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3:33

Aliso las arrugas del tiempo
con la piedra de mi soledad.

Une Ceci
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4comentarios 42 lecturas versolibre karma: 90

Agua viva

Pretendo inútilmente desafiar a la muerte. No resisto más la Tierra.
En el espacio del Espacio, el «it» es la luz que irradia mi estrella interior. En mi cápsula atemporal, en la que los instantes importan y ya no importan, me siento junto a Clarice, mientras escribe su poesía matérica y musical.

Son las 2:43. Pienso en mi imperfección silábica;
son las 2:44 y la luna panza abajo llora sus cráteres vacíos.
Son las 2:45 y faltan quince minutos para las tres.
¿Por qué tanto deseo de abrazarte?

Necesito que sean las 3:00.

Flotando en mi cápsula en el espacio, faltan diez minutos para las 3.
El frío y el silencio de la madrugada es azul y es aurora boreal que ilumina mis torpes aciertos.
Soy un espejo roto en cinco pedazos; un pedazo por cada minuto. En este primer minuto pienso en la calidez de la respiración, tan corta como tu caricia pasajera. Ya estoy en el minuto dos. Ahora el minuto tres. ¿Qué estoy haciendo?
En este minuto par se dividen las células de mi soledad. Queda un minuto. Ya son las 3. No cambió nada. Sigo viendo a la luna, pero un poco más arriba. Tuve la sensación de no haberme movido, pero yo no estoy manejando, mi cápsula sabe a dónde ir.

Maga, no te voy a mentir ni a dar excusas torpes. Como puedes ver, necesito este libro conmigo en el Espacio, porque quizás sea en lo único que piense durante mi último respiro, cuando mi «it» sea comandado por la cápsula hecha de pétalos de páginas de libro.
Cualquier dispositivo electrónico que pueda utilizar como sustituto, me puede abandonar en medio de la eternidad; las baterías duran menos que el pensamiento de una mariposa recién salida del capullo.

Une Ceci
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7comentarios 60 lecturas prosapoetica karma: 99

Reconquista

Salgamos del desguace
y agarrémonos los sueños.
Proclamemos como nuestro este incendio.

Gritemos nuestra historia
para pintar hasta el viento
de todo lo que os falta en vuestro centro.

Somos más que la palabra del que no entiende.
Venimos a la reconquista de nuestro verde.
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2comentarios 128 lecturas versolibre karma: 109

Ladrona (minipoema)

Ladrona de guante blanco
dejas huella sin tocar,
de mis sueños has robado
el principio y el final.
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6comentarios 102 lecturas versoclasico karma: 84

Esmeralda

☆me encontré una esmeralda trapiche en la calle☆
.
Esmeralda

Cada casa es una letra,
cada manzana una sílaba.
La ciudad es un poema
y el mundo una canción.
La galaxia una orquesta
y el universo sentimiento.

Siameses simbióticos,
piensan distinto pero a la par.
Bailan como flamencos
¡clap clap clap clap!.

Pericones gitanos,
caminan por los ríos rojos.
Diagonales pasionales,
nace en cada cruce una ilusión.

Aunque hagan y deshagan,
las huellas siempre quedan.
No viven en el pasado
pero la memoria no muere.

Candelas que convierten
en fuego la noche.
Si no hay luna igual juegan
a cantar una canción.

Popurrí de albahacas y mentas,
parches verdes secos.
Diseñan esmeraldas trapiches,
corona el cielo eterno.


Une Ceci
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9comentarios 80 lecturas versolibre karma: 84

Mitocondria

Quizás lo que me aturde es lo que me llena.
No hay manera de sentirse plena.
Últimamente, mis días transcurren de forma extraña y ajenos a mí.
Voy a destiempo.

Pienso.

Escucho piano;
deseo con fervor ser nota o el aleteo de un colibrí.
Pero nunca ser yo misma.
Quiero ser nota pero libre a la vez.
Ese piano no se toca solo,
a menos que mis propios dedos lo toquen.
Para saber tocar tengo que conocer el piano;
estar dispuesta a correr el riesgo de pensar en una nota,
y tocar la tecla equivocada.
A tocar de forma inconsciente,
buscando colores aleatorios y fortuitos, sin lógica.
Sin la lógica enfermiza de los músicos.

No quiero ser música, quiero ser yo.
Ser.
Afuera no sé qué pasa, me enferman.
No quiero saber.

Atrás se escuchan hojas susurrando viento,
y no quiero pensar en otra cosa.
Veo caminos para mí,
con forma de caracol sin caparazón,
sin baba que deje rastro.

¿El rastro es el ego?
¿Acierto a destiempo?
Acierto a destiempo.

No quiero.

Prefiero ser respiración de mitocondria.
Tomo el oxígeno de las notas del piano y el deshecho
me da grises azulados y anaranjados.
Grises.
Los blancos y negros son para los tableros de ajedrez.
Con sus estrategias e inteligencias de azul añil,
de rojo sangre derramada sobre piedra de acero.

Une Ceci
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9comentarios 99 lecturas prosapoetica karma: 93

Mi país

Me gustan
los campos de su cuerpo,
crearé tribus
con mis sentidos
acampando en sus laderas,
beberé el horizonte
sorbo a sorbo
las lunas y lunares
dormire en su gramilla
besaré sus grietas
desmayando mi lengua
sobre sus aguas,
ese será mi país
territorio de deseos
esperando despertarse.
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8comentarios 168 lecturas prosapoetica karma: 85

Senryu (deshielo)

Entre tus labios
brotan las flores, tiernas;
yo me deshielo.
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16comentarios 99 lecturas versolibre karma: 114

No será la última batalla

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”
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Lluvia

La lluvia asoló la ciudad al anochecer, todos corrían apresurados a sus hogares, perdida entre el bullicio había una pequeña niña que al parecer no tenía ninguna prisa, ya que no tenía a donde correr.
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4comentarios 58 lecturas relato karma: 70

An sluagh aotrom

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
por mucho que haya dorado y oigas sus voces,
no vayas.

No te sientas atraído
por borrosas y tímidas figuras
hacia ese mundo que se esconde a medianoche,
no caigas.

Si del roncón vuela tu magia
embriagando el ambiente a oscuras
y ellas te escuchan, te eligen y te acogen,
no hay dudas;

Te harán de cárcel entre notas,
harán de un día unas virutas
y danzarán hasta que el cielo se tiña de un ocre
sin luna.

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque, ¿cómo te vivo si ellas te llevan?

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque nadie podrá esperar a que vuelvas.
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6comentarios 86 lecturas versolibre karma: 108

Hola, me llamo Wood

Hola, me llamo Wood. Como todos los días me he levantado de sopetón de la cama, me he puesto mi sombrero y he salido a la calle para ir a trabajar. La verdad no me apetece ir a trabajar, pero, hay algo en mi que me obliga a ir. Durante el camino me choque con la misma pared con la que me choco siempre, parece que aun que la vea venir nunca me aparto, todos los días esta hay esa maldita pared. Siempre que me doy contra ella les oigo reírse de mi, no se que les hará tanta gracia la verdad, a mi me duele. En el trabajo son todos los días igual, mi jefe me echa la bronca por algo que he hecho y la verdad no se ni lo que es, cuando esto pasa también les oigo reírse. Una vez de vuelta a casa después de un duro día de trabajo, me persiguió el mismo perro que me persigue todos los días y me toco salir corriendo como siempre. Ya en casa colgué mi sombrero, y me metí en la cama. Mis cuerdas callaron del cielo como todas las noches y por fin era libre para hacer lo que quisiera, pero, sin nadie que manejara mis cuerdas no era capaz de moverme, al menos siempre seré libre de pensamiento. Se cerro el telón y las risas de antes desaparecieron, dejaron unas monedas en la entrada y se fueron. Y si todos en el fondo fuéramos marionetas como lo es Wood, utilizadas por alguién para su propió interes.
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3comentarios 49 lecturas relato karma: 69

Ícaro

Yo era una luna nueva que necesitaba ganar brillo,
él era Ícaro volando hacia el el sol.
Y qué pereza me daba verle sonreír mientras sus alas se derretían.
Si tan solo hubiese volado de noche...
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3comentarios 89 lecturas versolibre karma: 108

Escupitajo No.1

Quiero tocar tu cintura,
voy a moverla a redor
mientras en un paraíso horizontal
tu y yo hacemos el amor.
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sin comentarios 56 lecturas versolibre karma: 40

Escupitajos No.2

Corre por la rua la lluvia oscura de hoy,
en el carrer descansa el soldado de tantas guerras que ninguna gano,
la calle se llena de gritos sordos que el sonido les aturdió,
que no queda ya mundo con vias puras,
que la via del mundo esta demasiado oscura.
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sin comentarios 44 lecturas versolibre karma: 42

Sin mí

Quédate atrás como las sombras
y vuelve a mí sólo con luz.
No espero de tus labios nuestras sobras
ni obras que edifiquen una cruz.
Quédate atrás que yo te mire.
Quédate,
sin mí,
tú.
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9comentarios 91 lecturas versolibre karma: 101

Vivirnos mortales

Que sea este el momento
de empezar el viaje.
De escurrir el traje al viento,
de saltar al vacío; inmenso.
De querernos con lo nuestro,
todo puesto,
aunque pese y a veces gane.

Que sea este el momento
de escribir las frases.
De abrazarnos con el pecho,
de sumirnos en volcanes,
de entendernos a suspiros
cuando, al tiempo,
nos perdemos en mitades.

Que sea este el momento
de encontrar el traste.
De atarnos a los cuerpos,
de palparnos sin vernos...
De sentirnos inflamables,
encendernos
y llevarnos al desgaste.

Que sea este el momento
de vivirnos enteros,
vivirnos errantes,
vivirnos libres

y vivirnos

mortales.
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6comentarios 111 lecturas versolibre karma: 107

Soneto. ¿Tú qué sabes de mí?

En el abismo o cautiverio habita
una sonrisa en el tiempo apagada.
La piel -mi piel- está tosca y cansada
y el amor, no regado, se marchita.

La luz del sol ya nunca resucita
y el dolor del olvido no me agrada.
Mi pensamiento se hace nada en cada
huracán de soledad infinita.

Los atisbos de las miradas dulces
han despertado al eco ya olvidado
y a las ásperas flores de mi seso.

Quiero que vuelvas para que me endulces
el gemir de mi pesar denostado
y el sentido fluido en cada beso.
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De bárbaros y romanos

El hombre, asaetado en la tierra baldía rogaba por su vida. De pié, mirándole fijamente, la venganza brillaba en los ojos de su adversario. Un instante de silencio. Después, el romano continuó suplicando el perdón.

- ¡No tuviste piedad cuando mataste a mi familia! -gritó el guerrero hispano.- ¡Y ahora, ni tu ni Roma viviréis para ver amanecer un nuevo día!

La luz del atardecer, se reflejó en la gastada hoja de la espada al alzarse por encima de la cabeza del fiero guerrero, mientras un zumbido ahogaba el aire. Un golpe seco bastó para separar la cabeza de su dueño. Un gran charco de sangre se formó a sus pies, y el silencio del delirio de la venganza se fue convirtiendo gradualmente en el fragor de la batalla, pues esta todavía no había acabado. ¡Sin piedad! gritaban los camaradas a su lado. El guerrero alzó la mirada hacia las legiones que cubrían el campo de batalla y se unió a sus compañeros por la defensa de su libertad. El ejército bárbaro cargaba brutalmente contra las legiones romanas. Los soldados, muchos de ellos inexpertos en batalla, retrocedían tan solo al oír el griterío de los guerreros hispanos.

Lucio Espurio, veterano centurión de la Duodécima legión arengaba a sus soldados a no retroceder y a defender el honor de Roma. Hacía algunos minutos había visto como un enorme guerrero hispano decapitaba cerca de él al tribuno Marco Lucano, un asesino de mujeres y niños que deshonraba el honor de la República. Sabía que algunos de los suyos se comportaban como verdaderas alimañas, y que en el fondo, esos indomables hispanos luchaban por defender su tierra. Espurio era un hombre de honor, un fiel servidor de Roma y de los dioses. Su misión, luchar por la gloria de la República y devolver a la patria sanos y salvo a sus hombres. Él solo combatía contra guerreros, no era un asesino.

-¡Formación de ataque! -ordenó el centurión.

Los soldados, todos a una, obedecieron. La perfecta máquina de guerra romana se preparó para el choque. O ellos o nosotros, pensó Espurio. El combate se alargó hasta que la noche cayó sobre sus cabezas y la oscuridad lo cubrió todo. Todo, a excepción del amargo olor de la sangre derramada.
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Somos

Solo somos olas que se deshacen en las arenas
del tiempo.
Una pequeña pluma enredada en el árbol de la vida, esperando que una leve brisa nos haga volar.
Una lágrima en la mejilla de un Dios que nunca nos deja caer.
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4comentarios 139 lecturas versolibre karma: 114
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