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Nos miramos

Nos miramos,
como preguntándonos
porqué hubo noches sin nosotros.
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Pensaba en la distancia

Pensaba en la distancia,
las nubes escribían en la piel mi naufragio
y tú eras una gota de lluvia y también el mar

yo sólo alguien que leía
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Micropoema "Nadie llama"

Nadie llama a mis labios como su nombre
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sin comentarios 75 lecturas versolibre karma: 79

Asumiendo

Digamos que si,
que para mi fue un hecho lo vivido,
que en aquella tarde si hubo entrega,
y hubo besos, y caricias,
y que todo eso no es mentira.

Asumamos este delirio,
esta vieja locura que aun no me sana,
que soy todo un tonto, y que te quiero...
Qué este loco tuyo llegó a mirarse en tus ojos
de todas las formas y en todas las edades,
siempre a tu lado en el idilio indisoluble de saberse único,
irrepetible en tu vida y en la mirada que libre,
no tenía que ocultarse.

Asumamos que me vi besando tus años,
acariciando tus canas y queriéndote enteramente mía,
aceptemos que fui yo quién te creo en mi mundo
como una estela de luz, gigante ilusión desbordada.

Asumamos que hubo dos almas
fundidas en comunión con su Dios
y que aunque pase el tiempo,
nuestra historia será para siempre
testimonio fiel de un amor incalculable,
amor que se dio de lleno muy pronto y que fugaz,
reunió en su cúspide a dos amantes ciegos,
acostumbrados a la rutina fútil de amar en silencio.
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5comentarios 53 lecturas prosapoetica karma: 78

Sobredosis

Y aquellas sensaciones eran una droga para tu cuerpo
Nublaban tu vista
Y entorpecían tus pensamientos
Pero tu piel pedía más
Sin importar cuánto intentaras resistir
Era una droga a la que no te podías negar
Una adicción de la cual no había como escapar
Aquellas sensaciones que recorrían toda tu piel
Aquellas suaves caricias que te hacían contorcer
Tu mente volaba en otro mundo
Y tus sentidos vibraban todos a la vez
Como una dulce sinfonía
Y por más que intentaras volver a tu sanidad
Tu mente no dejaba de volar
Perdida en esa droga
De la cual tu cuerpo pedía más
Y más
Por más que intentaras
Tu boca no podía callar
Quería ahogarse en sensaciones
Morir de sobredosis
Y por más que intentaras volver a tu sanidad
Tu mente no dejaba de volar
Perdida en esa droga
De la cual tu cuerpo pedía más
Morir de sobredosis
Y no parar
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1comentarios 9 lecturas versolibre karma: 62

El robo de los cuadros

Sevilla, 1810
Estaba de nuevo pensando en ella, en aquella
doncella malagueña que le quitaba el sueño, esa
que lo rechazaría por ser un pobre artesano, sin
nada que ofrecerle. Recordó el primer instante
en que la vio era primavera y al verla junto a su
padre en un mercadillo cerca del puesto de
aceites, le pareció estar observando a una
princesa. Se enamoró inmediatamente de ella y
cuando esta se marchó de Sevilla, él empezó a
desatender su trabajo en el taller. Pensó que no
volvería a verla, pero al inicio de cada estación
regresaba con su progenitor para vender los
mejores aceites de Málaga. Ella era una dama
culta, pues siempre estaba leyendo libros y
llevaba consigo un pequeño libro de horas de
tapas repujadas en cuero. Su padre poseía una
casa en una calle de uno de los mejores barrios
sevillanos y hasta allí se dedicaba Marcos a
seguir a la doncella. Esta se asomaba al balcón
cada tarde, acompañada por su dama de
compañía. Aquella era una escena que el
carpintero no podía olvidar pues era la viva
imagen del cuadro de su pintor favorito,
Murillo, “Mujeres en la ventana”. [_61] Su
“Princesa de los olivos” como la llamaba en sus
fantasías, era la reencarnación de la dulce joven
doncella que el artista sevillano había
capturado con gran sencillez y gracia, con su
cabello azabache rebeldemente ondulado y su
tez blanca.
Marcos deseaba haber nacido escritor para
reescribir las paginas de aquel libro que su
amada ojeaba incansablemente, deseaba ser
pintor para decorar un lienzo con la belleza de
su rostro, pero él era solo un aprendiz que
tallaba figuras para vender en las tiendas de
regalos. Había aprendido el oficio de su padre,
pero cuando este falleció, su taller contaba ya con
tantas deudas que el joven no pudo pagar el
alquiler de la casa y se convirtió en un sin techo.

Marcos llevaba siempre un bastón de madera,
en el que hacía una marca cada día desde la
primera vez que vio a la doncella, y llegada la
segunda primavera las muescas que Marcos
había tallado, eran ya trescientas setenta y tres.
Sin embargo hasta entonces no había logrado
decirle una sola palabra, esperaba con ansiedad
volver a verla pues en esta ocasión tenia un
motivo para saludarle, le había tallado la figura
de un cisne en una rama de olivo. Era una
escultura bellísima.
Cuando la doncella regresó a Sevilla con su
padre, Marcos había conseguido un trabajo en
una sillería, en la que trabajaba labrando patas
y respaldos todo el día. Tenía las manos llenas
de callos y algunas llagas de trabajar tantas
horas con las gubias.
Marcos había descubierto el nombre de la
muchacha pues su dama de compañía la
llamaba Olivia, nombre que significaba “la que
protege la paz”.
El joven carpintero se acercó una tarde hasta
su puesto de aceites en el mismo instante en
que el padre de la doncella se había alejado.
Olivia se había percatado en algunas ocasiones
de que un joven alto de pelo alborotado, solía
observarla desde lejos. Al verle acercarse le dijo:
–Mi padre se ha ausentado un momento
debéis esperar, yo no se medir el aceite.

–Sois vos con quién deseo hablar, mi nombre
es Marcos, disculpadme, no quisiera ofendeos.
Hizo una pausa para inspirar aire porque sentía
el corazón palpitándole en la boca de su
garganta
–Quisiera que me aceptarais un regalo.
Olivia se sonrojó sintiendo curiosidad por
saber en que consistía.
–Si vos prometéis alejaos antes de que mi
padre llegue a notar vuestra presencia, os
acepto el presente.
Al extender la mano el carpintero ofreció a la
doncella la bella figura del cisne tallado. Olivia
en lugar de mirar la talla observó con sorpresa
las manos del joven. Marcos se dio cuenta de
que sus manos estaban marcadas por su duro
trabajo, mientras que las manos de su dama
parecían ser de seda y no haber realizado nunca
tareas laboriosas.
–Es precioso ¿lo habéis tallado con vuestras
propias manos? sois un artista. Yo adoro los
cisnes, estoy justo leyendo un cuento alemán de
un escritor llamado Johann August Masäus.
Ella le mostró el libro veis “El velo robado”
–¿Lo habéis leido?
Marcos se sintió morir por dentro de algo
más intenso que la vergüenza bajo la cabeza y
dijo: –Yo no sé leer ni escribir.

Olivia se sintió muy mal por la tensión del
momento, el había bajado la cabeza como un
niño amonestado y aquello le llegó muy dentro
del alma.
Marcos era incapaz de pensar ninguna
palabra y se sintió muy aliviado al ver que el
padre de la joven se acercaba al puesto, por lo
que ambos jóvenes cruzaron sus miradas sin
decir nada más.
–¿Qué buscaba ese joven?– pregunto el
mercader de aceite.
–Un bálsamo de grasa para las grietas y
callos de sus manos, pero se ha dado cuenta de
que vos vendéis solo aceite comestible.
Marcos no se atrevió acercarse más al puesto
del comerciante. Aquella primavera se dijo, que
si había esperado trescientas ochenta y seis
muescas para saludarla, esperaría algunas más
para volver a hablar con su amada.

Extracto de la novela [El lienzo en el espejo]
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Espera

Espera,
aún no ha llegado el tiempo,
aún seguimos siendo mañana,

aún está todo en desorden.
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1comentarios 111 lecturas versolibre karma: 84

No volverán

Sé que ya no volverán
los días dichosos
en lo que tú sonreías
a través de mis ojos
ciegos por ti de amor,
ni que ya no volverán
los gorriones perezosos
a posarse en mi ventana
esperando en la mañana
cantar de nuevo tu voz,
pues te fuiste sin dejarme
ni una sola esperanza
de tenerte entre mis brazos
para marcar en tus labios
el sello de mi perdón,
y ahora soy un alma errante
que vaga sola sin consuelo
mientras siento como nace
la angustia en mi corazón,
que se rompe entre latidos
desgarrando los recuerdos
que se pierden en el tiempo
sepultados por tu adiós.
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A veces

A veces nada es lo que parece,
a veces solo respiro,
a veces blanca la mente.
A veces te necesito,
bueno, eso no es solo a veces.
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Delirio Nro. 1

“¿Aun así me amarías?
¿Inmerso como estoy en este mar de incoherencias
flotando en grises nubes que se derraman gota a gota desde el cielo?
¿Serías capaz de quererme así?

Espera, aun no respondas,
Deja que te hable antes:

....

El eje de la tierra se ha movido conmigo dentro,
Los témpanos de hielo se mezclan con el océano,
La sal inunda las aguas heladas y un pequeño pez,
Siente el frío calarse en sus espinas.

La sensación le quema, le hiere y escose sus escamas
Ya no puede nadar, siente que se ahoga. Está lleno de miedo.
Siento pena por él y no puedo ayudarle, aún agita sus aletas, su fe por vivir es inmensa.

Acércate, rodéalo con tus manos, tu calor le hará bien,
¿Qué dices? ... Te escucho.
Sí, yo también te amo”.
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Micropoema " Mi problema"

Mi problema es que tú eres la solución
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Mi Amor

Temo que llegue ese dia
Cuando no pueda callar mas
estas bombas de relojería
a punto de estallar...
Temo perder esta batalla
que libro en mi corazón
La estrategia disimulada
De sólo fingir y callar
Cuando sangre a borbotones
No me restara apenas orgullo
Arriesgare este mi último aliento
Cuando llegue ese dia de ya no callar lo
Que siento... empezará a terminar..
Perderé lo presiento. .. pues se que no
Tenerte..me llevará a confesar...
Que eres y serás mi amor hasta la muerte..
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Tú conmigo sí, pero yo contigo no

Es que tú conmigo sí, pero yo contigo no.
Entonces comenzó todo, los pensamientos, los quebraderos de cabeza, las preguntas sin respuestas, las lágrimas sin voz, los gritos que rompían en un silencio, las situaciones inestables, las quejas sin fin...
No se dio cuenta hasta que ella volvió a aparecer, le volvió a tender su mano, gélida, huesuda y oscura, y ella, como vieja amiga que era de ésta la abrazó, porque ella esa su soledad, su amiga, la más vieja y la más fiel. Fue entonces cuando lo comprendió:

Él contigo sí, pero tú con él no.
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Miedo

Tengo miedo de las noches, de mi cama.

Tengo miedo de soñarte, de sentirte en mi cabeza.

Tengo miedo de perderte para siempre, de perdernos.

Tengo miedo de que nunca deje de sufrir, de llorar y de anhelarte.

Tengo miedo a que aparezcas con tus condiciones, tus confusiones, tu miedo.

Tengo miedo a querer besarte, tocarte y abrazarte.

Tengo miedo al final, que yo decidí, a nuestro final sin comienzo.

Tengo miedo al odio, a odiarme.

Tengo miedo a seguir amándote.
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Elogio de la sed

Elogio de la sed,
ahora que se agota la luz de la tarde
y parece imposible retomar la rosa
de los vientos,
beber para acusar el peso del ansia
en las venas,
tragar los pétalos del hielo y de lo ilícito,
digerir el verdadero color de las noches,
llorar,
simplemente.
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Micropoema "Hacía viento"

Hacía viento
como si el amor nos quisiera respirar
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3comentarios 91 lecturas versolibre karma: 94

Mañana

Hoy, ni caso.
De mi boca, charco.
Hambre que no es hambre,
desayunando sapos.
Reloj sin aire,
sudores pasmados.
Me ha faltado el cuerpo,
me ha faltado respirarte.
Dime si puedes, amor
si hay tiempos sin hambre,
si hay tiempo,
¿Hay?
Mañana por la noche
no está en este siglo.
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Recuerdo...

Aún recuerdo cuando me mirabas y yo
me ahogaba en tus lágrimas,
aún recuerdo cuando me hablabas y yo
nadaba entre tus palabras,
aún recuerdo cuando me pensabas y yo
buscaba en tus recuerdos,
aún recuerdo cuando te fuiste y yo
morí en tu sonrisa.
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Buona notte, amore

"Si las páginas de este libro consienten algún verso feliz, perdóneme el lector de haberlo usurpado yo, previamente" Borges.


Tres treinta y tres de la mañana,
Una taza de café despachada,
Un cigarrillo atornillado entre
Los dedos índice y corazón.

"Piano concerto in C minor"
Circúndandome, en esta noche rancia,
Cortesía de alguna batuta crispada...
C'est la morte.

Distensiono el cuello, alzo la pluma,
Como Moisés a su cayado,
Y determino la orden: "Escribe" ...
(Silencio)

No, esta materia músea no va así.
La poesía es perfecta, puntual
Como el erotómano en un encuentro
Lúbrico en el ascensor de un motel.

Podría escribir sobre la muerte,
Sabéis que tengo una elegía
Incrustada en la garganta...
Pero odio mecanizar el arte.

Por ello, he destrozado el poema
Lúgubre que estaba descomponiendo.
Lo estrellé como un suave jacinto
Contra la gris mampara del otoño.

¿Qué es la poesía?
(Las preguntas "cataratean")
Una cerveza infinita en verano,
Un viejo amor que vuelve
Y redescubre tu pecho.

Es un salmo infalible,
Un niño chapoteando agua fresca,
Un abrazo azul
En un tanatorio desolado.

Pero la poesía no es monocromática
(¿Existe algo que esté libre de matices?)
En esta vida socarrona y sinuosa,
La poesía es elegíaca, "desordenadora"

Y ahora cuestiono todo, siguen siendo
Las tres treinta y tres de la madrugada,
Me pregunto porqué (suspiro) guardé
Tus parasiempres en un bolsillo roto.

Quise, obstinado, quedarme a dormir
En esos labios mullidos, paradisíacos,
Y asomarme por tus comisuras
Para decirte "Buona notte, amore"

Ahhh... Te besaba como un puberto
Inaugurando el deseo carnal(espiritual)
Y tú batias contra mi, dadivosa,
Con tus besos poliglotas,
Con tu prisma olímpico,
(pseudo)inagotable, (pseudo)intemporal.

Pero (¡Malditos incisos y matices!)
La cerveza resultó no ser infinita,
El niño se cansó de chapotear,
Y tú te fuiste para|siempre.
Y ahora ¿Qué importa el poema?
Ahora, ¿qué eres tú?
Ahora "solo" ,
"Solo",
"Solo",
Eres un poema, un poema roto.
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Quizas

Puede ser el deseo imposible de quererte,
quizás el uróboros ineludible de mi comunión contigo,
pero aun así te me presentas, hora y día de siempre,
con la misma sonrisa envolvente,
inconfundible mirada canela,
ungiendo mi existir en el vacío.

Quizás deliro y deliro, y te observo
y sigo viviendo...

Quizás me he convertido en el ancla triste
de un barco que ha naufragado,
hundido en el deseo infame de escribirte,
de buscarte y humillar todo vestigio de mi mismo.

Quizás fue la nostalgia,
quizás soy yo.
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