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Carta a mi niña

Otra noche más aquí.

Sentado en el sofá.

La tele está encendida, pero sin volumen. Pues estaba escuchando a Ferreiro ahora mismo.

La chimenea está en marcha, me quedo mirando al fuego, con la mirada perdida y me cae una lagrimillla.

Vuelvo a sentir esa sensación de ansiedad.

Miro a mi derecha, Maya me mira como pidiéndome permiso para salir al corral.

Seguro esta noche me cuesta dormir también.

Te pienso a toda hora.
Cada día me doy más cuenta de lo mucho que te quiero. Cada día te necesito más.

No es que no sepa vivir sin ti, es que no quiero vivir sin ti.

Ya entra Maya.

La verdad es que intento ser positivo y no lo llevo tan mal, pensaba que me iba a dar algo jajja. Pero aun así te echo mucho de menos.

Me doy cuenta de lo feliz que soy cuando estás aquí y quiero eso para siempre.

Hoy me duele mucho la espalda,, me he tomado ya dos pastillas y no se me pasa.

Si te das cuenta intento no hablarte a no ser que lo hagas tu. Pero me cuesta mucho.... Sabes que me encanta mandarte besos y tonterías, contarte todo lo que hago y ahora me cuesta no hacerlo.

Espero disfrutes mucho con Virginia y que os pongáis al día de todo.

Espero que el viaje te valga al menos para desestresarte un poquito y aclarar alguna idea.

Eso sí. Quiero que me eches tanto de menos que cuando me abrazes la próxima vez no me quieras soltar... Jeje...

Bueno mi niña, ya te dejo.
Voy a tomarme otra pasti y a dormir....

Te quiero con locura...
Buenas noches vida.. que descanses...
Te amo Laura

"Gigi"
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etiquetas: soledad, amor, cantautor te quiero
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El viejo Druida y la Dulce Meiga

Tan viejo como el tiempo, tan solitario como el silencio, el sol siempre a su espalda, con la melancolía como recuerdo, el viejo Druida silbaba un son cuál compañero de viaje.

La letra de aquel son de desaliento, arena arrastrada por sus pies en un andar errante, no hay umbral, únicamente camino. Con el corazón lleno de arrugas y el alma arremangada, cada mañana con la penumbra de su inocencia envejecida impregnando su felicidad ausente. En el vidrio de sus añoranzas su amada, su Dulce Meiga…..

Ella es el rostro de la esperanza, el amor por vestidura, siempre esperando lo mejor desde la cara más dulce de la vida. El viejo Druida cierra los ojos del recuerdo, su pecho pierde la vida ante la primera imagen de su Dulce Meiga. Su visión más virgen, la pureza de su aura, su voz de alondra le transportaba a un tiempo sin edad, donde el dolor es una roca y su corazón una brisa con la esencia de su Meiga. Sin meditar en ello, el Druida abre la mano en un gesto intuitivo, se la lleva a su boca donde aún quema el beso de su amada, regalo que sana todas las heridas de un cuerpo cansado de combatir.

Pero su Dulce Meiga no entiende de jaulas, de redes donde retener su alma migratoria y el viejo Druida tampoco de egoísmos, sabe que su amada perdería paulatinamente los pétalos de su felicidad en la trampa de los sentidos, intuye que cada beso es un clavo, cada abrazo un lazo donde su Dulce Meiga iría languideciendo por falta de aire donde desplegar sus alas, su percepción ausente de dolor, de esclavo compromiso.

Con el horizonte como compañero de confidencias, el Viejo Druida camina con la sonrisa plena de cicatrices y la certeza de que nada es eterno, ni siquiera el olvido.
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El tiempo y yo

A veces soy el agua que viaja
por el espacio y el tiempo,
a veces soy el cometa que diviniza esas tinajas
de las que bebe Dios: mis rezos.
Me veo pintado en un cuadro sin alma,
que luego le grita a Munch: “ya soy viejo”.
Horrorizado en el universo que ya me cansa,
despierto a los brazos de ella, mi amada de fuego,
que me cuenta su amor en forma de arca,
en forma de “hola” y besos…
Continúo mi esperanza
latente en su corazón eterno,
en ella y toda su magia;
su felicidad es mi amor perfecto.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Tantas veces, tantas

Cuando olvido la noche
y me recojo en la calma que no necesito,
soy el oleaje de todo lo imprevisto.
Puedo perdonar a los dioses y a su inconsciencia
y al barro que me mancha y a la lluvia que me espera
en tu piel de abril, siendo diciembre,
pero nunca me perdonaré a mí en ti,
porque te lo dije en los silencios,
tantas veces, tantos gemidos, tantos tiempos imprudentes,
porque me conozco en tus espacio rotos,
porque sé desatar todo lo que ato,
porque conozco mariposas muertas entre tus manos de gaviota
y sólo saber de amor quién que no ama.
Por eso, cuando olvido la noche
soy ese fiel guerrero que no huye,
que te espera en todas las batallas con las heridas abiertas

y, sabes corazón, no duelen, son violetas que sangran en tu piel.
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La melodía del infinito

Una vez fuimos inconquistables
y etéreos
y libres
y rabiosos
y salvajes
como espíritus descarnados
entre las grietas del más allá,
como polillas enamoradas de la luz,
como esos animales indomables
que se ríen de las jaulas y sus dueños.
Buscando la melodía del infinito
componíamos partituras a locas,
del canto de los grillos en verano,
el aullido de los lobos a la luna
o los decibelios de un orgasmo.
Sí, fuimos rebeldes,
terremotos,
huracanes,
trepando a los balcones del mundo,
estrellas fugaces en la niebla,
Peterpanes voladores,
astronautas que conquistaban
el vacío inconmensurable del Universo.
Fuimos pobladores de planetas,
Principitos hermosos
y confundidos
e incansables
y curiosos...
Y aunque la vida me dice:
"vuelva usted otro día",
una luciérnaga brilla en tu pelo
y una legión de sueños se cobijan
silenciosos,
despacito,
tras el vaivén de tus pestañas.

Juanma
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2comentarios 70 lecturas versolibre karma: 102

Río

Porque la bruma lleva la esencia de las palabras,
respiro,
porque busco en la humedad de la noche,
otro destino,
porque tengo en el aire enterrados mis propios soles
y las sombras son luces estatuarias y, hay pasos,
pasos que emergen como páginas y no sé huir.
Hay un cierto pudor por los libros no leídos,
por no desnudarme en ellos, por no dejarme amar.
Quién soy,
quién era,
quién seré cuando la luz llegue.
Pienso en mis hijos, en sus nombres, en su olor,
en ese sabor de cuentos inciertos,
a los finales de sal y laurel, de pan caliente, de dormiros ya,
dormir antes de que llegue una noche en el puerto
y reconozca en el mar mi propio río.
Porque la bruma lleva la esencia de las palabras,
respiro,
porque busco en la humedad de la noche,
otro destino,
porque tengo en el aire enterrados mis propios soles
y, también, mi libertad.
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4comentarios 40 lecturas versolibre karma: 93

Escálame

Escálame el amor
que tengo una teja rota
y calan las lágrimas
haciendo goteras.

Marisa Sánchez
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Lloro por razones ajenas

Lloro por qué al tenerte, no te tengo
porque al querer tus labios besar
no me queda más que esperar
que te acerques sin dudar.
Lloro por qué sentirte cerca no puedo
verte de lejos es mi consuelo
y me tengo que acostumbrar
a que tu piel no puedo tocar.
Lloro por qué no hay carencia de amor
ya que este no es asunto de desamor
es un poco nuestra situación
que parece no tiene solución
Te busco y encuentro por doquier
tus ojos descifro en mi pensar
y aunque no te escuche suspirar
no tengo dudas de tu forma de amar.
Lloro por qué se que estás igual
porque aunque lo quieras callar
esto a ti también te tiene mal
y sé que de mi te vas a alejar.
Si lo hacer no lo olvides
lloro por no haberte tenido
pero jamás he concebido
que este amor no hayas sentido.

Las letras de mi alma
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Haiku

Arde la tinta
de mis versos si sabe
que son para ti.
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Un pétalo de café

Un pétalo de café en los labios,
llueve en ese rumor de las caricias,
igual las calles somos nosotros,
esperando.
No sujetes la esperanza con un abrazo,
la soledad lleva un móvil entre las manos.
Antes;
un pétalo de café,
el humo del deseo.
Es verdad que llueve,
que somos calles,
esperando,

esperándonos.
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Fantasmas de la soledad

Se disparan los temores
dueños de mi inseguridad
cabizbajo y si rumbo
como un perro en la ciudad.

Me despiertan alaridos de un corazón,
en su pasado sometido
a voluntad de quién lo quiera pisar.

Y sin casi darme cuenta
soy ese imbécil que te aprieta
cuando debería aportar.

Se disparan mis fantasmas
fruto de mi ansiedad
que reclaman con recelo
un poco de claridad.

Solo quieren que les digas
algo que alegre su alma en vida
y las sabanas tirar.

Deslizar todos los miedos
desahogar por ti mi niña
mil noches de soledad.

"Gigi"
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6comentarios 134 lecturas versolibre karma: 117

Amor

Amor ingrato y decolorado,
me atrapas en una red de fantasías,
prometiéndome vértigos,
existir en realidades ficticias,
obligándome a no vivir
sin tus emociones y exigencias.

Amor canalla y pérfido,
pues haces que me olvide de mi,
de quien fui, de mis pensamientos,
arraigaste en mi diez mil alas
batiendo felicidad en mis entrañas,
jurándome ausencia de dolor eterno.

Amor esquivo y perecedero,
me has abandonado a mis angustias
por no encontrarte en mi almohada.

Al despertar noté tu ausencia,
ausencia de emociones que broten
cual catarata de prosas pícaras,
que inunden de color mis miedos.

Amor imposible de ignorar,
tu ley es la ley del hielo,
pones en una hoguera de pasiones
y desasosiegos mi irreflexivo corazón,
para dejarlo posteriormente
escarchado de pesadumbres,
plenas de evocaciones con sabor a sombras.

Amor, tal vez en eso radica tu magia,
en tu precaria relación con el tiempo,
pues no podría resistir esa intensidad
como forma de vida permanente,
mas cuando te vas, mi vida muerta
permanece enmudecida por tu partida,
mi corazón inanimado transita
entre el sueño y la esperanza.

Amén
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6comentarios 68 lecturas versolibre karma: 102

De suspensivos a final

El problema es cuando ya no hay más puntos suspensivos, sólo un punto y final que cierra una bonita pero inviable historia de amor. Amas para sentir placer, pero ¿qué pasa cuando éste te oprime tanto que no puedes respirar, que no te permite ni pensar?

El mundo se cierra a tus pies y te vomita. Las caras se distorsionan y la vida cambia a una oscura y lúgubre tonalidad que te envuelve como los enormes brazos de una gigantesta sombra que se desploma sobre tus hombros.

Gritas y nadie alcanza tu voz. Al igual que una de esas pesadillas en la que cuanto más quieres correr y mayor es el miedo, menos fuerza tienen tus piernas que, aún con sudor y entereza por escapar, parecen sujetarse a las raíces del cemento que se cierne bajo tus pies.

Y es aquí cuando tienes que valerte de la tinta y el papel para dejar esa marca que tanto pavor te da. Antes de convertirte en el salvavidas que llega tarde al náufrago que muere afligido en su isla querida.
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sin comentarios 20 lecturas prosapoetica karma: 53

Cicatrices

Lo extraño de abrir los ojos
cuando no hay nada que soñar
es que, aunque todo sea diferente,
siempre es el mismo mar.

Lo difícil de estar sin ti
no es la infame soledad,
sino ese gorrión,
condenado a volar,
que aterriza en tu recuerdo.

Si pudiera abandonar
tantas cosas
imposibles de olvidar,
renacería otra primavera,
otro paisaje,
otro manantial.

El pasado no se ha cubierto
de polvo. Sigue presente
en cada rincón de la ciudad.
Ciudad impía que escupe
ahora almas de hielo,
donde antes coleccionaba
aroma a café y besos de caramelo.

Cuando el amor pierde
más fuerza que razones,
la sensación de inexistencia
es insoportablemente aguda.
Y respirar inviernos sin luna
presagia los mismos dolores.

Suena un oscuro blues
de madrugada
que invita a apagar la luz
y a evocar tu boca.
Y así, me quedan como brújula
las cicatrices bordadas en cruz.

No es la primera noche
que termino durmiendo
en la cama de una canción,
pero aún quema el frío
cuando estoy en modo desilusión.
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sin comentarios 20 lecturas versolibre karma: 71

Amor platónico

Pasas delante de mí, me oculto
y no te conozco,
pero deseo estar a tu lado,
¿no resulta irónico?

Me miras, sonríes y saludas,
se enciende mi rostro
del tímido color vergonzoso,
de un pálido rojo.

Y sigues, sin parar, tu camino,
jovial y con gozo,
y yo quedo dolido y lloroso,
hundido en el lodo.

Contrastes del amor imposible,
quizás misterioso,
de ese joven soñador romántico,
por siempre platónico.

No ser correspondido difiere
con querer a fondo,
y un corazón que late fogoso,
con corazón roto.

Como el viento que arranca las notas
en un dulce soplo,
y torna en un quejoso lamento
con su silbo ronco.

Como esas lágrimas transparentes
que vierten los ojos,
y semejan al tibio rocío
llorar tembloroso.

Como lánguidas hojas que caen
en un nuevo otoño,
al manto dorado
que parece de oro.

El contumaz y retumbante eco
que me deja sordo,
pensamientos que angustian la mente
gritándome a coro.

Así fue mi amor idealizado,
sutil, sigiloso,
dañino, cruel, oculto en la sombra,
pero...tan hermoso.
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Sherezade

Sherezade, sonreía,
aún era la primera noche.
En el tejado
maullaban mis uñas,
tu espalda era la luna.
Los cuentos eran la lluvia de mañana,
los padres de mañana en los de ayer.
Sólo conociendo la historia
podemos cometer los mismos errores
con la conciencia de saberlo.
Miro las luminarias de la noche
a través de los cristales del bar,
como si fuesen las páginas de un libro,
pido otro whisky al camarero
que me pueda servir para marcar la página

y Sherezade, sonríe.
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Tu esencia,,

Subo lentamente la escalera, a sabiendas de que no estas.
Abro la puerta, una tenue luz alumbra la cama, donde solo queda tu esencia enredada con las sabanas.

Me dejo caer y me envuelvo de recuerdos, caricias, besos....me envuelvo de ti.
Otra vez me despierto con esa sensación de tenerte al lado.
Se me cae el cielo cuando estiro la mano y no te toco.
Luego abro los ojos y no estas.

Acaricio tu silueta marcada entre arrugas y pliegues de deseo.
Deseo que supera todo lo vivido.
Deseo que hace grande las ganas de amar, las ganas de ti.

Sigo aquí tumbado retorciendome de pena.
Pena que solo cesa al pensar que pronto estarás aquí....
Que pronto volvere a tener lo unico que quiero.
Estar cerca de ti...
" GIGI "
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Inyectarnos Fantasía

Si te acercases
podrías ver cómo me observan
los buitres que siempre revolotean sobre mi cabeza.
Odio esas noches que se clavan como jodidas lanzas,
esas horas que se suicidan antes de tiempo,
las lágrimas amargas de cualquier chica tiste
al fondo de la barra de cualquier triste bar.
El olor de la desidia, su anestesia en las venas.
Sabes que nos quedamos en la entrada buscando una salida.
Que detrás de los surcos de los años perdidos
todavía laten ascuas de sueños inconclusos.
Tantas historias se quemaron en el fuego del olvido...
Poemas con olor a flores marchitas,
noches con anhelos que abrasaban en el pecho,
calles pintadas de nostalgia y sexo.

Si te acercases
podría enseñarte mi deshabitado mundo,
mi derrotado ejército de ilusiones,
mis últimas primaveras caducadas en la nevera.
Me dueles si estoy lejos de tu cuerpo.
Se alborotan hasta mis pestañas si te quitas la camisa.
Aunque, a veces, no recuerde ni quién eres.
Porque el pasado arde y renace como el Ave Fénix de sus cenizas,
como las risas de unos niños extraviadas en el parque,
o la esperanza desgarrada por las púas del alambre de la piel.

Si te acercases
comprenderías que ya no somos,
ni seremos,
los guardianes de las llaves del querer.
La mirada en la luna, los fines de semana en celo,
los lunes de borrasca lamiéndonos las heridas de las caricias mal dadas.
Aullando como lobos, apurando la madrugada,
estrujándonos los sesos, jugando a no me acuerdo, bebiendo dinamita.
Al amanecer los recuerdos son como jodidas resacas que acechan tras cada esquina.
Te golpean y escupen, te empujan y olvidan...

Si te acercases
sabrías que la única manera de tocar el cielo
ha sido siempre lanzarse de cabeza al infierno.
Porque el paraíso es la barra sucia y pegajosa
de una taberna de mala muerte.
Porque las cicatrices del alma abren la puerta
de alguna dimensión desconocida.
Y porque la realidad es a la imaginación
lo que las estacas para los vampiros.

Si te acercases,
tan solo un poco, a este lado de la jaula
podrías ver a los cuervos agrupados en bandada,
a las bestias arremolinándose en jauría...
Puedo esnifar tus palabras hasta colocarme de tu idioma.
Y después, tal vez, cruzar la Vía Láctea en un Cadillac.
Quizá ser otra persona, ser algo, todavía.
Vivir, aunque sea, en una habitación de madrugadas a deshora,
sobrevivir con cerveza y restos de pizza fría,
Recitarnos poemas aprendidos de memoria,
bailar twist en lo alto de las grúas,
hacer el amor en los escaparates de la Gran Vía.
Sodomizar la pausa y la prisa.
Aullar hasta que la luna nos dé una patada,
Beber torrentes de vodka cerca de un precipicio,
coleccionar estrellas, inyectarnos fantasía.
Escondernos de la gente.
Construir una máquina del tiempo
y volver, a la misma noche, cada día.

Juanma
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Tendrían que tener los hogares

Los hogares tendrían que tener pétalos de nieve,
algo que provocase un incendio infinito,
un balcón con enredaderas de tiempo,
la desnudez imprecisa de unas violetas,
un arco iris con escalas de grises.
Tendrían que tener alguien que llegara,
que no dejase las llaves donde siempre,
una caricia llena de violencia.
Tendrían que tener una cama siempre desecha,
donde el olor del café y la melancolía ocupasen
la página sesenta y nueve de los libros abiertos.
Alguien con una rosa cortada de forma furtiva del parque cercano
o si fuese invierno una hoja seca
o una gota de lluvia
y engendrase un deseo entre una nuca y su cuello.
A veces, me pregunto ¿Por qué las casas no se marchan de nosotros.
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• efímero treinta •

Es inevitable que en esta época del año no nos recuerde muriendo, reviviendo y muriendo otra vez. Inevitable recordarnos tan helados como el invierno, las manos congeladas al tocarnos, el alma llena de escarcha por echarnos en falta.
Inevitable no acordarme del único beso que me han robado, aunque no fue robado en absoluto porque mis labios ya te pertenecían.
Nos perdimos y nos encontramos incontables veces, no sé en qué momento dejamos de hacerlo y todo se acabó.
La última vez que nos perdimos no volvimos a encontrarnos. Y así estamos.
Un constante laberinto, un pueblo donde fuimos los trágico-amantes más conocidos y más odiados, hasta que no acabaron con nosotros no pararon de lanzar piedras. No nos dio ninguna pero tampoco nos dimos ni una oportunidad para enmendar nada.
Seguía saliendo con tu familia y nuestros antiguos amigos por la razón que bien define esa canción, solo para saber cómo te iba, porque no podía preguntarte sin sentirme cuchillo en tu tan sensible corazón. ¿Por qué te escondías tanto de precisamente la única persona que nunca te habría hecho daño? Ah, pero lo hice.
Y huíste, te fuiste lejos y no me dejaste alcanzarte desde entonces. Lo intenté. Sabes bien que lo intenté. Sabes que corrí detrás de ti, te perseguí durante meses... y esa noche no solo cumplí años, cumplí mi promesa de no dañarte nunca más. Por eso, te dejé ir.
Te sentaste en la escalera de mi castillo oscuro y me tocaste el rostro como si no fuera la helada bruja que había hechizado al león con fines egoístas... ¿o no es eso lo que crees que hice? Me rozaste las mejillas y despertaste mi alma helada, pero era septiembre y todos sabemos que soy la que detiene el tiempo para hacer que acabe el verano y empiece el frío... y lo siento.
Te busqué cuando debía estar buscándome a mí misma, ese año no pedí nada frente a la tarta porque te tenía a mi lado y desde ese entonces cada vez que apago una vela necesito que, sea como sea, no lo haga con mi aliento, porque siento la distancia clavarse y no quiero que seas bala en mi tan indefenso corazón desde que me obligué a dejarte ir y no supiste ver que lo hacía porque creía que estarías mejor sin mí, aunque yo moriría.
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