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Una señal ¡

Mis lágrimas están contenidas en un odre.
Cada paso que doy, no lo siento, huyen de mi propia sombra.
He perdido la orientación.

Mi sol se ha quedado inmóvil como en la tierra de Jericó. Pero no siento calor.
He perdido el horizonte dibujado con sueños que prometían ser realidad.
No los puedo alcanzar.

El cielo me ha lanzado una escalera, me pregunto si yo debo subir o esperar a alguien bajar.

Mi corazón tiembla y me pide piedad, un momento de relax.
He dejado de hablar, mi garganta tiene vidrios rotos y mi alma en trizas está.
En la noche me refugio y duermo en posición fetal, abrazada a mi almohada,
escuchando las voces del infinito y recordando el lugar en el que nunca sola me sentí,
pero mi madre dijo que no me podía quedar allí, porque la vida es sagrada y hermosa,
pero con sabiduría del cielo hay que saberla guiar.

Señor Mío¡ Magnifico tu nombre porque en el dolor también hay que saber alabar.
Que tú no eres más que sabiduría, poder, justicia y eres Amor,,,
oh mi Dios, derrama sobre las almas abatidas y corazones quebrados un
hálito de tu magnifica bondad.
Porque la vida aquí en la tierra es maravillosa,
pero con dolor es complicado encontrar la verdad.

Dime señor si yo debo subir o esperar a alguien bajar... Dame bondadoso señor una señal ¡


Letizia Salceda,,,
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La Escalera

Hay hojas en las escaleras.
 Van subiendo lentamente los peldaños,
 como pasando siglos enteros,
 con ganas de querer llegar hasta ti.

  Allí, encontrarás el calor y el cobijo
 que desde el principio del mundo se escapó y
 nadie sabe dónde; tal vez, fueran a este cuarto
 donde llenaste las páginas de un libro de sueños.

  El último obstáculo es la puerta,
 siempre cerrada y sin pintar.
 Allí, se van amontonando:
las unas sobre las otras; y sus voces
entonan la canción del silencio.

 En esta escalera interminable,
cuyo primer peldaño, subo; hago un viaje
sereno, claro, luminoso y perfecto;
sabiendo que para abrir la puerta
todos habremos de morir.
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El día que no fui muerto

Era media tarde cuando el viento frío del norte cubrió su cuerpo, envuelto en la sabana de aquella cama. Que esperaba, un milagro, ¿quizá?. El no sabía que todo duraría lo que el humo de aquel cigarrillo. El vértigo asomaba a sus ojos y las pupilas dilatadas miraban fijamente al pomo de aquella puerta, por donde entraría su sentencia de muerte, si es que nadie intervenía antes. Se abrió la puerta y toda la desesperación del mundo se le coló en el corazón y le heló el alma. El eco de un sonido sordo rebotaba por toda la habitación, fue un momento muy trágico. La sangre roja como un buen vino salpicó la pared. El sintió cómo se le paraba el corazón. Pero algo inesperado estaba pasando, el dolor era intenso. Pero el lo sentía, estaba vivo, aunque la sangre manaba a borbotones de una herida abierta en la pierna. Marta Dusnaya entró y le besó, sólo había sido una advertencia. La próxima vez el tiempo se pararía en su rostro. El cogió la botella de vodka y le dió un trago largo, Dusnaya venía preparada con un pequeño botiquín. Le aplicó una anestesia local y procedió a coser la herida que momentos antes le había infringido. De repente el sonido de una cafetera italiana le despertó, todo había sido un sueño. Peter se puso los zapatos, lanzándose por la escalera driblando a Esther que en ese instante subía a la habitación, lo siento estaba soñando, ummummnn, tu y tus sueños Pet.......
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