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Ámame...

Ámame…
tanto como puedas
tócame esta la puerta entreabierta
bésame que tengo sed de tu lengua
entrame que mi vientre quema...

Ámame
que ésta es la última noche
que se vista de fiesta
mientras otros duermen
vos y yo
amándonos en la hoguera
muriéndonos trasnochados
bebiéndonos embriagados
sabiéndonos boca abierta
terminándonos entrepiernas...

Ámame
y luego, sigue amándome
en tus sueños
en tu mente
en tu cuerpo
en mi leña… (Lola)
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1comentarios 40 lecturas versolibre karma: 92

Noche sin Luna...

Hoy la
Luna,
esta
envidiosa
de ti...

Esta
noche,
no ha
querido
salir.

Por esa
luz, que
tú tanto
desprendes.

Y la
noche...

Triste
y gris
se ha
quedado...


© Derechos de autor
Isa García
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6
2comentarios 47 lecturas versolibre karma: 84

Malas noches

Subió a las alas
de aquel viento azabache
aquella noche
de oscuro resplandor,
el ser durmiente
que aún duerme en la piedra
su arcano sueño;
sueño negro de luz.
Guijarro blanco
la luna mustia e hirsuta
dormía oculta
bajo sábana oscura.
¡Relincha un astro!
¿Y será el firmamento
un ancho establo?
Un establo inmortal.
Dardos letales
lanzas o pesadillas,
se vive o muere,
sacrificio en la roca,
árido lecho;
y el firmamento todo
es la impasible audiencia.




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Métrica 5-7,5-7,5-7....5-7-7
Similar a un Chöka
pero con sobredosis
de rimas asonantes ;)

@AljndroPoetry
2018-jul-16
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24comentarios 150 lecturas versoclasico karma: 94

Caen las estrellas

Gimen las crías que sólo esperan,
golpean los mares las rocas del silencio...
caen las estrellas al fondo de la noche
para hacerse un manto lleno de deseos nuevos.
Y todo queda a oscuras,
hasta mi propio empeño en ser alguien que no soy...
y siento, muy despacio, uno tras otro,
los latidos de mi corazón.
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11comentarios 111 lecturas versolibre karma: 102

Luna

Testiga fiel de tristezas y melancolía
guardiana de sonrisas y alegrías
astro inspirador de imaginaciones
a ti escribieron mil canciones.

Y esos tristes versos
de poetas inmersos
en soledad y sufrir
hoy, finalmente, los comprendí.
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2comentarios 75 lecturas versolibre karma: 93

No consigo olvidarme de ti

He estado reflexionando, preguntando, buscando en todas partes algo que me haga dejar de sentirte dentro de mí.
No lo he conseguido.
Me he echado la culpa a mí.
¡Por tonta! ¡Por tonta! ¡Por tonta!
He sacado mis sentimientos, los escribí en un papel y los quemé.
Tampoco funcionó.
Entonces le pedí a las estrellas, a la luna y al cielo nocturno que por favor fuera yo por la que quisieras venir.
No pasó.
Harta de sufrir intenté entender qué es lo que me gustaba de ti, y no encontré nada.
Busco y busco pero no hay nada.
Solo sé que hay amor.
¡Si no hay nada no hay amor!
No paran de repetirlo en todos lados.
Si no hay amor, que alguien me diga qué es la pena y qué es el dolor.
Si no hay amor, decidle a esos ojos que no me miren más por favor.
Si no hay amor
¡Ay si no hay amor!
Si no hay amor,
Entonces no hay ni tú,
Ni yo.
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2comentarios 52 lecturas prosapoetica karma: 65

Jornada

Nace un nuevo día,
el Sol resplandeciente se alza sobre el firmamento,
las flores danzan alegres bajo el rocío matutino,
las aves revolotean mostrando su máximo esplendor.

Los animales despreocupados juegan entre sí,
los niños, en su inocencia, disfrutan sin parar,
mientras que los adultos cargan a cuestas,
las preocupaciones diarias que no han de cesar.

¡Ay de ese hombre! ¡Ay de esa mujer!
Cuyos corazones atribulados los oprimen cada día más y más.
¡Cuántos tormentos! ¡Cuántas angustias!
Que les impide disfrutar un ápice de felicidad.

La inquietud ocasionada por conseguir el alimento diario,
la pesadumbre ocasionada por un desamor,
el sentimiento de ser un punto insignificante en el universo
y que tratan de disimularlo con cigarro y alcohol.

Se acerca la noche, la jornada está por finalizar,
el Sol se guarece y las tinieblas inician su regencia,
mientras que los adultos, sentados melancólicos en sus alcobas,
ruegan ardientemente que el día siguiente no sea peor su lamentar.
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sin comentarios 20 lecturas versolibre karma: 46

Ella siempre lo está

—¡Oh! ¡Estás aquí! ¡Cuántas ganas tenía de verte! —exclamó Ella.
Él, apenas una silueta en la noche, la miraba desde su posición sentado en la arena. Una vez más, había hecho todo lo posible para no faltar a su cita con Ella. Y una vez más, allí estaban los dos frente a frente.
—Te noto muy cambiado —dijo con seriedad—. Puedo verlo en tus ojos.
Él esbozó una pequeña sonrisa que acabó convirtiéndose en una mueca vacía. Seguía sin apartar la mirada de Ella, pero no dijo nada. Era una noche apacible, como suelen serlo las noches de finales de julio y principios de agosto. No hacía nada de frío. Y sin embargo, su piel estaba erizada y un ligero temblor sacudía todo su cuerpo.
—Lo estoy —dijo finalmente. El agua de las olas que rompían en la orilla iba y venía acariciando sus pies, lo que le proporcionaba una sensación relajante—. Y tú lo sabes muy bien —le reprochó.
—Claro que lo sé. Sabes que yo lo sé todo de ti. Y por eso sé que estos últimos meses han sido difíciles, ¿no es así?
No contestó. El brillo que asomaba en sus ojos y la lágrima que comenzó a caer tímidamente por su mejilla lo hicieron por él. Luchaba con todas sus fuerzas por mantener el tipo, aunque no era la primera vez que Ella lo veía así.
—Adelante —dijo Ella con su voz dulce y reconfortante—, desahógate sin pudor. Ya sabes que a veces es necesario.
Por un momento apartó la mirada de Ella y contempló la inmensidad del cielo. Miles de estrellas dotaban al firmamento de una belleza abrumadora. Y eso le hizo sentirse aún más frágil e insignificante.
—Dime, ¿qué sientes ahora hacia ella? —le preguntó—, ¿rabia? ¿pena? ¿dolor? Es normal sentir alguna de esas cosas. O todas. Es lo que toca en estos casos. Y tú eso lo sabes mejor que nadie...
—Decepción —dijo volviéndose bruscamente hacia Ella. Su voz quebrada desgarró el aire en la noche—. Lo que tengo es un sentimiento de infinita decepción. Solo eso. Nunca podré odiarla —dijo agachando la cabeza, abatido —, pero no puedo evitar sentir que me ha defraudado.
Después volvió a mirar al cielo. Ya no había brillo alguno en sus ojos. Estaban tan secos como su alma.
—Habías puesto mucho en ella, ¿verdad?
—Lo había puesto todo —y al decir esto sintió una punzada de dolor en el pecho, un afilado puñal atravesándole el corazón—. Y si no todo, demasiado.
—Nunca es demasiado.
—Sí que lo es —apretó con fuerza los puños sin apartar la mirada del cielo—. Y te juro que nunca volveré a cometer el mismo error.
—¿Ah no? ¿No lo harás?
—No —el volumen de su voz había descendido considerablemente y su respuesta sonó como un murmullo casi inaudible.
—Ya... —ambos quedaron en silencio por unos segundos—. Eso mismo me dijiste una vez —sentenció Ella.
Hubo otro silencio aún más largo, tan solo interrumpido por el tímido susurro del mar.
—¿Es que ya no te acuerdas acaso de la primera vez que nos vimos aquí? —retomó Ella—. Siete años han pasado, pero yo lo recuerdo como si fuera ayer. Tú estabas ahí sentado, en el mismo sitio que ahora. Unos meses antes te habían partido el corazón por la mitad, y me juraste, igual que acabas de hacer hoy, que nunca volverías a dar tanto por nadie —él, con los ojos cerrados, visualizaba aquel momento enterrado en lo más hondo de sus recuerdos—. Pero mientras me decías todo eso yo la veía a ella y veía la ilusión que había en tus ojos. Esos mismos que ahora están apagados. Porque la semilla de algo nuevo estaba germinando en tu vida. Y aunque querías afrontarlo con todas las cautelas posibles, en el fondo tu corazón, ya recuperado, te pedía a gritos que le dejaras a él tomar las riendas. Y al final fue lo que hiciste. ¿Y no han sido maravillosos los años que han venido después gracias a aquella decisión?
—Sí —murmuró a regañadientes como un niño que le contesta a su madre sabiendo que lleva razón—. Pero...
En ese instante una estrella fugaz cruzó el cielo de lado a lado y ambos quedaron callados durante unos segundos, contemplando cómo su larga estela llameante se perdía en la bóveda celeste.
—¿Ves todas esas estrellas? —dijo Ella al fin— ¿Ves la intensidad con la que brillan? La inmensa mayoría de ellas hace mucho que murieron pero vemos su brillo porque están tan lejos que la luz que emiten tarda miles de años en llegar a nosotros. ¿Te das cuenta? El brillo que desprendían se observa miles de años después de su muerte. Como una huella que permanece inalterable a lo largo del tiempo para que recordemos que una vez estuvieron ahí. Lo mismo ocurre con los grandes momentos que vivimos. Estos también dejan su brillo cuando pasan. Su huella. Y ese brillo permanece en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Es con ese brillo con lo que tenemos que quedarnos. Y con nada más.
Mientras la escuchaba, cogía puñados de arena y la dejaba escapar entre los dedos, como tantas cosas había dejado escapar de su vida. Unas de forma voluntaria, otras, la mayoría, sin apenas haber sido consciente. O habiéndolo sido demasiado tarde como para impedir que sucediera. Se quedó mirando una de esas estrellas pensando en lo que Ella le acababa de contar. Irradiaba un brillo blanco muy intenso, casi cegador. Le entristeció la idea de pensar que ya llevaría miles de años muerta. Pero le reconfortó saber que su brillo aún seguiría ahí para poder ser contemplado durante muchos años más.
—Y entonces dime, ¿sigues pensando igual? —la pregunta lo sacó bruscamente de sus pensamientos—. ¿Sigues pensando que no vas a volver a mostrarte tal como eres ante nadie? ¿Que no vas a volver a darlo todo por alguien? ¿De verdad piensas así?
Dejó caer la arena que quedaba en sus manos y la miró. Pero algo nuevo había en su semblante. Sonreía, pero esta vez lo hacía con los ojos, y éstos volvían a tener luz en su interior. Una luz clara y llena de vida.
—Sabes que no —dijo con decisión—. Sabes que voy a volver a sentir ese cosquilleo en el estómago cuando alguien empiece a gustarme. Y que voy a volver a hacer las típicas tonterías como acompañarla a su casa, o ir a un sitio solo porque sé que va a ir ella también —su voz se iba reforzando con cada palabra—. ¡Pienso besar como aún no he besado a nadie en mi vida! ¡Y sentir cómo se eriza de nuevo mi piel al contacto con otra piel desnuda! ¡Sé que voy a volver a experimentar la emoción de disfrutar de un cuerpo nuevo por vez primera! ¡Y que volveré a abrazar a alguien de esa forma en la que el resto del mundo desaparece! ¡Pienso…
—¡Vivir! —lo interrumpió Ella—. ¡Piensas salir a vivir!
—¡Así es! —exclamó eufórico. Pero entonces un atisbo de duda cruzó por su cara un momento—. Aunque de nuevo estaré corriendo el riesgo de volver a caer...
—Ese es el precio que se paga por vivir la vida al máximo —contestó Ella con voz firme—. ¿Y no crees que merece la pena correr el riesgo?
Él desvió su mirada hacia la oscuridad del horizonte y respiró profundamente.
—Por supuesto que lo merece.
—Bien —dijo Ella complacida—. No sabes lo mucho que me alegra oírte decir eso.
Volvieron a quedar en silencio. De repente las estrellas parecían brillar con una fuerza y nitidez como nunca antes las había visto. Notó una suave brisa acariciando su cara y eso le hizo sentirse más vivo que nunca.
—¿Te volveré a ver el año que viene? —preguntó Ella.
—Sabes que sí.
Y el reflejo de su sonrisa le iluminó la cara.

*

Justo en ese instante alguien llegó por detrás de él y se sentó a su lado rodeando su cuello con el brazo.
—¡Hey tío! ¿Qué haces aquí tú solo?
—No sé —se encogió de hombros—, haciendo balance supongo.
—¡Pues deja ya de hacer balances y vamos a bañarnos! ¿no? ¿Qué sería de esta noche sin nuestro tradicional baño nocturno?
En ese momento varios de sus amigos pasaron corriendo cerca de ellos en dirección al mar. El amigo que se había sentado a su lado lo miró con complicidad y se levantó para ir tras ellos. Las risas inundaban el aire de la cala.
—¡Claro! —dijo al tiempo que se incorporaba—. ¡Vamos a bañarnos!
Cuando estaba entrando en el agua la miró por última vez. Su amigo, que estaba ya dentro, lo vio mirando al cielo y miró también, extrañado.
—¿Qué miras? ¡Ah! ¡Pero si tenemos luna llena! —y todos volvieron sus miradas también hacia Ella.
—¡Qué bonita está! —dijo una chica del grupo.
—Sí que lo está —dijo él suspirando—. Ella siempre lo está.
Y se internó finalmente en el agua, llegando a donde estaban los demás. Pero ya no era él sino una persona completamente nueva.
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4comentarios 56 lecturas relato karma: 64

... y despierto

Las alas de la noche
aletean en los oídos
del insomnio,
la luna es un saltamontes
brincando
de cordillera en cordillera;
el cuchillo del silencio
rompe el vidrio
de la cicatriz de mi sueño,
guillotina entre dos mundos,
veneno que batalla
en contra o a favor
de lo que sería,
desde lo que es;
el mar
transpira por cada poro
de mi inconsciencia,
se astilla
el péndulo del tiempo,
mientras nado contra marea
hasta la orilla de mí mismo;
el yo despierto
me rescata,
y con sus mil picos imaginarios
me da respiración de boca a boca;
... y despierto.




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@AljndroPoetry
2018-jun-18
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36comentarios 200 lecturas versolibre karma: 97

La pradera que se esconde en la ciudad

Cuando la noche
En la ciudad cae
De otros tiempos
Escucho

Las cautelosas pisadas
De los ciervos

El murmullo
Del arroyo

La respiración
Acechante del jaguar

El alborozo
De los árboles
Que comparten
Su sombra

El viento
Que acaricia
La maleza

El lejano canto
De los aborígenes
Que adoran al sol
Al fuego
Y a la lluvia

Cuando aparecen
Las primeras luces
Del nuevo día
Oigo el ruido
De autos
Camiones
Máquinas mezcladoras
De cemento






Del Poemario Palabras que regresan
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4comentarios 87 lecturas versolibre karma: 95

Sin título...

La luna, todas
las noches es
testigo.

De todos esos
poemas, que yo
a ti te escribo.

Al anochecer...


© Derechos de autor
Isa García
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5comentarios 48 lecturas prosapoetica karma: 93

Noches de agua salada

Noche, oscura noche. Confidente y espía, guardando secretos de aquellos que no conoces. Paño de lágrimas, de sonrisas secretas y miradas perdidas que buscan una respuesta en tu resplandor mediante el brillo de la luna y estrellas.
Medianoche, momento del día donde la coraza se rompe, donde las compuertas que retienen las aguas en nuestro interior se abren y deja en libertad al manantial que tenemos guardado, sin filtro.
Lloramos porque tenemos fisuras, lloramos porque ya no podemos mantenernos en pie, seguir luchando por caminar un día más hacia el sol, ese que nos invita a ir hacia él con su calor y brillo, apartando las sombras que nos acechan.
Mírala a ella, llora mirando a la luna, pidiendo algo que ni ella misma sabe. Solo quiere que todo se acabe, pero no sabe como conseguirlo. Ella contra el mundo, ¿qué puede perder cuando ya ha perdido todo? Su almohada su refugio, su cama su escondite, su peluche…su protector.
Escudándose de las voces en un mundo donde no pueden alcanzarla. Lejos, ella se va lejos cuando las voces empiezan a increparle, cuando se cuelan por sus oídos e intentan atraparla. Palabras vacías, pero aun así dañinas solo de escucharlas.
Noche, tú que estás ahí con ella en sus momentos de debilidad, momentos de lágrimas y desolación, ¿qué le ocurre a la chica? Tú que estás ahí cuando deja su coraza de caballero y baja la espada, porque llega un momento en que le pesa demasiado la carga que lleva.
Noche cálida, noche fría…noches de agua salada por las lágrimas que se escapan de sus preciosos ojos contra su voluntad.
Noches de agua salada que muestra sus heridas.
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Salgo a buscar(me)te

Y casi nunca nada es casualidad, sino consecuencia.
Como es consecuencia que ayer, hoy y mañana, mientras atravieso parajes ignotos,
sólo bordeados por vastas extensiones -la nada rodeando a la nada-, a cada Kilómetro, los neumáticos, el asfalto, o todo ello junto, aúllen un mismo nombre.

En mil idiomas diferentes.
Un solo nombre.

El tuyo, eterno copiloto.

El tuyo.

Y todo lo demás, tan solo es el universo. Los bosques. Las alimañas. Nosotros.

Tú. Yo.

El asfalto y nosotros.

Y ahí afuera;

La nada.

Tú.

Los aullidos.




Mientras tanto:
El chirriar de los engranajes que tratan de volver a dar cuerda al mundo.



Nosotros resistiendo,




y



la




Nada.
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La noche que me enseñó a temblar

Rodeado de hienas,
Aunque muchos seamos ciervos,
Juntos Dominaremos la noche,
Risas y carcajadas
Ahogamos en esta jarra
Qué se congeló por los hechos,

Observó desde la ventana,
Y la furia de la frenada
Se marca en tu carretera.
Ya puedo oler en el aire
La pólvora que se quemara,
Por el martillazo de ese Lucero.

Quizás no sea el único, son tres...
Los otros apagados oscuramente,
Las crías correrán por la llegada
De los leones de este circo
Ambicioso, macabro y rodeado del mal,
El león agitó su melena ...

Dos estrellas se reflejaron
En el farol de esta esquina,
El eco de los rugidos enmudeció este paraíso,
Arrancaron el dedo con el que señalas,
Atravesó tu pierna trasera,
Y aquel rebote... mi corazón lo vio de reojo,

En shock queda el instante,
Los ojos se secan,
El líquido rosáceo que Barre el suelo
Se convertirá en abono,
Y yo aquí... Solo puedo observar,
Mis piernas no paran de tiritar,
En esta noche, que me enseñó a temblar.
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Noche

Tengo un jardín de palos
que el viento no tuercen
donde bailan de noche
las estrellas
y el beso que te doy
se rompe.
La luna esta noche
está ciega
da me un
abrazo
aunque
me
destroce
otra vez
esta
noche.
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4comentarios 73 lecturas versolibre karma: 103

En las profundidades...

La noche se despide al amenecer,
Sol y luna se saludan
Antes de darse el beso para desaparecer.

Un angel surca el cielo colorido,
buscando a la chica que se ha perdido.
En la linea del amanecer,
la encuentra a punto de desaparecer.

Ella despierta de un sueño profundo
en un lugar muy oscuro,
como el fondo del lago.
Ese angel la cuida,
como si fuera de porcelana.

Pronto la verdad descubrira,
no es tan debil como parecia,
luchara y vencera, es su lema.

La mira tan asombrado
como si viera un barco alado,
La mira y sonreirá,
esa es su protegida y
orgulloso de ella estará.
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7comentarios 163 lecturas versolibre karma: 97

Era excitante

Era la noche humeante y cargada,
un café denso, muy negro y caliente,
ignorar el riesgo, ser imprudente,
el sofoco en la sombra plateada.

La catarata que cae en cascada,
montaña rusa de brutal pendiente,
el desplante de un torero valiente,
ocultarse de forma apresurada.

Sobre todo era ella, eterno delirio,
era su pecho, temblor palpitante,
era la llama que brota del cirio.

El sutil vaivén que danza insinuante,
sus devaneos, perpetuo martirio,
el más bello diamante, era excitante.
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La noche de San Juan

Es la roja y brillante llamarada
que ilumina la noche a la alborada.

Es crepúsculo de la primavera,
que da paso al verano que no espera,
rodeando al calor de la madera,
el festejo en la noche sanjuanera.

Son pavesas que dicen hasta luego,
son vestigios de amores y de fuego...

Y entre sombras la llama apasionada,
besos de humo que brotan de la hoguera,
le promete a ese cielo mujeriego.
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Noche y soledad (jotabé)

Gritará la nocturna soledad
griterío sereno su oquedad.

Brillarás taciturna por tu ausencia
dolerás en el pecho sin tu esencia
volverás a mi mente de inocencia
clavarás tu cuchillo sin clemencia.

Y la oscura, la fría sensación
de perderte y perderme sin razón.

Bruñirás tu recuerdo en mocedad;
tornasolas la chispa, iridiscencia,
arrebolas tu rostro en mi ilusión.




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@AljndroPoetry
2018-may-16
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29comentarios 190 lecturas versoclasico karma: 108

Conticinio

Llegó la hora del sigilo,
empápate del momento
en que la noche se calla,
de ese instante de silencio.

Es como un soplo muy leve,
un segundo que es eterno
o un infinito tan breve,
es lo que dura un buen sueño.

Las estrellas están mudas,
cuando se detiene el tiempo,
y el reflejo de la luna
es su grito y es su verso.

Quietud sobrecogedora,
unión con el universo,
una íntima melodía
donde reinan...los secretos.
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4comentarios 70 lecturas versoclasico karma: 109
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