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Cenizas

Ceniza sería mi poesía
si de tratarse de ti no fueran mis palabras.
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6comentarios 55 lecturas versolibre karma: 106

Agarra el tiempo

Empínate y agarra el tiempo,
no importa que esté tan alto
y tira de él con fuerzas,
verás que atrapas momentos,
envuélvete, arrópate pronto en ellos
y respíralos despacio…

Maricel 26/07/2018
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16comentarios 135 lecturas versolibre karma: 111

3:33

Aliso las arrugas del tiempo
con la piedra de mi soledad.

Une Ceci
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4comentarios 43 lecturas versolibre karma: 90

Agua viva

Pretendo inútilmente desafiar a la muerte. No resisto más la Tierra.
En el espacio del Espacio, el «it» es la luz que irradia mi estrella interior. En mi cápsula atemporal, en la que los instantes importan y ya no importan, me siento junto a Clarice, mientras escribe su poesía matérica y musical.

Son las 2:43. Pienso en mi imperfección silábica;
son las 2:44 y la luna panza abajo llora sus cráteres vacíos.
Son las 2:45 y faltan quince minutos para las tres.
¿Por qué tanto deseo de abrazarte?

Necesito que sean las 3:00.

Flotando en mi cápsula en el espacio, faltan diez minutos para las 3.
El frío y el silencio de la madrugada es azul y es aurora boreal que ilumina mis torpes aciertos.
Soy un espejo roto en cinco pedazos; un pedazo por cada minuto. En este primer minuto pienso en la calidez de la respiración, tan corta como tu caricia pasajera. Ya estoy en el minuto dos. Ahora el minuto tres. ¿Qué estoy haciendo?
En este minuto par se dividen las células de mi soledad. Queda un minuto. Ya son las 3. No cambió nada. Sigo viendo a la luna, pero un poco más arriba. Tuve la sensación de no haberme movido, pero yo no estoy manejando, mi cápsula sabe a dónde ir.

Maga, no te voy a mentir ni a dar excusas torpes. Como puedes ver, necesito este libro conmigo en el Espacio, porque quizás sea en lo único que piense durante mi último respiro, cuando mi «it» sea comandado por la cápsula hecha de pétalos de páginas de libro.
Cualquier dispositivo electrónico que pueda utilizar como sustituto, me puede abandonar en medio de la eternidad; las baterías duran menos que el pensamiento de una mariposa recién salida del capullo.

Une Ceci
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7comentarios 61 lecturas prosapoetica karma: 99

Reconquista

Salgamos del desguace
y agarrémonos los sueños.
Proclamemos como nuestro este incendio.

Gritemos nuestra historia
para pintar hasta el viento
de todo lo que os falta en vuestro centro.

Somos más que la palabra del que no entiende.
Venimos a la reconquista de nuestro verde.
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2comentarios 130 lecturas versolibre karma: 109

Ladrona (minipoema)

Ladrona de guante blanco
dejas huella sin tocar,
de mis sueños has robado
el principio y el final.
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6comentarios 102 lecturas versoclasico karma: 84

Esmeralda

☆me encontré una esmeralda trapiche en la calle☆
.
Esmeralda

Cada casa es una letra,
cada manzana una sílaba.
La ciudad es un poema
y el mundo una canción.
La galaxia una orquesta
y el universo sentimiento.

Siameses simbióticos,
piensan distinto pero a la par.
Bailan como flamencos
¡clap clap clap clap!.

Pericones gitanos,
caminan por los ríos rojos.
Diagonales pasionales,
nace en cada cruce una ilusión.

Aunque hagan y deshagan,
las huellas siempre quedan.
No viven en el pasado
pero la memoria no muere.

Candelas que convierten
en fuego la noche.
Si no hay luna igual juegan
a cantar una canción.

Popurrí de albahacas y mentas,
parches verdes secos.
Diseñan esmeraldas trapiches,
corona el cielo eterno.


Une Ceci
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9comentarios 84 lecturas versolibre karma: 84

Mitocondria

Quizás lo que me aturde es lo que me llena.
No hay manera de sentirse plena.
Últimamente, mis días transcurren de forma extraña y ajenos a mí.
Voy a destiempo.

Pienso.

Escucho piano;
deseo con fervor ser nota o el aleteo de un colibrí.
Pero nunca ser yo misma.
Quiero ser nota pero libre a la vez.
Ese piano no se toca solo,
a menos que mis propios dedos lo toquen.
Para saber tocar tengo que conocer el piano;
estar dispuesta a correr el riesgo de pensar en una nota,
y tocar la tecla equivocada.
A tocar de forma inconsciente,
buscando colores aleatorios y fortuitos, sin lógica.
Sin la lógica enfermiza de los músicos.

No quiero ser música, quiero ser yo.
Ser.
Afuera no sé qué pasa, me enferman.
No quiero saber.

Atrás se escuchan hojas susurrando viento,
y no quiero pensar en otra cosa.
Veo caminos para mí,
con forma de caracol sin caparazón,
sin baba que deje rastro.

¿El rastro es el ego?
¿Acierto a destiempo?
Acierto a destiempo.

No quiero.

Prefiero ser respiración de mitocondria.
Tomo el oxígeno de las notas del piano y el deshecho
me da grises azulados y anaranjados.
Grises.
Los blancos y negros son para los tableros de ajedrez.
Con sus estrategias e inteligencias de azul añil,
de rojo sangre derramada sobre piedra de acero.

Une Ceci
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9comentarios 101 lecturas prosapoetica karma: 93

Mi país

Me gustan
los campos de su cuerpo,
crearé tribus
con mis sentidos
acampando en sus laderas,
beberé el horizonte
sorbo a sorbo
las lunas y lunares
dormire en su gramilla
besaré sus grietas
desmayando mi lengua
sobre sus aguas,
ese será mi país
territorio de deseos
esperando despertarse.
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8comentarios 181 lecturas prosapoetica karma: 85

Senryu (deshielo)

Entre tus labios
brotan las flores, tiernas;
yo me deshielo.
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16comentarios 101 lecturas versolibre karma: 114

No será la última batalla

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”
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sin comentarios 65 lecturas relato karma: 54

Lluvia

La lluvia asoló la ciudad al anochecer, todos corrían apresurados a sus hogares, perdida entre el bullicio había una pequeña niña que al parecer no tenía ninguna prisa, ya que no tenía a donde correr.
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4comentarios 58 lecturas relato karma: 70

An sluagh aotrom

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
por mucho que haya dorado y oigas sus voces,
no vayas.

No te sientas atraído
por borrosas y tímidas figuras
hacia ese mundo que se esconde a medianoche,
no caigas.

Si del roncón vuela tu magia
embriagando el ambiente a oscuras
y ellas te escuchan, te eligen y te acogen,
no hay dudas;

Te harán de cárcel entre notas,
harán de un día unas virutas
y danzarán hasta que el cielo se tiña de un ocre
sin luna.

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque, ¿cómo te vivo si ellas te llevan?

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque nadie podrá esperar a que vuelvas.
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6comentarios 86 lecturas versolibre karma: 108

Hola, me llamo Wood

Hola, me llamo Wood. Como todos los días me he levantado de sopetón de la cama, me he puesto mi sombrero y he salido a la calle para ir a trabajar. La verdad no me apetece ir a trabajar, pero, hay algo en mi que me obliga a ir. Durante el camino me choque con la misma pared con la que me choco siempre, parece que aun que la vea venir nunca me aparto, todos los días esta hay esa maldita pared. Siempre que me doy contra ella les oigo reírse de mi, no se que les hará tanta gracia la verdad, a mi me duele. En el trabajo son todos los días igual, mi jefe me echa la bronca por algo que he hecho y la verdad no se ni lo que es, cuando esto pasa también les oigo reírse. Una vez de vuelta a casa después de un duro día de trabajo, me persiguió el mismo perro que me persigue todos los días y me toco salir corriendo como siempre. Ya en casa colgué mi sombrero, y me metí en la cama. Mis cuerdas callaron del cielo como todas las noches y por fin era libre para hacer lo que quisiera, pero, sin nadie que manejara mis cuerdas no era capaz de moverme, al menos siempre seré libre de pensamiento. Se cerro el telón y las risas de antes desaparecieron, dejaron unas monedas en la entrada y se fueron. Y si todos en el fondo fuéramos marionetas como lo es Wood, utilizadas por alguién para su propió interes.
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3comentarios 49 lecturas relato karma: 69

Breve

Tan corto viaje
Tus labios hacía
Los míos
Un
Beso.
¿Porqué
Lo hacemos
Tan larguísimo
A
Veces
Amor.?
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sin comentarios 46 lecturas versolibre karma: 57

Ícaro

Yo era una luna nueva que necesitaba ganar brillo,
él era Ícaro volando hacia el el sol.
Y qué pereza me daba verle sonreír mientras sus alas se derretían.
Si tan solo hubiese volado de noche...
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3comentarios 91 lecturas versolibre karma: 108

Sin mí

Quédate atrás como las sombras
y vuelve a mí sólo con luz.
No espero de tus labios nuestras sobras
ni obras que edifiquen una cruz.
Quédate atrás que yo te mire.
Quédate,
sin mí,
tú.
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9comentarios 92 lecturas versolibre karma: 101

Vivirnos mortales

Que sea este el momento
de empezar el viaje.
De escurrir el traje al viento,
de saltar al vacío; inmenso.
De querernos con lo nuestro,
todo puesto,
aunque pese y a veces gane.

Que sea este el momento
de escribir las frases.
De abrazarnos con el pecho,
de sumirnos en volcanes,
de entendernos a suspiros
cuando, al tiempo,
nos perdemos en mitades.

Que sea este el momento
de encontrar el traste.
De atarnos a los cuerpos,
de palparnos sin vernos...
De sentirnos inflamables,
encendernos
y llevarnos al desgaste.

Que sea este el momento
de vivirnos enteros,
vivirnos errantes,
vivirnos libres

y vivirnos

mortales.
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6comentarios 111 lecturas versolibre karma: 107

Soneto. ¿Tú qué sabes de mí?

En el abismo o cautiverio habita
una sonrisa en el tiempo apagada.
La piel -mi piel- está tosca y cansada
y el amor, no regado, se marchita.

La luz del sol ya nunca resucita
y el dolor del olvido no me agrada.
Mi pensamiento se hace nada en cada
huracán de soledad infinita.

Los atisbos de las miradas dulces
han despertado al eco ya olvidado
y a las ásperas flores de mi seso.

Quiero que vuelvas para que me endulces
el gemir de mi pesar denostado
y el sentido fluido en cada beso.
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6comentarios 218 lecturas versoclasico karma: 112
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