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¡Madre mía! ¡Me has hecho confesar!

He sentido timidez
no sé que pensar
llamando la atención otra vez.

Mis labios se curvan
¡mi sonrisa se rebela!
¿Cómo disimulan
las estatuas de la calle
a las que pagan pa' que se muevan?

Quiero mi autocontrol,
deseo volver a ser yo.
Que no se vea mi torpeza
ni mi falta de destreza...

¡Madre mía!¡Estoy confesando!
¿Que me has hecho ?
¿Embrujos de aquellos de antaño?

He sentido timidez
cuando olvidaste disimular...
Quizá fue la niñez
Intentando regresar...
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El precio de un instante

¡Qué angustia de no tenerte,
ésta mañana me domina!
cuando tu figura se va diluyendo,
entre la bruma gris,
de éste vil amanecer

¿Pero qué es lo que en hoy en día
estoy lamentando perder?

Las canciones que en tu voz,
muy complacido oía,
mientras tus cabellos corsarios
de oro mi cuerpo cubrían.

Palabras de amor,
que escuché de tus labios,
y con la llegada de hoy se han marchado,
de modo tan rápido y breve…
que ésta desazón de soledad,
de puro penetrante en el alma, duele

El precio de un instante de felicidad de ayer,
me ha dejado en ésta sala de urgencias maltrecho,
con un certero dardo clavado,
de modo inmisericorde en mi pecho,

Despierto impregnado de ti,
carente, inhábil, mutilado,
de tu presencia a mi lado casi obseso;
necesitado al menos de un instante,
para robarte o pagarte otro beso

Sé que para mí,
el precio justo por confesar algo turbio como esto,
es salir condenado a cadena perpetua,
prisión irrevisable, hasta el atardecer de la vida

Pues se que tener que pagar por amar,
deja incurables heridas.
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15comentarios 107 lecturas versolibre karma: 96

Confesión IV

Y pasó que nos encontramos,
nuestras miradas se cruzaron
y el tiempo se detuvo.

Y pasó que sonreímos,
que nos emocionamos tanto
Que decidimos quedarnos.

Y pasó que los minutos
Se transformaron en horas,
Y las horas en días.

Y pasó que llegó el infinito
A tu lado y todo fue un caos
Pero un caos lleno de amor.

Y pasó que te quise,
Que nos quisimos mucho,
Y empezamos a perdernos.

Y pasó que me hiciste feliz,
Que me haces reír también,
Y que dibujas sobre mi dolor.

Y pasó que nos enamoramos,
Que nos amamos,
Que nos extrañamos.

Y pasó, que pasó de todo.
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Confesión II

Te dije “amor”,
Arriesgando todo, el sol, la luna, el universo.
Pero te dije amor.

Te dedique todas mis letras,
Y no me leíste,
Me saboreaste.

Te dije amor,
Y tu sonreíste,
Y yo me rendí.

Te dedique mi poesía,
Aquella reliquia tan mía,
Ahora toda tuya.

Y no hubo miedos,
Sino besos,
Y el tiempo se detuvo.

Y en cada caricia,
El sol nos delató,
Y la luna reía mientas partía.

Y te dije amor
Al amanecer,
Y el mundo cayó a tus pies.
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Confesión III

No pude mentirte,
Jamás he podido omitir nada,
Porque tu mirada me desnuda el alma.

De una forma tan inexplicable,
En la que desborda todo de mí,
Y las palabras brotan sin razón,
Sin permiso, sin consentimiento.

No pude mentirte,
Por eso no me marché,
Por eso bajo la lluvia me quedé.

Y te esperé 300 noches,
300 días y me rendí 65.
Porque el dolor me invadió,
Y no pude soportarlo.

No pude ser fuerte,
Porque mis fuerzas las tenías tú,
Y tú estabas desvaneciéndote.

Y cada día me volvía frágil,
Y cada día me volvía ingenua,
Y cada día nos perdíamos.

No pude mentirte,
Cuando te dije que no te amaba,
Llenándote de besos.

Porque mi alma siempre te buscaba,
Te anhelaba, te deseaba.
Porque todo de mí,
Tenia tatuado todo de ti.

No pude ser otra,
Aquella valiente capaz de romperte,
Porque mis balas eran de amor,
Y el veneno eran mis besos.

Te quise arrancar de mi piel,
Pero nos fundimos para ser uno,
Para ser todo.

No pude mentirte,
Porque mis latidos son tuyos,
Y las letras de mi nombre
Siempre se han disfrutado mejor
Cuando salen de tu boca.

Te quise echar al vacío,
Pero lo volviste el paraíso
Donde éramos cada día mejor.

No pude olvidarte,
Porque tu fantasma me asechaba,
Y en cada rincón de mi mente,
El eco de tu voz sonaba.

No pude marcharme,
Por eso te he vivido amando mil días,

Esperando la eternidad juntos.
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2comentarios 65 lecturas versoclasico karma: 91

Comprender

Quería que fuera de esas
personas a las que nunca llega.
Que alcanzará su meta.
Y ella quería ser mamá
cuando tenía esa edad,
Rodearse de personas que amar.
¿Te imaginas vivir de eso?
Pero eso no puede ser.
Que aunque cambie el
motivo, le parezca bien.
Que ilusa, lo se tan bien...
Si existe es importante
para alguien, ¿No crees?...
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Confiesa

Tiremos las cartas sobre la mesa
digámonos ya las cosas de frente
a mi la mentira no me interesa
Confiesa lo que tú corazón siente

Invítame de tu amor a ser presa
bésame que tu mirada no miente,
sé que mi cercanía te embelesa
negarlo no puedes seguramente.

Desde que llegaste a mi te he querido
yo necesito en mi vida un amante,
un caballero decente y aguerrido

Fue suficiente mirarte un instante
sintiendo que la vida nos a unido
y que mi alma sin ti andaría errante.

Las letras de mi alma
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De las confesiones

Qué aburrido el paso del tiempo ―dije, anhelando algo diferente―. Entonces, lo hice: me dejé llevar por el instinto. Fue excitante, pero raro. Algo así como manejar una de esas grúas que demuelen edificios con una bola gigante. La estructura de lo que habían sido mis sueños, miles de proyectos, el futuro, mi futuro... todo, absolutamente todo, se hizo escombros y, entre la humareda gris de polvo, distinguí la luz de otro amanecer.

A partir de ese momento, los días contuvieron la sorpresa intrigante de un regalo envuelto que miras y sopesas antes de atreverte a desliarlo. Un remolino de vida. Estupendo, genial, magnífico. Era justo lo que quería... hasta que lo tuve, porque no hay mejor manera de desprenderse de un deseo que satisfacerlo. Qué curioso. El asombro cambió de nombre para llamarse incertidumbre y riesgo y vértigo y nado contracorriente. Dejó de gustarme eso de ir a tientas, subir al trapecio con una venda, lanzarme de espaldas con los brazos abiertos, caminar descalza, preguntarme todo el rato qué vendrá después. Supongo que alguna vez te ha pasado. Qué mareo, ¿verdad? Da miedo ser la que maneja el timón con la tormenta, dirigir el rumbo sin tener muy claro hacia dónde ni cómo y, menos aún, para qué. Te agobias, te cansas, te hartas y huyes. Primero, de mentira, porque cuesta; pero, al final, terminas marchándote de verdad, convencida de que es lo mejor.

Salté de aquel tren en marcha, pero solo lo hice cuando supe que la caída me dolería menos que proseguir el viaje por un túnel interminable, es decir, encontré un paracaídas. Desprecié lo que no entendía y salté. Mi paracaídas se parecía al equilibrio y, además, era hermoso. La estabilidad recién salida del horno huele muy bien y sabe mejor. Por eso, la degusté con calma, mordisqueé todos sus recovecos narcóticos, me agarré a su firmeza, suspiré subida a su equilibrio en noches cubiertas de estrellas, en definitiva, me convencí de que eso sí era vida, felicidad, prosperidad... y no lo otro, no el remolino eléctrico. Sin embargo, como ya he dicho, los seres humanos somos caprichosos. Pataleamos hasta conseguir lo que queríamos y, cuando lo obtenemos, tachamos la proeza y buscamos la siguiente. Que quede entre tú ―que me estás leyendo― y yo ―que me estoy sincerando contigo―: estamos abocados a un descontento eterno.
Lo sabes, ¿verdad? A mí me quedó claro hace tiempo.
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Lo Confieso

Lo confieso,
no siempre soy feliz.

Aunque vean que sonrío, no siempre quiero estar presentable, hay días en que te necesitas elemental y sin adornos, y tu alma solo precisa escuchar tu propia voz.

Hay otros días en los que te aterra saludar y oras implorando que el mirar al suelo te haga invisible, son días en que te elige la soledad o tal vez eres tu quien la elige a ella y la abrazas fuerte; Aquellos días en que hasta tu reflejo se niega a tropezarse con el espejo y

¡como cuesta sonreir!

Pero hay otros,
¡Ay! esos días brillantes que te masajean la esperanza, amanece y el sol baña de magia las aceras, todo se hermosea ante tus ojos, la gente se vuelve buena, los viejos trajes te vuelven a quedar y el cabello brilla compitiendo con tus ojos, esos días en los que por todo sonrío y

¡qué fácil se me hace!

Y sí, lo confieso, no siempre soy feliz aunque me vean sonreír

y lo que no me atrevo a confesar es…

…que casi siempre depende de usted.
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Confesión I

Y es verdad eso que dicen,
El amor llega cuando crees haber perdido todo.
Eso sucedió aquella noche en la que mis estrellas
Encontraron un nuevo cielo para brillar,
Tu cielo.

Es verdad que mentí,
Quizás unas mil mentiras acosen mi mente,
O quizás eran verdades a medias, da igual.
Tu cielo fue mas claro que el mío,
Y ahi quise estar.

Es verdad que enloquecí,
En cuanto te mire detenidamente,
Y descubrí que tu sonrisa es la cura a mis heridas.
Que tus pequeños ojos, son mas que eso,
Son mi paz.

Es verdad que escribo,
Que te escribo cada semana o cada mes,
Pero la verdad es que te escribo desde siempre.
Desde mucho antes que llegaras a mi vida,
A este caos que ahora es tuyo también.

Es verdad que soy de ti,
A medias, a pedazos a veces entera.
Cuando mis fuerzas escasean y vienes tu,
A levantarme con tu paciencia y tu amor,
Ese amor tan tuyo, tan puro.

Es verdad eso que dicen,
Que enamorarse es de valientes y de ciegos,
Arriesgando todo, perdiendo sin perder,
Ganando sin ganar, pero sonriendo como tonto,
Y así estoy yo

Sonriendote a ti.
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