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Orígenes

Volver al pueblo y a sus orígenes. Poder leer su historia entre los adoquines de sus calles y sentir de nuevo como propio la resonancia de sus tradiciones y su cultura. Recordar ese primer amor adolescente. La transparencia y la calidad de las aguas heladas de ese río, en el que tantas veces se había bañado de niña bajo la atenta mirada de su madre, que ahora, esperaba ansiosa su regreso. Pero el informe que acababa de recibir lo cambiaba todo. Aquel documento confirmaba sus sospechas; había sido una niña robada, y se sentía perdida. Ya no sabía quién era.
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Mi pueblo

Dicen que es el agua
de sus manantiales,
dicen que es la calma
en sus días primaverales..

Dicen de su playa
que en abril desmaya,
que de un rojo eterno
el sol tiñe sus rocallas.

Dicen que es un pueblo
con más de mil batallas,
dicen que el recuerdo
permanece en sus murallas.

Quizás lo primero
que me viene al alma,
es un mundo entero
de ilusiones en la infancia.

Dicen que en invierno
las estrellas bajan
y alumbran el cielo
de esa aldea renacuaja.

Dicen que exagero
porque esta es mi casa,
dicen que si muero
me pondrán aquí una estatua.

Y yo solo quiero
ver su puerto al alba,
sentado en su ladera
de moqueta en flores malva.

O con mi velero
recorrer sus calas,
casi que prefiero
no perder de vista nada.
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Campanas y golondrinas

Me asomo a la ventana. Tarde de primavera. ¿Tópico? Más que eso: mágico.

Revuelos y enredos de aves cálidas, las que gustan de horas de sol arañando el horizonte. Golondrinas, vencejos y gorriones decoran nubes, son la banda sonora de lo placentero, de la sensación de saber que los días se alargan, como los brazos cuando quieren tocar el alma.

Mi pueblo es pequeño. Pero no por eso pierde encanto. Las campanas son como el pregonero de festivales, el que anuncia melodías. Me agitan desde niña, brincan y repican.

Huelo a tardes de abril y mayo. A brotes que salpican de verde el paseo como un cuadro de puntillismo. A mi casa. Mi familia. A las risas que alegran el pecho.

Sabe a vecinos que me han visto crecer. Y que me reconocen cuando vuelvo. Sabe a paseos para ver almendros en flor, los perales llegan luego.

Sabe a campos que revientan de amarillo. A caminos con barro después del aguacero (ya te conozco, mayo).

Suena a chistes entre amigos, a fiestas entre lazos de infancia y a brindis de experiencias en mochilas.

Suena a perros que ladran, a gatos sigilosos que aguardan tras la esquina. Suena a risas de niños, jugando y saboreando sus chucherías.

Sabe al recuerdo de los que ya no están, pero que siempre me acompañan prendidos en estrellas, en recetas de abuelas y cientos de anécdotas.

Vibra. Mi recuerdo es vivo. Mis sentidos se agolpan y me dejo mecer entre geranios y rosas. Entre enredaderas y helechos. Entre olivares y huertas.

Siempre estás conmigo, con tus llanos y cuestas.

A ti, mi pueblo. Mi hogar. Mis golondrinas. Mis partidas y también mis vueltas.
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15comentarios 186 lecturas versolibre karma: 84

De frente al sol

Vuelan pájaros de acero
con su carga de dolor...
¿Por qué no levantan vuelo
los pájaros del amor?

Van dejando tras su rastro
los signos de su vileza
y en los ojos de los niños
el llanto de su tristeza.

Hacen retumbar la tierra
llena de sangre y temor,
mientras la gente se llena
de las sombras del horror,

de sentir caer las bombas
y el rugir de los cañones,
mientras al cielo elevan
sus plegarias y oraciones,

suplicando a Dios bendito
socorrerlos en sus penas
y de su patria se vayan
aquellas aves tan negras,

las que con gas envenenan
al humilde pueblo sirio
y las que vienen de fuera
para acentuar su martirio...

¡Ay, que pronto se vayan
esas naves con su furor,
ruega el pueblo de Siria
a las huestes del Señor!

Unamos ya nuestro canto
en un hermoso clamor,
que cese por fin el llanto
y los tiempos del terror...

Alegres jueguen los niños
sin tener ningún temor,
y puedan crecer confiados
mirando de frente al sol.
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3comentarios 62 lecturas versoclasico karma: 123

La herrumbre recubre las ruinas de nuestra mirada (cubierta de hojarasca amarilla)

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Las casas del pueblo se levantan inertes, como pobres mausoleos de otros tiempos en los que la decadencia se abrió paso a través de toda su estructura ósea. Reina el silencio en el pueblo y el viento corre atravesándolo de un lado a otro sin mayor obstáculo que los remolinos de hojarasca amarilla que levanta tras de sí, como un cementerio abandonado que nos remite a una época pasada y de la que ya no queda nada más que los gritos ahogados del reloj de arena.

El silencio se abre paso entre la soledad e la noche. Y los últimos latigazos de sol ser pierden entre las cumbres nevadas que otean el horizonte como gigantes de piedra que revelan la constante firmeza del pasado, cuando el pueblo aún tenía vida, y aún tenía gente, y aún tenía nombre. Cuando sus habitantes tenían todavía calendarios con los que regir el tiempo y ritos y costumbres a las que aferrarse para sobrevivir en el día a día ante este duro paisaje alpino que permanece aún hoy inmutable tras los siglos que alimentan las eras.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. La luz de la luna se cuela entre los resquicios de las nubes que dejan entrever sinuosas estelas de sombras cristalizadas bajo una neblina de tibieza azulada. El pueblo se yergue olvidado a su paso, devorado por marañas de hiedras y zarzas que trepan por las paredes y las resquebrajadas ventanas que miran al visitante ajeno con una lastimera sombra de ruptura entre los cuarteados cristales estallados en mil pedazos por el frío glaciar del alto invierno pirenaico.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y como una fiera hambrienta despedaza a sus víctimas con la condena de convivir con las ausencias hasta nueva vista de juicio frente a la muerte. En su caminar los pasos que no deberían estar allí le guiarán hasta la iglesia. Manifiesto expreso de que ya ha pasado la hora de este rincón perdido en la nada. Y sus campanas repiquetearán en silencio cuando una ráfaga de viento vuelva a levantar esa cortina amarilla de hojas ante sus ojos. Repiquetearán en silencio, como hacen sepulcralmente desde hace años, como hacen desde que los valles son los únicos habitantes de un pueblo ya sin nombre que vio huir a su gente ante la oleada de olvido que se desató décadas atrás, cuando cúmulos de casas como este se convirtieron en muestras vivientes del anacronismo en un siglo XX decidido a buscar el progreso en las ciudades. Y pueblos como este quedaron sin vida, sin gente, sin nombre; y ahora las campanas solo repiquetean en silencio cuando el viento pirenaico inunda las laderas de las montañas.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Los últimos rayos de sol hace horas que se retiraron, incapaces de alcanzar estas altas cotas, y ahora la oscuridad reina en sus dominios sin tierra. Dueña de un pueblo ya sin nombre, sin gente, sin vida; que ha visto como sus últimas décadas de existencia eran una lenta agonía que ponía en manifiesto su triste anacronía. Y el viento levanta remolinos de hojarasca amarilla ante el visitante extranjero, que vaga sin memoria por un pueblo que tiempo atrás había sido de su abuelo y ahora no es más que un esqueleto inerte que se descompone ante la alfombra de líquenes, musgo y zarzas que devoran las casas a su paso. Mientras el olvido corrompe el silencio y el óxido despedaza los hierros como termitas en las pocas vigas de madera que se sostienen todavía en pie.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y el visitante ajeno observa el pueblo sin nombre mientras la ausencia le taladra desde las puertas entreabiertas que se resisten a perecer ante el viento pirenaico que asola con su soledad las noches de invierno y las tórridas tardes de agosto. Mientras los valles prosiguen su pesado y lento ritmo de vida geológico y el río del fondo de la garganta serpentea resquebrajando las laderas con su fría mortaja alpina; lengua de hielo, caricia de sol; bajo un manto de bruma constante que recubre todas las noches el valle al caer el sol.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Las casas del pueblo se levantan inertes. El visitante que no forma parte del paisaje rompe con su presencia el hechizo de ausencias que pervive día a día en el pueblo sin vida, sin gente, sin nombre, desde hace más de una década; cuando se dio definitiva cuenta de que era un mero anacronismo dispuesto a desaparecer para siempre entre la constancia del tiempo. Y entre remolinos de hojarasca amarilla que levanta el viento que desciende las laderas de los Pirineos, el visitante foráneo, extranjero, ajeno, observa impasible al olvido la casa que una vez fue de su abuelo. Ahora vacía, ahora olvidada, ahora inundada por la soledad de un anacronismo viviente hasta que el último habitante del pueblo cayó muerto.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y el visitante permanece quieto. Como las montañas. Como los valles. Como el río. Como el viento. Como la soledad del silencio que se abre paso en la noche en un pueblo que no recuerda ni su propio nombre ahora ya perdido en el tiempo.

Y el visitante permanece.

Y la soledad de este cementerio se pierde entre los remolinos de hojarasca amarilla que vuelan en silencio.

* * *

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. La luz de la luna levanta sombras cristalizadas pues hace horas que el sol abandonó estas laderas debido a la altitud alpina. Y el visitante ya no es visitante porque ha comenzado el camino de regreso mientras serpentea los valles como el río encajonado al fondo de las montañas guiando el sendero. Camina en silencio aferrando el tiempo entre sus dedos. Recordando el esqueleto sin vida de un pueblo sin nombre que una vez fue de su abuelo.

Y atrás quedan las campanas que repiquetean en silencio y las casas vacías con sus puertas entreabiertas que son devoradas poco a poco por las zarzas, por las hiedras, por el óxido, por el viento; por remolinos de hojarasca amarilla que cubren con su manto los líquenes que devoran los recuerdos.

Y atrás queda el anacronismo de un pueblo sin vida, sin gente, sin nombre.

* * *

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche.
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De un pueblo serrano

Por la serranía las nieves despuntan
y el sol tibio de la mañana calienta
la suave piel de una niñita sedienta
de juegos y risas, sus ojos preguntan.

Desde cuándo del Tormes, las limpias aguas
pasan por los ojos, románico puente
frías y claras, donde corre corriente
lavaban antaño los paños y enaguas .

Cuando dejaron los señores tan nobles
el castillo castellano abandonado,
como rey de un viejo reino destronado,
sus paredes de piedra, fuertes cual robles.
(a mi pueblo El Barco de Ávila)

Hortensia Márquez - 12.12.2017

Copla Castellana.
ABBA CDDC EFFE - 12 versos de 12 sílabas por verso.
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Mi pueblo

Paseando por la vera,
sintiendo todo su fresco,
de las aguas del Eresma,
que discurren hasta el Duero.

Caminando en la alameda,
por esa tierra de albero,
donde allende sedujera
entre caricias y besos.

Con mis manos inexpertas,
con unos labios sedientos,
con una mirada ingenua
pero el corazón intenso.

Serpenteando la ribera
que me lleva hasta mi pueblo,
los pinos y las choperas
son escoltas del sendero.

Y los rebaños de ovejas,
forman parte del cortejo
esto es señal que estoy cerca,
esto es señal que ya llego.

Donde las campanas templan
cuando miro hacia el cielo,
repicando las cigüeñas
en la iglesia y los aleros.

Sus rincones, sus callejas,
aquellas donde regreso,
testigos de peripecias,
cómplices de mis secretos.

Evocando las escenas,
del cajón de los recuerdos,
recuerdos en color sepia
tan presentes como añejos.

Todo lo aprendí en su escuela,
que tuve buenos maestros,
y los amigos que juegan,
compartiendo mis recreos.

Han labrado en las canteras,
esforzados pizarreros,
sobre una base de piedra,
la dureza de su sello.

Y sobre esta tierra yerma,
plagada de sentimientos,
quiero mi casa perpetua,
donde habite mi recuerdo.

Y que me den en su iglesia,
el último sacramento,
y que se alegre la pena
porque me quedo en mi pueblo.

Y que cierren la puerta
de la entrada al cementerio,
y que queden cuando muera,
junto a los huesos, mis sueños.

Cantando estoy a mi tierra
temblando porque la quiero,
como si fuera un poeta,
que la ama…como a sus versos.
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Hombre oscuro

Hombre oscuro,
sombra en las sombras,
bruma de las olas,
murmullo del viento,
plack, de las hojas al chocar,
bella mariposa,
que no hace ruido al volar.
Existo sin existir,
bien del mal,
luz en la ocuridad,

Corazón:
negro, como el carbón,

Alma:
Brillante, como el sol.
-Que dulce contradicción.-

¿Mi camino?
Sin principio ni final.
Yo soy mi pueblo,
soy mis amigos,
solos yo y me destino.
Darkman, ese, es mi sino
y la lucha es mi camino.
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Soneto. #LaPuebladelRío

Por la naviera luz de La Barqueta
se abren en brecha los surcos fluviales
y a las veredas, cañadas reales,
llegan piafando trotes de carreta.

Por La Marisma, aguas en la cruceta,
mieses de tornasol, ... de cereales, ...
y espasmos de chorros en los canales
que se ajustan con cintas de agujeta.

Las nubes caen presas de sol y ocaso
en uves de aves que van con retraso
buscando el humedal de La Dehesa.

Pinares y Encinares,... ... ..., Río al paso,... .
Mimbres,... ... ... ... . Y aromas que duermen, al raso,
en las Cinco Riuelas que atraviesa.
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Todo roto

Todo lo roto y defectuoso del país, estos que saquean
lo de todos
y se lo llevaron a paraísos
fiscales
robando al pueblo.
Los mentales Neandertales
mentirosos
con caras de marionetas
que elevan sus sonrisas
al más falso euro de madera,
los que bajo juramento
venden a sus madres
al mismo dios de oro
y sus creencias.
Judas de miserables negocios
cal viva de la peste corrupción
que sus hijos
heredan y heredaron
con fondos buitres
que matan y queman,
manojos de casquería
podridas
que visten de seda.
Juran en falsos testimonio
y duermen con el mismo
diablo y leyes, prostituidas
corruptas, indignas, y
ciegas.
Mi pueblo, pueblito, falto de todo
lleno de miedos, le cortaron
las alas, los pies, hasta
los dedos
ya no grita
le cosieron
la boca
con hilo
de acero.
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Pasaje Casual #2

Y aunque me vaya 100 veces de este pueblo
siempre regresare otras 102
sin palabras,
sin sonrisa,
caminando en tu recuerdo.

-R. Vela.
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Explota/Ilumina

Antes de apagarte, explota: me dijo el Sol esta mañana cuando salía de mi casa.
Y yo solo pensaba en explotar mientras caminaba
escuchando una orquesta de autos que con el claxon
creaban una sinfonía de queja y de protesta, porque la vida es muy corta como para espera que otro pase primero.
Mejor que exploten
Antes de apagarte, vuela. Pienso en que algún día tendré el tiempo suficiente de sentarme en la banca de un parque y alimentar a las palomas, ahora sólo
tengo que correr para llegar "a tiempo" a todas partes
y me conformo con verlas en el cielo volando.
Mejor vuelo.
Antes de apagarte, incendia. Amar es provocar un incendio. Ama hasta quemarte, ama hasta asfixiarte, ama hasta sangrarte, ama hasta fundirte con el universo.
Ama hasta encontrarte.
Ama hasta incendiarte.
Antes de apagarte brilla.
Antes de apagarte vibra
Antes de apagarte suspira.
Antes de apagarte, late corazón gigante.
Antes de apagarte, explota.
Como el sol hace todos los días. Ilumina todo aunque estés solo.
Ilumina todo antes de apagarte.
Y cuando explotes habrás creado universos... para existir otra vez.


*Giovanny Non Grato
Poema del nuevo fanzine "Hikari" de Ediciones Diente de León***
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Timotes Timotes

El brillo y sonido de los llanos,
sembrando en poblados
relatos de espantos.

¡Timotes! ¡Timotes!
gritan los borrachos, asustados
por las luciérnagas que iluminan
el sendero de las maravillas andinas.

Tierra santa,
tierra andina,
tierra de poderosas maravillas.

¡Timotes! ¡Timotes!
gritan los recién llegados,
¡Cuidado novatos!
No se pierdan en los llanos
antes del ocaso,
no querrán transitar por donde pasa
el Silbón con su saco,
o peor aun, la llorona con su vestido
blanco y su cabello largo.
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Primavera a Miguel Hernández

Primavera que no llega,
primavera que se esconde
entre rosas y claveles
vuelan moscas de muerte.
El invierno se marcha,
la primavera no vuelve
y aparece el verano ardiente
de alto sol y voz temprana.
¿Dónde estás primavera?
Fuiste arrastrada y te perdiste
bajo cálidas olas,
¿dónde te fuiste,
por qué no vuelves primavera?

Primavera que no llega,
primavera que se esconde
¿Dónde estás primavera?
las golondrinas te cantan
y lloran tu ida con pena
¿dónde está la flor y la abeja,
dónde el trueno de tu garganta,
dónde descansa la lluvia y la tormenta?

¡Vuelve primavera!
para sembrar en tu pecho el verde,
para traer los colores a tu vientre,
para llevar el agua entre tus venas.
¡Vuelve primavera!
Con tus alas azabaches y tus labios,
con tu garganta y sus páramos
con tus ojos abiertos de tierra.

¿Por qué no me oyes?
Primavera, tinta de roca y cielo,
escrita con la mano del cabrero
en la frente de los nombres
que defendieron tu pecho
en la flor de una trinchera
y en el viento de tu primavera
de mendrugos y olivares cubierto.

Primavera que no llega,
primavera que se esconde
en el borde de tu nombre,
altivo y jornalero, poeta.

Miguel y su flor nacieron
en la brisa torrencial de los brazos
y fueron en el borde de la luna acunados
y fue su voz, la voz de los vientos,
de los vientos del pueblo.
Miguel y su flor, la trinchera
caminaron juntos por la senda de la estrella
y encontraron la sílaba de su cuerpo
atada a la desgracia de su bandera.
Miguel y su flor, la tierra,
roja la sangre de su pecho,
rojo el corazón de su pueblo,
rojo su puño y rojo su desvelo,
roja su primavera y roja su luna.
Miguel y su flor, retumba
el metal bajo la arena
y el dolor de su mirada abierta
en el agujero que abre nuestra luna.
Miguel y su flor, bajo la sombra
de una noche que no espera
un alba tras su noche ciega
donde el olvido habita de roca
y blanca espuma de arena.

¿Dónde estás primavera?
Qué ya no puedo recordar tu esperanza,
qué solo puedo conocer tu desgarrada
sangre sobre la perforada tierra,
sin poner más nombres en su cuna,
que el nombre de la desgracia
de todos a los que les arrancaron la luna
con el pecho abierto y el cielo cerrado
en su boca y en sus labios.
¿Dónde te fuiste,
por qué no vuelves primavera?
¿dónde está tu cuerpo y tu agrado,
dónde está el amor de tu regazo,
dónde está la vida y la pradera?
¿Dónde?

¡Vuelve primavera!
Ninguno de los vivos te llama,
salvo los esclavos que te aman,
ahora que solo los muertos te recuerdan
¡Vuelve primavera!
De Miguel viniste, a galope y desangrada,
Desde su vientre, a golpes de garganta,
una voz en la trinchera,
un compañero en nuestra mirada,
atado y eterno al pueblo y a la sierra,
una primavera y un camarada,
que vive porque no ha de encontrar la muerte,
sino la eterna vida del poeta
qué es hombre y primavera,
qué es viento y compañera,
qué es poesía y trinchera.

¡Vuelve a nuestra voz, primavera!
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