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Tú eres mi refugio

Tú eres ese refugio
de mis horas de nostalgia
donde mi sentimiento se esconde
cuando extraño tu compañía
cuando siente mi piel de tu piel melancolía
y se va secando sin tus suaves caricias

Tú eres ese refugio oculto
donde mi sentimiento vuela en busca de consuelo
cuando el silencio como niebla mi vivir ofusca
invadiendo y cubriendo mis días por completo

Tú eres ese refugio
donde escondo mi sentimiento
cuando la soledad viene y te reclama
en mis noches de insomnio y silencio
cuando sólo se escucha en la inmensidad mi voz,
mi voz que poco a poco se va apagando
que impaciente antes de extinguirse va llamando
a tu amor, mi amor eterno.

MMM
Malu Mora
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... y despierto

Las alas de la noche
aletean en los oídos
del insomnio,
la luna es un saltamontes
brincando
de cordillera en cordillera;
el cuchillo del silencio
rompe el vidrio
de la cicatriz de mi sueño,
guillotina entre dos mundos,
veneno que batalla
en contra o a favor
de lo que sería,
desde lo que es;
el mar
transpira por cada poro
de mi inconsciencia,
se astilla
el péndulo del tiempo,
mientras nado contra marea
hasta la orilla de mí mismo;
el yo despierto
me rescata,
y con sus mil picos imaginarios
me da respiración de boca a boca;
... y despierto.




~~~~~~~~~~~~~~~
@AljndroPoetry
2018-jun-18
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Despertar

Quisiera despertarme
Despertarme un día, y sin saber por qué, alegrarme.
Alegrarme de saber estoy completo.
Completo sin mentalmente necesitar de capital o amor.
No necesitar de nada más que el aire que respiro, la comida que como y el agua que tomo.
Ser libre, mirarte y que me mires.
Y no verte por tu ropa o por tus tetas
Verte por lo que siento cuando estoy con vos y sientiendo que sentís lo mismo por estar conmigo.
Decirte gracias por venir o por recibirme.
No mentirme ni te.
Que lindo sería despertarme y ser consciente de que mi vida es así.
Que feo que viva en una pesadilla.
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Siempre elegante

Como Hades emergiendo desde la profundidad de mis entrañas,

el otro día casi te deseo el mal.

Pero lo hice bien,

deseé tu caída amortiguada sobre ese lecho neumático,

del color del que nunca tintaría mi cabello.


Lo hice bien, sí.

Porque estando a finales de verano,

una sabe que no puede pedir primaveras tardías,

y hay un estatus de madurez y maestría que mantener.


Para que no corra la sangre, corre la tinta,

y te escribo sobre fases lunares,

con la esperanza de que entiendas mis cíclicos demonios.


No hallarás nada más puro y veraz,

contenido entre curvas y sensuales aromas.


Porque en ese lugar en el que temo tu orden,

yo desordeno la ropa y silencio los insomnios.
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Cuando la oscuridad tiene un minuto de gloria

No duermo con facilidad.
Cierro los ojos y solo veo oscuridad,
no consigo presionar el botón de resetear.
Dejo mi mente expandirse.
En la oscuridad nada muere
ni desfallece,
los demonios se hacen realidad
y tú bailas con ellos
para convertirte en uno más.
Creo escenas sin sentido y sonidos sin igual,
descubro la magia
del pecado carnal.
Pasan las horas,
y mi mente no descansa.
Rememora tiernos momentos
que son mejor olvidar,
reproduce versos y estrofas
que duelen y no paran de resonar.
Visualizo luces
incoloras
constelaciones brillantes,
el universo abriéndose ante mí
cómo una flor florece.
La oscuridad se convierte
en fuente de juventud,
inmortalidad
y
sensualidad.
Aquel lugar
donde solíamos
gritar y
hacer realidad
nuestros
deseos más
banales.
Las preguntas se amontonan,
dudas que hacen que
mi sangre hierva;
los miedos salen y
cobran forma
y yo me pregunto
si es insomnio
o si mi organismo esta
compuesto de
granos de café.
No puedo pulsar el botón,
a lo mejor no quiero.
Me alimento de
fantasmas de poetas
muertos.
El paso del tiempo
pesa sobre mi corazón
y la arena del reloj
me ahoga.
Abro los ojos y
contemplo una grieta
de luz
que muestra
la esperanza
de estar
viva.
El reloj marca las tres
de la madrugada
y mi cabeza
consigue ser reseteada.
La oscuridad ya no significa
nada
y duermo
quedándome
con las ganas
de buscar
aquello que
no pude encontrar.
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Insomnio

Insomnio esperado cual amante secreto
en noches de calma que llega a deshoras,
trayendo sentires que asaltan la mente
llenándola siempre de frases y estrofas.

Aletean los versos en noches de insomnios
sin dejarnos dormir, parece que danzan
queriendo salir y dar forma a este mundo
un mundo que gira buscando esperanzas.

El insomnio simula visiones que aíslan las mentes
que cuentan ficciones o tradiciones pasadas,
historias muy lindas, o a veces embrujadas,
que llegan bailando un vals de palabras.

A veces cansados mis ojos se duermen,
y escuchando al insomnio no quieren seguir,
pero él caprichoso insistiendo consigue
que al sueño renuncie y ya no logro dormir.
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14comentarios 118 lecturas versolibre karma: 109

Insomnio Poético

En el silencio
de una tardía madrugada
donde llueven lágrimas,
cuchillas y penumbras.

En la profundidad
de un simple suspiro
entre cuatro paredes
solitarias y oscuras.

A veces se escucha
el llanto de un corazón
latiendo en arte de poesía.

Entre los versos
y las rimas.
Entre la tinta
y las estrofas.

A veces se escucha
el desangrar de un poeta
y el consumir de su vida.
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Despedida

El viento arrastra
las últimas hojas
del recuerdo.
La ciudad aún duerme
en estas primeras horas.
Pronto despertará
con la luz del amanecer.
Mientras tanto, el tiempo se dilata
y me adentro,
insomne,
en el sabor de tus besos,
en el doloroso placer
de aquellos últimos besos
con los que cerraba todas las puertas,
anticipándome
a una despedida
inevitable,
deseada por inevitable,
doliente,
serena,
todavía sin lágrimas.
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El insomnio de los miércoles

Divago
vago
vagón que no llega
y pierdo otro tren
tu tren
se me escapa una mano
tu mano
la quiero agarrar
pero te alejas
te vas
me dejas
la mano suelta
la herida abierta
no debería existir
mi cuerpo debería morir
ya mismo
en este instante
y mi alma vagar por el mundo
tu mundo
hasta encontrarte
con no más fin que el de arroparte
aunque tú ya no sientas frío
aunque te abrigue hoy otra piel
te rozaré con mi alma
sentirás el escalofrío de mi recuerdo
ese que taladra
ese que aunque tú ya no quieras
hará que se te encienda la sangre
y revivas
porque hoy
para mi
tú ya estás muerto.
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Plegarias para las noches eternas

Ven, pequeña salvación
tan llena de descanso.
Estoy aquí.
Te he llamado mil veces
con gritos, con susurros...
Pero no llegas.

No sé que hacer,
siempre acabo igual.
Cualquier atisbo de poesía
vale para redimirme.
Ven, por favor.
Cierra por fin mis ojos
y permite que la sangre
se detenga y consiga dormir.

Posa tu dulzura sobre mis labios,
prometo besarte despacio
para que no te asustes.
Calma el desvelo.
Haz que deje de girar sobre mi misma.
Lo agradeceré tanto
que no me despertaré.
Todo volverá a ser un sueño.
Lo juro.
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Una noche tardía

No recuerdo demasiado bien aquella noche. El verano había abierto ya sus puertas y yo había abierto las mías hacía apenas un invierno. Sea como fuere, aquella cálida madrugada yo caminaba entre las estrechas calles prácticamente sin rumbo, dando violentos tumbos. Mi única compañía eran el humo de un canuto y medio litro de vodka que fluía burlón por mis venas. Yo, por mi parte, iba sumido en mi propia guerra interior. El eco de mis pasos se intensificaba a medida que la ceniza se acomulaba. Los minutos se esfumaban como espuma de cerveza industrial. Las farolas me alumbraban y me acusaban: ¿Qué haces aquí a estas horas?. Y yo no podía responder, no sabía qué hacía allí, no había ninguna razón por la que tuviera que estar vagando por ahí. Lo cierto es que simplemente sentí una llamada, tal vez el olor del crepúsculo me cogió de la mano y me invitó a salir.
Después de aproximadamente veinte minutos aparecí en la avenida, junto al río, y me senté en las escaleras que daban al paseo. Me sentía muy incómodo, inquieto, y no entendía por qué. Sería la postura, el lugar, el bochorno... el caso es que desencajaba allí por completo. Llegué a pensar que mi objetivo solo era terminar tirado en alguna cuneta o muerto en la orilla del río. Después de largas discusiones interiores descubrí que tampoco era ese el motivo de mi tortuosa estancia en aquel páramo. Resultaba muy curioso cómo el alcohol dificultaba mi hilo de pensamientos, pero el humo que aspiraba lo impulsaba por la vertiente más creativa. Una débil neblina se aproximaba y se filtraba por cada poro de mi piel buscando algún vestigio de humanidad. Pero ya no había nada. La luz que me guiaba por el sendero de lo correcto se extinguió justo el mismo invierno en el que abrí mis puertas. Y yo lo sabía perfectamente. Dentro de toda mi incertidumbre aún quedaban torres en pie. Pero no había nada que me atreviera a afirmar rotundamente, pues nunca se sabe cuándo volverá a asomar la duda.
Me estoy yendo por las ramas. Después de todas esas divagaciones nocturnas propias de mi locura y mi permanente estado de ebriedad, vinieron muchas más, y peores, de manera que se volvía más difícil saltar los muros que yo mismo iba creando. Me levanté del escalón en el que me encontraba sentado bruscamente. Se me nubló la vista por un momento. Y luego me fui de allí, me dirigí hacia el puente para cruzar a la otra orilla. Reptaba una quietud imponente por toda la ciudad. Hasta la persona más ruidosa se habría callado para respetar aquel silencio sepulcral. Yo tenía miedo de perturbar la calma con el sonido de mis pasos. Llegué al otro lado del río torpemente, casi sin aliento y sudando de manera demasiado abundante. O eso creía, porque cuando tocaba mi piel mis dedos no recogían ni una mínima gota. Pero esas gotas estaban ahí, yo las sentía brotar profusamente.
Tras delirar y hablar solo por lo que parecieron semanas (aunque habían pasado solo dos horas), encontré un edificio abandonado, destartalado y sin terminar. Lo miré desafiante, pues parecía que quería atraerme hacia él con el pretexto de entrar a explorar. Ese desgraciado sabía lo mucho que me deleita visitar construcciones en ruinas. Me tentó y yo sucumbí y entré. Los aromas eran diversos. Aparte del hedor de las heces y la... ¿gasolina?... había un olor penetrante que me desarmó por los pies. Me pregunté qué hacía ahí, qué pretendía. Solo podía escuchar cómo se deslizaba para alcanzarme, pero no me decía nada, no me daba ni una explicación, ni una excusa estúpida. No sé, una mínima charla habría bastado para contentarme. Pero no estaba por la labor y yo sencillamente no insistí.
El decadente edificio tenía cuatro plantas, según creo recordar. Dejé atrás el cóctel de fragancias y pestilencias de la primera planta y subí al segundo nivel donde no me esperaba nada más que escombros y una sobrecogedora sensación de frío. En uno de los pasillos había una silla de ruedas olvidada ahí mucho tiempo atrás. La luminosidad de la luna que entraba por las ventanas se teñía de un azul fúnebre. Te juro, compañero, que yo podía esuchar campanas y un lastimoso órgano desafinado pero potente a lo lejos.
El tercer piso era un auténtico desorden. Escaleras que surgían de ninguna parte y acababan en su propia base, ventanas sin forma concreta, totalmente asimétricas. Puertas a las que no se podía acceder, que estaban demasiado altas, algunas estaban tapiadas. Y los colores... Demasiados como para ser asimilados por mi podrido cerebro. Me dolian los ojos de mirar aquello, de intentar comprenderlo. Salí corriendo hacia el cuarto nivel.
La cuarta planta era la nada. La absoluta, imparcial e imprecisa nada. Ni siquiera era de ningún color, jamás sabría cómo describirlo. Ausencia total de todo cuanto cualquiera de nosotros conoce. No puedes imaginarlo, nada de lo que puedas llegar a pensar que era se acerca. No había límites. De hecho, podía flotar si quería, no importaba, nada me lo impedía. Tan solo no podía con ese peso. La nada. ¿Quién lo hubiera dicho?, ¡la encontré!. Pero... eso no me provocó satisfacción. Y tampoco estaba decepcionado. No sentía nada, mis emociones se habían esfumado. Luego mis conocimientos, luego mis recuerdos. Todo se desvaneció como si nunca hubiera existido.
Aún quedaba la azotea, que no era más que un vulgar techo, pero había una pobre escalera para acceder a él, así que subí. Nada más poner un pie en el último nivel del edificio lloré amargamente, y luego reí como un condenado, como un maníaco. Después comencé a temblar y los recuerdos me bombardearon. Habían vuelto. Todo lo que la nada me había arrebatado lo recuperé instantaneamente. Me tumbé sobre las tejas jadeante. Las estrellas eran como los ojos de un enorme monstruo celestial. Se apagaban y se encendían, como si la criatura estuviera cerrando y abriendo sus párpados. El brillo se iba haciendo más intenso conforme mi respiración se iba calmando y poco a poco se fue volviendo difuso y borroso.
Quedé inconsciente y lo siguiente que recuerdo es despertarme en los alrededores del edificio. Yo subí, me recorrí el interior, podría asegurarlo mil y una veces. Pero tú piensas que no subí, que tal vez estaba tan intoxicado que me había quedado dormido en el jardín y había soñado todo eso. Piensa lo que quieras, sé muy bien lo que pasó, estoy convencido de que vi, oí, olí y sentí todo aquello. Solo voy a darte un consejo, chico, creete todo lo que te cuenten sobre la noche y sus misterios, nunca se sabe qué puede pasar cuando el sol se pone.
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Cien años de insomniedad

Se me ha dado por medir la edad, no en número de años, sino en cantidad de noches de insomnio.

Dado que los niños y adolescentes, en promedio, no sufren de insomnio; diría yo que a estas alturas de mi vida, he vivido, al menos, unas mil y una noches de insomnio.

De esas, la tercera parte, quizás, han sido causadas por esos rabiosos, malditos y salvajes, amores perros. Sí, de esos que te muerden las pantorrillas del alma, que te ladran en voz alta en los oídos de los anhelos; de los que te muestran la dentadura y te gruñen enfrente de los ojos de las ilusiones, y te hincan los colmillos en las orillas de la médula de tu esencia. Sin olvidar, por supuesto, que te muerden y desgarran, con calma, con devoto cinismo, el tejido muscular, cada vena y cada arteria de tu pulsante corazón; sujetándolo con fuerza entre sus garras, para que no se les resbale, ni se les escape. Te lo desgarran con inclementes mordidas salvajes, mientras este, inutilmente, desfallecido y herido de muerte, se aferra a latir en tu pecho. Ah sí, a esos les debo, esta parte de mis desvelos.

El segundo tercio de mis insomnios, quizás, me la pasé pensando y volviendo a pensar, en toda la gente buena, seres queridos, y otros desconocidos, que han tenido que partir muy temprano de esta vida; ¿por qué se ha dado eso? Eran en esencia, gente buena; dedicada a sus familias, a sus trabajos, a sus organizaciones religiosas, a hacer el bien antes de hacer el mal; y sin embargo, fueron vilmente atacados por esos malditos monstruos silenciosos, que llegan inadvertidamente, sin ser invitados, se te cuelan en los poros, te carcomen los bordes de cada célula, se van a su núcleo, las atacan, las destruyen, las vuelven locas. Te destruyen el cuerpo, la voluntad; te arrancan los sueños, el futuro; lo estrujan, lo hacen una bola malforme de desechos, los tiran al suelo y los pisan con toda su desquiciada y depravada vileza. Te quitan la vida de a poquito. Ah sí, a esos monstruos les debo, esta otra parte de mis desvelos.

La tercera parte final, la dividiré en tres partes más; de tamaños desiguales que no logro por completo cuadrar.

La primera, quizás, han sido los desvelos causados por todas las injusticias del mundo; las hambrunas, las guerras, los genocidios, la discriminación en todos sus sabores, la intolerancia, la injusticia, el crimen rampante, el atropello flagrante a tantos seres semejantes; la codicia, la avaricia, el abuso a los más débiles. Ah sí, a todos esos bichos indeseables de la conducta social e individual humana, le debo esta parte de mis insomnios.

La segunda parte, quizás, son esos desvelos divinos, de esos en los que sueño despierto y un mundo mejor imagino; ya lo sé, son desvelos repletos de utopías, de seres humanos cuya bondad raya más allá del normal humano, de seres que son como hermanos. Sueños llenos de hermosas colectividades que no sacrifican sus maravillosas individualidades. De seres poderosos que ayudan a los desvalidos. Seres de todos los colores, que son capaces de ver la belleza de cada tono de piel distinto, de cada tinte de pensamiento peculiar. Ven el collage maravilloso de la diversidad de la humanidad. Ah, esos insomnios divinos, de esos quiero más.

Y la parte final, son desvelos llenos de tempestades; pero tempestades de las buenas, estas son tempestades de letras. Sentir que se abre un chorro cósmico en alguna parte del universo, y empiezan a tintinear, insistentemente, esas letras, esos versos, esas rimas, esa prosa divina, esa inspiración. Y en el techo de mi habitación, ver ese agujero que se abre, y esa mano invisible que introduce un embudo en él, y las letras se vierten perennes en ese embudo y llegan como gotas de rocío, fluyen como un río, que desemboca en el centro del alma. Y las siento, y las vivo, y las vibro, y las amo, y se hacen parte de mi tejido, de cada latido. Y al día siguiente, busco un espacio de tiempo, y escribo. Luego de leer y releer todo lo escrito; sin embargo, me doy cuenta que, no le he hecho honor a toda esa inspiración maravillosa, me he quedado corto, he mal esbozado como niño de kinder con su primer pincel, esas letras maravillosas cual pinturas de Rembrandt, cual gemas artísticas de Picasso, cual genialidades invenciones de da Vinci; y apenas me han quedado esos trazos desdibujados, en los que invariablemente, al colorear, me he salido de las líneas.

Y así van mis noches de desvelo, mis abundantes insomnios de vida.

Y no sé a cuantos años de vida equivalen cuantas noches de insomnio. Tampoco sé la cantidad de años de vida que me tiene deparado el destino.

Pero si sé, o eso imagino, que no he de abandonar esta tierra, hasta que no haya vivido, mis cien años de insomni(edad).

@SolitarioAmnte
iv-2017
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14comentarios 160 lecturas prosapoetica karma: 62

Animal nocturno

Convertido en animal nocturno,
al escribir siempre sale uno mismo,
mi mente divaga, surgen pensamientos.
Programar no fue lo mío
y el orden en mi desorden
encuentra colores que no distingue
y gestos discordantes.
Así la tristeza se asentó en mi ojos.
Suelo mirar atrás,
entonces te veo a ti,
y pregunto: ¿quién eres?
un reflejo que evitabas,
que se cubre con esa capa de felicidad.
¿es lo que quieres?
en mi hay un lugar dentro que creo no tener
pero que, incluso así, buscaré.
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12comentarios 110 lecturas versolibre karma: 88

En plena noche

En plena noche
todo parece distinto,
la ciudad duerme ahora
y en un silencio casi litúrgico
el mar huele más,
mientras, el viento no para de hablar.
Los sentidos explotan de emoción
sin poder abarcar tanto raudal.
La luna ,que tan poco duerme,
aporta algo de luz,
y es que la luz se esfumó
para renacer al otro lado.
Casi puedo verte desde aquí,
desde esta odiosa playa.
El insomnio otra vez me la ha jugado
y esa débil sensación de poderío
se desvanece con tu recuerdo.
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2comentarios 91 lecturas versolibre karma: 81

Noche de Insomnio

Noche de insomnio
noche de divagar la mente,
aunque no fumo, ganas de que un humo
se lleve las gélidas palabras.
No puedo conciliar el sueño
pasan los minutos, las horas,
mi mente dando vueltas;
pensando en nada pensando en todo.

Pierdo la noción del tiempo,
de las cosas, de las ideas.
No me quedan más sentimientos
por expresar cuando no son valorados,
las palabras sangran la herida.

La lucha entre la mente y el dolor
han contaminado al corazón,
que busca que alivien este insomnio.

No puedo dormir, pero la causa no soy
ni el ambiente lo que me lo impide,
sino el dolor causado a mi alma,
que sigue gritando algo que nadie oye,
porqué mal suponen que un corazón noble,
es de acero, y no se le permite que se doble
ni dar sonido ni implorar
a sus silenciados gritos desgarradores.

Noche de insomnio, noche de divagar la mente.

MMM
Malu Mora
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Insomnio

Un goteo constante,
pasos en el techo,
ladridos distantes
y un reloj maltrecho

que solo da pasos
cuando no le veo.
Y de nuevo, siendo
en mi cama un reo,

veo una figura
naciendo en la esquina.
--Cálmate --me digo--.
Sólo es la cortina.

Finjo que no he visto
sus ojos brillar.
Decido taparme.
Prefiero olvidar

esperando el día.
Buscando escapar
de una cama fría
sin poder gritar.

Un zumbido seco
contra la madera
Luz ténue hacia el techo,
se acabó la espera.
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Insomne

Al llegar la noche me traiciona la mente.
Insomnio, insomnio inacabable,
deseos locos de futuros mejores,
y pasados idealizados.

Comienzan mi ángel y mi demonio
a hablarme al oído,
a mostrarme el delirio de mis escritos amargos:
entre más cruda es la vida,
más cruda es la pluma que escribe.

Y en esos brotes de esquizofrenia
pienso en la inefable paradoja del presente,
al día lucho por vivir
y en la noche por morir en silencio.

Caído, pero nunca rendido.
Rebelde, pero romántico aún.
Soñador, durmiendo con Peter Pan,
y todavía despierto.

Noche insomne,
blanca luna que aparece y se esconde
en su escote de puta barata.
Nubes incapaces de taparme.
Agua bendita, que maldita no me ahoga.

Noche de lobo, negra,
días de fieras hambrientas.
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Insomnio

Son las 6 de la mañana.
Mi tío ha abierto la puerta de la habitación
y me ha encontrado en la misma postura
en la que me dejó hace cinco horas
cuando entró a darme las buenas noches.
Me pregunta, "¿no duermes?",
¿es obvio no?
Estoy sentada en la cama ojeando vídeos
aún con la ropa puesta
y los ojos como platos.
Le deseo buenas noches
otra vez.
Y lo deseo de verdad. Que descanse,
que sueñe.
Antes de cerrarme la puerta del todo
vuelve a asomarse
y cambia la pregunta;
"¿estás bien?"
Suena preocupado,
o eso me ha parecido.
"Sí, lo de siempre..
..tengo miedo a dormirme"
Pensé mentirle, pero está tan adormilado
que ni escuchar la verdad ha conseguido
una reacción.
Dio por válida mi respuesta
mientras asentía,
y se volvió a su cama,
como si tener miedo a dormirse
fuera lo más normal del mundo..
Y por raro que pueda parecer,
sí,
tengo miedo a dormirme.
Tengo miedo a las imágenes que bailotean
cada noche entre mis párpados
cerrados
y mi cerebro.
Tengo miedo de las voces que me susurran
barbaridades.
Tengo miedo de dejar mi mente a su libre
albedrío.
Tengo miedo de perder la capacidad de distinguir
lo real de las pesadillas,
aunque la realidad también sea aterradora.
Y me da igual que penséis que estoy loca,
yo sólo quiero desearos desde mi insomnio,
buenas noches.
5
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Canción de cuna para no dormir

Te digo, madre:
si Dios existiese
y escribiese verso
sería mi poeta favorito
porque ha escrito
la historia de un pueblo
y su sufrimiento
a lo largo de los siglos.
Mis divagaciones
me llevan de nuevo
a subir una larga escalera
hacia el mismo cielo.
Pero jamás descansarán
en paz las dudas,
las censuras internas
de un ser puramente mediocre.
No cesarán los vientos de ira
que rompen cada noche
mi mundo nuevamente en dos.


Así dieron las doce
cuando aún navegaba
entre dos aguas.
Y cada minuto mi extensa,
insondable y enorme
extensión decrépita de nada
iba apareciendo en mi mente
como el parpadeo
de las luces de un club nocturno.


Y luego la una,
cantando plácidamente
una copla para la madrugada,
me vino a visitar.
Tenía un aroma
como a vino barato
cuanto menos curioso
y alzaba una sonrisa falsa
que tenía un aspecto muy inerte.

Dos alegres manos vienen
a quebrarme el sueño.
¿Quiénes son?,
¡las dos!.
Solo están de paso
y venían a saludar
despertándome en el acto.
¡Maldeciré mil veces
a aquel que inventó
el dichoso número dos!

Tres, tres mares de miel
poniéndose cada noche
en mis sucios labios.
Cierro los ojos, sonrío.
Voy apagando mi respiración
lentamente...
lentamente.

Y no lentamente arribaron...
¡las cuatro!.
Siempre tan histéricas,
todas las noches tan inquietas.
¡Dejadme respirar!,
no puedo,
no puedo correr más...

Cinco lobos aullando
allá en la lejanía.
No, esto no es una dulce
y alegre canción de cuna.
Preparan sus colmillos,
se relamen
pensando en mi carne,
se están aproximando.

¡Seis de la mañana!,
el final del tunel
se ve muy sombrío
y el camino solo tiene
una agónica dirección.
Me queda una hora de vida.

Las siete ayudantes de La Parca,
aquí están para llevarme.
Adiós mundo,
sigue tu curso,
yo mejor cambio el rumbo.
Adiós, mundo cruel... adiós.

Bueno, sin más dilación,
procedo a desprenderme
de las humildes sábanas
de mi lecho.
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