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Había que cantar

Es el canal de comunicación
De la esencia,
Que le permite hablar
Al estómago y a la garganta.

Para saltar a lo largo
Y poder reducir el camino
Del único delimitador:
El inconsciente.

Solo había que cantar
Y seducir sigilosamente
Al único protector que no necesito,
El ego.

Volver a nacer,
Volver a ver las manos,
Al rostro de la gente
Disfrutar una conversación
Dejando de batallar.

Y vivir con poesía
Filosofando en vez
De estar pensando.
Volver al éxtasis constante.

En este espacio
Intento poder nacer de nuevo,
Pero dejaré de intentar,
Para poder hacer.

En esta ausencia de poesía
Reduzco el cuestionamiento al mínimo.
Así en paradoja,
Disfruto de la simple expresión del self,
Sin esperar a cambio los supuestos,
Los putos supuestos
Que me hacen pensar y no ser.
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Convicción Irreal

La vista contempla las gruesas paredes de fuego,
que en un eterno sendero ante y tras de mi se muestra,
lento y con premura busco el ansiado sosiego,
bramando auxilio, pero nadie ofrece respuesta.

Turbión de afilados azabaches sobre mi ciernen
barrizales de pesada lava me entierran al pasar
copioso ramaje por doquier en la estrecha vereda se reúne
todo aquí está intencionado y es imposible avanzar.

Incosciente de quién es el arquitecto de tal atroz laberinto,
albergan nuevos miedos acechando en el próximo recodo,
con espada, escudo y coraza temeroso pero atento,
no es realidad sino sueño, aunque yo aún lo ignoro.

Y cuando exhausto me postro, impotente y rendido,
exhalo mi vida sin propósito y me abandono a la luz
dejo mi bagaje de pertrechos, pues de nada han servido
cuando entonces desnudo mi corazón grita... !Eres tú!

Eres tú quien formó cada meandro, cada engaño, cada dragón
Eres tú el constructor de la luna llena, del humo y el espejismo
el que esboza una fingida realidad ciego y sin razón,
despertad pues y alzaos ante la mirada de vos mismo.
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1comentarios 17 lecturas versoclasico karma: 47

Quiero despertar y no puedo

Duermo entre maizales
de oscuros pensamientos,
no sin maleza.

Quiero quebrar la rama
que me arrastra al infierno
y, sin embargo, duermo.
Quiero despertar y no puedo.
Quiero vivir, soltar, romper, salir de la raíz
que atrapa mi cuerpo.

Tengo sueño... sueño que me escapo
de la tierra que me acerca al cielo.
Volar sin alas, volar sin miedos.
Sueño un abismo
de oscuros silencios,
no sin lamentos.

Quiero despertar y no puedo.
Quiero vivir, soltar, romper, salir de la raíz
que atrapa mi cuerpo.

Despierto desorientado,
mirando al espejo
y quiero...
quiero de una vez, vivir, vivir soñando
que estoy muerto.
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2comentarios 155 lecturas versolibre karma: 104

A un paso de ser rescatado

Miré hasta que mi alma escondida
Participó en el baile
Que generaba gracias a su arte,
- Dichoso con sus maravillas en la casa -

Me calmó con su iluminada madrugada
Llena de sueños colmados de expansión
Y así pude seguir soñando despierto,
Sin pensar, pude olvidar mi otoño,
Gracias a unas hojas que vi nacer,
Y estas a la vez,
Limpiaron mi cara.

En estos sucesos,
En mi actual silencio,
Retiro los enseres rotos
De la psique humana,
Casi observando el exilio
De mi propia marcha.

Desde aquí me veo,
A un paso de ser rescatado,
La sensación de amor me rodea,
Entra por la garganta
Y se queda en el corazón,
Dejando una película que fortalece
El alma.
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2comentarios 65 lecturas versolibre karma: 98

Despierta primavera

Inicia su recorrido el sol, por el sendero que lo llevará a la cima de la bóveda celeste. En el camino, unas estrellas juguetonas se esconden detrás de unas nubes, y el sol las pilla y las despide cariñosamente. Aún a la distancia avisa a la luna que ha llegado la hora de partir y le sopla un beso cual llamarada fulgurante. Las nubes despiertan ante la tibieza que el sol deja a su paso, y las aves cantan un himno de bienvenida, pues lo esperaban desde hace algunas horas. Los árboles, las flores y el río danzan al compás de la sinfonía de la alborada.

El despertar
alegre en la campiña
primaveral.


@SolitarioAmnte / x-17
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14comentarios 123 lecturas versoclasico karma: 86

Despertar

Emerges del sueño con la neblina en los párpados. Una bandada de aves revolotea en tu cabello y te impide regresar.
Arrastras jirones de nubes, copas de árboles lejanos. Una luz en suspensión te deposita en el lecho.
Te convocan en la madrugada la rutina del café, la del agua y la sorpresa de vivir de nuevo en esta orilla del tiempo.
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8comentarios 164 lecturas prosapoetica karma: 59

Pronombres

Ella no sabía porque debía aprender sobre la crueldad; Él en cambio, no sabía por qué debía aprender sobre las emociones. Ambos habían vivido una vida entera sin esos conocimientos. ¿¿Por qué ahora era el momento?? ¿¿Por qué ese alguien al que llaman Destino, notó que les faltaba esa lección??
Ella comprendió que podía ser como los demás, agresiva, posesiva, más sobreprotectora que el promedio de los mortales, que podía ser letal causando un rasguño al pasar. Él, que había algo más, que podía ser distinto, que a todo podía llegar.
Ella trató de entender y se perdió en explicaciones. Él, igual.
Ella se esforzó por volver a armarse de todo el coraje para intentar creer y confiar nuevamente. Él no podía, nunca lo había hecho, no sabía por donde comenzar.
Ella supuso que el tiempo era eso, un reloj y una escoba, un enorme monstruo de rutina que alimentar. ¡¡craso error!! Él, corría el tiempo aunque le llevara la delantera a la velocidad de la luz.
Ella no era víctima de sacrificio, sólo una parte, la que había entregado. Él, tampoco, aunque a veces le gustaba sentirse un inmolado verdugo.
Ella escuchaba y consentía. Él, era el silencio en el que se escondía.
Ella no pensaba. Él no sentía.
Ella era tan Él, que Él no lo presentía.
Él era tan Ella, que Ella se moría.
Ella. Él.
Nada, sólo pronombres con nombre y un tiempo en común.
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4comentarios 52 lecturas relato karma: 41

Léeme un cuento al despertar

Huele a café recién hecho y tostadas. Ella aún retoza bajo las sábanas y tú, en la habitación contigua, sentado frente a aquel escritorio desvencijado y revuelto, ya lías un cigarro mientras desgranas las historias de algún libro abierto.

Ella despierta, se viste la camiseta que tú lucías la noche anterior. Se levanta lenta y tímidamente, tirando de la tela para esconder el cuerpo bajo la ropa.

Estudia el cuarto.

A la izquierda, una estantería cubre toda la pared con multitud de libros apelotonados. Sobre el muro contiguo, libre de muebles y estantes colgados, descansa un sugerente cuadro abstracto apoyado en el suelo. De frente una puerta entreabierta. Ella desconoce si hay alguien más en la casa.

No parece haber pasado el tiempo en este 'taller'. El cuarto está desordenado y a ella le recuerda a la estancia de un literato bohemio del París de los años 20.

Descubre entonces un rancio olor a tabaco y alcohol, que delatan un cenicero rebosante de colillas, un porro encendido y una cerveza abierta en el suelo.

—¿Eso fue antes de encontrarnos anoche?

A la derecha estás tú. De espaldas a un ventanal, sin persianas ni cortinas, que descubre el cielo de Madrid entre tejados y ventanas que amenazan la intimidad. Demasiado arrimada y expuesta a la curiosidad ajena, se siente ella.

Pero no frena. Coquetea, ahora dejando asomar su ropa interior y entrever su cuerpo. Avanza su paso hacia ti, aún vacilante. – Un ‘bureau’ ambiguo, quizá para ti-. Tú bajas la mirada y te sonríes mientras inhalas una calada del cigarro prendido. La invitas a café y tostadas.

Ella toma una de las tazas grandes de café, da un sorbo y enciende un cigarro.

—¿No tiene azúcar?

—Tú apuras el cigarro liado.

—Léeme un cuento.

Y la lees párrafos rotos de páginas desgastadas.

—Léeme otro.

Ella te escucha atenta -absorta quizá-, pero tratando de no destapar demasiado su agrado. Tú no aciertas a interpretar sus ganas. Son más de las tres de la tarde y ella aún se pregunta por qué permanece allí.

La noche anterior había invitado a dos desconocidos a encontrarse. Tú solo, ella acompañada. La revoloteabas. Ella jugaba pero iba y venía. La seguías, la besabas. Ella te devolvía el beso y desaparecía como humo entre la multitud.

La noche no descansaba en Madrid y cambiabais de escenario. Ninguno sabíais a dónde ibais pero alguien te invitó a subir en su taxi. Ella no se sorprendió pero, lejos de espantarse, encubrió sonrisas incrédulas entre las otras féminas. Fuera como fuese, no te rehuyó.
Aterrizasteis entonces en otro garito que deshonraba el amanecer del centro de la capital. Solo música y más alcohol. Ni se acercó, ni le robaste un beso más.

La noche ofrecía sus últimos bailes y un incipiente sol amenazaba con el día.

Entonces tú decidiste invitarla a casa y ella acompañarte.

Durante horas hacéis el amor sin descubriros.

Solo después, os halláis el uno frente al otro, desnudos, entre palabras confesadas e inquietudes compartidas. Una ventana sin persianas deja paso al sol y la luz no induce al sueño. Dos extraños compartiendo un colchón desde el que se resisten a despertar.

—¿Qué pasó anoche? —dice ella.

—¿Qué nos ha pasado? —dices tú.

Se sienta en tu regazo. Observa un tomo del Ulises de Joyce, que descansa sobre el pequeño escritorio junto a una decena de otros libros más marcados con papeles y tarjetas.

—¿Los lees todos a la vez?

—¿Quieres fumar?

—Solo mi cigarro. ¿Hacemos otro café?

Se deslizan las agujas del reloj sin avanzar las horas de aquel cuarto.

Deshacen de nuevo la cama. Fuera hace mucho frío pero bajo aquella colcha quema el calor de dos cuerpos enredados.
Se armoniza un baile de pasos sincronizados y apetitos empapados.

Es de noche y ella debería irse. Pero ninguno desea estar en otro lugar más que en aquella habitación.
Se visten sin ganas mientras apuran las bocas.

Abandonan el viejo portal frente el Teatro Maravillas.

La acompañas al taxi.

—¿Volveremos a vernos?

Después.

—Yo, como suspendido sobre la acera, expectante. Tú subiste a aquel coche y, mientras arrancaba, sostuviste la mirada. Me seguiste con los ojos hasta desaparecer hacia la otra punta de Madrid —confesaste un día a Luk—. Entonces supe que volvería verte.
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En la noche de los sueños

Sueña mi anhelante boca
con unos labios jugosos,
que la colmen y la sacien
de besos libidinosos.

Y despierta acartonada,
deteriorada y sedienta,
en la noche de los sueños
no hubo beso, solo afrenta.

Sueña el iris de mis ojos
con otros ojos clavados,
con una mirada ardiente
de la pasión inyectados.

Despiertan atormentados,
humectantes las pestañas,
en la noche de los sueños,
¿en mis ojos?…solo lágrimas.

Sueña la piel de mi cuerpo
con las yemas de sus dedos,
sueña mi mano traviesa
con la cumbre de sus senos.

Despierta la dermis fría,
trémula por el desplante,
en la noche de los sueños,
nadie acarició a la amante.

Sueñan encima del vientre
revoltosas mariposas,
coloridas y vivaces,
con otras aún más hermosas.

Despiertan descoloridas,
borrosas, en blanco y negro,
en la noche de los sueños,
extinguiendo su aleteo.

Sueña el delicado oído
con música celestial,
con las notas que desprende
una boca al suspirar.

Despiertan rotos los tímpanos,
por ruidos atronadores,
en la noche de los sueños,
los ecos de desamores.
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13comentarios 95 lecturas versoclasico karma: 77

Delirio épico

Jueves, temprano, muy temprano. No sé qué hora marca el reloj. Mi ventana dice que son las cinco gorriones menos veinte que deben haberse marchado ahora mismo del alféizar, a juzgar por la jarana que ha logrado desvelarme. Los cuento desde mi cajón de sueños, recostada en la cabecera. Ellos me miran y parecen preguntarme: ¿te hemos despertado, reclusa? Por momentos, me dan ganas de saltar de la cama y espantarlos. Ellos tienen la culpa de que te hayas ido. Hace solo un instante estabas aquí, amasando mi piel, dando forma a la poesía mientras yo exploraba tus estrofas y mordía tus versos como si no hubiera un mañana. Éramos dos cuerpos a la brasa subidos a un colchón que se mecía en alta mar de lava, surcando la noche. Nunca había visto el mundo desde un ombligo tan hermoso. A lo mejor, influye que usaba de lumbre tus ojos. Cuanto más recuerdo, más me enfado con los gorriones. Estaba cubriéndote con la humedad de mis poemas, y tú, ¿qué me dices de tu arte a brochazos de lengua en el lienzo de mi espalda? Ay... una beldad palpable.

¿Vendrás hoy con el ocaso? No te demores, por favor. Trasnochar sin ti es aburrido. Si vienes, si vuelves a acercar mis dedos a las llamas, prometo quejarme bajito y contraatacar intensamente, empotrarte en la huella húmeda que dejan las olas al desalojar la orilla, jugar con tu entrepierna hasta empolvarte mil veces de arena y sal, de sal y arena. Dejar a todos los cometas con la boca abierta.

No me retes, no recuerdes, no reproches, no pierdas el tiempo con eso. Cállame los labios, mójate conmigo y pellízcame, que quiero saber que es cierto, que estoy despierta, que has vuelto.
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24comentarios 146 lecturas prosapoetica karma: 97

Transferencia de calor...

Las sábanas envolvían un recuerdo... más que un cuerpo. La tibieza aún no se escapaba de su piel y el color rosado de sus mejillas se aferraba a ellas como la hoja más débil de la punta de un árbol que se resiste a ser arrastrada por el viento. Su aroma suave aún podía percibirse a escasos pasos; y si uno guardaba silencio y se concentraba lo suficiente, su aliento se podía percibir por la habitación.

Todo se sentía sumergido en una nostalgia profunda, tan obscura como un hueco profundo de la cueva más recóndita. Sus labios carnosos aún parecían guardar ese último beso, o tal vez era la esperanza de ese beso que la trajera a la vida, no me decido bien a bien cuál de las dos vertientes sería.

Caminé lentamente hacía su lecho, el silencio sacro se rompía con el eco profano de mis pasos golpeando la madera, malditos zapatos, los maldigo por romper el silencio de su callada voz que grita desde un paraíso cuánto nos amamos. Toqué su cabello suave que mantenía ese color claro como la miel, como pequeños rayos de sol de una tarde que cae rendida ante la noche, yo sentía mis dedos aún más fríos que los de ella. Juro que podía escuchar el latir de su corazón como un tic tac del reloj más exacto, un sonido que invadía mis oídos, tic tac... tic tac... el tiempo se volvía nada, sin embargo ella seguía marcando ese ritmo... tic tac... cada vez más profundo... cada vez más intenso, poco a poco dejó de estar en mis oídos para retumbar en mis sienes, en mi corteza cerebral, en mi mente... tic tac... El zumbido de un pequeño mosquito me sacó de mi trance, también maldije al insecto, ¿cómo se atrevía a despertarme del sueño de tenerla en mi mente?

Caminé un paso más y tomé su mano fría, la cual absorbía mi calor, por el poco que éste fuera. Sentí como el frío recorría la punta de mis dedos, la mano, el antebrazo, el hombro... era extraño, pero en mi frenesí de temperatura creí notar su brazo menos pálido... sonreí... el nórdico frío seguía su marcha, recorría ahora ambos brazos, mi pecho... el vaho de mi boca se notó claramente como una pequeña nube creada por mí, dejé de sentir las piernas, los pies... y finalmente mi rostro entumecido. No siento nada más... no entiendo nada más, pero creo que la vi sonreír.



Cuando desperté, su mano tomaba mi mano aferrándose a no soltarla. Su gesto era sereno y podría decir que una sonrisa tímida se dibujaba en sus labios, su piel fría no tenía ni un rastro de color. Las lágrimas brotaban por montones, tanto que me sentía ahogada en un mar de tristeza... lo solté y me acosté a su lado "Bruto" le dije al oído mientras lo tomaba del cabello y jalaba de sus ropas... "Te dije que no lo hicieras... te lo dije". Dentro del bolsillo del saco encontré una pequeña nota "Te dejo lo único que siempre fue tuyo... mi vida"... De nuevo "Bruto... te dije que no me trajeras de regreso".
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sin comentarios 122 lecturas prosapoetica karma: 70

El efecto inmediato

Amamos el momento inmediato
El sendero que acorta el camino,
las palabras que se diluyen en un sorbo,
los versos fugaces,
las ideas que se evaporan
en un solo segundo.

No queremos perder tiempo
porque creemos
que lo necesitaremos
para otra cosa.

Buscamos la respuesta
en un momento ausente,
como si preferíamos
averiguarlo en el futuro.

Vivimos deseando seguir respirando
Y vivir bien.
Sin renunciar al pasado,
sin asuntos pendientes
que nunca concluyen.

Amamos que nadie nos diga la verdad
Decidimos vivir en la mentira.
Lo único que importa es no sentirnos mal.

Soñamos con transformar la vida a otros,
pero no deseamos que alguien
cambie nuestro respirar.

Huimos del aliento del tiempo
por temor a que se transforme en silencio.

Preferimos seguir despiertos,
el miedo es el mayor obstáculo
para no despertar jamás.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
26/06/2017
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10comentarios 395 lecturas versolibre karma: 76

Esta noche

La noche quiere quitarme un poco de vida,
es necia en su andar,
pues es con el tiempo como su mejor anzuelo
que quiere de un sorbo
conquistar a cada uno de mis deseos.

La noche se atrinchera en un rincón espontáneo
para poder lograr tocar con la lluvia
el único recuerdo que tengo escondido.

La noche desea consumir mi vida,
sabe que ella es un regalo precioso,
no puede resistir en su impaciencia,
pues solo quiere continuar viviendo
de mi camino en su propio andar.

La noche quisiera quedarse
hasta que las noticias vivan
en el mismo olvido de lo que fue.

Quisiera arrebatarme en un instante
el momento que no se repetirá jamás.

La noche es cómplice de la paciencia
en un espacio momentáneo.
Solo quiere seguir anidando esperanzas
en un reloj que va un poco más de prisa.

La noche necesita soñar para no tener
que perder en el instante el tiempo
que se va durmiendo.

La noche necesita despertar con esa sensación
maravillosa de haber hecho lo correcto.

La noche guardará en su osadía
un montón de pretextos,
sabe que no hace falta mucho
para poder fragmentar aquellos instantes
que son simplemente únicos.

Esta vez la noche fallará en su intento
de arrebatarme la humedad que se respira
con el deseo de un aguacero de bondades.

La noche nunca cerrará a mis ojos
con los sueños de un cansancio
que fecunda las desdichas nocturnas,
no podrá quitarme la felicidad
de una sonrisa que hace mucho
no se dibujaba en mi familia.

La noche nunca podrá derrotar
por completo a mí sensación de paz.

Poesía
Miguel Adame Vázquez
03/07/2017.
8
4comentarios 323 lecturas versolibre karma: 84

Realidad integrada

La realidad se almacena en el cerebro,
La calamidad se relaja en el pecho,
El augurio comienza al primer síntoma
De liberación del victimario.
Al pensar en saber esto,
La mente se oxigena,
Se liberan endorfinas
Que lavan los sentimientos.
Dudo un momento de ser el objeto
Del acomodado sufrimiento,
Pero gracias al momento
Freno tal pensamiento
Y ceso con los intentos.

¡Por fin!
Gritó el cerebro,
Sintió un descabellado reencuentro,
Similar al alucinógeno que recuerdo.
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sin comentarios 51 lecturas versolibre karma: 39

Adicciones esenciales

Vértigo es saltar desde lo alto de tus piernas
sin paracaídas y con los ojos cerrados.

Muero por sentirte cerca y leer tu cuerpo
como si estuviera escrito en braille.
Tengo que memorizar todos los tus lunares
por si mañana tengo examen
o me despierto y ya no estás en mi cama.

Prometo intoxicarme cada noche
con una sobredosis de tus labios.

Beberte la mirada hasta que se acaben las lágrimas.

Morderte los labios y dejarte mis dientes tatuados.

Abrazarte tan fuerte que te falte el aire por un instante.

Matarme contigo si decides lanzarte al vacío para huir a Marte.

El día todavía no ha empezado y ya te echo de menos,
pero me encanta observarte ahí tumbado;
mientras sueñas… soñamos.
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1comentarios 35 lecturas versolibre karma: 37

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Apareces por las noches
y me dejas con ganas de más,
de no querer despertar.

Intentó recordar
y vuelvo al lugar
donde me solías esperar.

No te has ido del todo
porque no te he dejado de pensar
porque vienes y te vas
y me vuelvo a desarmar.

Y sigo en mi nueva vida
donde tú ya no estás
pero vuelvo a mi antigua vida
y te cruzas por detrás
y me pongo a temblar
y a pensar
y a quererte besar.

Pero nunca pasa nada.

Nuestros pensamientos entrelazados
y nuestras palabras mudas.

Nuestros sentimientos durmiendo
hasta que llegamos al fondo de ese vaso
donde todo vuelve a flotar.

Es imposible regresar
pero no cerrar y volver a empezar.

Sin ti
pero con un punto y final.
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Noche

Llegó la noche y en el aire flota un indescriptible olor, se siente como el aroma que el sudor deja al sentir el miedo que produce el viento cuando sin aviso llega con agudo grito, seco y furioso despertando al sueño que en un bello engaño y por un segundo, te puso en mi lecho reclamando el beso que moja al deseo sin miedo al olvido.

Llego el viento y con su indeseable gritó obligó a mis ojos a mirar la noche que como ayer volvía a ser oscura, duradera, tan oscura que no puede verte y tan duradera como la ausencia.
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sin comentarios 71 lecturas versolibre karma: 35

El asiento

En un viaje por los recuerdos
Una historia de pequeñas imágenes
Siempre ocupaba el mismo asiento
Siempre la misma perspectiva
A veces llegaba a recordar más de lo que podía imaginar
El silencio lo rompía su reflejo en el cristal
Cuando se miraba la veía a ella
Su mirada perdida en el horizonte
Su piel coloreando el lienzo de sus caricias ausentes
Su boca uniéndose a la suya sin tocarse
En ese asiento que ahora lo ocupa ella
Él nunca dejó una nota, jamás se lo ocurrió
El mismo espacio y los mismos recuerdos
Pero el tiempo los separa, siempre el tiempo...
Un día ella escribió su nombre
Lo puso justo donde su dedo corazón acariciaba el brazo del asiento
Sus huellas dactilares remarcaron cada una de sus curvas
Siempre quedará escrito ahí
Dejando la marca de su existencia
En un mundo donde él ya no existía...
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Quédate

Como cada despertar que a mi lado estas,
como al atardecer que me abrazas sin querer,
como cada mirada helada que siento en mi sien,
cada roce que me hace estremecer.

Pero sin ti
no sabría vivir.

No me abandones si llega el fin.

Soledad, no me dejes ir.
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2comentarios 105 lecturas versolibre karma: 58
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