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Aquella intensa luz que borró hasta su propia sombra, le hacía sentir liviana, sin una historia detrás que pudiera recordar; sin pasado y en un presente ambiguo, casi intangible. Quizá el tiempo había dejado de existir; ¿o tal vez nunca existió?
A pesar de la confusión que experimentaba, no tenía miedo; se sabía segura y protegida. Pero algo cambió; sintió un súbito calor y, recordó lo que era el fuego. Un flash cruzó su mente y también supo, que antes había vivido y conocido el miedo; el pecado y la muerte. Entonces, alguien golpeó sus nalgas; lloró… y de nuevo olvidó.
Debería volver a aprender a vivir.





Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2018/05/27/escribe-tu-relato-de-mayo-v-con-las-palab
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En tu historia...

¡Si me incluyes
allí, entre las letras
de tu historia!





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@AljndroPoetry
2018-mayo-29
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Sueño y premonición de Miyamoto

Despertó sin abrir los ojos y sintió que la batalla aún no terminaba, con pocas fuerzas podía sostener su espada y el enemigo al ver su vitalidad se acercaba.

El soldado del antiguo régimen feudal japonés mancho su Dō y parte del kusazuri con sangre enemiga, aquella armadura dejó su intenso brillo metálico y de un color rojo lo cubrió casi por completo.

Finalmente abrió los ojos y notó que había derribado al último guerrero de todas las tropas samuráis, estaba solo en medio de un desierto de hombres muertos.

Miyamoto Musashi despertó, estaba recostado en un jardín de eucaliptos cerca de su aldea. Jamás batalló y todo aquéllo fue una premonición que tiempo después de cumpliría.

Miyamoto ahora, conoce su destino.
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Impetu I

La Barceloneta y sus luces.
El mar y las olas, tu mano en mi cadera.
El cielo achicando las gotas,
yo sonriente,
por qué soy de las que aman mojarse.
Tus labios y mis corneas,
entornándose, imaginándose.
Una cerveza, dos, tres, cuatro, cinco.
Caminar sin parar, sin destino, sin objetivo, como nosotros.
Hablar, sin fin,
sin un punto en concreto al que llegar.
Pararse a observar, respirar y quejarnos un poco del mundo, y acto seguido creer que lo podemos arreglar.
Ser superfluos, inconstantes e inconscientes.
Más que nada, porque siempre llega un punto en el que el beso es la claridad de la situación.
Estoy segura que si los ángeles existen,
nosotros somos su comedia.
La de dos personas que se acaban de conocer, y no hacen mas que sandeces.
Es bonito, llega el primer beso.
Sabe a estrellas.
Huele a algodón de azúcar.
Sientes lo que siente una persona cuando besa a bocajarro, extasís,
pero sin la droga.
Dicen que al besar utilizamos 34 músculos,
pero es que en realidad, el más importante es el que no se cuenta.

Mis manos dicen que si,
y mi corazón me pregunta que qué coño estoy haciendo.

Bien,
otro día seguiremos con la segunda parte.
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No será la última batalla

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”
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Soy; diría yo, un extraño mundo que intento conocer

LAS CENIZAS DE UN ANÓNIMO.

SOY; DIRÍA YO, UN EXTRAÑO MUNDO QUE INTENTO CONOCER.



Cómo podría hablar de mi?
Si yo mismo me desconozco aún cada día más.
Lo único que puedo llegar a decir con gran certeza es que se mejor que nadie en este mundo que aún no sé quién soy.
Aún no he encontrado un camino que me sirva de guía para descubrir hacia donde voy.
No existe un faro que alumbre mi noche anieblada en medio de este mar de dudas;
estoy seguro que aún puedo chocar contra las rocas filosas de mi ignorancia.
Entonces, cómo responder correctamente cuando me solicitan hablar de mi?
No quiero llegar a dar una respuesta inexacta, quiero poder ofrecer la respuesta más clara que se escurra de mis labios en algún susurro.
Cómo responder correctamente y de forma clara, sin llegar a ser parte de una mentira?
Me desconozco, cada día me esfuerzo por estudiarme y saber más acerca de mí.
Soy un ser humano que a diario cambia.
Un simple niño que crece cada día jugando a la pelota en un jardín.
Soy dudas; también certezas. Soy odio, sin embargo, también una gran parte de amor.
Soy frío y calor, agua y fuego. Soy tormenta y también soy calma.
Entonces si debo responder, quién soy?
Soy; diría yo, un extraño mundo que intento conocer.


-JOEL B. LEZAMA.
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Susurros

LAS CENIZAS DE UN ANÓNIMO.

SUSURROS



En mi mente sólo pude ver reflejos lejanos de aquellos recuerdos que alguna vez compartimos,
recuerdos que susurraban escritos en amaneceres cálidos de fríos inviernos.
Fotografías se volvían de tonos grises en los pasillos obscuros de mi mente,
como si fuese muriendo lentamente el amor y la alegría.
Trataré de recordar el perfume que una vez dejo tu piel en la mía,
intentaré revivirnos como un pájaro que vuelve de las cenizas y así nos volveremos eternos.
Te buscaré y quizás tengamos nuevamente esa sensación de conocer a alguien nuevo,
quizás pueda cruzarte por una calle donde solo alumbra la luna y refleja en tu verde mirada.
Actuaremos fingiendo sorpresa,
sabiendo que el destino es inevitable y que nuestra historia ya ha sido contada.




-JOEL B. LEZAMA.
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Nota de la vida

El noble despertó aseado pero sucio por dentro solo de pensar que su descuidado y asqueroso sirviente, el que no tenía ningún derecho, seguia sonriendo y amando
Sin nada material al siervo le llenaba poder ver cómo sus familiares podían llevarse algo a la boca gracias a él, que trabajaba las mismas horas que tiene el día sin descanso alguno y sin consideración ni aprecio por parte de su superior
¿Por qué es feliz el obrero aunque se encuentre oprimido?, Y por otra parte ¿Por qué el privilegiado carece de amor, alegría y otros sentimientos que acompañan al hombre?
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Lucernas de barro

A caballo entre el púrpura y el color de la calma. Entre lámparas de aceite y lucernas de barro.

Libros viejos en párpados cerrados.

Paseos por la Historia, argán mojado en cuerpos salados.

Jeroglíficos en carne y hueso

Vendas de memoria

Cañas de viento

Dolmen de miedos

Pirámides de almas rotas

Bastón dorado y copas de vino

Desiertos rojizos cubren mi vientre, hambre de mundo, sed de vida. Acurrucada en las páginas de mil amaneceres, todo se me queda corto, todo lo arrastra el aire que gira.
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Se me quedan cortas las historias

Se me quedan cortas las historias. Empiezan bonitas y con ganas, pero se hunden poco a poco en las batallas sin fin de ideas que brotan a raudales, hasta que chocan una vez escritas con la incongruencia de estar ahí, todas sueltas ¿Dónde empieza una y termina la otra? No entiendo por qué las palabras salen de esta manera. Se escriben solas. Es como si llevaran mucho tiempo esperando a ser plasmadas en algún papel para luego quedarse huecas del sentido que pueda tener cualquier historia bien escrita. Escribo, escribo y escribo sin parar, sin pensar. No necesito pararme a discurrir qué será lo siguiente que saldrá, ya está ahí, impaciente, esperando su turno de salir y gritar sea lo que sea que tuviera que gritar. Muchas veces dudo hasta de que sean mías tantas cosas guardadas, tantas rabietas, tantas preguntas sin respuesta. Y tengo que escribir deprisa, porque si paro se atropellan y se ahogan las letras, mueren, se van, no sé a cual lugar, ni si alguna vez volverán. Y me duele la mano. Y no me entiendo la letra cuando paro y me leo. No comprendo nada, pero algo, en algún lugar, se queda en paz.
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Yo te di mi sangre para que mi sangre sobreviva

Igual que quien sana su corazón roto
nunca se encerrará en el arrepentimiento
yo te pertenezco, poesía.

No creo que tengamos que pelear-dijiste-,
aunque a veces será inevitable.

Si no fuera por ti,
que me salvas literalmente la vida
manteniéndome sobrio,
quizás pensaría que le vendí mi alma
al nombre abstracto equivocado,
y que hubiera sido mejor
entregårsela a la Música.

Pero desde que te escucho gemir,
al tomarte entre mis brazos,
únicamente eso es ya para mí la Canción.

Por eso nunca dejaré de escribir.

Soy algunos años más mayor, sí,
en cambio tú eres lo más grande.
Mi dolor se da la importancia,
hasta que de ti aprendo lo importante:

Sentados a la mesa,
sé que todo va bien cuando me pides un beso
y te hago llorar de tanto reír.

Porque un poeta triste es una contradicción.

Y la historia, mi vieja historia,
ya sólo es una mancha en el asiento
del tren del futuro.
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Otra historia

Tengo calor y estoy helado a lo Alarma
pero al contrario,
si el devenir es arbitrario
mataremos a los jugadores en el campo.
La inestabilidad a mi me vino en la genética,
estoy tirando piedras
a mi propio tejado para reconstruirlo a mi manera
y lo demás es otra historia.
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Visca Catalunya! Visca la República!

A les tres de la tarda, en Ramón i en Marcel van ser traslladats per un grup de militars sublevats prop de la torre de l’aigua. Ells caminaven ferms, acceptant que aquest seria el seu últim viatge. Havien viscut tota la seva vida a Sabadell; en Ramón, era el petit propietari d’un taller de bicicletes, y en Marcel, un mestre d’escola. Els dos homes eren amics des de l'infantessa, y ara, el destí també els havia unit en la guerra. Tots dos havien estimat i abraçat la causa republicana, tant pel seu amor a Catalunya, com pels seus ideals llibertaris.
El camió es va aturar y els van fer baixar tot empenyent-los y cridant-los:

-¡Venga Rojos cabrones!

Els van fer posar un al costat de l’altre. Davant seu tres homes conformaven un improvisat pelotó d’afusellament. Els van donar unes venes per tapar-se els ulls, però cap dels dos les va voler. Un dels militars els va dir si volien dir unes últimes paraules, i tots dos van assentir amb el cap. Els dos amics es van mirar per últim cop. Va ser una mirada rápida, però plena de sentiment, un sentiment d’amistat que els uniria en el mes enllà. Tots dos van cridar alhora:

-Visca Catalunya! Visca la República!

Llavors, els fusells dels militars van tronar a l’aire, y els dos amics van caure al terra desplomats. En Marcel i en Ramón van afrontar la mort com valents milicians, amb l’esperança de que aquesta guerra alliberés Catalunya y tota Espanya republicana de l’amenaça feixista. Tot i els fatals aconteixements, persones com ells, van ser el fidel reflex del homes i dones que van donar la seva vida per la llibertat, per la germanor de tots els pobles d’una Espanya que va ser traïda, i per una pau que desgraciadament no es va poder aconseguir.
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El Otro  vídeo

Eres mi antónimo por antonomasia.

Todos los colores de la paleta que no pudieron complementarse.






Eres mis líneas rojas.

Mi tiempo perdido, todos los lugares en los que sentí vergüenza.

Eres lo incomprensible de un razonamiento abstracto que nace en otro.

Mis ganas no reconocidas de hacerte el amor.

Eres un golpe en el hipotálamo.

Un río de tinta púrpura.

Un balazo a tiempo,

Un perdón a destiempo,

Un amanecer frío de Agosto,

Eso, eres.



Pero no eres EL OTRO.

No eres el enemigo.



Mi némesis soy yo.

Somos lo mismo.



Los dos tenemos hierro en la sangre.

Compartimos la materia.

Nuestras sístoles laten en sintonía.

El componente “A” hace funcionar el componente “B”

Formamos parte del mismo engranaje,

Somos dos caras compartiendo moneda.

Pertenecemos a universos paralelos,

Siempre viajando cerca pero orbitando en distintos mundos.



Eres lo que me falta,

Mis ganas de ser invencible.


Me retas. Me sumas.

Me das lo que no tengo.

Eres justo lo contrario

y por eso,



Creo que podemos ser uno.

Aún siendo imposibles,

Aún siendo distintos,



Complementarios.

Y únicos.
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Tú y yo rimábamos

Tú y yo rimábamos.

Éramos dos caras iguales compartiendo moneda.

Teníamos una sintonía absolutamente mágica, que nos hacía hermosos, fuertes e invencibles.
Pero la armonía tiene un precio y la perfección solo dura lo que dura un aleteo, si no… No sabríamos percibirla.


Tuvimos que devorarnos y después de eso, ya nada fue suficiente.

Disparamos y el fogueo nunca fue para nosotros. Nosotros íbamos a matar.

Y nos matamos. A silencios, a vacíos y a distancias.
Nos matamos bien muertos. Nos rematamos. Y ninguno creyó nunca en la resurrección.

Y es que a joder no había quien pudiera ganarnos. En esto también, éramos únicos.

Nos matamos con pistola, con hacha y con veneno. Asfixiándonos, rompiéndonos, ahogándonos.


Sin piedad, sin paciencia, como si nunca nos hubiéramos lamido.
Te odiaba con tanta rabia… Con esa que uno tiene solo después de querer mucho. Porque no podía comprenderte… Y las dudas están diagnosticadas también como enfermedad letal.
Te odiaba porque para mí nada estaba por encima.
Porque pudiendo ser con otros, yo solo era contigo.

Y dime tú si eso, no es razón suficiente …


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Ahora

Ahora que tú ya no eres tú y yo no sé dónde ponerte.

Ahora que te parece más importante tener, que ser.




Ahora que por fin entiendo que lo nuestro fue el cuento de nunca empezar

y que el primer beso puede ser también una manera de acabar.






Ahora que sé que hay trenes que no llevan a ninguna parte.

Que soy como el mosquito que se deja guiar por la luz que le mata.

De indiferencia o de rabia.

Ahora que la tormenta no trae la calma.





Como una piel acostumbrada a una herida, que sangra.

Que no cierra ni te mata.



Ahora que las grietas suenan anunciando el estallido.

Que lo roto se recompone como si por allí nunca hubiera pasado el huracán.



Como si pesar de nosotros, todo hubiera sido lo mismo.

Como si nunca hubiera sido tuya, como si diera igual.




Ahora que nos empeñamos en borrar lo extraordinario.

En matar el regalo que fue ser nosotros por un rato.





Ahora que toda la orquesta se ha ido del barco

y sólo que da una pareja de animales abandonados.





Ahora que el diluvio pasa y tú recuerdas,



Que un día nosotros también fuimos tormenta.
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De bárbaros y romanos

El hombre, asaetado en la tierra baldía rogaba por su vida. De pié, mirándole fijamente, la venganza brillaba en los ojos de su adversario. Un instante de silencio. Después, el romano continuó suplicando el perdón.

- ¡No tuviste piedad cuando mataste a mi familia! -gritó el guerrero hispano.- ¡Y ahora, ni tu ni Roma viviréis para ver amanecer un nuevo día!

La luz del atardecer, se reflejó en la gastada hoja de la espada al alzarse por encima de la cabeza del fiero guerrero, mientras un zumbido ahogaba el aire. Un golpe seco bastó para separar la cabeza de su dueño. Un gran charco de sangre se formó a sus pies, y el silencio del delirio de la venganza se fue convirtiendo gradualmente en el fragor de la batalla, pues esta todavía no había acabado. ¡Sin piedad! gritaban los camaradas a su lado. El guerrero alzó la mirada hacia las legiones que cubrían el campo de batalla y se unió a sus compañeros por la defensa de su libertad. El ejército bárbaro cargaba brutalmente contra las legiones romanas. Los soldados, muchos de ellos inexpertos en batalla, retrocedían tan solo al oír el griterío de los guerreros hispanos.

Lucio Espurio, veterano centurión de la Duodécima legión arengaba a sus soldados a no retroceder y a defender el honor de Roma. Hacía algunos minutos había visto como un enorme guerrero hispano decapitaba cerca de él al tribuno Marco Lucano, un asesino de mujeres y niños que deshonraba el honor de la República. Sabía que algunos de los suyos se comportaban como verdaderas alimañas, y que en el fondo, esos indomables hispanos luchaban por defender su tierra. Espurio era un hombre de honor, un fiel servidor de Roma y de los dioses. Su misión, luchar por la gloria de la República y devolver a la patria sanos y salvo a sus hombres. Él solo combatía contra guerreros, no era un asesino.

-¡Formación de ataque! -ordenó el centurión.

Los soldados, todos a una, obedecieron. La perfecta máquina de guerra romana se preparó para el choque. O ellos o nosotros, pensó Espurio. El combate se alargó hasta que la noche cayó sobre sus cabezas y la oscuridad lo cubrió todo. Todo, a excepción del amargo olor de la sangre derramada.
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Bajo la roja nieve

Tras la consigna 227, decretada por el camarada Stalin, nos aferramos a la esperanza de nuestros firmes ideales. “Ni un paso atrás”, establecía esa orden. Pocos meses más tarde, los alemanes nos cercaron en Stalingrado. Los ejércitos victoriosos del belicoso Reich de los mil años estaban listos para tomar la ciudad en una o dos semanas, pero se toparon con una inesperada resistencia. Los convencidos hijos de la Unión Soviética se atrincheraban casa por casa, defendiendo cada palmo de terreno de su ciudad con uñas y dientes, desesperando a los alemanes, ya que a pesar de su terrorífico potencial militar, no estaban preparados para establecer una guerra de guerrillas en un terreno que sus enemigos conocían metro a metro. Tras varias semanas de combates, la bonita ciudad se convirtió en un lugar dantesco.
La nieve, blanca y pura se teñía con la sangre de unos hombres cegados por sus creencias; alemanes, soviéticos, húngaros, italianos, croatas,…, hombres de duras convicciones, hombres de sueños imposibles y esperanzas truncadas por una guerra que parecía no acabar nunca.
Era septiembre. Lo recuerdo bien, y la batalla terrible que estalló en ese lugar no había hecho más que comenzar. Los alemanes llevaban la iniciativa y nuestras tropas comenzaron a flojear. Esa mañana, creo que fue un día doce, apareció el inflexible general del 64º ejército Vasili Chuikov, ahora encargado del 62º ejército en sustitución de Anton Lopatin, comandante que había demostrado síntomas de debilidad ante el avance teutón. Nada más llegar al apocalíptico lugar, los generales Yeriómenko y Kruschev preguntaron al general Chuikov:

- ¿Cual es el objetivo de su misión, camarada?

A Lo que este respondió con tono sereno pero firme:

- Defender la ciudad o morir en el intento.

Inmediatamente después de su lacónica respuesta, se dirigió personalmente a reorganizar las tropas y a asegurar la defensa de la ciudad.
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La última línea...

No cambies de página,
no renuncies a un libro
por malo que sea;
puede que aún tengas
espacio para escribir
o te falten algunos párrafos por leer.

Hay historias improbables,
algunas sin destino posible,
pero hay otras que su sentido
se encuentra en la última línea...
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Cartas desde la Gran Guerra

Francia, 12 de Octubre de 1916.

"Queridos Padres:
Después de más de tres meses combatiendo contra las tropas alemanas en Francia, el frente del rio Somme se ha convertido en la tumba de miles de compañeros. Mi regimiento ha sufrido numerosas bajas, aunque no tantas como otros. Estamos estancados en las trincheras, cerca de Ovillers-la-Boiselle, y en todo este tiempo no hemos avanzado nada. Los bombardeos son continuos, y a penas tenemos tiempo para descansar. Si vierais en lo que se ha convertido este bonito lugar no daríais crédito. La sangre se ha mezclado con el barro, y algunos cadáveres continúan tirados en el campo de batalla días después de haber caído. De momento la suerte parece sonreírme, y doy gracias a Dios por continuar con vida. Me han ascendido a Sargento y ahora dirijo mi propio batallón. ¡Os echo tanto de menos! Darle un abrazo muy fuerte a Julia y a Robert. Decidle a Marta que pronto le escribiré y que deseo con toda mi alma regresar a su lado. Espero que todo esto acabe pronto y poder regresar a mi querida Chester junto a todos vosotros. Os adjunto este par de anillos de latón hechos en mis ratos libres; llevan vuestras iniciales. Os quiero con toda mi alma. Atentamente:
Sargento John Pearl Lauper.”

Mientras tanto, la guerra continuaba asolando Europa y las vidas de miles de jóvenes dispuestos a combatir por una idea que creían justa. Los dos bandos reemplazaban sus muertos con jóvenes inexpertos, aunque excesivamente entusiasmados en defender su país, su cultura, y sus ideales. Todo este ardor guerrero se vería oscurecido en las primeras horas de combate, luego, los ruegos y el miedo recorrerían los corazones de los soldados. A pesar de todo, era su deber, y a él se debían por juramento. Solo les quedaba sobrevivir o morir en esta maldita e inútil guerra. Por otra parte, en el bando alemán, las sensaciones de los soldados no se diferenciaban mucho a la de británicos y franceses. Al fin y al cabo, no eran tan diferentes.

Francia; 30 de Octubre de 1916.

"Queridísima Anna:
Llevamos meses combatiendo en unas trincheras empantanadas de barro. La sangre ya no me impresiona, y la muerte ya no me es extraña. Como capitán mi responsabilidad está en devolver sanos y salvo a mis hombres junto a sus familias, pero muchos de ellos no volverán a verlas. La mayoría eran unos críos, y ese dolor lo llevaré dentro para el resto de mis días. Ahora mi único consuelo es volver a abrazarte, sentir de nuevo tu corazón latir junto al mío, y ver crecer en un mundo en paz a nuestro pequeño Reinhard. Nuestras tropas no consiguen avanzar, así como tampoco las de nuestros enemigos. El deseo de que esta guerra acabe pronto se hace cada vez más lejano. Espérame amor mío, porqué prometo que no habrá nada ni nadie que pueda hacer que no nos volvamos a ver. Saluda a los Steimberg de mi parte y diles que Harold está bien, que lo tengo bajo mis órdenes y que hago todo lo posible por mantenerlo fuera de peligro. Dales también un abrazo a mis padres y a los tuyos, y un beso a mi hermanita Marie. Pronto volveremos a vernos. En cuanto pueda os volveré a escribir; mientras tanto espero con impaciencia noticias vuestras. Con todo mi amor:
Capitán Reinhard Konrad Zumpt.”


Francia, 15 de Marzo de 1918.

"Queridísima Anna:
Después de casi cuatro años de guerra nuestra victoria en el frente oriental se ha confirmado hace unos días por el alto mando. Los rusos han firmado la paz. A pesar de la alegría estamos agotados. Según nuestros generales la victoria final se acerca, ya que nuestros ejércitos del este vendrán a reforzar nuestras posiciones del frente occidental. Según Ludendorff y Hindenburg pronto estaremos tomando café en París, y nuestros enemigos, con las tropas mermadas, no tendrán otro remedio que capitular. Estoy ansioso porqué todo esto acabe y poder regresar a casa. Háblale a Reinhard de su padre. Dile que está luchando por su país y que pronto volverá para abrazarlo y jugar con él. Tú tampoco me olvides amor. Cuando acabe la guerra nos reuniremos de nuevo los tres. Me gustaría contarte más cosas, pero me es imposible revelarte cierta información por si esta carta cae en manos enemigas. Dale un fuerte abrazo a todos nuestros familiares, y como siempre un beso a Marie. Con todo mi amor:
Capitán Reinhard Konrad Zumpt.”


Francia, 6 de Abril de 1918.

"Estimada Marta:
Los alemanes han lanzado una gran ofensiva al norte de la línea del rio Marne, al este de París. Nuestro regimiento se ha desplazado a ese frente para ayudar a nuestros aliados franceses a defender la línea. También nos hemos encontrado con algunas divisiones norteamericanas. Estos yanquis luchan incansablemente y con un valor extraordinario. Nuestra superioridad numérica no parece haber mermado las esperanzas de los alemanes, que ganan palmo a palmo terreno en este suelo baldío. Solo nos queda resistir en esta laberíntica tierra el ataque enemigo, y contraatacar dando el golpe definitivo. En unos días se esperan más refuerzos norteamericanos; recemos a Dios por que lleguen a tiempo. Espero que esta guerra acabe antes de terminar el año. Solo deseo volver a tenerte entre mis brazos y poder darte un hijo. Resistiré por ti, eres lo único que me permite seguir vivo en esta pesadilla. Siempre tuyo:
Sargento John Pearl Lauper.”
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