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A veces llega el sol

A veces llega el sol cansado de girar y girar y girar,
sin música,
como si fuese una vieja profecía de soledad,
llega y no dice nada,
se sienta en ti, en tu regazo humano
y descansa,
duerme y se le escuchan los sueños,
se le escapan de cada rayo y se aferra a tu vientre,
el sol nos hace el amor así,
nos preña de luz y de sombras,
nos hace noche de cuentos que narramos a nuestros miedos
y nuestros miedos crecen y se convierten en hijos,
son los hijos del sol,
son nuestras sombras,
somos nosotros cuando huimos a ninguna parte,
somos nosotros cuando nos quedamos muertos vivos,
sin saberlo,
sin darnos cuenta,
y giramos y giramos y giramos,
sin música,
porque somos también una profecía de las soledades,
también nuestros padres se preñaron del sol.
Abre la sombra, amor,
abre la luz,
salgamos,
intentemos huir
de todas las certezas humanas,

intentemos preñarnos de nosotros.
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Tenemos que no hablar

Tenemos que no hablar,
no estar frente a frente,
ni el tacto de la mirada,
ni vernos con los dedos
ser agua y agua,
en la sed del otro.

Tenemos que no hablar,
acercarnos a cada ola,
ser acantilados de piel,
latidos del oleaje,
sujetarnos el naufragio en los labios,
y bebernos los ojos,
mordernos la sonrisa,
morirnos la vida
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Uno se desespera porque las cabras no leen poemas

Uno se desespera porque la cabras no leen poemas
no hay derecho piensas pataleas chillas te enojas
rasgas las vestiduras a la de al lado
y todo ello sin despeinarte
-a veces olvidas que estás calvo-

ese porqué tan extraño de las cabras
te cabrea te repatea te da náuseas hasta fiebre casi
ninguna cabra lee a Lorca o Benedetti o a Sabines
es injusto joder no me lo creo es imposible
y rasgas las vestiduras a la de al lado
y todo ello sin despeinarte
-a veces olvidas que estás calvo-

uno se desespera incluso con los poetas que no escriben a las cabras
Ni excusas ni musas ni hostias no hay nadie joder nadie
que tenga la cordura bien puesta
como mucho se escucha ese poeta está como una cabra
y joder no hay derecho ni leches es indignante repulsivo
y rasgas las vestiduras a la del al lado
y todo ello sin despeinarte
-y no hace falta que me digan que estoy calvo que ya lo sé-
ninguna cabra lee a Octavio Paz, a Eliot a Cernuda


Ninguna cabra lee poemas mientras te echo de menos
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Uno se pone a escribir un poema de amor

Uno se pone a escribir un poema de amor
y habla del arco iris
y se pone a llover y lo deja todo
y abre la ventana y besa cada gota de lluvia
que resbala por los cristales,
es eso la vida,
el arco iris antes de la lluvia.

Uno está al borde de uno mismo,
obvio lo de que se cae varias veces,
que igual acaba de subir o no y da lo mismo,
está al borde y se entiende y es suficiente
y la experiencia, que no es decir mucho o casi nada,
te dice que te abraces a alguien por si acaso
y ocurre que así fueron todas las caídas,
por esos acasos de la vida
y eso es la vida;
abrazarte siempre… abrazarte.
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Sé que era enero

Sé que era enero,
tomaba un café y me recordaba en el mar
y no existías tú y no existía yo,
tan sólo un viento marinero anclado en la arena,
un mediterráneo grisazul,
una lluvia sin arco iris,
un atardecer decadente en el paisaje
y la soledad era extraña y dulce como una sombra de agua,
como una noche con piel de amor que pensaba por mí
y me llevaba por el paisaje, por las calles estrechas,
tus piernas, tu ombligo, tu seno, tus labios, tu cabello
y besaba tus ojos y tu frente y tu sexo
y no existías tú y no existía yo,
sé que era enero,
que la noche fue larga hasta romperme en el tiempo,
que amanecí en la playa de tu vientre,
sin preguntas, sin respuestas, con la luz del silencio cómplice,
buscándote como te busco ahora,
encontrándome como me encuentro ahora,
junto al mar, recordándome en ti,
anclado en la arena con el viento marinero,
entre un rumor de olas y soledades
y no existías tú y no existía yo
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A veces me pierdo por las calles de Grácia

A veces me pierdo por las calles de Grácia
también me pierdo por el pasillo de la casa
y me quedo quieto, como cuando necesito de tus abrazos,
miro las acuarelas de tus ojos y las seco el agua,
a veces llueve y dibujo en las paredes medias de seda
y una camiseta transparente y cuatro horas de sexo
para tener que hacer cuando la luna bostece.
A veces te canto rumbas con ritmos del mar,
dependiendo de cómo sea el estado de tus mareas
y fusionamos fados y tangos y boleros con flamenco
y sólo bailamos estando dentro de nosotros,
a veces me pierdo entre tus piernas,
a veces me pierdo por las calles de Grácia.
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No me di cuenta

No me di cuenta,
a veces estoy escribiendo o pintando,
escuchando música; si puedo elegir que sea rock británico
y el primer verso es un no me di cuenta y es intencionado,
es una forma de dialogar contigo a solas, intemporal,
lo leerás después o quizá o un nunca se sabe,
o igual alguien lo lee en otoño, un día de lluvia,
con ese poético café y los cristales y los arces
y esas lágrimas del tiempo golpeando al alma
y puede que llore o sonría o sea silencio
y no se dé cuenta de que no me di cuenta –como decía-
no me di cuenta que estaba amando,
que era verdad en cada segundo que tenía,
que te buscaba desde la primera luz del día,
que te amaba en cada rincón del alma,
en cada verso de un poema,
en cada pincelada o mezcla de acuarela,
que igual lo lees después o quizá o un nunca se sabe
o puede que seas tú la que está en un día de otoño
con ese poético café y los cristales y los arces
y esas lágrimas del tiempo que golpean el alma sean las tuyas
o puedes que sonrías y yo sólo sea la hoja de un poema
y será dulce o amargo ese momento
y no me di cuenta que te amaba
y que te sigo amando.
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Gritaba el viento en la noche

Gritaba el viento en la noche,
eterno giralunas de la vida,
ese baile de sueños sin cordura
y los niños no tenían sueño,
los sueños jugaban con los niños
y el silencio nada preguntaba.
Gritaba el viento en la noche,
recuerdo que callaba tu nombre,
que besaba la piel del agua,
que mis manos retenían el mar,
que cada ola era un poema no escrito
y recuerdo que no te olvidaba
y el silencio estaba allí,
callado, como herido, como muerto,
tan eco de yo en ti
y gritaba el viento en la noche,
eterno giralunas de la vida
y miraba las paredes, las ventanas,
la puerta de la calle, las heridas,
como queriendo salir por sus espacios
y buscarte entre la arena y entre el agua
y el silencio estaba allí, deteniéndome,
besándome cada segundo de mi muerte,
muriendo cada muerte de mi vida,
como si el silencio fueses tú
y gritaba el viento en la noche.
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Alguna vez te pienso; no te extrañe

Alguna vez pienso; no te extrañe,
dónde no te tengo; no sonrías
y miro mis manos de acuarelas,
los delfines, de agua, luz y sangre,
tu espalda entre mis uñas, no te duela,
el beso que me falta, ponte cerca.

Alguna vez pienso que te extraño,
dónde no te tengo; mi sonrisa,
y miro mis manos y dibujo
un delfín con el latir de tus miradas
o escribió un poema y me hago versos
en un rincón del alba y te espero
entre las olas y la arena de la vida.

Alguna vez pienso; no te extrañé,
dónde no te tengo; no sonrías
y miro mis manos y rozo el viento
y hay escalofríos en el cuello, sigue cerca,
y preparo las maletas de la vida,
ese ligero equipaje de las almas,
ese vuelo de niño con cometa
para jugar con el viento entre tu falda; te la pones,
alguna vez pienso, no te extrañe; y te extraño.
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El amor es cortar más dedos que cebollas

El amor es cortar más dedos que cebollas,
por eso las heridas y los llantos,
dos copas de vino tinto en la cocina
y te sientas en el suelo con el gato
y miras como gira la lavadora;
a veces la vida tiene esos momentos,
esperar al programa del centrifugado
sin nadie encima.
Luego, tiendes la ropa que por cierto tiene
un cierto matiz suicida que rima con lo romántico,
algún calcetín se ha estampado contra el suelo
ya iba con dos agujeros como heridas.
Luego te pienso, te siento, esa extraña filosofía
de decir que estás en mí y sacas buena nota
porque no es un examen de matemáticas,
eso sucede en la segunda copa de vino,
pudiera ser en la tercera,
o la cuarta ¿Pasa algo?
miras el móvil y ni un puto mensaje,
a veces lo estrellaría contra el suelo
y lo dices y lo aprietas contra el corazón
y me ronronea el gato y yo a ti
y es una sucesión de momentos absurdos
de esos capaces de provocar un infarto o un poema
de esos que terminan diciendo que te echo de menos
mientras programas en la lavadora el centrifugado.
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La desnudez de la noche

La desnudez de la noche… sabes…
hablo para mí solo y te pregunto
mientras rozo tu diadema con los dedos
si la piel es la palabra necesaria
y nos miramos,
precavidos,
como animales salvajes,
dispuestos a saltar sobre su presa.

Es el tiempo de tu tiempo… sabes…
hablo para mí solo y te pregunto
mientras rozo con mis dedos tus labios
si el halo de tu boca en comestible
y nos miramos,
ya sin precaución ninguna,
ya no somos animales salvajes,
éramos,

ahora somos restos de la lucha de la vida,
de lo que ha quedado del uno en el otro.
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2comentarios 235 lecturas versolibre karma: 46

Y hablo en bajo

Y hablo en bajo para que te acerques,
para poder rozarnos los instintos,
para que me duela tu olor cuando te marches,
para buscarte después entre mis manos,
en todos los vacíos de mi vida.

Y hay un rumor de olas en la noche,
un corazón que siempre se me aleja,
un vaivén de tiempo que no existe,
lo presentido de los próximos poemas
y el agua con el reflejo de la luna.

la noche y su vestido con estrellas,
el desnudarse el alma de tu nombre,
el querer descarnarte los silencios,
el morir entre las líneas de tus versos,
el no dormir en ningún lado de la cama.

el preguntarme siempre qué estoy haciendo
sentado al borde de todos los abismos,
entre olas de cabellos que se atan
a los dedos que no riman con la calma,
al poema que no quiero que se escriba.


Y hablo en bajo para que te acerques,
para que te sientes conmigo entre la arena
y escuchemos del mar viejas historias,
amarrarte en mis brazos y levar anclas

y buscarnos en todos los naufragios.
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Hay que decir la verdad

Muchas veces,
casi nunca,
utilizamos las palabras verdaderas,
decimos:

me gusta tu vestido
me encanta tu peinado
¿Dormiste bien?

Hay qué decir la verdad:

me gustaría desvestirte
me gustaría despeinarte
me gustaría despertarte
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Me gusta desnudarme cuando muero

Me gusta desnudarme cuando muero,
dejar la herencia de la vida por el suelo,
firmar los no te quiero con abrazos,
esos te odio, ven pronto, no quiero verte y decir hola,
verte marchar tristeza en un poema,
volar en el metro y pasarme de parada
como cuatro te echo de menos en el alma
por no quitarme las alas a destiempo,
me tomo el pulso y no lo encuentro
y pido perdón al viajero de al lado,
hablo de ti a los vasos de cristal,
a veces sorbo el whisky como besos,
luego dibujo acuarelas de piel
o le pregunto a los poemas por tus versos
y cierro los ojos y te siento
y estoy tan desnudo como cuando muero.
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Trío

Dormimos tres en la misma cama

ella apoyada en mi brazo

yo

y mi brazo
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Algo no te dije

Algo no te dije,
sé que te miré como diciendo no lo sé
y tus ojos eran el eco de los míos,
después hubo un eco de silencio,
algo no te dije.

Eran días de estaciones de paso,
a veces éramos espera en sus andenes,
los hola eran adioses,
los abrazos excusas para no vernos las miradas,
algo no te dije.

y te sentía entre mis brazos
como un ramo de rosas rojas
en la que sólo quedan las espinas
como si fuesen ya lo único que anclaban en nosotros
algo no te dije.
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1comentarios 270 lecturas versolibre karma: 60

Como golpe de espuma

Como un golpe de espuma
recuerdo tus piernas en un juego
como niño de tiempo abriendo espacios

y un día tus ojos
así
de repente
como niño de fuego incipiente
abriendo miradas

y en un después sin palabras
así
como ahora
cuando todo vale una sonrisa
cuando el mundo es Ítaca
cuando llama la muerte
como niño de agua juego con la vida
para olvidarme
para no ser yo
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El tiempo llega y se desnuda

El tiempo llega y se desnuda y la tarde
es un matiz de instantes con silencios;
si alguna vez el mar quedó sin olas
sabemos en qué momento fue,
en que canción y en qué nosotros,
si alguna vez lo olvido o lo olvidas
pregúntame mirándome a los ojos
o apoya tu cabeza en mi hombro
y bailemos un rock a destiempo de todo
y que mi sonrisa no sepa que naufrago
o que yo no sepa que lo sabes
o déjame que sea yo el que te mire,
que sea yo el que se dé cuenta
de que te estaba amando
pintando una marina de acuarela.
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Puede que me veas distraído

Puede que me veas distraído,
sentado al borde de todos los abismos
y que te mire y te sonría
y me estés contando que se ha terminado el mundo,
si me ves así te acercas y me abrazas
y me ayudas a recoger tu ropa del suelo,
aunque ya estés vestida.
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Llegué y tú

Llegué y tú
tu piel como luz encendida,
mis ojos eran la sombra de la noche
y el tacto de mis manos como algo casi recordado,
como fuego de tiempo y claro de luna
y tu cuerpo era silencio,
un mástil solitario,
tu vientre y tus caderas como olas sostenían
el resto de los mares
y la brisa danzaba en la mirada,
un océano se escondía en una lágrima
y un abrazo era una sonata de mimbre
que nos ataba en un pequeño espacio,
diste pasos y navegaste por mi alma,
te retorciste en cada verso,
en cada melancolía azul,
en cada deseo dulce de nostalgia
y tu regazo era azul, azul oscuro, rojo de vida
y luego negro, negro azul, negro rojo ,negro tú,
cada latido oscuro era un brote de luz,
es así un poema me dije,
algo que no pueda comprender,
algo donde pueda naufragar,
algo donde pueda abrazarme aunque sea el mar,
aunque sea una lágrima
y te miré,
como se miran los deseos tangibles,
como una mermelada de vacío en los labios…
llegué y tú,
tu piel como luz encendida,
como el faro para alumbrar mi naufragio.
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