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Penas astilladas

Clavo tu futuro en mi corazón de madera.
Y se me astillan veinte recuerdos
y unos cuantos por qués en mi ventrículo derecho.
El tiempo no entiende de besar a ciegas,
de olvidar a medias pretendiendo tenerlo todo
cuando hasta los segundos se nos escapan de las manos.
Y yo, para serte sincera,
no entiendo de otra cosa que no sean teorías y estrategias
de cómo tender tu mano sobre mis miedos
pretendiendo que soluciones algo que ni yo misma entiendo.
Se me ha olvidado dónde buscar tu nombre
y mis viernes saben a lo mismo que mi almohada desde que no huele a ti,
a nada.
Las paredes de mi cuarto ruegan derechos
para volverte a ver nacer
y los espejos me escupen en la cara
porque mi gesto cansado
no tiene nada que ver con tu cara desenfadada.
Cojo las pinzas de la caja de emergéncias
y me quito una a una
todas las astillas que llevan escrito tu nombre y todos sus sinónimos.
Si no olvido tu eséncia
no te olvidaré a ti.
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8comentarios 71 lecturas prosapoetica karma: 106

Tiempo, olvido y un servidor

Ah...el tiempo, el tiempo
¡poderoso enemigo!
el señor don tiempo...
Siempre elástico y sin conciencia
absorbiendo historias
trocando pasados por presentes.

Contestando a veces
algunas preguntas
y preguntando machacón
por respuestas que no existen.

Rajando interiores
como navaja afilada.
Desfaciendo entuertos
y entuertando líos.

Tratando siempre
con malas artes
de promover
a su triste socio.
Señor olvido.

Incluso a veces
levantando muertos.
Y minuto a minuto
enterrando vivos.

Desvaneciendo leyendas.
Olvidando amores.
Olvidando momentos.
Recordando olvidos.

Inmenso océano
tragicómico.
El puto tiempo
y su querido amigo.

Esta noche de borrachera
no le haré preguntas
ni respuesta le daré.

Esta noche oscura
como buenos compañeros,
o como si lo fuéramos,
beberemos hasta caernos redondos
en una absurda esquina.

Beberemos juntos, los tres.
Tiempo, Olvido y yo.

Eso sí.
Antes pagaré la cuenta.



Refranillo popular: "Si bebes para olvidar
paga antes de empezar."

J. Robles
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18comentarios 112 lecturas versolibre karma: 102

MI DOLOR. (Carta para ti).

Duele.

Duele
lo que me rodea.
Duele
el exterior.
Duelen
los gritos ininteligibles de horrendos seres
desperdigados por voluminosas burbujas...,
ancladas en esquinas
donde sufridas meretrices se ganan el sustento.
...llenas de cualquier cosa
que no pueda definirse como vida.

Duele.
El interior.
Dentro de mi propio inframundo
abarrotado de torrenciales tormentas de infundios.
Demoníacas heladas de sinsabores.
Viciosos huracanes de torturadas virtudes.
Interminables desiertos de despecho.

Descomunales incendios de añoranza.

Todos y cada uno, reacios a dejar salir
o a compartir lo poco que me queda de:
espiritualidad,
sensibilidad,
amistad.
De comprensión.
De algo que pueda parecerse
a eso que llaman amor.

Duele.
El cuerpo. La carne.
Duele físico.
Pero aún duele mas lo imperceptible,
la no sustancia ni forma.
Duele.
El entramado de espacio - tiempo
en el que parece ser
me columpio.
Duelen los espacios entre átomos.
Duele la razón. O la sinrazón.
Duelen fuerte los intangibles pasados.

Los pasados.
Algunos mas que otros.

Duelen.
Y tengo que seguir subiendo a duras penas
a los everest diarios e inconcretos.
Sin traje para el frío.
Sin botella de oxígeno.
Y bajar todas las noches
al menos en mi imaginación,
a la apacible ribera de florecillas de colorines
y verde musgo
de mi (nuestro) querido y secreto río.
A desinfectar un poco los interiores.
A revivir los buenos momentos.
A llorar y a reir,
donde nadie pueda verme.

Duele la memoria.
Duele el recuerdo.

Me dueles.

Y tengo que abrir de vez en cuando un paréntesis
de arpegios limpios y satinados,
de sostenidos profundos y misteriosos.
Y hacerme el muerto en ellos,
de vez en cuando.
Para olvidar el dolor por unos momentos.
Hasta que la alimaña que me persigue
se aleje por un cierto tiempo.
Para poder seguir rindiendo pleitesía
a esta vulgar existencia.

("Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar.
Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar."

The Chamber of 32 Doors. Génesis)

Y solo te tengo a tí.
A quien poder rendirme.
A quien confesar mis pecados.
A quien poder abrazar en mis sueños.

Y solo me quedas tu.
Quien me haga sentir un abrazo.
Quien me dé un poco de consuelo.
Quien me ayude a subir mis everets.
Quien me proteja de las alimañas.
Quien me anime a dejar de ver las
amenazantes burbujas de las esquinas.

En quien poder creer y poder confiar.

Duele.
Despues de todo este tiempo
me sigues doliendo tanto...

Solo te tengo a tí.
En mi memoria.

Siempre seguirá doliendo.

Me seguirás doliendo.
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10comentarios 91 lecturas versolibre karma: 109

El llanto de las mariposas. (Carta para ti)

¿De olvidar?
No puedo.

Resuena con dolor
en el rocío de la hierba fresca.

Me sangra la corteza del árbol,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Murió de paso del tiempo
el corazoncito grabado a navaja,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor
en las pisadas de antaño,
en la tierra recién mojada.

Resuena con dolor
en el eco perdido de las piedras,
en el repiqueteo de la lluvia,
en el trino efervescente de los pájaros.
En la suave tranquilidad
que se convirtió en infierno,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor
en el ayer perdido
y en el hoy que necesita ser conquistado.

Instintivamente.
Continuamente.

Tengo que seguir observando.
Y observándome.
Analizando
y analizándome.
Remasterizando
y remasterizándome.
Reprogramando
y reprogramándome.
Equivocándome.
Corrigiendo,
y volviéndome a equivocar.

Recordando.

Resonando.

Superando como puedo
cada trocito de tiempo.

Tengo que seguir irremediablemente
distorsionando la realidad
para poder digerirla a través
de mi propio filtro.

Y si puedo,
vomitarla.

Entonteciéndome o enloqueciendo.
Saltándome las reglas,
o pisoteándolas.

Oyendo el canto del pequeño querubín
a pesar de mi sordera crónica autoimpuesta.
Leyendo la amalgama de la palabra
expuesta por entes opacos,
oníricos y sin alma.
Sin duda mis amigos.
¿Sin duda?
Intrusos sin ningún derecho.
Como yo.

Los que consiguieron meterme por el embudo
del que no puedo huir.

Pero tu sabes que solo son
exigencias del guión.
Del que escribieron otros.

Calavérica peste sin solución,
remedio, ni vuelta atrás.
Ya se extinguió hace tiempo
reventado por el exceso de trabajo
el especialista que con gran pericia
y amablemente
solucionaba todos estos temas.

Murió el figurante de puro abandono.

De abandonarnos.

Callaron para siempre los anhelantes silencios.
Se perdió irremediablemente
el ramillete de margaritas
que yacen secas dentro de algún viejo libro.
Se desvaneció por completo la mirada
con el rabillo del ojo.
No puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor la clave de sol
dibujada en la tapa de un piano.

Todo resuena con dolor.

Como el ruido del cañon
tras la guerra.

Como el sonido del tren que parte
para no volver jamás.

Como el llanto de las mariposas.

Y absolutamente nada impide
que te siga recordando.

Obsesivamente.

Solo queda
bajar de vez en cuando la vista
para no pisar algún excremento de perro.
Es mentira.
No toca nada, ni trae buena suerte.
Solo ensucia el zapato.
Seguramente lo único que me queda limpio.

("Si este desierto es todo lo que podré ser
Entonces dime en qué me he convertido."

Mad Man Moon. Génesis)

No me contestan los reflejos de los escaparates.

¿Puedes decírmelo tu?
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2comentarios 76 lecturas versolibre karma: 98

ɑժɑղ վ Տմ օԵɾօ ϲɑղԵօ

Como rompe el cielo de súbito
la hoja de plata de una noche,
así de certera cae la lágrima
detenida en el mentón de una alborada.




Yamel Murillo



Crónica Verónica®
Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D.R. 2014
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15comentarios 103 lecturas versolibre karma: 118

Øleo de añoranzas (Colaboración de @pequenho_Ze & @sarrd8r)

Coronada de laurel
reluce nuestra distancia;
tan agreste y muda,
tan coloreada de ausencias lúgrubres
acordonadas al desvelo
de cada madrugada despiada,
donde la añoranza es algo más
que un latido roto.

Juego con las palabras
como terapia de olvido,
[añoranza como Sancho Panza
o derivación de año rancio...],
mantener los vocablos lejos,
abrir la puerta de mi sístole renegado
hallando únicamente latas de ausencia,
olvido en almibar, pan de distancias
horneado en la cicatriz del destierro.

Y hacer más grande la grieta a la fuerza,
con los dedos embadurnados
del óleo con el que dibujé
tus abrazos en el aire,
abrirme los párpados
arrancando las grapas de acero
que cosen los sueños que ahora derramo
en tu honor. Ya no los quiero;
ya no me hacen falta.

Reniego del aire de mis pulmones,
de la libertad de mis sentidos,
reniego del agua, el sueño, el hambre,
reniego de lo supérfluo de no encontrarte,
de todos mis nombres
y tu voz componiendo partituras,
cual caja de música, al ponerles letras,
pintando en la nada
la bailarina que da vueltas en cada nota.
Dime añoranza, si a caballo sigues luchando contra mis molinos....


Amén
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20comentarios 113 lecturas versolibre karma: 111

Voces de la angustia

Cuando la ansiedad se va
y la soledad ya no molesta
Porque se ha hecho costumbre
Todo sigue su curso

Y yo no sé
cuál es mi lugar en todo esto
Ayudar a los demás me llena
más que cualquier otra cosa
Pero hasta eso tiene su límite

¿Invadir la vida independiente
de aquella persona?
Conozco mis límites,
y los he sobrepasado con creces
Dejando una estela de daño
a mí, a ella, a terceros

Pero más me duele perder
lo que su presencia en mi vida representa
hoy por hoy es el precio de dañar
a una persona ya dañada
tener las manos atadas
e insistir en hacer algo
dar órdenes a quien es libre
al punto de ser desterrado de su vida

Ella siempre fue libre
bella, lista, excepcional
se fue como llegó
y aquí quedo yo, siguiendo mi vida
y oyendo aquellas voces;
las voces de la angustia
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1comentarios 28 lecturas versolibre karma: 66

Recuerdo

Recuerdo cuando no te conocía,
cuando sonreía,
cuando no había ni profundidades
ni oscuridad, recuerdo cuando
no había nada que recordar.

Recuerdo cuando no tenía edad,
cuando el horizonte no era
lo suficientemente lejano,
ni el futuro cercano.

Recuerdo cuando la libertad,
con su pecho errante,
calzaba mis pies y compromiso
era una dama gris con su guadaña.

Recuerdo cuando no había
suficientes gigantes
o castillos por conquistar,
cuando no había ni retoño ni esqueje,
solo decisiones por equivocar.

Recuerdo cuando no había
suficientes sirenas por enamorar
ni amazonas por hipnotizar,
océanos que dragar o
dragones que apagar.

Recuerdos que han arado mi corazón,
colmándolo de arrugas,
abandonándolo al desamparo
de mi envejecida inocencia.

Amén
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9comentarios 155 lecturas versolibre karma: 97

Las dunas del recuerdo

Perdido en las dunas del recuerdo,
recomponiendo las piezas
de éste puzzle que la vida
y los errores dan forma,
con la pala de lo imprevisible,
encuentras tesoros con el calor
que da los brazos del niño
que se niega al abandono del olvido.

Me siento en el refugio
de la sonrisa tatuada por instantes,
diapositivas de un pasado bordado
en la camisa de la melancolía,
recuerdos que detienen el tiempo
y ensancha la memoria.

En esta duna de recuerdos,
un niño aun corre por su albedrío virgen,
guiado por la inconsciencia,
por su falta de comprensión
por los vocablos y las promesas.

Recuerdos de piedras con forma de plaza,
de muros hechos para que los sueños
trepen por las enredaderas del presente,
de parques de media luna
con hado en el dolor o la lucha.

En ésta duna de recuerdos
permanece varada la inocencia de una espera,
sostenido por el vidrio de mi mirada,
extendiendo los brazos a la llegada
de una voz que aviva el latido
de la promesa contenida,
del niño que duerme enterrado en el tiempo,
que se despereza ante las dunas de su recuerdo.


Amén
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4comentarios 89 lecturas prosapoetica karma: 86

Como robot

Como robot me decías te amo.
Ya no lo sentías, era rutinario.
Como robot me acariciabas,
Porque era lo que te comandaba.
Como robot me mirabas,
Pero tus ojos no brillaban.
Como robot me hablas...
-Hola, ¿como estas?
-Que bueno, ¿que haces?
-Yo no hago nada
-¿Y que?¿Y que?¿Y que?¿Y que?...
Así estabas programada.
Solo monotonía en tu disco duro
Y yo aquí tratando de brincar el muro.
Si, un muro que puso un antivirus
Por eso ya no tienes sentidos.
Pero tu tampoco me dejas.
Es como si te as dado por vencido...
Ay, robot mío... tu no eras así...
Voy a darte un ultimo comando y lo debes de seguir....
Mírame a los ojos y dime que me amas.
Si no veo en tus ojos lo que veía antes...
Me disparas.
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sin comentarios 41 lecturas versolibre karma: 72

Los gritos de la mandrágora. (carta para tí)

A veces, cuando no puedo mas...

Busco.
O al menos lo intento.
En los armarios interiores.
Esos, donde según parece,
por defecto suelo guardar (o esconder)
las buenas y las malas vivencias,
los recuerdos y los olvidos.
Los fulminantes ataques de las panteras
y los cariñosos lamidos de mi perro.
O la insignificante historia de mi pasado.

Tanteo.
Frenéticamente, tratando de encontrar una tabla
salvadora a la que agarrarme
y no puedo encontrarla.
No encuentro nada.
Todo ha desaparecido.
Como si se hubiese reseteado el espíritu.
Todo ha sido devorado por un único amasijo
de vestigios que quedaron, mal aparcados,
como perdido equipaje.
Como una mala infección.

Sabes de qué hablo.

Me pierdo.
En una inmensa planicie helada,
extenuantemente fría
sumida en la oscuridad.
Sin una paupérrima bombilla
que me indique,
siquiera por compasión
hacia donde debo dirigirme.

Como la flor que dejamos secar.

Como merecido castigo.

No reconozco al malabarista del semáforo
ni al hombre pájaro que vive en el piso de abajo.
Pero hablo de vez en cuando con el pequeño batracio
que esconde en su interior al apuesto príncipe.
O ya puestos, a la bella princesita,
rubia, de largas trenzas y ojos azules...
la típica de los cuentos.
O de pelo ondulado y rojizo y ojos oscuros,
penetrantes y casi dañinos.

Sabes bien a quien me refiero.

La titular de alguna que otra realidad pasada,
muerta, pero aún sin enterrar.
La única realidad que invadió mi vida.
Y la tuya.

Y el batracio me cuenta algunos secretillos.
Rumores y cotilleos que refieren
que tu también
estás intentando a la desesperada
divisar una bombilla de guía
en tu propia helada planicie.

También te perdiste por tus armarios.
Lo sé bien.
Y no te imaginas como puedo sentirlo.
Como puede llegar a dolerme.

Después de tanto tiempo
no eches la culpa al destino.
Nunca conocimos a ese señor.

A estas alturas ya no valen las excusas
ni las explicaciones sin lógica alguna
ni los llantos sin consuelo
ni las preguntas de respuesta fácil
ni las respuestas sin pregunta
ni las lágrimas ahogadas
ni las respuestas que son pregunta
ni las miradas perdidas
ni las respuestas que no responden.

Es como predicar en el desierto.

No basta con los mortificantes crepúsculos
incoloros, que aviesamente atormentan los espíritus.
(El tuyo y el mío, por supuesto)
Tampoco es suficiente el asalto perenne
de los remordimientos,
de los meas culpas,
de los que pasó,
ni de los lo siento.
De la impotencia,
De las dudas, o de las búsquedas
sin resultados.
Pesa mas la superioridad infinita
de las historias sin solución.

No nos valen los perdones a destiempo.
Nuestros caminos se alejaron infinitamente.
Se perdieron en nuestros propios infiernos.
por desgracia.

Sigo sin estar preparado
para la escucha sistemática
de tantos silencios,
ni para silenciar todos los adulterios
que me nacen.
Toda la imaginería erótica y vengativa
que me aborda.
O amablemente pervertida.
Perversa, sería la descripción exacta.

Que daría por poder darle la vuelta al tiempo
como a un calcetín.
Volver a aquella vereda
donde nos cruzamos
la primera vez.
Pero...
¿Te volvería a encontrar?
¿Sería distinto?
¿Cometeríamos el mismo error?

Sigo sin estar preparado
para desintoxicarme de una vez por todas
de todo el equipaje que dejaste,
mal aparcado dentro de mí,
en las oquedades distorsionadas
y las esquinas puntiagudas
de mi alma.

Como el ajuar de te quieros tirados por el retrete.
Como el vagón cargado de salvajes besos, de caricias
y de dulces promesas
que se quedó para siempre en la vía muerta.
Expuesto al óxido más corrosivo
y al descarnado escarnio de todas las envidias
de este mundo.
Como el cajón lleno de miradas crónicas,
enamoradas e infinitas, que desapareció perdido
en la cuneta del tiempo.
Como el alféizar que quedó plagado de mordiscos
en los labios, desbordantes de deseo
y que la piqueta destructora de los años
se encargó de borrar.
Como los millones de palabras que sonaron en nuestros oídos
como furiosas tormentas de amor
y que terminaron por achicharrarse en un mar de hielo.

Simple y llanamente,
necesito desintoxicarme,
para encontrar mi tabla
o para ver la bombilla.
Y me es imposible.

Hace ya tiempo
que ambos perdimos la inocencia
en el cajón de alguna mesita de noche
que no era la nuestra,
en el desolado semicalor de algún colchón
barato y sucio, de quien sabe quien,
entre los parches de muchas sábanas
rotas y mal cosidas, desconocidas y ásperas.
Al igual que nuestra obsoleta niñez.

Hoy por hoy me seguiré conformando
con mi conformista conformismo.
Con la endiablada inercia
de los días - nada.
Vividos a cómodos y letárgicos plazos
y sin cantidad en depósito.
Me seguiré conformando
con la panacea de los gestos agradables
sin motivo aparente.
Descaradamente falsos.
Tapándome los oídos para no oír
el horroroso grito de la mandrágora,
que quiere matarme
a pesar de que no fui yo
el que decidió quitarle la vida
arrancándola de la tierra.

Seguiré manteniendo mi fidelidad obtusa,
amorfa y robótica
a las torpes convicciones
que nunca me convencieron.
Como mandan los cánones
de la cobardía,
de la inseguridad,
del obligado olvido,
del dejarme llevar,
del ingente y atormentante miedo.
¿A qué?

Se que entiendes lo que digo.
Los dos seguiremos con nuestras absurdas rutinas.
Caminando descalzos por esas larguísimas carreteras
de asfalto hirviente
que no llevan a ninguna parte.

Aún así
seguiré recordando y recordándote
en cada canción que escucho
y en cada poema que leo.
En cada charco que piso.
En cada cristal que veo tu reflejo.
En cada noche que el puto sueño no llega
y en cada día que malvivo.

¡Dios! que cansado me siento.

No se me permite dejar de subir y bajar
esta puta escalera de Penrose
que me atrapó,
y a la que el muy capullo no fue capaz
de dejarle una puñetera salida,
ni siquiera indigna.

¿Cuando subí a ella?
¿O me subiste?
¿O subimos los dos?
¿Como ocurrió?
No puedo recordarlo,
por más que lo intento.

¿Cuál fue la causa?

¿Podrías responderme,
a ser posible, con respuesta
que responda,
a esta pregunta, por favor?

Quizá, si lo hicieras,
podría dormir en paz,
alguna que otra noche.

Podría descansar.
Dejar de buscar en los armarios vacíos.
Dejar de preguntarme.
Dejar de preguntarte.

Dejar de taparme los oídos,
temblando todo el tiempo,
para no escuchar el terrible grito
de la mandrágora,
empeñada en matarme.

Y en matarte.

Es nuestro merecido castigo.
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Confieso ¡ te he pensado !

Con una sonrisa en mi rostro
Y aunque mi mente lo prohiba
Cofieso ¡ te he pensado !

Aun creyendo en lo imposible
Acaricio la suerte que me mires
Para evocar tus ojos esquivos

Distancia imperfecta e insufrible
como acrecientas mi necesidad de ti
apenas si recuerdo tu cara

En las noches tan frías como esta
Mis sentimientos flotan por magia
Y te anhelo y te deseo y tu no lo sabes

Te conviertes en mi historia deseada
No se si alguna vez vueles hacia mi
Solo se ; que te pensado una vez mas
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1comentarios 61 lecturas versolibre karma: 76

Viento

Me despierto solo y vivo solo.
Me acuesto solo y sueño con ella.

En mis sueños existe. En mis sueños somos.

Ojalá no despertar. Ojalá no ser.

Pero siempre despierto.
Solo.

Cada mañana sabe igual,
A humo, a nada.

Como la última calada.

Esa tan apurada que llega al filtro
de tu último cigarro antes de dejarlo.

Lo primero que aparece siempre es el techo.
Techos diferentes pero mismas sensaciones.

Hasta que me incorporo, me froto los ojos y me pongo las gafas.

Entonces veo.

Veo su lado de la cama perfectamente hecho.

Intacto.

Frío.

Salgo al balcón y el aire golpea mi cuerpo.

Necesito que aparezca por detrás y me abrace. Sentir su calor en la espalda y sus labios en mi cuello.

Tener la certeza de lo imposible me derrumba.

Pienso que el viento es como el pasado,
que duele más sobre mejillas mojadas.

Me recompongo.

Solo.
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Quiero

Quiero...

Borrar de mi piel el ayer,
quitarme el no puedo de mis palabras,
quiero caminar sin pensar a donde,
vivir y ser la única que me juzgue.

Quiero...

Limpiar las lágrimas derramadas,
saltar hacia un destino anhelado,
vivir cada paso como el último dado,
convertirme en ese ser soñado.

Quiero...

Ver hacia atrás y que ya no duela,
convertirme en mi luz y mi centro,
recorrer parajes nuevos con una vela,
que sea mi fuerza la que me guía dentro.

Quiero....

Encontrar esa mujer que esta escondida,
y hacerla que le regrese su risa,
quiero brillar como nunca antes lo hacía,
y correr sin cansarme de la vida.

Quiero....

Dejar de sonreír y reír a carcajadas,
saber qué hay felicidad en mi mirada,
sentirme poderosa antes que nada,
y vencer un pasado que mi vida aterraba.

Quiero.....

Gritarle al mundo que ya no me duele,
decir lo que pienso sin arrepentimiento,
amar y entregarme sin remordimiento,
ser mujer antes que que solo un intento.

Quiero...

Librar las batallas que me ahogaban,
Comerme al mundo que no conocía,
gritar tan alto que mi voz sea escuchada,
y decir lo que quiera sin ser callada.

Quiero...

Que me quieran como soy,
que me empujen para ir donde voy,
que me den una caricia sincera,
y una mano que acompañe mi carrera.

Las letras de mi alma.
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Añoranza

¿Acaso me estoy volviendo loco?
Me siento ahogado...
Y todo me sabe a poco.

Pasan los segundos, los minutos
las horas y los días
¿Y dónde quedaron los árboles y sus frutos?
¿Dónde los arroyos de aguas frías?

Lo que un día fue verde
Hoy es oscuro
Y aunque en estos versos recuerde
Habrán más fronteras y muros
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sin comentarios 64 lecturas versolibre karma: 11

Los recuerdos

Los recuerdos andan siempre por ahí.
Agazapados, dormidos, casi muertos.
Debajo de las cicatrices o macerando en las heridas
o flotando en los días azules con olor a jazmín.
Pero, de todos modos, anestesiados por el paso del tiempo.
Un día quedan atrapados en un lugar, en un rostro
o en un papel.
Hasta que algo baladí los aviva y reaparecen ante nosotros
con toda su fuerza, soliviantando el cuerpo y el espíritu.
Removiendo la tierra de la que se nutren para, después,
oxigenados, volver a descansar más serenos,
más cordiales, más sanos, más bellos…

Alicia F
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4comentarios 69 lecturas prosapoetica karma: 44

Cuando llueve

Hace una eternidad que el cielo está nublado
en la caja donde me he escondido
para no tener recuerdos a la vista.
En los engranajes de mi alma,
el aire frío hace tambalear
todas las emociones de un solo golpe,
y ahora simplemente me acurruco vacía,
los labios sellados con lacre
y la boca amordazada con papel de estraza.

Y es que hace una eternidad que el cielo se oscurece,
que las nubes son una amenaza.

Y yo quiero darte la mano cuando llueve.
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4comentarios 140 lecturas versolibre karma: 56

Te echo de menos

Sí, es verdad,
te echo de menos.
Y ahora el aire quejumbroso
es un susurro tenue de caricias
que nunca llegan.
Hay pájaros que vuelan
clavando sus ojos en mi inestabilidad;
van hacia el Norte,
huyendo de la cordura
que se posa en mi cabeza cuando hace sol;
a mí es la lluvia la que me reinventa
cada vez que la máscara se cae al suelo.
He estado estática jugando con tus dedos
mientras dormías
y ahora no sé dónde esconder tanto desgarro
que pasea por mi vida sonriente
porque yo misma lo he invitado.
Se esconde entre los dientes la amenaza salvaje
de una voz que no sabe pronunciarse.
Ya sólo queda cerrar la ventana,
envolverme en mí misma
y dejar de engañarme.

Te echo de menos,
es cierto,
pero todo es cuestión de acostumbrarme.
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4comentarios 181 lecturas versolibre karma: 56

En forma de canción

Horas de insomnio en plena vida.
-dónde estás?-
Golpeo el miedo y acurruco el silencio
en una esquina de mi voz.
Qué pasaría si pudiera volar lejos,
si pudiera perder el sentido
y recobrarlo de nuevo en tu beso.

-me besarías si no tuvieras sueño?
Y te imagino durmiendo
en tu paraíso
con el alma ardiendo-

Qué callado mundo,
qué lejana música me atraviesa el alma
con acordes centelleantes
que cuentan tu poder y mi destierro.
Tu boca hermosa, mi voz tan rota,
y un verso hecho pedazos que olvida quién soy.
Que se callen esas horas que gritan
desde mis huesos
que hay oraciones que no debo repetir,
aunque vivas en un templo de fuego
que arde en mi debilidad.
Callo la voz para no darte existencia,
y el día sostiene que te vas.
Que te he echado; que para mí no estás.
Pero sigues aquí, donde no estuviste siempre
y me faltaste nunca.
Donde admito sin reparos esta culpa
que me aja la piel a los pies de tu tacto.
Y no soy más que todo lo que he callado
haciendo trizas mi acuoso corazón.

Qué detalle
que dejes tu sombra en mi sonrisa
en forma de canción.
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2comentarios 113 lecturas versolibre karma: 60

Con ella

Que la quise
como no se puede querer más.
Que no teniéndola
ha sido mi vida entera,
sin estar.

Que sin tocarla ha sido mía.
Y que duele no tenerla
siendo parte de mi ser.

Porque sin ella, no soy.
Ni respiro ni muero.
Que morir no puedo
si he de alejarme de ella.

Que queriendo tanto
me he perdido;
en esos ojos
que no me miran;
en esa boca
que no me besa.

Que no supe dejarla ir,
y quedando atrapado en ella
ya no supe de más quereres.

Que la quise por los dos,
como no se puede querer más.
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