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Supernova

Solo tú,
bronce eterno
del secreto cerrojo
a quien reservo
el giro
de la sola
llave.

Eres agua...
del dulce río
y de la quina;
elixir cuántico
de un sistema único,
capaz de devolver
el pasivo motivo
a las piezas
de un planeta corazón
desordenado
que no sabe
ser ni estar,
estar sin ser,
ni en ti
aun en traslación,
si no es contigo...

De ese abismo mundano
donde me llevas
hasta el mismo infinito
del desahogo
al que me elevas,
tu palabra
levanta estelas en la millar galaxia
o destruye
algún pedestal endeble
del alma...
aunque en medio
de tal destrucción
el ciclo vuelva
a empezar
y jure jurando
que por ti
cada parte
de su plenitud
poseerá,
el jamás gélido
del solsticio tuyo
o el cataclismo
del siempre
lunático
que nos arroja
fuera de su justa
rotación...


Serpentea
tu año luz
por mi núcleo estacional,
dual y nocturno...
Ve consumirse
mi atmósfera calma
y gira en derredor
renaciéndome
de tu verbo conjugado.


Surgirás
sobrepuesto y altivo;
poderoso segundero
efecto de tu váculo
sobre mi ángulo
de tiempo en el torrente,
a marcar
exacto,
con escrupulosa precisión,

tu vida definitiva...
o mi absoluta muerte
.



Yamel Murillo



Del cosmos y otras hogueras.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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Ahora soy más fuerte

He visto caer las hojas del tiempo.
Casi sin ningún esfuerzo el viento de los días las han derrumbando.
Siempre es así cuando la indiferencia conspira con el orgullo para fraguar una farsa que engaña hasta a él más astuto.
De la misma manera fui cayendo al precipicio con cada una de todas tus mentiras.

Hoy tu verdadero rostro ya no esconde la oscuridad que todo este tiempo se esforzó por ocultarme.
Ya no me importan las preguntas sin respuesta ante un silencio que la sonrisa burlona gozó al ver cómo me dolían los engaños.
No me hace falta decir con voz baja lo que mis ojos tristes hablan.
Ellos son más que solo una señal muda de cómo caí en cada uno de todos tus señuelos.

Solo fui como un niño que fue tomando cada dulce que se dejo para endulzar a mis sueños.
Como pudiste robarme la inocencia de algo que para mí era tan santo.
Nunca te importo dejar cicatrices que costaron toda una eternidad sanarlas.
Endureciste con tu odio a un corazón puro hasta que al final tuve que dejar de amar todo lo que solamente me rodeaba.

Perdí años completos tratando de descifrar cada una de tus supuestas verdades.
Empeñe mi gloria y mis mejores lealtades en una búsqueda infructuosa.
Nunca encontré mis dones escondidos en tu misma desdicha.
Solo me fui evaporando como una gota única bajo el incandescente sol que todo lo evapora.

Solo me quede como una presa ciega atada a la carnada que se descomponía.
Pero aprendí a esculpir a el tiempo.
Y con simbolismo mi espiritualidad me saco nuevamente a flote.
La valentía renació en fortalezas a partir de todas mis debilidades.

La vida nos rompe a todos en algún momento.
Yo logré de mis pedazos hacer algo diferente.
Ya no soy el mismo de antes.
Ahora soy más fuerte.

Poesía
Miguel Adame Vazquez.
02/04/2017
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Hoy me he vuelto a enamorar

Hoy me he vuelto a enamorar.
El canto de un gallo me despertó
La hora del reloj me desconcertó
Los pájaros comenzaban a piar.

Una hoja manchada de café
La noche fue larga, salí a pasear
Un camino se abrió al verme llegar
Anduve sin rumbo, buscando mi fe.

Húmedos bosques, volved a sonreír
Abridme camino, ¡quiero hallar luz!
Hermosos parajes del pueblo andaluz.

Qué ven mis ojos, verde y azul
Todo es belleza, me vuelvo a encontrar.
Hoy me he vuelto a enamorar.

Señor T.
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Iluminación

Ananda miró al Buda,
Sol de la Existencia, Señor de los Mil Universos,
y comprendió.

Buda le miró satisfecho,
levantando los ojos de la flor,
aquella flor que enseñaba
a sus discípulos, angustiados
por no saber qué contestar
"¿Qué querrá de nosotros,
qué diremos?" -pensaban -
"Si supiésemos lo que quiere,
seríamos Uno con Él,
pues sólo un Iluminado reconoce a un Iluminado.
Si hablamos de esto como si supiésemos,
mentimos, y Él lo sabrá
como el Sol sabe todo lo que ocurre en la tierra,
desde lo alto de su trono celeste"

Todos apurados, miraban en rededor suyo,
para ver si acaso el Universo entero
también se había sumido en dudas,
cuando, como una flecha llena de veneno,
la voz de Buda les golpeó:
"En Verdad, Ananda ha comprendido"
Y más allá, veían al discípulo favorecido
con una sonrisa satisfecha, mirando al Buda.

Muchos después fueron a verle,
conociendo la noticia de que Buda
le había dado su felicitación,
y preguntaron para ver si acaso
entendían cómo llegar a la Iluminación:
"Oh, Ananda"-dijeron-" Dulce amigo,
dinos qué pensaste, qué sentiste,
cuando Nuestro Señor
ostentaba esa flor,
esta mañana en el prado."

Ananda habló,
y su voz se alzó sobre cien universos
de Devas, Hombres y Demonios,
y quien no alcanzó la Iluminación aquella noche,
al menos, no se reencarnó en seres inferiores:
"Vi una flor y sentí felicidad, porque era hermosa"
Quien esto sabe, esto entiende.
En Verdad, Ananda comprendió,
en Verdad, Ananda ha comprendido.
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