Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 29, tiempo total: 0.022 segundos rss2

a salvo

que no nos castigue el tiempo
como no queramos,
que al abrir la puerta nuevamente
venga el fresco y cotizado
aliento de los pájaros.
si hay que conocer la verdad
antes de que duela
nos convertiremos, a la fuerza,
en sabios, y con los años
nos desacostumbraremos
a la paciencia,
a la prisa, a la fiesta
de las tardes de hojas cayendo.

hay una ciudad ahí abajo
deshaciéndose en deseos.
leer más   
14
12comentarios 80 lecturas versolibre karma: 109

La ciudad sin luna

Respuesta tan real como cruda
en la tristeza de la ciudad:
el laberinto de la duda
y el sendero de la soledad.

Escombros entre la bruma,
niebla camuflando tanta verdad.
Entre las dos hay una pluma
que habla de escritura al capataz.

Demasiada sociedad
para sentirse solo en la luna.
Demasiada suciedad
para tan poca muda.

Caminando por calle maldad
sin más valor que bermuda
es difícil observar la paz
que respiré incapaz en la cuna.

El día hace gala de la oscuridad
porque ni de noche añoro la cura.
Es el favor de la tranquilidad:
no hay tortura en la llanura.

Todos se hacen la misma pregunta:
¿qué es lo que la hace especial?
El laberinto de la duda
y el sendero de la soledad.
4
4comentarios 59 lecturas versoclasico karma: 37

La pradera que se esconde en la ciudad

Cuando la noche
En la ciudad cae
De otros tiempos
Escucho

Las cautelosas pisadas
De los ciervos

El murmullo
Del arroyo

La respiración
Acechante del jaguar

El alborozo
De los árboles
Que comparten
Su sombra

El viento
Que acaricia
La maleza

El lejano canto
De los aborígenes
Que adoran al sol
Al fuego
Y a la lluvia

Cuando aparecen
Las primeras luces
Del nuevo día
Oigo el ruido
De autos
Camiones
Máquinas mezcladoras
De cemento






Del Poemario Palabras que regresan
12
4comentarios 86 lecturas versolibre karma: 95

La ciudad de los malditos

El sonido martilleante y repetetitivo de las teclas golpeadas por los dedos se filtra por la rendija que deja la ventana entreabierta y se confunden con la sangrante lluvia que hace languidecer la ciudad maldita en cortinas de supurantes lamentos.

Es noche cerrada y la densa negrura teje un tupido velo que oculta el bosque de luces que caracteriza a la solemne nocturnidad diaria del parapeto infundado sobre el que se sostiene la llamada sociedad.

Mientras el viento se arremolina en abruptos giros inconscientes, el cielo escarlata secreta su dolor en forma de fulgurantes truenos y atronadores relámpagos que tiñen de fantasmales siluetas las sombras que se yerguen orgullosas en el camposanto que es la vida en las urbes.

Escuece, escuece la noche en las gargantas degolladas por litros y litros de sangre bombeada a diario al ritmo intermitente que marcan los incongruentes horarios que limitan la jornada a meros trámites burocráticos con los que obtener un pedazo de pan al son de títeres manejados por manos invisibles nunca vistas por las miserables almas que sostienen el mundo.

Las televisiones escupen toneladas y toneladas de ligeros paquetes de masticable información con una amplia gama de sabores a gusto del consumidor, y los periódicos martillean las moldeadas mentes con titulares segregadores con los que aderezar los descansos de media mañana que se filtran por las rendijas de ese presente que disfrutamos describiéndola como vida.

Los libros ya no son portadores de almas, sino meros repartidores a domicilio de ideas precocinadas para mantener una hegemonía dominante sostenida sobre monumentales recuerdos al pasado y rebosantes fosas consagradas al olvido.

Y entre lágrima en el campo y lágrima en el mar, el pueblo se olvida de quien era y solo tiene en mente que ahora todos ellos se llaman ciudad; el progreso dicen, aunque los estómagos vacíos y las hipotecas sin pagar siguen señalando como culpables a meros elementos en los que un día se vieron reflejados como un igual.

Dejando de lado que quienes martillean las teclas y marcan los calendarios no son otros que los que siempre han mandado y reordenado el mundo a su antojo.


* * *


Es noche cerrada y la densa negrura teje un tupido velo sobre el bosque de sombras nocturnas conocida como sociedad.

Aunque a veces, si prestas mucha atención, se escucha el martilleante y repetitivo sonido de las teclas al ser golpeadas por supurantes dedos (ya sean del narrador o del patrón), mientras la desesperante lluvia se descompone en afiladas cuchillas de sangre que hacen languidecer las miserables almas que habitan en esta sucia vida.
5
4comentarios 102 lecturas prosapoetica karma: 72

pequeñas cosas

sueño con tu malestar,
con tus desidias y tus miedos,
parto con ellos desde el sur
hacia la ciudad
para resolverlos y esconderlos;
y rescatarte,
aunque sólo sea,
inconscientemente,
porque no me lo has pedido.
hago estas pequeñas cosas
y muchas otras
porque luego,
al despertar,
siempre estás tú.
leer más   
14
7comentarios 113 lecturas versolibre karma: 114

Cualquier noche los gatos

Como el gato blanco de la calle
se cree que es doméstico
y que la ciudad
es su casa y su alimento,
yo antes cerraba
todos los bares.

Como todo animal perdido
buscaba un lugar limpio y tranquilo.

Cuando ahora suena
la canción de cierre
es porque me invitan,
amablemente,
a volver mañana
a la biblioteca.

(Abel Santos,
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 2016,
2da edición 2017)
leer más   
10
2comentarios 86 lecturas versolibre karma: 86

Ciudades cerradas

Cuando la política
habla de solidaridad,
causa temblores.

El yo se oculta,
la luna se esconde tras las nubes,
el sol se eclipsa tras la luna,
el agua huye subterránea,
la lluvia se evapora a los cielos,
los rayos huyen despavoridos,
los fuegos crecen.
El humo oculta la vergüenza ajena
de nuestras ciudades sin brillo,
ciudades cerradas.
15
4comentarios 143 lecturas prosapoetica karma: 112

Porvenir

Huele a porvenir el humo de las ciudades,
si algo le he de pedir es que no me salves.
Ha pasado tiempo y yo
tengo los ojos en la nuca,
si puedo pedir un favor
es que no me eches la culpa.
Tú confundiste dos verbos;
dejar y terminar,
no pido que seamos amigos luego
tan sólo un ¿qué tal?
No este absurdo salvese quien pueda:
de la depresión, el llanto y las jaquecas.
Juguetes fueron mis muñecas
como las que usaste antaño y ahora ni recuerdas.
13
sin comentarios 55 lecturas versoclasico karma: 90

Voces de ciudad

Miro como danza en el asfalto
el ruido de voces aceleradas
como se contamina el alma
del aliento que lucha y persevera.

Veo la lluvia que humedece
paredes de concreto
árboles, muy pocos, silenciados
por las voces de ciudad.

La esperanza aún mueve los latidos
en un vaivén de almas sofocadas
por el grito a sociedad
de espíritus opacados
entre raíces de acero sin libertad.
leer más   
14
10comentarios 108 lecturas versolibre karma: 89

Las dunas del recuerdo

Perdido en las dunas del recuerdo,
recomponiendo las piezas
de éste puzzle que la vida
y los errores dan forma,
con la pala de lo imprevisible,
encuentras tesoros con el calor
que da los brazos del niño
que se niega al abandono del olvido.

Me siento en el refugio
de la sonrisa tatuada por instantes,
diapositivas de un pasado bordado
en la camisa de la melancolía,
recuerdos que detienen el tiempo
y ensancha la memoria.

En esta duna de recuerdos,
un niño aun corre por su albedrío virgen,
guiado por la inconsciencia,
por su falta de comprensión
por los vocablos y las promesas.

Recuerdos de piedras con forma de plaza,
de muros hechos para que los sueños
trepen por las enredaderas del presente,
de parques de media luna
con hado en el dolor o la lucha.

En ésta duna de recuerdos
permanece varada la inocencia de una espera,
sostenido por el vidrio de mi mirada,
extendiendo los brazos a la llegada
de una voz que aviva el latido
de la promesa contenida,
del niño que duerme enterrado en el tiempo,
que se despereza ante las dunas de su recuerdo.


Amén
leer más   
24
4comentarios 109 lecturas prosapoetica karma: 86

La ciudad desde el tobogán

Algunos calcaron su eco y derrumbaron hojas perennes,
era demasiado temprano para ofrecer un juicio razonable y ella
había soñado tanto en la ciudad —donde todo son jirones—
que, solidarios a las hojas, hasta corazones cayeron hechos pedazos,
a las ocho de la tarde.
Desde su tobogán siempre hubo una tregua, un tiempo,
un momento y una ocasión para todo
pero el guión de la urbe sobradamente lo conocía;
era gris, simple, monótono, aburrido, cíclico y repetido.
Y si a las ocho de la tarde
las farolas entienden de naufragios,
todas las soñadoras buscarán luciérnagas
a las que contar escabrosas agonías.
No, desde aquí las calles no entienden de nombres ni de sueños,
ni de hojas perennes ni corazones que caen con responsabilidad.
Unos las deambulan hundiendo la cabeza,
otros —creyendo escapar— las sobrevuelan entre venenos.
Desde su tobogán la ciudad más rara es negra, sórdida, abismal
siempre, siempre a las ocho de la tarde.

**Ilustración; Amanda Cass
8
2comentarios 62 lecturas versolibre karma: 90

Otra historia de amor (parte 2)

El sonido de la alarma despertador del celular rompe la pesadilla de madrugada que está teniendo Verónica. Esa recurrente que le roba calidad a su sueño. Ese caballero andante que llega a rescatarla pero que en medio de la sangrienta batalla con el dragón que la resguarda; como por hechizo traicionero, termina enamorándose del dragón y se olvida totalmente de ir a su rescate en la torre más alta; donde muere, de tristeza y olvido. Qué ganas de lanzar el celular contra la ventana. Qué ganas de hundirse en la almohada, de dejarse caer en el abismo de los últimos minutos de sueño, para realmente exhalar su último hálito de vida, allí, en esa soledad de pesadilla; finalmente morir, sin paz. Ese es el saldo que le dejó su pareja de los últimos siete años, Alberto; enamorados desde la secundaria, quien cual trillado cliché, la engañó con su mejor amiga, ahora su enemiga dragón. Eso y unas camisetas viejas que nunca se llevó, junto con su colección de discos de Cold Play y Rihanna.

El brillante sol que atraviesa la ventana de su dormitorio, la verdad, entra en escalas de gris por las ventanas de su alma; sus hermosos ojos azules que ya nadie admira. En la cocina, una bolsa de pan viejo que empieza a enmohecer. Un queso crema vencido. Un poco de café hecho hace unas cuarenta y ocho horas ─quizás setenta y dos─. No importa, igual, no hay ganas de comer. Le hinca apenas una mordida a una manzana que ni se acuerda como llegó a su cocina. Se demora más de lo usual en la ducha, no porque disfrute el baño caliente, sino porque le escurre tanta tristeza junto con las gotas de la regadera y no quisiera dejar el baño hasta que toda ella le haya abandonado. Pero no es posible. Esta siempre se queda.

Sale de su apartamento en el tercer nivel de ese viejo edificio. Al que se mudó luego que Alberto la abandonara y ya no pudo pagar el apartamento más acomodado que tenían en el centro. No nota las gradas de tres pisos que baja, no nota las cuadras que camina por esas calles algo sucias y olvidadas. De todos modos, hace cuánto ya que el mundo es de tonos de gris solamente. Llega temprano otra vez a su estación del tren, por si acaso Alberto decidiera viajar más temprano para no toparse con ella. Y no llega a la primera hora esperada. No llega tampoco en el siguiente ni el siguiente tren. Es siempre así. Y ella siempre sentada en la estación, dejando ir dos trenes antes de subirse. Sin embargo, en el segundo tren que a diario ve llegar, hay un destello de color, apenas perceptible; ese chico que siempre la observa con curiosidad, a veces hasta le incomoda un poco; pero no de mala manera. Siempre le ve tan desenvuelto, tan resuelto, tan cómodo con la vida. Como que tiene todo bien ordenado. Como con un aura diferente a la de los cientos de personas que ve subir y bajar en esa estación del tren en la mañana. Siempre con esos audífonos en sus oídos. ¿Qué escuchará? ¿Acaso Cold Play o Rihanna? Y cuando le ve venir siempre se ve tan concentrado en algún libro. ¿Qué le gustará leer? ¿Acaso lee una interminable saga de Stephen King?

¿Por qué me llama la atención éste chico? ¿Por qué parece tener color, calor, un aura? ¿Qué está haciendo? Se está parando. Pero si nunca baja aquí. Tiene apariencia de trabajar en algún gran edificio del centro. No entiendo, qué hace. Me mira tan insistentemente. A veces siento que me desnuda el alma. Que puede ver a través de mí. Que se zambulle en mis ojos y resuelve todos los laberintos de mi intricado interior. Esos que ni yo entiendo. ¡Se ha bajado! No me quita los ojos de encima. Cuánta ternura en su mirada. Pero... ¿por qué? Ni nos conocemos. No que yo recuerde. Nunca volteé a ver a ningún chico durante los siete años que estuve con Alberto. Y llevo meses sin asistir a ninguna cita. Nunca lo he visto en el trabajo, ni cerca de mi edificio. Sigue caminando en dirección a mí.¡Ay Dios! ¡Qué hago! ¿Me voy corriendo al baño? No quiero hablar con él. No quiero hablar con nadie.

─¡Hola! ─me dice─¡Hey! ¿Cómo estás? ─le respondo─ ¿Qué estoy haciendo, por qué le he respondido con tanta efusividad? ¿Qué va pensar de mí?

─Me llamo Martín ─agrega─ Soy Verónica ─respondo en automático.

Y me mira, con esos bellos ojos café que nunca había alcanzando a notar, solo contemplaba su aura antes. Algo ha cambiado. En un instante ya no me siento la misma. ¿Habrá comenzado otra historia de amor para mí? ¡Ojalá no termine como la anterior! Aunque algo me dice desde ya: Que esta será una historia muy diferente.



@SolitarioAmnte
v-2017
leer más   
15
28comentarios 166 lecturas relato karma: 65

Casi lo logro

Casi lo logro.
Pasear la ciudad
y no verte.
Hoy pensé
que te habías marchado
y sentí, de repente, una mano
posada en mi hombro,
haciéndome libre.

Cómo te explico
que me vino la brisa a la cara,
que me dio por cruzar
nuestro puente
y, al final del trayecto...
tú.

Qué putada más grande.
Es verdad que te vi,
pero no como siempre.

Se llenaron de río
mis ojos
y corrí a buscarte,
donde quiera que fuese,
porque algo debió de quedar
de nosotros,
más allá del silencio afilado
con odio,
un idioma de ceño fruncido
que impide entenderse.

Puede que mueran los años
y, todavía, no te encuentre.
Sin embargo,
en mi memoria
pervivirá la imagen
de dos sombras
paseando
bajo el embrujo
de una noche calurosa,
amantes nadando sueños,
jóvenes,
tú,
yo.
15
13comentarios 162 lecturas versolibre karma: 72

Las grandes ciudades son poesía andante

La magia de las grandes ciudades,
de sus interminables avenidas,
sus miles y miles de turistas,
sus cientos de fotos por segundo,
sus decenas de líneas de metro.

Gente, gente y más gente.

Y, entre ellos, tú.

Sólo, perdido, tímido,
no te atreves a sacar el mapa,
ni siquiera conectas el GPS,
de vez en cuando está bien perderse.

Gente, gente y más gente.

Y, sin embargo, aunque no lo creas,
eres invisible al resto de la calle,
como la mayoría de ellos lo son a tu ojos,
cruzáis miradas pero no os miráis,
no juzgáis, no pensáis, no sentís.

Puedes caminar desnudo por las calles,
gritar muy fuerte hasta quedarte sin aire,
cantar, bailar, saltar...
Nadie se va a parar a mirarte.

Es mágico, necesario de vez en cuando.

Sentirte uno más entre miles de mentes
que sobrepasan el límite de velocidad.

Invisible, tuyo, libre, perdido.

Pero lo disfrutas,
disfrutas de la velocidad de las grandes ciudades,
de perderte por sus calles,
entre miles de turistas,
que no se fijarán en ti,
ni siquiera en los cientos de fotos que harán de ti,
sin querer, queriendo retratar la poesía andante
del barullo de los que caminan sin rumbo,
sintiéndose uno más entre las mentes aceleradas.
9
2comentarios 76 lecturas prosapoetica karma: 68

Pupilas:

Y en tus pupilas veo reflejadas las luces de las farolas escondidas de mi rincón favorito de la ciudad, que poco a poco, me guían.

@magiaenmiradas
leer más   
4
2comentarios 42 lecturas prosapoetica karma: 63

Relato urbano

Una chica corre el bondi mientras un chico pasea a su perro.

Un señor intenta hablar por teléfono público con una carta en la mano.

Esa imagen no se ve todos los días.


Gente pasa al lado de otra gente. Nadie parece conocerse.

Nadie parece escucharse.

Otra chica llora hablándole al teléfono.

Y una señora pide monedas sobre la vereda sin suerte.

Las bocinas de los coches atravesados aturden a todos.

Nadie se detiene. Todos llevan apuro.

El tipo de traje y maletín lleva en su mano un café, su teléfono y un portafolio.

La señora en una mano a su hijo y en la otra la mochila.

La pareja mira vidrieras con sueños de compra

Pero otra pareja camina sonriendo sin que nadie los vea.

Dos nenes se pelean por el tobogán de la plaza

Las madres se miran para ver quién actúa primero

El policía camina mirando el celular.

Un matrimonio discute adentro del auto

Pero un chico joven viene manejando despreocupado.

Tres empleados de una cadena se divierten en la puerta del local.

Otros paran a pedir fuego para encender un cigarrillo.

El del diario de revistas lee el una nota por tercera vez

La señora del puesto de flores acomoda la mercadería

El vendedor de bijouterie habla por teléfono con manos libres

El señor del estacionamiento contempla todo sentado,

es el único que parece prestar atención.

Unos chicos que salen del colegio gritan entre ellos.

El paseador de perros camina con dificultad

Mientras el mozo lo esquiva con un cortado en la bandeja.

Un tipo se acomoda el pelo y el bigote frente a un espejo

Y un chico camina con unas flores en la mano.

En esa misma esquina, una pareja se abraza fuerte.

Tan fuerte que el mozo se detiene a mirarlos

y el paseador de perros se descuida.

El del puesto de diarios deja de leer la nota

y el chico de las flores espera ansioso ese abrazo.

El chofer del bondi le dice a la chica que se subió apurada

que no la lleva a ese destino. Se baja.

La chica de detiene a ver como la señora acomoda las flores.

Las madres no intervienen. La pareja ya no mira vidrieras.

El policía ya no mira su celular, ahora charla con el peluquero.

El camión de reparto intercepta el paso de la esquina,

tapando la postal del abrazo fuerte.

Todo vuelve a ser lo que era.
4
2comentarios 64 lecturas versolibre karma: 66

Los poemas

Insisten con su soplo de vida
en la máquina del mundo. Puedes oírles
respirar bajo las capas de cartón.

Igual te piden cosas que ya has abandonado...

A mí siempre me piden un cigarrillo
y los más raros un poco de café;
pero lo que en verdad quieren
es darle un sorbo al espíritu del vino
directamente de las reservas de tu corazón.

Siéntate con uno de ellos,
y no hagas nada. Olvida toda idea
de que están hechos con materiales
ideales para débiles.

Porque son como las historias
de los vagabundos:
ya te entren bien o te entren mal
nunca te dejan indiferente.
14
4comentarios 96 lecturas versolibre karma: 94

Sevilla fue

Si alguna vez sufres —y lo harás—
por alguien que te amó y que te abandona,
no le guardes rencor ni le perdones:
deforma su memoria el rencoroso
y en amor el perdón es solo una palabra
que no se aviene nunca a un sentimiento.

Advertencia.
Felipe Benítez Reyes


Sevilla fue
la ciudad. Un abril inagotable
en el vaso de los días.
Cielo de color andaluz,
jazmín y dama de noche
perfumando cada noche.
Dependiendo del momento,
pudo ser asilo o cárcel,
pero siempre compañía en el murmullo
de sus bares, en sus calles y terrazas.
Una brisa tenaz
despeinando con denuedo los principios,
los temores… arrojándolos al río.

Sevilla fue
un te quiero susurrado como alarma
abriendo el amanecer,
caminar sobre las nubes,
pincharse con el huso de una estrella
devanando las pasiones
tras un beso
en los jardines de Murillo,
enamorarse en el marco del templete
de la Isleta de los Patos,
saludar a la luna que se eleva
sobre el arpa
del puente del Alamillo.

También, fue
recorrer la Alameda con las manos
en los bolsillos
sin empuje de la prisa
o destilar savia de pena por el rostro
aparentando, al mismo tiempo,
que no llueve en la fragua acelerada
de tu pecho
que odió siempre despedirse.

Sevilla fue
y siempre será, aunque
ya nunca fuera.
14
11comentarios 113 lecturas versolibre karma: 91

Si soy latino no estoy latiendo

Si la ciudad hoy te recuerda
a una mujer misteriosa
espérate a que se vista con las brumas
que despiden para siempre
el tiempo que le quitaste la ropa

cuando le hiciste buenas trampas a la rutina

cuando no la viste llegar
de lo brillante que era tu futuro

quién te pagará entonces
la tranquilidad que le fiaste
este soplo de vida
que todavía te ata al mundo.
leer más   
7
2comentarios 92 lecturas versolibre karma: 66

Valladolid, invierno

La densidad atolondrada de la niebla
nos invade a cada paso. 

Yo siento la quietud de los pájaros,
el silbo repetido del viento entre las hojas.

Pero no puede ocultar su dureza este frío;
un invisible látigo, tenaz,
que azota mi rostro.
leer más   
6
1comentarios 94 lecturas versolibre karma: 56
« anterior12