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Mi país

Me gustan
los campos de su cuerpo,
crearé tribus
con mis sentidos
acampando en sus laderas,
beberé el horizonte
sorbo a sorbo
las lunas y lunares
dormire en su gramilla
besaré sus grietas
desmayando mi lengua
sobre sus aguas,
ese será mi país
territorio de deseos
esperando despertarse.
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8comentarios 136 lecturas prosapoetica karma: 85

Senryu (deshielo)

Entre tus labios
brotan las flores, tiernas;
yo me deshielo.
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16comentarios 94 lecturas versolibre karma: 114

No será la última batalla

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”
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sin comentarios 33 lecturas relato karma: 54

Lluvia

La lluvia asoló la ciudad al anochecer, todos corrían apresurados a sus hogares, perdida entre el bullicio había una pequeña niña que al parecer no tenía ninguna prisa, ya que no tenía a donde correr.
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2comentarios 43 lecturas relato karma: 70

An sluagh aotrom

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
por mucho que haya dorado y oigas sus voces,
no vayas.

No te sientas atraído
por borrosas y tímidas figuras
hacia ese mundo que se esconde a medianoche,
no caigas.

Si del roncón vuela tu magia
embriagando el ambiente a oscuras
y ellas te escuchan, te eligen y te acogen,
no hay dudas;

Te harán de cárcel entre notas,
harán de un día unas virutas
y danzarán hasta que el cielo se tiña de un ocre
sin luna.

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque, ¿cómo te vivo si ellas te llevan?

Que no te escuchen las hadas
de la colina de Tomnahurich,
Porque nadie podrá esperar a que vuelvas.
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6comentarios 83 lecturas versolibre karma: 108

Hola, me llamo Wood

Hola, me llamo Wood. Como todos los días me he levantado de sopetón de la cama, me he puesto mi sombrero y he salido a la calle para ir a trabajar. La verdad no me apetece ir a trabajar, pero, hay algo en mi que me obliga a ir. Durante el camino me choque con la misma pared con la que me choco siempre, parece que aun que la vea venir nunca me aparto, todos los días esta hay esa maldita pared. Siempre que me doy contra ella les oigo reírse de mi, no se que les hará tanta gracia la verdad, a mi me duele. En el trabajo son todos los días igual, mi jefe me echa la bronca por algo que he hecho y la verdad no se ni lo que es, cuando esto pasa también les oigo reírse. Una vez de vuelta a casa después de un duro día de trabajo, me persiguió el mismo perro que me persigue todos los días y me toco salir corriendo como siempre. Ya en casa colgué mi sombrero, y me metí en la cama. Mis cuerdas callaron del cielo como todas las noches y por fin era libre para hacer lo que quisiera, pero, sin nadie que manejara mis cuerdas no era capaz de moverme, al menos siempre seré libre de pensamiento. Se cerro el telón y las risas de antes desaparecieron, dejaron unas monedas en la entrada y se fueron. Y si todos en el fondo fuéramos marionetas como lo es Wood, utilizadas por alguién para su propió interes.
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3comentarios 46 lecturas relato karma: 69

Ícaro

Yo era una luna nueva que necesitaba ganar brillo,
él era Ícaro volando hacia el el sol.
Y qué pereza me daba verle sonreír mientras sus alas se derretían.
Si tan solo hubiese volado de noche...
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3comentarios 86 lecturas versolibre karma: 108

Sin mí

Quédate atrás como las sombras
y vuelve a mí sólo con luz.
No espero de tus labios nuestras sobras
ni obras que edifiquen una cruz.
Quédate atrás que yo te mire.
Quédate,
sin mí,
tú.
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9comentarios 88 lecturas versolibre karma: 101

Vivirnos mortales

Que sea este el momento
de empezar el viaje.
De escurrir el traje al viento,
de saltar al vacío; inmenso.
De querernos con lo nuestro,
todo puesto,
aunque pese y a veces gane.

Que sea este el momento
de escribir las frases.
De abrazarnos con el pecho,
de sumirnos en volcanes,
de entendernos a suspiros
cuando, al tiempo,
nos perdemos en mitades.

Que sea este el momento
de encontrar el traste.
De atarnos a los cuerpos,
de palparnos sin vernos...
De sentirnos inflamables,
encendernos
y llevarnos al desgaste.

Que sea este el momento
de vivirnos enteros,
vivirnos errantes,
vivirnos libres

y vivirnos

mortales.
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6comentarios 107 lecturas versolibre karma: 107

Soneto. ¿Tú qué sabes de mí?

En el abismo o cautiverio habita
una sonrisa en el tiempo apagada.
La piel -mi piel- está tosca y cansada
y el amor, no regado, se marchita.

La luz del sol ya nunca resucita
y el dolor del olvido no me agrada.
Mi pensamiento se hace nada en cada
huracán de soledad infinita.

Los atisbos de las miradas dulces
han despertado al eco ya olvidado
y a las ásperas flores de mi seso.

Quiero que vuelvas para que me endulces
el gemir de mi pesar denostado
y el sentido fluido en cada beso.
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De bárbaros y romanos

El hombre, asaetado en la tierra baldía rogaba por su vida. De pié, mirándole fijamente, la venganza brillaba en los ojos de su adversario. Un instante de silencio. Después, el romano continuó suplicando el perdón.

- ¡No tuviste piedad cuando mataste a mi familia! -gritó el guerrero hispano.- ¡Y ahora, ni tu ni Roma viviréis para ver amanecer un nuevo día!

La luz del atardecer, se reflejó en la gastada hoja de la espada al alzarse por encima de la cabeza del fiero guerrero, mientras un zumbido ahogaba el aire. Un golpe seco bastó para separar la cabeza de su dueño. Un gran charco de sangre se formó a sus pies, y el silencio del delirio de la venganza se fue convirtiendo gradualmente en el fragor de la batalla, pues esta todavía no había acabado. ¡Sin piedad! gritaban los camaradas a su lado. El guerrero alzó la mirada hacia las legiones que cubrían el campo de batalla y se unió a sus compañeros por la defensa de su libertad. El ejército bárbaro cargaba brutalmente contra las legiones romanas. Los soldados, muchos de ellos inexpertos en batalla, retrocedían tan solo al oír el griterío de los guerreros hispanos.

Lucio Espurio, veterano centurión de la Duodécima legión arengaba a sus soldados a no retroceder y a defender el honor de Roma. Hacía algunos minutos había visto como un enorme guerrero hispano decapitaba cerca de él al tribuno Marco Lucano, un asesino de mujeres y niños que deshonraba el honor de la República. Sabía que algunos de los suyos se comportaban como verdaderas alimañas, y que en el fondo, esos indomables hispanos luchaban por defender su tierra. Espurio era un hombre de honor, un fiel servidor de Roma y de los dioses. Su misión, luchar por la gloria de la República y devolver a la patria sanos y salvo a sus hombres. Él solo combatía contra guerreros, no era un asesino.

-¡Formación de ataque! -ordenó el centurión.

Los soldados, todos a una, obedecieron. La perfecta máquina de guerra romana se preparó para el choque. O ellos o nosotros, pensó Espurio. El combate se alargó hasta que la noche cayó sobre sus cabezas y la oscuridad lo cubrió todo. Todo, a excepción del amargo olor de la sangre derramada.
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3comentarios 62 lecturas relato karma: 63

Somos

Solo somos olas que se deshacen en las arenas
del tiempo.
Una pequeña pluma enredada en el árbol de la vida, esperando que una leve brisa nos haga volar.
Una lágrima en la mejilla de un Dios que nunca nos deja caer.
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No seré más que cenizas

Si me voy y no me encuentras, no me busques,
yo estaré en la raíz de alguna estrella.
Viviré lejana, eterna, pero libre
y quizá mire hacia atrás y aún te vea.

Si me voy y no me encuentras, no te enfades.
No pretendo abandonarte si a mi vera
se mantiene tu recuerdo como mimbre
y quizá, si te lo digo, tú lo entiendas.

Si me voy y no me encuentras, no me llores.
Si me lloras tú yo vuelvo entre barrotes.
Yo reniego de mi árbol,
me deshago de mi bote,
vuelvo a ser lo que yo era
y quizá, así, lo notes.

Si me voy y tú me encuentras,
si me lloras y yo vuelvo,
no seré más que cenizas;
tú serás mi cenicero.
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11comentarios 152 lecturas versolibre karma: 117

Ametrallada

Haces que crea que alzarás un puente,
que estirarás el brazo para tocarme a la mañana
y yo cerraré los ojos
hasta que el viento susurre 'duerme'.

Pero no eres más que promesa ausente;
humano, cierto y triste, verdad enmarañada.
Indiferencia o despiste
que por no ser agua, duele.

Y sé que es así como funciona, al verte
en tus manos no cabe el vacío y se aclara
cuando caes en mi.
Yo me pierdo en tus redes.

Por ti me dejo llevar, deleble,
erosionando en palabras que siempre callan
entre ojos distantes.
A mi me ametrallan
y en mi
se mueren.
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No llegas

Otra taza de café
y de mis hombros cae la tela.
Ven, que vengas te pido.
Aunque no me escuches, llega.
Oprime tanto este vacío
tan candente, a la espera.

Bajo los párpados te veo
y en mis sienes te desato.
Se me escapa un suspiro
de entre la mente, en tu regazo.
¿Cómo paro mis sentidos?
Llega pronto, llega, vamos.

Me recorre la serpiente,
ávida de mi, sin dientes.
Desaparecen mis manos,
la luz se apaga, me deshago.
Sé que no puedes, no vienes,
no llegas, yo lo hago.
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Lluvia (III)

Llegó pasado de las cuatro de la madrugada a casa y sin el auto, estaba empapado por la lluvia y su ropa estaba hecha un desastre. Parecía no importarle todo lo anterior, tampoco le importaba los horarios pactados y los sermones que su madre que le daba siempre antes de irse cada viernes, sabría que le reprenderían gravemente por ello pero había valido la pena. Había sido una fiesta increíble; llena de excesos, drogas y placer, sin duda se la había pasado muy bien. Se detuvo frente a la puerta y dio un hondo respiro para prepararse para la hora de gritos y escarmientos que siempre tenía que soportar al llegar.

Abrió la puerta, como siempre se encontraba la luz de la sala encendida donde le esperaba su madre, pero no escucho su voz colérica, entro a la habitación y la encontró callada, parecía dormida, se acercó solo para comprobar que se encontraba llorando sosteniendo una fotografía… algo había pasado en el tiempo que no estuvo en casa, preocupado le pregunto qué sucedía, parecía no escucharle ni verle, intentó tocarle del rostro para consolarle, pero no pudo…

Descubrió que había muerto en el accidente.
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Después de Teutoburgo

Cuando abrí los ojos, no sabía dónde estaba, tan solo veía luz. La cabeza me daba vueltas como en una horrible resaca, y por la garganta todavía se mezclaba el amargo sabor de la sangre con el de la saliva. Poco a poco la vista se fue aclarando. Lo primero que pensé es que estaba muerto y que estaba despertando en el Eliseo. No me entristecí, ya que volvería a ver a mis padres y a muchos camaradas muertos en combate. No era así, estaba vivo, pero mi mayor sorpresa fue descubrir quién me había salvado.

- ¡Mira Sigrid!- dijo una voz masculina que me era familiar.- ¡Está despertando! ¡Rápido, trae un poco de agua y algo para comer!

En pocos segundos la mujer salió de la estancia donde me encontraba, para regresar con un cuenco de agua y algunas bayas silvestres. Las imágenes cada vez me eran más claras. Por fin, pude ver con claridad, aunque la cabeza continuaba dándome vueltas.

- ¡Lucio, Lucio!- gritaba el hombre.- ¡Soy Yo, Esket! ¿Te acuerdas de mí?

- ¿Esket?- dije sorprendido y con la cabeza todavía doliéndome.- ¿Eres tú de verdad, viejo amigo? ¿Cómo he llegado hasta aquí? Yo creía que estaba muerto.

- Todavía no, amigo. Estás muy vivo, pero no gracias a mí, sino gracias a los dioses que hicieron que topara por casualidad contigo.

- ¿Que ha pasado? Tan solo recuerdo que caminábamos por el bosque en formación de avance. Todo estaba oscuro, y de repente la muerte se abalanzó sobre nosotros. Salieron de la nada, cientos de guerreros germanos rompieron nuestras filas. Recuerdo haber reducido a más de uno, pero un pequeño grupo nos vimos acorralados. Nos encomendamos a Marte y combatimos valientemente hasta el final. Séptimo Valente y yo quedamos los últimos. Resistimos espalda contra espalda durante largo rato, pero el cansancio hizo mella en nuestros cuerpos y fuimos reducidos. Lo último que recuerdo es ver a mi camarada caer, y una espada clavándose en mi costado. Luego, me invadieron las tinieblas.

- Yo también estaba allí para combatir contra los romanos. – manifestó Esket.- Pero por suerte, pasé por donde tú estabas. Al verte, recordé mi tiempo en Roma y nuestra infancia. A los nueve años tuve que marchar a Roma para asegurar un pacto entre el emperador y mi tribu. Aunque nunca estuve retenido, siempre me sentí como un rehén. Los demás niños me miraban con desdén; “Bárbaro”, me llamaban algunos. Todavía recuerdo cuando a los dos años de estar en Roma, unos niños mayores se pusieron a pegarme y a insultarme, pero allí estabas tú. Nunca nos habíamos visto, pero saliste en mi defensa golpeando a esos idiotas. Luego me levantaste y me llevaste a tu casa. Allí me curaron los golpes. Desde ese día comprendí que no todos los romanos erais iguales. Tus padres me aceptaron en su casa como uno más hasta que retorné a mi tierra. Era lo mínimo que podía hacer por tu familia y por un buen amigo.

- Así que…. ¿No hay más supervivientes?- dije imaginando la respuesta con pesar.

- Creo que no. – contestó el germano.- Hemos acabado con tres legiones. Vuestro comandante Varo se ha quitado la vida ante la desastrosa derrota.

- Publio Quintilio Varo ha preferido quitarse la vida antes que enfrentarse a la deshonra – dije.- ¿Y ahora que será de mí?

- Ahora debes recuperarte - contestó la mujer de Esket.- Podrás quedarte aquí hasta que estés curado del todo; luego, eres libre de marchar si así lo deseas.

El cansancio regresó para apoderarse de mi cuerpo, y caí rendido en los brazos de Morfeo. Estaba alegre porque había sobrevivido a tan terrible batalla, pero me apenaba la perdida de tantos y tan buenos compañeros y amigos. Por otra parte, estaba el reencuentro después de tantos años con Esket, mi mejor amigo de la infancia, a pesar de su origen germano.
Tras dos meses de descanso y buenos cuidados por parte de Esket y su mujer, conseguí recuperarme del todo. No me costó demasiado volver a estar en forma una vez cicatrizada la herida que tenía en el costado derecho, y que me hubiera costado la vida, de no ser por el gran corazón de Esket y los sabios conocimientos de medicina de Sigrid. Todos me daban por muerto, y no tenía a nadie que me esperara en casa, así que decidí quedarme en el poblado de Esket. Antes de ser aceptado, el consejo de ancianos y jefes, se reunió para decidir mi suerte. Esket convenció al consejo, y bajo su responsabilidad, fui aceptado como uno más. Trabajé las tierras del clan de Esket, e incluso contraje matrimonio con una prima de Sigrid; Fedona. Ahora ya han pasado treinta años desde aquel fatal día en el bosque de Teutoburgo, pero doy gracias a los dioses por darme otra oportunidad. A pesar de todo este tiempo, mi devoción se debe a los dioses romanos, aunque he de reconocer que también profeso la fe en los dioses germánicos; nunca está de más tener algún dios a mano. Mi felicidad está al lado de mi mujer y mis hijos, así como dentro del clan de Esket, en el cual he sido aceptado como un hijo, y lucharé contra cualquiera que quiera hacerles daño; incluida la propia Roma.
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La venganza del muerto errante

El latir de su corazón, resonaba por cada una de las oberturas del acantilado, acompañado del rítmico jadear de su respiración. Estaba aferrado a una hendida roca que sobresalía de la pared, colgado a más de ochenta metros del suelo. Por encima de su cabeza se escuchaban unas voces. Dos hombres hablaban entre sí. Segundos después, se escuchaban dos caballos galopar en dirección contraria al escarpado acantilado. El hombre, que permanecía colgado de la roca, a punto de caer, y tras realizar un enorme esfuerzo, consigue alcanzar la cima de la pared y ponerse a salvo. Recupera el aliento lentamente, mientras contempla la inmensidad del horizonte desde las alturas. No dejaba de sonreír. En un acto de reflejo, el magullado desconocido se toca con cuidado el bolsillo derecho, e introduce la mano para buscar alguna cosa. Vuelve a sonreír mientras saca el misterioso objeto. Una pequeña caja negra, parecida a un antiguo cofre del tesoro, aparece en las manos de ese hombre. La abre, y de ella saca una antigua y desgastada llave. Después de observarla detenidamente y comprobar que no ha sufrido ningún daño, la vuelve a guardar. Todo ha salido bien al final, y el riesgo ha valido la pena. El maltrecho hombre casi pierde la vida, pero ahora tiene en su poder la llave que esconde un oscuro y valioso secreto; y lo mejor de todo, es que sus perseguidores lo dan por muerto. Pero hay veces, que hasta los muertos regresan para vengarse.
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sin comentarios 50 lecturas relato karma: 37

De mi

¿Qué me pasa en mi vacío
que me aterra y me amansa?

¿Qué ocurre en los inicios
sin ruidos y sin trampas?

¿Qué tropieza con mis pelos?
¿Son mis manos o mis zarpas?

¿Soy de aquí y nunca me he ido
o soy de mi y me falta casa?
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