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La sombra

Mirando el reloj,
De la sala,
Sentada en su sofá
Doña flor,
Mira las horas pasar
Como si quisiera,
detenerel tiempo,
Tratando de entender el
El mundo,
Porque su mente se alejo de el
Sus infinitas interrogantes,
Sus aterradores miedos,
Sus angustias a la soledad,
Sus llantos repentinos,
Llenan mi alma
De dolor y tristeza
Ya no hay vuelta atrás
Poco a poco sus recuerdos
Se van, se esfuman
Y todo se va tornando
Confuso…
Ya no hay lógica
En su vida…
Ya no hay tiempos,
Ni espacios.
No me dejes sola¡¡¡¡¡
Es el grito
Que destroza mi ser..
Ya no sabe quien es…
Pero yo si sè quien
Le roba sus recuerdos,
sus sueños.
es una sombra que la
Acecha a diario
Hasta dejarla,
Totalmente vacía.
El abrazo, es la medicina
Para su soledad…
El amor, el mejor
Complemento…para su vida

Romántica..
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El Miedo y Yo

Lo que más miedo me da,
es temblar de miedo
y del mismo temor saco fuerza
para poder ahuyentarlo
mientras el miedo
como fiera tras su presa
se toma su tiempo,
para paralizarme de pánico
regresar y volver a atacarme,
y así nos pasamos la vida.

Él como fiera atacando
busca atraparme a muerte
yo como presa huyendo
luego me canso, paro
me tomo mi tiempo,
valiente aunque tiemble
respiro profundo
luego le hago frente
golpeándole con las armas
que me da la vida,
que me da el sentimiento
que me da el miedo
porque el mismo miedo
es el que me hace fuerte.


MMM
Malu Mora
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10comentarios 155 lecturas versolibre karma: 113

El miedo

A veces pienso que la vida es como una especie
de esqueje
en fuel imberbe:
el ácido desconoce su fulminante impacto,
y el tallo su ingrato sulfato…
¿Hubo deshonor, ambición o sublimación?
Puede que todo fuera una agónica patraña
de alianzas adosadas
en sol de madrugada.

Rocas en mi boca,
sal en mi mirada,
tacto relámpago
que en infarto
me acuesta en el verde manto.
Verde que no es esperanza
sino nostalgia;
que acude plomiza en vigilia,
y en noches en las que siento tu brisa
Irisada y catarsis del magma.

El miedo es un
Inconcluso
recluso
clónico en sentimientos convulsos.

Marisa Béjar, 01/12/2017.
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Amar y vivir es la misma cosa

¡¡¡Dios!!! Acabo de leer un poema oscuro; pero hermoso sobre ella.

La hermosa oscuridad de la Muerte —vista de lejos, obvio— con su languidez espárrago virginal, no tocada nunca por labios de soles terrenos.

Fría... indiferente... implacable... inesperada... insólita e intrusa además.

Arrebatando las ganas de amar a destiempo. ¡Si!, cuando nos descubrimos ya tarde que podemos amar, que sabemos hacerlo, torpes; pero lo hacemos como dando pininos de quien comienza un juego que quiere y no sabe... tras haber perdido el tiempo de la vida así como el miedo a nosotros mismos y arrojar al viento toda nuestra suerte en un "No tienes nada que perder. La cosa es aquí y ahora".

Es ese riesgo de exponer el cogollo, ¿sabes? La cebolla hecha de pétalos núbiles buscando el afán en el sabor de otra boca tierna; amalgamándonos (como el mercurio) en el metal de otro cuerpo cautivo en ese mismo miedo que nos tirita a todos.

Y entonces... llega ella y nos corta el hilo dorado desde la raíz del ombligo, y ¡¡¡Zas!!!, un sólo corte en seco, apagando de un soplo esa vela vital como quien espanta una pelusa que viene a estorbar al rostro, o sea, sin miramiento alguno.

El verdadero miedo que yace en el fondo de la vasija no es a la Muerte misma sino al miedo a no amar... a no poder vivir porque que amar y a vivir, a fin de cuentas, es la misma cosa. La Muerte lo sabe y ella —en su carencia íntima— viene y nos lo arrebata.-


@ChaneGarcia
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Vienen los del miedo

Miedo.
Se acercan las sombras y los herejes del destino
con sus cuchillos y mordazas,
dispuestos a callar mi alma.
Por entre las avenidas al cielo matan,
y el mismo sol con su congoja llora,
escondiéndose entre las nubes grises
del otoño del lamento eterno.

Ya están llegando,
te miro a la distancia y suspiras un vaho gélido
que me inunda el alma y me recuerda
que todavía no puedo salvarte.
La cápsula de cristal es firme,
y sigues preso del futuro marchito
que aún en el presente verdadero
parece un pasado sin esperanza.

Ya vienen,
no podré seguir finjiendo mucho más;
tu pulso se acelera, y el corazón casi te estalla
en millones de pedazos de seda.
Te miro y me miras, y me miras, y me miras.
Y ya ni siquiera localizo tus ojos
entre el resto de la multitud
de gabardinas negras y guante blanco.

Ya están aquí.
Los miedos por quererte, las ganas
se atenúan, y siento frío,
y me hielan por dentro los pedazos de seda.
Los de guante blanco desaparecen,
y la luna brilla bajo la mirada del sol
pero tú ya no estás conmigo.
Te he perdido, para siempre.
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9comentarios 98 lecturas versolibre karma: 106

Canto a las Furias

Si me vais a hundir, consejo os doy,
venid con todo o no me toqueis,
venid con todo o dejadme libre.

Traed bombas, armas y cañones,
traed de Varo sus legiones,
traed centurias, ejércitos, mercenarios,
traed lo que sea aún de mayor escarnio.

Ponedme a luz y sombra sin agua ni fuego,
exigid al Senado algún decreto,
enterradme en un túmulo, arrancadme los sueños,
usad perros de caza, usad puñal y veneno.

Allí donde caiga mi cuerpo,
allí dónde esté mi entierro,
sabrá bucear por la tierra,
sabrá deshacerse su peso.

Echará nutridas y anchas raíces,
nacerá árbol de venenoso tejo,
y sus ramas gritaran pecados,
y sus frutos matarán a los cruentos.

De entre sus raíces nacerá por mi sangre,
un río de ponzoñoso veneno,
amamantará víboras, escorpiones,
que arrancarán vidas con su beso.

Entre sus ramas anidarán por gracia
todo pájaro de mal agüero,
cornejas, cucos, buitres y cuervos,
gritando todas el homicidio hecho.

Los frutos de ese árbol
en tierra darán sustento
al cuerpo de todas las Furias,
al centro de todos los miedos.

Y sus bocas, desencajadas,
devorarán a todos los que un día,
decidieron matar a mi cuerpo,
para dar a mi alma venganza en lo eterno.
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La envergadura duele

Estar en una envergadura duele
el compromiso corre y se acrecienta
la importancia de los hechos atemoriza
a la piel que de por sí tiembla sola.

Miedo a la compañía formal
a desnudar nuestras vergüenzas de pies torcidos
a que nos conozcamos de memoria el almizcle
cuando la noche duerma la hora
junto a nuestros cadáveres tibios
ya de costumbres.

Ahora ese vértigo adelante...
una caída a lo impreciso
en la ceremonia improvisada
y en un: "¡No sé qué estoy haciendo?"
solo para acallar a las lenguas
de las tres hermanas brujas
por el puro placer de demostrar
lo que en realidad no se siente.

¡Ah! ¡Ni nosotros mismos sabíamos
en lo que nos estábamos metiendo!
El gusanillo allí, en la tripa
y las mariposas en el cuenco
Fobos dibujado en la piel
de un rostro de nieve.

Nunca hubo amor... ¡Lo sé!
pero sí una reunión de máscaras
y de poses y de anillos
y un papel firmado validando el error.

No sabemos hoy si aquello fue para bien
a veces dudo; otras, quisiera creerlo
pero como dicen por allí:
"En la vida, todos somos poetas que acertamos equivocándonos".

En todo caso
nunca está demás intentar
la extraña mueca del amor
por ver a qué sabe aquello.-


@ChaneGarcia
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6comentarios 69 lecturas versolibre karma: 94

A nuestro miedo e inocencia

¿Qué habría pasado si hubiéramos hablado?
Si nuestros temores más profundos
Por una vez, se hubieran ausentado
Si nuestra cordura se hubiera esfumado.

Recuerdo tu hipnotizante mirada
Decirme aquello que tu boca callaba,
El más sincero deseo que sentías hacia mí
El mismo que yo manifestaba a tí.

La juventud es extremadamente bella,
Pero también es muy estúpida
Creíamos que el tiempo nos sobraba,
Cuando realmente se nos acababa.
Nos reprimimos, nos forzamos
A controlar nuestro deleite y gozo,
Viéndonos y queriéndonos el uno al otro.

Dicen de las miradas, que éstas hablan,
En las nuestras dijimos muchas cosas,
Pero no tuvimos la valentía
Para que éstas quedaran claras
Seguramente nos decíamos:
El otro entenderá.
Lamentablemente no comprendimos
nuestra más grande confusión.
¿El otro me amará?
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Decirte adiós es el mayor de todos mis miedos

En tu ausencia

-y yo
no lo sabía-,

si todos mis sentidos hablasen

seguro
que gritarían.
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¿De qué sirve huir?

La tarde despuntaba como una triste alegoría del alba. En su claridad todavía potente un niño paseaba, explorando el pisar del suelo, el crujir de las ramas y el revoloteo de las aves. Caminó y caminó hasta que el camino se encontró frente a un espejo en el que se hundía y se perdía. La tarde era clara, no parecía que la noche aguardaba, siempre escondida, siempre tan poderosa. El niño jugaba con los brillos y relámpagos de aquel espejo que reflejaba más de lo que realmente había con una sinceridad cegadora. El niño perturbaba los reflejos y nada pasaba, pero llegó para apoderarse de las aguas el brillo de plata de la luna. La noche se acercaba pensó el niño, pero la noche ya estaba allí, huyó por el mismo camino intentando que la noche no se acercase, mientras una garza, el último ave del cielo, volaba, la luna vigilaba.
El niño corría, jadeante exploraba los silencios del bosque y los ruidos de la noche. Lo que dejaba atrás lo perseguía y acechaba, maldito camino de huellas y recuerdos se decía. El niño corría y corría, pero el camino siempre lo seguía, le tocaba la espalda y le susurraba: soy la sombra que acecha y el miedo que persigue. El niño seguía corriendo y tuvo horizontes nuevos, pero siempre el mismo camino le desgarraba la espalda. No tenía ninguna posibilidad de escapar, salvo, tal vez, dejando de huir.
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Óbito vital

Desde que perdemos la inocencia de nuestra niñez, comenzamos a angustiarnos por el futuro y la muerte. La obsesión por el fallecimiento nos nubla el espíritu y arraiga en nuestras más profundas entrañas, tornando de un matiz oscuro y lúgubre la esperanza.
A causa de este miedo perdemos oportunidades, ocultamos sentimientos, dejamos de disfrutar de la vida y olvidamos lo más importante, lo que todos merecemos, olvidamos vivir.
Por esto he de decir que debemos aprovechar al máximo cada segundo de cada minuto de cada día, pues, como ya es sabido, este podría ser el último.
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Miedo

Miedo que penetras en mi alma,
adentrándote en mi sangre, que envenenas,
que me dejas en un hilo, que me arañas
y me pintas hoy de gris la primavera,

eres turbio pensamiento de la duda,
despertar maldito de una luna llena,
esperanza prohibida, sutil desengaño,
rescoldo de un verano que me encela,

miedo oscuro, miedo negro,
sombra de una sombra en las callejas,
miedo triste, miedo serio,
espera de risas junto a las aceras,

vete de mi lado, déjame en silencio,
que es malo perderse contigo a la vera,
libérame el alma, no cuentes historias
que siempre se acaban con dulces tragedias;

miedo que penetras en mi alma,
adentrándote en mi sangre, que envenenas,
déjame una vez, una vez sólo,
llenar de colores esta primavera.

De "Cuadernos de Poesía" (laciudaddelasnubes.com/category/cuaderno-de-poesia/)
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Miedo al blanco

Escribir lo ocupa todo.

Me ofrecen una copa, unas líneas de sucia nieve,
pero ya soy otro tipo de loco.

He cerrado con trabajo duro las puertas
de los paraísos artificiales
y ya no se me caen los ángeles.

En cuanto a volver a amar otra vez
no tengo la respuesta;
sólo el miedo que junta mis labios
con la pasajera huella
de una sombra.

"Ella es demasiado buena para mí",
cantaba Chet Baker con dulce oscuridad
poco antes de caer con su música
desde el balcón de un hotel barato.

Pero la poesía lo ocupa todo.

Después del huracán
que se llevó mi vida
sólo ella y yo quedamos en pie.

Contra el miedo, el vacío y la rendición,

escribir,
escribir es mi arma,
escribir es mi arma blanca.

Yo no compro poesía,
yo le vendí mi alma.
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El Vilo del sueño

Despierto creo estar, siento los latidos suaves del corazón, sonido inquietante, altera mi razón.

El cuerpo en la cama se estremece de dolor, en vilo estoy, que maldita sensación tan extraña que me causa estupor.

Observado me siento, desde algún rincón de la oscura habitación percibo un aire cálido, creo es el resuello de alguna aparición.

Tengo el cuerpo anclado a la cama, en el pecho siento frío y un peso enorme, aplastante, que me deja sin respiración.

Quiero escapar de esta situación, esa incertidumbre que cada madrugada irrumpe en mis sueños, provocando miedo y dolor.

El monstruo de los sueños ha vuelto, cubre todo el espacio con su olor, no explica nada, me observa, su mirada perturba mí razón.

Con el cuerpo paralizado estoy, sufriendo una vez más esa horrible sensación, y mis pensamientos activos, intentado huir de esta prisión.
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Un vivac bajo la cama

Tengo miedo de que la rabia
monte un vivac
bajo mi cama.

Tengo miedo
de que las palabras desaparezcan
y se ensanchen los músculos.

Tengo miedo que los objetivos
no se avisten en el horizonte
y se larguen en pantalones nuevos.

Al rozar la meta te relajas
y cuando levantas la cabeza
ves que se ha trasladado
cien kilómetros más allá.

Tengo miedo
que la infancia de mis hijos
se desvanezca.

Tengo miedo
de convertirme en una pieza del ajedrez
de los que de todo tienen
y duermen bien.

Había una vez tres cerditos
que mejor o peor
diseñaron una vida,
con lo que no contaban
es que la manada de lobos
crecía y crecía
y sin hacer nada
su boceto engullían.

Tengo miedo del miedo,
ya el cemento está por las rodillas,
y sí, somos un punto más,
un número más,
protagonistas amordazados
en este film de terror.
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2comentarios 103 lecturas versolibre karma: 68

En la iglesia...

Soledad oscura,
clemente silencio,
lo que necesitan,
mi mente y mi cuerpo.

En la fría iglesia,
el solemne templo,
entre sus paredes
resuenan los rezos.

Los rezos de monjas
ocultas tras velos,
que elevan sus voces
clamándole al cielo.

Y por las vidrieras,
que son sus luceros,
los rayos del sol
dibujan senderos.

Senderos que llevan
a mis pensamientos,
por otros caminos
que encuentren los sueños.

Titilan las llamas
de velas con fuego,
trazando en las sombras
murmullos inquietos.

Las sombras que esconden
profundos lamentos,
de los tristes fieles
que ven todo negro.

Y el cirio se apaga,
susurran los vientos,
el humo se eleva,
perfuma el incienso.

Frente a su retablo,
medieval y austero,
el ara imponente,
vestigio del tiempo,

donde se proyecta
simbólico el cielo,
sobre el duro banco,
al Dios del madero,

contrito y medroso,
faltando el aliento,
a ese Dios anónimo
hincado en el suelo,

con la voz gastada,
apretando el pecho,
al Dios en que creo...
le cuento mis miedos.
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Atrapada

Atrapada entre despojos
que la vida va tejiendo
lento, suave,
a veces miedo
oscuridad y deseo,
temblando de desamor
entre suspiros de hielo
que queman como diablos,
que mueren con cada beso,
entre sábanas roídas
por abrazos sin consuelo
en un duelo que no acaba
cuando en la noche callada,
en mis sueños yo te sueño.

María Monteguer
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Soy una gota de agua en un vierteaguas

Soy una gota de agua, pero no resido en la inmensidad del océano. Vivo en un vierteaguas. Me aferro a la porosidad de mi sustento aunque sé que no es eterno. Ese es mi suelo: tribulación y desconsuelo.
Voy en busca de un asidero que me corone como un Ser imperecedero. No quiero vivir en un atolladero que me hostiga todos los días con mirar arriba.
Demudó el cielo raso y claro, ¡ahora está encapotado! Mi mundo bucólico quedó expirado, en breve mi vida será tornado.
No puedo parar la avanzadilla de la tediosa camarilla. Los truenos me advierten la llegada de la emboscada. Debo formar barricadas, me niego a caer en la nada…Me espera una vida aciaga.
No quiero abandonar el vierteaguas, allí quise fundar mi propio reino; un pequeño lago que sólo en sueños logré atisbarlo. Es un bello recuerdo idealizado en un anclaje amado. Vacuos deseos malogrados, vetados en rictus de agrado.
El descenso será inmediato, el cielo relampaguea imperioso por desatar su marea. Esa fuerza condensada cercenará mi dulce morada. ¿Y dónde vagará mi alma varada?
Quisiera que hubiera una balaustrada que me eximiera de una vida frustrada. ¡Sí, eso! ¡Una mágica balaustrada; perlada de polvos de hadas!
Pero yo no puedo fabricarla, sólo soy una gota de agua en un vierteaguas y nadie acude a mis plegarias.
Y en un vano intento de arraigo ¡CAIGO!… Es un sustento insurrecto al sosiego. Me aterra más el vacío que llegar al suelo frío.
Ahora mi vida transmuta. Me hallo inmersa en una siniestra gruta; sin sol ni luna. Avanzo sin cordura, sólo con la hambruna de vivir mi próxima aventura.
Y no me detengo, se apodera de mí un sentimiento contrafóbico con bravura.
¡A lo lejos hay luz! Y detrás de una duna otra gota de agua me saluda.
¡Tanto miedo que tenía de caer al suelo y estoy viviendo en mi idealizado reino!


Marisa Béjar.
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El terror al miedo

Y agacho la cabeza una vez más.
Por miedo, capaz, por respeto, quiso pensar, hasta que se autoconvenció de que era ella el problema y de que estaba equivocada.

Había tenido un momento de lucidez, donde parecían salir a la luz ideas brillantes tal vez, ideas positivas, o al menos, eso buscaban.

Terror sentía a la hora de exteriorizarlas, capaz en el fondo compartía sus ideas, capaz no, y con una voz muy baja las decía en voz alta.

“¿Para que...?” Se preguntaba, “… ¿para que abrí la boca?”

Y comenzaba.
Esa catarata sin fin de exabruptos y calificativos irreproducibles, donde básicamente, se la trataba de inútil, incompetente, incapaz de pensar.
Apagándole las ideas como quien tira un cigarro encendido al agua...

El tema era que si. Pensaba. ¡Y cuanto pensaba!
Pensaba distinto que él.
Escuchaba distinto que él.
Y ese era el problema.
No era como él quería.

Siempre terminaba alteraba su plan a largo plazo, sus ideas, sus ocurrencias. Nada podía salir mal, ni nada agregarse a esa lista perfeccionista

Bajo la cabeza.
Ella tenía la culpa.
Otra vez estaba equivocada, según él.

Bajó la cabeza una vez más, sabiendo que nada de lo anterior era cierto.
Sabiendo que esa agachada, era el inicio de un levante eterno.
Sabiendo que no iba a bajar la cabeza nunca más.
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El miedo

El miedo es el mejor distractor para enredar
lo que se arriesga para poder vivir,
es por eso que te engañas creyendo todo
lo que observas desde la ventana del autobús
de la desdicha que te agobia siempre de prisa.

Tal vez no alcanzas a observar a la distancia
los rostros borrosos de cada uno de ellos,
no tienen para ti una cara clara que puedas
recordar el día de mañana cuando necesites sentir.

Nunca podrás desahogar a un Páramo inundado
con más agua.
Nunca podrás vencer al odio con más odio.
¿Dónde termina tu Odio?
Termina en el torrente de fuego que hierve
en las entrañas de la nostalgia que abandonaste
para ya no tener que sentir más dolor.

No te conviertas en ese intento que solo consigue
seguir siendo prisionero de sus propios deseos,
huye de tener que ser tu propio enemigo
aquel que no aborrece el camino marchito
que te lleva a la misma desintegración del no ser.

¿Cómo podrás sanar sin ser magnánimo en un camino de reconstrucción que parece que no aparece?

Nunca la oscuridad podrá expulsar a la esperanza
que brilla en la intensa oscuridad.
Nunca se vence a la oscuridad con más oscuridad.

Solo el amor que florece sin sufrimiento
puede eliminar la necesidad de tener
que resolver a un rompecabezas
que nunca se dará el permiso para unirse así mismo
en un camino que debe andar.

El miedo es el mejor vendedor de promesas falsas,
el miedo siempre tiene hambre
de cada una de tus palabras frágiles
que se tambalean en el intento de no mentir.

Nunca podrás vencer el miedo con más miedo.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
14/09/2017.
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