Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 215, tiempo total: 0.012 segundos rss2

Valle del alma

Qué fríos y descalzos los pies en el patio de luz,
cuántos recuerdos de tantas vidas olvidadas
en un solo desván al que ya nadie sube.
Las manos sabias de la yaya
aun sobre la madera barnizada del sillón,
y los niños que un día fuimos
aun corretean por el pasillo
con las rodillas sucias de alegría.
Ahora me siento frente a la lumbre de diciembre
y me paso metida en el Jerte todo el agosto.
Imágenes de un pasado que ni tanto conozco
en todas las paredes de los cuartos
y los acordes de una aprendiz de guitarra
ahora suenan en las esquinas de todo el Valle.
Si subo la montaña hasta el puerto,
me gusta contemplar ese punto más lejano
donde mi tierra parece terminarse.
Es ese el lugar al que siento que pertenezco.
Y cuando llega la hora de marcharme,
me llevo el aroma de cereza entre los dedos todo el año,
porque así se que, cuando regrese,
mi hogar seguirá teniendo su puerta abierta,
como lo ha estado desde que nací
y hasta el día en que me muera.
leer más   
3
sin comentarios 12 lecturas versolibre karma: 30

Señora mía

Señora, señora que riega las flores,
¿qué hace tan laboriosa esta mañana?

"Don Juan, hilando vidas,
lavando mis sábanas".

Señora, señora que se alimenta de mis dones,
¿qué hace tan trajina por estas cuadras?

"Don Juan mío, acabando mis días,
enamorando mis piernas cansadas".

Señora, señora de mil amores,
¿qué hace con una moneda en sus manos blancas?

"Mi Don Juan, alabando sus poemas
que yo quiero pagar con mi alma".

Señora, señora por favor y de mis canciones,
¿por qué está tan llorosamente feliz y enamorada?

"Don Juan, ¡porque yo lo amo
con todas mis fuerzas y ganas!".

Señora, señora mía y de millones de sabores,
¿qué quiere de mí y de mis historias mágicas?

"Ay, Don Juan. Yo quiero de usted
todo su origen puesto en esta mi vida, tan desgraciada".

Oh, señora mía,
no tema por mi lance de boca harta.

"Oh, Don Juan. Béseme
hasta que Dios diga 'basta'".

© 2017 Elías enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
4
sin comentarios 14 lecturas versolibre karma: 72

Por un segundo

Vuelvo a entrar al baño,
me pongo de nuevo
frente al espejo

un nudo de nostalgia
revuelta con ceniza
se abre paso en mi garganta.

Mi cabeza grita
entre sollozos inaudibles:
“Para ya”
“Deja de hacerte tanto daño”,

Las lágrimas dibujan surcos
por mis mejillas,
casi pareciera arte
el dolor y la tristeza
que me inundan esta noche.

Ya es diciembre, ya pasó otro año
ya nacieron otras vidas
ya nos dejaron muchas otras.
Sin embargo, yo sigo aquí,
tan vacía y mundana
como de costumbre.

No esperéis una estrofa bonita
para terminar este poema horrendo.

Solo quería volver vuestra alma
del color de la mía
por un segundo.
10
1comentarios 50 lecturas versolibre karma: 106

Hijos de un mismo Dios

Vestida de oscuridad y tinieblas caminaba mi alma entre cadáveres amontonados en la roja tierra. Estaba desorientado, sumido en un mundo irreal, sin saber quién era exactamente. Todo mi cuerpo estaba cubierto de barro y sangre, pero esta no era mía. En mi mano derecha, portaba todavía la espada con la que había sesgado decenas de vidas; en la izquierda, la cabeza del asesino de mi mujer y mi hijo. Aún podía sentirse el hedor de la sangre putrefacta en el ambiente. A mí alrededor, continuaba el estrépito del choque del acero contra el acero, seguido del lamento de los que probaban la afilada espada del enemigo hundiéndose en su carne. Me dirigí hacia el acantilado que daba al mar, parándome al llegar al borde. Sentí la brisa marina por el rostro mientras las olas chocaban furiosas contra las rocas. Cerré los ojos, y por unos instantes olvidé donde me encontraba. Al abrirlos volví a la realidad. Elevé la mirada al cielo, y levanté la cabeza que llevaba en la mano izquierda. Luego grite:

-¡Oh Dios Misericordioso! Aquí tienes un fiel servidor. Esta cabeza que te brindo es la de nuestros enemigos. Nunca he matado en vano, y en esta terrible guerra siempre he defendido tu potestad. Este es el hombre que mató y violó a mi mujer, llevándose consigo la vida del hijo que llevaba en su vientre. Sabes bien Señor, que mi lucha es en nombre de la justicia divina, y que mi espada te sirve. Acepta mí venganza en nombre de esta justicia, que yo seguiré llevando orgulloso el símbolo de tu magnificencia. Yo prometo servirte fielmente, hasta el fin de mis días en la tierra, cuando por fin, vuelva a reunirme con mi mujer y mi hijo. Amén.

Luego, agarré la cabeza ensangrentada y la lancé al mar, perdiéndose esta bajo la espuma de las olas que chocaban contra las rocas. Recé de nuevo por el alma de mi mujer y mi hijo, y me dirigí de vuelta hacía donde se encontraba el resto de los soldados. La victoria había sido nuestra. Muchos celebraban el triunfo en la batalla riendo y bailando, aunque viendo el gran número de compañeros que habían caído valientemente en el campo de batalla, a mi entender, poco había que festejar. Me uní directamente al grupo que recogía los cadáveres de los caídos. Mi única preocupación en ese momento era poder darles cristiana sepultura para su descanso eterno.
3
sin comentarios 29 lecturas relato karma: 50

Culpable e inocente

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Yo quiero contar la historia del vodka en
la garganta de los delincuentes, de los días
donde la espalda es de humo, y la
cautela, la última rama de un árbol desolado.

Elaborar la cronología de los incapaces de sostener
sus palabras en medio de la sarracina,
de los que hacen su voluntad tanto en la dimisión
como en las apariencias, del monaguillo que
perdió la batalla contra la madrugada
declarándose a la vez culpable e inocente.

Reseñar la triste biografía de aquel que buscó
alimentarse de felicidad en una fuente no
contaminada, y murió de inanición.

No quiero ser un centinela del principado de
la premura, para poder observar como el
agua se revela en la orilla del mar, y como
la humedad deforma lo impronunciable.

Quiero testimoniar como me salga de la
alopecia del matemático, de los taxis que
derrapan por las calles inundadas de la
palma de mi mano; conjeturar sobre los
que pretenden vivir todas las vidas sin
poder siquiera comprender la suya.

No quiero ser otro mezquino lazarillo preso
del reloj, caminando entre lo innecesario
y el determinismo disfrazado de azar.

Colaborar en la quita de pretextos de los
que se lavan la conciencia en el fandango,
derramar la luna llena en las brasas
de la pena de un pronombre impersonal.

Dejar mis colmillos de vampiro somnoliento en el
congelador, mirar sin parpadear a ese sol
con boca de alambre que alumbra un invierno
de hojalata; ver a los gladiadores de
la llaga y el pantano cumplir su vandálica
promesa de articular un llanto devastado.

Y mientras el otoño sufra sus bisiestos ataques
de pánico, proferiré mis parrafadas sobre el triste
aullido escorbútico de los corazones en recesión.

Quiero ser – si me da el cuero – megáfono de los
exasperados, arrancar con un alicate el 85 % de las
turbulencias desmoralizadoras, y sonreír por
las habladurías que se quedan sin aposiciones.

Continuar negándome a entrar en el redil, seguir
sintiéndome más a gusto a la intemperie; esperar
que llegue el día en que las avenidas
no traigan incorporadas su rutinaria hostilidad, y
ayudar a los fugitivos que logren huir
de la oscuridad de los sueños olvidados.

…Desearía no tener que actualizar cada cierto
tiempo el glosario de los pueblos que se
condenan a sí mismos por su propia inmadurez…
12
6comentarios 89 lecturas versolibre karma: 92

Imaginaria ventana

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina.
Sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
leer más   
9
4comentarios 54 lecturas versolibre karma: 87

Bajo el mismo cielo

Era un día soleado, ella lo esperaba en la estación del tren impaciente y nerviosa observaba el reloj en la pared de la boletería donde marcaba la hora y segundo a segundo los minutos transcurrían. Ella, como siempre romántica, lo esperaba con una rosa roja en la mano sin espinas, como símbolo de amor, pasión y ternura que se tenían.

Surgió el tan esperado encuentro de dos almas que se amaban desde otras vidas. Desde lejos se reconocieron con gran facilidad. Se miraron de frente, no paraban de sonreír. Alrededor de ellos se escuchaba el tumulto de las personas y el ruido de los trenes, pero entre ellos hubo una pausa, el tiempo se detuvo, solo escuchaban el lenguaje del amor. Ella observaba sus ojos color de mar, su cabello rayos de sol. Él estaba embelesado con su hermosa piel canela, entrelazaba sus manos en su rizado cabello. Ambos les brillaban sus ojos, él acarició su rostro, se besaron encendiendo la pasión dormida y las mariposas revolotearon en todo su interior. Despertaron sentimientos de amor, romance y alegría; emociones que emanaban desde su alma.

Caminaron bajo el mismo sol, durmieron bajo la misma luna. Pero la vida se encargó de cambiar su destino. Se distanciaron confundidos pero amándose y vivieron separados bajo el mismo cielo. Un océano inmenso los separaba de día y de noche.

Ella se quedó estacionada en ésa época, sintiendo la culpa de haber vivido en una burbuja de amor que su mente creaba. Tejiendo sueños de lo que fue y no pudo ser. Tantos capítulos vividos de una historia sin final.

Solo quedó el recuerdo de las cartas de amor que recibía de su amado, convirtiendo sus días de soledad en alegría y el recuerdo vivo de sus besos, su voz y su mirar.

En las noches ambos (sin saberlo) coincidían al mismo tiempo, miraban al cielo, escogían una estrella, le soplaban un beso desde la distancia y le pedían a la luna que cuidara a su amado y amada.

Y en la noche fría los abrazaba la melancolía convirtiéndolos en dos lobos aullando porque extrañaban a su amor eterno.

Escrito por: Aydil DR
9
1comentarios 67 lecturas relato karma: 85

Historia de amor

Antes del amor, tenían sus vidas, sus sueños, sus metas.
El, un hombre rustico, duro por tantos golpes que la vida le dio,
un rebelde, un indomable en el amor.
Ella, una dama distinguida, rebelde también,
de mirada sugestiva y sonrisa cautivadora.
Un día, por esas vueltas de la vida, sus miradas se encontraron,
sin saber sus vidas cambiaron
El amor sin querer los había atrapado,
a ellos, los rebeldes, los que no pertenecían a nadie,
A él que no creía en el verdadero amor,
a ella que a nadie entregaría su corazón.
Y la vida los unió de tal manera, que se entregaron por completo los dos,
así, sin que haya explicación.
Pero el destino no estaba dispuesto a soportar ese amor,
una daga mortal los separó.
Hoy todos hablan de esa bella historia de amor,
del rudo Siciliano que cambio por amor,
y de la Bella reina que vive en su corazón.
6
6comentarios 62 lecturas relato karma: 77

Días

Dormía con el veneno
puesto en la piel
con las ganas de romper el vacío,
o llenarlo con algo más que sangre.

Me recordarás
y te recordare,
eso me hace feliz.

Gastaremos hasta el cansancio,
los colores de la imaginación
disfrutando de nuevo,
el primer momento.

Donde como en un sueño,
llegaste desde el cielo
a curarme los miedos.

Saber que te las verás con mis palabras,
circulando por tus venas rojas
como una especie de mensajes,
mensajes recíprocos de dos cuerpos
que se reparten amor y hacen paz,
con la afinidad tan fina
como la estela de estrella
que caía arriba nuestro,
cuando nos preguntábamos
qué hacer con tanto amor.

Por unos días pensé
que solo existías en la mente
del hombre que busca el arquetipo
de lo natural, de la belleza,
formando rondas de pequeñas ideas
donde aparecías con los labios rojos.
¿Acaso eres un imán para mis ojos?

Un día como hoy
preferí estar con ella
para siempre
y todos los días pasan así,
sintiendo como el infinito
se consume entre nosotros.

La respuesta a tus besos
te la mande no a través de los años
sino buscándote aún en otras vidas,
donde mis días iniciaban
con tu risa.
12
sin comentarios 49 lecturas prosapoetica karma: 93

Poetas

Los poetas necesitan del amor,
tanto como del sufrimiento,
según se mire.
Ya sabes, eso de llorar o reír.
Suelen vivir a través de los otros,
esos que los leen,
sobre ellos, dentro de ellos.
Los poetas son ocultos portadores
de luz u oscuridad,
gracias a ello vivimos mil noches,
y mil vidas.
Son dueños de eones y eternidad,
alimentan, calman…
Gritan ese dolor callado, que se encierra en el corazón
o claman su dicha.
Pero cuidado…
No provoques el amor de un poeta.
Que un poeta no te ame.
No seas tú su motivo,
a menos, que desees la eternidad.
Pues, sin más, vivirás en su poema,
en su mente, en su voz y en el de cada ser que le lea.
Te hará para sí, tantas veces, tantas, como le apetezca,
sin excusas, le pertenecerás.

EPadrón
leer más   
16
4comentarios 61 lecturas versolibre karma: 84

Vientos de Soledad

Un déspota que es consciente
que los actos que comete
le asfixian cada noche,
busca insomne en cada calle
que le hablen los vientos.
Dejar atrás sus malas artes
antes de que la fría guadaña
abra en dos su pecho,
reclame su corazón de plata,
y confuso e incorpóreo,
busque en cada rincón
nostalgia y desolación.
Ya cayeron las lágrimas
con el dolor que tus manos
infligieron a las mismas vidas
que hoy, asustado, estás buscando.
No hay pesar, rencor o estima.
Añoranza o alegría. Indiferencia,
el más letal de los venenos
para quienes buscaron el éxito
y olvidaron que a la hora de la verdad,
cuando se apodera el silencio de la farsa,
los mares se tiñen de ceniza
y en lo alto de la caduca cima,
soplan los vientos de soledad
consumiendo carne y entrañas
hasta dejar huesos a simple vista.
Y sólo eso. Ni rastro de vida.
leer más   
13
17comentarios 117 lecturas versolibre karma: 85

Semillas de amor y muerte

Llevaba tres días seguidos viéndola a través del cristal de mi despacho. Todo en ella era hermoso: Su brillante pelo castaño y suelto serpenteaba en el viento como en un hipnótico baile oriental; sus ojos verdes desprendían una luz mágica, su insinuante figura se vislumbraba a través de su siempre elegante vestimenta, sus andares deliciosamente femeninos, su respingona nariz, su carnosa boca.Todo este despliegue de belleza era observado siempre a la misma hora. El día en que nos conocimos, todo cambió, irremediablemente en nuestras mortales vidas.
Eran las nueve de la mañana y yo esperaba con impaciencia la visión de esa chica. Estaba dispuesto a establecer contacto con ella, de descubrir quién era, o simplemente de conocer su nombre y compartir con esa desconocida unos segundos de mi metódica vida. Salí de la oficina y me dirigí al pequeño parque que había justo enfrente de esta. Me senté en un banco a esperar la llegada de ese ángel. Pensé en que podría decirle al verla, como me presentaría, cuál sería la reacción de ella frente a tan osado desconocido. Todavía quedaban unos veinte minutos antes de que apareciera. A la misma hora de los tres días anteriores apareció ella. Iba perfecta, como siempre, pero hoy se la veía especial, como si la envolviera un aura divina que solo mis ojos podían acertar a ver. Pasó delante de mí, y por unos segundos nuestras miradas se cruzaron provocando que nuestros mundos se fusionasen en uno solo. Yo me quedé callado. Mi cerebro ejecutaba las órdenes correctas, pero mi cuerpo se veía incapaz de responder, y ella pasó de largo. Después de esto todo pasó muy rápido.
De repente, unos metros más adelante se produjo una terrible explosión, que siguió a otras más, retumbando en el aire el miedo y la desesperación. El aire se convirtió en ceniza, asfixiante, mientras las llamas que se alzaban desde el suelo se reflejaban en el cielo como en un inmenso espejo. Me quedé aturdido unos momentos. Al despertar pensé que todo había sido una pesadilla, pero no era así. Todo era macabramente dantesco. Levanté la cabeza, descubriendo grandes aves de metal surcando los cielos ardientes de nuestro territorio. El chirrido de sus motores era ya de por sí espeluznante. Las explosiones continuaron, pero ahora el terror se alejaba hacia el otro extremo de la ciudad. Me repuse y me levanté como pude. Todo me daba vueltas, pero en mi cabeza solo había lugar para esa chica: ¿Dónde estará? ¿Estará bien? Me puse a buscarla mientras veía gente herida y asustada por las calles; También me pareció ver a personas muertas cerca de mí, pero en ese instante no hice nada por intentar socorrerlas. En la calle algunos edificios habían quedado destruidos. Corrí algunos metros hacía donde la había visto por última vez. Allí estaba ella, en la puerta de esa cafetería completamente arrasada por el impacto de las bombas. Todo a su alrededor estaba destruido y envuelto en llamas, pero ella permanecía en pie, con el gesto impasible y la mirada perdida en el frente.

-¿Estás bien, estás bien?-grité mientras le cogía suavemente las manos. No encontré ninguna reacción, así que volví a preguntarla.- ¿Estás bien? ¡Dime algo!

-Estoy bien. Eso creo. - dijo ella con un tono sereno.

A pesar de los sucesos ella parecía tranquila. Como si después de todo, lo ocurrido solo hubiera sido una broma sin importancia. Entonces, me cogió fuerte las manos y me dijo:

-¡Vámonos de aquí!

Las calles empezaron a llenarse de policías, ambulancias, bomberos, gente que intentaba ayudar en todo lo posible, incluso comenzaba a hacerse notoria la presencia de militares. Nos dirigimos a otra cafetería cercana donde el dueño repartía café caliente y agua a todos los afectados. Nos sentamos en una mesa y una camarera nos sirvió muy amablemente dos tazas de café con leche.

- ¿Cómo te llamas?- dije después de dar un sorbo a mi taza.

-Claudia Addkinson.

- Te estaba esperando, ¿sabes?- dije.- Antes de que pasara todo. Hace tres días que te veo pasar por delante de mi despacho, y hoy me había propuesto conocer tu nombre. Claudia, un nombre precioso, como tu simple presencia.

- Gracias.- contestó ella esbozando una sonrisa y sonrojando sus mejillas.- La verdad es que yo también me había fijado en ti cuando te he visto en el banco sentado. Si me paré enfrente de la cafetería fue porque pensé en darme la vuelta para hablar contigo, ya que al mirarte sentí una conexión especial que jamás había sentido. ¿Cuál es tu nombre? Aun no me lo has dicho.

- Me llamo Peter Suvovich.

- Encantada.-sonrió ella.

En ese instante el dueño de la cafetería subió el volumen de la radio, desvelando el misterio de los pájaros de acero que hacía unos minutos habían descargado sus diabólicas bombas sobre nuestras gentes. Todo el mundo guardó silencio, hablaba el presidente:

“Queridos conciudadanos. Una fuerza hostil nos ha atacado cobardemente en nuestro territorio, bombardeando despiadadamente a la población civil, y causando cientos de muertes inocentes. La justicia exige que se tomen medidas drásticas en consideración a estos terribles acontecimientos. Nuestro enemigo más peligroso nos ha declarado la guerra sin previo aviso, y nuestra nación, junto con nuestros amigos y aliados estamos dispuestos a entrar en guerra por la salvaguarda de la paz y la justicia. Atacaremos sin compasión a esos despóticos gobiernos. Por lo tanto, declaro que estamos en guerra contra cualquiera que atente contra las libertades de nuestra nación o la de nuestros aliados”

Así fue como cambió mi vida el día que conocí a Claudia. Por supuesto también la de ella. Después de esto, pasamos una magnífica semana juntos en una pequeña cabaña que mi familia tenía cerca del lago Sanders, entre las montañas O’Kiff. Luego tuve que alistarme. Durante dos años aproximadamente, nos enviamos correspondencia, pero fatalmente la comunicación se rompió. Yo caí en el frente occidental mientras realizaba con mi equipo un ataque a las posiciones más avanzadas del enemigo. Una bala atravesó mi corazón dejando mi cuerpo sin vida en el frio barro del campo de batalla. De ella no he vuelto a saber nada. Lo último que supe es que nuestro hijo Peter había cumplido un año. Un hijo al que no conoceré. Ahora que ya ha acabado la guerra espero que Claudia sea feliz. Deseo que encuentre un hombre bueno, que la cuide y la adore como yo lo hacía, y que se porte bien con mi hijo, aceptándolo como suyo propio. Por último solo pido una cosa: Que ella nunca me olvide y que hable de mí a nuestro hijo. Así, hasta que nos volvamos a ver.
4
2comentarios 39 lecturas relato karma: 68

Letanía de lamentos

Lamento los días triste,
donde la luz que proyecto
se mueve en una escala de
grises y negros.
Lamento los abrazos que
pude dar y no di.
Lamento los besos que
se quedaron en el aire
sin llegar a la piel de destino.
Lamento los agujeros oscuros
donde me guardo las ganas
de decir lo que pienso,
lo que siento, lo que soy.
Lamento los llantos de agua seca
que derramo en tu presencia.

Y entre lamento y lamento, esbozo una sonrisa, me tomo un café oscuro y me derramo
entre las gentes que me rodean y me intuyen.
Me acomodo a sus pasos, sus risas, sus charlas de cerveza y vino, sus vidas y con ellas la mía.
Me vivo y te vivo, y os vivo. Y así al final, aunque hay tanto lamento, sé que esto viva.
13
5comentarios 61 lecturas versolibre karma: 87

Honor, sangre y acero

Avanzamos inexorablemente hacia la batalla. Majestuosos, como un solo ser; un fiero dragón de miles de cabezas, de flameantes escamas relucientes al sol, y de amenazantes lanzas protegiéndole todo el cuerpo. Nuestro avance resonaba en la tierra estéril al son del crujir metálico de nuestro equipo de combate. A una distancia prudente del enemigo nos detuvimos, y como si nadie ni nada amenazara nuestras vidas, comenzamos a cantar el sagrado Pean en honor al dios Apolo. Una vez finalizada la plegaria, nuestro general nos alentó para el combate, y tras estallar todos los hombres en un éxtasis guerrero, nos lanzamos contra el enemigo, con la furiosa ira de los valerosos soldados griegos que luchan por la libertad.
1
sin comentarios 26 lecturas relato karma: 17

Mi razón

Tiendo a inventarme frases al aire, buscando la armonía,
necesitando y hallando el verso perfecto,
el que describa mis más sonoros pensamientos,
tú mereces la belleza del Todo, que no tengo
y que muero por entregarte.
Amo tu mente, la magia que genera el choque de tus neuronas,
la chispa de luz entre la espesura de mi oscuridad, tu genialidad.
Tus manos, los ángeles, que vinieron a mi rescate
limpiándome toda impureza, de esta Tierra.
Necesito agradecerte tanto y solo puedo entonar
un murmullo suave que ofrecerte,
convertido en poesía,
un intento de hacer,
el claro reflejo de la felicidad que en mí obras.
Y te beso la frente meciéndote en mi arrullo,
perdiendo toda lógica, en brillantes pupilas,
tus ojos, mi universo.
Y escribo con afán, con ansia desbordada,
con tu voz que me besa el alma enamorada.
Eres en mi existencia, el más grande milagro,
y sé que en otras vidas, seremos un destino,
dos energías inquietas, generando un abrazo, fundidos en un beso.
Te recito al oído, cada composición,
escribo para honrarte, mi hogar, mi paz, mi gozo,
plenilunio hecho carne, en eónico amor,
sin tiempos ni relojes, sin tocar el confín,
por siempre y para siempre, te amo sin recelos,
y no olvides jamás, que te adoro, que te quiero...
Que todos mis poemas, de amor, son para ti.

© EPadrón
leer más   
12
11comentarios 81 lecturas versolibre karma: 104

Lo que mata es tu voz cuando calla

Lo que mata es tu voz cuando calla.
La azotea poblada de canciones acabadas,
luces arruinadas tras las cortinas veladas
sin tiempo para brillar de nuevo.
(Nosotros se lo robamos, es cierto,
cuando acordonamos sin reservas la esperanza).

Ahora escucha pasearse los silencios,
altivos, oscuros, puño en alto.
Silencios coronados con la pena
de haber cortado lenguas
para que dejaran de sangrar palabras.
Ahora calla el corazón en un silencio débil y templado
por la nocturnidad vacía de este cuarto;
y un sigilo plano, arma en mano,
enturbia una razón que siempre estuvo callada.

Hoy es este silencio largo
que acomoda los miedos en lo alto
para que no griten versos ni nostalgias.
Y enmudece la oscura madrugada
en un silencio vaporoso y funerario
rodeando los cuerpos que se escarchan
envueltos en trágicos sudarios.
Tremenda lasitud en las gargantas
que no pueden hablar, que silencian las almas y las dejan
atoradas en un círculo perverso de silencios;
vendidas a unos días que se van sin decir nada.

Ha llegado la hora de las vidas selladas;
de esa muerte en la boca que calla y enaltece
la trémula imposicion disimulada
de no decir, nunca más, nada.
leer más   
21
10comentarios 116 lecturas versolibre karma: 75

Nada que darte

Te daré una rosa
Con pétalos de mar profundo
Para navegar en tus sentidos
Hasta el fin de las galaxias

Así me conocerás en otras vidas
Cuando vueles fuera de la tierra.

Te daré una luna
De jazmín y terciopelo
para que se perpetúe
su aroma en tus poros
y se tatué su esencia en tu horizonte.

Así me buscaras entre cometas
Y cada astro al que te avecines.

Te daré mis ojos
Burbujeando humeantes
En una taza de porcelana
Para que te embriagues en ellos
Y necesites su perfume en las mañanas

Así encontraras insípidos
Al resto de los satélites.

No hay nada que pueda darte
y se compare ni por asomo
al anhelo inquieto de mi reino
por que llegues a conquistarlo
con tu traje de astronauta.
leer más   
6
sin comentarios 38 lecturas versolibre karma: 68

Secretos poéticos

Me gusta ordeñar letras,
me gusta cantar palabras,
de esas que salen de mis poemas,
de esas que son para tu casa.
¡Me gusta verte!
Me gusta verte enamorada,
para cuando ya sepas
que soy yo, tu alma entregada.
Me maquillo de muerte
para que no veas mi boca apenada,
esa que tanto te quiere,
y ahora se queda por tus besos, adormilada.
Tu cuerpo, ¡sangría metamórfica!,
esencia en celo de yegua afrutada
sobre Sodoma y Gomorra,
ellos entenderán esta lujuria tan poetizada.
Mírome, Dios, y veo un espíritu
que reseco de sedes en nada
por santas vidas y cariño infausto,
ahora soy un hombre para mi dama.
Lágrimas en diamante,
poeta que sangra saga,
la que cuenta evangelios
para una nueva biblia sagrada.
Ésa se llamará
Doliente es mi alma,
que por algunos miserables,
ahora ando con nueva lengua literata.
Puedo ser guarro cuando quiera,
romántico también, para mi mujer hechizada,
y para su cándido vergel,
seré Longino portando su valiosa lanza.
Será mejor que acabe este poema
o mi historia se hará larga,
tal vez leyenda para el futuro
o eternidad a Dios, “galleta” blanca.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
2
sin comentarios 22 lecturas versolibre karma: 33

Hemos perdido de vista a la Luna

Llegada es la hora, en la cual, poco a poco,
 iremos devorando nuestro pasado,
 para mantener con vida, nuestras vidas.

  He viajado en muchos trenes, y aviones,
 ¡nunca!, encontré a nadie que me dijera:
 “sígueme, te haré pescador de hombres.”

  Tal vez me comprendáis:
  Ya os llegará el turno;
 vuestros hilos se romperán; vuestros cuerpos
   se desplomarán,
   inexorablemente.

  
   Desde abajo,
 todas las caras parecen iguales,
 en cambio, es vuestro caminar,
 lo que las marca y difiere.

  Aunque no podéis verme;
 aunque ignoráis mi existencia, terminaréis
 en el mismo lugar.

  Las flores han crecido a mí alrededor.
 Y los que amé, dejaron, en ellos, su perfume.

  He devenido a tal pequeñez, que hasta
 el más inofensivo gorrión, sería para él
 una presa fácil.
  
  Tardé, varios días, en bajar las escaleras
 del camino imaginario; y, una vez dentro, espero
 hasta altas horas de la noche, para salir
 sin ser aplastado por vosotros.

  Soy tan pequeño..., que tan sólo
 tendría que introducirme entre unos cables
 para provocar vuestra desgracia...

  No lo haré.

  Cerebro programado, con el aire de la calle.
como consecuencia:

Hemos perdido de vista a la Luna.
leer más   
10
3comentarios 71 lecturas versolibre karma: 76

Así.

Así.
Y cuando sea que te mires en mi espejo,
desde mis ojos mirando a tu tierna alma,
la certeza volverá a ser lo que se te ama,
seremos un esplendor dorado y reflejo.

Y cuando sea que te tenga cerca, a mi vera,
las horas se volverán un mar y su calma,
los pájaros se posarán en cada rama,
trinaremos como las alas en primavera.

Y cuando te sean mis labios un suave beso,
las nubes nos verán, soleadas e iluminadas,
bordearemos nuestras apasionadas vidas,
volverán nuestras sonrisas a su regreso.

Y cuando te vea seremos como un milagro.
leer más   
15
3comentarios 79 lecturas versolibre karma: 75
« anterior1234511