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Consustancial

Para siempre perduran los sonidos,
derriban aquél tiempo por costumbre,
murmuran persistentes, certidumbre,
viajan en la voz no dicha, escondidos.

Desgastan los segundos convergidos,
sin ayer ni futuro que vislumbre,
el grito del silencio: incertidumbre,
llenando los espacios comprimidos.

Tu voz sigue el sendero del destino,
envuelve presurosa la distancia,
rompe tiempo y materia en su camino,

bañando con su paso y su fragancia,
mi ser se desvanece mortecino,
inicio por tu espacio, en consustancia.

© EPadrón
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2comentarios 46 lecturas versoclasico karma: 84

Indecible

Que cuánto te quiero me preguntas,
y yo solo sé que te quiero lo indecible,
te quiero tanto, te quiero...
Con el amor más sublime,
bello y puro que haya sentido jamás.
Lo sé tan claro, porque te siento,
en la vibración mayor, la del alma.
Porque a tu lado siempre tengo un motivo
para reír o llorar de felicidad.
Porque eres la pieza imperiosa, única,
que falta a mi puzle para ser total.
Cuando tu voz resuena,
mi mente se olvida ya de razonar y te sigo,
cual faro en plena tormenta de noche negra,
la única estela para no naufragar.
Tus manos son mi sostén, mi refugio
y el delirio que me lleva,
mimetizando la silente danza nuestra.
Te quiero tanto que no hace falta
romper el silencio para entendernos,
somos espejos. Somos reflejo.
Te quiero y sé que este amor no acabará,
es eterno como la magia que nos sostiene.
Te quiero como nadie te ha querido,
con un amor genuino,
que no conoce final.

EPadrón
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sin comentarios 37 lecturas versolibre karma: 93

El tiempo y yo

A veces soy el agua que viaja
por el espacio y el tiempo,
a veces soy el cometa que diviniza esas tinajas
de las que bebe Dios: mis rezos.
Me veo pintado en un cuadro sin alma,
que luego le grita a Munch: “ya soy viejo”.
Horrorizado en el universo que ya me cansa,
despierto a los brazos de ella, mi amada de fuego,
que me cuenta su amor en forma de arca,
en forma de “hola” y besos…
Continúo mi esperanza
latente en su corazón eterno,
en ella y toda su magia;
su felicidad es mi amor perfecto.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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2comentarios 41 lecturas versolibre karma: 99

Estampas de un Mundo Flotante

La seda roja, cortada a medida
para el traje de la Cortesana Miko,
el Obi plateado, que cae
como cascadas bordadas
por las graciosas espaldas de las damas,
la pagoda que rompe el horizonte,
loado sea Buda por su factura.

El monje Nobu mira desde las alturas
en el pabellón recién construido
a las floridas mujeres
y adustos varones
que se entretienen en el Samsara.

Por allí se ve a la Flor de Edo,
bajo el árbol de glicina,
encendiendo un Kiseru.
Y en la baranda del pabellón
está como absorto
Hokusai,
¿Qué planeará de nuevo?
Utaemón, famoso Onnagata,
toma té con su patrón,
mientras que el atrevido Musashi
busca, pendenciero y fanfarrón,
desenvainar la espada.

Y de pronto, Nobu recita un Haiku:

"Edo, Gran Ciudad,
Seas Real o Sueño,
No me despiertes."
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Mírame

Mírame, mírame y no me sueltes,
Que no quiero caerme,
Que no quiero perderme.
Sólo quiero sumergirme en tu mirada,
tu mirada de universo estrellado,
y viajar por tu cielo nocturno.
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Amar

¿Cómo sabes cuándo amas?
Un latido te lo grita
un latido de dos cuerpos,
con un solo corazón.
Un canto sincronizado,
esbozando una sonrisa
un latido que te estalla,
junto a la respiración.
Las miradas que al cruzarse,
provocan leve temblor
los cuerpos sienten y vibran
y danzan el mismo son.
Y una lágrima que brota,
de total felicidad
cuando ese beso soñado,
al fin se hace realidad.
Sabes bien cuando se ama,
cuando te sobran palabras,
para quien te lee la mente
y puede hacer de algo simple,
lo más bello y estridente.
¿Cómo sabes cuándo amas?
Porque Dios mismo te toca,
a través de ese otro ser.
Porque una chispa divina
enciende ojos y voz,
renace en romance eterno
y te nubla la razón,
te dona un alma gemela
y te muestra su poder,
te otorga un trozo de cielo
y baña más que tu piel.
Sabes bien cuando se ama,
porque no basta un lucero
ni besos, ni intimidad,
sino vivir a su vera,
andando el mismo sendero.
Porque es un mismo destino,
el que falta caminar
y murmurar en sus labios,
los millones de te quieros,
ésos que brotan radiantes,
del centro del corazón,
que te otorgan la certeza
de estar en sitio correcto
y dejan claro en tu mente,
un futuro placentero,
los te amos que guiarán,
pasos de ancianos amantes
disfrutando taciturnos,
las noches y los luceros.
¿Cómo sabes cuándo amas?
Sabes bien cuando se ama,
porque hay un sitio perfecto,
donde quisieras vivir,
al lado de tu reflejo,
ese ser que ha sido espejo,
de tus penas y alegrías,
quien te amó del mismo modo
y te hizo tan feliz.
Sabes bien cuando se ama,
porque al tacto de sus manos,
y al calor de su regazo,
tienes claro sin dudar,
que ese es el sitio exacto,
donde deseas morir.

EPadrón
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2comentarios 24 lecturas versolibre karma: 67

Muda Danza Otoñal

A Albert Camus,
y a lo absurdo de quererle dar sentido a la muerte (de una hoja).


La muda danza de hojas amarillas:
del mundanal vivir, tan colorido,
van en mudanza triste y sin sentido
a la esperanza de otras maravillas.

Están desnudas ramas y ramillas,
y el suelo está abrigado por vestido
de hojas muertas: ¿su espíritu perdido
logrará divisar nuevas orillas?

¿Y si su alma foliar no se despierta?
¿y si tal cosa ni siquiera existe?
tal vez tan solo sea una hoja muerta.

Nuestro otoño no tiene que ser triste:
no es un principio, ni una puerta abierta,
es solo un vendaval que nos embiste.
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12comentarios 85 lecturas versoclasico karma: 103

No llegas

Otra taza de café
y de mis hombros cae la tela.
Ven, que vengas te pido.
Aunque no me escuches, llega.
Oprime tanto este vacío
tan candente, a la espera.

Bajo los párpados te veo
y en mis sienes te desato.
Se me escapa un suspiro
de entre la mente, en tu regazo.
¿Cómo paro mis sentidos?
Llega pronto, llega, vamos.

Me recorre la serpiente,
ávida de mi, sin dientes.
Desaparecen mis manos,
la luz se apaga, me deshago.
Sé que no puedes, no vienes,
no llegas, yo lo hago.
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Amor platónico

Pasas delante de mí, me oculto
y no te conozco,
pero deseo estar a tu lado,
¿no resulta irónico?

Me miras, sonríes y saludas,
se enciende mi rostro
del tímido color vergonzoso,
de un pálido rojo.

Y sigues, sin parar, tu camino,
jovial y con gozo,
y yo quedo dolido y lloroso,
hundido en el lodo.

Contrastes del amor imposible,
quizás misterioso,
de ese joven soñador romántico,
por siempre platónico.

No ser correspondido difiere
con querer a fondo,
y un corazón que late fogoso,
con corazón roto.

Como el viento que arranca las notas
en un dulce soplo,
y torna en un quejoso lamento
con su silbo ronco.

Como esas lágrimas transparentes
que vierten los ojos,
y semejan al tibio rocío
llorar tembloroso.

Como lánguidas hojas que caen
en un nuevo otoño,
al manto dorado
que parece de oro.

El contumaz y retumbante eco
que me deja sordo,
pensamientos que angustian la mente
gritándome a coro.

Así fue mi amor idealizado,
sutil, sigiloso,
dañino, cruel, oculto en la sombra,
pero...tan hermoso.
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Soneto a la Indiferencia

Alfombras de asfalto asfixian la tierra,
los bosques desnudos visten las casas,
hay minerales que alimentan brasas,
despojada de piedra está la sierra.

Un cuervo que grazna, un ciervo que berra,
no hay llanto que escuchen las orejas lasas,
sordas y ciegas se encuentran las masas,
silencio y, furtiva avanza la guerra.

Dadme placebo de ladrillo y cables,
protegedme con luces de farolas,
ataviadme con ajuares sociables.

No me importa el zambullir de las olas,
ni las vidas marinas venerables,
ni lo hermosas que son las caracolas.
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Invierno boreal

Te han liberado,
magia verde invernal,
alma del mundo.
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Me libero de ti

Déjame escucharte una última vez,
quiero grabar en mi memoria tus últimas palabras
para recordar que valgo más de lo que me hiciste ver.

Ya no temo a tus provocaciones
ni a tus amenazas de sumergirme una vez más
entre esos callejones sin salida que aparecen
cuando tomas el control de mis pensamientos.

No me apetece volver al mismo juego
de ver quién aguanta más las mentiras,
no quiero humillarme otra vez ante ti
por querer que haga lo que no me sienta bien.

Me cansé de ti
y de todas las veces que me lanzaste al vacío
olvidando que te había dado mis alas
para que no volvieras a caer en tus miedos.

Ahora soy más fuerte
y he reconstruido mi propio vuelo.

No necesito de ti
ni de ninguna de tus palabras vacías;
ya fue suficiente
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10comentarios 85 lecturas versolibre karma: 91

Trabado en el lomo

En lo alto de la tarde va alterado
un sol que tatarea su tortura,
media luna de arena seca y dura
que ilumina la sangre del costado.

El alto altar del toro ha tolerado
todo el ardor de un lomo que supura,
gana la sombra al sol y a la ternura,
gana el dolor torero y tan dorado.

Sombra, sol y dolor, toro y torero,
y alboroto notorio del gentío,
matador en rodado matadero.

Aturdida por gran escalofrío,
perforada por golpe tan certero,
ya recorre la muerte el graderío.
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He nacido

Con el vientre hecho magia,
con su mano en el mártir
de una madre consumada,
con esos dedos de la verdad,
del misterio en uñas ensalzadas
masajeando el Origen,
la Vida en su causa,
y luego el milagro:
una patada.
"¡Ahí viene!",
gritó una desesperada
cuando atisbó una divinidad
bajar del cielo de las santas
para caer a la Tierra:
este planeta será su mayor nana.
¿Y la cuna?
Los brazos de su amada.
Con un chillido desgarrador
dio a luz la fuerza encantada,
el parto como campo vasto
con miles de animales en su vía láctea.
El sol, energía pura,
era toda mi España
vigilante a esta espera
de que Dios cante: "¡ya nazca!".
Cuando ella ya lo tenía a su merced,
él ya lloraba,
cegado por lo desconocido
y silenciado por la sonrisa de su madre exhausta.
"¡Hijo mío!".
Ese exclamo de ella, mi cuidadora hecha savia,
la madre de mis poemas,
la hija de mi saga,
ese exclamo de ella
dio naturaleza a mis palabras
y a este poema
para mi alma gemela: mi Eva poetizada.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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2comentarios 53 lecturas versolibre karma: 96

De mi

¿Qué me pasa en mi vacío
que me aterra y me amansa?

¿Qué ocurre en los inicios
sin ruidos y sin trampas?

¿Qué tropieza con mis pelos?
¿Son mis manos o mis zarpas?

¿Soy de aquí y nunca me he ido
o soy de mi y me falta casa?
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sin comentarios 54 lecturas versolibre karma: 96

Miradas

En los ojos que se cierran,
los luceros de la cara
si entornados ya no brillan,
son las lunas que se apagan.

O se encienden de repente,
despertando como el alba,
y es abiertos cuando lucen
y fabrican las miradas.

Las tímidas, las esquivas,
las de mejilla rosada
que derriban a los párpados,
las que esconden las pestañas.

De soslayo, las furtivas,
las que dicen lo que callas,
chispeantes y sutiles,
las que a tu lado me arrastran.

O esas tristes y vidriosas,
de lágrimas anegadas,
de las perlas transparentes
que las pupilas derraman.

Circunspectas o vacías,
las perdidas en la nada,
las que seca la locura,
miradas enajenadas.

También las hay cristalinas,
tan nítidas y tan claras
que al mirar lo dicen todo
y te desnudan el alma.

Miradas al horizonte,
en ese punto clavadas,
son limpias y pensativas,
las colmadas de esperanzas.

Poderosas, cegadoras,
retadoras o que matan,
cándidas o desafiantes,
cómplices y vivarachas.

Y sobre todo amorosas,
profundas y apasionadas,
poderosas, seductoras,
las que besan..., las soñadas.
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Soneto a la globalización

En los bosques, árboles sin raíces,
en los ríos, aguas sin trayectoria,
en las urbes, huérfanos de su historia,
y en las casas, idénticos tapices.

Para el fuerte, no hay filtros ni tamices,
creyendo que a su sombra está la gloria,
abriga su calor a la memoria,
marcando está su viento directrices.

La torre de Babel se está cayendo,
las manos de los hombres marchitadas,
los reyes de los cielos ya muriendo.

Las luces de los pueblos apagadas,
pues toda variedad se está extinguiendo,
y nuestras voluntades reguladas.
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La Judería de Sevilla

Mara, Judith y Sara,
reinas de la Judería ,
se escapan entre las paredes
encaladas de luz y plata,
y confundidas por jazmín
se ponen a reír
como ríen las fuentes de agua.

Y a la luz
del candil del Alcázar,
tomado por el rey Don Pedro,
¡El Todopoderoso guarde,
pues gran favor hizo
a Nuestro Pueblo!
se echan a cantar
como cantaba el rey David.

Dicen ellas que han visto
por entre unas rejas,
a Doña María de Padilla,
hermosa como una mañana,
bañándose en el agua clara
de la alberca del Alcazar,
y que el agua era perlas fundidas
y su traje, romero y lavanda.

Dicen ellas que saben
que el rey ha hecho para ella
otra alberca más larga
en los sótanos del Alcazar
para que sólo los ojos del rey
tengan el privilegio de mirarla,
porque ella siendo joya,
tiene a muchos que quieren robarla.

Y tiene el rey celos del jazmín,
del romero y la lavanda,
del naranjo y el limón,
que la tocan sin quererla,
y que la besan sin amarla.

Si dicen la verdad o si engañan
sólo ellas lo saben,
mientras se ponen a reir
como ríen las fuentes de agua,
Mara, Judith y Sara.
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De Dolores también se vive

Te despiertas cerrado como un puño,
y ya miras a la noche en tu cerebro,
te revuelcas en la cama como un cerdo,
y ardes como veinte leños contra uno.

Observas el mundo desde el sueño,
repetido incesante como los días
que pasan entre sí cortando vidas,
y ofrendas a la cuchilla tu cuello.

Pero te gusta cortarte con tu lengua
farfullando a esa noche y a ese sueño,
mientras la luna en la ventana mengua,

Y mientras el mundo viaja tan libre
tú en tu cama te cargas de cadenas,
sabes que de Dolores también se vive.
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Alborotada

Alborotada como mi pelo
quizá necesite un peine,
pero me peino con los dedos y desenredo
poco a poco lo que duele.

¡Que se queden las canas y se ricen si llueve!
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