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Gotas de fuego

Al filo del minuto
del advertir su lejos indeleble...
de sangrar las rodillas
extraviando la calma,
sortean su verdad
la intrépida suerte
y su adversa circunstancia;
el deber
sucumbe lánguido
al pardo níveo de sus arroyos
convocándose tres veces.

Lloras una lágrima
y de sus lágrimas
estallan los mil llantos.
Fiera tu paz amansa mi furia
y detiene su paso
a golpe de palabra.
La sola;
la tuya;
la misma.

Todas,
jamás como ninguna.
Todas,
nunca como una.

La doble flecha
sacrifica tu arcana...
Hecha a ti
Artemisa
y esclava pagana.
Abatido caes por mis palmas
al plomizo castigo;
trastocan tibias tu alma...
se justifican
aun ante el cruel infierno
de las voces inalcanzadas.

Puro es
el astrolabio...
la intención dolosa
en la que profundo se vuelca
cuando el de ésta que te ama,
nobleza acusa
llevándote con soltura
hasta la celestial vereda.
En ella,
triangulan los amantes
el ardoroso sextante
para fusionarse:
Sol y Horizonte.

Pasional alba de mar,
brújula de cielo:
¡mira a tus chiquillos
hacer terso
su lecho de tinieblas
y perfumar
su almohada de nubes!

por lo que fundidos
la sola mañana
rompen y rocían
por sus pieles...
infinitas
gotas de fuego.



Yamel Murillo



Amantísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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Soneto. Catorce y febrero

Éxtasis de amor y pura simbiosis
- de memoria congénita y emotiva -
que, en tardes de sexo, enjuga saliva
y toma esperanza en pequeñas dosis.

Silencios que llegan con sobredosis
- catapultados de pureza viva -
que, en tardes de sexo, al seso reaviva
y torna en lances, tesis y estenosis.

¡ Ay, amor mío !. Catorce y febrero.
Cupido se distrae con los demás
y es porque no sabe cuánto te quiero.

¡ Ay, amor mío !. Por siempre te espero.
Nadie me ofrece ni un abrazo de más...
¡ Sólo tú !,... que eres lo que yo más quiero.
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No queda valor... (Elegía a Blanca Ortiz)

Ante el desorden infame de las efemérides
que en el nombre del sinsentido
burlaste en sus pasadas trampas.
Ante el bufón de mi increencia
y de esta desdichada hora,
donde pese a tus argumentos
se combinaron las historias
de todos los vientres y las espaldas;
de los dientes;
del viento y la hoja;
de la Luna en la mar…
Ante el impacto
donde en verdad
se tornó sombría la estela
y el bravo oleaje
nos hizo la mueca del desprecio,
para que no fueses
para tantos
una insensata expresión del olvido
y del abandono…

Ante el cataclismo,
declino al norte.

Dijiste que no te extrañara;
que siempre estarías ahí
y si es así
dime:
¿es que ahora
hemos de buscar las cimas doradas
en ese cielo inalcanzable?

A pesar de ser épocas no vividas,
¿sortearemos los ocres ocasos
departiendo inertes
como las solitarias piedras
a las que en tu ausencia nos condenas?

Dejaste huella en la noche
y sin sosiego las manos…
Las aves;
las intemperies
hoy cautivas,
acudieron al encuentro de tu tibieza;
de tu cuerpo desarmado;
de tu amor templado de buena fe…

Tú,
nuestra riqueza ida;
que ya nada sabremos de la vida
salvo aquello que intuías,
que 'nada es la muerte'…

Sorprendiste a los girasoles.
Hoy
cesó su canto…
Sí, ya sé que me dijiste
que no te extrañara,
que en tu plenitud
siempre estarías ahí, aquí...
pero qué hacer
con esta amargura
itinerante
que corta con su hiel
y un hondo dolor que grita
mientras callamos…
y es que, mi linda,
no morirás
en la interpretación
que en las almas
hagamos de tu antigua pena,
ni como fugaz recuerdo
ni como asumiste ser
en el atril,
el libro abierto.

Hoy,
sobre el rigor
de este tan cruel
como nefasto minuto,
tengo que hablar
con resquebrajada voluntad.
Nada censura mis ojos.
Llueve en sus paredes
intentando desatar
el nudo de la necedad
de esta garganta vacía,
que llena de agobio
se escandaliza…
No extrañarte
en la sencilla dimensión
donde la vida sea apenas
un no eterno
y ese amor
que te escribió,
logre secar su tinta negra de sal
sobre algún antediluviano corazón.

Hasta entonces será.

Sin despedidas, Blanca
que no queda valor…
no queda,
para pedir más.



Yamel Murillo




'Diciembre 17... uno menos para verte'®
Raíces.
Las Rocas del Castillo©
Agosto/2017
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Trastero

El amor llega a ser como un viejo trastero,
lleno de lo que hubo,
pero no abras su puerta
porque puede que esté nuestra dicha
hablando con la soledad
y una de las dos siempre sale y se queda.
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Los ahora

Mirarte de frente, darnos cuenta que somos
una solicitud de espacios, luego sentirnos llegar
de la impaciencia, después habrá otros después,
calla, sólo estamos mirándonos.

Los ahora son imprudentes, irreflexivos, casi ajenos,
porque están llenos de arrebatos de otros tiempos,
tienen hambre, muerden, viven, son capaces de amar,
son lluvia entre el sol, abrazan, acarician, prometen,
calla, sólo estamos mirándonos.

Nada cede a la furia de la vida, la verdad es una mentira,
un ocaso que permanece como un instinto de los días,
es la vida, es la emoción que sobrelleva la ropa,
no importa la palabra, el grito, el silencio,
sólo estamos mirándonos, calla,
después habrá otros después como este ahora,
calla.

etiquetas: poema, amor
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Equilibrista

Tierra,
nadie mira, saltas,
un segundo en el aire, distancia,
caes,
se desvanece la nada,
astillas de musgo sobre una rama,
el silencio alado de la última ave,
el gris del viento, evaporado, sobre un charco,
la presencia desnuda de una pregunta,
es un segundo la respuesta,
al caer,
tierra,
tierra abierta, rota,
equilibrista entre sombras chinescas
hilado en el tiempo,
posándose
en un sepulcro de palabras.
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Al amor de todas nuestras vidas

Amor,
no hagas caso
de las lenguas
rotas de tanto marchitarse.
Ni sientas tristeza
creyendo
que nadie te entiende.
Amor,
no te pierdas
ni te escondas
detrás de la sequía
que asfixia.
No contemples
de lejos las miradas perdidas
ni las muecas
vivientes de seres
sin vida.
Amor,
aunque te duela
el aire de tanta
cuerda suspirada,
de tanta flecha
rayando el aire
para encontrar
la luz de sus días,
¡no desistas!
El que te siente
comprende tus medidas,
los escritos
entre líneas,
ese hilo
que nos ata
de vez en vez
tejiendo un para siempre
que parece efímero
aún siendo inmortal.
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Dices...

Dices que no te conozco.
Yo, aun en la distancia,
te tomo el pulso cada día,
instante a instante, te respiro.
Te leo
en el vaivén de tus mareas.
Te descifro
en el atlas oculto de tus anhelos.
Navego
a merced de tus risas,
de tus temores,
de tus ansias de mí.
Cuando me acercas
cuando me alejas
cuando me adoras,
cuando detestas las sombras
que voy desplegando
en lo que te parecía
la vida.

Te conozco.
Yo siempre estuve.

Milagros López, A ras del mar, Torremozas, 2014
milalop.com
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El amor no se bebe hirviendo

Tal vez no se trata de amar hasta que te hierva la sangre a 100 grados celsius,
quizás sólo son necesarios 85 grados para querer,
amando caliente pero no hirviendo,
dejando espacio para soplar las heridas del pasado,
pero no esperando a que se enfríen por completo,
quizás solo necesitamos bebernos el amor como bebemos el café,
dejándolo reposar mientras hacemos las tostadas,
no apurarlo,
solo esperarlo mientras estamos ocupados haciendo otra cosa,
tal vez el amor se bebe a 85 grados,
suficiente para que te caliente el cuerpo,
pero sin quemarte la lengua,
porque si te la quema después los amores que vengan no podrás saborearlos igual.
Quizás solo se trata de encontrar a ese italiano,
fuerte y oscuro que tantos nos gusta y dejar que nos deleite el paladar.
El amor no se bebe hirviendo, sino se quema,
te deja un sabor amargo
y te hiere,
así como ella se derramó en mi
así como ella me quemó la piel.
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Hogar

Me he peinado al alba
con rayos de tu fuego...

Bajas sobre mi cuerpo
y derramas tus dulces almendras.
Cercas mis senos
pese a las súplicas,
advirtiendo al sol tu acercamiento.

El espejo breve nos imita.
Amanece la luz naranja y firme
de tu viril belleza
y tu boca yace
a punto de ser mi noche.
Versas de obsidiana
moldeando el cristal
y sus coyunturas...

Beberás de mi cerviz
con el fulgor de tu ingravidez,
cuando me prolongue
hasta ungirme
en tus húmedos óleos
y dibujar en los secretos lienzos...

Rebelde inconexo
del que hago propiedad
por abandonarse...
Mío.
Abductor impaciente
del remolino
de mis placeres:
¡no ignores
el amor
que escribo
sobre tu pañuelo apasionado!

Heme aquí
con toda mi blancura...
que eres mi palabra;
que me perteneces.

Acaríciame la sangre;
enloquece el silencio
para que huya extraviado.
Reconócete
en el murmurar ensordecedor
y el súbito pulso
que me invade
de tu cuerpo,

al mirarte así...
dentro de mi cuerpo.




Yamel Murillo



Confesionario II
Lunas de mayo©
D.R. 2017
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El Cementerio de Dios

Iacob Ben Shemuel, loado sea su nombre,
Rabbí Docto y Circunspecto,
Varón de Israel,
descansa en su despacho,
y mira a la puerta de su derecha
con aires dudosos y amedrentados.

"HaShem, ten piedad de tu siervo",
dice ladeando con pesar su cabeza,
tocada con negra kippá y enmarcada
por sus gafas, sus rizos y su barba.

Tras esa puerta, una Genizá aguarda,
el depósito de miles de palabras
en las que el reverendo Nombre se plasman.
Todo texto en el que Él aparece,
sagrado o profano,
una vez ya no puede ser usado,
por antigüedad, o por indolencia,
va a morir a la habitación de al lado.

Y las cartas de su dulce Sara,
en ese Cementerio aguardan,
Rabbí Iacob vuelve a luchar con su tentación
de abrir la puerta y rescatarlas,
pero ¿No sería injusto con los demás objetos
salvar sólo lo que a él atañe?

"HaShem, ten piedad de tu siervo",
dice suspirando con tristeza,
buscando con sus ojos a su ausente Sara
entre los retratos sobre su mesa.
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Lucha

De qué paz vienes, tan armada,
a esta tierra de hombres conquistados,
con la cruz preparada para enterrar la vida,
sementera de luz, hastío, tiéndete aquí,
en este ahora con aire de silencio y vacía
tus palabras en la yerba donde reposa la impaciencia
y luego mata, pero hay tiempo aún para desnudar mentiras,
para saber quiénes no somos antes del combate,
guerreros de lluvia, amantes de soles apagados
dime de qué paz vienes con tantas soledades en las manos,
escucha brotar la raíz de cada pétalo en las flores de la rabia,
escucha, sin escucharme a mí, tan sólo habla si puedes
mientras las sombras afilan el hacha y el verdugo reza,
de qué paz vienes tan armada, de qué paz.
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Como si aún no nos quisiéramos

Cómo explicas el hecho de que te he llamado
y has contestado,
si antes odiabas las llamadas
pero esta vez me has hablado.
Así,
como si nunca nos herimos,
como si esperaras que te invitara a mi casa
la tarde de un domingo,
como si quisieras que dijera
que aún sueño contigo.

Jamás admitiría que a veces
(cada noche) te escribo,
que camino y espero encontrarte de frente
con el vaso vacío
para así tener la excusa más tonta;
Invitarte a beber agua
o café
o unas diez cervezas hasta emborracharnos
y terminar enamoradas
compartiendo mis almohadas,
de nuevo.
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Como agua y aceite

Como el agua y aceite,
mi alma inmiscible;
en tu pecho descalza.
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Carta de despedida

Hacer una carta de despedida es una de las tareas más difíciles.
Primero, porque conlleva no olvidarse de nada. Es un único disparo.
Segundo, porque en general no tiene réplica. Esto la hace más difícil, porque uno escribe para preguntar se y en este caso deberá escribir para despedirse.
Despedirse no es malo, es un gran acto de valentía que suele incluir un fuerte abrazo y un último beso. Meter las manos en los bolsillos, mirar por última vez a los ojos y darse vuelta para caminar en sentido contrario. Algunos, muy valientes, suelen mirar atrás, otros, no nos animamos y mantenemos la mirada hacia abajo.
Si uno lo piensa fríamente, constantemente se está despidiendo: en la calle, en un beso, en las redes, en la sobremesa o en el pasaje del invierno al otoño.
Algunos usan estilos dramáticos, otros románicos, y algún piantao manda una carta sin la certeza de que llegue a su destinatario. ¿Riesgo o acierto?
La carta tendrá sin dudas un posdata, ese renglón que nos salva del olvido o refuerza alguna idea. Esas pocas palabras que envuelven toda la gramática anterior y, como suelo pensar, el posdata es el último abrazo después del abrazo.
Es el que volvió sobre sus pasos para buscar otro último beso.
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Como un Idiota

COMO UN IDIOTA

Aunque aceptarlo no quiera
tú formas parte de mí
aunque me duela en el alma
de ti sin quererlo
me he enamorado Yo.

Sé que no eres la mujer perfecta
ni la más pura de todas
sé que eres prohibida
y que a otro le perteneces.

¿Pero dime quién manda en el corazón?

Me enamoré como un idiota
de ti mujer.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Febrero 2018
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La historia de una chica y un café

Por Riberpa



Capítulo 1 Génesis


No más de veinte minutos habrían pasado, se había ido tal vez para siempre, y ya empezaba a recordar que todo había empezado en ese increíble tres de agosto de hace cerca de dos años, el destino cruzó una delgada línea y en medio de mi incertidumbre apareciste; recuerdo que yo venía en malas condiciones precisamente porque no eran mis mejores días, las presiones y la soledad habían cobrado y afectado mi salud.


Realmente era incomodo sentirse en ese desequilibrio físico y emocional, fui sin más aliciente que cumplir un requisito más, recuerdo estar ahí sentado esperando sin sentido, al oír mí nombre gire con algo de desidia, pero inmediato mi rostro cambio, está viendo aquella persona que se accidentaba en mi vida y colisionaba frente a mis ojos, ahí estaba esa figura menuda, normal dirían muchos, pero cuando mire sus ojos algo me atrapó; sólo lo descubriría tiempo después.


Camine a su lado durante un corto trayecto las primeras palabras cruzadas fueron como un libreto poco profundas, diplomáticas, pero poco a poco me entró el afán de hablar, tal vez tome la iniciativa tratando de agradar por aquello de la primera impresión, buscando crear un lazo que desde el principio mi corazón sintió que se anudó en mí, el tiempo relativamente voló para mí, parece que hubiera desaparecido el resto de escenario.

Sería presumido pensar que tú correspondías desde esa primera cita sólo mi imaginación desbordada de emoción lo recreo, hacía rato que no me sonreía la vida y ese día tuve la suerte que uno no busca, sino que te encuentra. Aterrizado en mis recuerdos vi correr nuestra historia y esa primera conversación corrió dejando en mi la sensación de un querer más.

A veces nos pasa esa incómoda situación de tener sensaciones inexplicables, irte, pero desear volver tan pronto como se pueda, tal vez existen esas diosidencias que se colocan tú camino para hacerte menos pesado el viaje y empiezas a preguntarte qué enseñanza habrá detrás de estas experiencias a la que llegas cuando menos piensas y cuando tus velas se han ido apagando poco a poco.


Capítulo 2 Añoranzas.

Hoy me fui con esa sonrisa que esa “extraña” me regalo a mi otro extraño, esa delicadeza envuelta en una flor de mujer donde cada palabra que brotó me llevo a la tranquilidad, había olvidado que, si hay gente hermosa y que el empaque es engañoso, había luz en tus ojos y ahí me conecte pensando en que los próximos días fluyera en mi un ángel capaz de corresponder ante tantas dádivas que entregabas a borbotones.


Esos días anteriores a nuestro nuevo encuentro estuvieron plagados de recuerdos, de contar los días esperando retomar nuestra conversación y con la esperanza de seguir reconociendo en ti aquello que había tratado de buscar con algún desespero durante varios meses , en donde soñaba frecuentemente en disfrutar de una conversación y que esta fuera tan lenta como pudiera , alargando cada minuto y sintiéndome afortunado porque estarías ahí para recibir mi sonrisa, con una empatía perfecta y así aprovechar cada uno de esos espacios que me regalaras.


En esas noches pensaba como este sentimiento naciente e ilógico debería manifestarse y en mi mente se cruzaba varias opciones que iban desde unas señales de SOS desesperadas de que te fijaras en mi de manera perentoria hasta pasar desapercibido y solo dar ligeros toques de estas sensaciones que iban creciendo; la noche anterior a nuestro nuevo encuentro me sentía como aquella oruga queriendo convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mariposa amarilla en un mundo lleno de color , sin embargo decidí colocar pies en tierra y reconocer que si bien desde niño me habían vendido la imagen del amor a primera vista esta requería de algo más y lo iría comprendiendo en el camino que me esperaba.


Capítulo 3 Conociéndote


La mañana estaba fría, si bien llovía copiosamente podía ver la gente caminar rápidamente , doy un giro a mi pensamiento he intento imaginar que cada uno de ellos vive su mundo y está pensando en las horas por venir , en sus anhelos y metas de ese día; yo por mi parte venía con esa ansiedad que había tenido los días anteriores, con un solo objetivo confirmar si esa conexión primaria y básica que sentí era real o parte de mi imaginación, de nuevo volví a la realidad y seguía caminando , apresure el paso dando zancadas más grandes y volví a sentir frío en mis manos y ansiedad en mi corazón.


De un salto nominalmente entre al edificio me anuncie y espere con impaciencia el encuentro, por un momento me quede absorto y de nuevo reacciono cuando alzo mi mirada y la vi acercarse hacia a mí, como si me conociera de siempre me saludo con un gran don de gente, sin embargo siempre guardo la formalidad que ameritaba la situación, a pesar de ser la segunda vez que coincidíamos nos sentimos cómodos como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo , sentía una buena energía y esto era signos de un buen comienzo para seguir escribiendo letras en el libro en blanco que no había obsequiado el destino.


Hasta ahora me había referido a ella como esa figura menuda y realmente quiero guardar en mi memoria fotográfica tu rostro el cual contemplo de manera directa y en especial esos dos puntos de guía que son sus ojos , he de decir lo que primero vi fue una sonrisa permanente que uno no olvida, vas irradiando luz con una actitud que pocas veces uno ve, más qué describir lo físico de tu belleza admiro lo que inspiras , me llevas a soñar y no queda otro camino más que agradecer a la serendipia que me permitió conocerte, aquí y ahora estoy seguro que si fuera por tu sencillez dirías holas no crees que estas exagerando ? y yo simplemente tendría que decir que pude ver más allá de lo que vieron los demás.


A ratos quisiera describir todo lo que pasa en mi cabeza cada vez que se generan estos encuentros que he de reconocer se presentan por un tiempo limitado y que son de obligatorio cumplimiento pero que disfruto como si fueran libres y espontáneos, me llena el alma de fe, de un sí se puede y de creer que la vida vale la pena vivirlas gracias a la existencia de seres humanos que van regando enseñanzas como semillas con la esperanza de aportar a la vida de cualquiera de nosotros, hoy salgo convencido que sin importar este final ya dejaste huella en mí.


Capítulo 4 La despedida


Así fueron pasando esos sesenta y cinco días de cercanía en donde cada reunión se fue acrecentando sin explicación alguna un afecto inusual que me llevaba a sentirme pleno y a desear día tras día volverte a ver esos sesenta minutos en los cuales el reloj pareciera estar corriendo unos 100 metros planos, eran implacables y a pesar de que sentía que no era indiferente había una barrera implacable de superar; lo sabía y el tiempo se agotaba y no quería llegar a ese final que era tan seguro como la muerte.

Quisiera detallar cada uno de esos instantes vividos en este corto tiempo; donde las letras se darían un banquete ya que se plasmarían todos lo que nos fue sucediendo en donde en cada cita nos sentíamos más dependientes el uno del otro , cada vez conociéndonos más y estoy seguro que tanto tu como yo nos pasó algo que aún no tiene nombre pero que existió , y ahí me queda anclada ese siete de octubre donde se rompió ese cordón umbilical que nos ató durante 65 días, recuerdo salir algo melancólico mas no triste porque comprendía que había tenido suerte y que lo vivido había calado una gran huella que me impediría olvidarte.

Entendía que en ese momento había diferencias que no permitían una relación diferente a la que el destino nos brindó y que antes de manera valiente lo desafiamos y lo llevamos a un escalón más allá de lo permitido, así me fui con una posibilidad escasa de contacto, pero existía como al aire que exhalaba cada mañana posterior a nuestro adiós.

Estábamos cerrando ese primer año y luego de atragantarme con las ganas de escribirte decidí hacerlo de manera sencilla y empezamos otros ciclos de escritos sin vernos en donde te compartía mis escritos que nacieron de la inspiración surgida de los sentimientos hacia a ti, ahí nacieron poemas sentidos que leías y luego me dabas tu opinión donde me reafirmabas que era grato para ti leerme y me agradecías abrirte la puerta de mi vida.


Capítulo Final ser agradecido

Recuerdo que este medio escrito me trae gratos recuerdos contigo ya que siempre recibí una respuesta ; ahora lo sé con certeza el hecho de conocerte fue para mí muy importante disfrute de cada segundo y cada sorbo de este café retrasado en el tiempo y pospuesto por el destino , desde entonces solo pienso que la serendipia llegue a mí para atreverme a soñar contra lo que parece imposible.


Ayer nuevamente recorriste mis pensamientos como en tantos otros días en que te posesionas de mí y aquí estoy escribiendo estas líneas para evocarte y esperando poder robarte unos segundos y una sonrisa ; como diría Benedetti mi táctica y mi estrategia era mantener esa pequeña posibilidad de contacto viva a través del tiempo así fueron transcurriendo meses el cual después de muchos obstáculos se cristalizo una noche fría de aquel 7 de marzo.


Hoy soy consciente más que nunca de las limitaciones que tenemos, unas más que otras y que solo si Dios lo permite caerán, sin embargo, hoy no hay tristeza ni dolor; tengo el recuerdo de la más hermosa sonrisa obsequiada a mí por esos ojos que aun evoco y sabes que entiendo tu silencio y lo respeto, tu historia, tu pasado, pero si por una extraña razón quieres verme ahí estaré ya que siempre he tenido fe en ti.

La noche llega y tu recuerda reposara en mí y a partir de hoy en estas letras que quedaran como vestigio de aquel hombre que llego a destiempo a tu vida y que lo poco que compartió lo hizo de corazón y a plenitud conscientes de sus defectos, cierro los ojos lentamente y mañana será otro día

Esta historia continuará
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Realidad

Lo significativo del absurdo,
cuelga una palabra en el viento,
pasa una rama, como un nada del aire
y la palabra se vuelve hoja y cae,

vuela, remolino entre piedras, vuela
leve, sólo ante quien lo observa,

un rayo de nieve en las manos acaricia la verdad,
de la sombra el agua es el libro que nos lee,
no bebas porque entonces tendrás sed,

detente, no hagas caso, sigue,
no olvides que estás solo,
que los demás están viviendo.
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El bosque de un árbol

Calma el aire,
suave y vespertino,
inteligente, flameante,
tántrico como el silencio.
Nubes te cruzan
al margen del águila,
ardillas juguetonas
bebiendo de tu viento.
Allí están las maravillas,
encauzadas en las hojas
como remares de los barcos,
los del recuerdo.
Visita mi mente,
guarda mis dolores,
sacia mi asombro
con tu copa al cielo.
Enreda mis temores
con las raíces de tu fe,
encuentra mi alma,
reside en tu viejo tiempo.
Dormiré en tus venas,
verdes de Gea,
hijas del mundo,
quiero ser tu universo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Encuentros

Nos habíamos encontrado de casualidad, unos amigos en común de otros amigos, en fin. Siempre cuestioné esa posibilidad porque era como entregarle todo el crédito al azar y nosotros vamos moldeando nuestro día a día con un conjunto de decisiones que nos hacen llegar hasta donde nos encontramos hoy.

Ella era de rasgos más bien definidos: pelo medianamente corto y claro, ojos verdes y un estilo rock perfectamente combinado entre el color negro y las transparencias. Lo metálico, lo brillante en su justa medida. Lo casualmente arreglado por horas. Siempre sonriente. Siempre radiante. Piel perfecta con pecas, ojos delineados que resaltaban una expresión tímidamente desafiante. Sus manos lucían dos anillos: uno en el dedo anular y el otro en su pulgar.

Al principio todo estaba dentro de lo esperable: dos personas que se van conociendo, intiman sexualmente, se vuelven a ver. Intercambian historias, duermen juntos y empiezan a compartir la intimidad de los días de verano. Siempre la misma historia nunca los mismos besos.

Mientras ella se preparaba para irse a trabajar le dije que estaba fascinado aunque algo sorprendido por lo que había pasado hacía tan solo unos minutos. Que habíamos tenido un buen juego previo en todos nuestros encuentros, mucho más del que al yo había experimentado, pero que había sentido que ella quería algo más. Mi inseguridad se resumía en esa afirmación. Me dijo que el juego no debía ser previo. Que el juego era todo y que había que ir más allá del sexo. Me dio un beso agarrándose de mis cachetes y se fue. Su perfume siempre quedaba en la habitación, en las sábanas, incluso en mis camisas. Era algo frutal.

Para nuestro próximo encuentro yo no podía dejar de pensar en esa conversación y en su deseo que iba más allá del sexo. Mis interrogantes iban en aumento, pero ahí estábamos una vez más en el sillón, mirándonos inmóviles y esperando el momento justo para lanzarnos uno sobre el otro. Esa magia que se suspende en el aire, que se siente en la piel sin haber entrado en contacto físico.

Me tomó de la mano muy suavemente y me dijo guió hasta la habitación. Me pidió que me sacara toda la ropa y que no diga nada. Que me dejara llevar por ella. Intenté respirar profundo para calmarme pero mi respiración era muy agitada. Estábamos desnudos frente a frente. La luz de la calle atravesaba la cortina de plástico mal cerrada y daba justo en sus pezones dibujando una línea interminable de rectángulos iluminados. Me dijo que tenía que serenarme, respirar profundo y dejarme llevar entregándole mi cuerpo al cien por ciento.

Me hizo sentarme contra el respaldo de la cama, espalda derecha y piernas abiertas y extendidas sobre la cama. Ella se colocó justo delante de mí, bien pegada y con sus piernas también abiertas. El contacto de la piel suave y caliente era un estimulante explosivo. El ambiente que se había generado en la habitación, no tenía precedentes ni en los sueños más profundos. La energía que ella generaba venía desde todas partes. Ella estaba delante de mí, pero también estaba en mi mente, en mi respiración, en el espejo que era testigo desde una esquina. En la piel de mis manos, de mis muslos. De mi lengua seca por intentar respirar pausado con la boca abierta.

Le besé el cuello y largue una respiración profunda producto de la contemplación sin respirar. Empezó a relajarse y agarro mis dos manos. Recorrimos sus pechos grandes y macizos hasta su sexo, sus piernas y subiendo nuevamente por sus costillas. Ya conocía su piel, era perfecta y suave como el algodón pero ese día todo tenía un matiz diferente. Se llevo mis dedos a su boca y los chupo con fuerza para volver rápidamente a su exhibición privada de partes íntimas entregadas al placer que proporciona el otro con la celosa supervisión de uno mismo.

Ese día la conocí por completo. Ella necesitaba conectarse conmigo desde lo esencial del deseo compartido. Ella promulgaba ese encuentro más que nada. Su cuerpo lo pedía a gritos, sus ojos brillaban con la poca luz de la habitación. Su cuerpo se había transformado en una extensión del mío, y el mío, en una extensión de sus manos. No éramos nosotros los que estamos ahí, porque nuestros cuerpos jamás habían logrado ese estado de plena satisfacción.

Manos, piernas, lenguas y brazos se habían convertido en un mecanismo suizo de relojería que se mueve y avanza en perfecta sincronía generando un solo movimiento.

Quedamos tendidos sobre la cama uno junto al otro. Temblando y en silencio. Cada uno asimilando lo que había pasado, disfrutándolo, recuperando el aliento y haciendo un raconto rápido de todo ese momento de éxtasis.

Ella me enseño la importancia de conocernos desde lo más íntimo.Y aunque el cuerpo es algo finito con límites marcados, ella hacia que en todos los encuentros descubra algo nuevo de ella y de mi. De los dos. Juntos y por separado al mismo tiempo.

-Lo importante es cómo te hace sentir la otra persona más que el encuentro de dos cuerpos, me dijo mientras se vestía.

*PH. Pato Azpiri

*She. Florencia Couce
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