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Soneto a Ángela

Felina es la mujer en toda esencia,
elegantes caminares su delicia,
sutil y sigilosa su pericia,
arisca y delicada su paciencia.

Hermosa y discutible su inocencia,
tiende su fragilidad a ser ficticia,
con bufidos responde a la caricia,
con maullidos atiende a la carencia.

Es la reina de toda la sabana,
las más astuta siempre cuando hay caza,
de toda su manada es la guardiana.

Feroz, cualquier depredador rechaza,
lisonjera cuando le da la gana,
el cielo si al regazo ella se abraza.
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sin comentarios 27 lecturas versoclasico karma: 64

A los de mi cuerda

Sin entender de náutica un pimiento,
sin haber escalado en la vida,
sin tocar ningún instrumento,
puedo asegurar
–y no miento-
que entiendo más de cuerdas
que de cuerdos.
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Felicidad

Tu sonrisa,
la mía,
una mirada,
todo brilla.
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sin comentarios 4 lecturas versolibre karma: 29

Los refugiables

Hay niños con ojos de escarpelo
-como de acero azulado-
y hay hombres con manos de escofina
-como de lija azabache-
que escarpan
       sueños
           en el horizonte
-sin saber que solo son
           comida para peces-.


concursorefugio
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9comentarios 87 lecturas versolibre karma: 124

Vacunadlos contra la depresión

Padres del mundo,
  sabed
que el alma también se acatarra
con un virus feroz,
que cuando no mata
  desgarra.

Padres del mundo,
  intuid
que hay también inviernos helados
en los cuarenta grados de agosto.
Y hay vientos huracanados
que congelan los corazones
que juegan
  desabrigados.

Padres del mundo,
  entended
que no hay jeringuilla ninguna,
ni jarabe, ni pastilla,
ni espray,
donde condensar la vacuna
que les dé la inmunidad
para su primeriza
  luna.

Padres del mundo,
  encontrad
bufandas para la autoestima;
tejed a mano jerséis
que mantengan su calma caliente;
y nunca jamás les dejéis
exponerse en soledad
al frío más punzante
  e hiriente.

Padres del mundo,
  velad
y al ver las primeras fiebres
tiene que verlo el galeno.
Y, por lo demás, ya sabéis:
caldo de gallina y amor,
mantas con gran comprensión,
paños impregnados de ayuda
y mimos para
  el corazón.

Padres del mundo,
  cumplid
con vuestro oficio
  más sacro.
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Amiga Luna, te cuento un secreto

La luna, ese manto blanco
que cubre el cielo de estrellas
y luego sonríe
con una creciente boca abierta.
Me gusta olerte,
oler el perfume de tus uñas
cuando te rascas las esencias
y disfrutas de nuestra felicidad
con el aroma de la vida,
la Vida Eterna.
Besar tus bostezos,
abrazar tus ronquidos,
saborear tus legañas,
son detalles que no dejo a la ligera
porque son míos,
son nuestros tesoros
como yo te santifico a ti
preñándote en un trono para tus pies,
y un palacio para tu melena mañanera,
esa que suavemente acaricias
cuando nos transformamos en engreídos románticos,
esa que con mi furioso amor, siempre despeinas.
Mi romanticismo,
cuando te mantienes petrificada
como si fueras Medusa, quieta,
lo moldeas con sonrisas furtivas
hasta convertirlo en lujuria perfecta,
te me haces de rogar,
y luego yo peco de sicalípticos poemas.
Amor que tanto no sé amarte,
me encantaría rugirlo ante tu presencia,
que la Tierra nos envidie
cuando lo chille como el primer colono que gritó:
“¡Dios bendiga América!”.
Mis poemas, hundidos en tus cuar-tetas,
no podrán procurar historias
con sus bocas nutridas de ti
ilusionados como Romeo y Julieta,
embellecidos al igual que las esculturas de los Antiguos,
esas de Grecia,
o también tan entregados como Cervantes a su Quijote,
una obra maestra,
o el hombre a la mujer,
Adán y Eva.
A veces la elegancia no es siempre quedar bien,
sino soltar toda la despensa,
sin arcanos, tapujos, rodeos
ni tampoco frases hechas,
y así se conquista más
aunque no se crea,
sutil y deseoso,
delicado y apasionado,
todo en un equilibrio,
en ese que tanto me enseñas.
Así es la vida:
yo soy tu arma,
y tú, mi mejor defensa.
Con esto te digo
que eres pura envidia,
envidia de todas esas
que hierven de pasión descontrolada
al escribir todo esto, atrevido,
que tú y solo tú, eres mi dueña.
Contengo tu mirada,
veo en ella mi orgullo,
lo poco que tengo de poeta,
de humilde soberbio
y de impaciente amado que siempre te desespera.
Pero he ahí el verdadero amor,
el de almas gemelas,
que mientras mi nariz huela a tu imperio,
mi lengua conserve tu sabor
y mis ojos, tus ojos,
yo habré alcanzado lo que siente Dios
cuando sé que me amas día a día,
con todas las letras.
Así que, amiga luna,
me guardas este secreto,
desea a mi amada felices fiestas
y, aunque estés a vista desnuda de todos,
quiero que mi todo, se lo des, por favor, a ella.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Esencia oscura

Cuando la oscuridad salió a la luz,
un árbol de Navidad dejó de brillar,
miles de lágrimas dejó caer,
una familia reunida,
los murmullos cogían fuerza,
la esperanza parecía fluir
al igual que la asimilación de
que cualquier cosa podía pasar,
miles de noticias llegaban,
personas sin aliento de un lado a otro.

La vida estaba cambiando,
estaba cambiando la manera de pensar,
la manera de asimilar las cosas,
ya nada era igual.
Ya no había sonrisas verdaderas
ni lágrimas de felicidad,
tan solo una máscara para que el héroe no se ausentara,
tan inocente flor llena de oscuridad,
sus inmensas ganas de que todo pasara,
su inocente mirada sin saber nada,
con ganas de vivir y volver a su naturaleza.

Si supiera la maldad que recorre su cuerpo,
no querría estar donde está,
pero lo que no sabe es la falta que hace,
es como la medicina que le hace falta al enfermo,
como el agua a las plantas,
como la comida a los humanos o
como un ABUELO a sus hijos y nietos.
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No seré más que cenizas

Si me voy y no me encuentras, no me busques,
yo estaré en la raíz de alguna estrella.
Viviré lejana, eterna, pero libre
y quizá mire hacia atrás y aún te vea.

Si me voy y no me encuentras, no te enfades.
No pretendo abandonarte si a mi vera
se mantiene tu recuerdo como mimbre
y quizá, si te lo digo, tú lo entiendas.

Si me voy y no me encuentras, no me llores.
Si me lloras tú yo vuelvo entre barrotes.
Yo reniego de mi árbol,
me deshago de mi bote,
vuelvo a ser lo que yo era
y quizá, así, lo notes.

Si me voy y tú me encuentras,
si me lloras y yo vuelvo,
no seré más que cenizas;
tú serás mi cenicero.
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11comentarios 103 lecturas versolibre karma: 117

Siento

Siento, que me achicharro en este invierno,
chamuscado al relente de tus besos,
y sigo, devanándome los sesos
solo por no mandarlo todo al cuerno.

Allí, donde juraste amor eterno,
donde dimos aliento a los excesos,
amando como auténticos obsesos
entre las frías llamas del infierno.

El humo de esas llamas es un velo,
tan negro, que oculta en ellas nuestro ego,
y lo que fue ardor ahora es anhelo.

Siento, como por fin de ti reniego,
siento perder tu sexo, que es el cielo,
y siento, sin ti, dar palos de ciego.
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4comentarios 66 lecturas versolibre karma: 127

Boleto de tren

Quiero perderme en la distancia
que separa mi existencia
de un instante perfecto.
Relativamente extensa,
tan sólo la abreviaría
con un boleto de tren.
¿Qué importa un manojo de metros
si, al final del camino, encuentro
el intenso sabor de momentos
que me hacen sentir bien?
¡Qué importa la distancia!
Quiero perderme otra vez...

LórenCe
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Muna

No sé cómo lo hizo.
No tengo ni puta idea,
pero me abrazó de esa forma...
y yo me sentí en casa.

Y aunque no sabía volar,
me pinté un par de alas,
como de golondrinas,
eternas viajeras en busca
del calor, del hogar...
para migrar a esos brazos
cada vez que mi esencia
necesitara refugio.

[... ya aprendería en el camino,
a tientas y a los golpes,
aunque me estrellara mil veces
los dientes contra el destino...]

Y aunque no sabía volar,
me pinté un par de alas,
como de primaveras,
para viajar a esos brazos
cada vez que mi cuerpo
pidiera florecer.

No sé cómo lo hizo.
No tengo ni puta idea.
No sé si fue por el tacto.
No sé si fue la manera...
pero allí me quedé dormida,
y por primera vez en la historia.
Anidé en un pecho
y descansé sobre él
todos mis sueños...
todos mis vuelos...
toda mi memoria.

LórenCe
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12comentarios 106 lecturas versolibre karma: 111

Ametrallada

Haces que crea que alzarás un puente,
que estirarás el brazo para tocarme a la mañana
y yo cerraré los ojos
hasta que el viento susurre 'duerme'.

Pero no eres más que promesa ausente;
humano, cierto y triste, verdad enmarañada.
Indiferencia o despiste
que por no ser agua, duele.

Y sé que es así como funciona, al verte
en tus manos no cabe el vacío y se aclara
cuando caes en mi.
Yo me pierdo en tus redes.

Por ti me dejo llevar, deleble,
erosionando en palabras que siempre callan
entre ojos distantes.
A mi me ametrallan
y en mi
se mueren.
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La esencia del amor...es invisible a los ojos

Es algo etéreo, gaseoso,
es aroma que se impregna,
no responde a la ciencia
porque al verla es todo química,
de la mezcla de los cuerpos, consecuencia.

Si ella me falta,
es vivir en la indigencia,
mísera vida con carencias.

Y también es la locura,
porque no tenerla, es caer en la demencia,
cruel herida, atroz dolencia.

Un rubor, es un sofoco,
es sonrojarse en su presencia,
si le verso, es la cadencia,
es la boca que a mi boca
con los besos la silencia.

Es pasión, es marejada,
un vaivén de infinitas turbulencias,
es el sexo, donde rige la indecencia.

Y no rendirse, y es la insistencia,
y cortejarla con paciencia,
poco a poco, con prudencia.

Es la grata convivencia
del disfrute de las miles de vivencias,
el meollo de la vida,
es el fin de mi existencia.

Y no se si es amor,
más tiene su apariencia,
porque, aunque a los ojos invisible...
su fragancia, su sustancia…es su esencia.
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Pensamientos de inexistencia

He pensado que, ya que nos vamos a morir, que sea liviano.

Los párpados que aún vagan por la playa,
verano lamiendo las heridas,
cucuruchos entre bloques de hormigón
y malos besos de infancia.
Melancólica melodía para flauta dulce desafinada,
con dedos de alambre
tapando las negruras de la vida sin atino.
Suena la muerte entre las rendijas de una persiana mal bajada
que, a duras penas, oculta del sol la soledad
de un cuarto en ruinas y un corazón batido.
Maratón de taxis por la gran vía de un pueblo herido,
la sangre barriendo salvaje briznas de verde tierra
hasta desaparecer en una balsa de sonrisas fingidas
y pelo de visón en los semáforos.
Es nochebuena en agosto,
lloran a la mesa los perros de arrugado hocico y cadera pisada.
Con suspiros entre ladrido y ladrido plañen
por unos instantes
más antes de que el blancor de una sala aséptica les cierre los ojos
y apriete los dientes.
Por los que vienen y por los que se van,
aúlla discordante la manada que queda,
la manada que late,
la manada que es.

He pensado que, ahora que por fin nos morimos, es mejor olvidar
y que caiga el telón de los años.
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5comentarios 95 lecturas versolibre karma: 116

La Judería de Sevilla

Mara, Judith y Sara,
reinas de la Judería ,
se escapan entre las paredes
encaladas de luz y plata,
y confundidas por jazmín
se ponen a reír
como ríen las fuentes de agua.

Y a la luz
del candil del Alcázar,
tomado por el rey Don Pedro,
¡El Todopoderoso guarde,
pues gran favor hizo
a Nuestro Pueblo!
se echan a cantar
como cantaba el rey David.

Dicen ellas que han visto
por entre unas rejas,
a Doña María de Padilla,
hermosa como una mañana,
bañándose en el agua clara
de la alberca del Alcazar,
y que el agua era perlas fundidas
y su traje, romero y lavanda.

Dicen ellas que saben
que el rey ha hecho para ella
otra alberca más larga
en los sótanos del Alcazar
para que sólo los ojos del rey
tengan el privilegio de mirarla,
porque ella siendo joya,
tiene a muchos que quieren robarla.

Y tiene el rey celos del jazmín,
del romero y la lavanda,
del naranjo y el limón,
que la tocan sin quererla,
y que la besan sin amarla.

Si dicen la verdad o si engañan
sólo ellas lo saben,
mientras se ponen a reir
como ríen las fuentes de agua,
Mara, Judith y Sara.
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Te extraño

No sé dónde estás,
no tengo noticias tuyas,
¿qué harás?
A veces pienso que me has abandonado,
que me has olvidado ya,
pero sé que es mentira,
todo eso no es verdad
porque siento tu omnipotente amor por mí,
mi mujer tan llena de nuestra felicidad.
Estoy angustiado,
es una atrocidad
el no saber de ti,
no saber de tu voz tan pasional...
Te necesito
y sin ti no puedo vivir en esta ebriedad,
una romántica y excesiva
que solo a ti te debo dar.
¿Me extrañas tanto como yo a ti?
Necesito oler tu eternidad...

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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La Sierva de Judith

Como si fuera un seco espantapájaros
sediento de la sangre que derrama
la espada de la mano que cercena
la garganta del Tirano de su Ama.

Aguardando con las manos en la manta
que amortigua la caída de la grana,
y se relame con la vista en la muerte
y cuenta las arrugas de su cara.

Oh, Sierva de Judith ¿Qué tramas?
A espaldas tan lozanas de tu ama,
apoyando tus negruras en su laca.

¿Lamerás también metal y espada?
¿O arrastrarás callada el cuerpo inerte,
invitando los gusanos a tu casa?
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Magia sin truco

Llegas y arrasas,
huracán de una eternidad
que llevaba esperándote.

Primer verso escrito
y aún no me lo creo.

¿Me dejarás en tu boca
o frente al altar vestida de blanco?
Mejor no pensarlo, herido diario,
que no te desangre
ni aún soplando a milímetros,
pues conoces al viento
y a tu corazón embustero,
tan falto de amores verdaderos,
incompatible con los que aparecen por noches
y al alba se marchan
sin mirar hacia atrás
aunque se dejen en tus labios
conjugaciones inexactas
de predicciones inciertas
que nunca erran tus pasos.

Así que esta vez camina despacio
y si encuentras magia sin truco
con la que pretenda hipnotizarte,
deshazte del miedo y recuerda quién eres.

Bésala,
cierra los ojos
y abrázala
hasta que al mirarla te sienta
como la quieras amar.

- ¿Qué dices, poeta? ¡Se marchará!
- Olvida estos impulsos que se saltan el compás.

Mas no te detengas
a pensar en su risa
hasta ahora indiferente
para tu melancólico hastío.

Quizás, todas ellas
hayan sido presentes,
pretéritos simples de verbos
que nunca se hallaron reciamente consolidados,
ni por redobles de cánticos
ni por poemas de Bécquer
que desataban consonantes
tu afán por pintar golondrinas rigurosamente.

Y a lo mejor, cansada de poesías,
que rechinan insólitas
en la métrica quejica,
lo que la vida te ofrece
sean sus ojos haciendo juego sin rima
en satírica que despierta en ti cada día
el hecho de necesitarla sin motivo aparente.

Es didáctica,
nomenclatura científica,
prosopoética ausente,
discordante imaginativa
con la clásica melodía
que deniegas a tu corazón ilegítimo.
Y, sin embargo, feliz por hallarle la cura
al que eligió ser artista
sometido a su propia tortura.

Historia sin prólogo
que te hace sentir extraterrestre,
y ella incompatible
con la infelicidad del absurdo poeta
que te lleva al fracaso.
Filosofía tampoco.

¿Qué será?

Quizás, tan solo sea
la asignatura pendiente
que nunca has aprobado
en eso del amor
por deshacerse de ti a tiempo
en el baile de graduación.
Entretanto por la falta
de corazón incompatible
para el sinsentido con el que bañabas
antaño tu razón.

Y, ¿si ha llegado?...

Sin roles adquiridos
ni congénitos propios
de quien haya nacido
para ser musa de un artista.
Simplemente, ella,
con nombre y apellidos,
sin cuento que la encasille
para incitar tus sentidos artísticos.

“Ojalá sea ella mi mejor regalo”
sueñas a su lado toda la semana
y cómo decírselo
si nunca es el momento
aunque siempre se halle bailando en tus brazos.

Tal vez esta vez se aleje primero
por dejar que tu mente interponga vuestro vuelo
y llegarás a deshora aunque la tengas al lado
porque tú, corazón cobarde,
siempre has faltado
donde empieza el miedo.

Así que ahora corre
y lucha por ella.
Pregúntale
si tiene truco para mirarte
como tú la miras.
Deja que vuele,
que se quede en blanco
y enséñale que la magia
se revela con labios
que aunque aún no se conozcan,
se llevan toda la vida buscando.
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sin comentarios 400 lecturas prosapoetica karma: 33

No llegas

Otra taza de café
y de mis hombros cae la tela.
Ven, que vengas te pido.
Aunque no me escuches, llega.
Oprime tanto este vacío
tan candente, a la espera.

Bajo los párpados te veo
y en mis sienes te desato.
Se me escapa un suspiro
de entre la mente, en tu regazo.
¿Cómo paro mis sentidos?
Llega pronto, llega, vamos.

Me recorre la serpiente,
ávida de mi, sin dientes.
Desaparecen mis manos,
la luz se apaga, me deshago.
Sé que no puedes, no vienes,
no llegas, yo lo hago.
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