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Esplendente

El bálsamo para todo es agua salada:
sudor, lágrimas o mar…
Isak Dinesen

…igual a las mareas que por ella suben
como a un acantilado.
Charles Baudelaire

Aquí va tu agradecimiento al mar.
Por acá, dejas tus solubles joyas:
lágrimas del crepúsculo nublado.
Allá, la marea menor de zapatos
trazo de estelas inimaginables.
La ropa: parda bruma, grises olas;
tu sostén, desleído en esta orilla.

Todos los mundos de nuestras edades
juventud y vejez se arremolinan.
De ajenas latitudes llega el bálsamo:
con su bajamar de lunas congrega
esta claridad de tu ser perfecto… 
torrente cual cresta de marejada
y estuario tibio de los días solares:
resuello contenido entre tus senos.

Desnudas al cenit horizontal.
Desnudos, somos nocturno bestiario.

De entre las mareas a la luz de luna
la plenitud deviene con tu olor:
retumbo de corrientes abisales
y ese resabio es la otra saliva.
En comunión de las aguas saladas,
oceánico es el origen del mundo;
entre los muslos ceñida humedad
y el jadeo, nuestra agridulce arena.

No es nicho ni espuma en busca de ahogo:
es un suave soplo al plexo solar.
¿Ave Fénix, tal vez, que se repite
en ajenas riberas de los otros
y en nosotros es única y puntual?
¿Dónde están los límites de los cuerpos
que se diferenciaban por caricias
en temeridad y timidez pródigas?

Al amparo de tu ardiente templanza
no olvides los esplendentes momentos.

Aquietado el pecho con la penumbra
en algún arrecife de estas sábanas
mi humanidad, zozobra demudada.

Alejandro Sandoval Ávila
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ᑭEᖇᖴEᑕTO

Tienes el nombre perfecto. Eres perfecto. Tus manos poseen fuerza, fuerza que invita al deseo de ser tocada por ellas. Firmes, tensas a puños cerrados entre brazos cruzados; arduas, vitales; dominantes de la debilidad de los míos...

Mis rodillas flaquean ante tu postura lejana y maldigo mi subordinada cobardía. Te escribo líneas blancas entre muslos, sin dedicatorias expresas; con tu nombre cerrado al calce, sobrio e inquietante pero abiertos al temor de descubrirte por entero a mi merced dentro de mis besos.
Al llegar el turno de tomar el trono, lanzas a mí tu pan como a espectadora de la Roma de tu circo. Apenas esconde la túnica de mi hambre el pezón erguido despierto en mi suspiro.

En el comedimento,
a la zafiedad
le apetece la extrañeza
de dos pieles que se inhalan,
con premura y sin olvido...




Yamel Murillo


Confesionario II
Caleidoscopio©
D.R. 2015
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Cautivo de

SERÁ por su cuerpo dormido
bajo la leve prenda

o tal vez por la compañía
de su perfume de Anaïs
de Cacharel fuerte y tónico
como el anís
que embriaga a tu frío
como una ofrenda

deja que la luz del alba
a su lado te sorprenda
como una mujer desnuda en un balcón
de París

no sabes qué hay en ella
que te tiene cautivo:
de ella bebes el remedio y te da sed
de envenenado

será para bien o para mal:
nada es definitivo

pero buscas

como un animal en un rincón caliente
sentir con sus caricias
mitigarse en tu costado
aquella soledad herida
que callejeaste entre la gente.
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Piel dormida

Profeta y mago
que predices el dominio
de tu encanto
sobre esta piel dormida...

Con tu beso
asaltas la noche
y del relámpago de tu boca
se quiebran la sombras;
penetras ahora
la trémula estrella
víctima de tu sigiloso paso;
la que sabes tuya
y le reclamas pertenencia.

En el insomne palpitar
al fin obtiene recompensa
el desfallecer de tus anhelos.
Somos como aquellos desesperados
que se llamaban en silencio;
que se encuentran hoy
en el laberinto de sus cuerpos;
que se dicen todas las palabras
que por deuda se arraigaron...
Aquellos palpos serenos
a los que en sus sueños de fuego
y su lecho de rosas,
el deseo en descaro
presto les aflora
y en los secretos tácitos
de Lunas pasadas
encuentran tiernas sus razones perdidas...
y se pierden en las caricias
que desde siglos
les aguardaban.

Arribas y descubres
que el letargo de la tímida zarza
se devora
al sonido de tu voz...
que las cuerdas del arpa
se tensan
para interpretar
infinitas melodías de tus manos.

Ves que el paso
de mis columnas
pretende ser, solo por ti andado...
Que la hiedra del olvido
es en realidad
dulce miel
destilada de mí
al libar de tus labios.

Serás siempre
permisiva y voraz ansia
que consuma mis remansos,
cada vez que al ocaso
te disfraces de alba
y asaltes de nuevo
la nocturna alcoba
de esta, tu trémula estrella
que por ti solloza;
que por ti espera,
al palidecer del día;
al palpitar de tus dedos,
al roce de tu abrazo...




Yamel Murillo



La muerte perdida en el laberinto©
Caleidoscopio©
D.R. 2013
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8comentarios 77 lecturas versolibre karma: 117

Junto a la vereda

Este poema 2 – Curva es el primero de las parejas que componen el poemario Mixtilíneas que se inicia desbordando sensualidad.


Junto a la vereda que abraza el río

nuestros cuerpos desnudos,

ebrios de pasión,

unidos a la hierba fresca,

a la tierra fértil,

al bosque, a las flores,

al rumor de la burbujeante agua,

a la fragilidad de las rocas,

al curso del río serpenteante,

sucumben al estar y al ser

uno solo.


Es el tiempo de entregar y recibir,

de dar la vuelta a la piel

para mostrar aquello que se esconde

en cada poro,

en cada pliegue imperceptible del silencio.


El viento frío eriza el vello,

los pezones enhiestos,

se enciende el fuego bajo el vientre,

y rezuma la miel

y se vierte el néctar entre mis labios y los tuyos.


Una alfombra de deseo bajo la sombra de los árboles,

posturas imposibles,

dedos expertos recorren el contorno

definiendo discursos

y conceptos etéreos.

Con la sibilina lengua

atraviesas defensas,

cicatrizas heridas,

borras con saliva los tatuajes, las marcas,

las imperfecciones del tiempo.


Poco a poco se difumina el entorno

hasta que asoma la plenitud

de ser en el otro,

de estar en el otro

siendo uno mismo

y estando desde dentro.


Es, después, cuando llega el vacío,

el cansancio, el sopor,

y te veo,

brillante y sudoroso,

con un halo de luz en todo el cuerpo,

con un fulgor resplandeciente en los ojos.

Es, entonces, cuando pienso:

Morirse tiene que ser como esto.
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2comentarios 54 lecturas versolibre karma: 97

ᏢᏒᎬᏞuᎠᎥᎾ

Esta noche,
es la misma
en el espacio de dos ciudades:
la tuya y la mía.

La primera la recorro
sin tiempo ni medida...
Viajas discordante
y al arrimarse
tu temblor inminente,
te dejo pacer
como presa
en mis mejillas,
y como miel
descender
para acercarte a mi boca,
dulce cazadora
sin coartada perfecta
ante el suave muro húmedo
de tu respirar...

Eres el hombre-niño
que curioso de lo que supone,
abre para sí
dedicado y salvaje,
estas dos incógnitas
donde le aguarda
una respuesta llorada
y quieta
a punto de ser desvelada...
Chiquillo travieso
que se goza del juego
de la madurez
mirando mi gozo
sobre el brillo
de sus ojos
en esa convergencia
de su día,
y mi noche.

Y me fluyes
como el mar bravío
en el que me has convertido,
a riesgo de contener
todas tus mañanas
y mis movimientos
sobre tu tierra lúdica y sonámbula;
para que me habites
soborno a la encrucijada
de los picos enaltecidos
por las rutas lluviosas,
para que vengas
y tejas sobre mi cuerpo
los colores del tuyo;
para que me seas el rojo abrigo
de los besos perdidos
por el lino de tu piel...

Y al mirarte desnudo
vuelve a mí
el aliento y tu descanso;
mi compañía callada...
mi amante de escritura;
autor de mis notas altas
garabateando mis paredes
con el acorde de tus manos...

Silencio sonoro
que te deleitas
en el doblez de mi carne;
en la rigidez del fuego
y el rigor de su golpe,
que me jura
adolescerse de mí...

Una canción que se toca sola
en nuestra habitación
cuando tu visita se extiende
y este deseo que muerde,
te la arrebata
para hacerme pasión
todas las horas contigo;
solo mías,
diluidas en el café...




Yamel Murillo




Hasta el último baile®
ᏞᎪs ᏒᎾᏟᎪs ᎠᎬᏞ ᏟᎪsᏆᎥᏞᏞᎾ©
D.R. 2017
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16comentarios 133 lecturas versolibre karma: 107

ʍí ղօʍҍɾҽ

Nunca tan plena
como si ningún eclipse;
nunca tan colmada
como si ninguna tormenta;
como ahora
vestida de ti
y del jade de tu cuerpo;
de tu fosforescencia nocturna
y purpurina.
Es el retorno
de tu boca tibia,
tu torso gallardo
y tu esmerado resplandor
lo que me devuelve la vida...

Va en pos de ti
mi joven canto nocturno;
el agua clara
y la orquídea
que me florece
en tu lecho
cubierto de oscura obsidiana...

Vuelvo a tus olas...
a la esencia de tus corrientes
uniendo lo que me descubres
y lo que eres,
para sernos uno sólo
cuando asciendes y me besas.

En ti;
por ti;
para ti,
sea menguante;
creciente;
nueva;
de ti,
tan llena...



Tú, me has puesto nombre.



Yamel Murillo


Confesionario®
El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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14comentarios 71 lecturas versolibre karma: 96

ᎪNᏩᎬᏞ ᎠᎬᏞᎪᎢᏫᎡ

Un silencio sega... El tuyo, por propio derecho. Secciona. Me recorre leve y discreto; diáfano en su aroma pero profundo y ardiente como aguardan los adentros de mi líquido anhelo.

Extenuada de ayeres, no he traído a ti las estrellas besadas con las que te recibo en mi portal; ni el azul, apenas celeste reflejo del marco en tu boca de luna.

Se agotaron las margaritas deshojadas por mis manos donde sonaba un 'me ama'... el ave calló y mi voz se quebró en el estremecer de la noche continua... en esa deliciosa fricción queda y ocurrente de dos locuras rompiendo el minuto de la nada...
Quedaron los labios henchidos latiendo el pundonor extraviado en el último desafío.

Te recibo tibia... expectante. Presurosa atravieso el pulso que agitas con mi nombre entrecortado al roce de tu boca.

En esta hora acudí a ti, así, circunspecta... sin estrellas; ni azul celeste; ni margaritas en las manos...
Fui por un instante, un alma en desnudez. Piel buscando en lo eterno de la tuya el abrigo ante la ignorancia de sus magnitudes.
No está mi flor dispuesta a sacrificar por retraerse,
la saeta amada que le perturba la razón...

Desciendes Ángel a desenvainar tu espada en el monte de tu templo... Moras en su Edén...Tú, su dios, su amo...

Ángel que sublimas. Venerado mago de palabras... poderoso ingenuo; expones mis coordenadas replicando y arribando a dominar los renglones de una partitura que sólo reconoce tus dedos...

Vengo a ti al tiempo de tu venida. Me miro ya, rodeada del centelleo de estrellas nuevas; de claves de Sol, azules cielos y blancos pétalos; todo reflejo de mí,
inmaculada de perlas,
en el espejo de tu cuerpo...




Yamel Murillo



Intimísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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Aquí adentro ese ajeno calor que duerme

¡Sólo imagina!
Allá afuera muerde el invierno
con ese espantoso frío.
Aquí adentro
el obelisco aún sembrado en mi roca de carne
como única fuente de calor que me sustenta.
Es como tener allí una astilla que todavía arde-amiga,
cual si fuese un clavo caliente que largo reposa.
Es ese calorcillo familiar que te abraza y te duerme.
Es esa confianza muda de yacer cómplices.
Es este "Me abandono en ti" después de esta guerra,
abrazando tu atmósfera de peluche,
con el único confort que me otorgaran tus cenizas.
Esta brasa viva y ajena que por dentro me entibia
como un corazón cilíndrico que agotado duerme
y despertará como siempre matutino y arisco
para zarandearme...
y buscar de nuevo otra guerra.-


@ChaneGarcia
...
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C͟͞A͟͞T͟͞A͟͞R͟͞S͟͞I͟͞S͟͞

Llueve esta noche.
No hay azoro... le amo aunque me quema.
Soy una tonta al convocarle;
llega sólo si le place.
Ella conoció de mis altos secretos
y el sabor de todas las bocas
que le precedieron.
Me humedece los ojos
pero ¡qué más da!
no puedo aborrecerle.

Sin su sal que me escoza;
Sin su frío que pretende amedrentarme,
aunque bien sé de su frío imposible
muero de sed en medio del fuego
de su azaroso beso que me abrasa.

Lluvia, eres mía. No puedes cambiar eso.
No puedes evadir el hacerme tuya
cuando me he secado
sobre tu cuerpo...
Resbalo de tus alicaídas gotas.
El cielo de tus nubes apóstatas de grises,
amenaza aquel 'amor a voces'
que me niegan tus andanzas.

Sigues cayendo
intermitente;
interminable, dudosa.
Cargas el miedo
en los algodones suaves
y mullidos de tus paradigmas.

Tú eres quien odia.
Eres el hielo del encono
y me colocas en la pira
inmovilizando el tiempo marcado
por tu necia manera de quererme.

Rivales.
Amantes.
Locos...
por qué no, cuerdos,
de una historia corta de palabras largas.

Te guardo en un frasquito...

¡Te evaporarás, no mientas!
y en tu agua
ascenderás 'gran amor', al sol,
empapándome alguna vez.

Descenderás opuesto.

Te evaporarás tú...
Yo,
en ti,
hasta mi catarsis
o la consumación del mar de los silencios.



Yamel Murillo



Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D. R. 2016
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11comentarios 166 lecturas versolibre karma: 99

Dime

Necesito escribirte antes del éxtasis lunar...
Escribirle a tus manos para que raudas
vengan a despertarme
o llevarme al sueño
de tu cuerpo escondido.

Hace tanto
que duermo cerrando
el reloj de arena
y sólo tu húmedo recuerdo
me hace la segunda voz...

No más rosas
que las de mi perfume;
no más tibieza
que la del sol que recién se va callando.

Escribirle a tu boca para que
acuda en socorro de ésta
solitaria,
desesperada y sedienta
desde tus noches antiguas.
Escribirle a tu razón para que
me piense tan solo tres segundos
de un beso que me construye
y me deja tendida en el lecho
que te espera, turbulenta,
cegada por tus presuntas causas
o los pretextos de alguna consecuencia.

Escribirte.
Preguntar a las horas por venir
si no basta amarte para amarte.
Escribir sobre el sepia
de tu piel temblorosa
las formas tuyas
donde cumplir mi utopía
y agonizar contigo
la muerte de todas nuestras batallas...

Escribirte. Oír.
Morder. Un grito... Morir. Vivir. Poseer.
Deseo, ¿Vendrás?
Bésame.
Me iré a ti, quizá. Sí, no. Dime...


Yamel Murillo


Antología de una pasión©
D.R. 2016
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22comentarios 287 lecturas versolibre karma: 90

Cordones

Con los cordones de tus zapatos
ata mis manos a tu onírico cielo.
El nudo en el extremo, quedará blindado
a tus caprichos y los delirios que queman
mi frente por la recurrente fiebre,
mármol en mis sienes, atajo para el miedo y el
vértigo, presagio del suicidio, postergará
la clandestinidad de mis sentidos
colapsando la sangre de muertos espíritus.
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1comentarios 66 lecturas versolibre karma: 85

ᏟᎪNᎢᎾ ᎠᎬ ᎻᎾᎡᎪ ᏚᎬXᎢᎪ

Le temo,
pero mi piel
por él moriría.
Mi deseo
le busca ahora
más devotamente
que yo.

Es él, rincón...
Pensamiento
extraviado
que va al encuentro
de la misma ola
que golpea sus besos
contra mis riscos
erizos
por sus dedos.

Es roca.
Cimenta en mí.
Rompe la serenidad.
Es tempestad.
Me arrastra
por el alabastro
de su cuerpo,
fiel sendero
hacia mi carne espía.

Es silencio
a voz en grito.
Callado va,
quemándome
la estera...

y me tocan sus ojos;
y me besan sus manos;
y me habla su vientre
en lenguas de ritos extraños.

Me canta
con la precisión
del murmullo del ave
en la aurora
y me dirijo a su centro
con grácil y ágil
vuelo de águila real,
en busca
de alimento
para la dulce
entraña,
que no es otra
que la suya y la mía
mimetizando
su alborada de arena
con la ostra de mi lluvia...

Mía es
la esencia que porta;
es la mía, su abrevadero.

Somos fuentes
donde brotan
néctares de dioses
y bebemos
del mutuo cáliz.

Al sonar
de cada hora sexta,
nos perdemos
en el Olimpo
a cambio de obtener
segundos de lo tangible...
del fuego de unos labios
lejanos;
amantes y críos
de un éxtasis no consumado.



Yamel Murillo



CANTO DE HORA SEXTA©
Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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13comentarios 92 lecturas versolibre karma: 95

Vuelas

Vuela, ta alto como tus brazos arqueas
cuando me abres la puerta.
Como remos remontando un mar en celo.
Vuelas y te acercas al multicolor de las cometas,
inquietas por el ímpetu del viento
en turbulencias.
Regresa, aprendiz de vuelos en rasante descenso al perímetro de mi cuerpo,
contorno que agradece el ritmo de los remos
mientras el mar se agita en oleaje intrépido,
muerto de celos.
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Acordes

Te ves tranquila
Esperas a que me acerque
Te tomo con calma
Tu textura es suave como siempre

Te toco despacio
Suenas delicadamente
Sigues mi ritmo
Siempre has sido obediente

Bajo mi mano un poco
Suenas más ligera, más aguda
Sigo bajando y aumento el ritmo
Tu sonido desenfrena

Quedo en evidencia
Transmites mi impaciencia
Mi mano ya tiene vida propia
Y tu suenas con elocuencia

Me miras y te toco
Tu sonido me vuelve loco
Sinfonía efímera y rebelde
Como el amor que me transmites
A veces implícito en tus acordes
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Hogar

Me he peinado al alba
con rayos de tu fuego...

Bajas sobre mi cuerpo
y derramas tus dulces almendras.
Cercas mis senos
pese a las súplicas,
advirtiendo al sol tu acercamiento.

El espejo breve nos imita.
Amanece la luz naranja y firme
de tu viril belleza
y tu boca yace
a punto de ser mi noche.
Versas de obsidiana
moldeando el cristal
y sus coyunturas...

Beberás de mi cerviz
con el fulgor de tu ingravidez,
cuando me prolongue
hasta ungirme
en tus húmedos óleos
y dibujar en los secretos lienzos...

Rebelde inconexo
del que hago propiedad
por abandonarse...
Mío.
Abductor impaciente
del remolino
de mis placeres:
¡no ignores
el amor
que escribo
sobre tu pañuelo apasionado!

Heme aquí
con toda mi blancura...
que eres mi palabra;
que me perteneces.

Acaríciame la sangre;
enloquece el silencio
para que huya extraviado.
Reconócete
en el murmurar ensordecedor
y el súbito pulso
que me invade
de tu cuerpo,

al mirarte así...
dentro de mi cuerpo.




Yamel Murillo



Confesionario II
Lunas de mayo©
D.R. 2017
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17comentarios 141 lecturas versolibre karma: 103

Encuentros

Nos habíamos encontrado de casualidad, unos amigos en común de otros amigos, en fin. Siempre cuestioné esa posibilidad porque era como entregarle todo el crédito al azar y nosotros vamos moldeando nuestro día a día con un conjunto de decisiones que nos hacen llegar hasta donde nos encontramos hoy.

Ella era de rasgos más bien definidos: pelo medianamente corto y claro, ojos verdes y un estilo rock perfectamente combinado entre el color negro y las transparencias. Lo metálico, lo brillante en su justa medida. Lo casualmente arreglado por horas. Siempre sonriente. Siempre radiante. Piel perfecta con pecas, ojos delineados que resaltaban una expresión tímidamente desafiante. Sus manos lucían dos anillos: uno en el dedo anular y el otro en su pulgar.

Al principio todo estaba dentro de lo esperable: dos personas que se van conociendo, intiman sexualmente, se vuelven a ver. Intercambian historias, duermen juntos y empiezan a compartir la intimidad de los días de verano. Siempre la misma historia nunca los mismos besos.

Mientras ella se preparaba para irse a trabajar le dije que estaba fascinado aunque algo sorprendido por lo que había pasado hacía tan solo unos minutos. Que habíamos tenido un buen juego previo en todos nuestros encuentros, mucho más del que al yo había experimentado, pero que había sentido que ella quería algo más. Mi inseguridad se resumía en esa afirmación. Me dijo que el juego no debía ser previo. Que el juego era todo y que había que ir más allá del sexo. Me dio un beso agarrándose de mis cachetes y se fue. Su perfume siempre quedaba en la habitación, en las sábanas, incluso en mis camisas. Era algo frutal.

Para nuestro próximo encuentro yo no podía dejar de pensar en esa conversación y en su deseo que iba más allá del sexo. Mis interrogantes iban en aumento, pero ahí estábamos una vez más en el sillón, mirándonos inmóviles y esperando el momento justo para lanzarnos uno sobre el otro. Esa magia que se suspende en el aire, que se siente en la piel sin haber entrado en contacto físico.

Me tomó de la mano muy suavemente y me dijo guió hasta la habitación. Me pidió que me sacara toda la ropa y que no diga nada. Que me dejara llevar por ella. Intenté respirar profundo para calmarme pero mi respiración era muy agitada. Estábamos desnudos frente a frente. La luz de la calle atravesaba la cortina de plástico mal cerrada y daba justo en sus pezones dibujando una línea interminable de rectángulos iluminados. Me dijo que tenía que serenarme, respirar profundo y dejarme llevar entregándole mi cuerpo al cien por ciento.

Me hizo sentarme contra el respaldo de la cama, espalda derecha y piernas abiertas y extendidas sobre la cama. Ella se colocó justo delante de mí, bien pegada y con sus piernas también abiertas. El contacto de la piel suave y caliente era un estimulante explosivo. El ambiente que se había generado en la habitación, no tenía precedentes ni en los sueños más profundos. La energía que ella generaba venía desde todas partes. Ella estaba delante de mí, pero también estaba en mi mente, en mi respiración, en el espejo que era testigo desde una esquina. En la piel de mis manos, de mis muslos. De mi lengua seca por intentar respirar pausado con la boca abierta.

Le besé el cuello y largue una respiración profunda producto de la contemplación sin respirar. Empezó a relajarse y agarro mis dos manos. Recorrimos sus pechos grandes y macizos hasta su sexo, sus piernas y subiendo nuevamente por sus costillas. Ya conocía su piel, era perfecta y suave como el algodón pero ese día todo tenía un matiz diferente. Se llevo mis dedos a su boca y los chupo con fuerza para volver rápidamente a su exhibición privada de partes íntimas entregadas al placer que proporciona el otro con la celosa supervisión de uno mismo.

Ese día la conocí por completo. Ella necesitaba conectarse conmigo desde lo esencial del deseo compartido. Ella promulgaba ese encuentro más que nada. Su cuerpo lo pedía a gritos, sus ojos brillaban con la poca luz de la habitación. Su cuerpo se había transformado en una extensión del mío, y el mío, en una extensión de sus manos. No éramos nosotros los que estamos ahí, porque nuestros cuerpos jamás habían logrado ese estado de plena satisfacción.

Manos, piernas, lenguas y brazos se habían convertido en un mecanismo suizo de relojería que se mueve y avanza en perfecta sincronía generando un solo movimiento.

Quedamos tendidos sobre la cama uno junto al otro. Temblando y en silencio. Cada uno asimilando lo que había pasado, disfrutándolo, recuperando el aliento y haciendo un raconto rápido de todo ese momento de éxtasis.

Ella me enseño la importancia de conocernos desde lo más íntimo.Y aunque el cuerpo es algo finito con límites marcados, ella hacia que en todos los encuentros descubra algo nuevo de ella y de mi. De los dos. Juntos y por separado al mismo tiempo.

-Lo importante es cómo te hace sentir la otra persona más que el encuentro de dos cuerpos, me dijo mientras se vestía.

*PH. Pato Azpiri

*She. Florencia Couce
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A solas

Esta mañana
en que el sol me coquetea
salgo al umbral
para verte amanecer...

Te llevo
entrelazado por mi cintura
a la melancolía
del rosal
que se abre para perfumar
mi idea de ti,
la que sabe como aullan
mis brazos por los tuyos
cuando mi loba
abandona la matinal ceremonia.

Te amo.

Eres mío
y lo has oído
del rito que nos une;
que duele
mas deleita mi piel
duplicada en ti
al besar
de tu pensamiento.

Ocupamos ese espacio fino
que arde impasivo
cuando tu mirada
tras la mía
gotea su mar,
la prueba silente
de toda tu perfección
y mi sublime afecto;
día y noche;
limón y miel...

Ahí te conviertes
en el mirto
que me extasía
sobre el alféizar
y te veo
muriendo al agua,
embriagado
del cáliz desbordado
con la uva de los labios
que arrebatas,
mientras hambriento
arrastras mi cuerpo
al campo de tu vid
y el platino de tus cabellos
es la rienda
y la enredadera
de todos mis deseos.

Esta mañana
en que el sol me coquetea
y te ve amanecer...
mi horizonte azul,
mi erguida pradera,
no olvides:
la que te ama tanto
te mostró el atajo
por donde vengas pronto.

Aquí te aguardo
tan impaciente como tuya

para quererte...

a solas.




Yamel Murillo



Nocturnal epístola.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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Supernova

Solo tú,
bronce eterno
del secreto cerrojo
a quien reservo
el giro
de la sola
llave.

Eres agua...
del dulce río
y de la quina;
elixir cuántico
de un sistema único,
capaz de devolver
el pasivo motivo
a las piezas
de un planeta corazón
desordenado
que no sabe
ser ni estar,
estar sin ser,
ni en ti
aun en traslación,
si no es contigo...

De ese abismo mundano
donde me llevas
hasta el mismo infinito
del desahogo
al que me elevas,
tu palabra
levanta estelas en la millar galaxia
o destruye
algún pedestal endeble
del alma...
aunque en medio
de tal destrucción
el ciclo vuelva
a empezar
y jure jurando
que por ti
cada parte
de su plenitud
poseerá,
el jamás gélido
del solsticio tuyo
o el cataclismo
del siempre
lunático
que nos arroja
fuera de su justa
rotación...


Serpentea
tu año luz
por mi núcleo estacional,
dual y nocturno...
Ve consumirse
mi atmósfera calma
y gira en derredor
renaciéndome
de tu verbo conjugado.


Surgirás
sobrepuesto y altivo;
poderoso segundero
efecto de tu báculo
sobre mi ángulo
de tiempo en el torrente,
a marcar
exacto,
con escrupulosa precisión,

tu vida definitiva...
o mi absoluta muerte
.



Yamel Murillo



Del cosmos y otras hogueras.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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Lluéveme

Lluéveme
en palabras
como
pequeños milagros
a cuentagotas
o en cascada
deja correr
sobre mí
tu tacto.
Dibújame
en silencios
tibios e iluminados.
Siémbrame
algún beso
que no mute
en pasado.
Abrígame
con tus alas
de notas
y desvelos.
Cobíjame
entre las sábanas
de un sueño
perpetuo.
Se mío
un instante
y déjame ser
por tus venas
el arrebato
de un verso
el trasluz
de un poema
un simple
amanecer.
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