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Momentos

Momentos
(A Glen)

Oh, que encanto tus bragas,
tan minúsculas.
¡Qué locura!
Colores del arcoíris
cada día.
¿las negras con sus ligas?
en ocasiones especiales,
cuando mi desatino o la torpeza,
obligan a romperlas.

Me pierde tu álbum de fotos,
todo blanco y negro:
posiciones circenses,
diferentes alcobas,
unas cuantas tomadas por un fulano
que conociste en Paris,
¿las otras?...no se quién,
fotos locas,
calientes,
inolvidables,
nostálgicas,
excitantes,
todas memorables.

¿Donde guardas la llave del pequeño baúl?
no podría decirlo,
sabemos que hay esposas,
un látigo,
una máscara,
varios metros de cuerdas,
y extraños artilugios
aún por descubrir.

De tus pulcros espacios
me trastornan tus rosas,
las esencias, los óleos,
los perfumes, fragancias,
las velas olorosas.
Me embriago con incienso,
jengibre,
pachulí,
canela,
cedro,
sándalo
y flores de jazmín.

Pero: si sales de la ducha,
solo con tus tacones
- cual Eva sin su parra-
dispuesta a cometer
tanto y tantos pecados,
todos originales,
me quedo ese momento.
Olvidamos las bragas
y sus tantos colores;
las fotos, los fulanos,
las esencias, las flores,
las llaves, los candados,
las velas y sus olores,
fundimos nuestros cuerpos,
y este instante fugaz
lo volvemos eterno.


Copyright 2017
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Besos

El labial es siempre
el mismo.
Lo que cambia,
son los besos.
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Gemido al compás

Terminó su copa mirando por la ventana.
Mientras se acomodaba en el sillón,
se ató el pelo y me sorprendió con un beso.
Sus labios estaban húmedos
y mordían con fuerza.
Me agarró por el cuello,
y me miró buscando mi expresión
entre las sombras.
Se abalanzó sobre mí,
se acomodó sobre mis piernas
y sus labios arremetían
contra los míos una y otra vez.

Corrí la cara y empecé a besarle el cuello.
Aceleraba y frenaba la intensidad.
Recorrí su cuello entero.
De un lado a otro.
Sus orejas y sus mejillas.
Me llené de su perfume.
Corrí su pelo lacio para no perderme
ni un centímetro de piel.
Para hacerme experto
de esa textura fina,
suave, infinita.
Para recorrerla entera.
Para seguir viendo la expresión
de ojos cerrados,
cuello extendido,
y gemidos suaves.

Cuando ella creía que volvía a sus labios,
comenzaba otra vez.
Pasaba mi lengua
y me detenía detrás de sus orejas.
Sus gemidos ahora eran largos
y su respiración agitada.
Sus ojos se cerraban con cada inhalación profunda.

Comenzó a mover su cintura en círculos.
Buscándome.
Haciendo que la fricción
sea su arma infalible.
Las fronteras entre nuestros cuerpos
se habían borrado por completo.
La tomé de la cadera y acaricie su espalda.
Fui subiendo y mis manos llegaron a sus pechos.

Me dijo que pare.
Que estaba mal lo que hacíamos.
Asentí con la cabeza y levanté
mis manos como un ladrón
que se entrega sin salida.
El silencio se hizo eterno.
Nos miramos fijo por algunos segundos.
La luz de la calle entraba por las rendijas
de la persiana mal cerrada.

Busque sus ojos.
Brillaban y me miraban fijo.
No pestañaba y casi no respiraba.
Alerta. Excitada. Seductora.
Entendí lo que sucedía.
Un microsegundo después,
me agarró fuerte,
me pasó su lengua por la cara y
soltó un gemido al compás
de su cadera en círculos.
Se agarró sus pechos con
furia y se transformó.

Ya no estábamos en el sillón.
Nos habíamos ido de viaje.
Ni siquiera estábamos conscientes
de que habíamos encendido la mecha
y nuestra explosión
generaba una onda expansiva
que recorrió el living y la habitación,
más rápido que el sonido.
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Imaginación

Habíamos tenido un sexo
de esos fuertes.
De conexión con todos los sentidos.
De esos encuentros de traspirar
en pleno invierno y
gemir hasta la planta baja.

De estremecernos hasta los pies.
De quedar uno sobre el otro
hasta recuperar el aliento.

Se fue directo a la ducha
Encendí un cigarrillo y
me quedé sentado en el sillón
totalmente a oscuras.
Mirando de frente la puerta del baño.
Entornada, con ese haz de luz
iluminando el ambiente.

La escuche dejar sus anillos
sobre el lavamanos.
El agua empezó a caer.
Ese ruido despertó mi ansiedad.
La cortina de la bañera
se abrió y se cerró.

Por momentos,
el ruido de la ducha se interrumpía.
Podía ver su cuerpo
embistiendo el chorro de agua
antes de que toque el piso.
Sus manos subían,
y bajaban sobre el cuerpo enjabonado.
Se había formado una aglomeración
de burbujas que persistía
durante un corto tiempo,
agitada por sus manos suaves.

El espejo estaba totalmente empañado.
Ella, de espaldas,
dejaba caer el agua caliente
sobre su cuello.
Relajada por completo.
Cerraba los ojos,
y pasaba sus manos
por los hombros.

El agua le cae en la cara.
Intenta mirar hacia arriba.
Se pasa la mano por las mejillas,
y, sin detenerse,
se toma el cuello;
baja hasta sus pezones;
y termina en su entrepierna.

Se corre el pelo de la cara.
Se mira el cuerpo desnudo,
se toca suavemente.
Acompaña la caída del agua
con paciencia. La enfrenta,
la hace disfrutar de su cuerpo
despojado y entregado.

Piensa en ese momento.
En que hacía solo algunos minutos,
nuestros cuerpos eran uno.
No quiere que el agua
borre todos los recuerdos.
Su piel perfumada a mí.
Mis besos por todas partes.
Mis manos rozando sus piernas.

Mi cuerpo entero sobre ella,
intentando recuperar el aliento.
Haciendo eterno,
el momento del fin.
Dando besos por todos lados,
con las manos todavía apretadas.
Con un silencio que grita.
Con otra hora de la madrugada
que pide ver el sol.

El placer de la imaginación,
de sentir a través de la puerta entornada,
de ver salir el vapor.
De escuchar su cuerpo mojado,
de sentir su piel erizada.
De sus manos recorriendo
el cuerpo desnudo.
Como descubriéndose.
Sentado. A oscuras

.
.
.

Ig: Nacho.luongo
Tw: @NachoLuongo
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Estímulos

Se sentó en el sillón con las piernas cruzadas
Luego de un rato de observar todo el ambiente,
descruzó las piernas y se soltó el pelo.
Puso su mano en el cuello y llevo todo su pelo hacia delante
Sus movimientos eran suaves pero firmes.
Se empezaba a relajar como si yo no estuviera ahí.

Hasta ese momento no me había mirado a los ojos.
Estaba invadido por un estado de alerta.
El aire se había detenido.
Mordiéndose el labio y girando la cabeza
balbuceó algo que no logre escuchar.
Me hizo un gesto de que me calle
y que me siente frente a ella

Sostuve la mirada.
Era difícil mirar fijo a esos ojos
delineados que no parpadeaban.
Que brillaban.
Que contaban más de lo que se veía.
Ella empezó a desprenderse el vestido,
creí entender lo que iba a suceder
hasta que se paró junto a mi silla,
me vendó los ojos y me susurró al oído.

Mi pulso y mi respiración se agitaron.
El taco de sus zapatos en el parquet
hacían eco en todo el living.
Podía percibir como me rodeaba,
dejando que su perfume me inunde la piel
en cada respiración profunda
y entre cortada.

Su dedo índice recorría mis hombros,
hasta que el ruido de su ropa interior cayendo al suelo,
invadió la sala y el silencio se hizo eterno.
Mis fantasías aumentaban en cada segundo sin contacto.

Estaba completamente a ciegas.
Los sentidos alertas
y ansiosos.
Las palmas de las manos algo transpiradas
Y las piernas inquietas.
Cada vez que ella daba un giro completo
Alrededor de mi cuerpo sentado
podía sentir los roces de su piel desnuda
Como si fuera su presa ya vencida.
Como el ritual del león ante su próxima cena
Servida en un plato de cristal
Entregada
Los tacos dieron su último golpe
y su boca recorrió mi cuello de manera intermitente
pensé en levantarme
y ella leyó esa señal de supervivencia
esa última energía de la presa que intenta escapar.
me agarro fuerte los hombros,
casi arañándome,
y me volvió a susurrar al oído pasando su lengua.
Repiré profundo y volví a conectarme con el ritual
No era suyo
No era mío.
Era algo diferente.
Del momento mismo.

Me levantó la remera con suavidad
y pude sentir sus pechos rozando mi piel.
Me tocaban amenazando toda la escena
-¿Por qué no darle fin en ese momento?
Porque no fundirse entre los dos
y terminar con el sufrimiento placentero.

Pude sentir que estaba delante de mí.
Me observaba mientras respiraba algo agitada.
Me agarró la mano y la llevo a su boca
Bajamos,
hasta sus pechos excitados.
Redondos.
Firmes.
Mis manos temblaban.
Se dio vuelta.
Hizo que mi lengua recorra su espalda
sus manos, su cintura.
Toda su sensualidad vestida de piel
su piel infinita.
Esbelta y libre.
Sedosa y mojada.

Sus caderas se apoyaron
sobre mi cuerpo sentado
y desnudo.
La columna arqueada acompañaba
el movimiento delicado y circular.
Mis manos extendidas recorrían su boca y sus pechos.
Me agarraba fuerte de las manos
me hacía sentir que le gustaba.

Se sentó sobre mis piernas,
de frente.
Mis manos no se contuvieron.
La tome por la espalda buscando su boca
Liberamos un gemido fuerte y seco.

Se levantó bruscamente
y soltó una carcajada.
Volvió a susurrarme al oído,
ésta vez poniendo mis manos
en sus caderas.
Llevándome la cara a sus pechos.
Apretándome los hombros,
y ajustando la venda.
Me hizo reconocerla a ciegas.
Tocarla. Besarle la piel erotizada.
Recorrerla con mis cinco sentidos,
sin mirarla.

Cuando todo había terminado
Ella volvió a comenzar.



Gracias @Namirita por la edición
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Cocinámame

~

Hazme la comida,
mientras yo preparo el amor.
Te espero en la cocina,
con hambre de tu corazón.

Rima el azúcar de mis labios
con el picante de tu mirada,
para hacer versos traviesos,
poemándonos a cucharadas.

Calentemos nuestras ganas
en una olla a presión,
que explote cada mañana
degustándonos sobre el colchón.

Cocinámame a fuego lento,
probándome a cada instante
y recuerda que tus besos
dejan mi piel humeante.

El arte de cocinar con amor y de amarse en la cocina siempre han ido de la mano.
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Te propongo

Como una hilera de hormigas
se alinean las palabras en tu cuello;
los versos resbalan por tu pecho
como gotas de deseo
que avanzan sin prisas.
Te propongo que seas la hoja de mi verso,
el que escribo con la punta de los dedos
y subrayo con la lengua.


Y unos puntos suspensivos
se dibujan sin tregua
hacia el final de tu vientre...
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Árbol de invierno

Fuego frío quemando en la floresta
De las cáscaras crudas sobre el margen de esta ventana
Veo, me lanzo sin pensarlo
En ese espacio rostizado
Que me renueva y quema y dobla desde los huesos hasta la savia
Y grita sin mi nombre sin tu reconocimiento
Me ofreces un puñado de trigo y me escupes del vino en la boca
Tú, mi raza, mi inquietud
Cuesco lleno
Desarraigadas fajas secas de ardor
Tu
Piel
Sobre mis pies
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Huracán de pasión

El viento susurraba su nombre
Acariciando su piel canela
Haciendo notar su presencia
En un silencioso atardecer

Llegó como un huracán de pasión
Revolcando toda su existencia
Poniendo en duda su presencia
Y el deseo apasionado de amar

Besos dulces con sabor a miel
Sus corazones se agitaron de alegría
Mientras sus cuerpos se estremecían
Despertando el deseo en cada piel

Avivaron las llamas en sus almas
Lo que sus corazones anhelaban
Encendieron la pasión en sus vidas
cuando menos lo esperaban

Sonrieron en complicidad
Ambos sintiéndose en las nubes
Confirmando con sus miradas
Que son dos almas que el destino los une
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Mujer desnuda

Mujer desnuda,
Encadenas la cordura.
Liberas el soplo caliente de la lujuria:
Tú eres la más suave caricia del averno.
Mujer erótica, profunda y mística.
Desciendes al umbral de las tempestades
Allí, a lo hondo de los sueños,
Bajo la cama que mese la luna,
Bajo la guerra y las pasiones.

Que sepas que seduces, lo sabes,
Seduces mortalmente,
Seduces vasta, seduces gimiendo,
O taciturna, como una inocente bruja.

Mujer de piel de azúcar dulce y morena.
Mujer como dama de fuego.
Mujer como pecado bendito,
Como milagro que condena,
Como vástago de besos robados.

Si en las calles te ven, eres una doncella.
Si en la cama te encierras
Eres un sublime súcubo.

Seduces mortalmente,
mujer preciosa,
Seduces como la poesía,
Como la literatura que nace al borde de tus mejillas,
Como la música que se concentra en tus caderas,
Como el pubis que sabe a agua de oasis.

¡Seduces!
¡Cuánto seduces con tu existencia!
Serás el cielo que se ve oscuro en el nocturno,
Lo serás,
Porque arriba, abajo, adelante o atrás,
Tu cuerpo es el rastro más claro
Que resulta de los besos en la intimidad.

Seduces,
mujer peligrosa.

Seduces con ganas de matar.


J. Palacio
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¿Acaso soy un loco?

Loco, ¿acaso soy un loco?, porque mi cerebro es como un laberinto, sin salida,con un solo centro en el que estoy yo, “el corredor”. El que escudriña.En el laberinto, todo yo, tiene su sitio, hay multitud de pasillos llenos de odio e indiferencia.
Otro donde están la cortesía y la paciencia. En otro la esperanza y locas experiencias. Hay uno oscuro por donde casi nunca paso, porque está maldito, en el sólo hay caos, perversión, asesinatos, sangre, fuego, hierro y sudor, mucho sudor.
Aunque está oscuro veo ojos, ojos rojos, que con su ardiente mirada van desgranando mi alma.
Otros pasillos de este intrincado laberinto son acuosos, etéreos, me recuerdan que una vez tuve una conciencia umbilical, dividida, con una extraña sensibilidad. Femenina sensualidad, diría yo. En otro recoveco hay un pasillo en el que el deseo, la entrega, la duda mi yo y otro yo se confunden, se mezclan, ella lo llama amor. Origen y final lo llamo yo. Algún pensamiento rebelde, me ha jurado y perjurado que en este pasillo está la salida. La salida de mi mente, la llegada a mi corazón y por fin cuando junte los dos.
Tendré otra vez la sensación de ser un sólo yo. Compartiendo contigo, con él, con el resto, con el mundo, con el universo, unido por un cordón.
La señal del nacimiento y la creación.
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Proposiciones

Ante el ojo de la noche
soy un alma desvelada
por sus encantos
de sirena imaginaria.
Ante el espejo
soy ese reflejo
que le quita nitidez
a lo quiere expresar.
Ante tu sonrisa
soy la dicha sonrosada.
Bajo la mirada del sol
soy esa piel que se expone
a sus candentes placeres paganos.
Bajo la borrasca
soy esa sensación infinita
de embestida sutil y caricia.
Bajo tu cuerpo soy
arena sabiendo a mar.
Sobre el espacio
soy esa brisa
que llega hasta el rincón
dónde estás pasando.
Sobre tus muslos
soy el más etéreo
de los infiernos creados
por un verso.
Sobre tu noche
soy reflejo del sol
embestida por tu cuerpo
en un rincón del infierno.

Ante.
Bajo.
Sobre.
Vos.
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Mía por un sueño

Fui una sombra sobre tu pecho.
Un ave oscuro, un perfume en el viento.

Llegué a tener tus cabellos enredados en mis dedos.
Tu piel, en el tacto de mi lengua.
Te sentí, mujer de poesía.
Te sentí vastamente erótica,
Profundamente seducida,
Completamente mía:
Insoportable y desesperadamente mía.

Llegué a tí.
Llegué a verte proclamada mujer,
Y a sentirte místicamente angelical:
Es que en tu forma de demonio
Eres tan perfecta.

Fuiste mía por un sueño.
Un sueño inalterable y caótico,
Donde yo seducía hasta tus huesos,
Y tú devorabas hasta mi alma.
Donde yo me perdía en tus ojos,
Y tú recorrías vorazmente mi abdómen.
Donde tu cintura devastaba mi cordura, así,
Como me enloquece:
Al ego y de ipsofacto.
Y mi poesía hacía hervir tu piel de canela.

Mía por un sueño.
Como lo son las utopías.
Como el deseo es a la distancia.
Como es el amante de la luna:
En los sueños, con demencia
Y una hiriente lejanía.
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Deleite al atardecer

He caminado por largos caminos,
Mis pies se han inundado
Con la arena que los ha cubierto,
El agua ha fluido por mis manos,
El viento ha acariciado mi rostro,
El mar no ha dejado de seducirme
Y su olor de encantarme.

He caminado por largos caminos,
Cuando eché a un lado mis zapatos
Y de mi mano los he llevado,
Muchas veces me he despeinado
Al son de las relajantes olas,
Mis lentes han conspirado con el sol
Y sus rayos sobre mi piel han destellado,
La música ha sido partícipe
De un momento mágico,
Aquella melodía que me ha maravillado
Repleta de violines y bajos
Con ese erótico tocar de piano
A cada paso que marcó.
La caminata libidinosa
Cada vez más dichosa
Y a cada momento más placentera,
Rebosante de sonrisas y simpatía
De miradas y guiños enloquecedores.

He caminado por largos caminos,
Con la lujuria en cada compás,
La picardía a cada pestañear,
El labio que se torna brillante,
Rosa vivo y juvenil,
La piel tostada y exfoliada,
Los pies suaves y lisos,
El cabello brillante y sedoso,
Y la felicidad propia emanada.
La licenciosa risa cómplice
De pensamientos escandalosos
Convivir conmigo en un profundo bienestar
Levantar los brazos de alegría,
Deleitarse con el atardecer
Y la esculturalidad de los cuerpos presentes.

He caminado por largos caminos,
La efervescencia que se desborda
Con cada sonrisa espectacular,
Aquella confianza que se distingue
Cuando se te observa caminar,
Aquella despreocupación por lo que pasará
El abandono a ir contrarreloj,
A la dependencia y al yugo.

Aquel despertar a sensaciones increíbles
Cuando de repente se percibe
Que he caminado largos caminos,
Darse vuelta y mirar todo lo recorrido,
Burlarse de sí mismo
Y recordar aquel tropezar,
El traje de baño ya seco
Y el cuerpo bañado todo de mar,
Visualizar todas aquellas miradas
Que nos estuvieron persiguiendo
Por todo nuestro andar,
Dar un beso al viento
Y esperar a quien lo sepa dar.
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