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Madre

MADRE, tus piernas enmudecen sus quejidos,
saben de memoria el peso del trabajo laborable
que tú has situado en la cocina,
sin que nadie parezca enorgullecerse de tu persona por ello.

Madre, las yemas de tus dedos
parecen no tener vacaciones
y el sueño está exiliado de la patria de tus ojos,
pero sigues aquí, en pie, entre trastos por fregar,
como un vendaval de perseverancia
por seguir adelante con todo.

Madre, se van burlando del tinte
las perezosas canas de tu pelo,
pero todavía hay un arco iris diminuto
en las facciones de tus risas de niña
y eres sabia en esto de la estrategia y el juego de la vida
al que tanto apuestas por nuestro bien.

Madre, descansa por un tiempo, descansa,
reposa por unos días, date una pausa
porque se me resquebraja el corazón al verte doblegada.

Date una pausa, aunque sé que estarás
desmesuradamente interesada en la prisa,
porque es más tarde de lo que parece
y tus hijos mayores hace tiempo que no fumamos a escondidas...
Date una pausa, porque a los adolescentes
pronto empezará el mundo a teñirles las pupilas
de colores nuevos y peligrosos.

Madre, sé que sigue habiendo todavía
pañuelos y consejos esperándome en tu hombro,
aunque el tiempo haya asesinado las nanas
y ya no nos firmemos las mejillas, con nuestro afecto,
tan a menudo como entonces,
pero sé que continúas escondiendo un te quiero en cada plato.

Madre, tus piernas se alivian de su carga de quejidos
cuando las horas en que las camas se deshacen
cobijan y sopesan tu cansancio.
Por eso yo, con este modesto poema,
he querido hablar por tus dolencias,
porque hay mucho que aprender de ellas, Madre.


(Abel Santos, de ESENCIA,
Ediciones Az90, Barcelona, 1998)
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El sitio en que por fin me recreo

Echo de menos el pasado
pero ni de coña lo querría ahora
que no me hago tanto daño.
La infancia fue un trago amargo,
la adolescencia mejor ni recordarlo.
Ahora entrado en la veintena
con un mono de cafeína
soñé con regalarte mi vida entera
y lo único que me tragué entero fueron mentiras.
Destino el cielo desde el agujero
que parece una caja de cerillas.
Sólo si arde la iglesia ilumina,
ya me perdí en fes traidoras.
Muchos cafés de madrugada
hicieron más vivas la muerte de esas horas.
Sé que será efímero pero te quiero,
ya muchas eternidades se acabaron antes.
Cómo Antonio en el sitio de mi recreo
hay una lucha de gigantes.
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La carta

No quiero que se me mal interprete, pero la adolescencia es una mierda. Y no, esta no es una de esas lecciones o charlas en las que intento motivar a alguna especie de público inexistente que haga caso omiso de mis inmaduras razones. No, mi objetivo no es guiar, ni si quiera inspirar, o ayudar. Ni tan solo se que va a salir de esta especie de experimento a base de sentimientos revueltos y pensamientos sin ilustrar. Solo se, y aseguro, que la adolescencia es una mierda.

Te ves obligado a permanecer en un estatus social elevado, para no caer en alguna especie de vacío imaginario que no esta ahí aunque te de vértigo mirarle a los ojos. Casi cuando llegas a tu meta, te das cuenta de que todo es una mentira, una gran farsa, y creces un poco más. Cuanto creces? Si crees que has madurado. Cada paso hacia delante de tu madurez representará los golpes que vas a recibir. Creer que tienes la razón. Creer que has madurado por ser consciente de que creías que la tenías. Abrazar al miedo de tenerla y no equivocarte.

Muy pequeña para jugar entre las esquinas de este ajedrez, y demasiado grande para no perder la partida. Creerte el rey del mundo, la reina del planeta, y darte cuenta de que todo lo que haces no ha sido motivo de orgullo, si no más bien de simple infancia. Soy madura ya? Que grito en alto lo estúpida que soy al creer? Soy estúpida ya? Que el viento sabe que todo construido ha sido de mis manos y eso me hace más mujer? Soy ya libre, de ver el mundo real y quererme esconder para siempre así como he odiado tanto y anhelo con ansia?

No tengo solución ninguna, mis respuestas a todo son invalidadas y mis preguntas a nada se convierten en ellas.
Escúchame, deja que te de un consejo. Tan útil como el de el idiota que se esconde en tu cerebro. Cada persona es única, así como su forma de pensar. No dejes llevarte por los demás o su idea de avanzar probablemente rota hace meses con las ruinas de un papel en blanco.
No creas que nadie tiene la razón absoluta, ni tu, al crear tu propia idea sobre mis palabras, ni yo al crear la mia en la marcha.

Vive, vive y conoce, crea, disfruta. Discute, marea, asusta, huye de ti. Arrepiéntete y sonríe, perdona y se perdonado.

Y así, nunca sabrás si has madurado.

Y al abrir los ojos, te darás cuenta, de que la adolescencia es una mierda y ya la habrás pasado.

Deséame suerte, es mi turno.
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Edad del pavo muerto

Eyaculo un trocito de soledad que se pierde en la negra oscuridad,
oscuridad que llena mi alma y se mantiene a mi lado
en esta época extraña y turbulenta
en la que nadie más quiere estarlo,
nadie aparte del vapuleado rollo de papel higiénico
que se ha convertido en mi compañero más buscado,
ahora que la expresión “matarse a pajas”
no podría cobrar mayor significado.

Me muero...

Me muero porque los adultos, en vez de reforzar y apoyar lo que ya soy,
están más preocupados por lo que debería ser,
en no quedar mal en sus labores de seres omnipitudos y omniclitorianos
y en obligarnos a hacer las cosas que ellos no pudieron hacer,
en vez de dejar que escojamos nuestro camino
con los errores y las ostias que conlleva lo que es el crecer,
y dejar que caigamos al maldito abismo de mierda
al que decidamos caer.

¿Acaso nadie en este jodido mundo se ha preguntado
qué coño es lo que a mí me importa?

Lo que me importa es lo que siento,
y lo que siento es la vida,
lejos de vuestro veneno cancerígeno
que es peor que el puto sida,
que os consume, os chupa la sangre,
os deja abierta la herida,
para que fluya de ahí el placer, la risa y la alegría,
y se pierda para siempre como si fuera sucia corrida,
consciente de que no volverá jamás,
dejando tu vida mucho más jodida,
con la única opción posible
de abrazar la mugrosa vía prohibida.

¿Y qué diógenes puede querer,
un engendro demente y marginado como yo?

Pues lo que quiero es vivir, joder, vivir
con toda la mierda que eso significa,
amar hasta sangrar, reír hasta morir,
llorar y gritar, que siempre purifica,
despellejar ancianos, drogarme sin piedad, vomitar mi alma en sucios pedacitos,
correrme en la pila de agua bendita,
o tirarme desde algún maldito puente
después de una noche maravillosamente etílica.

¿De verdad creéis que alguien a mi edad puede saber quién es,
si no lo sabéis ni vosotros?

Vosotros, que no sois otra maldita cosa
que patética escoria hipócritamente adulta,
criticáis y juzgáis a la juventud por hacer lo que queremos
por vivir y pensar como de verdad nos gusta,
solo porque os habéis creído el cuento de que todos somos una masa absurda
y no dementes entes independientes que aman la libertad que tanto os asusta,
y aunque sé que es tu mano la que me golpea en la puta cara,
también sé que es la envidia la que motiva tu causa injusta.

Solo hay alguien que debe decirte quién debes ser,
y esa, amiga mía, es la Locura.
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Yo

La amé más que el primer trago de rón a los doce años.
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