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La aceleración del tiempo

La aceleración del tiempo contigo
Es una constante gravedad horizontal,
Un chasquido continuo
Que no cesa.

Carta a mi percepción:
Querido tiempo, hagamos un trato,
Cuando me acerque a ella,
Tú trata de frenar la existencia
Y a cambio prometo dejarme guiar
Por la suerte.
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Imaginaria ventana

Desde la ventana imaginaria.

Las hojas bailan con el viento,
dan el paso balseando entre los árboles
los sentidos y las emociones.
Dime acurrucada alondra que vuelas sin destino
por los techos azules anaranjados extremeños
en direcciones prohibidas
sin horizonte y planeando los surcos que el arado hizo
sembrado el trigo.
Alineaciones perfectas entre los olivos y la vid, con las manos del hombre con dolor y trabajo realizó.
Olor húmedo de tierras rojas como la sangre y el sol
los verdes plateados y carruaje en la orilla de los caminos
charcos plateados de agua recién caída.
Al lado los musgos, la romaza, berros, y tréboles recién nacidos.
Llega el aire puro desde el otro lado del bosque de encina.
Sin querer nos avisa de una gran tormenta,
rayos y relámpagos plateados con furia caen,
sobre un suelo verdes y ocres, en este otoñal infierno del esperpéntico día a día de estos tiempos caóticos y convulsivos.
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El tiempo - Píboro

El tiempo

Mis segundos se comen mis minutos
los minutos mis horas
cada uno y su luto
en las tristes demoras
como asesino astuto
de insaciables pistolas
siempre oculto
hasta que pasa y lo lloras.

Píboro

@Pboro4
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1comentarios 56 lecturas versolibre karma: 76

No sea que el tiempo se me acabe

Entró por la ventana, aquel ser que tiene la vida muy corta. En principio, pienso que no sabía a donde ir, primero pasó por delante de mí, luego se fue a la ventana que estaba cerrada. Sonaba algo distinto, como un pitido melancólico y apagado pero, de repente, aumentaba de intensidad hasta el punto de estar encima. Intenté ponerme en su lugar y vi las cosas ocho veces, desde todos los ángulos.

Me vi ridículo a su través, ahí, sentado, escribiendo a máquina y pensando en qué sitio podía molestar más. Pero un olor, que si no fuera ella me hubiera parecido nauseabundo, me atrajo como si fuera un manjar dispuesto para mi. Jamás había volado, en ese momento era un caza en busca de su objetivo, pasando al ras de los objetos cotidianos de mi casa, que se habían convertido en impresionantes paredes y cordilleras en forma de mesas o sillas.

Rodeado de aquellas atalayas sin fin, vi un hueco y seguí el rastro del perfume que me atraía. Bajé vertiginosamente por las escaleras, convertidas en una gigantesca montaña rusa, para que al final girara a mi izquierda haciéndome que la inercia casi me empotrara contra aquel gigantesco muro. Ya no eran tan lisos los muros, podía percibir todas sus imperfecciones como grietas profundas y gigantescas, gotas de pinturas que parecían dunas en el desierto. Pero por fín llegué al origen de alquel atrayente olor, no puedo describirlo, sólo de pensarlo me daban nauseas, pero como estaba en su lugar me seguía atrayendo.

Decidí dar marcha atrás, pues yo mismo estaba en el mismo lugar y haciendo lo mismo. Como ese ser en el que me había convertido por unos momentos prefería la sangre de mi vena para alimentarme, no eran más que proteinas y componentes hematopoyéticos. Sólo debía decidir la más superficial, la vena que más me apetecía aparentemente. Fue cuando de repente acabó mi vida y volví a la realidad, un simple manotazo me había aplastado a mi mismo y vi como caía al suelo desde mi yo real. Lo bueno de todo es que pensé: ¡esta mosca no me molesta más!.

Hice una reflexion y es que la vida es efímera como la de esa mosca que sólo vivió para mi y murió por mi. Pero no por eso soy Dios, sino un eslabón más en la cadena de la vida, al fin y al cabo sólo viven veinticuatro horas. Demasiado deprisa para mi, así que voy a seguir escribiendo no sea que el tiempo se me acabe.

Fdo.: Alfonso j. Paredes.

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Por un segundo de diferencia...

A veces sin darme cuenta
tropiezo con tu recuerdo por las calles
y le ofrezco mis más sinceras disculpas.

Le ayudo a levantar esas memorias
que cayeron por los suelos,
y nos miramos fijamente
reconociéndonos de antaño.

Por un instante nos quedamos inmóviles
analizándonos,
tratando de recordar de dónde nos conocemos,
con una sonrisa hipócritamente educada.

Nos damos una palmada en el hombro
sin importar lo sucedido,
cada quien toma su camino
andando como si nada.

Pero llega la intriga y volteo,
viendo tu recuerdo alejarse por la vida,
entonces prosigo con la mía.

Pero llega la intriga y voltea,
observándome alejarme de su influencia,
entonces prosigue hacia su olvido.

Como es costumbre
no concordamos,
siempre estuvimos desfasados
por un segundo de diferencia.
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Égloga al tiempo perdido

Quizá pensaba hace tiempo
decorar el detalle que, era
tal vez,
una forma más útil de amar,
un episodio de trascendencia importante
un asunto relevante a la hora de la decisión animal.

Quizá planeaba,
la lluvia era siempre distinta
como un río de agua nueva siempre,
el cuerpo que te duele era otro también,
una nueva cicatriz, una nueva señal a detalle.

Quizá también tomé en cuenta en algún momento
el puño cerrado de la memoria golpeando mi espalda
como provocando el ruido de un tambor de piel
que anuncia nuevas sensaciones,
nuevo signos vibrantes, un nuevo olor en la sangre.

Quizá en mi cabeza el sonido se agrupaba
como los restos carbónicos del metal magnetizado
en el imán,
quizá esos ruidos también se levantaban animados
cuando la fuerza de la opuesta magnética se acercaba
para luego alejarse,
pero esos pequeños fragmentos no eran restos imantados
era nada más algo, tu piel erizándose en la tina de tu baño
únicamente.

Quizá yo siempre creí que eras tú ese detalle que se dibujaba en mis sueños
y te imaginaba recitando endecasílabos polifónicos,
dejando deslizar la gota de tu espalda hasta el fin de los horizontes,

Y no es cierto

Y todo era un simple poema vaciado en la imagen vulgar de una mancha

Nunca existió un bastidor para la pintura,
no había buena madera,
el marco de la foto nunca estuvo barnizado,
no hubo detalle y tampoco recuerdo
aún ahora aquello
tan falso
te digo y me digo
nunca fuiste un misterio,
y eso es algo tan canalla de mi parte
haberte inventado y pensarte viva
sino con la verdad terrible
que habías estado muerta
para todas las memorias del mundo
desde siempre.

Y ese olor que te acompaña todavía
aunque ya no está aquí
contaminará mis tardes
y mis odios
para un cierto tiempo
y después desaparecerá para siempre.

Raúl Ríos Trujillo 2017
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6comentarios 114 lecturas versolibre karma: 82

Tiempo detente

Tiempo detente.

Guarda este momento para mi,
guarda los sonidos del sentir
llena mi alma del latir,
enrédame en su vivir.

Tiempo, detente y déjame aquí,
con su te amo quiero convivir,
entre sus brazos hacer mi morada,
y crear de sueños mi alborada.

No avances y eterniza los segundos,
déjame acercar nuestros mundos,
recubrir de mimos los segundos.

Tiempo detente para mi,
para que no vire el sentimiento,
que sea cada susurro mi alimento,
y los te amos siempre mi sustento.

Detente y no dejes que se vaya,
Aquí y ahora me tiene enamorada,
no quiero dejar de escuchar su risa,
quiero que me tenga y lo tenga sin prisa.

Tiempo congélate para siempre,
y déjanos unidos como hielo,
que el es todo lo que anhelo,
y a su lado es donde alcanzó el cielo.

Las letras de mi alma.
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Estragos del tiempo

Paseo por las calles de mi barrio y aún me resulta raro no ver aquel kiosko que presenció mis pataletas y llantos.
En frente, ya no está ese humilde mercado por el que daba vueltas corriendo para sentir la velocidad y sus obstáculos.
Sigo caminando y veo que todo ha cambiado.
El parque de mi infancia ha sido sustituido por uno prefabricado.
Dicen que así duelen menos las caídas, pero qué es un niño sin sus heridas.
Les han quitado la oportunidad de hacer castillos de arena y de trepar por los árboles como si fuesen animales.
Continúo mi trayecto por la calle comercial.
Casi no quedan tiendas de reparaciones, y las que hay ya tienen colgado el cartel de liquidación por falta de prestaciones.
Lo que sobra es basura en las calles en una sociedad de usar y tirar, en una sociedad tristemente material.
Mi antiguo colegio no sé si seguirá en las mismas, pero me alegraría que ya no fuera tan tradicionalista.
Solo sé que exteriormente han privado de la luz del sol a los niños techando el patio con la excusa del mal tiempo.
No saben que para un niño bailar bajo la lluvia puede ser una gran y divertida aventura.
He aquí cuando mi vuelta finaliza y me subo al metro.
No soy capaz de asimilar que no haya niños jugando en la calle porque están con la tablet.
La melancolía me atrapa porque aunque mi infancia no haya sido la mejor siempre hay algún buen recuerdo, alguna agradable sensación.
Así que me siento, me pongo los cascos y espero a la próxima estación.
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El cónclave del horror

El cónclave del horror.

Es el cónclave del horror; los congregados parlotean un idioma algebraico.
Seres que son tragafuegos de su propio dolor para posterior deflagración del interlocutor.
Hay buhoneros que engatusan a los peregrinos con amplificada ingeniosidad, creando pareidolias afines con su voluntad.
La cordura está obturada, la necedad instaurada.
Apoltronados en el sillón los eruditos deben hallar el epigrama.
La tierra se quiebra y se abre en traviesas de madera. Algunos logran saltar y contemplan el vacío con rostro contrito. Otros caen en manos de entes hediondos y zaparrastrosos de voz estropajosa.
Los sabios dirimen desde una hornacina tallada en alabastro. Los alaridos estallan en el aire quebrando la roca, las esquirlas anuncian el fin de su asidero. El tiempo se distorsiona y las guirnaldas devienen granadas.

Marisa Béjar.
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4comentarios 74 lecturas prosapoetica karma: 69

La máquina del tiempo

Me retiré de todas mis cuentas
pendientes del vacío
en las redes sociales.

Mi baile con el lenguaje era mecánico.
Quería volver a esa época en la que había
algunas señales entre nosotros,
ser
un librepensador,
un niño,
un vitalista;

formar parte de las criaturas del azar,
del conjunto que da sentido
a todas las cosas solitarias,
y en la calle, toparme con el rostro del amor
o el saludo de algún viejo amigo.

Ahora tengo presente que la vida te da
algo distinto cada mañana,
y que para viajar en el tiempo
no es necesario
crear una máquina imposible,
y encenderla.

Sólo hace falta
apagar
unas cuantas
de ellas.
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Esnifando la

Me despedí de él, no podía verle en un tiempo. No quería separar mis labios de su lengua, no quería dejar de sentir su tacto por mi espalda.
Al cabo de un rato, conseguí separarme de sus brazos.
Ahora estoy aquí, en mi habitación, haciéndome la dura para no llorar, no hay nadie pero ya es por mí misma, por tenerme algo de amor por una vez. Y entonces lo sentí, era su olor como si estuviera aquí, lo dejó impregnado en mi camiseta y aquí estoy, abrazada a este trozo de tela, esnifando la, solo para sentirlo a mi lado, solo para tenerlo de nuevo, aunque sea por poco tiempo.
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Sin Prisas

Lo mejor de ir a ver estrellas junto a él, fue no mirar al cielo en ningún momento. En sus ojos café ya lo tenía todo; nuestro universo completo a flor de piel robándole protagonismo a la Luna, que nos miraba reír y correr maratones de besos lentos.

Sin prisas, porque despacio sobra el tiempo. Sin ganas de llegar a la meta, porque darnos el sí guiñando los ojos fue mi premio, su premio. Nuestro, cuando ni siquiera su nombre estaba en mi lista o el mío en la suya. Pero me animé a hacerle una foto ajustando mis pupilas.

Porque el cielo seguirá estando ahí. El Sol sale como cada mañana y luego desviste la noche a su antojo, en cambio la estabilidad del nuestro es incierto.

Somos instantes de luz con interruptores defectuosos que quizás se apaguen mañana, quizás hoy, ¿quién sabe?

Así que cada segundo que me pierda en tus ojos, será una eternidad que tendré para amarte. Cuando me faltes o cuando te falte, en mis ojos te tendré y en los tuyos estaré. Por siempre, por instantes fugaces en recuerdos que ericen tu piel y marquen una media luna en tus labios que bien saben, esos que conozco bien.

-Jisell Flete.
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10comentarios 110 lecturas relato karma: 85

Chinatown

San Francisco, de North Beach a Chinatown
Día de Acción de Gracias, 1982.

París, de Bellevile a Le President, Chinatown
Año Nuevo del cerdo 2007.

Nueva York, de Brooklyn a Canal St., Chinatown
Julio-Agosto 2016.

Oscura tienda china,
tos seca tras una pantalla de humo,
jaula de madera de patos,
arroz, sacos,
judías,
té,
pescado seco,
soja,
algas secas,
pipas de fumar,
budas,
boles,
sombreros de paja,
ábacos,
pinceles,
barras de tinta,
polvo.

Cielo sin fronteras,
atemporal.

Ancianos chinos recogiendo botellas de plástico
de turistas.
Ancianas chinas arrastrándolas hasta el coche
del joven chino
con tos seca tras una pantalla de humo.

Ojos que no miran,
que ya han visto,
solo observan.

Meditan mientras deambulan
entre sueños y recuerdos,
aquello que fue.

Silencio sereno,
voces anestesiadas por el polvo,
sabiduría ancestral obviada,
olvidada,
rechazada.

La luna mira hacia otro lado.
¿Cuántas vidas y muertes entre medio?
Gemelos opuestos,
ni vida ni muerte,
ni blanco ni negro.

El vacío,
la no existencia,
el no lugar.

Es aquí, hoy.

La mente, el recuerdo.
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Te Necesito

Si pudiera decirte
que mi alma siente frío,
poder hablarte de lo mío.
Para decirte lo que siento
que mi corazón
sin tu vida está deshecho,
que te necesita para hablarte
de mi amor.

Si supieras alma mía
que esta vida
me lastima y hiere
que sin ti el corazón
poco a poco muere
que me haces falta,
te necesito para vivir.

Sólo para estar contigo,
este corazón mío muere
un segundo sólo para gritarte
que necesito de tu amor.

Yo sé que es imposible
lo que mi ser quiere
que lentamente
la ilusión se muere,
porqué necesito
de tu aire para sentir.

Así la vida se va,
esperando que el tiempo
pase y la vida se agoté.



MMM
Malu Mora.
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Dos días

Hazme olvidar que sólo estoy de paso
en este mundo terrenal;
hazme olvidar mi estado perecedero,
no me dejes recordar que esto es temporal.
Déjame perderme nadando
en la atemporalidad de una mirada café;
déjame flotar en un cálido infinito
hecho con sudor, cabello y piel.

No me dejes mirar al cielo,
delator del paso del tiempo
déjame ver atardecer en tu rostro
y sentir al sol ardiendo en tu cuerpo.
Prometo hacerte dudar,
si despertar conmigo es parte de tus sueños
y que el mejor de ellos
será una realidad, reposando en mi pecho.

Permíteme ensordecer a las horas
que pasan sin pedir permiso
escuchando tu música natural,
los salvajes golpes de tus latidos;
el ritmo de Dios orquestando
una melodía que te mantiene con vida
que espero seguir escuchando
sin darme cuenta que se acaba la mía.

Deja a tus manos invasoras
conquistar el cuerpo que me sirve de templo
y marca con besos tu territorio,
haciendo realidad mis anhelos.
Y aunque el terremoto de los años,
destroce lo que ahora es bello
no dejes de amar las ruinas,
quiéreme aunque no sea perfecto.

Si puedes mirar a mi rostro
cuando pierda la batalla contra el tiempo
y sigues encontrando en mis ojos
un resplandor jovial y eterno,
si eres capaz de ver mi alma joven
con los ojos cerrados en cada beso
entonces bailaré contigo
un vals hasta mi último aliento.

Haz que me tome por sorpresa la muerte
cuando venga a robarme el beso que arranque mi vida,
hazme dudar si ha pasado
un año, un segundo o dos días
antes que cierre mis ojos,
esperando a nuestras almas reunidas.
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Vuela

Vuela, vuela muy alto, tanto que puedas tocar las nubes con la punta de tus dedos y dime que formas ves en cada una de ellas; un corazón, un cometa, una nota de tu canción favorita.
Brilla el Sol pero hay nubes que te permiten viajar, imaginar el mundo que tu quieras, la vida que tu ansies.
Se que cuesta alcanzar el cielo pero impulsate más fuerte, yo te empujo y prometo estar ahí cuando decidas bajar al suelo. Cuando ya te hayas cansado de volar, de imaginar y quieras un escarmiento de la vida real.
Yo no me voy, yo siempre me quedo, al fin y al cabo prometí que lo haría aunque solo sea en tus sueños, a la hora de dormir acunada por la luna, rodeada por estrellas que no brillan ni la mitad que tú.

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Quiero contarte

Quiero contarte
que hoy no tocaba suspiro.
Recuerdo que ha sido una voz, un olor,
un acorde o, quizá, fue un verso;
levantó polvareda y, después,
tan solo recuerdo frotarme los ojos
y ver convertida en colina de arena
mi alcoba. Sublime escenario montado
en solo un momento.

Por poder... por poder, podía ser
cualquier ribera a orillas del mundo,
con sus olas, gaviotas en alto,
sombrillas ancladas, sombras caminando,
lenguas de toalla, incluso, algún barco
cortando la calma.
Aunque, yo digo que fue —por algo
es mío el poema
y decido el sabor de sus versos—,
una réplica perfecta del fragmento
que he guardado
como hoja arrancada del ayer,
subrayando lo que quiero
que el olvido no arrastre mar adentro.
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Ahora

Precisamente ahora que te veía a millas de mi,
Y me sentía victoriosa, ahora que la poca cordura que dejastes me guiaba a tu secreto.

Ahora que ya me estaba sacudiendo de todo lo que con propósito o sin él, en mi sembrastes, ahora que no queda lágrima que recoger,
ni botones de sonrisas, ni malicia.

Ahora que pensé haberte sobrevivido,
llega tu dolor y me visita.

@Evelyn7navit
El destino de una Mujer.
eldestinodeunamujer.blogspot.com
Copyright©2017
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Contigo no hay grises

Viví sin beber los matices
Y ahora que veo las luces y sombras,
Apago la llama de esta penumbra;
Contigo no hay grises

Quisimos lluvia y sus envites.
Mojados fuera del paraguas del tedio,
Perder era un término medio;
Contigo no hay grises

Y da igual lo que diga o lo que dices.
Manteniendo la premisa de no hacer promesas,
Que el hacer vale más que juntar todas las letras;
Contigo no hay grises

Por mucho que repliques y me avises
Que la vida no está siempre en los extremos,
Para mí es estar de más o echar de menos;
Contigo no hay grises

Y ahora allí arriba en el norte,
Un intenso faro agonizante,
Azul del horizonte
Abandonado a su suerte.
Porque contigo no hay grises
Porque sin ti todo es muerte.
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El paso de los días

Qué viaje tan largo,
el camino parece corto
pero el tiempo no me acompaña.

No quiero atravesar las primaveras si están marchitadas,
pues temo encontrar mi flor pisada y descolorida
temo que el viento desgarre el grito de mi alma insatisfecha
y acabe haciéndole compañía al siniestro silencio.

Pues qué voy a temer,
si no es esa soledad que se esconde detrás de los girasoles
donde sólo hay sombra y sueños rotos.
Temo que llegue enero y aún no haya sido capaz de despedir diciembre,
decirle a los días que estoy lejos, pero que quiero que me encuentren.

Quizá necesite un caricia que reabra heridas cicatrizadas,
sólo para asegurarme de que están ahí
recordarme que la monotonía de los días es ligera
sólo si hay otros hombros que hagan de soporte,
pues es pesada esta vida tan vacía
tan corrompida por horas de ruido callando
tan sola, tan mía.

Temo cerrar la puerta con cerrojo y tirar las llaves
y que después llame a mi puerta un brisa de felicidad,
pidiendo refugio en un corazón deshabitado pero aún vivo.
¿Cómo le digo a un corazón roto que abra las ventanas para liberar ese sabor a podrido,
sin temer que se escape ese recuerdo por el que aún sigue latiendo?

Temo, entonces, que algún día me rompa en algún verso
y no haya poesía que me recomponga.
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