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Lemniscata

Pero vivir, joder, ¡vivir!,
a pesar de estar vivos o tan muertos
como a veces estamos.

Pedro Andreu


Afuera la noche confusa. Dentro de mí,
una fiesta de estrellas.
Se me han olvidado los versos que duelen.
Tal vez, se parezca a la muerte
que tanto temía, tan lejos que estaba.
Ahora es mediodía de un domingo de mayo
y el sol me calienta.
Así... morirme sí quiero.

Estaba cansada de ser la tirita que siempre resbala
dejando la herida a la vista, sufriendo
la nada que deja de rastro tu ausencia.
¡Qué bien se consume la encina dentro de mi pecho!
Morirme de vida.
De ver cómo bailan estrellas fugaces
al ritmo de hoy entre mis caderas.
Ya, luego, mañana...
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Diálogo con la muerte soneto

Dialogo con la muerte
Soneto.

Pasa la muerte jalando mi vida
oscura alma con negra decadencia,
errores lanza con una bastida,
enfrentando fiero nuestra conciencia.

Culpable grita mirando engreída,
no dando lugar a la vehemencia.
haciéndose la sorda y retraída,
yo imploro llorando por indulgencia

Riendo me mira como me lamento
grito ante esa su mirada sombría
mientras ella disfruta mi tormento.

Sabe bien que pronto me abrazaría
La tristeza que cargo no aparento,
pronto sin excusa me llevaría.

las letras de mi alma
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Campanas esdrújulas

La muerte no podrá salvarme
porque perdí el mapa del duelo;
mi pena transmuta en otros parajes,
en otras figuras.
Tampoco tengo brújula,
por eso mi espíritu
vaga en una cúpula
donde estalla
el tañido de campanas esdrújulas;
intensidad que en vano remite
para volver a la hecatombe de origen.

Marisa Béjar, 06/11/2017
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15comentarios 107 lecturas versoclasico karma: 93

Estás muerta

Suena extraño. No consigue mi oído aprehenderlo. No me llega a los ojos la idea, expresada como a tientas, mientras sigo montada en la cuerda haciendo acrobacias. Parecía tan lejano, tan difícil... tú, formando parte de los retazos de un ayer que no acababa. Siendo ahora solo un escalón más de los que he subido para llegar a inventarme, para dibujar lo que soy por encima de la ropa y, al mismo tiempo, lo que hay debajo, dentro y al fondo del corazón.

Estás muerta, evocación pusilánime, primavera en sepia, cielo, mar, luna, estrella. Toda tú languideces con el pretérito, la voz y el aroma. Los momentos se van esfumando como el humo de una barra de incienso consumida a medias.

Me ha costado, ¿sabes?, pero ya puedo decir que tengo respuesta a la pregunta que traías de vestido cuando te conocí, que yo también puedo contestarla, contestarme. No era tan difícil. De hecho, tú debiste resolver la incógnita hace mucho. Recorriste el camino antes y yo te miraba hacerlo, igual que se observa un mecanismo complejo.

Estás muerta. Y, a través de esa revelación, siento unas flores secas en algún lugar dentro de mí. He intentado cogerlas con mis manos, regarlas a base de besos, devolverles el verde que fueron, pero... no puedo. Si las toco, sus bordes se desmenuzan como una flor de león que acompaña al viento. Al menos, sé que sigues ahí, de otro modo, pero estás. Ya no tengo miedo a tu olvido sin olvido. Es un otoño bello que puedo recorrer en todos sus rincones de humedad y color, recorriéndome yo, sintiéndome viva. Yo creía que, después de ti, los días se perderían en un calendario blanco lleno de vacíos meses. Sin embargo, he descubierto que, después del verano, comienza una segunda primavera.
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Óbito vital

Desde que perdemos la inocencia de nuestra niñez, comenzamos a angustiarnos por el futuro y la muerte. La obsesión por el fallecimiento nos nubla el espíritu y arraiga en nuestras más profundas entrañas, tornando de un matiz oscuro y lúgubre la esperanza.
A causa de este miedo perdemos oportunidades, ocultamos sentimientos, dejamos de disfrutar de la vida y olvidamos lo más importante, lo que todos merecemos, olvidamos vivir.
Por esto he de decir que debemos aprovechar al máximo cada segundo de cada minuto de cada día, pues, como ya es sabido, este podría ser el último.
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La vida. La muerte

La vida después de la muerte. La muerte antes de la vida.

Porque todos tenemos a alguien que se fue, sin permiso. Porque todos tenemos a alguien que no nos llegó a conocer.

La muerte viene, y se va, sin más, dejando a los vivos, dejándonos, sin aliento, sin consuelo. La muerte crea un antes y un después para todos, y es que, todos no estremecemos al recordar a quien ya no está, a quien nos abandonó sin quererlo, y queriendo a veces, por desgracia.

No creo que nadie esté preparado para la muerte, aunque diga que sí, ni el que se va, ni el que se queda. Duele más de lo que se pensaba, para ambos, seguro.

¿Cómo se vive después de la muerte? ¿Cuánto tiempo pasas sobreviviendo en lugar de vivir? ¿Cuánto tiempo dura el luto, el luto verdadero, el de dentro, el del corazón, el del recuerdo?

¿Cómo superas ese pellizco que se crea cuando piensas: “tenía que haberlo/a conocido”, u, “ojalá lo/a hubiera llegado a conocer, o a conocer más”? ¿Eso se puede llamar dolor? Deseo imposible, deseo que nunca se cumplirá, quizás mejor que dolor, aunque pienso que lo sigue siendo, de otra forma, pero dolor.

Sí, hay vida después de la muerte, aunque se haya alejado más aún del paraíso. Sí, hay una vida después de la muerte, que quizás durante un tiempo ni quiera, ni pueda ser vivida. Sí, existe la vida después de la muerte, la nuestra, la tuya, la mía…, la de todos, y a todos nos ha llegado y llegará, más vale tarde, muy tarde, que pronto.

Y sí, también hay muerte antes de la vida, todos y cada uno de nosotros tenemos a alguien que no conocimos, o que no conocimos del todo, y que nos hubiera hecho bien que pasaran por un vagón de nuestro tren, que es la vida.
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El monte de las Ánimas

Alta está la luna, brilla como plata
sobre el monte pelado, rocas blancas
los troncos de los árboles, cenizas carbonizadas
falanges, tibias y calaveras, tocones y ramas
el viento silva una canción desesperada
poco a poco van llegando las almas.

Las hay de ricos señores, de pobres,
mendigos, hortelanos y pastores,
algunas sólo sombras de ladrones y asesinos,
otras de presos y algunas de suicidios,
todas esperan su suerte
para iniciar el santo oficio.

Empieza la procesión
con la muerte a la cabeza
nadie tiene queja, pues es la parca,
el alma mas vieja.
La siguen las almas buenas,
luego los suicidas, violadores y asesinos,
por último los peores
los criminales que repiten por vicio.

Hoy es su noche
hay gran celebración,
al monte del calvario
los esqueletos suben en procesión.

Lobos y alimañas
aúllan dando vueltas al cortejo
ulula un viento frío y siniestro
los demonios van saliendo
los jóvenes y los viejos.

Del infierno gritando
van surgiendo
se llevan casi todas las almas
porque va a salir el sol
y viene la madrugada.

Camaleontoledo*
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Chöka (fin de la canción)

El sol sacude
su melena de fuego
ante mortales
en un planeta azul,
baila la vida
la sinfonía cósmica;
paciente espera
la oscura muerte trágica
el fin de esa canción.


@SolitarioAmnte / x-17
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10comentarios 94 lecturas versoclasico karma: 74

Sacrificio

Mediodía. Las doce campanadas resonaron desde la torre del templo cercano. Bajo la alocada huida de los pájaros, por primera vez en siglos, los Puros descubrieron el pecho palpitante de un Maldito.

Rápidamente, la carne fue desgarrada con saña por decenas de dientes afilados. Tibios hilos de sangre oscura se escurrieron con lentitud hacia la tierra.

Concluído el sacrificio, los Puros se dedicaron a ocultar los restos bajo el pedregullo y tras los arbustos.

Trabajaron en silencio. Algunos tenían dudas sobre lo sucedido, pero no se atrevieron a hablar sobre ellas ni a hacer preguntas. Ninguno quería transformarse en Maldito.

Siempre habían existido discusiones sobre si los Malditos, estando vivos, resistían la luz del sol, pues la Primera Carta no hablaba sobre ello. Lo que sí afirmaba el antiguo texto es que, luego del sacrificio, los restos de la víctima se esfumarían al contacto con los rayos solares.

Mas lo cierto era que eso no había sucedido.

Mientras emprendían el retorno, un extraño vértigo los envolvió, pues la inocultable realidad era contraria a lo que siempre habían creído. Evidentemente, vivos o muertos, los Malditos eran inmunes a la luz del sol. Pero no a las dentelladas de los Puros.
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1comentarios 76 lecturas relato karma: 70

Una lluvia de porcelana brillante como la luz
derramada entre cascadas de prístino azul,
un cendal ligero tendido en largo tul
impregnado de aromas serenos y melodías mil,
una ensenada de pétalos en plenitud
con primaveras envueltas en viento multicolor.

Un sueño encendido entre llamas muertas,
un catálogo de sinrazones para escoger,
un sendero oscurecido al mediodía,
una verdad como una verdad certera.

Un día exultado más allá del asombro,
como eso, más que eso eres tú,
y aunque no te conozca sé que existes,
oh pérfida muerte, ¡más bella, ni tú!
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Dormidos

Un buen día fui con mi abuela a visitar el sepulcro de mi abuelo.
A decir verdad, el abuelo no se encontraba allí.
Visitamos la tumba.
Un operario la fregó con su apagada bayeta dándole algo de decencia.
Arrancó algunos hierbajos que crecían a su alrededor.
Frente a mí, una yedra descendía como una tarde triste.
A uno de los lados, unos frondosos cipreses se nutrían con el alimento de los muertos.
Un cielo sin aves de las ocho de la mañana parecía próximo a encenderse.
Mi abuela rezó y se quejó: -Ay Manuel-, dijo entre lamentos.
Su semblante retornó a la tristeza y vi como su apariencia menguaba.

No sospechaba ella que pocos días después moriría
y que yo tendría que adueñarme de su pena y de sus lamentaciones.
Tuve que meter en mi cuerpo a ambos.
Llorar por el abuelo y por ella.
Hoy los dos descansan en mi corazón
y no pueden despertar.


Canet
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8comentarios 93 lecturas versolibre karma: 77

Dos días

Hazme olvidar que sólo estoy de paso
en este mundo terrenal;
hazme olvidar mi estado perecedero,
no me dejes recordar que esto es temporal.
Déjame perderme nadando
en la atemporalidad de una mirada café;
déjame flotar en un cálido infinito
hecho con sudor, cabello y piel.

No me dejes mirar al cielo,
delator del paso del tiempo
déjame ver atardecer en tu rostro
y sentir al sol ardiendo en tu cuerpo.
Prometo hacerte dudar,
si despertar conmigo es parte de tus sueños
y que el mejor de ellos
será una realidad, reposando en mi pecho.

Permíteme ensordecer a las horas
que pasan sin pedir permiso
escuchando tu música natural,
los salvajes golpes de tus latidos;
el ritmo de Dios orquestando
una melodía que te mantiene con vida
que espero seguir escuchando
sin darme cuenta que se acaba la mía.

Deja a tus manos invasoras
conquistar el cuerpo que me sirve de templo
y marca con besos tu territorio,
haciendo realidad mis anhelos.
Y aunque el terremoto de los años,
destroce lo que ahora es bello
no dejes de amar las ruinas,
quiéreme aunque no sea perfecto.

Si puedes mirar a mi rostro
cuando pierda la batalla contra el tiempo
y sigues encontrando en mis ojos
un resplandor jovial y eterno,
si eres capaz de ver mi alma joven
con los ojos cerrados en cada beso
entonces bailaré contigo
un vals hasta mi último aliento.

Haz que me tome por sorpresa la muerte
cuando venga a robarme el beso que arranque mi vida,
hazme dudar si ha pasado
un año, un segundo o dos días
antes que cierre mis ojos,
esperando a nuestras almas reunidas.
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Muerte

Así se va la vida.
Se apaga la luz de tu origen y te quedas a oscuras.
Unos lloran, otros, valientes, celebran
Y yo estoy confundida.
¿Que puedo decir de la muerte ?
Aún no estrechamos nuestras manos.
Aúnque es parte de todo, tú solo esperas.
Ayer estabas...hoy te vas.
Eres polvo.
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Lluvia Blanca

Certero el disparo
perdida la bala
tiembla una mano
abatida otra alma.

Un lamento se escucha,
una pobre viejita
unas lágrimas negras,
sangre de su sangre
regando la tierra.

Gritos, gritos al viento
gritos a Dios, gritos al cielo,
si mi hijo ya murió,
porqué tanto tormento.
Si mi hijo ya murió,
porqué me quitas al nieto.
No hay respuesta,
profundo silencio
las aves no vuelan
no canta ni el trueno.
De polvo, polvo blanco
cubiertos dos cuerpos.

Los campos de coca
apestan a muerto
pobres campesinos
recogen los cuerpos.

Mis manos manchadas
con sangre y acero,
mi comandante no para:
!sembrad! los campos de balas,
!sembrad! los campos de almas.
Maldita lluvia blanca
maldito sea el dinero,
en la selva para el aguacero,
en la aldea ya están todos muertos.

Camaleontoledo*
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Y es por eso ...

17 de septiembre

Porque no se vive todos los días
ni se muere en uno solo
Porque hay días
que nunca desapaparecen
Porque hay días
que no se borran
ni el tiempo olvida
Porque esos días
arañan
besan
oprimen
o
abrazan
Dias en los que vives
pero también mueres
Días de latidos
con cambio de ritmo
de charco en el pecho
y barro en el alma ;
mancha que ya siempre
te acompaña
Porque hay días
que una lágrima se desliza en la cara
y algo dentro habla
Porque hay días
de suspiro hacia dentro
sin soplo de regreso
Porque hay días de
tristeza
naufragio
Y desconcierto
Porque hay días
llenos de instantes
y malos momentos
Porque se vive cuando nace un sentimiento
y se muere en el opuesto
y es por eso
que cada diecisiete de septiembre
por ti:

Yo muero .


@rebktd
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Otoño

Caen las primeras hojas de los árboles.
Se cierran las primeras ventanas.
La muerte llega con nombre de estación;
otoño la llaman.
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A Sauce

Algo le ha pasado a Sauce,
la quietud reina su pelo.
Mechones que antes bailaban
hoy reposan en el suelo.

Cómo voy a echar de menos
la balada de sus hojas.
Bella canción que, sin notas,
solo él sabía tocar.

Su voz, único consuelo,
me susurraba sin hablar.
Su corteza fue mi almohada,
solía regarla al llorar.

Ya sus ramas y raíces
como caminos vacíos.
Exángüe madera negra
de piernas y brazos fríos.


Inspirado en fotografía de @dara_scully
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Metamorfosis en el jardín caduco

He vivido un otoño interminable,
asentada en un jardín caduco
que ha ido perdiendo las hojas cada mes
hasta no ser más que osudos brazos
clamando por un cielo verdigrís que rozan
y rozan
y rozan
pero nunca llegan a tocar.

Fui larva agonizante
y oruga remolona
cobijada a la sombra
del gran sauce
de la orilla de una corriente azabache.
Mareas saladas le recorrían el ceniciento tronco,
como cárcavas abriendo de avenidas el barro,
risa amortiguada por la madera,
gorjeo cómplice y brazo familiar sobre los hombros.
Único sauce llorón entregado a lágrimas de carcajeo.
Bendita oruga.

Fui capullo frágil y vano
mientras iba el suelo trenzando su melena tricolor
(doce meses)
arrancándose mechones de hojas vivas
(doce meses)
arrancándose mechones de hojas muertas.
El sauce se marchitó,
vertió su savia al sustrato y florecieron otros
minúsculos, endebles tallos verdes azotados por la trémula brisa.
Bendita crisálida.

Fui mariposa de alas ojipláticas
sobrevolando las cumbres lampiñas del jardín
Hemolinfa nutriendo el vuelo
por entre las tumbas del verano.
Allí, los tallos doblados;
allí, las ramas resecas;
allí, los frutos secuestrados;
allí, las semillas volatilizadas;
allí, el humus fresco
dibujando una señal de fin de ciclo sobre la hierba.

Fui tantas cosas para perderme, yo también,
en el jardín caduco
de la ribera negra.
Ahora abandono el hogar,
atrás queda el cobrizo color de la muerte anunciada,
que no por conocida es menos cruenta.

Solo me apoyo en la esperanza de que llegue pronto la primavera.
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En busca del poema que te encuentre

Sobre la vasta tela de los días
voy dejando migas de letras,
derrotero de letras
que no sé cuándo termina,
pero sé adónde llega.
Jardines violetas, hálito imprevisto
y un silencio depravado tras el grito...
noche completa.

Pese a tanto recorrido en las suelas,
sigue estando la pregunta:
¿Cuándo acabará la espera?
Cada vez que te recuerdo, noto frío
en las encías y comienzo otro poema
que se afana en encontrarte.
Es curioso,
entre toda la maleza no te hallas,
pero yo sigo escribiendo
donde el sol juega a esconderse
entre las nubes y los árboles
prescinden de raíces
porque ahora tienen alas.
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Tapices

La hiedra salvaje crece
sobre un gris muro olvidado.
Vida rodeada de muerte
crece a tempo reposado.

Sus hojas cubren heridas
de una plaza abandonada.
Cosiendo con sus raíces
la tierra que fue robada.

Regada por negras nubes.
La podan manos de viento.
Va dando bellas puntadas
al rítmo que marca el tiempo.

Sobre piedras y cemento
se borda un manto viviente.
Que brillará en tonos verdes
sobre la ciudad durmiente.

Hasta que vuelva la plaga
a descoser maravillas.
No quedará ni la hiedra.
Morirán zorros y ardillas.

Pues arrancará de cuajo
campos de hierba tupida.
Reconstruirá cementerios
sobre tapices de vida.
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3comentarios 65 lecturas versoclasico karma: 92
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