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Bisoña

Ella... con sus besos de bisoña,
le encendía los tizones a cualquiera.
Con esa hambre de aprender cosas nuevas;
era ese sin miedo ante el filo.
¡Dios!
¡No he vuelto a ver a nadie que ame así!,
sin mañana en los labios,
sin la piel en espera.-



@ChaneGarcia
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Flor tentácula

La diosa estaba ahí, postrada,
incólume... intacta... adrede...
con el único propósito de que la vieran,
como una casualidad en el camino.

Al verlo,
sus dedos lívidos,
abrieron la anémona,
hambrienta ya de carne erguida.

Violándole los ojos,
él fue idiotizado,
y como si de un trance se tratara,
aquel pez inevitable entra,
atravesando la aurora de la flor fatal.

Adentro,
en medio de esos jugos ácidos,
la calidez circundante,
empaña los sentidos,
los adormece,
y atrofia así la capacidad motora,
lo inmoviliza de cabeza a los pies.

Lo asimila... lo digrega...
fragmentándolo sin dolor alguno,
difuminando las facciones de ese ser acuático.

Reduciendo su ecuación a nada,
quedando de él,
sólo la neblina de un tul,
como único rastro perceptible,
de que hasta hace un momento estuvo allí.

Borrado ya,
y con el ovario lleno,
la flor exhalará un eructo pesado,
un sonido a madera fermentada,
en catálisis completa,
con olor... a sardina y cazón.

La diosa,
abrirá otra vez sus piernas,
exhibiendo de nuevo al animal-flor:
La rosa vítrea, cefalódactila,
a la espera del paso de otro pez,
en la soledad de aquel hermoso arrecife muerto.-

@ChaneGarcia
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Piel a piel

Palpitante piel de seda,
indefensa y desnuda,
vibra con mis labios
emocionada y tensa;
saboreo con dulzura
lo salobre del sudor

La mirada perdida
el corazón al galope
el jadeante respirar,
contraído el cuerpo
hundida en la pasión
las ideas revueltas

Así es él, anhelo
de la sutil caricia
el sedoso consuelo
de un fervor febril
y del beso húmedo
en la piel trémula
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4comentarios 113 lecturas versolibre karma: 85

Partitura miniatura

Cortamos cada factura
deudas puras
dedos y tijeras
mariposas oscuras
carcajada y quemadura

Cosimos cada fractura
alambre y armadura
fiambres vertebrados
calambres sangrantes
y hambre de estructura

Cerramos cada fisura
negamos toda figura
abierta al páramo
de nuestra furia

Atesoramos nuestra basura
juramos amarnos
cándidos bandidos
enarbolando nuestra penuria
contra el olvido

Curamos cada locura
en el cálido fluido
florecido de la gruta
frutal
y la dulzura
de nuestra lujuria

Roímos la cerradura
naufragamos
ríos y derrames
frío y amargura
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Oda a la Virtualidad del Amor

Tóxico,

una resonancia,
hipotálamo sexual,
Adicta a ti,
testosterona fogosa
erótico tegmento,
dopamina del placer

Enervante,

lo puedo sentir
paraiso obsesivo
y el pálido ventral,
venero de peligro,

no puedo esperar,
mi cuerpo es liquido

lo que ocasionas en mi,
se desborda,

estoy cayendo,
no tengo escape,
efecto de tu veneno,
sonrisas verticales

Mojan...

oxitocina y vasopresina
llovizna tibia

excita,

vincula,

conecta

y desconecta.
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Momentos

Momentos
(A Glen)

Oh, que encanto tus bragas,
tan minúsculas.
¡Qué locura!
Colores del arcoíris
cada día.
¿las negras con sus ligas?
en ocasiones especiales,
cuando mi desatino o la torpeza,
obligan a romperlas.

Me pierde tu álbum de fotos,
todo blanco y negro:
posiciones circenses,
diferentes alcobas,
unas cuantas tomadas por un fulano
que conociste en Paris,
¿las otras?...no se quién,
fotos locas,
calientes,
inolvidables,
nostálgicas,
excitantes,
todas memorables.

¿Donde guardas la llave del pequeño baúl?
no podría decirlo,
sabemos que hay esposas,
un látigo,
una máscara,
varios metros de cuerdas,
y extraños artilugios
aún por descubrir.

De tus pulcros espacios
me trastornan tus rosas,
las esencias, los óleos,
los perfumes, fragancias,
las velas olorosas.
Me embriago con incienso,
jengibre,
pachulí,
canela,
cedro,
sándalo
y flores de jazmín.

Pero: si sales de la ducha,
solo con tus tacones
- cual Eva sin su parra-
dispuesta a cometer
tanto y tantos pecados,
todos originales,
me quedo ese momento.
Olvidamos las bragas
y sus tantos colores;
las fotos, los fulanos,
las esencias, las flores,
las llaves, los candados,
las velas y sus olores,
fundimos nuestros cuerpos,
y este instante fugaz
lo volvemos eterno.


Copyright 2017
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Sanitario de hombre con voz de mujer

Ultrajada en la soledad de un baño,
a plaza abierta y despelotada,
ni si quiera hubo chance para defender la honra,
todo fue tan rápido,
tan hermoso y violento.

Aquel gorila allí hizo lo suyo,
tan sólo era yo un muñeco en sus manos,
me trató como quien agarra a un títere,
puso su voz en mi boca,
y no supe decir que no,
en un grito ahogado,
bajo su jadeo de negro indómito.

El ultraje duró poco, sólo diez minutos,
¡¡Dios!!; pero han sido los más largos de mi vida,
no me imaginaba que se podían hacer tantas cosas,
nunca antes habia probado esas delicias.

Se me abrieron los poros,
no quería que aquello acabara,
y me imaginaba quedar congelados,
en un pasmo de tiempo,
impregnando ese espacio de vaho,
como una inmanencia de almas en pena,
que se repiten cual cita acordada:
Mismo lugar, misma hora,
misma violencia en el momento.

Ahora, llevo en mi cuerpo un olor que sé que no es mío,
anhelo encontrarme otra vez con aquel desastre,
quedé marcada a fuego por la piel del engendro,
la lanza de su sol negro iba calcinando mis chacras.

Nunca más volví a verle;
pero desde entonces...
feligrés de ese templo.-

@ChaneGarcia
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Cuarteto de jazz erótico en la 208

Desde fuera, la lluvia nos incita,
constante y narcótica,
a que entremos en trance,
nos invita a formar parte de su canción,
con ese siseo propio
de percusión deslizante,
de insinuante ritmo jazzístico.

Relámpagos
graves y consecutivos, los corazones
retumban como un contrabajo.
Las manos
son pentagramas de calor.

Por la sábana somos enfocados.

Nos acariciamos, conectamos nuestros cuerpos,
tendidos, vibrantes, sutiles. Divagamos,
pero sabemos a donde queremos llegar:

perseguimos ese éxtasis sinfónico
de cuando cada uno
de los instrumentos del amor
dejan la huella de su pasión,

natural, improvisada, libre,

hasta conseguir esa fusión
en la cual no se diferencia
cuándo se manifiesta tu alma o la mía
en el voluptuoso clímax del jazz erótico.
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Sobre tu pubis

Sobre tu pubis mi cabeza descansa
como muerta, entre tus piernas mi pecho
regresa de robar oxígeno por los rincones,
resucitado.
el mundo acaba en un sudor helado de pies.
de nuevo acabamos en tablas la
encarnizada lucha por la supremacía de
satisfacer; de esa forma suicida en que todo
en la locura, al fin cobra sentido.
Sobre tu pubis yazgo sin culpas ni necesidades;
sólo sangre regresando reconfortante.
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Tu cuerpo

Tu cuerpo como la seda carmesí
Se abraza al telar de mi deseo
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Gemido al compás

Terminó su copa mirando por la ventana.
Mientras se acomodaba en el sillón,
se ató el pelo y me sorprendió con un beso.
Sus labios estaban húmedos
y mordían con fuerza.
Me agarró por el cuello,
y me miró buscando mi expresión
entre las sombras.
Se abalanzó sobre mí,
se acomodó sobre mis piernas
y sus labios arremetían
contra los míos una y otra vez.

Corrí la cara y empecé a besarle el cuello.
Aceleraba y frenaba la intensidad.
Recorrí su cuello entero.
De un lado a otro.
Sus orejas y sus mejillas.
Me llené de su perfume.
Corrí su pelo lacio para no perderme
ni un centímetro de piel.
Para hacerme experto
de esa textura fina,
suave, infinita.
Para recorrerla entera.
Para seguir viendo la expresión
de ojos cerrados,
cuello extendido,
y gemidos suaves.

Cuando ella creía que volvía a sus labios,
comenzaba otra vez.
Pasaba mi lengua
y me detenía detrás de sus orejas.
Sus gemidos ahora eran largos
y su respiración agitada.
Sus ojos se cerraban con cada inhalación profunda.

Comenzó a mover su cintura en círculos.
Buscándome.
Haciendo que la fricción
sea su arma infalible.
Las fronteras entre nuestros cuerpos
se habían borrado por completo.
La tomé de la cadera y acaricie su espalda.
Fui subiendo y mis manos llegaron a sus pechos.

Me dijo que pare.
Que estaba mal lo que hacíamos.
Asentí con la cabeza y levanté
mis manos como un ladrón
que se entrega sin salida.
El silencio se hizo eterno.
Nos miramos fijo por algunos segundos.
La luz de la calle entraba por las rendijas
de la persiana mal cerrada.

Busque sus ojos.
Brillaban y me miraban fijo.
No pestañaba y casi no respiraba.
Alerta. Excitada. Seductora.
Entendí lo que sucedía.
Un microsegundo después,
me agarró fuerte,
me pasó su lengua por la cara y
soltó un gemido al compás
de su cadera en círculos.
Se agarró sus pechos con
furia y se transformó.

Ya no estábamos en el sillón.
Nos habíamos ido de viaje.
Ni siquiera estábamos conscientes
de que habíamos encendido la mecha
y nuestra explosión
generaba una onda expansiva
que recorrió el living y la habitación,
más rápido que el sonido.
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Scat (*)

Te miro recorrer el pasillo desnuda,
camino del cuarto de baño,
después de hacerte el amor.

Te giras, te detienes un instante, y me sonríes;

todo tu ser me sonríe en un lenguaje
que no me cuesta nada comprender.

Luego entras en la ducha
y tarareas algo
que me parece la mejor canción
nunca escrita del jazz.

Cuando vuelves,
he olvidado la letra de los versos
que pensaba escribirte
y beso tus pies
limpios de jazmín
antes de hacerte el amor otra vez.

He hallado la belleza -me digo-,
ésa de la que nunca podré hablar.

Así como hay escritos
que no tienen nombre,
el blanco cuerpo de tu poesía
no tiene palabras.

(*)Nota del autor: Scat, tipo de improvisación vocal usando palabras o sílabas sin sentido.
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Somos dos y somos uno

Tu mirada danza
al compás de mis pupilas
que te miran y te admiran
devorando tu luz
y comiéndote viva.

Mis ojos se anticipan
al tacto de mis dedos
a mis labios
a mis furtivos besos
a la humedad de mi lengua
que nace, se embriaga
y se deshace
en el albaricoque de tu piel.

La luz de tu rostro
me acaricia
con su sonrisa de luna
y la luna de tu ombligo
me lleva a su lado oscuro
y somos dos y somos uno.

Tus pechos son mis dientes
mi lengua son tus pechos
me succionan y me vierten
en sus valles de azahares
y somos dos y somos uno.

Y cantas y cantas
melodiosa armonía
que seduce mis sentidos
me susurras me murmullas
y me acunan tus gemidos.

Me gesta tu vientre
y en tu entrepierna
soy siembra y soy fruto
soy playa y crepúsculo
soy alba y soy sol...

Y somos dos, y somos uno.


@SolitarioAmnte / viii-17
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La odisea de tu sexo

Prometo desdibujar
los límites
que definieron las fronteras
de tus curvas,
escalar la ladera occidental
de la curvatura
de tu cintura,
seguir la senda
que marca la falda
hasta llegar a las alturas,
para alcanzar el olimpo,
límpido,
de tu sexo,
y representar
al pueblo de tu pelo
en el cadalso,
bajo la presión frenética
de mi mano,
durante el frenesí
al que ruego
ser eterno
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2comentarios 99 lecturas versolibre karma: 78

La pasión de Zaratustra

Malnacido,
Atraviesa mi pecho en dagas de fuego
Traeme condenas con hielo
Exhala perfumes prohibidos
Besa mis labios etéreos

Malnacido ve,
traspasa el tiempo mismo
deforma el destino, que no sume más penas
y vuelve, para dormir conmigo.

Provócame malnacido,
susurra versos a mi oído
Arquea tu espalda, deleita mi cuello
Desata mi cuerpo, dame algún motivo

Malnacido, resquebraja el somier de mi cama
Haz saltar los muelles
Siente mi alma abrazándote
En tus pesadillas de madrugada.

Libérame malnacido
Así habló Zaratusta
Libérame, hermano mío.
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Cuando te quería

Aún guardo recuerdos de cuando te quería,
tan vívidos como la sangre que bullía al verte desnuda.
Cuando tu cuerpo tan imperfecto como maravilloso,
se mostraba desnudo ante mis ojos.
Tan dulce y perverso como mi imaginación al verte,
a cada segundo hervía de deseo.

Quería poseerte, follarte despacio y comerte a poquitos, y lo hacía.
Pequeños mordiscos que te aceleraban el pulso y mi tiempo.
Las horas se convertían en minutos mientras tu boca devoraba la mía,
mientras mis manos acariciaban tu piel suave y erizada.

Tu olor para mí era ambrosía,
no acercarme era imposible, una tortura.
Pero eso pasaba, jugar te encantaba,
dejar tu boca frente a la mía.
Moverte despacio y gozar deprisa,
hasta que sucumbía.
O mejor aún,
llegar al orgasmo con brutalidad y ternura.
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El cuadrilátero

Sentir como sus manos recorren mi espalda, vértebra por vértebra, con esa suavidad que lo caracteriza, es la sensación de éxtasis más sublime que conozco. Sus besos, llenos de dulce ternura pasional me elevan al límite de lo deseado. Su enorme cuerpo me abraza en erotismo único. Recorre con su boca toda mi piel. Al detenerse entre mis piernas, me voy abriendo, entregando como si nada existiese en ese tiempo ni en esa habitación. Solo siento placer, me siento húmeda, empapada de esa mezcla indescriptible que emana el cuerpo cuando se juega en un cuadrilátero como lo hacemos nosotros.
Olores dulces, fuertes, e intensos invaden las sábanas. Manos que se enlazan en el pelo, acariciando el cuello. El calor de su boca detrás de mi oreja me hace vibrar convulsivamente. Abro mis ojos para ver el placer en su rostro. Milagrosamente iluminado, rodeado de una fuerte luz, me muestra su goce. Apenas escucho su voz, por momentos esboza sonidos de disfrute. Me siento encima, para que entre en mis entrañas. Se acrecientan los movimientos. La pelvis no para. Parece que tiene dinamismo propio, danza y danza en forma circular, con él dentro se siente completa.
Besos, caricias, movimientos imparables, miradas que hablan, aromas únicos del éxtasis, gemidos de placer… Dos cuerpos unidos en la dicha del sentir. Explotan en entrega, en ese dar y recibir, en su leche dentro mío, en sonidos guturales semejantes a los de un animal en celo. Ausencia de palabras, regresión a un estado natural, a un estado de inocencia, donde solo es la vivencia de los sentidos de los cuerpos.
Fuego. Fuego difícil de apagar, fuego que se enciende una y otra vez en nuestras vísceras. Esencia de la vida. Deseo.
Deseo de vida, que enciende y nos ilumina cada vez que se da esa mística unión carnal.
Ceremonia, ritual del cuadrilátero, centro del amor, el goce y la entrega. Círculo de la vida y de la muerte.
Cada encuentro lúdico es un morir y un renacer, un permanente fluir de energía. Es la vibración de cada célula que nos integra. Solo sentir. Solo escuchar. Luego nos invade la muerte y la plenitud. Quedamos llenos de vida, de luces, y sonidos liberadores.
Al bajar del cuadrilátero… vamos al baño, nos lavamos, luego nos vestimos, cruzamos dos palabras tratando de volver al presente, nos conectamos con la aburrida, rutinaria y agobiante realidad cotidiana, miramos los mensajes en el celular, como si algo importante hubiese pasado en el mundo y nosotros inmersos en nuestro éxtasis nos lo hubiésemos perdido, miramos la hora, y una vez listos, salimos a la calle.
En la puerta, nos despedimos con un beso en la mejilla, al igual que dos buenos amigos que salen de tomar un café en el bar. Y volvemos a ser los de antes. Solo que algo distinto perdura en ambos, dentro nos vamos iluminados del más bello goce de la vida que pocos se atreven a dejar que los invada. Le temen. Es el mismo aire que entra en nuestros pulmones en cada inhalación, y el mismo sorbo de agua que entra en nuestro organismo cada vez que la bebemos, es el éxtasis del deseo, sin duda el único motor de la vida.
Esperando un nuevo encuentro, transcurre mi existencia…
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La paja en el ojo

¡¡Dios!!, ¡mira ahí abajo!,
se esboza la forma del animal que duerme,
la efigie de un muerto descomunal,
en lo que deja adivinar la tela,
los cilindros y los bultos marcados,
como para meter miedo.

Parece un gigante que reposa la siesta,
tras media jornada bajo el Sol.

¡Shsss! Si te acercas,
casi se le puede sentir el pálpito de su respiro,
en la vena,
que late como el corazón de un magma,
cálido, como la marca de un golpe en el rostro,
fiel, como la promesa de un cachorro indómito,
que no traiciona.

¡Míralo!... ahí,
duerme vivo casi sin sangre,
despierta muerto,
con la rigidez de los que se ponen de pie,
cual cavernas gemelas,
inundadas por la marea roja,
hálito de Marte,
que como él,
igual irá buscando la guerra.

En sí adherido,
tiene algo como si fuera hipnótico,
que hala hacia él,
el centro de las cosas,
como un imán de carne,
atrayendo el acero de tus ojos,
y convirtiéndolos en morbo:
La renuencia de unos óculos brutales,
que se niegan a dejar de ver el ídolo.

Es esa paja visual tan frecuente ti,
tan secreta de otros,
tú como beata,
y que abre el grifo,
de una entrepierna fanerógama,
calurosa ya en este punto.

¡Anda!, ¡date una licencia!
¡atrévete a mirar sin miedo!,
que el doliente de ese muerto,
también está durmiendo.-

@ChaneGarcia
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1comentarios 37 lecturas prosapoetica karma: 21

Poémame

Poémame,
sí,
poémame en tu silencio,
en tus caricias.
Poémame en tu indiferencia,
poémame infeliz, en tus recuerdos.
en tu alegría compartida,
sí, hazme poema,
en las canciones que pedía que escuchases,
recuerda...
en los autores que ahora están prohibidos.
Poémame en tus besos, peregrinos,
aunque tus labios no sean míos,
ni tu lengua me descubra pozos de miel,
poémame tu raíz hundida,
aunque siembres en otra piel.
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5comentarios 73 lecturas versolibre karma: 91

Devoradora

Mantis erótica
coges al macho de la cabeza
y lo devoras.
Lo haces tuyo,
lo gozas;
saboreas cada pedacito verde masculino,
hasta que finalmente,
lo sientes palpitar en tu vientre.
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2comentarios 48 lecturas versolibre karma: 73
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