicado y terso,
como en la flor los pétalos.

Y el viaje continúa,
hasta llegar al cielo,
hasta esas firmes cumbres,
testigos de mis vértigos.

Volcanes tan perfectos
do se derrite el hielo,
del corazón ardiente,
debajo de sus senos.

La línea de su espalda,
que acaba en su trasero,
es la preciosa curva
camino del infierno.

Infierno al que va un valle,
talado de su vello,
allí donde reposan
mis más perversos sueños.

Te privas de la braga,
mi rostro queda trémulo,
al descubrir la flor,
la clave del Misterio.

La mecen mis suspiros,
el caluroso viento,
que brota del aliento
en sofocante Céfiro.

Y se ancla entre tus piernas,
en el acuoso sexo,
en trance tan violento,
el lujurioso miembro.

De los gemidos se oye,
atronador el eco,
jadeos y sofocos,
y dulces los lamentos.

Como el pintor esboza
los trazos en el lienzo,
como el poeta escribe
sus más ardientes versos,

como ese que de arcilla
al tacto hace el modelo,
o el que en la partitura
compone un ritmo bello,

así, cuando al compás,
en brusco movimiento,
se imanta nuestra piel,
y me introduzco dentro,

en ese gran momento,
que nubla pensamientos,
do se detiene el tiempo...
viajamos en secreto.
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Moda-1926

Te encontré,
entre olor a rosquillas de anís y canela.
Entre balones, muñecas y nubes de parques
se desvanecieron las ocho mil lunas.
Te encontré,
entre cierres de ojos con beso,
trapecios de carreras, marchitas revistas de moda
y en eternos juegos
de aquellos que estaban por inventar,
crecieron nuestras rodillas sangrantes.
Te encontré,
compartiendo con tiza secretos particulares,
conociendo melancolías que hoy son recuerdos.
Imaginamos nuestra máquina del tiempo,
y reímos en viajes imposibles.
Pero te perdí jugando al escondite,
dulce y jovial hoja caduca,
que arrastrada por el viento de un perpetuo otoño,
te hiciste inmortal.
Y como el tiempo no regala encuentros,
tizas ni besos,
ayer con nuestra improvisada máquina del tiempo
me atreví a volver a ti,
y a tu piano de cipreses,
tan mayores y altos ellos,
que a pesar de resguardarte,
mecen sus puntas al viento
llorando tu ausencia.

Fotografía: “Nouveautés 1926”, Hélène Laurent (Lille, Francia)
Comunidad Artística La Poesía No Muerde (lapoesianomuerde.com/2017/11/10/moda-1926/)
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Envejezco

He envejecido tan deprisa, qué ya sólo me queda recordar
las chimeneas regalando al viento poniente
sus delicados aromas del naranjo.

He envejecido tan deprisa, qué ya sólo me queda recordar
un ayer ,cada vez más lejano,
quemando cómo lumbre mis entrañas.

Envejezco,
y recuerdo su tibio cuerpo
y su vientre templado y espléndido.
Envejezco y aquí sigo,
sentado en el viejo sillón,
frente a la chimenea polvorienta,
tratando de consumir los miedos
que escondí en el pasado
por ella, por un amor prohibido
por un amor qué una tarde lluviosa
me atrapó en ese laberinto piadoso de la pasión y el ardor;
hipnotizando mi corazón,
hoy más viejo y maltrecho que nunca .


El tiempo se nos va y he envejecido
tan deprisa,
qué ya sólo me queda recordar
sus ojos grandes como perlas de Tahití
deslumbrantes a cualquier distancia entre lo nostálgico y lo glorioso .
Envejezco,
recordando su sonrisa de albaricoque,
recordando esos sus labios suaves y jugosos
dulces como el amor a los 17.

!Oh !
El otoño sigue su curso a través del tiempo que muere,
pero el tiempo es tentación, recuerdos y soledad.
Lo nuestro llegó a un final, pero aun así yo me rebelo
a pensar en cada detalle suyo
en su aliento,
en su jalea real brotando de sus labios,
en el amparo de sus ojos,
soledad,
me niego …
me rindo a su recuerdo. Sí, a su recuerdo.


Envejezco, sí envejezco
y mis recuerdos infinitos
cómo la brizna de hierba tibia que vuela
en un día de mucho viento, así envejezco.
¡Oh ¡Laberintos del destino
me niego ..
qué necedad ..
no puedo pensar qué pudiera acabar entre nosotros
la utopía de los sueños, así envejezco.

Envejezco, sí envejezco,
pero veo en mi mordaz recuerdo su menudo cuerpo reposando en la alfombra de Sierpinski, ese mismo cuerpo que inunde de besos y caricias sublimes,
mientras el aroma del naranjo trepaba por nuestros cuerpos desnudos.

Envejezco,
si envejezco
recordando su cuerpo tibio bañado por el umbral de mi penitencia.
Envejezco, sí envejezco recordando su cuerpo ardiente y nuestro primer día cuando nos tumbamos a la devoción; al misticismo de nuestros placeres e idilios.

¡Oh! Soledad de todas las sombras.
Envejezco como un mendigo de amor.
Envejezco, pero esto no está muerto,
porque cada tarde de aquel otoño, en mi alma,
nuestros corazones retumban tan fuerte, qué sigue estremeciendo las frágiles paredes qué escondían nuestro sacrilegio, bañándose por el misterio de aquel perfume del naranjo.

Envejezco,
sí envejezco
y ya pronto emprenderé un viaje sin retorno, un viaje con el aliento dormido,
pero con los recuerdos de su cuerpo afanoso al mío, de su cuerpo impregnado por aquellos delicados aromas del naranjo qué aquella vieja chimenea desprendía; en esa cabaña fecunda de amaneceres desde dónde partiré con mis remembranzas a su encuentro.

He envejecido
y he envejecido sin ella.
Ya hace mucho qué mis miedos se los trago la tierra, así como mis fuerzas.
Ahora mi cuerpo se fuga, pero mi alma resucitará cada vez qué las chimeneas regalen sus aromas de naranjo a un amor en otoño..
Envejezco, sí envejezco

JOSE LARA FUENTES ©
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El viaje

Preparo el equipaje,
en mi cuerpo vacío
encierro tus ojos
y los míos,
unos labios mojados
unos sueños gastados,
palabras sin decir,
los corazones cansados,
un par de alas de arrastrarse,
un reloj sin arena,
un par de minutos sin penas,
el fugaz amor desperdiciado,
queda sangre sobre la alfombra,
un vaso de alcohol sobre la cama,
la rosa roja que ya no late,
una bala en la recámara,
y las lágrimas de un cobarde.
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Polizón

Fresas aves arándanos
rodajas de sol
poemas mágicos
en los que descubro tu voz.

Fotos daguerrotipos
números balances
alacenas y un televisor.

Se suceden las imágenes
en que la esperanza
viaja como un polizón.
.
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Del mito

Caminar al gusano

El cíclope guarda un ojo lejos de su frente,

El minotauro extraña a Teseo

Abre los ojos y los cierra en el sueño,

El minotauro sabe su destino derramado en el cielo,

no servirá más, jala del hilo.

La poesía es un fuego navegante, una fogata de viento.

El minotauro teme al guerrero que jala la punta de un hilo en la mano,

sabe que en su sangre viaja el cristal de la inmortalidad.

Al Hilo de Ariadna conducen todos los anhelos del mundo.
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Tu sombra en silencio

Contemplo a la luz del fuego,
tu perfil dormido,
sombra cimbreante.

En la vigilia de tu éxodo
en pos de una nueva vida
o muerte.

Tu sombra,
compañera de viaje,
también me abandonará.

Con un tizón,
trazo el contorno de tu sombra
que me abrazará
cuando tú no estés,
en silencio.
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Soneto. A hurtadillas

La brújula del sol se mece inquieta
y la gaviota desgarra su plumaje
alentada en el vuelo de otro viaje
a un cielo que, entre las nubes, se agrieta.

En un golpetazo de olas se aprieta
la arena de la playa -sin encaje-
y en la tumbona de aire -sin ultraje-
descansa la mar con el agua quieta.

El viento sopla tímido -a hurtadillas-
y viste de color de sol pomelo
como hace siempre en todas las orillas.

Las aguas frías, que atemperan hielo,
te han visto mojarte hasta las rodillas
y por tu cuerpo se mueren de anhelo.
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Escarcha roja

Hielo teñido;
muy malherido.
Las heridas congeladas
ya no quieren decir nada.

Y la vida circular
se mueve y vaga sin rumbo,
perezosa, dando tumbos,
viendo los parques pasar.

La sangre del terciopelo
crea lenguas serpentina
al tiempo que las líneas
cambian de raíz.

Y las raíces nuevas
coloran y degeneran
mientras se consolidan
los reinos de azafrán.

En última instancia,
Uñas de cilantro
crecerán.

Mas, por el momento,
como gallinas con sellos,
rojería y brujería,
escarcha y terciopelo,
al filo de la seda
a dormir y viajar.
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